Extra N°4: Consorte del príncipe

Desperté por una suave caricia en mi frente, un gesto que me transmitía una sensación tan cálida y agradable que no podía evitar abrir mis ojos. Sonreí al encontrarme con esa mirada que tanto amaba y que tanta seguridad me proporcionaba. Había pasado ya algo de tiempo desde que esa rutina había empezado, pero mi corazón se aceleraba de la misma manera cada mañana, sentía la misma emoción que la primera vez, mi piel aún se enrojecía.

Era una suave caricia, nada del otro mundo, un roce de labios en mi frente o cabellos, pero era algo tan tierno y tan poco visto en la persona que era ahora mi compañero que no podía evitar disfrutar de esa sensación como nada, y cada día sentía que amaba más aquel gesto.

―Es hora ―Fueron sus únicas palabras, comenzó a alejarse de la cama pero yo tomé su mano antes de que fuera muy lejos.

―Te amo, Ulquiorra

Ya no tartamudeaba al decir esas palabras, estaba tan segura de mis sentimientos como de los suyos como para decirlas con tanta fluidez y facilidad. Últimamente las decía con más frecuencia y amaba escucharlas de regreso, aunque fueran muy pocas las ocasiones que él lo hiciera, pero con sus acciones me lo demostraba.

Como pocas veces sucedía, él sonrió. Era algo sutil, solo un pequeño movimiento en las comisuras de sus labios, pero para alguien tan indiferente, era una demostración inmensa de lo mucho que le agradaban mis palabras. Besó con suavidad mis labios, mis ojos se cerraron y disfruté de aquel gesto, pero pronto sentí que no era suficiente.

Quería más.

Abrí mi boca dejando que él profundizara aquel beso, pronto su lengua acabó con mi cordura y yo me empujé contra él, casi subiendo a su regazo, quería sentirlo más cerca, quería que volviera a tomar todo de mí. Cada beso y caricia de su parte seguía despertando esas sensaciones, aunque ya hubiera pasado un tiempo desde que estamos juntos seguían sintiendo lo mismo y hasta podía decir que en el último tiempo se habían acrecentado.

―Mujer…―susurró con suavidad rompiendo el beso―. Es tarde, ya debo volver y tú debes levantarte.

Suspiré, soltándolo, realicé una especie de puchero y él solo se acercó de nuevo y rozó mis labios, dejándome con ganas de más. A veces, yo misma me sorprendía de lo caprichosa que me volvía con él alrededor, aún seguía adaptándome a todos estos nuevos cambios, y si, quería toda la atención de Ulquiorra en mí. Volví a suspirar ante mi pensamiento y dejé que se alejara de mí luego de ese último suave beso.

―Luego…―dijo y mis colores subieron al rostro al tener la respuesta que quería.

Ulquiorra dejó la habitación con la extraña habilidad con la que él se movía. Sonreí, retirando las sabanas con la que me cubría y me estiré. Era hora de empezar la rutina, debía asearme y comer algo antes de ir a acompañar a Ulquiorra a las fastidiosas reuniones del aquelarre.

Me había adaptado a su vida y a la cotidianidad del aquelarre, claro, como todo comienzo, tuve momentos tensos pero no tardé mucho en ajustarme. Lo más complejo fue la aceptación de algunos miembros del aquelarre que habían estado un poco recelosos con el hecho de que yo fuera humana pero con el tiempo todos parecían haber aceptado ese hecho y ya me trataban como una más.

El horario del aquelarre había sido otra de las dificultades con las que tuve que lidiar, los días para ellos eran invertidos. Ulquiorra había querido mantener mi forma acostumbrada de vivir, pero pronto me di cuenta que yo no quería eso. Quería pasar más tiempo con él, quería familiarizarme con mi nuevo entorno, conocer más al aquelarre, y para eso, no podía estar despierta cuando ellos dormían y dormir cuando ellos estaban activos. Para mí no era lo correcto. Me costó pero finalmente encontré la manera de ser noctambula.

Mis pensamientos se dispersaron al notar que aun a través de las cortinas de la ventana de nuestra habitación se filtraba algo de luz. Me incorporé y deslicé las cortinas permitiéndome ver la belleza de un atardecer. Algo que agradecía es que no me había despedido de la sensación calidad o las vistas hermosas de un atardecer o amanecer. Tal vez ya no era algo común en mi vida pero aun podía disfrutar de vez en cuando de esos momentos.

