En cuanto Roan Azgeda termino de hablar por teléfono con su madre en el apartamento que ocupaba justo encima del Ice Azgeda, el bar que regentaba desde hacía años en Scranton Crow, suspiró cansadamente.

La despedida con su hermana había sido rápida y fría, apenas unas palabras de aliento y su madre se la había llevado nuevamente con ella a la clínica en la que tantas otras veces la había ido a ver. Puede que esta vez se recuperase, puede que no encontrase las fuerzas suficientes para hacerlo pero la intención y la voluntad estaban de su parte.

Su madre se ocuparía de su sobrina durante el tiempo que fuese necesario así que era una preocupación menos con la que contar.

Eso le otorgaba cierto alivio, Nia no era una gran madre pero desde que había nacido Kaylee algo en ella había cambiado ligeramente. Quería a esa pequeña, era como si de alguna forma recuperase a la Echo que alguna vez fue niña y la tuviese de nuevo con ella.

Un suave golpe en la puerta llamo su atención e hizo que levantase la vista del suelo por un momento.

Roan se levantó del sofá sintiendo toda aquella tensión acumulada en sus anchos hombros contraerse bajo la gris camiseta, y supuso que sería algún proveedor del bar que al encontrarlo cerrado habría subido a verlo aunque al abrir a quien único no esperaba encontrar en su puerta era a Ontari.

En cuanto la vio de pie frente al umbral dio un paso apenas consciente hacia ella no pudiendo creer que realmente estuviese allí y en cuanto abrió sus brazos para recibirla, Ontari se adelantó a él abrazándole inesperadamente con fuerza.

A Roan aquel gesto no supo bien porque le tomo por sorpresa, pero de algún extraño modo lo hizo y en el interior de su pecho supo que algo estaba mal con ella.

Ontari cerro sus ojos con la cara hundida en su cuello sintiendo como los fuertes brazos de Roan la rodeaban y la estrechaban contra su cuerpo y en su interior su corazón se quebró.

—No puedo creer que estés aquí... —le susurró Roan muy cerca de su oído queriéndola arropar y proteger en toda su cercanía—. Te he echado tanto de menos...

Ontari no fue capaz de responder a aquellas palabras, no porque no las sintiese, sencillamente no se sentía con fuerzas para poder hacerlo.

Roan se preocupó al no obtener respuesta alguna y separándose unos centímetros de ella, la tomó del rostro escrutando su hermoso rostro con preocupación.

—¿Ontari? —murmuró muy cerca de sus labios perdiéndose en aquellos tristes ojos que le devolvían la mirada—. ¿Qué... qué pasa?

Ontari que simplemente negó imperceptiblemente con la cabeza no queriendo ni pudiendo hablar acerca de todo lo que le estaba pasando, solamente se inclinó buscando lentamente sus labios con con anhelo y necesidad no queriendo más que olvidar absolutamente todo y con ello acallarle.

Hacía mucho, mucho tiempo que Roan y ella no estaban juntos de aquella forma y ahora mismo necesitaba tenerle solo para si de aquella manera.

Conseguir lograr sentir algo más que toda esa tristeza, dolor y desolación que inundaba su corazón haciéndola morir algo más por dentro.

Roan quiso saber, quiso preguntar algo más pero Ontari volvió a besarle nuevamente con aún más necesidad y pasión no dándole oportunidad alguna.

El cuerpo de Roan no tardo en responder a aquellos besos y en cuanto Ontari le hizo retroceder entrando con él en el pequeño apartamento, cerro la puerta a duras penas a sus espaldas.

Para él Ontari resultaba la perfecta combinación de cautivadora belleza y peligrosos trazos de realidad, envueltos en un cuerpo divino y un rostro que adoraba y que le hacía perder el sentido y la razón.

Con las manos posadas sobre sus hombros, Ontari le hizo retroceder adentrandole en el salón sin dejar de besar su boca avidamente, llena de deseo y de amor al tiempo que llevaba sus manos a la gris camiseta de Roan queriendo deshacerle prestamente de ella.

Los pensamientos de Roan dejaron de ser coherentes cuando su camiseta cayó a un lado sobre el suelo y las calientes y suaves manos de Ontari le recorrieron el marcado torso por entero en una deliciosa y sensual caricia.

Le volvía autenticamente loco que ella hiciese eso.

Deslizando la mano por su baja espalda, Roan hizo la hizo descender hasta agarrar con firmeza su trasero, y en cuanto Ontari sintió aquello no tardó en sentir como él la volteaba pegándola con fuerza y determinación de la pared más cercana.

