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Flor contaminada

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La analiza.

La analiza una vez más porque ese es su trabajo.

No es cosa de adornos o de presunción el que Itachi lo lleve a todos lados de arriba para abajo. A las reuniones, a las conversaciones secretas, incluso en momentos donde no debería ser solicitado, siempre está ahí con él. Pareciera que solo lo arrastra, pero lo lleva a todos lados por una razón, y es porque él siempre ve cosas que cualquiera pasaría por alto. Después de todo un soldado criado de Raíz, sobreviviente del régimen deshumanizado de Danzou hace mucho tiempo, siempre tiene más ases bajo la manga que ningún otro.

Y Shisui es el diamante negro que Itachi ha pulido con los años.

Por eso es que sus ojos y la capacidad brutal con la que analiza y deduce rápidamente, no puede ser desestimada.

Pero ¿qué comentario podría aportar Shisui viendo a una mujer tan rígida y apantallante como Tsunade desfigurar su rostro en una mezcla de horror, tristeza y pena justo ahora?

A Shisui se le entrenó desde muy pequeño a reconocer diminutas aberturas dentro de la gente más inalterable posible. La más devastadora y cruel de las personas siempre tiene que tener una abertura. Esa es su tarea. Esa es su labor. Encontrarla. Y, además de eso, mantener controladas sus emociones para que así no fuese influenciable jamás por sentimientos como la empatía o la lástima.

Pero ese es el arma que ellos crearon. El hombre que hay debajo de todo eso, sin embargo, no puede no sentir un poco de esa lástima que no debería sentir viéndola. Es increíble la forma en la que su duro semblante parece congelado a pesar de que el borde de sus ojos se enrojece y sus pupilas se vuelve acuosas.

—Esto fue sacado de las cámaras de seguridad de Konoha —comenta como si de ese modo dejara de pensar en la pena que le da ver a Tsunade así, convenciéndose de que no le importa.

—¿C-Cómo…?

—Tengo gente infiltrada dentro —esta vez es Itachi quien habla con el temple inalterable del tipo de personas con el que él debería estar acostumbrado a lidiar—. ¿Puedes confirmar que es él? —Tsunade no contesta de inmediato. No contesta tampoco cuando ya casi ha transcurrido un minuto. No es un llanto ruidoso, solo son lágrimas contenidas que arden en el borde de sus ojos.

Llena de coraje.

Llena de sorpresa.

Llena de negación.

—Te hice una pregunta, Tsunade —Shisui, estático y callado, mira a la mujer y luego mira a su compañero. Enserio…a Shisui a veces le sorprende la manera tan fría con la que su compañero trata a las personas—. Necesito que estés segura antes de mostrarte a tu otro compañero —Tsunade aparta el rostro de la pantalla, mirando a Itachi con horror y coraje. Y Shisui, él solo tiene que obedecer la orden no emitida del azabache, pero sí dicha a través de sus ojos, para mostrarle esta vez una fotografía.

La fotografía de un hombre de la misma edad de Tsunade y con el cabello blanquecino.

Es suficiente.

—Tu sabías de esto —Shisui engrandece los ojos ante el tono enardecido de la mujer dirigiéndose a Itachi más no se mueve. No es que no esté dentro de sus necesidades caprichosas el no defender a Itachi cada que se vea amenazado por algo o por alguien, pero justo ahora enserio desearía que Tsunade le propinara un golpe. Él se lo permitiría—. ¡Tú sabías que estaban por ahí y aun así me propusiste tanto este proyecto! —Itachi no dice nada y Shisui, callado, enserio comienza a perder la paciencia. No por ella, sino por él. ¿No va a decir nada? ¿Al menos hacer el intento de mentirle? —. ¡Te estoy hablando, estúpido niño!

—Qué escandalosa…

Había dicho que le permitiría a Tsunade el deseo de golpear a Itachi porque…porque enserio está comportándose como un idiota ahora pero entonces ¿por qué ha detenido su brazo en alto antes de que encajara completamente su palma en su mejilla?

Ha sido un instinto; y cuando se da cuenta está apretando de más su muñeca con más fuerza de la que debería.

—L-Lo sient-… —pero la bofetada que antes iba dirigida a Itachi ahora la recibe él. ¿Itachi? Él solo está mirando más no dice ni hace nada. ¡Le acaba de defender y ahora por su culpa ha recibido el golpe!

—¡Esto es porque estoy sumamente molesta con los dos y también porque es triste ver cómo no eres más que la marioneta de este estúpido niño y…! —Shisui no respondería. Podría, sí, con algo más que palabras pues posee la fuerza para romperle el brazo a Tsunade y a cualquiera, pero no lo hace porque la parte sensible dentro de él recibe con cierto gusto ácido sus palabras. Y porque, esta vez, para sorpresa tanto de él como de ella, Itachi sí interviene, tomándola de la muñeca mientras lo aparta de él, lo cual lejos de emocionar a Shisui solo hace que se escandalice pues Itachi siempre es un bruto sin tacto con las mujeres.

—Déjala, Itachi —interviene, aunque para su asombro solo la ha apartado de él, aunque debe decir que sí con cierta brusquedad.

—Largo.

—Doctora Tsunade… —pero no hay más intervención que Shisui pueda hacer a favor de Itachi cuando prácticamente a gritos termina por correrlos de su laboratorio.

—¡Dije: ¡Largo!

Dios, qué maldito desastre.

¡Y todo por este chiquillo que no sabe cuándo callarse! Porque sí, esa es otra cosa curiosa de la que Shisui de vez en cuando hace referencia cuando Itachi está de malhumor y él está dispuesto a arriesgarse en molestarlo un poquito: Itachi es menor que él y por eso le considera un chiquillo ¡Y aun así tiene la capacidad de sacar de quicio a quien sea!