Las ventanas del aquelarre eran contra rayos UV y Ulquiorra se encargó que nuestra habitación tuviera una gran vista. Hace unos meses atrás había empezado con la rutina de levantarme pocos momentos antes del atardecer para que pudiera observarlo, y junto a ese gesto que compartía conmigo, no podía tener un mejor despertar.

Ulquiorra no era un vampiro común, aunque eso no había sido una sorpresa, siempre me pareció que él era más inusual que el resto. Él no necesitaba dormir, eran muy poco sus momentos de descanso, no le molestaba la luz del sol ni lo adormecía como al resto, aunque tampoco disfrutaba de ella. En un principio yo había tratado de mantener su ritmo, pero seguía siendo humana y enfermé, luego de eso, él exigió que yo durmiera todas mis horas necesarias, así que a cambio, le pedí que me despertara cuando las actividades en el aquelarre iniciaran.

Bostecé un poco, últimamente el sueño parecía estar siempre presente en mí, y aun recién levantada, todavía tenía ganas de dormir. En el último mes luchaba silenciosamente con eso, no había querido preocupar a Ulquiorra, ni mucho menos que él se volviera extremista, como ya lo estaba con respecto a mi salud.

Observé el reloj en la mesa y decidí alistarme lo más pronto posible. Luego de una ducha me sentí renovada y con más energía que al despertar. Comencé a vestirme y al terminar, me observé en el espejo. Luego de mi unión con él algunas cosas habían cambiado en mí, sentía que de alguna manera me había vuelto más agraciada, mi cabello tenía más brillo, mi piel era más tersa y el color de mis mejillas me hacían ver más saludable, hasta en los últimos meses había agarrado algo de peso, aunque esa razón ya fuera un caso aislado.

Sonreí al recordar los sucesos de unos días atrás, la mirada de Ulquiorra aquella noche era algo que nunca en mi vida iba a olvidar, es probable que él lo hubiera sospechado antes de que yo finalmente aceptara que algo no estaba bien conmigo. Y esa noche confirmaron su teoría. Al principio yo no lo creía, tal vez fue el miedo que no me hacía ver lo que ocurría, después de todo aún seguía adaptándome a los cambios que proporcionaba la unión que los últimos también se lo había atribuido a ellos. Que errada estaba.

Aun me costaba hacerme la idea.

Dejé de observar mi imagen, no iba a mentir, no era algo fácil de asimilar, me asustaba pero al mismo tiempo me emocionaba, y sabía que Ulquiorra amaba cada segundo de esta nueva experiencia. Caminé por los pasillos de la mansión, aún era temprano para el resto del aquelarre, así que el lugar estaba desierto.

Me dirigí hasta la oficina de Ulquiorra, mi ganas de estar junto a él se estaba incrementando con los días, ese apego según los expertos era normal pero a mí me preocupaba, no me gustaba ser tan dependiente, no quería que finalmente terminara molestando a Ulquiorra. Hasta ahora, no lo había demostrado, por lo que alejé ese pensamiento.

―¡Te estoy diciendo que esos malditos están planeando algo! ―La voz de Grimmjow fue lo primero que escuché al llegar a la zona de la mansión donde estaba la oficina. Otra ventaja de la unión era como mis sentidos se agudizaron, era algo raro pero muy beneficioso―. ¡No se van a quedar tranquilos luego de su expulsión del consejo y de su exilio de Karakura!

Grimmjow estaba algo alterado, en el último tiempo parecía aún más susceptible y hasta territorial, pero era algo normal. Nell acaba de confirmar que esperaba por segunda vez un cachorro, ya era algo que habíamos visto en él. Y era la peor temporada para hacerlo sentir amenazado.

―Eso es algo de lo que somos conscientes, Grimmjow. Pero no podemos ser impulsivos y extremistas. Aún tenemos conflictos internos que resolver ―Muramasa era la única persona capaz de refutar al líder del concilio sin consecuencias negativas, era el único que también parecía no temerle a Ulquiorra y daba su punto de vista así no compartiera el mismo que ellos.

―¿Entonces, que?¿Esperamos que nos ataquen? ―La voz de Nnoitra se escuchó sobre un coro de voces en contra y a favor.