A su parecer quedaba aún demasiada tela que separaba sus cuerpos de por medio, y Roan no tardó en hacérselo entender a Ontari que sin dejar de devorar sus labios una y otra vez buscó la hebilla de su pantalón comenzando a desabrocharselo.

En cuanto sus pantalones cayeron al suelo y Ontari consiguió liberar su hasta entonces prieta y encerrada erección, Roan exhalo en sus labios sintiendo como Ontari metía la pierna entre las suyas de una manera que le resulto de lo más sensual y que hizo que él se estremeciese con el caliente roce de su piel al lograr apartar aquel pedazo de tela con el pie para que no estorbase más.

Desnudo como había quedado sintió el pecho de Ontari subir y bajar pesadamente bajo su fin y estrecha camiseta y el intenso y firme latido de su corazón bombeando contra su pecho.

Llevando la mano a su oscura melena, Roan la hizo a un lado llevando la boca a su cuello para besar delicadamente cada pequeño centímetro de piel a su alcance logrando hacerla profundamente suspirar.

Mientras aquellos cálidos y húmedos besos descendían por su piel, Ontari sintió las manos de Roan recaer sobre sus desnudos hombros comenzando a retirarle las finas tiras de su camiseta hacia abajo y no tuvo paciencia suficiente para dejarle terminar.

Jalando como pudo de la incordiosa tela, Ontari consiguió deshacerse de ella en pocos segundos procediendo a lanzarla a un lado, para después de dos tirones bajarse del todo el ajustado pantalón.

La exquisita visión de Ontari en bragas y sujetador frente a él, hizo palpitar a Roan que se quiso deleitarse en cada uno de sus movimientos.

Ontari regreso a su boca sofocando aquellos sonidos que resonaban por todo el salón, y llevo sus manos al rostro de Roan queriendo devorar sus labios por completo y la corriente eléctrica que les atravesó fue tan intensa que Roan necesitó apoyar la mano de la pared para poder sostenerse de esta.

Ella se desesperó algo ansiosa y no espero a que él lo hiciese, se llevo la mano hacia atrás entre la fría pared, y su espalda y desabrochó su sujetador que Roan no tardo en ayudarla a quitarse lanzandolo hacia un lado sin mirar siquiera donde.

La boca de Roan busco ávida el pecho de Ontari el cual lamió y succionó con fuerza, haciéndola emitir un acalorado gemido mientras arqueaba la espalda contra la pared y las manos de Ontari se hundieron en su pelo queriendo sentirle esta vez dentro de si.

Roan pareció entender lo que deseaba pero decidió no dárselo así como así, primero quería saborearla por entero. Llevaba mucho tiempo apartada de él y él necesitaba brindarle todas aquellas atenciones que no había podido darle el tiempo que habían permanecido separados.

Roan deslizó la mano por su otro pecho sintiendo su excitación y abandono el otro con la boca comenzando a besar la curva de sus pechos, su costado y su vientre necesitando poner una rodilla en tierra para esto.

Ontari sintió como las manos de Roan se deslizaban hasta sus caderas y como poco a poco deslizaban la fina tela de sus bragas hacia abajo comenzando a besar ahora su bajo vientre al tiempo que sustituía aquella tela que caía a sus piel con la boca.

Ella exhaló al sentir como Roan comenzaba a lamerla con ansia mientras sus manos se deslizaban nuevamente hacia atrás queriendo sostenerla frente a su cara y poder así saborearla por completo y pronto el salón comenzó a llenarse de fuertes jadeos, suspiros y gemidos entremezclados.

Roan estaba total y enteramente concentrado y entregado a aquella excitante y afanosa tarea que se había propuesto, sintiendo como ella disfrutaba cada vez más y más enterrándole los dedos y las uñas en sus hombros al sentir como las piernas le temblaban mientras Roan acaparaba toda su caliente humedad.

—Siempre estás... tan deliciosa... —murmuró él decididamente a saborearla por entero viendo como la expresión de Ontari se volvía más y más irresistible por momentos.

La primera vez que se habían acostado hacía unos meses atrás no había podido disfrutar de aquello, pero el solo hecho de poder tener ese placer había plagado sus fantasías durante mucho tiempo antes.

Para él Ontari no era solo una cara bonita, no era solo un cuerpo o una chica que le gustase algo más que las demás, él realmente estaba enamorado de ella aunque Ontari se empeñase en pedirle que no lo reconociese.

No en voz alta y no a ella, al menos.

Ontari no era demasiado buena lidiando con sus sentimientos, por lo que tampoco solía hacerlo cuando se trataba de los de los demás, especialmente si decían sentir algo por ella.