—Genial, lo estropeaste —dice, suspirando cansado. Y es que no le sorprendería que todo lo avanzado en el proyecto de las armas Draugs se fuera a la basura ahora que prácticamente la habían cagado con Tsunade. Enserio ¿en qué demonios estaba pensando Itachi? —. En verdad, Itachi, a veces eres un imbé-…

Hay muchas cosas en las que últimamente Shisui está flaqueando comenzando por sentir empatía por quien no debería. Por preocuparse de más por personas que son expresamente su objetivo a analizar. Y por los inesperados gestos que Itachi tiene con él que van desde las miradas indiscretas que siempre le atrapa tiene para él como el gesto de llevar sus dedos a su mejilla ahora enrojecida por el golpe de Tsunade, pasándolos por encima de su piel.

El no estremecerse por algo como eso…es algo que no ha intentado con todas sus ganas, quizá porque le toma por sorpresa y porque muy en el fondo se siente confundido cuando las recibe de él.

—¿Q-Qué estás…?

—Ponte algo en esa mejilla —pero su roce dura tanto como un aleteo de colibrí que a Shisui ni siquiera le da tiempo de preguntarle por qué lo ha hecho pues así de rápido también se esfuma por el pasillo dejándolo solo.

No se da cuenta…Él no se da cuenta de la forma en la que lo ve, aunque Shisui piensa lastimosamente que, si sí lo hiciera, Itachi tampoco haría nada. Es decir, debe saberlo, que la atracción puramente física que tienen eventualmente iba a comenzar a causar estragos en uno de los dos más pronto que en el otro. Ese uno, ese tonto, este payaso, es Shisui. A pesar de todo, ha aceptado seguirlo. Ha aceptado las condiciones que le pone, pero últimamente comienza a detestar hacerlo.

No sabe lo que piensa, pero, sin lugar a dudas, es la persona en la que más se apoya.

¿Qué clase de intercambio equitativo es ese?

Y es lo mismo en un ámbito más íntimo.

No le gusta categorizar a la gente por su preferencia sexual, pero a Itachi —desde siempre ha sabido— le van bastante bien hombres y mujeres por igual. Podría tener a cualquiera, ¿por qué se molesta en fastidiarlo entonces a él?

La primera en la fila sería Izumi.

—"Mas que dispuesta" —piensa para sus adentros para cuando la ve ingresar a la habitación de Itachi a altas horas de la noche. Su trabajo es observar a la gente, implícitamente también es mantener a Itachi seguro, aunque realmente ni lo necesita, pero espiar conversaciones ajenas no está dentro de ninguna cláusula. Aun así, lo hace, lo hace porque el extraño comportamiento de Izumi en ocasiones le asquea, pero también hace que se vea reflejado.

—¿Qué estás haciendo? —Él sabe lo que hace. Él y ella lo saben. Itachi puede ser muchas cosas y entre ellas está el ser increíblemente perceptivo y muy auditivo con su entorno. Sus reflejos son de miedo, además, pocas cosas le toman por sorpresa y desde luego Izumi no es una de ellas porque, vamos, Shisui piensa que es universal el sentir que alguien se sube encima de ti o se apoya en el mismo sofá donde estás recostado boca arriba.

Con una rodilla apoyada en el sofá y con la otra extendida hasta llegar al piso, casi encima de Itachi como si estuviese sentada sobre él. Sobre sus ojos hay un libro descansando, seguramente porque le ha apetecido leer algo antes de dormir.

Sí, es completamente de noche y el incidente con Tsunade ha pasado hace unas horas lo que significaría que cada quien debería estar en sus respectivas habitaciones, no allí.

Pero, así como parece permitirle todo a él (Shisui), a ella también parece permitirle muchas cosas.

Como sentarse en su regazo.

Invadir su espacio personal.

Y no decirle absolutamente nada.

Y ella…Ella parece haber olvidado el último incidente con él y lo mal que la trató. Es Izumi después de todo. La que está coladísima hasta los huesos por Itachi. La que recibe medallas y elogios de su padre creyendo que su superación personal y sus ganas por sobresalir siempre entre los más altos estándares como una de las mejores rastreadoras de Suna es debido a sus objetivos claros.

Si supiera…Si supiera que su hija es la que está ahora encima del regazo de Itachi, coladísima por él. La que ha dedicado su vida entera a entrenar para serle útil.

Sin embargo, Itachi esta vez no mueve las manos. Solo se queda ahí, quieto, mirándola con una profundidad que intimidaría a cualquiera.

Oscuro, punzante, letal.

—No estás corriéndome —Izumi siempre apunta a lo arriesgado a pesar de conocer el temperamento tan inestable que Itachi posee al punto de dañarla. Aunque que acompañe ese comentario seguido de una sonrisa nerviosa es sinónimo de que también está alerta a la reacción del azabache.

—No sabía que ahora tuvieras una fascinación por escabullirte en habitaciones ajenas —Itachi no está bromeando, ni siquiera está haciendo o ejerciendo el tono adecuado para que se confunda con una broma. Está siendo serio pero mesurado.

—Siempre lo he hecho y…nunca me has echado.

Hasta ahí, piensa Shisui, además que concluye que su corazonada es certera cuando en un intento por Izumi tocarlo, llevando su mano a su pecho descubierto, pues Itachi parece que tiene un problema serio con dejarse desabotonados los primeros tres botones de la camisa, él la detiene en seco, aturdiéndola. Ah, Dios, no debería sentirse satisfecho con verlo hacer eso cuando él está justamente espiando del mismo modo.

Que sí, Izumi ha entrado por la puerta principal como quien por su casa, pero él se ha escabullido con más velocidad de la ya conocida justo antes de que la puerta mecanizada se cerrase. Aquello es absurdo, ¡absurdo!