―Tengo varios hombres en esa zona, pero todo parece estar en calma ―El siguiente en hablar fue alguien de voz grave, tarde en reconocerlo. Era el nuevo alfa de los leones luego de que Kukaku se retirara, Ganju.

En el momento que el coro de voces se volvió a escuchar, llegué a la puerta y la abrí con cuidado tratando de no interrumpir la discusión pero era algo imposible de lograr, todos dentro del salón eran vampiros o shifters, no tardaron nada en girar en mi dirección.

―Por fin apareces, princesita. Pensé que ya no venías y que Ulquiorra te había encadenado a la habitación ―se burló Grimmjow, haciendo un lado la tensión que había tenido antes.

Su comentario hizo que me avergonzara, algunos se rieron por las ocurrencias de Grimmjow y otros bufaron, pero el ambiente hostil había desparecido. Eso me alivio. A pesar de ser solo la pareja de Ulquiorra, desde un principio se me había dado un puesto en el consejo, y me permitían dar mi punto de vista. A veces prefería permanecer en silencio por temor de avergonzar a Ulquiorra, pero me he dado cuenta que la mirada de él cambia de manera positiva cuando me ve dar mi punto de vista. Eso me ha dado algo de seguridad.

―Deja de ser tan irrespetuoso, Grimmjow ―amonestó Muramasa, su tono era indiferente pero sabía que a él no le gustaba los juegos de Grimmjow, a mí realmente me parecía divertido su humor, no me ofendía—. Recuerda que ella es la consorte del príncipe.

―Bah, yo la conocí antes de eso

No pude evitar sonreír ante ese comentario, ellos siempre terminaban discutiendo. Caminé hasta el puesto de Ulquiorra y me apoyé en su reposabrazos, sus ojos esmeraldas estuvieron fijos en mi todo este tiempo, su mano rodeó mi cintura con algo de posesividad.

―Maldito ―bufó Muramasa mientras aun discutía con Grimmjow.

―Veo que hoy están muy animado ―dije llamando la atención de todos.

―Tenemos una posible pelea luego de tanto tiempo de paz, así que sí, estamos animado ― Nnoitra respondió con una sonrisa, la mayoría bufó por su comentario.

―A veces me preocupa tu forma de pensar ―comentó Ganju, haciendo reír a la mayoría.

―No sean así, no me traten de loco. ¿Me vas a decir que no extrañas una buena pelea, la adrenalina y toda esa mierda?

―Silencio…―dijo Ulquiorra en el momento que volvieron a escucharse todas las opiniones por el comentario de Nnoitra al mismo tiempo. El lugar se sumió en un silencio aterrador apenar el pronuncio esas palabras―. Dame tu opinión al respecto de este caso. ―Mi atención volvió a él en cuanto noté que hablaba conmigo, asentí y él vio a su segundo al mando―. Muramasa, infórmala.

―Los Shifters leopardos aún siguen dándonos problemas luego de su expulsión. Grimmjow opina que debemos rastrearlos y eliminarlos antes de que se organicen y regresen por nuestras cabezas. Pero todavía tenemos algunos conflictos internos con los últimos solitarios que se adicionaron al concilio a los que se le deben poner atención.

―¿Los shifters leopardos han demostrado querer iniciar un ataque? ―pregunté curiosa.

Ellos eran de temperamentos complejos y muy difíciles de tratar, por mucho que el consejo quiso tenerlos dentro del concilio, nunca cumplieron las normas como debían y la última gota que derramó el vaso fue por un descuido y una estúpida pelea de orgullo donde se expusieron antes los humanos en "Las Noches". Ganándose la expulsión y el exilio, además de complicando el trabajo de los miembros de seguridad del club, al tener que modificar los recuerdos de los humanos.

―No, pero yo los conozco, siempre han sido un dolor de culo ―bufó Grimmjow, una gran parte de los miembros del consejo estuvieron de acuerdo con sus palabras.

Permanecí unos minutos en silencio, mientras los demás daban sus puntos de vista y en cuanto tuve la oportunidad de nuevo de hablar, lo hice.

―Creo que lo más adecuado en este momento es concentrarnos en nuestros problemas internos.

Mis palabras parecieron avivar más la discusión, unos cuantos me apoyaban pero la mayoría no estaba muy de acuerdo con mis palabras. Intenté de nuevo hablar pero mi voz era opacada por los demás. La situación era delicada porque parecían no poder llegar a un acuerdo.

