Notas de autora: Primero, antes que nada, feliz navidad y feliz año nuevo 2021. Espero que se encuentren bien y mis mejores deseos para ustedes y sus familias.
Una disculpa por anticipado por la tardanza, pero el mes que suponía debía ser el más tranquilo resultó ser el más pesado de todos, pero en fin esa otra historia y es nuevo años.
Espero que les guste el capítulo que, si bien creo que faltaron cosas, editaré algún día XD, porque en serio, batallé en reflejar algunas cosa.
En fin, ya no los aburro más, los dejo con la lectura. Saludos.
Capítulo 50:
Adiós, mi amigo.
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Una desesperante quietud reinaba dentro de la pequeña cabina del sanitario del hospital. Su ocupante, yacía sentada sobre la tapa del retrete viendo con insistencia una varilla de color blanca, en espera a que un resultado se diera en los espacios que tenía en el centro.
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Minutos atrás.
—¡quiero que te hagas una prueba de embarazo!
La petición de Hiccup descolocó a Astrid, así como a los guías.
—Pero, Hiccup…—titubeó. —Tú sabes que yo ya no puedo…
—Lo sé, pero también he leído que hay un 1% de probabilidad de que no sea efectiva. —explicó él con melancolía. —Por favor, sólo para descartar esa probabilidad, no… quisiera que se repitiera lo de la última vez… no… lo soportaría.
Astrid se entristeció de sólo recordar todas aquellas malas decisiones y acciones del pasado que la habían hecho perder a su hijo. Aunque en realidad no se sentía embarazada y su periodo lo había tenido días atrás; sin embargo, un sentimiento de incertidumbre se sembró en ella con esa simple petición.
—Está bien. —asintió. —Lo haré… ahora mismo.
Y sin decir más, le dio la espalda para salir de la habitación.
—¡Espera, Astrid! ¡Yo voy contigo! —la siguió Alúmini, pensando que le vendría bien algo de compañía para cualquiera que fuera a ser el resultado.
Astrid no objetó y aceptó su compañía, y al primer lugar al que se dirigieron fue al consultorio de la Dra. Atali que, al igual que ella en un inicio, se sorprendió cuando le pidió hacerle dicha prueba.
—Astrid, pero sabes que hay una probabilidad de menos de 1% de que eso pudiera suceder. —le advirtió como todo una profesional.
—Lo sé, pero aun así quiero hacerme la prueba.
—¿Has tenido tu periodo?
—Sí.
—¿Cuándo fue la última vez?
—Hace como 10 días, pero es muy irregular.
—¿Y la última vez que tuviste relaciones?
Astrid se sonrosó, recordando aquel día en la cabaña. Se mordió los labios y tímidamente respondió:
—Hace… 6 semanas.
Atali entonces negó con la cabeza.
—No creo que estés embarazada entonces.
Astrid bajó la cabeza, sintiéndose de cierta forma decepcionada.
—Y Dra. ¿no se le podría hacer la prueba de cualquier manera? —insistió Alúmini, pensando que su amo no estaría conforme con una suposición.
—Pues no creo que valga la pena pincharla para un examen de sangre, pero pueden conseguir una prueba de embarazo en la farmacia, son tan efectivas como las pruebas de sangre.
—Entiendo, entonces es lo que haré. —decidió Astrid, poniéndose rápidamente de pie. —Gracias Dra. Atali por atendernos.
Sin decir más, salió del consultorio siendo seguida por la melancólica Alúmini, la cual podía darse una idea de lo que estaba sintiendo Astrid en ese momento.
Ambas continuaron con su camino ahora hacia la farmacia del hospital donde compraron la prueba y posteriormente acudieron hacia el primer sanitario que encontraron.
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—Astrid, ya pasaron tres minutos. —llamó Alúmini, tocando la puerta de la cabina del baño con sutileza.
Entonces, el seguro de la puerta se escuchó. La albina retrocedió unos pasos para darle oportunidad a la hechicera a que saliera.
—Negativo. —informó Astrid mostrándole la prueba, en donde sólo había una pequeña línea azul sólo en uno de sus recuadros.
—Oh… Astrid…
—Tranquila, no importa. —interrumpió esta, restándole importancia.
Tiró la prueba a la basura y enseguida fue al lavabo para lavar sus manos.
—Era lo mejor, Alúmini. —dijo mientras restregaba sus manos con el jabón y el agua. —Tengo que deshacerme de ese titiritero, si hubiera estado embarazada y con Hiccup herido… Uff… hubiera sido un desastre, estaríamos vulnerables.
—Bueno, en eso tienes razón. —comprendió la albina cabizbaja.
Astrid terminó de lavarse las manos y tomó algo de papel para secarse.
—No te pongas triste, Alúmini. Hiccup y yo tenemos a Zephyr y a Nuffink no es como… si no tuviéramos hijos o algo así. —sonrió. —No sé si me explico.
—Sí, claro que sí. Te entiendo, Astrid, pero lo que me da tristeza es que tú en realidad no recuerdas cómo fue tenerlos, es decir, en tu vientre y luego así pequeñitos como nacen los seres humanos.
La hechicera sonrió con melancolía.
—Sí, es raro… pero, quiero creer que algún día recuperaré esos recuerdos, aunque la persona que los haya vivido no haya sido precisamente esta que ves en frente. —se señaló por completo. — pero por ahora, no tiene caso lamentarnos por eso ¿verdad?
—Tienes razón. —asintió la de cabello blanco. —Ahora lo que importa es acabar con ese tipo.
Astrid asintió más animada y dejando la remota esperanza de volver a ser madre, se enfocó en un único objetivo: acabar con el titiritero, acabar con Viggo Grimborn.
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—Como que ya se tardaron mucho. ¿no crees? —se quejó Toothless por quinta vez, desde que Astrid y Alúmini se habían retirado.
—Sólo han pasado 20 minutos, amigo. —respondió el cansado Hiccup, sin muchos ánimos. Estaba nervioso por los posibles resultados que pudiera haber.
En ese momento, se escuchó el abrir de la puerta, con un ruidoso rechinar y de esta apareció Astrid y Alúmini.
—Oye, casi rompes la puerta. —reclamó Toothless infantilmente, pero Astrid lo ignoró con su característico humor y se dirigió directamente hacia donde reposaba Hiccup.
Este sintió un golpe en el pecho con sólo verla y sus heridos músculos comenzaron a dolerle más de la cuenta, en especial cuando ella se acercó a su rostro y con su mano le acarició el cabello.
—No estoy embarazada. —le anunció rápidamente y sin tapujos, con cierto aire de frivolidad que ya le conocía muy bien.
Hiccup tragó saliva, ciertamente el resultado le hizo sentirse un poco decepcionado, él a pesar de todo guardaba una gran esperanza por volver a ser padre en sus cinco sentidos, de inicio hasta fin y no a medias como le había sucedido con Zephyr y Nuffink.
—Hiccup…—le susurró Astrid, aun con su mano acariciando su cabello. —¿Estás decepcionado de mí?
—¡No! —le respondió espantado, al hacerlo, unas lagrimillas cayeron de su rostro. —Jamás, tú sólo me haces feliz.
Astrid sonrió.
—Sí…claro, ¿desde cuándo? ¿desde el mes de octubre de este año en adelante? —bromeó.
—Las mejores semanas de mi vida. —le confió él con una pequeña sonrisa. — Sabes que si pudiera retroceder el tiempo y volver a hacer todo bien lo haría ¿verdad?
—Yo también. —le besó Astrid la frente. —Pero como no podemos, debemos dedicarnos sólo a ser felices, una vez que termine con el titiritero. —dijo con firmeza.
Hiccup a duras penas asintió.
—Acabaremos con él. —escucharon delante de ellos.
Ambos hechiceros se enrojecieron, ya que por aquellos breves minutos se olvidaron de que había otros dos seres acompañándolos, Toothless quien con su sonrisa intachable juró también que haría todo lo posible por terminar con el titiritero y Alúmini, la cual estaba sonrosada por las muestras de afecto, se comprometió a cuidar a Hiccup en lo que Astrid, Toothless y Stormfly iban de cacería.
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Al día siguiente.
Después de pasar una noche en el hospital y planear cuidadosamente lo que harían, Astrid y Toothless se prepararon para marcharse.
—Por favor, tengan mucho cuidado. —rogó el somnoliento Hiccup, recién le habían suministrado otra dosis de medicamento que lo estaban haciendo dormir en contra de su voluntad.
—Lo tendremos, no te preocupes. —le prometió Astrid, dándole un pequeño besito en la frente. —Tú sólo dedícate a descansar ¿sí? Alúmini… te lo encargo mucho. —pidió a la albina que se encontraba al otro extremo de la cama.
—Por supuesto, confía en mí. —exclamó esta, sintiéndose como si le estuvieran encomendando una gran misión.
—Astrid de cualquier manera dejará un escudo de luz protegiéndolos. —comentó Toothless. —Sólo no salgan de él.
—Como si pudiéramos. —rio Hiccup con algo de dificultad.
—Pasaremos primero a la casa por Stormfly y para ver a los niños. ¿quieres que les diga algo de tu parte?
—Que… los amo y… que pronto nos… vere... mos.
Las palabras de Hiccup se fueron haciendo cada vez más silenciosas hasta que dejaron de escucharse, una vez que eso pasó, su cabeza cayó pesadamente de lado y de su boca sólo salieron ligeros ronquidos.
—Descansa, Hiccup. La luz te protegerá. —le susurró Astrid al oído.
Al decir aquello un escudo de luz rodeó la zona donde estaba la camilla y en el piso unos símbolos resaltaron luminosamente en blanco, era el conjuro de protección que aseguraría que nadie de los que estuvieran dentro sufrieran algún daño.
—Alúmini, ni el personal del hospital podrá entrar, pero por eso me esperé a que le dieran otra dosis de medicamentos, según el doctor, no le volverán a suministrar algo más hasta dentro de 6 horas, si viene alguien a hacer revisiones…
—No te preocupes, Astrid. Yo me las ingeniaré para que no se acerquen al campo, tal como lo planeamos. Confía en mí.
—Claro que confiamos en ti, querida. —aseguró Toothless con una sonrisa. —Astrid, ya es hora.
La hechicera asintió y dándole un último vistazo a Hiccup, retrocedió fuera del escudo y salió de la habitación junto con el furia nocturna.