—No sobrepases la línea, Izumi.

Shisui hace una nota mental para sí mismo sobre eso. Debería hacer planas, renglones, escribir un libro entero repitiendo esa misma oración para dejar de ser igual de idiota. Itachi nunca le ha prometido nada y él por supuesto no le ha pedido que lo haga, pero no puede negar que se siente ligeramente superior viendo como Izumi es rechazada en su intento, debe decir, lamentoso de acercarse a Itachi.

A altas de la madrugada, escabulléndose como un ladronzuelo, casi subiéndose a su regazo en una escena que muchos podrían criticar como intima. La cosa es que ella quiere las cosas por la fuerza e Itachi no se las va a otorgar.

—No lo hago, solo… —la mano opuesta intenta hacer un movimiento más, escabulléndose, de nuevo, debajo de la tela.

—Dije que pares.

Shisui eleva los ojos desde su posición oculta como si estuviera lleno de ansiedad y eso le generara estrés, pero aquella sensación no puede ser mayor a la que seguramente esos dos están protagonizando.

—¿Por qué? —qué voz tan ahogada y lamentable, piensa, pero no puede sentir lástima por ella. No cuando él también suele estar en la misma situación por la misma persona—. ¿Por qué siempre me rechazas? ¿Por qué nunca dejas acercarme a ti?

—¿Para qué querrías acertarte a mí?

—¡Porque…!

No lo digas.

No lo digas. No lo digas. No lo digas.

Shisui siempre ha sabido…Siempre ha sabido que, aunque la situación con Izumi sea muy lamentable, ella siempre tiene más iniciativa que él. Siempre tiene más agallas, muchas más cuando se trata de Itachi. Por eso, ahora que la escucha gritar, a punto de soltar tal declaración, el piso bajo sus pies se ha desestabilizado. Si lo piensa un poco, ellos hacen una buena pareja. Si lo piensa incluso más, ella es la persona que por paradigma la sociedad y cualquiera va a aceptar que se una a él.

Si lo piensa muchísimo más, ella es…

—Lo que decías antes…Cuando decías que necesitabas de mí ¿era mentira, Itachi?

—Hay muchas cosas en las que he mentido.

No le dice que sí pero tampoco le dice que no.

Tan él.

Tan idiota.

Tan ajeno a los sentimientos de las personas para con él.

Los imbéciles son ellos dos, Izumi y él, por gustar de una persona así. Una persona como Itachi.

¿Dijo que había sentido satisfacción por sentirse superior a ella hace unos minutos? Por dios, enserio es imbécil. Itachi nunca apostaría tanto por algo absurdo como lo es el romance o el amor.

—¿Qué hay de él? —silencio—. ¿Qué hay de Shisui?

—¿Qué hay con él?

¿Por qué de pronto lo mencionan? Interesado o no, ahora tiene que tragarse lo que sea que tengan que decir pues sigue en su rol de espía, pero…no quiere. Itachi es cruel desde que amanece hasta que anochece, y si con ella, quien es hija del comandante y a quien conoce de años no ha tenido tacto en decirle las cosas, ¿Qué podría esperar salir de su boca con respecto a él?

—Es mi subordinado —responde Itachi claro, aunque cortante pero aquella respuesta parece no satisfacer a Izumi ni un poco.

—Yo también lo soy…y prescindes de mi tanto, pero con él…

—Vete a la cama.

Como pensó: Arriesgada. Avariciosa. Tonta quizá.

Izumi no mide las consecuencias porque su amor por Itachi seguramente es más intenso que el que Shisui siente por él o ¿por qué ella recurriría a algo tan desesperado como clavarse las uñas en el cuello solo para hacer brotar un hilillo de sangre? Itachi, desde luego, responde por impulso. Su cuerpo, a pesar de ser un humano ordinario, está adoptando ciertos comportamientos de las células Draugs que se le suministran. A pesar de ser una dosis tan baja que no representa, según palabras de la doctora Tsunade, un riesgo para él, hay ocasiones en las que Itachi suele necesitar de la sangre como un aliciente o más bien como un recordatorio de lo que por herencia debió ser.

Además de que por estar sometido a un tratamiento tan agresivo es como una especie de requisito acostumbrar a su cuerpo a alimentarse como lo haría un Draug o un híbrido a pesar de que no lo necesite mucho. Y, durante un tiempo, Izumi servía para eso.

Por eso está desesperada, desesperada por hacer una demostración de que su sangre le satisface o al menos le atrae.

Pero aunque los ojos de Itachi parecen tensarse un poco al ver el hilillo de sangre bajar por su cuello hasta su clavícula, no hace mayor reparo en ello. E Izumi, Shisui, y las partículas del aire si tuviera vida, lo notan.

Que no hay reacción más allá de la indiferencia lo que emiten sus ojos pues ni siquiera sus manos se mueven para detenerla. Lo cual es peor, porque es como si la estuviera humillando de forma pública, haciéndole ver que no le afecta y que no le interesa. Y, por, sobre todo, que no la necesita.

—¿Por qué…? —de nuevo la voz ahogada—. Antes mi sangre te satisfacía.

—Antes —recalca Itachi, neutro—. Ahora tengo a alguien más que cumpla esa función.

Es…absurdo.

Absurdo para Shisui entreabrir los labios y sentir que la respiración se corta oyéndolo decir eso. Sentir que las manos le pican y la garganta le arde. Sentir que los ojos se cierran a la vez que se tensan, pero también se abren, sorprendidos.

Es absurdo sentir esa declaración como una que va más allá de lo que Shisui se puede permitir sentir por él. Es decir, podría haberse librado de Izumi de otro modo, pero al final, aunque no ha dicho su nombre como tal, ha quedado implícito. Es evidente para él, para ella, para Itachi.