―Silencio ―dijo de nuevo Ulquiorra, el salón completo volvió a quedar en calma―. Continua. ―Sus ojos me observaban y yo por un momento me perdí en ellos.

"¡Orihime, concéntrate!" Me obligué a continuar como mi propuesta.

―No estoy diciendo que no le prestemos atención, solo que deberíamos priorizar nuestro problema internos porque igual si atacan o no, nos podemos desarticular desde adentro y no es la idea. Con esto no quiero decir que dejemos a los shifters leopardos de lado, debemos estar alertas de ellos, monitorearlos―. La mayoría asintió ante mis palabras―. Hay algo más que también me parece preocupante y de lo que debemos poner cuidado, Nell y yo notamos hace unos días en "Las noches" que tenemos forasteros que aún no se han presentado ante el consejo y están frecuentando el club.

―¿Nnoitra? ―inquirió Muramasa, el shifter hiena era el que actualmente estaba encargado de la seguridad del club.

―Tsukishima ha estado observándolos, pero cada vez que ha tenido la oportunidad de acercarse, ellos son más rápidos y no los ha podido rastrear ―informó Nnoitra, algo molesto.

―¿Por lo menos saben qué tipo de sobrenaturales son? ―inquirió con curiosidad Grimmjow.

―Vampiros

Un murmullo empezó a escucharse entre todos, yo dirigí mi mirada a Ulquiorra, aquello no era información que manejaba. Estaba segura que no eran miembros del aquelarre, así que era probable que fueran exiliados, solitarios o rebeldes en busca de una zona donde quedarse o….cazar. Esto no era bueno.

―Curioso, ese es tu departamento, Muramasa ―dijo Grimmjow con algo de burla, Muramasa lo ignoró y simplemente se puso de pie.

―Iré a investigar. ―dijo antes de dejar la oficina. Grimmjow y el resto se puso también de pie.

―La sesión ha finalizado ―declaró, los demás dejaron la oficina pero él fue el último en salir―. Adiós princesita, espero que vayas a ver a Nell, anda cada vez más inquieta, le hará bien el verte ―añadió, no pude evitar sonreír. Grimmjow siempre que complacer todos los caprichos y pedido de Nell, era algo lindo ver como alguien tan…¿rudo? Se volvía alguien tan dócil y consentidor con su pareja.

―Sí, voy esta misma noche ―respondí, él asintió y luego vio a Ulquiorra haciendo un gesto de despedida para finalmente retirarse.

La oficina quedó en silencio y ocupada solo por nosotros dos, sentí como la mano de Ulquiorra se deslizó de mi cintura a mi vientre y la calidez me invadió, un sentimiento tan reconfortante que solo experimentaba cuando él hacia eso. Sonreí, me giré y lo besé, el correspondió profundizándolo y haciendo que me sentara sobre su regazo.

Cada beso era más demandante que el anterior, mis mejillas se sonrojaron al notar como su mano subía a mi pecho, jugueteó unos segundos en él para luego volver a subir hasta el cuello donde estaba la marca, acarició suavemente ese punto haciendo que yo soltara un gemido que quedó contenido en su boca. Era un punto demasiado sensible, sus manos volvieron a bajar y pronto rompió nuestra conexión de labios para besar mi cuello, justo sobre la marca. Un escalofrió recorrió toda mi columna.

―Ulquiorra…―susurré con necesidad, lo quería y podía notar perfectamente que él también lo hacía.

Él volvió a mi boca mientras me tomaba y colocaba sobre la mesa que antes había utilizado el consejo, en otro momento me hubiera avergonzado por el lugar pero mi mente no tenía espacio para preocuparme por eso, lo quería ya en mí. Rodeé mis piernas en su torso mientras él volvía a besar la marca, mis manos empezaron a luchar para sacarle esa camisa que impedía que tocara su cuerpo. Él me ayudó, mientras también bajaba los tiros del vestido que yo llevaba. Pronto terminó con el torso descubierto y yo sin mi vestido, el siguió bajando sus besos mientras sacaba cada prenda que podía, mordiendo y saboreando cada trozo de piel al descubierto.