El plan era sencillo, irían a buscar al titiritero a la zona en donde Hiccup había sido atacado y en donde se habían presentado todas aquellas situaciones extrañas. Según Astrid, no tenían por qué perder tanto el tiempo, estaba confiada en que daría con el lugar del titiritero si se lo proponía.
Bajando del ascensor hasta el primer piso del hospital, se disponía a salir del recinto junto con Toothless, cuando de repente un grupo de oficiales a unos metros de ella, llamaron su atención. Uno de ellos era Lenny, que con el porte que se cargaba escoltaba por detrás a un despertado pero herido Skipy.
—Ay, dioses. Me olvidé de ese chico. Toothless, Espérame un momento allá afuera.
Y sin decir más, corrió hacia donde se dirigía el grupo de policías.
—¡Oiga! ¡Capitán Lenny! —llamó ruidosamente, atrayendo la atención de más de uno, pero poco le importó, lo único que quería es que el jefe de Hiccup la atendiera.
Afortunadamente, este respondió a su llamado y cuando se volvió a ella, la recibió con una ancha sonrisa.
—Sra. Haddock, que gusto verla. —saludó animadamente.
Astrid se extrañó con su actitud. Después del desplante que le había hecho el día anterior, pensó que estaría resentido o algo por el estilo, pero dado que no era el caso, le siguió la corriente.
—Sí, igualmente, capitán. Disculpe, ayer…
—No se preocupe, señora. La comprendo, estaba desesperada por la situación de su marido.
"Qué raro". —sonrió Astrid fingidamente. —Sí, sí, estaba muy exaltada.
—Completamente comprensible. —aseguró Lenny con una sonrisa. —¿Hay algo en lo que le pueda ayudar?
—El practicante de Hiccup. —señaló con su mirada hacia donde se llevaban al muchacho. —¿Se encuentra bien?
Lenny miró hacia donde se había ido el equipo de policías.
—Sí, lo vamos a escoltar a su casa. El médico lo dio de alta.
—¿Eh? ¿A su casa? Pero…
—¿Pasa algo señora?
Astrid se confundió, no sabía cómo abordar el tema, sin preguntar directamente si el muchacho era libre de culpa o no.
—¿Ya saben quién fue el que le disparó a mi esposo? —preguntó rápidamente.
El capitán se enserió y en un susurro respondió.
— Aún continúan las averiguaciones, pero no se preocupe, estoy seguro de que pronto tendremos respuestas.
—Que… confortante escuchar eso. —comentó Astrid con una risita fingida. —¿y qué le pasará a ese muchacho?
Lenny negó con la cabeza.
—Hasta que no terminen las averiguaciones estará bajo arresto domiciliario o al menos hasta que el detective Haddock pueda testificar lo que pasó.
—Oh, ya veo.
—¿Hay algo más en lo que le pueda ayudar, señora?
Astrid negó con la cabeza.
—No, nada más. Gracias, eh… capitán Lenny. —le ofreció su mano.
—Señora. —la tomó Lenny con sutileza y la estrechó suavemente.
Astrid le sonrió a como pudo por mera cortesía y una vez que se soltó de su mano, le dio la espalda y fue en busca de Toothless. Había pensado en distorsionar las ideas del capitán acerca de las acusaciones contra Skipy, pero optó no hacerlo y primero consultar a Hiccup, ya que a su perspectiva no era necesaria una intervención mágica, sólo necesitaba que Hiccup declarara a favor de Skipy para que las sospechas contra él se disiparan.
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Para el medio día, el grupo conformado por los dos dragones adultos y la hechicera sobrevolaban la ciudad de Berk en dirección al bosque.
La parada en la casa Haddock Hofferson fue tan breve como se pudo.
A Astrid le fue difícil no atender las suplicas de sus hijos, quienes le rogaron entre lágrimas que no acudiera al bosque a buscar al titiritero.
Los inocentes niños temían por la vida de su madre, pero una vez que esta les explicó que era por el bien de todos no les quedó de otra más que aceptar que su madre se fuera en compañía de los guías, pero Astrid no los dejó del todo solos, Heather como siempre, la apoyó incondicionalmente y se quedó en la casa para cuidarlos en lo que ellos regresaban, así que por esa parte se sentía aliviada ya que confiaba plenamente en su amiga y por supuesto en el escudo que rodeaba la casa.
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Al sobrevolar el bosque el primer lugar al que se dirigieron fue donde había ocurrido el incidente con Hiccup, no tardaron mucho en ubicarlo pues el espacio abierto era notorio desde el cielo.
—Llegó la hora. Bajemos, amigos. —ordenó la hechicera, desde el lomo de Stormfly.
Los dragones atendieron la orden y comenzaron a descender lentamente, siendo cuidadosos con sus movimientos y alertas ante cualquier tipo de amenaza. Cuando finalmente sus patas tocaron tierra, Astrid bajó precavidamente de su amiga e inmediatamente convocó a Sky entre sus manos.
—Debemos buscar cualquier tipo de pista. Toothless ve hacia la izquierda, Stormfly ve a la derecha, yo revisaré el centro.
Dada las ordenes los dragones asintieron y se separaron para dirigirse a su respectivo lado.
Toothless precavidamente pisaba con cuidado la tierra y al mismo tiempo olfateaba tal cual un perro en busca de una pista. Lo mismo pasando con Stormfly que, dando un paso a la vez, restregaba el cuerno de su nariz conta la maleza en busca de algo extraño.
En tanto Astrid, caminó primeramente hacia el lugar donde Hiccup había sido atacado y el cual estaba marcado con una cintillas que habían puesto los investigadores el día anterior. Desconocía si estos habían encontrado algo inusual, puesto que Lenny no le había mencionado nada al respecto, así que no le quedó de otra más que iniciar su propia investigación desde cero.
Las entrañas se le revolvieron en cuanto vio la escena del crimen, las plantas y el espacio en donde había caído su novio aún seguían manchadas de sangre, aunque la coloración se había hecho más opaca al día anterior.
Se hincó en el suelo, y contaminando por completo la escena del crimen tomó aquellas plantas entre sus manos.
—Maldito. —gruñó con amargura, recordando nuevamente lo que había sentido el día anterior cuando vio a Hiccup herido.
El viento a su alrededor sopló con fuerza, símbolo de la inestabilidad de sus emociones. Al percibir aquello, los dragones se volvieron a la hechicera, viendo que esta se encontraba de rodillas en el suelo con sus ojos cerrados.
Astrid respiró profundo tratando de tranquilizarse y después de un pausado conteo hasta tres logró su cometido y el viento con ello también se calmó. Las plantas alrededor de ella dejaron de mecerse con insistencia y lentamente comenzaron a detener su bailoteo.
Fue en ese momento que Astrid abrió los ojos, y al hacerlo un singular material entre las plantas que la rodeaba llamó su atención. Con cuidado separó con una mano las plantas que cubrían aquel material y con la otra tomó aquel singular objeto.
—¿qué es esto?
La levantó al cielo para poder observarlo mejor, pero todo parecía indicar que sólo se trataba de un pedazo de cristal muy delgado, pero ¿qué hacía ese tipo de basura en ese lugar? Comenzó a cuestionarse, conforme trataba de encontrarle forma a ese pedazo de cristal roto semicurvo.
—Parece los residuos de un recipiente como los que tienen en los hospitales. —dijo para sí misma, cuando algo de repente hizo "tic" en su cabeza. —Un momento…
Sus ojos comenzaron a abrirse desmesuradamente.
—¡Una capsula de egni! —gritó espantada, soltando rápidamente el pedazo de cristal.
Toothless y Stormfly al escucharla, se volvieron rápidamente hacia la hechicera, pero al hacerlo, dos luces por debajo de ellos aparecieron. Al percibir aquello, levantaron sus alas para alzar el vuelo, pero fue demasiado tarde, el furia nocturna quedó atrapado en una jaula dorada y a la nadder una cadena del mismo color y salida de la tierra le ató de una pata.
Al ver a los dragones inmovilizados, Astrid levantó rápidamente a Sky. Miró a sus extremos, esperando el siguiente ataque, pero nada, no pasó absolutamente nada.
—¡Sal de donde quiera que estés! —gritó, tratando de sentir alguna presencia, mientras que los dragones trataban de zafarse de las ataduras.
Pero sólo una brisa le respondió con suavidad, el espacio y el bosque a su alrededor seguían en completa calma.
—Ay, este maldito me quiere volver loca. —gruñó furiosa y corrió hacia donde estaban los dragones para liberarlos.
Estos ni haciéndose pequeños o humanos, pudieron deshacerse de las ataduras lo que les dio a entender que estaban lidiando con un mago muy poderoso.
—¡Ya voy amigos!
Astrid se aproximó primero hacia la nadder que era la que estaba más cerca, pero antes de que pudiera llegar, la tierra debajo de ella comenzó a temblar y acto seguido una jaula cuadrada la atrapó y la elevó en lo alto.
—¡Como si esto pudiera detenerme!
Con furia reflejada en su rostro, blandió a Sky contra la jaula y esta desapareció en un parpadeo. Ya liberada, comenzó a caer por la gravedad, pero impulsada por la magia hizo su aterrizaje más cuidadoso.
—¡Ya sal de donde quiera que estés! —volvió a gritar en cuanto tocó tierra.
Pero al no recibir de nuevo respuesta, se dispuso a liberar a su amiga. Aún más precavida la alcanzó sin ningún percance y con sólo un toque de Sky la liberó de su atadura.
—Vamos por Toothless.
Montó a la dragona rápidamente, y esta alzó el vuelo para evitar caer en otra trampa. Al llegar con el furia blandió a Sky contra las rejas y el dragón quedó liberado y furioso por la humillación.
—Astrid, no perdamos más tiempo, el tipo ese debe de estar cerca. —sugirió rápidamente la dragona Stormfly.
El furioso Toothless también gruñó concordando con ella, pero Astrid negó rápidamente con la cabeza.
—No. —dijo con cierto tono de desesperación y subió nuevamente al lomo de su amiga. —¡Tenemos que ir al hospital! ¡Ahora!
"¡¿Al hospital?!" reaccionaron ambos dragones confundidos, pero al ver la desesperación de Astrid alzaron el vuelo.
—¡Que estúpida fui! —gruñó Astrid, desde el lomo de su amiga. —Chicos, Hiccup está en peligro… ese titiritero tratará de manipularlo.
Toothless se sobresaltó y comenzó a balbucear en "dragonés".