Para Izumi lo es cuando parece apunto de llorar, pero llena de coraje igual, simplemente se levanta, se aparta de él y sale enfurecida del lugar.

¿Por qué demonios le ha dicho eso? ¿Lo ha dicho para ofenderla o humillarla todavía más? ¿Lo hizo porque fue lo más fácil en lo que pudo pensar? Es una realidad si ve toda esa situación con neutralidad. La realidad es que Itachi últimamente necesita más de él que hace algunos años. En algunas ocasiones lo reclama no solo por su sangre sino…por otro tipo de placeres. ¿Pero por qué justamente él?

Itachi puede tener a cualquiera, se repite.

La prueba está en esa chica que estaba dispuesta a darlo todo, hace unos momentos, por él y por un poco de atención.

Qué deplorable.

Él y ella hundidos en el mismo barco de ambicionar mucho para luego sufrir una caída dolorosa a la decepción, aunque de eso último Shisui no está seguro si en verdad lo siente ahora. Es una sensación extraña en la que no quiere engarzarse mucho pues puede que la esté malinterpretando. Itachi es así, suele decir cosas arbitrarias para zafarse de varias situaciones que le representan una molestia, pero justo ahora...

—A ella le dio por inmiscuirse en habitaciones ajenas y a ti por espiar —ya de pie, con la camisa mal abotonada y arrugada, Itachi se acerca al pequeño mini bar solo para servirse un trago. Ah, y de paso exponer que desde el principio supo que estaba ahí. Shisui cierra los ojos con pesar solo por un momento, soltando, al parecer, todo el aire contenido de hace un momento, mientras sale de la penumbra—. No creo que ella te haya notado.

—No lo hizo —asevera, rígido. Como si la suposición de diferencia de niveles de espionaje y discreción entre ella y el de él no fuese algo cuestionable. Desde luego que Shisui sabe que él es mejor que ella en ese aspecto—. No importa lo mucho que se esfuerce, jamás llegará a mi nivel —Itachi, desde su posición, retira el vaso de cristal de sus labios, recorriéndolo con la mirada.

—Luces molesto.

—Tú me molestas —confiesa viendo esa sonrisa torcida que tiene en el rostro. Itachi en modo arrogante es casi un suceso milenario que ocurre una vez cada muchísimos años, y es una de las cosas que más le molestan a Shisui—. Ella es la hija del comandante. Sabes que si la lastimas no vas a salir bien parado —Itachi no responde, solo se sirve otro trago haciendo ese molestoso ruido de la botella contra su vaso de cristal.

—Eso todavía no me dice la razón de por qué estás aquí —levantando su vaso en dirección a él como si brindara. ¿De qué carajos se está regocijando? Está furioso, enserio que sí, y puede que se deban a muchos factores.

—Estaba asegurándome de que no le hicieras daño —finalmente una mueca que le hace sentir placer a Shisui es verlo fruncir el ceño, aunque realmente no entiende por qué lo hace—. Te conviene estar en buenos términos con ella. Creo estártelo repitiendo siempre, Itachi.

—Luces muy preocupado por ella justo ahora —último trago en seco e Itachi hace un gesto con la boca que acentúa su disgusto irracional—. ¿Te gusta? —Shisui lo mira como si estuviese loco.

—Debe ser un chiste.

—Si no te gusta ella entonces es porque te debo gustar yo.

Qué demonios.

Había estado dándole la espalda porque enserio que ha pensado que es un imbécil, pero aquello ha sido un error. Un error que le cuesta caro a la hora de voltearse y ser tumbado sobre el sofá sin su consentimiento. El sofá donde anteriormente Izumi estuvo insistiendo con Itachi debajo suyo. Pero estar con él así, de repente, se siente solitario. Puede ser que los pocos muebles de la habitación le hagan parecer que existe un vacío enorme, pero no se siente cómodo en lo absoluto.

Pero eso Itachi no lo ve desde luego, él solo intuye que hacer esas cosas con Shisui están bien. Cosas como acorralarlo y poner su mano sobre su cadera para aprisionarlo más.

—¿Me sueltas?

Shisui había dicho que Izumi era un poco más arriesgada que él, pero en realidad también puede hacer las mismas cosas. Que los dos sean hombres puede que influya también a que no piensen tanto las cosas antes de hacerlas pues existe cierta igualdad, aunque pensar en eso también es molesto. A Itachi le van bien hombres y mujeres, se repite por tercera vez. A él no le importa, se insiste.

—¿No te gusta? —Qué pregunta tan mas fuera de lugar sabiendo que han hecho cosas más inmorales. El tema del coqueteo, sin embargo, no es algo en lo que hayan incursionado antes. Bueno, quizá un poco pero no es de la fascinación de Itachi. Por eso, verlo ahora siendo incómodamente caprichoso y burlesco le molesta. Es como si se estuviera burlando de él.

—¿Bebiste? —Shisui levanta medio cuerpo hacia él para olerlo un poco, percibiendo de inmediato el aroma podrido de alcohol. ¿Le están diciendo que Izumi no lo sintió? —. Hueles a como que esos dos tragos no fueron los primeros que te tomaste —Itachi, no dice nada, solo está ahí, cerca de su cara, acechando sus labios como si estuviese bajo un hechizo—. Quítate de encima, te dije.

—Parece que alguien enserio está muy molesto —de un manotazo Shisui frustra el intento del azabache de tocarle el cabello, apartándolo finalmente solo ejerciendo un poco más de fuerza. La espalda de Itachi se azota en el respaldo del sofá luciendo aturdido por unos segundos como si apenas hasta ahora todo el alcohol que ha ingerido estuviese haciendo efecto—. Enserio, eres insoportable cuando estás borracho.