Mis manos recorrían su espalda y abdomen hasta que una de sus manos fue a parar a justo el centro de mi cuerpo, sus dedos deslizándose y llevándome pronto a las nubes. Mi cuerpo fue cediendo pronto al deseo y sin darme cuenta ya me encontraba prácticamente recostada sobre aquella mesa mientras Ulquiorra acaba con mi raciocinio.

La presión que pronto sentir al él entrar en mí, me hizo abrir mis piernas y disfrutar de aquella sensación, aquel ardor y aquel placer que me provocaba estar unida a él. Mi cabeza fue hacia atrás cuando él encontró aquel sitio que me hacía ver el cielo. Una de sus manos me empujaba hacia él evitando que estuviera realmente recostada en la mesa sino más bien en un ángulo algo extraño que me permitía besarlo sin hacerme daño o sin provocar alguna incomodidad en mí.

Su vaivén era cada vez más profundo y yo pronto me encontré gimiendo incoherencia y solo pidiendo más y más. Estaba al borde, Ulquiorra rompió el beso y bajó a la marca donde deslizó sus colmillos volviendo a morder aquel lugar que simbolizaba tanto para ambos. El clímax llegó sin poder evitarlo más, me dejé llevar totalmente sintiéndome completa y tan complacida.

Luego de unos minutos donde mi mente quedó en blanco, Ulquiorra se movió y volvió a sentarse colocándome en su regazo, ahora me sentía agotada y él pareció notarlo. Acarició mi cabello y luego hizo que alzara mi rostro para verme, estaba preocupado aunque no lo expresara. Sonreí adormecida.

―Solo cinco minutos más, estoy bien…solo me quitaste el aliento ―susurré cerrando mis ojos y enterrando mi rostro en su cuello.

―Eres mi perdición ―dijo contra mi cabello.

―Eso debería decirlo yo

Tardé unos minutos en recomponerme, alcé mi mirada y vi el desastre de ropas que habíamos hecho a mí alrededor. Suspiré al ver mi vestido hecho un desastre, ¿ahora cómo iba a salir de esa oficina?. Ulquiorra pareció notar mi preocupación y antes de que pudiera pestañar, me encontraba en nuestra habitación.

Me dejó con suavidad en la cama, esperaba que recordara limpiar el desastre en su oficina, de verdad que me avergonzaría escuchar a Grimmjow burlarse.

―¿Cómo estás? ―Sus mano acarició suavemente mi espalda y yo volví a sonreír.

―Bien, necesitaba…esto ―dije roja como un tomate, a veces era sorprendida por lo que el sacaba de mí.

―Lo sé ―susurró en mi oído antes de besar mi frente―. Esta noche debemos reunirnos con todo el aquelarre―. Me informó mientras se incorporaba y se dirigía al armario, por ropa para cambiarse.

―¿Se los dirás? ―pregunté nerviosa sentándome en el borde de la cama. Él permaneció unos segundos en silencio mientras se vestía.

―Sí, es necesario. Pronto lo notaran ―me dijo acercándose, me besó suavemente.

―Aun no me hago la idea…―susurré insegura, sus ojos quedaron fijos en mi―. No, no me lo tomes a mal, lo quiero…solo que estoy asustada ―dije jugando con mis manos, él tomó las mías entre las suya, se inclinó para estar a mi altura.

―Estarás bien, yo me encargaré que sea así ―Sus ojos me dieron tanta seguridad que me lancé a abrazarlo con todas mis fuerzas.

―Te amo, Ulquiorra ―repetí aquellas palabras.

*.*.*

―Te lo juro, Grimmjow esta vez está acabando con mi paciencia… no es como si fuera la primera vez que vamos a tener un hijo. Esta tan exasperante que no quiero verlo ―Nell daba vueltas por toda la habitación como un león encerrado. Estaba furiosa.

―Es porque está preocupado, Nell. Tu primer embarazo no fue muy fácil para ti y al final tuviste un poco de complicaciones ―comenté entendiendo un poco a Grimmjow.

―Pero él exagera, tanto Riruka como Unohana y hasta el mismo médico del consejo dijeron que estaba bien ―comentó―. Yo sé cuáles son mis límites, no voy a exponerme al peligro pero tampoco puede tenerme encerrada y "de reposo"―añadió exasperada.

―Nell, debes hablar con él ―aconsejé y ella solo bufó.

―Ya yo lo he hecho. ¡Me está volviendo loca!