—El primer disparo no fue una bala, más bien creo que fue algo para extraerle el egni, algo sujeto a una capsula de egni, por eso el doctor dijo que encontró rastros de un material extraño.
—Pero entonces… ¿logró robarle el egni? —preguntó la preocupada Stormfly con un fulgor.
Astrid negó angustiada con la cabeza.
—No lo sé, pero descuidé a Hiccup, capaz y durante la operación alguien controlado se la extrajo.
Toothless se asustó y comenzó a balbucear más y más.
—Dice Toothless que no lo cree posible. —tradujo Stormfly. —Yo también creo eso, Astrid. El titiritero no hubiera dudado en utilizarlo rápidamente en tu contra, no le hubiera importado que estuviera herido.
El furia nocturna concordó con la dragona y agregó algo más que Stormfly tradujo.
—Además esas trampas, no creo que hayan salido de la nada, alguien intentó detenernos por algo.
—Tal vez, pero un hospital, donde cualquiera puede ir a verlo y revisarlo… no me da confianza, tenemos que quedarnos con él. ¡Andando!
Los dragones rápidamente aceleraron el vuelo y pronto llegaron al inicio del bosque, sin embargo, al cruzar este punto que dividía al bosque con la comunidad aledaña una misteriosa nubosidad oscura comenzó a formarse rápidamente por encima de ellos, generando un tenebroso estruendo que erizó las escamas de los dragones y la piel de la hechicera.
—¿Qué demonios es eso? —gruñó Toothless ante la inminente amenaza que se acercaba.
—Astrid, dime que eres tú…—susurró la nadder entre el fulgor, viendo que por encima había algo que destellaba luminosamente entre la oscuridad que se había formado rápidamente a su alrededor.
—No, no soy yo…—respondió la hechicera, tratando también de descifrar lo que era aquello.
Pero sólo Toothless supo de quién se trataba, con sólo ver aquella silueta y cuando pronunció lo que era, un potente rayo se atravesó ante ellos y entorpeció su camino.
—Skrill.
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El ruido de un rayo a lo lejos sobresaltó a Alúmini, quien antes de fijar su mirada a la ventana se aseguró de que su amo no hubiera despertado. Al ver que este seguía durmiendo como un bebé, se puso de pie y acudió a la ventana, viendo confundida que a varios kilómetros de donde se encontraban se podía apreciar una nubosidad de coloración extraña. Era demasiada negra a comparación del grisáceo color que adornaba casi completamente el cielo a su alrededor.
Por algún motivo, ver aquella nube le causó escalofríos y retrocedió unos pasos para seguir vigilando a Hiccup. Entonces se escuchó el rechinar de la puerta.
La dragona sobresaltada, rápidamente se puso a un lado de la cama, preparándose mentalmente para echar a quien fuera que hubiera entrado, según se lo habían encomendado, aunque gran fue su desconcierto cuando vio que a la habitación había entrado un conocido.
—¿Dra. Atali?
Se sorprendió de ver a la mujer que había atendido a Astrid en sus embarazos, trayendo consigo una bandeja con unos cuantos utensilios.
—Vengo a ver a Hiccup. —explicó esta con amabilidad. — tengo que suministrarle otros medicamentos.
Alúmini frunció su entrecejo confundida.
—Me temo que no es posible, Hiccup está dormido y… no han pasado ni dos horas desde que le suministraron los anteriores, doctora.
—Bueno, es que lo que le voy a suministrar es otra clase de medicamento. —explicó Atali, dejando la bandeja sobre una mesita que no abarcaba a cubrir el escudo de luz.
—pero… su esposa no ha autorizado que se le pongan otra clase de medicamentos, tiene que hablar primero con Astrid. —dijo la albina, tratando de echar a la doctora lo más sutil que podía.
Pero Atali, ignorándola, se concentró en preparar lo que tenía sobre la bandeja. Alúmini agudizó la mirada y notó un tanto extraña aquella actitud, así como lo que llevaba, pues desde donde estaba parecía una aguja gruesa con una jeringa que carecía de medicamento.
Algo no andaba bien, intuyó de inmediato.
—Dra. Atali… ¿qué hace aquí? Ni siquiera es su área. —preguntó una vez más, dejando la amabilidad de lado.
La que vestía de bata blanca, se reincorporó de su sitio e inesperadamente comenzó a reír de una forma que la albina describió como "siniestra".
—No había tenido oportunidad de lidiar con la otra guía de Hiccup. No eres tan tonta como te ves. —mencionó Atali con burla, mostrando abiertamente lo que tenía en su mano.
—Capsula de egni. —reconoció la luminosa, poniéndose rápidamente a la defensiva.
—Por favor, ni siquiera eres una verdadera guía, eres una dragona sin amo, nunca alcanzarás por ti misma el nivel que tiene los otros dos. —le dijo la controlada Atali. —Así que ¡quítate! que sólo le quiero extraer un poco de egni al idiota de Hiccup.
—¡No! ¡más vale que te largues o te arrepentirás! —gruñó esta furiosa.
La controlada Atali bufó.
—Bueno, entonces creo que será por las ¡MALAS!
Precipitadamente, la doctora se lanzó con la jeringa en alto hacia donde estaba la cama, pero al acercarse a un centímetro de esta, el escudo protector se activó luminosamente lanzándola violentamente contra la pared. El golpe que se dio en la espalda y cabeza, fueron suficiente para que la doctora cayera desmayada al suelo; sin embargo, también hizo que el escándalo levantara a Hiccup de golpe.
—¿Qué? ¿Qué? —se levantó este sobresaltado, viendo inquieto hacia todos lados.
—Tranquilo, tranquilo. —le susurró Alúmini para calmarlo.
—¿Qué está pasando, Alúmini?
La albina rechinó los dientes y fijó su mirada hacia la desmayada.
—¿Atali? —reconoció el espantado hechicero.
—¡Escucha Hiccup! creo que estás en peligro.
—¿Qué? ¿Qué está pasando?
—¡OH, HIICUUUP!
Escucharon de repente, desde las bocinas que utilizaba el personal del hospital.
—Más vale que te entregues por las buenas o si no será por las malas.
—Esa voz…—gruñó el hechicero.
—Es Viggo Grimborn. —reconoció Alúmini.
Inmediatamente, Hiccup se retiró las sábanas que lo cobijaban y cansadamente trató de reincorporarse.
—Dame mi prótesis, Alúmini. —ordenó adolorido.
—¡No, Hiccup! Debemos quedarnos en el escudo. Tal como Astrid nos lo dijo, aquí estaremos a salvo.
—Pero…
—Veo que insistirás en hacer esto a las malas, mi estimado amigo. Entonces dime… ¿a quién te gustaría que controle?
—¿De qué habla ese loco?
¿Acaso será hombre al que veo que está en la sala de maternidad y acaba de convertirse en padre?
¿O al enfermo del corazón que está esperando por su operación?
Hiccup rechinó los dientes.
O… ¿qué tal una lluvia de recién nacidos? Caerán como moscas al piso.
Alúmini se cubrió la boca espantada.
—No podemos quedarnos aquí, Alúmini ¡No podemos! —dijo Hiccup entre gruñidos. —Hay demasiadas vidas en juego.
—Pero… ¿qué hacemos?
—Debemos irnos fuera del alcance de estas personas. —respondió entre murmullos. —atraerlo sólo a donde vayamos, conoces a Viggo, no se quedará quieto hasta obtener lo que quiere.
—Tu egni. —dedujo Alúmini preocupada.
Hiccup asintió.
—Eso parece. Así que hay que darnos prisa.
La albina comprendió la situación y rápidamente lo ayudó a alistarse con las prendas que le habían llevado el día anterior.
Hiccup aun sentía dolor, le costaba moverse con facilidad y le dolía la herida del abdomen cada vez que respiraba y el brazo izquierdo muy apenas y podía sentirlo y moverlo.
—Alúmini… ¿dónde está Astrid y Toothless?
La dragona negó con la cabeza; sin embargo, al fijar su mirada hacia la ventana y ver a lo lejos aquella nubosidad obscura y una serie de rayos que provenían de ella, supuso en donde se encontraban sus seres queridos.
—Demonios. —gruñó Hiccup al notar también aquello. —Me temo que estamos solos en esto, Alúmini.
—Eso parece, pero no te preocupes Hiccup, yo te sacaré de aquí.
Determinada a cumplir misión la chica de cabello blanco ayudó a su amo a reincorporarse, con cuidado acomodó su brazo derecho por detrás de sus hombros para que no cayera ya que Hiccup seguía un poco adormilado por el efecto de los medicamentos y le costaba trabajo caminar derecho.
Sigilosamente, abandonaron la habitación, no sin antes darle un último vistazo a Atali, la cual seguía desmayada en el suelo. Lamentaron no poder ayudarla, pero corrían el riesgo de ser atacados de nuevo.
Saliendo de la habitación, vieron que por fuera todo parecía estar tranquilo, pese a que creyeron que Viggo se había apropiado de los medios de comunicación. A su lado derecho sólo estaba la pequeña recepción de ese piso, en el escritorio estaba la encargada en turno hablando con un doctor y más al fondo se podía apreciar una parte de la sala de espera.
A su izquierda, todo estaba aún más vacío, solamente estaba el pasillo que conducía a cada una de las habitaciones, al fondo de este se encontraba un ascensor especial para trasladar a los pacientes con todo y camilla.
—hay que evitar que nos vean. —susurró Hiccup, tratando de pensar en un plan de huida.
—Tenemos que llegar a ese ascensor. —pensó Alúmini en voz alta divisando al que estaba al fondo del pasillo.
—Sí, buena idea.
Con mucho esfuerzo, Alúmini comenzó a llevar a Hiccup, este daba pasos un poco atolondrados y de repente perdía el equilibrio en su pierna completa, la que tenía la prótesis no dejaba de temblarle, pero hizo su mayor esfuerzo para no cargar su peso completo en la dragona que, apresurada, trataba de llegar rápidamente al ascensor.
Sin embargo, de repente, una de las tantas puertas laterales se abrió, de esta salió un doctor con bata blanca acompañada de una enfermera. Alúmini y Hiccup se asustaron pues era el doctor que los había estado atendiendo.
—¿Ahora qué hacemos? —retrocedió Alúmini un paso, mientras que Hiccup trataba de hacer algo de magia, pero no podía concentrarse, la cabeza le daba vueltas por los medicamentos.