—Mmm, estás enojado. Lo capto —comienza a hipar, y aunque enserio no tendría que tener ninguna consideración con él, a Shisui, internamente, se le hace muy gracioso verlo así, aunque se esfuerza por qué no se le escape una mueca divertida—. Mmm, ¿qué debo hacer para que me perdones? —aun sentado y a pesar de que Shisui está de pie, Itachi se las arregla para alcanzar su cuerpo con sus brazos, rodeándolo, provocando que se tambalee y Shisui tenga la necesidad de dejar apoyada una rodilla entre el espacio de sofá que hay entre las piernas de Itachi—. Siéntate.

—Estoy muy bien de pie, gracias —"aunque en realidad estoy medio de pie", piensa Shisui, resignado. Tiene la fuerza y las ganas para golpearlo, pero no lo hace por lo que el resto de esa rara conversación se traduce a hacerlo en esa posición más o menos incómoda: con los brazos de Itachi alrededor de su cintura.

—Bueno, entonces… ¿No vas a preguntarme por qué le dije eso a Izumi? —hablando de temas irritantes de los cuales no quiere aportar nada, viene él y dice eso. Ah, enserio…

—No me importa —dice el mayor con la boca fruncida y las cejas juntas, lo suficientemente obvio para comprobar que es justamente lo opuesto a lo que dice.

—A mí me parece que sí.

Puede que un poco, sí, pero no le va a dar el gusto de engrandecer su soberbia solo porque piensa que puede tener el control absoluto sobre él. Y también porque Shisui quiere probarse de que tiene el autocontrol suficiente para no perder la paciencia por algo tan banal.

—Como sea, lo que pasó con Tsunade…

—Olvídate de eso. No es importante —Shisui está intentando cambiar el tema, pero Itachi luce como un niño cuando se emborracha, aunque debe decir que han sido pocas las veces que lo ha visto completamente ebrio. Ahora luce…atontado, pero parece ser consciente de lo que dice. Suspira. No tiene ganas de embarcarse en una conversación íntima de buenos amigos, hay cosas que se deben discutir aun si parece estar con la cabeza caliente.

—Iba a sugerir si querías que te trajera al chico —Itachi engrandece los ojos y Shisui mira hacia abajo en la misma posición. Cualquier que entrara y los viera diría que estaban coqueteando, y quizá sí, pero parece más como si fuera un instinto natural el tocarse de ese modo. Naturalmente ilógico, pero sí—. Al tal Sasori.

—Vaya, qué proactivos estamos hoy —Shisui rueda los ojos, fastidiado por el tonito que está usando—. ¿Y serías capaz de traerme a ese chico? —manos subiendo y bajando por su espalda. Shisui ni siquiera se inmuta, solo lo mira tórrido, como si la caricia ni siquiera existiera o fuera algo a lo que ya está acostumbrado.

—Nunca te he fallado —contesta, firme, y hay cierta llama encendiéndose en los ojos de Itachi cada que él se comporta así de seco con él. Tiene cierto…encanto, debe decir.

—Es cierto —mano sobre su mentón—. Pero tengo otros planes para ti —Shisui pasa de la rigidez a la confusión cuando menciona eso—. Te tengo una misión —mano sobre su trasero. De acuerdo, ahora sí que se está pasando—. ¿Qué dices? ¿La aceptas?

—Me encantaría que un día lo llamaras favor.

—Tráemelo.

Itachi es el único que posee ese poder. El poder de cambiar el ambiente drásticamente y tornar algo lleno de arrogancia a algo completamente serio. Cuando dice "tráemelo", no se está refiriendo al chico llamado Sasori. Sus ojos devastadores se lo confirman cuando lo mira.

—¿Eh?

—Tráeme a Sasuke.

Pero una cosa es que dé una orden estando con sus sentidos completamente enfocados y otra muy distinta es que luego de dar tal orden de tal magnitud termine durmiéndose como un bebé idiota. Porque sí, es justamente lo que hace luego de soltar el nombre de su hermano menor como si hubiese solo reservado la energía necesaria para mantenerse despierto y decirle eso, para luego simplemente resbalarse de lado y quedar tendido en el sofá como un tronco.

Por eso, cuando amanece, Shisui ni siquiera hace recordatorio de ello. A Itachi le toma casi una ducha fría de unos cuarenta y cinco minutos para estar completamente revivido de nuevo. Y él, bueno, él ni siquiera bebió como para necesitar una tan larga. Solo recuerda haberlo dejado ahí tumbado en el sofá teniendo la única consideración con él al quitarle las botas del uniforme para luego largarse de ahí.

A la mañana siguiente, lo de ayer solo se siente como un sueño, pero hay un hecho a consecuencia de ello que les hace caer en cuenta de que no ha sido exactamente eso. Y que todo siempre tiene una consecuencia.

—¿Qué Izumi qué cosa…? —Shisui no lo puede creer. Enserio que no lo puede creer cuando un soldado de rango menor llega hasta él, como si llevara toda la mañana buscándolo corriendo de un lugar a otro, a notificarle eso—. ¿Estás seguro?

—Completamente. El comandante está… —los pormenores son recitados rápidamente porque seguramente el pobre hombre tiene más obligaciones las cuales ejercer, así que lo deja con la información básica y relevante de la chica rastreadora.

—Estás pálido.

—Izumi dejó Suna anoche —la toalla con la que Itachi seca sus cabellos se queda quieta en cuanto lo oye. Lo ha visto entrar a su habitación con una expresión completamente ansiosa como para ignorarlo, pero, aunque lo que le ha dicho parece sorprenderlo un poco, en realidad desecha esa expresión rápidamente. El histérico es solo Shisui—. ¿Crees que…?