Luego de dejar salir todo, se calmó. Volvió de nuevo a la cama, parecía no estar teniendo una buena temporada y yo no pude evitar tener curiosidad con respecto al tema.

―¿Es difícil? ―pregunté en voz baja.

―¿Qué? ¿Ser pareja de Grimmjow? Yo lo amo y es mi mundo pero si, a veces provoca solo…golpearle la cabeza contra la pared hasta que te escuché…pero luego te acuerdas que es el padre de tu hijo y del que está por nacer, que es la persona a la que más ama y se te pasa

No pude evitar reír, no era eso a lo que me refería.

―No, te preguntaba si es difícil llevar una vida ―aclaré aun tratando de controlar mi risa.

Nell por un momento permaneció callada, parecía que la había sorprendido.

―No me digas que…―contuve un poco el aliento mientras ella hablaba, parecía que estaba a punto de saltar de emoción―, ¡Ya piensan tener su primer heredero!, ¡Ay, mi niña ya está grande! ―Me abrazó ―. A Ichigo le va a dar algo cuando se enteren.

―Nell… ―dije tratando de soltarme.

―¿Qué? Para Ichigo sigues siendo la niña de sus ojos y Rangiku también piensa lo mismo, a ella si le va dar algo por la emoción.

―Nell, te estoy hablando en serio ―suspiré, de verdad que el tema me tenía algo aterrada.

―Ya, no te enojes que la embarazada soy yo. ―Si supieras―. Al principio no es fácil, Hime. Lo primero es hacerse la idea de que realmente estas llevando una vida, los primeros meses no lo notas mucho, sientes los cambios pero aún no los asimilas. La primera vez que yo entendí que realmente llevaba a alguien dentro de mí fue cuando empecé a ver el crecimiento de mi vientre, no hay mejor emoción que el ver cómo está creciendo dentro de ti sano y salvo, no dejas de emocionarte por cada cambio, la primera patada, el primer movimiento. Luego todo se complica más, el proceso es incómodo pero tú eres capaz de aguantar todo con tal de verlo bien y sano. Y definitivamente no hay descripción posible para lo que sientes la primera vez que lo ves, que lo tienes en los brazos. Duele como el infierno dar a luz pero vale la pena, ese precioso ser se vuelve tu vida completa. ―No dejaba de acaricia con cariño su vientre aunque aún no se notara su embarazo.

―Nell…―Sus palabras me humedecieron los ojos.

―¿Qué pasa, pequeña? ―preguntó abrazándome.

―Estoy asustada, ¿y si no soy buena madre? ―confesé casi llorando, no me podía controlar.

―Hime, siempre has sido buena con los niños, cuidaste de las hermanas de Ichigo, ellas te aman. Mi hijo te ama, el de Ran te ama y ni se diga el de Ichigo. ¿Cómo vas a pensar que no serás buena madre?

Permanecí unos minutos abrazada a ella mientras era consolada, apostaba que tenía completamente confundida a Nell pero aun así ella trataba de animarme.

―Gracias Nell

―Estas muy sensible con el tema, pequeña. Si aún no te sientes lista, debes decirle a Ulquiorra, esperó un montón de décadas por ti, no creo que le moleste esperar un poco más a que tú te sientas preparada para darle un heredero ―Me aconsejó, levantando mi rostro, yo solo suspiré.

Ya es tarde, Nell.

―Gracias, ya debo volver. Ulquiorra está esperándome ―dije en forma de despedida, aun no era el momento, no sabía por qué dudaba tanto en decírselo.

―Maldito acaparador ―bufó haciéndome reír.

Bajé las escaleras auxiliares que me llevaban al piso de los dormitorios del consejo sobre el club Las noches, aun con toda la conversación en mi mente, estaba por ingresar al club cuando un sonido extraño llamó mi atención. El callejón estaba solo, los botes de basura en su lugar, todo parecía normal, no entendí que fue lo que produjo aquel sonido. Cuando volví a ver la puerta todo se volvió negro para mí.

*.*.*

―¿Están seguros de esto?

Una voz masculina despertó mis sentidos, al igual que un gran dolor de cabeza. Mantuve mis ojos cerrados debido a la alarma que se activó en mi mente. Ya no estaba en Las Noches, no sabía dónde estaba pero había aprendido que en estas situaciones lo mejor era tratar de conocer más de lo que te rodea antes de demostrar que estas consiente.