A metros de ellos, el doctor y enfermera no se habían percatado de su presencia pues hablaban entre ellos y checaban unos papeles, pero cuando alzaron la vista hacia donde estaba, tanto dragona como hechicero trataron de pensar rápidamente en una excusa.
—Dile que voy al baño. —dijo rápidamente Hiccup.
La albina se preparó para mentir, cuando el doctor se aproximó a ellos; pero este sorpresivamente sólo pasó de lado junto con la enfermera y no dijo nada. Era como si no los hubieran visto.
—¿Qué pasa? Hiccup… ¿hiciste algo?
—No.
—¡Oigan! —gritó la dragona para ver si el doctor los notaba, pero este siguió caminando con la enfermera y pronto entró en otra habitación sin siquiera percatarse de su presencia.
—Viggo, él debió hacer algo. —intuyó Hiccup entre gruñidos.
—Sí, pero ¿por qué?
—Está jugando, algo trama… Alúmini tenemos que irnos
Esta asintió y tomando aquello como una ventaja caminó con más seguridad por el pasillo, hasta el final de este. Rápidamente tocó el botón con señalamiento hacia abajo. De entrada, el cajón del ascensor se encontraba en la parte del sótano y lentamente fue subiendo, algo que desesperó a la albina pues a su perspectiva iba demasiado lento. (ellos estaban en un quinto piso)
Cuando el ascensor marcó que estaba en el piso 3, una de las puertas de las habitaciones que había en el pasillo se abrió. Tanto dragona como hechicero se giraron por instinto y vieron que era un enfermero con una filipina de color celeste. Caminó hacia donde estaban, pensando que tomaría también el ascensor, se movieron unos centímetros para que no chocara con ellos, pero al hacerlo, la mirada del enfermero pareció enfocarlos y para cuando repararon que podía verlos, el muchacho se lanzó como fiera contra ellos, sacando una capsula de egni igual a la que llevaba Atali.
—¡Está controlado! —gritó Alúmini.
Mientras que Hiccup, a como pudo levantó su brazo izquierdo e invocó una mínima cantidad de egni en su palma y se la lanzó a su atacante, pero tal fue la cantidad de energía que fue como si sólo le hubiera dado un puñetazo en la cara.
En ese momento, el ascensor abrió sus puertas y Alúmini de un jalón arrastró a Hiccup con ella, Mientras el controlado enfermero, se levantó dando de gruñidos tratando de alcanzarlos, pero estando a un centímetro de entrar las puertas se le cerraron en la cara.
—Así que ese es su juego, confundirnos. —gruñó Hiccup adolorido, zafándose del agarre de Alúmini para llevar su mano a su hombro herido.
—Ay, no. Hiccup… estás sangrando de nuevo. —susurró la preocupada Alúmini al ver como lentamente se iba tiñendo el vendaje de su amo.
—No te preocupes, no es nada. Tengo que pelear a como dé lugar. ¡Inferno!
Ante su llamado, la espada apareció en su mano derecha, Hiccup la tomó de forma irregular pues no solía blandirla con la derecha.
—Hiccup, no hagas tonterías.
—No me queda de otra, tengo que hacerlo o si no nos hará daño o se lo hará a alguien más.
La albina se entristeció, veía a su amo muy adolorido y para colmo ella no tenía las habilidades ni la fuerza como para defenderlo tal cual su pareja lo haría, y para colmo, cuando se abrieron las puertas del ascensor en el primer piso, todo pareció como una película de terror.
La gente no se movía y si miraban fijamente muchos de ellos estaban atados a finos hilos color celeste.
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—No cabe duda, es él, es Sparky. —reconoció Toothless entre gruñidos. —El guía de Viggo Grimborn.
—Sparky, el guía de Viggo Grimborn. —Repitió Stormfly sorprendida.
—No me importa quién sea, se está interponiendo en mi camino. —bufó Astrid, con Sky apuntando hacia donde estaba el dragón eléctrico.
—¡Espera Astrid! —pidió el furia nocturna, aunque en su modo de dragón ella no podía entenderlo a él, por lo que Stormfly rápidamente intercedió por él.
—"No es un dragón común y corriente, es fuerte es sabio y por su tamaño se puede saber que alcanzó la máxima maduración."
—¡Pero entonces ¿Qué quieres que haga?! ¡No nos podemos quedar aquí
—Hay algo extraño en él. —continuó Toothless y Stormfly traduciendo por él. —Su mirada es diferente.
Astrid trató de comprender a donde quería llegar el guía de su novio, pero lo único que podía ver ella era a un enorme dragón que destellaba rayos eléctricos y tenía unos profundos ojos color rojizos y el cual a diferencia de Toothless no titubeó en atacarlos al momento que lanzó unos poderosos rayos contra ellos.
Instintivamente Toothless atacó también con una de sus plasmas, pero al choque de energías se creó una onda expansiva que arrojó a los dos bandos en sentido contrario.
—¡No hagas eso! —regañó Astrid, aturdida por el golpe.
—¡Lo siento! —refunfuñó Toothless sacudiéndose.
Pero poco tiempo le dio de ser regañado cuando el Skrill lanzó otro ataque rápido.
—Si es lo que quieres, rayos con rayos. —gruñó Astrid convocando a sus propios rayos, los cuales se unieron en una línea eléctrica con los del Skrill.
—¡Astrid, eso no va a servir! —le gritó la nadder, la única que estaba siendo afectada por el poder de ambos.
La hechicera al ver que le estaba haciendo daño a su amiga bajó el nivel de su energía, al mismo tiempo que Toothless se adelantaba para atacar por la espalda al Skrill. El movimiento surtió efecto, cuando el dragón eléctrico desvió su ataque hacia el furia y comenzó una persecución contra él.
—Tengo que deshacerme de él, antes de que le haga daño.
—Pero ¿qué hay de lo que dijo Toothless?
—Eso no importa ahora, Stormfly, somos nosotros o él. ¡Así que andando!
A la nadder no le quedó de otra más que obedecer y se dirigió hacia donde se estaba dando la persecución del furia contra el Skrill.
De lado de Toothless, estaba sobrellevando la carrera a una velocidad superior contra su contrincante, pero este tenía la ventaja de ataque en todo su entorno, pues por donde pasaba todo lo destruía, incluyendo el alumbrado de la comunidad aledaña.
Cuando el Skrill disparó nuevamente, Toothless lo volvió a repeler con otra plasma que hizo que otra vez se creara una onda expansiva y los apartó unos cuantos metros del otro.
—¡¿por qué?! —le gritó. —¿por qué haces esto Sparky?
Pero el dragón no respondió, sólo jadeaba y concentraba más energía alrededor de él, para lanzar un nuevo y más potente ataque.
—No puede ser posible.
Toothless lamentó que el dragón Sparky tuviera ese comportamiento tan salvaje, cuando en el pasado solía ser uno de los dragones más sabios y honorables que había conocido. Aunque ahora Viggo fuera malvado estaba seguro de que ese dragón al menos le hubiera dado una explicación del porqué del cambio de bando.
—¡Toothless!
El grito de Astrid lo hizo desviar su mirada hacia lo alto, donde la hechicera ya se preparaba para atacar al dragón y al parecer no escatimaría en usar su principal habilidad: desaparecerlo todo.
—¡No, espera!
Voló rápidamente hacia ella, y con la misma velocidad con la que se había movido se transformó en humano y se situó en el lomo de Stormfly, detrás de Astrid.
—¡Espera no lo hagas!
—Toothless, no hay de otra, tengo que hacerlo. No sólo nos lastimaría, sino a todas las personas que viven cerca. Yo sé que antes ese dragón, así como Viggo fueron amigos de ti y de Hiccup, pero ya no más. ¡Entiéndelo!
—¡No, por favor! Sólo dame una oportunidad. —rogó el dragón.
—¿Por qué?
Pero la respuesta no llegó, ya que el Skrill comenzó a perseguirlos rodeado de varias corrientes eléctricas.
Toothless, se sostuvo fuertemente de Astrid y Stormfly voló con ambos a gran velocidad.
—¡Porque por lo mismo que conozco a ese dragón, se me hace imposible reconocer ahora al que veo enfrente! ¡Tal vez Viggo lo manipuló o algo! —le explicó en medio de la persecución.
—¡¿Crees que sería capaz de hacerle eso a su propio guía?!
Toothless cerró los ojos sin saber que responder.
—No sé, pero ¿y si nos equivocamos? ¡¿Y si no es realmente nuestro enemigo?!
Astrid tragó saliva con aquella insinuación, el coraje y la ira solían hacer que no pensara con claridad, pero cuando se detuvo por un breve segundo a analizar esa probabilidad, optó por darle una oportunidad al dragón.
—Está bien, pero ¿qué hacemos? ¿Cómo lo detenemos?
Toothless gruñó.
—¡Tengo un plan! ¡Conozco su debilidad!
A marchas forzadas y en medio de la persecución Toothless ideó el plan, cuando Astrid lo acató, este se desprendió de ella y volvió a transformarse en dragón.
—¡Stormfly! ¡Te protegeré con la luz!
—¡No te preocupes por mí! ¡Haz lo que tengas que hacer!
En medio de la batalla en el cielo, Astrid se puso de pie sobre el lomo de Stormfly, equilibrándose por la magia. En ese momento un pentagrama con los símbolos del rayo se creó debajo de sus pies y con Sky entre sus manos convocó nuevamente a los rayos y disparó hacia los del Skrill.
Sus rayos se unieron con los del dragón, formando una línea eléctrica, por lo que pronto ambos quedaron prendados del otro, por lo que Stormfly aprovechó para acelerar el paso y dirigirlos hacia la fuente de agua más cercana que había: el mar, el cual se encontraba al final del bosque.
Cuando el Skrill, reparó en lo que pretendían, trató de terminar con su ataque, pero Astrid no se lo permitió rodeándolo con los rayos como si de una correa se tratara, mientras que Toothless lo empujó contra la misma electricidad para que quedara envuelto.
Cuando llegaron a la orilla de una playa que dividía al bosque y el mar, Astrid liberó la magia y tanto Toothless como Stormfly se aproximaron a atacar al dragón al mismo tiempo con sus técnicas especiales. Al Skrill no le dio tiempo de defenderse cuando quedó vulnerable entre el agua y la arena.