—Posiblemente —acercándose al mini bar, Shisui lo confronta con más ganas, deteniendo su mano en el trayecto de tomar un vaso—. Solo voy a tomar agua —apartándose pasa por encima de la botella de licor, tomando la que contiene justamente agua natural, sirviéndose un poco solamente para enjuagar su boca.

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? —Itachi no responde—. Si nos escuchó anoche, entonces…

"Tráemelo. Tráeme a Sasuke"

Si los escuchó, si los vio, si en realidad nunca se apartó de la puerta, entonces…

Dios.

Cuando vuelve la vista a Itachi este le confirma que lo que Shisui pensaba a cerca de haber olvidado lo que le había pedido ayer, fue una farsa. Itachi recuerda absolutamente todo lo que hizo y todo lo que le dijo, incluyendo lo de Sasuke.

—Maldita sea —Shisui maldice por lo bajo.

Carajo. Mil veces carajo y…

—Síguela.

—¿Ah?

¿Qué acaba de...?

—Si va por Sasuke seguramente va por ella también —"Lotus", piensa el mayor de inmediato, pero aquello solo incrementa su ansiedad—. Y si la tenemos a ella es más que suficiente. Ella también es una alterada.

Justo hace unas horas había sido Shisui quien se había ofrecido a ir por ese otro chico y ahora pareciera que Itachi estaba esperando la oportunidad adecuada para soltar esas palabras…como si lo hubiese planeado. Como si hubiese esperado que la alteración de Izumi al verlos juntos provocara tal cosa. Como si también a él lo hubiese… ¿Usado? No, ¿Qué carajos está pensando? Él también tiene la culpa, Shisui no debió bajar la guarda ni porque lo vio ebrio y tonto.

Debió esperar cualquier cosa viniendo de ella y también de él.

Pidiéndole ir por Sasuke ahora y también por Lotus como si hubiese amanecido de buen humor. Como si en realidad hubiese manejado a Izumi y a la información que recibió de su parte a su antojo jugándosela a por todas hasta esperar que ella fuera tan fácil de incitar a hacer algo que él deseaba sin siquiera ordenárselo. Qué clase de habilidad tan horrenda ha desarrollado para lograr algo así incluso estando borracho.

Enserio, en situaciones así, tanto ella como Itachi parecen ser tal para cual. Ambos completamente idiotas y atrabancados.

—Si ya enviaron por ella entonces…

—Entonces solo tienes que ser más rápido que todos para encontrarla y dar con ellos también —esa confianza ciega, en otra situación, le agradaría que la tuviera para con él, pero justo ahora solo le está provocando estrés. Aun así, no tiene más remedio que asentir.

—¿Vas a poder arreglártelas solas aquí? No sé si se te olvida, pero soy yo quien limpia tu desastre siempre —permitiéndole acercarse a él aun con el cabello húmedo y el pecho completamente descubierto, que tome su mentón y combinen sus alientos, Shisui permanece quieto, pero ligeramente consternado por demasiados acontecimientos premeditados.

—Por eso te estoy enviando a ti, Shisui —rozando sus labios, cerrando sus ojos, juntando sus frentes, Shisui solo traga grueso antes de decir:

—¿Bajo qué asunto hago la solicitud?

—Bajo ninguna. ¿No alardeas mucho de ser como una especie de ninja? Ve por ellos y tráemelos.

Para finalizar dándose un beso frívolo que sella una promesa.

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I

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Es la primera vez que el efecto de una mordida dura tanto. O, al menos, es la primera vez que ve una situación de ese modo.

Con Kakashi, las primeras veces que lo intentó, duraban solo minutos, aunque parecían horas dentro de su mente. En una ocasión esos minutos se volvieron horas, por lo consiguiente las horas en su mente se volvieron días o semanas enteras, pero justo ahora Sasuke y Sakura no despiertan desde la noche pasada.

Haberlo hecho sin su supervisión, estando completamente solos, es algo que sospechaba que ellos harían, pero al ser la primera vez para Sasuke, Obito estaba en todo su derecho a preocuparse más por él que por ella. Sin embargo, ahora que el cielo comienza a aclararse y comienzan a transcurrir las primeras horas del día, quien luce más sereno dentro del sueño profundo e inconsciente, es él. Es Sasuke.

Sakura, por otro lado, luce como si lo estuviera pasando terriblemente mal. Su semblante es el de alguien que está sufriendo. Su ceño fruncido, sus labios apretados, su frente sudorosa. Si bien aquel semblante debería suponer algo malo, para Obito solo significa que en verdad está funcionando. Sakura era quien se mostraba más renuente al principio con el tema de la mordida y ahora supone que es debido a que no quería volver a afrontar nada del pasado que la hiciera sentir de ese modo.

Verla hacer esos gestos incómodos solo puede significar que…algo está ocurriendo dentro de su mente.

Mientras más avanzan las horas, más avanza la historia dentro de sus cabezas, lo que significa que poco a poco van aproximándose a los momentos culminantes o los momentos que representan más desgaste mental.

—Mmnn… —la oye quejarse de nuevo. Tanto Sasuke como ella han sido cargados por él y llevados a la cabaña donde Sakura ha sido depositada en la cama por consideración y Sasuke en el único viejo sofá del inexistente mobiliario que hay en toda la casa, pero los ha puesto muy juntos.

Aun no lo entiende.

No entiende cómo es que han caído inconscientes cuando el efecto no debería durar tanto.

Pero ahora ambos están así, inconscientes, aunque bastante instintivos al no sentirse cerca del otro porque por impulso mueven sus dedos de vez en cuando como si buscaran la mano del otro.