―No seas miedoso. ―Esta vez habló una mujer, era alguien joven.

―Con ella tenemos en nuestras manos al famoso príncipe de Karakura. Esta será nuestra ciudad ahora ―comentó una tercera persona.

Okey, estaba en problemas. Traté de contactar a Ulquiorra con el vínculo pero algo parecía estar evitándolo.

―Creo que está despertando ―informó la chica acercándose, ya no podía seguir fingiendo.

Abrí mis ojos encontrándome con cuatro pares de ojos, dos de ellos eran rojos como la sangre, los otros aun conservaban un poco de lo que debía ser su tonalidad.

―¿Quiénes son ustedes? ―pregunté en cuanto logré incorporarme en aquella camilla, todo estaba oscuro pero podía ver que era como un almacén.

―Tranquila, humana. No te haremos nada si tu príncipe colabora ―aclaró el vampiro de ojos rojos.

―Es curioso que una simple humana sea la consorte del príncipe más reconocido de la región ―comentó la que parecía ser su pareja por la marca en su cuello, compartía la misma tonalidad de ojos que él.

―Eso lo hace débil, mira lo fácil que fue capturarla ―volvió a decir el primer vampiro.

―Creo que nos están subestimando ―comenté llamando la atención de los vampiros, dejaron salir carcajadas. Siempre sucedía lo mismo.

―¿Lo crees, humana? ―inquirió la única mujer en el grupo acercándose a mí

―Lo creo ―dije sonriendo.

Tomé su cabello haciéndola inclinarse mientras inmovilizaba una de sus manos y la empujaba de espaldas a mí tratando de mantener la distancia para evitar que me mordiera y quedara frente de mí como escudo.

―¡Suéltame, maldita! ―gritó la mujer tratando de soltarse, la empujé contra los demás al notar que estaba por utilizar sus habilidades sobrenaturales, me lancé del otro lado de la camilla donde me encontraba empujándola contra ellos.

Desaté el cuchillo de la funda que estaba oculta en mi tobillo, y me coloqué en posición de defensa mientras ellos siseaban y se organizaban frente a mí.

―¿De verdad creyeron que iba a ser alguien fácil de capturar? Soy ex miembro de la manada este, entrenada por centinelas, consorte del príncipe Ulquorra Cifer, entrenada por el mismo y sus allegados. Denme algo de crédito, por favor

Probablemente unos años atrás no hubiera sido capaz de decir aquello, pero vivir entre vampiros y shifters al borde siempre del peligro, me había enseñado mucho. Los dos vampiros de ojos rojos fueron los primero en lanzarse contra mí, logré evadir uno de ellos pero el otro tomó mi cabello con algo de violencia y estuvo a punto de clavar sus colmillos contra mí pero logré deslizarme fuera de sus manos clavándole el cuchillo en un punto que lo hizo doblarse por el dolor. Amaba tener algunas habilidades por el enlace, me hacía sentir más protegida.

La mujer chilló y se lanzó contra mí, pero yo logré atraparla colocando la daga en su cuello, un hilo de sangre se deslizó y ella dejó de moverse. Los otros dos parecía estar estudiándome, aún inmóviles, eran menos impulsivos. La facilidad con la que me había librado de ellos y la ingenuidad de su plan me hizo darme cuenta que ellos debían ser muy jóvenes en el mundo de los sobrenaturales.

―Había más opciones que tomar el territorio que no les pertenecen… Karakura tiene un concilio donde todas las manadas, grupos o solitarios que quieran unirse lo pueden hacer, solo deben registrarse y aceptar pocas normas. Todos son bienvenidos y tratados como igual, no es necesario llegar a estos extremos ―comenté sonriendo a los dos inmóviles, parecían los más sensatos.

―No la escuchen, es solo una simple humana que se cree más de lo que es solo por estar bajo la ala del famoso príncipe de quinta ―La mujer trató de golpearme el abdomen pero yo fui más rápida y violenta. Algo completamente nuevo se activó en mí, el temor de que me lastimara me hizo actuar de manera instintiva y de repente de mí surgió como una especie de energía, una sombra que cubrió a la mujer.

―No. Me. Toques ―Mi voz era tan amenazante, algo que nunca en mi vida había hecho.