—¡Retención! —gritó Astrid levantando su mano hacia él dragón, el cual quedó medio paralizado por el agarre de la magia. —¡Dime! ¿Por qué haces esto?! —preguntó tratando de razonar con él dragón.
Pero este no se movió ni un poco por la magia que pesaba en él.
—¿Acaso no me reconoces? —cuestionó ahora Toothless en su forma de dragón. —¡¿Sabes quién eres?!
Al hacer esa pregunta, los ojos rojizo del dragón se tornaron hacia el furia.
—Yo sé que sigues ahí, Sparky.
—S-sp-ar-ky? —se iluminó repentinamente el dragón.
—¡Habló! —exclamó Stormfly, sorprendida.
Astrid estaba confundida, no entendía lo que pasaba, pero se comenzaba a cansar por retener al enorme dragón con el hechizo de la retención.
Mientras que Toothless, al escuchar duda en el dragón eléctrico se acercó precavidamente a este.
—Sí, te llamas Sparky, eres un guía del mundo oculto ¿Lo recuerdas?
—G-uía?
—¡Si! ¿Quién te hizo esto, amigo?
—a-mi-go- —volvió a balbucear el dragón, enfocando más su vista en el furia nocturna. —¿Tooth-less?
En ese momento, los ojos rojizos del dragón se tornaron en un amarillo más natural. Astrid quedó boquiabierta y ya no sintió amenaza por parte del dragón que instintivamente lo liberó de la magia.
Al hacerlo, el dragón cayó y se volvió más pequeño.
—No puede ser. — susurró Astrid, corriendo rápidamente hacia él para ayudarlo al igual que Toothless, pero apenas acercándose a donde estaba, el pequeño dragón comenzó a convulsionarse.
—¡¿Qué?! ¿Qué le pasa?!
Y de la nada, el pequeño pero poderoso Skrill comenzó a ser despedazado dolorosamente por dentro.
—¡No, no!
Lo tomó Astrid entre sus manos, pero cuando lo hizo el guía de Viggo Grimborn ya no se movió, estaba muerto.
Toothless también estaba perplejo y lamentablemente había acertado a su teoría, el honorable Skrill había estado sometido a la magia del titiritero.
—Tenías razón, Toothless. — se lamentó Astrid con el pequeño dragón en brazos. —Tenías razón.
El furia gruñó furioso y expandiendo sus alas dio un gruñido al aire.
—¡No tenemos tiempo que perder! —dijo furioso.
Y no fue necesaria la traducción para que Astrid entendiera.
Con mucho dolor, depositó al dragón en las aguas del mar y le permitió a la madre naturaleza que dispusiera de su cuerpo.
—Que las valkirias te acompañen…
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En el hospital, Hiccup y Alúmini observaron todo como una escena de terror, pensaban que cualquier movimiento que hicieran activaría alguno de los hilos. Por lo que se movieron lentamente hacia donde no había gente.
Caminando por la lateral, ingresaron a un pasillo solitario y silencioso en donde se encontraba alguna de las cámaras que se utilizaban para hacer estudios y operaciones.
—¿Dónde está la maldita salida? —se lamentó Alúmini, sintiéndose como en una especie de laberinto, cuando llegaron a otra intersección.
—En el siguiente pasillo a la derecha.
La albina casi sintió que el corazón se le paralizó cuando escuchó aquella extraña voz, mientras que Hiccup, tragó saliva pues la reconocía a la perfección y al girarse lo comprobó.
Era su jefe, el capitán Lenny.
—¿Capitán?
Hiccup no pudo ver hilos manipulándolo.
—Me temo que no. —sonrió este cínicamente, abalanzándose a una velocidad sobrenatural contra ellos.
Su objetivo: Hiccup, a quien golpeó violentamente en el estómago.
El golpe fue tal, que Inferno se desvaneció de las manos de Hiccup y un sofoco lo dejó sin aliento, la herida que tenía entre el pecho y el abdomen se vio también severamente lesionada y al igual que en el hombro otra vez comenzó a sangrarle.
Por un costado, Alúmini cayó, ni cuenta se había dado de lo que había pasado cuando se encontraba en el suelo, y con espantó vio como su amo estaba a punto de ser violentado por ese hombre que no sabía a ciencia cierta si estaba siendo manipulado o no.
Hiccup a tientas se puso de pie. Lenny no estaba atacando, al parecer quería seguir jugando con él, por lo que trató de invocar nuevamente a Inferno para contratacar, pero el cansancio y la hemorragia, pronto comenzaron a hacer estragos en él y no pudo siquiera emanar un poco de egni.
—¡Hiccup, vete!
La sangre se le heló cuando vio que su guía adoptiva se lanzó inesperadamente a su capitán, haciéndole una llave al cuello. Era mucha la diferencia de estaturas, Alúmini como humana era bajita y delgadita en comparación con Lenny que era alto y musculoso.
—Alu-mi-ni
—¡Qué te vayas! —le gritó nuevamente la guía, mientras intentaba retener a toda costa al hombre. —¡Busca ayuda! ¡Llama a Toothless!
—Pero… no puedo…
—¡QUE TE VAYAS, NO SOY DÉBIL COMO TODOS LO CREEN!
Hiccup rechinó los dientes, no quería dejar a su guía a merced de ese loco, pero cuando se propuso a ayudarla otro golpe en la mejilla lo sorprendió por el otro extremo.
—¡Da-gur!
Era él, su amigo quien, con una mirada completamente perdida, se abalanzó contra él para atacarlo, Hiccup lo esquivó a como pudo, Deranged no era tan rápido como lo había sido Lenny, pero de golpe en golpe que esquivaba poco a poco lo fueron alejando de la batalla que lidiaba Alúmini.
De lado de la albina al ver que su amo estaba en peligro, se soltó tan rápido como pudo de Lenny para ir en su auxilio, pero este no se quedó quieto y con la misma velocidad con la que se había movido antes la alcanzó y la tomó del cabello para estrellarla contra la pared.
—Es inútil, dragona tonta, eres débil. ¿Creíste realmente que me habías sometido hace unos momentos?
—¿Qué? —susurró esta adolorida.
—No cabe duda de que eres una de las guías más inútiles que he conocido, creo que por eso tu humano se murió antes de tiempo, por eso no puedes madurar.
El modo de hablar de ese sujeto le resultó extraño a Alúmini, pero también la enfureció y nuevamente con fiereza, se abalanzó contra él y le arañó el rostro. Tal había sido el sorpresivo ataque que Lenny tuvo que restregarse la mano por toda la cara, momento que la pequeña pero fuerte muchachita aprovechó para darle otro golpe.
Pero Lenny no se dejaría, tan pronto se recuperó del shock del primer y segundo ataque, contratacó de nuevo con furia y la sostuvo con ambos brazos.
—No juegues conmigo, guía tonta. Yo soy más fuerte que tú, yo he madurado. —le susurró desquiciadamente,
—¿Qué? ¿Eres un dragón?
—Touché, querida.
Alúmini dio un grito ahogado, pero antes de que pudiera reaccionar de otra forma, Lenny, con un movimiento rápido, cambió la posición de sus manos, la tiró al piso y poniéndose encima de ella comenzó a estrangularla.
Alúmini peleaba con todas sus fuerzas para zafarse del agarre e incluso trató de transformarse en dragón para escaparse, pero el sofoco provocó que no pudiera.
—¡Yo sé lo que se siente! ¡Ser excluido! ¡pero cuando mi amo obtenga lo que quiere! ¡seré reconocido como el mejor dragón de todos! —pronunciaba Lenny desquiciadamente.
La dragona comenzaba a perder el aire, no le quedaba mucho; sin embargo, el agarre de Lenny sorpresivamente se zafó sutilmente.
—Pero, no me reconocerán si hago esto de esta forma, con este cuerpo. —dijo para sí mismo. —Pequeña furia luminosa ¿Quieres adivinar qué tipo de dragón soy?
Dicho aquello, el que se suponía era el jefe Hiccup mostró su lengua de reptil la cual asquerosamente le restregó a la dragona desde su barbilla hasta su frente, dejando en ella una consistencia babosa que le provocó una parálisis casi instantánea.
¿Qué me hizo? —pensó Alúmini, experimentando nuevamente una sensación de sofoco que no la dejaba respirar, y que fue más dolorosa a los previos golpes que le habían dado.
—Aguijón cambiante, preciosa. No lo olvides —escupió su atacante su veneno al piso antes de cambiar de forma a un reptil de mediana estatura que salió corriendo hacia donde el controlado Dagur se había llevado a Hiccup.
Mientras que la intoxicada albina, involuntariamente cambió a su diminuta forma de dragón, perdiendo poco a poco su energía y su vida.
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Después de haber terminado con el Skrill ya no hubo más interrupciones para Astrid y los dragones que, preocupados, volaron agitadamente hacia el hospital.
Al sobrevolar el terreno del aquel campus fue evidente para ellos que algo malo estaba pasando, pues había algunas personas desmayadas cerca de los jardines y áreas de descanso exterior, mientras que en el edificio había sólo algunos cuantos pisos que tenían las luces encendidas.
—No, no, no por favor que no sea demasiado tarde. —rezó Astrid, comenzando a angustiarse.
Viendo la situación le pidió a Toothless y Stormfly ir directamente a la habitación que se le había asignado a Hiccup, estos ubicando exactamente donde se encontraba volaron hacia el quinto piso del edificio principal. Ahí, sin esperar siquiera a abrir la ventana, Astrid la hizo desaparecer con Sky y entró a la habitación apresuradamente. Sin embargo, fue cuestión de sólo un segundo para que los ánimos se le decayeran, cuando vio que la cama en donde debía estar su novio estaba vacía.
—Ay, no. No puede ser. —se lamentó Astrid, comenzando a temer lo peor cuando…
—Astrid.
La llamó Stormfly quien junto con Toothless tuvo que transformarse en humano para poder entrar por la ventana. La hechicera se volvió hacia su amiga quien le señalaba algo del otro extremo.
Astrid dio un grito ahogado al ver que era la Dra. Atali.
—¿Está viva? —preguntó Toothless temeroso.
Stormfly se acercó a ella y le revisó el pulso en el cuello.
—Sí, está viva. —respondió con alivio. —Hay que llevarla a la cama.
Con la ayuda de Toothless, ambos levantaron a la doctora, la cual al ser alzada dejó caer algo que tenía en la mano. Astrid se inclinó para ver qué era lo que llevaba con ella y se espantó aún más al reconocer el objeto.