La realidad era que temía profundamente ilusionarse, poder sentir algo verdaderamente real por alguien, y que al final como siempre le decepcionase o la abandonase como habían hecho constantemente todas las personas que alguna vez habían logrado entrar en su vida.

Con Roan le pasaba algo parecido, sabía lo que sentía por él, sabía exactamente que le quería y por eso, prefería que las cosas se dieran como se daban entre ellos.

Nada de ataduras, ni obligaciones, ni compromisos por parte de él y cero explicaciones por parte de ella.

Hasta ahora aún seguían juntos, y así les había ido bien...

¿Para qué estropearlo o pedir algo más?...

No lo necesitaban...

¿Verdad?

Cuando sintió los muslos de Ontari temblar y contraerse mientras esta se liberaba irrefrenablemente, Roan serpenteo por su cuerpo regresando a su pecho sin dejar de darle húmedos besos y caricias, y cuando atrapo sus labios de nuevo, Ontari le apremió no queriendo que se demorase mucho más.

—Es... espera... —jadeo Roan sin dejar de besarse con ella queriendo ir a por algo de protección—. No... no llevo nada...

—Me da igual... —murmuro ella en sus labios entrecortadamente sin dejar de abrazarse a su cuello no queriendo separarse de él ni un solo instante por lo que estaba sintiendo—. Solo bésame...

Roan tuvo la firme intención de insistir en ello queriendo cuidar de ella, pero aquellos besos suyos le distrajeron completamente del todo, llevándole a la gloria.

En cuanto las yemas de los dedos de Ontari se deslizaron por sus pectorales en una ardiente y arrebatadora caricia, Roan dejo de pensar con voluntad propia y supo que debía obedecer y hacerla suya tal como le pedía.

Él evocó su nombre al deslizarse dentro de ella al tiempo que sus ojos se cerraban, sintiendo el estrecho calor de Ontari recibirle y acogerle cálidamente con un generoso y dulce siseo.

Cuando Roan comenzó a moverse profundamente en su interior, buscó los labios de Ontari queriendo acaparar cada pequeño jadeo, caga suave sonido dentro de sí, sin tiempo a hablar, sin tiempo a pensar, solo a sentir.

Ontari levantó sus caderas acompasándolas a las de él y el calor entre ellos se hizo insoportablemente cálido e intenso.

Tanto que Ontari olvido lo que era sentir cualquier otra cosa mientras sus ojos se cerraban con fuerza, y sentía acariciar la fría pared con su espalda arriba y abajo con cada embestida de sus movimientos.

—Jus... justo así... —exhaló ella sin apenas voz desbordada por la urgencia, la necesidad y la pasión, enterrando sus uñas sobre la piel de Roan para apremiarle y que siguiese moviéndose—. Más fuerte...

Animado por sus palabras no tardo en atender su petición y rodeando su cintura con la mano para afianzar su firme trasero apoyó la otra mano de la pared justo por encima del hombro de ella y comenzó a moverse más y más profundamente dentro de ella arrancándole dulces gemidos que rasgaron el aire llenándolo.

—Más...

Aquella petición sonó mucho más a demanda de lo que Roan prefería reconocer en aquellos momentos pero creía que ya estaba utilizando la suficiente fuerza que se requería para conseguir satisfacerla por completo.

—Po... podría hacerte... daño... —murmuro él en su oído sintiendo el fresco aroma de su negro pelo queriéndola hacer entender eso.

Ontari no quería escuchar excusas, ni ruegos, ni consejos, necesitaba más de aquella sensación que comenzaba a arder, a doler en su interior y que necesitaba sentir que la desbordaba por entero.

—Por favor... —la suplica que llego a oídos de Roan le encogió por un instante el corazón, pero ella llevo las manos nuevamente a su rostro atrapando sus labios para no darle ocasión de desistir o arrepentirse.

Cuéntaselo. Cuéntale lo que ha pasado, dijo la voz de su cabeza. Cuéntale que no volverás a ver a Emori nunca más, que ya nunca volverá.

Las lágrimas se agolparon en su garganta atorando su voz, y la emoción no tardó en subirsele a los ojos llenándolos.

Necesitaba borrar aquella devastadora tristeza, aquella dolorosa y desesperanzadora sensación que empezaba a devastar sus sentidos por completo y sintiendo como Roan atendía sus suplicas e incrementaba la fuerza con la que la embestía, enterró la cara en su cuello abrazándose a él evitando que de algún modo se percatase de sus lágrimas que escapaban de sus ojos en silencio.

Emori...

Oh dios, Emori, su amiga, había muerto...

No iba a regresar jamás. No la iba a volver a ver más, ni podría volver a reír nunca más con ella, y nadie, absolutamente nadie lo sabría.

Continuara...