―¿Qué es esto? ¡Detenlo! ―gritó desesperada la mujer mientras observaba como aquella sombra extraña se posaba en todo su cuerpo. Algo salvaje me empujaba a querer lastimarla y sabía que si lo ordenaba, esa sombra lo haría por mí

¡Orihime!

La voz de Ulquiorra en mi mente rompió la burbuja de violencia y deseos de dañar que me rodeaban. Mi corazón estaba acelerado y observé a la mujer que sostenía completamente horrorizada de lo que estuve a punto de hacer.

Ulquiorra, ven por mí―supliqué.

Estoy llegado

Un movimiento en la mujer me hizo romper la conexión y volver a verla, la mujer intentó llegar de nuevo a mí pero esta vez no tuve ni una duda y le ordené aquella sombra lo que había anhelado. Los desgarradores gritos se escucharon, dejándonos a todos sumidos en miedo y sorpresa. Ni yo lo esperaba, a la mujer parecía estar asfixiándose, la sombra parecía estar rompiéndole los huesos. El miedo hizo que desviara la vista y supe que la sombra se retrajo por esto, dejándola libre e inconscientes. La atención volvió a los dos vampiros conscientes. Ellos retrocedieron.

―Ustedes estarán bien ―susurré casi sin fuerza, me apoyé en uno de los estantes del lugar, buscando equilibrio. Mi respiración era irregular, preocupada acaricié mi vientre. Todo parecía estar bien, él o ella no había sufrido daño, yo solo me sentía agotada.

―Tú no eres solo una humana ―comentó confundido uno de ellos.

―Lo soy… ―Solo que era una humana embarazada de un vampiro.

*.*.*

―Llevas el heredero de Ulquiorra, y él o ella te protege como tú lo proteges a él o ella, parece que aun siendo alguien tan pequeño ya tiene grandes poderes, es como su padre ―dijo de forma algo burlona Muramasa luego de revisarme.

Ulquiorra estaba de pie junto a mí, yo apretaba con fuerza sus manos. Aún estaba asustada por lo que acaba de vivir, me daba miedo pero al mismo tiempo me aliviaba saber que tenía medios para defender a mi hijo y a mí misma.

―Ulquiorra…―susurré con duda.

―Estarán bien ―respondió, pero yo sacudí mi cabeza, había arruinado la noche. Hoy íbamos a dar la noticia y ya lo había arruinado, Muramasa ya lo sabía.

―El anuncio…―antes de terminar, Muramasa empezó a reír como casi nunca lo había escuchado hacer, cuando calmó su ataque, me observó.

―Ulquiorra ya lo dio, era inevitable no descubrirlo. Se volvió loco en cuanto dejó de sentirte y armó un caos en todo el consejo, amenazando a todos que si algo le llegaba a pasar a su consorte e hijo no nato, iba a hacer arder Karakura con todos dentro. Admito que fue aterrador ―comentó como si fuera el clima, aun riéndose―. Los dejo, descansa Orihime ―añadió para luego retirarse.

Nuestra habitación quedó en total silencio, estaba nerviosa.

―Lo siento ―susurré luego de unos minutos.

―No te disculpe, ―dijo Ulquiorra acercándose, beso mi frente ―, lo hiciste bien, te protegiste y lo protegiste a él.

―o ella ―susurré, él asintió―.Te amo ―susurré sin ninguna duda, y luego acaricié mi vientre, también lo amaba, ya no importaba mis miedos, esto era un regalo valioso para ambos y yo lo cuidaría como nada en esta vida.

Ulquiorra me rodeó en sus brazos, haciéndome sentir protegida y en mi hogar, no necesitaba escucharlo de sus labios, él también nos amaba.


¡Gracias por leer!

Como que en este extra si me extendí jajaja casi parece un capítulo.

Aclaratorias:

Este extra ocurre unos años después de nuestro final, unos cuantos años, por eso Orihime se ve más madura y algo distinta a lo acostumbrado.

Los jóvenes vampiros que atacaron a Orihime son eso, vampiros rebeldes de pocas décadas de vida que piensan que el mundo está en sus manos, por eso no tiene respeto ni valores como los vampiros más viejos, pero tienen un amplio conocimiento de su mundo. Pueden anular algunas habilidades como los vínculos y saben esconderse de quien los busca. Lo que los hace fáciles de vencer es lo impulsivos que son.

Espero que lo disfrutaran, nos vemos en el próximo extra