—Una capsula de egni.
Los dragones apenas y recostaban a la mujer cuando Astrid mencionó aquello.
—¿Tiene egni? —preguntó Toothless inmediatamente.
Astrid negó con su cabeza.
—No, pero algo habrá sucedido para que Hiccup y Alúmini se vieran obligados a salir.
—Entonces no perdamos más el tiempo. —dijo Toothless. —Hay que buscarlos.
—pero ¿por dónde empezamos? No puedo sentir a Hiccup, estaba muy débil como para poder sentirlo.
—No te preocupes, Astrid. Déjamelo a mí. —le guiñó la nadder. —Recuerda que soy una dragona rastreadora.
Tanto Astrid y Toothless se sonrieron al considerar la habilidad de la nadder, la cual no perdiendo el tiempo volvió a su forma diminuta de dragón y olfateando un poco de las sabanas en donde había estado Hiccup se puso a perseguir el rastro.
La hechicera y el furia la siguieron, primeramente, fuera de la habitación en donde se encontraron con todo el personal desmayado de lado derecho de la sala, mientras que del otro extremo había un enfermero desmayado.
Confiando en que esas personas se pondrían bien en cuanto encontraran al enemigo, continuaron siguiendo el rastro hasta el ascensor. Este nuevamente demoró un poco en llegar y fue desesperante para aquellos que veían innecesario usarlos, pero como Stormfly percibía el aroma por esa dirección tuvieron que esperar.
Cuando este por fin llegó al piso, dieron un grito ahogado al ver que había unas marcas de sangre en él.
—Ay dioses, ¿Stormfly? —cuestionó Astrid, cuando su amiga se aproximó a la sangre para olfatearla.
Lamentablemente, esta afirmó con su cabeza dando a entender que era la sangre de Hiccup.
—No… ¿y dónde está y Alúmini? — preguntó Toothless, aún más preocupado.
La nadder nuevamente actuó y comenzó a olfatear el tablero, ahí percibió el aroma de la luminosa que le dio a conocer que había oprimido el botón del primer piso.
Nuevamente el viaje del quinto al primer piso fue una tortura para la hechicera y el furia, cuya paciencia se colmó al ver el desastre en el primer piso una vez que las puertas se abrieron. Toda la gente: pacientes, familiares, doctores y personal en general se encontraban desmayadas.
Stormfly pese a todo siguió persiguiendo el rastro cuyo aroma era más fuerte debido a la sangre que había estado derramando el hechicero. Astrid y Toothless la siguieron de cerca, pero al caminar por unos cuantos pasillos otra escena desgarradora hizo a los tres pararse en seco.
La dragona furia luminosa tendida en el piso a mitad del pasillo.
—No. —Fue lo único que pudo balbucear Toothless cuando por fin pudo reaccionar. —¡NOOOO!
El desgarrador grito del furia y posterior correteo despertó a sus compañeras del shock, quienes también se apresuraron a ir a donde estaba la dragona, pero de cerca todo fue más impactante.
Toothless ni siquiera se atrevió a tomar a su pareja entre sus manos, estaba demasiado desconcertado como para concebir que aquello fuera real. Su pequeña luminosa estaba con sus alas extendidas en el piso, con sus patitas hacia arriba y con su cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. No percibía que estuviera respirando, le daba miedo de tomarla y sentirla más fría de lo que usualmente era, sentirla tiesa.
—Toothless.
Lo llamó Stormfly para que reaccionara, pero al verlo demasiado cohibido optó por ser ella quien la tomara entre sus manos. Cuando el furia vio que la nadder hizo aquello peor se sintió, no podía siquiera preguntar si estaba viva no quería escuchar la mala noticia.
Pero en lugar de eso, sólo vio como la nadder comenzaba a masajearle el pecho a la dragoncita en un intento por reanimarla.
—Vamos Alúmini, despierta. —rogó con voz quebrada, moviendo su mano con insistencia.
—Vamos pequeña. —rogó Astrid entre dientes.
Mientras que Toothless se sentía enloquecer, no podía mencionar nada, sentía un dolor horrible en el pecho que le ocasionaba que no pudiera respirar. Los recuerdos de los momentos que había vivido junto con su preciada luminosa comenzaron a hacerse presentes en su mente y fue peor para él.
—¡Vamos amiga! —lloró Stormfly, insistiendo más con el masaje sin tener éxito alguno. —Por favor.
—¡A ver dámela! —exclamó Astrid, solicitando el pequeño cuerpo del dragón.
Stormfly se la pasó e inmediatamente quebró en llanto, mientras que Astrid continuó con su labor.
—¡Tú no te puedes ir! ¡Tú no! —gruñó esta entre dientes, reprimiendo agresivamente sus emociones.
Con más insistencia frotó el pecho de la dragona, emanando a la vez parte de su egni que no sabía si podía servir de algo.
—¡POR FAVOR! —gritó con desesperación, liberando ahora pequeñas descargas como un especie de desfibrilador.
Una, dos, tres descargas y nada.
—¡Ya no más, Astrid! —gritó Toothless, pensando que aquellas descargas la lastimaban.
Pero Astrid no hizo caso y le lanzó una cuarta descarga, la cual inesperadamente causó una reacción en la dragona, la cual abrió la boca y succionó aire como si intentara respirar.
—¿Alúmini? —chilló Toothless al verla reaccionar, pero poco le duró el ánimo cuando vio que su pequeña parecía ahogarse.
—No puede respirar. —susurró Astrid preocupada.
—Parece intoxicada. —observó Stormfly al ver también sus ojos aún blancos. —¡A ver pásamela, Astrid!
Nuevamente Astrid le cedió la dragona a su amiga, la cual rápidamente la olfateó de cerca. Como humano no tenía el olfato tan refinado, pero pudo distinguir una aroma que no era propio de la dragona y que además le causó un ardor en su propia nariz.
—Algo le echaron o le pusieron. — dijo asqueada. —Tenemos que limpiarla.
—Entonces ¡vayan! Vayan a buscar un baño o algo donde puedan hacerlo. —ordenó Astrid. —Yo tengo que buscar a Hiccup. —recordó preocupada.
El furia ahogó otro grito al reconsiderar que su otro ser más querido seguía en peligro, pero ver a Alúmini le hizo querer estar más con ella.
—No te preocupes, Toothless, ve con ella. —le dijo Astrid al ver su rostro.
Este asintió entre lágrimas y reaccionando ahora más rápido, tomó a Alúmini entre sus manos.
—Yo llevaré a Alúmini, Stormfly, tú ayuda a Astrid a buscar a Hiccup.
La nadder asintió acatando la orden sin respingar y mientras ella se transformaba nuevamente en dragón para guiar a Astrid. Toothless corrió hacia donde sabía que había un baño.
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Entrando a un baño de caballeros, Toothless rápidamente abrió la llave del grifo y puso el tapón en el lavamanos para llenarla. Sin dudar ni un poco, colocó a la albina debajo del chorro de agua y comenzó a frotarla sutilmente por todos lados. Cuando el lavamanos se llenó un poco la sumergió, dejando su cabeza de fuera, la cual le limpió con extrema delicadeza.
La luminosa pareció reaccionar aún más cuando hizo aquel movimiento por lo que Toothless lo repitió, sumergiéndola también un poco en el agua. De poco a poco la respiración agitada de la dragona volvió a la normalidad y los ojos blancos se tornaron nuevamente en un azul brillante.
Toothless dio un suspiro de alivio, cuando la dragona emitió un ligero brillito para decirle que ya estaba bien, pero no lo soportó. Con su Alúmini aún entre sus manos, el dragón humano la acercó a su rostro y comenzó a llorar con desesperación.
—Perdóname, Alúmini —le pidió, sintiéndose de cierta forma culpable por no haberla cuidado como creía que debía hacerlo.
Y así como solía decir su mejor amigo, no podía imaginarse vivir en un mundo sin ella.
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El controlado Dagur no dio tregua a Hiccup y lo golpeó cuanto pudo. El hechicero trató de repeler cada uno de sus ataques, pero le era imposible por el dolor que sentía. Las heridas que ni siquiera le habían cicatrizados se habían abierto de nuevo y en donde caía, dejaba un rastro de su sangre en el piso.
Pese a todo, se las ingenió para perder a su amigo detective, ocultándose en una sala de quirófano, pero lo que no esperó, es que en dicha sala aparecieran más personas que estaban controladas.
Rápidamente salió de esta para buscar otro lugar en donde ocultarse, pero volvió a encontrarse con Dagur que, controlado, era totalmente un desquiciado.
—Esto no tendrá fin. —se lamentó al ver que no importaba a donde fuera, el titiritero se las ingeniería para atraparlo.
Pero no lo dio todo por perdido, con las pocas fuerzas que le quedaba logró convocar a Inferno y antes de que Dagur o las demás personas del hospital pudieran atraparlo, lanzó su ya conocido hechizo para dormir.
—¡Todos aquellos que estén dentro de este hospital DUERMAN! —gritó, alzando con gran esfuerzo a Inferno.
De la espada, emanó un polvillo rojizo que se expandió fugazmente como una tormenta de arena y, antes de que Dagur y los demás que estaba tras él pudieran atraparlo, fueron envueltos por dicho polvo que reventó los hilos que los controlaban y los hizo caer dormidos al suelo.
Hiccup al verse liberado de dichas amenazas se dejó caer en el suelo cansado, pero su instinto le dijo que no había tiempo de descansar, tenía que buscar a su guía adoptiva, por lo que regresó por donde había andado.
Tardó un poco en regresar a dicho lugar, pero cuando por fin dio con el pasillo, casi se sintió desfallecer al ver a su amiga tendida en el piso.
—Alúmini.
Pero de repente, un golpe en la cabeza lo detuvo de ir hacia donde estaba su amiga.
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Todo estaba oscuro para Hiccup, sólo sentía como alguien lo arrastraba a tientas por un terreno que parecía ser césped. Estaba muy adolorido, pues quien lo llevaba lo sostenía de su brazo herido.
Entonces pudo abrir los ojos y con lo que se encontró fue con la persona que creía era su jefe: Lenny, que en su andar iba balbuceando algunas cosas, parecía enojado.
Hiccup trató de zafarse, pero el brazo parecía no reaccionarle, pero un movimiento de dedos hizo que su atacante se percatara que había despertado.