Como si a uno le faltara el otro. Como si necesitaran tocarse. Como si requirieran sentir el calor del acompañamiento de la persona que más necesitan en ese momento. Pero Obito no puede hacer nada más que verlos. Verlos y esperar, esperar y a la vez orar. Orar para que ambos despierten, pero por sobre todo para que una vez que lo hagan, tengan la fortaleza para aceptar lo que sea que esté por venir.

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II

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Despierta y nada malo ha pasado.

Despierta y de nuevo tiene diez.

Despierta y Sakura duerme a su lado.

Los años terribles no los han alcanzado.

Y al caminar un poco, salir de la cama, y dirigirse a la otra habitación luego de la suya, ella está ahí.

De pronto quiere llorar.

Llorar porque está viva.

Llorar porque no se fue.

Chiyo.

Pero entonces despierta.

Despierta y nada de lo que ha soñado es realidad.

La realidad, de hecho, es aplastante cada que abre los ojos y siente que las energías y la voluntad lo han abandonado, aunque considera que parte del desgano que siente se debe a las nuevas condiciones en las que se encuentran. No es que se queje, en realidad, aunque aún asimila todo lo que pasa y donde se encuentra y tampoco es que extrañe las comodidades ni los privilegios que Shinobi le otorgaba, pero Dios, que incómodo es dormir en esa tabla. Enserio extraña esa maldita cama suya.

La oscuridad de ese lugar, sin embargo, es distinta. A pesar de que la oscuridad es solo un ambiente, ahí se vive diferente. No se siente asfixiante de ningún modo como en las noches en las que se despertaba teniendo ataques de pánico cuando era más joven. Porque sí, esa es otra cosilla con la que sigue lidiando a través de los años y que pocos saben. No sabe en qué momento comenzaron, pero recuerda que sus peores noches se desencadenaron tras lo acontecido con Sakura antes de que se distanciaran.

Peores noches que pudieron acabar con su vida influenciado por la desesperación de terminar todo eso de no ser por una sola persona.

La persona que no se despegó de él en ningún momento y que continuó procurándolo como una madre lo hace con un hijo.

Chiyo.

Chiyo y sus manos milagrosas.

Chiyo y sus cuidados dulces a pesar de que en ese entonces era lo que menos quería Sasori.

Aun así, fue insistente. Y siempre se mantuvo a su lado a pesar de todo. A pesar de su alterada personalidad y sus cambios de humores constantes hasta volverse el joven adulto que es ahora. Pero ahora ya no está.

Ni ella ni Iruka.

Y enserio le hacen falta.

—¿Tampoco puedes dormir?

Kurenai es astuta y silenciosa para aparecerse, así como así. O quizá él se está oxidado con todo esto. Su percepción aguda de los sonidos siempre ha sido excepcional pero definitivamente no la ha visto venir.

—Hace frío, Kurenai. Ponte algo más abrigador —dice Sasori viendo cómo se abraza a sí misma y se sostiene los hombros una vez que llega a su lado. Ah, qué mujer tan terca—. Ve adentro.

—Lo haré en cuanto tú lo hagas —Sasori no voltea a verla, pero durante el siguiente minuto silencioso sabe que Kurenai no ha dicho eso solo porque sí. Enserio va a quedarse ahí hasta que él entre a la casa. El problema es que no quiere hacerlo aún.

—Salí a tomar aire. ¿Me lo vas a impedir?

—Claro que no. Pero me preocupo por ti.

Se preocupa por él. Tanto así que está ahí, con ropa inadecuada para lidiar con el frío que hace ahí afuera.

La mancha urbana de Rhoda no es tan diferente a la ciudadela de Konoha. Son casas distribuidas sobre una cuadrícula a pesar de que, sin lugar a dudas, Sasori esperaba más una pocilga o un basurero y un desorden claro coincidiendo con el pensamiento de los demás al pensar que como era una ciudad de la que nadie sabía su existencia, podrían esperar eso. Pero justo ahora tiene que admitir que hasta la sensación térmica es por mucho mayor y distinta. Aquí se siente el frío como mil agujas penetrando las capas de piel sin piedad, aunque tampoco se queja. El frío le hace recordar que está vivo.

Sin embargo, hay hábitos en él que, aunque parecen nuevos, en realidad parecen estar despertando luego de un largo sueño tales como el preocuparse discretamente por las personas que son importantes para él como lo es esta terca mujer que ahora tiene a un lado.

—No soy un niño —recalca él quitándose la frazada que ha cogido antes de salir, aunque más le parece un pedazo de tela con agujeros. Inclinándose hacia Kurenai, la rodea con ella, sorprendiéndola.

—Lo sé. Ya eres un hombre y además un caballero —insólito, Sasori engrandece los ojos unos segundos para luego torcer una sonrisa ligeramente avergonzada que intenta esconder pero sin mucho éxito en realidad. Kurenai aprovecha la cercanía para tocar su mejilla—. Qué alto.

—Y tu bajita.

Y ambos sonríen.

Sonríen a pesar de las circunstancias, pero por dentro sigue sangrando.

Sasori recuerda haber compartido mucho con ella al igual que con Chiyo, en el pasado. Ambas de personalidades tan distintas, pero si algo las asemejaba era que siempre buscaban el bienestar de ambos. De él y de...

—¿Qué pasa, Sasori?

De pronto parece ya no estar tan seguro de eso último porque imágenes asaltan su mente como un resorte. Él no posee habilidades más allá de la fuerza física y la resistencia que le otorgó, no solo el entrenamiento de años, sino también haber sido sometido al experimento de las células Draugs, pero justo ahora parece haber sido forzado a recordar los primeros días tras Sakura llegar al Cuartel. Pero no es ella en quien piensa y por quien ahora luce con el ceño fruncido.

Kurenai, atenta a él, lo mira expectante.