—Oh, vaya hasta que despertaste. —le dijo Lenny con cierta molestia. —Tú estúpido hechizo casi me hace dormir, pero claro, es algo que mi amo no puede permitir, así que haya voy, tengo que llevarte a él para que haga lo que tenga que hacer.
—¿Quién eres tú? —preguntó Hiccup en medio de su aturdimiento.
Pero Lenny no respondió a la pregunta, sólo se detuvo y lo soltó con rudeza.
Hiccup casi sintió como si no tuviera brazo ya que muy apenas lo pudo apoyar sobre el césped en el que ahora se encontraba.
—Lo que me pediste. — dijo Lenny, viendo hacia un árbol que estaba alrededor del campus.
De este unas risitas comenzaron a surgir. Hiccup conocía esa cínica risa y a como pudo se reincorporó en el césped, cuando Viggo por fin hizo su aparición.
—Vaya, que mal te ves Hiccup. —se burló.
—Peor te verás tú cuando termine contigo. —respondió este a la defensiva.
—Claro, en tú estado ya lo creo, pero no me malinterpretes querido, yo sólo vengo a que seamos amigos de nuevo.
—¡Jamás! Si con ello pretendes lastimar a mi familia.
—Claro, los chiquillos y Hofferson. —meditó este. —Con los niños podría lidiar, pero con Hofferson sinceramente no, lo único que quisiera es su arma, nada más.
—¡Ella jamás te la dará y tampoco dejaría que tú se la quitaras!
—Lo sé, ¿por qué crees que estás aquí?
Hiccup gruñó aún más.
—¿Qué pretendes?
—Fácil, dominarte y con ello a Inferno, la única arma que puede darle batalla a Sky. Tú, Hiccup, eres el único que puedes sostener una verdadera batalla con ella.
—Con que eso era ¿eh?... —sonrió el hechicero fingidamente. — pues déjame decirte que eso no sucederá.
—Aah, yo creo que sí, mi estimado. ¿Y sabes por qué?
Hiccup apretó más los dientes.
—Porque no pienso pedirte permiso. ¡Senko! —gritó, dirigiéndose a Lenny el cual con un empujón sometió a Hiccup contra el césped.
Viggo, en ese momento, convocó una gruesa espada con cristales y la clavó a la tierra, haciendo que cadenas emergieran por debajo de Hiccup. Brazos, piernas le fueron sujetas y le fue imposible moverse.
—Prometo que no te dolerá. —dijo el burlón Viggo, sacando de entre sus ropas una capsula de egni aún más grande que la de sus anteriores atacantes.
Hiccup trató de zafarse con todas sus fuerzas, pero las cadenas que lo ataban eran demasiado fuertes, además, aquel que había respondido al nombre de "Senko" lo tenía presionado por la espalda.
Cuando Viggo se hincó a un lado de él y le destrozó parte de la chaqueta del lado del brazo, dio por perdido todo.
—¡ALEJATE DE ÉL!
Aquella voz, Hiccup sintió vibrar su corazón con tan sólo escucharla y no sólo eso, sintió una ráfaga de energía que apartó rápidamente a Viggo y alejó al otro individuo lejos de él.
Las cadenas que lo sujetaban desaparecieron en un instante y al alzar la vista vio que Viggo se había tratado de cubrir en una especie de bóveda metálica la cual desapareció a los cuantos segundos.
Al girarse, vio con alivio y sobre todo con mucho amor a su salvadora, Astrid quien en compañía de Stormfly se apresuraron a ir con él.
—Astrid. —mencionó su nombre en cuanto lo alcanzaron.
—perdóname por no haber llegado antes.
Hiccup negó con su cabeza, lo único que podía sentir era gratitud hacia ella.
—Chicos, no hay tiempo para eso. —los enfocó Stormfly al ver que Viggo y su compañero estaban dispuestos a dar batalla.
Y así fue, cuando el primero en moverse fue el llamado Senko, cuya velocidad sorprendió al par de hechiceros, pues este desapareció frente a sus ojos y se aparecía en diversos puntos moviéndose rápidamente en zigzag.
—¡Cuidado! Esa cosa no es humana. —advirtió Hiccup, aun sin poder reponerse.
—No, no lo es. ¡Es un dragón! —reconoció Stormfly inmediato, por lo que volvió a su forma original para enfrentarlo.
—¡Escudo de luz! ¡Actívate!
Con un movimiento ágil, Astrid invocó también su magia al ver con lo que se estaban enfrentando y antes de que alguien se atreviera a tocar a su Hiccup lo protegió con el escudo que también la envolvió, así como a la dragona.
Un gran acierto de su parte, pues creado su escudo este reaccionó con un chispazo cuando el nombrado Senko se aproximó a él y chocó con este.
El que se veía como Lenny cayó sobre el pasto a unos cuantos metros de donde estaban y pronto su imagen comenzó a distorsionarse, hasta que reveló su verdadera forma. El dragón de mediana estatura que carecía de alas, pero tenía unas largas patas, así como una cola larga y puntiaguda.
—¿Un dragón? ¿Será otro guía? —se preguntó Hiccup.
—Sea lo que sea… ¡Yo me encargo de ese estúpido! —salió Stormfly del escudo y se dispuso a acabar con él.
Senko, herido por el golpe, al ver que la nadder se aproximaba a él y pretendía tomarlo con las garras, actuó rápidamente y se desvaneció frente ella o eso pareció porque en realidad se había camuflado con el entorno.
Tanto Astrid que salió también del escudo como Stormfly nuevamente se pusieron a la defensiva y pretendieron lanzar sus ataques en diferentes direcciones para atraparlo, pero en ese momento el otro enemigo que estaba en el campo de batalla lanzó su mejor ataque contra ellas.
—Stormfly, ve y cuida de Hiccup, por favor y mantenme informada si percibes a ese otro dragón. —pidió Astrid poniéndose frente a su contrincante.
—Pero…
La dragona iba a replicar, pero cuando se volvió hacia donde estaba el hechicero y lo vio que estaba desangrándose, no le quedó de otra más que volver dentro del escudo y obedecer
Mientras tanto en el exterior Viggo, con su gigantesca espada, comenzó a arremeter contra Astrid, lanzando su principal habilidad mágica para poder atraparla en una jaula, pero esta no se dejó y destrozó cada uno de sus intentos con el filo de su arma.
Del dragón aguijón cambiante ya no supo que había pasado, una vez que se desvaneció ya no volvió a atacar. El leve aroma que había percibido la nadder de él también se había esfumado por lo que intuyó que el muy cobarde había huido, dejando a su camarada.
—¡Maldita! ¡déjate atrapar! —le gritaba Viggo como un enloquecido, mientras golpeaba su arma contra la de Astrid.
La espada que portaba despedía un fulgor muy rojizo que concordaba con el humor que tenía en ese momento, mientras que Astrid, un poco más serena los recibía con Sky sin siquiera emitir ningún brillo.
¿O ella era muy hábil o él era muy torpe? Comenzó a pensar Astrid conforme veía que Viggo se desesperaba.
¿Realmente esa era la persona habilidosa que le había descrito Hiccup? Porque a su perspectiva no le parecía que fuera hábil.
¿Era la persona sensata y calmada del que alguna vez escuchó en el mundo oculto? Pues viéndolo, chocando su espada contra su hacha no parecía que así fuera.
¿Y si era el mismo caso del Skrill? No podía dejarse de hacer esa pregunta después de lo sucedido en la playa.
—¡Muere Hofferson, muere! —seguía gritando el enloquecido Viggo conforme Astrid iba deshaciendo cada parte de su magia.
—¡Ya basta! —lo apartó esta con rudeza y lanzándole una ráfaga de energía lo apartó más de ella.
El hechicero del tipo captor quedó de rodillas a unos cuantos metros de ella.
—Dime ¿quién eres en realidad? ¡¿Realmente eres Viggo Grimborn?! —lo interrogó con Sky apuntando hacia él.
El hechicero captor, levantó su cabeza mostrando ante ella un rostro lleno de fastidio.
—Quién más podría ser, querida. —dijo con un tono burlón.
—Sí es así, dime algo que sólo tú y Hiccup sepan. —lo retó Astrid.
El hechicero captor quedó boquiabierto y no sólo él, también Hiccup que no sabía lo que pretendía su novia.
—¿Qué está haciendo? Que acabe de una vez con él
—Creo que… intentando descubrir algo. —susurró Stormfly, mientras presionaba las heridas de le hechicero para detener la hemorragia. —Dime Hiccup, ¿hay algo que sólo Viggo y tú sepan? No me respondas en voz alta, sólo piénsalo.
Este sólo lo pensó y lo único que le vino a la mente fue cuando un adolescente Viggo fue a su casa a dejar uno de los tantos encargos que tenía su familia. Ese día jugaron una partida de mazas y garras y él le ganó a pesar de no conocer el juego tanto como Viggo lo conocía.
Viggo había quedado muy humillado y por mucho tiempo le pidió una revancha hasta que por fin se la dio y volvió a perder. Ya más humillado, Grimborn optó por refugiarse en la mentira hasta una nueva revancha y le pidió a Hiccup no revelar que le había ganado en el juego de estrategias y como a este le valía un pepino el juego aceptó sus condiciones. A partir de ese momento se volvieron amigos.
—¡Contesta! —exigió Astrid su respuesta.
Pero lo único que obtuvo fue un gruñido por parte de Viggo.
—¡Eso que te importa! —gritó blandiendo nuevamente la espada contra el hacha.
Astrid sostuvo el golpe y soportó la energía que comenzó a despedir el hechicero deliberadamente.
—No me respondes porque no sabes. ¿verdad?
Viggo abrió los ojos de más y aplicó más fuerza en su golpe.
—¡Cállate estúpida!
Con la furia acumulada, lanzó a Astrid con su magia. Esta sorprendida de que aún le quedara mucha energía se reincorporó rápidamente y tomó a Sky.
Viggo ya no estaba dispuesto a entablar un dialogo y volvió a arremeter contra la hechicera acumulando gran cantidad de egni que fluyó a través de toda la espada.
Viendo que este estaba dispuesto a dar todo de sí por acabar con ella, motivó a Astrid para hacer lo mismo. Para cuando Viggo se le acercó a una distancia muy mínima, ella envolvió a Sky entre la luz y recibió el golpe de frente.
Espada contra hacha, fulgor carmín contra azul, así se veían las mezclas de sus poderes.
—¿Por qué no sólo te rindes y ya? —gritó Viggo comenzando a desesperarse, tanto que su voz hasta sonaba infantil
—¿Por qué no respondes a mi pregunta? —Lo apartó Astrid con otro empujón.
Pero lo único que respondió Viggo fue otro gruñido desesperado, así como el blandir de la espada.
—¡PERDISTE EN MAZAS Y GARRAS VIGGO! —se escuchó de repente el grito de Hiccup.
El hechicero captor quedó paralizado con su espada en alto al escucharlo y con un movimiento robótico de cabeza se volvió hacia donde estaba Hiccup. Al verlo sus ojos cafés, se tornaron blancos.
—Prometiste que no lo dirías…
Hiccup, Astrid y Stormfly se desconcertaron al ver tan repentino cambio, pero se quedaron más perplejos cuando Viggo pareció contraerse y sus ojos se tornaron al color normal.
—¡Cállate! —gritó, pero más para sí mismo que para sus contrincantes y siguió retorciéndose como si peleara con algo interno.
—No puede ser…—susurró Hiccup desde su sitio, llegando a una resolución de lo que pasaba.
—Está controlado. —determinó igualmente Astrid.
¿Ahora qué debía hacer? Fue lo siguiente que se preguntó la hechicera, cuando vio que quien controlaba a Viggo Grimborn logró tomar nuevamente posesión de él, haciendo que emanara una exagerada y descontrolada cantidad de egni que pensaba lanzarle con la ayuda de su arma principal.
—No queda de otra. —gruñó entre dientes y se preparó para recibir el golpe. —¡Sky!
Ante su grito, el hacha se envolvió en luz. Astrid en ese momento se aproximó también para su enemigo y con gran fuerza chocó violentamente la espada de Viggo.
El resultado dejó conmocionado al atacante, cuando un "crac" de su parte se escuchó y la mitad de su espada cayó irremediablemente, desapareciendo antes de que pudiera tocar el piso. Con su arma principal destruida el flujo de egni se distorsionó y finalmente dejó de fluir. Igualmente, esto no fue impedimento para que el controlado intentara golpear a Astrid.
—¡Ya basta! ¡Viggo Grimborn! ¡Reacciona! —se defendió Astrid, tratando de hacerle el menos daño posible. —¡Este no eres tú!
—¡Cállate! —respondió este agresivamente, lanzándole de puñetazos y provocándola para que lo lastimara.
—¡tienes que luchar contra quien te está haciendo esto! ¡Contra quien mató a tu guía!
Aquella declaración, detuvo a Viggo y sus ojos se tornaron nuevamente en blanco
—¿Sparky?
Pero no duró mucho la presencia a la que pertenecía ese cuerpo, nuevamente los ojos del hechicero volvieron a la normalidad y con más fiereza atacó a la hechicera.
—¡Viggo, reacciona! —gritó Hiccup también desde su sitio, sintiéndose un completo inútil por no poder siquiera moverse. —¡por favor! ¡Recuerda quién eres!
Sin embargo, su desesperado grito sí surtió efecto. Viggo nuevamente se quedó estático y con el puño en alto. Su cuerpo le temblaba y su cabeza y cuello se contraían. Nuevamente el verdadero Viggo luchaba contra el que tenía control de él.
—¡Quédate quieto! / ¡Sal de mi cuerpo!
Se dejó caer de rodillas y sus ojos se tornaron blancos y su egni comenzó a manifestarse inestablemente por alrededor de todo su cuerpo.
—¡Obedece! / ¡Largo!
—Stormfly, llévame allá. —pidió Hiccup entre dientes,
—Pero…
—¡Por favor!
La dragona al ver la determinación de Hiccup no tuvo el valor para contradecirlo. Lo ayudó a ponerse de pie y haciéndole de su soporte fueron hasta donde Astrid y Viggo se encontraba. Esta primera, estaba perpleja sin saber qué hacer al ver como aquel hechicero de rango alto luchaba por deshacerse del control que pesaba sobre él y cuando vio que Hiccup se aproximaba rápidamente fue ayudarlo.
No obstante, Hiccup se negó a ser protegido y con las fuerzas que le quedaban se arrodilló frente a su amigo.
—¡Vamos amigo! ¡Tú puedes superar esto!
Sin embargo, el hechicero del tipo captor seguía luchando contra sí misma, con el rostro fijo en el suelo y sus manos apretando el césped y la tierra.
—Tú eres uno de los hechiceros más hábiles que he conocido, ¡yo sé que puedes lograrlo! ¡puedes deshacerte del hechizo del titiritero!
—Hiiiiicuuuup. —gruñía Viggo entre dientes, mientras apretaba más y más la tierra entre sus manos.
—¡Recuerda, eres Viggo Grimborn el consejero más joven que había tenido la familia Haddock! ¡Eres mi amigo!
—Hiiccuuup.
—Es inútil Hiccup, sólo podríamos salvarlo si tuviéramos el vudú con el que lo están controlando. —Dijo Astrid, sintiendo pesar por ambos hombres.
—¡No, yo sé que puede! —insistió Hiccup. —¡Viggo, muéstrame! ¡Muéstrame que aún sigues siendo ese hechicero que me aconsejaba, que no se dejaba, que me enseñó a planificar minuciosamente, que me decía mis verdades! ¡VIGGO DESPIERTA YA DE ESE HECHIZO! ¡Libérate!
El desesperado grito de Hiccup salió acompañado de un fulgor de color rojo que chocó violentamente con el egni desparramado de Viggo y lo hizo calmarse y no sólo a la masa de energía sino también al hechicero que aún con su vista fija en el suelo, comenzó a respirar más pausadamente.
Ni Astrid ni Stormfly supieron lo que había pasado; sin embargo, no pudieron cantar victoria pues cuando el hombre levantó su rostro vieron que sus ojos estaban completamente en blanco.
—Hiccup? —susurró Viggo, viendo a su amigo, quien reconoció claramente su tono de voz, ahora sí era su amigo con el que estaba hablando.
—Sí, Viggo. Soy yo.
—Cuánto tiempo ha pasado…
—Sí. —suspiró este, viendo con alegría que su amigo estaba logrando vencer el hechizo.
Sin embargo, el rostro confundido de Viggo repentinamente se volvió a uno de preocupación.
—¡No tenemos tiempo que perder! —gritó, tomando sorpresivamente a Hiccup de los hombros.
Aquel movimiento hizo que tanto Astrid como Stormfly se movieran para separarlos, pero Viggo se aferró fuertemente a los hombros de su amigo, que incluso le estaba lastimando la herida abierta a Hiccup.
—Viggo, ¡¿qué pasa?! —gruñó este tratando de sopórtalo.
—Hiccup, ¡él titiritero!
El espantado Hiccup sólo veía como a su amigo parecía cerrársele la boca involuntariamente.
—¡El titiritero es-tá cer-ca! —hablaba con dificultad. —¡él… es… ¡AHHHH!
Repentinamente el hechicero ya no pudo hablar, pues los dedos de su manos se doblaron hacia atrás provocándole un gran dolor. El boquiabierto Hiccup se vio liberado de las manos de su amigo, pero presenció con horror como a este enseguida de que alguien le rompió los dedos, ahora lo hacía con sus brazos.
—¡DIOSES! ¡Lo sigue controlando! —exclamó Astrid horrorizada con tal tortura.
Luego el cuerpo de Viggo salió disparado por encima de ellos, sólo para ser azotado en tierra.
—¡Ya basta! —gritó Hiccup desesperado, pero frente a él su amigo continuó siendo torturado
—¡PIEDAD! —gritó Viggo cuando más huesos del cuerpo comenzaron a rompérsele.
Pero su cuerpo nuevamente comenzó a elevarse; sin embargo, antes de que pudiera llevárselo aquel que lo controlaba, Hiccup, Astrid y Stormfly lo tomaron de los brazos para evitar que sucediera.
—¡Escudo de luz! —gritó Astrid, haciendo otra campo de energía a su alrededor.
Esto ayudo a que se cortara la conexión de lo que intentaba llevarse a Viggo, pero aún así el hechicero siguió sufriendo. Algo lo estaba matando lenta y dolorosamente.
—Viggo, resiste…—lloró Hiccup, sosteniéndolo a duras penas entre sus brazos.
Pero este ya no respondió, comenzó a emanar sangre por la boca y a ahogarse con ella, mientras que su cuerpo seguía siendo torturado internamente.
—¡Ya basta, por favor! —gritó Stormfly, igualmente conmocionada ante tal tortura.
Mientras que Astrid, sólo veía perpleja la escena, pensando en que sólo había una manera de liberarlo de aquel dolor.
—Hiccup.
El lloroso hechicero levantó su rostro, viendo como su novia sólo le mostró a Sky como una especie de solución. Él entendió perfectamente lo que trató de decirle y negó con su cabeza, no quería tomar esa decisión.
Pero no fue necesario que él lo hiciera, Astrid sólo se hincó frente él y frente al cuerpo de Viggo, con sutileza tomó la mano de este ultimo y en su palma hizo un profundo corte con el filo de Sky.
En ese momento el hechicero del tipo captor dejó de sufrir y con un ligero movimiento de cabeza se volvió hacia la reprimida hechicera.
—Gra-cias.
Le susurró con una voz apenas audible y con sus últimas fuerzas miró a Hiccup.
—Adiós, mi amigo.
Y desapareció.
El tembloroso Hiccup se quedó sin aliento al ver las tenues partículas que quedaron de su amigo, lo que sintió su corazón dolía más que las mismas heridas que tenía. Había juzgado mal a su amigo y se arrepintió de no haber podido hacer nada por él.
Mientras que Astrid, se guardó lo que sentía para si misma y sólo deseó que Hiccup algún día pudiera perdonarla por lo que había hecho, sin embargo, había algo más que la atormentaba y no sólo a ella, sino también a Hiccup y a los guías.
Si Viggo Grimborn no era el titiritero, entonces ¿quién lo era?
Continuará.
Notas de autora 2: ¿y qué tal? Me faltó agregar unas partes, pero opté por ponerlas en los siguientes capítulos.
El siguiente capítulo es el especial de Navidad, un capítulo relax para todo lo que acaba de pasar.
Agradecimientos especiales a Mispy y Maylu Liya, gracias por leer.
A los favoritos, seguidores y anónimos. Nos seguimos leyendo.
Hasta la próxima. またね
01 de enero de 2021 (primer capítulo de este año jijij)