—¿Qué tanto conocías a Chiyo, Kurenai? —la mujer engrandece los ojos, confundida. Esperaba el momento adecuado en el que Sasori decidiera abrir su corazón para hablar de Chiyo o de Iruka desde hace días, pero la pregunta que ahora le hace parece estar encaminada a otro sitio.

—¿Por qué preguntas? —silencio—. ¿Sasori…?

—¿Sabías que Chiyo siempre se negó a que Sakura y yo nos hiciéramos amigos?

—Umm, bueno, supongo que estaba preocupada. Sakura venía de afuera y llegó terriblemente mal para… —Sasori niega. No porque el argumento esté equivocado sino porque había algo que estaba pasando por algo—. ¿Qué está mal?

Su Chiyo siempre fue amable.

Su Chiyo era del tipo de persona que le tendía una mano a cualquiera que la necesitara.

Sakura, a sus ojos, era una niña como él.

¿Por qué la rechazó en un principio entonces? Incluso cuando él fue eventualmente creciendo, las diferencias entre él y ella con respecto a quien protegía y cuidaba más, se inclinaban hacia él.¿A Chiyo le tomó mucho tiempo aceptar a Sakura por alguna razón es especial? ¿Y por qué, de pronto, está recordando algo como eso? Nunca tuvo la oportunidad de preguntarle, aunque no cree que haya tenido el cuidado de observarla demasiado para que aquellas atenciones extrañas que tenía referente a Sakura significaran algo para él.

Pero ahora que lo piensa…

Quedaron demasiadas cosas inconclusas. Demasiadas cosas que ahora parecen ser importantes de conversar pero que se hace imposible tener una respuesta acertada si la persona aludida ya no está.

¿Y si hay algo más? ¿Algo más que desenterrar? ¿Y si desde el inicio todo eso estuvo predestinado a suceder por una razón?

¿Hasta qué punto una persona puede mentir u ocultar cosas?

De repente siente que está enfadada con ella, con Chiyo. Con ella y con cualquier otro involucrado que pudo haber tenido las respuestas a muchas dudas que hoy le aquejan y que prefirieron callar antes de explicar. Se le hace injusto, y por un momento puede entender perfectamente a Sasuke. Ser arrastrado por actos que no cometieron pero que terminaron repercutiendo en ellos por el simple hecho de estar relacionados.

Porque si sus sospechas son ciertas, puede que Chiyo supiera más cosas de las que debería.

Porque ahora nadie le va a quitar de la cabeza que Sakura y ella se conocían desde hace mucho, y que, a través de los ojos de Chiyo, Sakura fue mal vista por ella desde el inicio.

Mal vista por haber conducido a sus personas importantes a la ruina.

.

III

.

—La niña viene de Suna.

—¿Qué?

Aquella conversación no deberían tenerla de ese modo. Es decir, puede que para Fugaku todo le parezca cero complicado y sea así de descuidado en decir las cosas la mayor parte del tiempo, pero soltarle la información así mientras ella hace estiramientos y él atraviesa la cabeza en su visión, no es lo más discreto del mundo.

Afortunadamente ese día no hay muchos chicos entrenando y verlos juntos tampoco representa un suceso extraño digno de prestar atención ya que es muy común verlos así. Aun así, escandalizada, lo toma del brazo y hace que se siente bruscamente y muy cerca de ella, recibiendo un golpecito en la cabeza.

—Auch. Te dije que investigaría.

—¿No puedes ser menos ruidoso? —reprende mirándolo con el ceño fruncido, cosa que a Fugaku le causa gracia pero que aun así hace un esfuerzo para retener su risa—. Sé más prudente, por favor.

—De acuerdo, de acuerdo, ser más prudente. Lo capto —acomodándose mejor a su lado, espera que ella añada algún comentario al respecto, pero no sucede. Al menos no lo que esperaba. En su lugar Mikoto parece fruncir el ceño aún más, aunque con un aire menos molesto, pero más pensativo y temeroso—. ¿Qué pasa? Pensé que saberlo te agradaría —Mikoto conserva más segundos callada de lo que Fugaku puede soportar estándolo incluso si se lo piden amablemente—. ¿Mikoto?

Por supuesto que la información, lejos de sentirla precipitada, le resulta intrigante.

Es decir, ¿qué hace una niña de Suna, la misma ciudad de donde proviene Fugaku, ahí? Desde luego recibir algo de información sobre ella le tendría que interesar porque eso demuestra que con ayuda de Fugaku no solo puede enterarse de más cosas con respecto a esa niña sino también sobre otras cosas, pero…

No se lo ha dicho, pero desde la mañana no está realmente concentrada en sus actividades debido a Chiyo. Fugaku no lo sabe con tanto detalle, pero sus discusiones cada vez son más frecuentes. Y con la misma frecuencia con la que discuten es la misma frecuencia con la que Mikoto se siente cada vez más intrigada con respecto a Sakura porque es debido a ella sobre el por qué pelean.

—Mi padre la ha puesto bajo mi cuidado.

—Debiste negarte.

¿Por qué? ¿Por qué debió negarse y por qué Chiyo lucía tan enfadada al enterarse? Cuando se lo comentó fue con ella con el propósito de sentirse apoyada ya que había sido Chiyo quien se había hecho cargo primero de ella. Algún consejo o algún tip para tener qué ofrecerle a Sakura un trato similar al que ella tuvo al tomarla bajo su tutela debía servir, pero en cambio Chiyo se mostraba cada vez más renuente en aceptarla.

—No es por ti, Mikoto. Eres muy joven para hacerte cargo de esa chica. Tú deberías…

Disfrutar de la niñez arrebatada. De la adolescencia surcada. De la joven adultez que se aproxima.

—Chiyo me ha dicho que no me relacione mucho con ella.

—¿Por qué?

No lo entiende ni nunca lo va a entender, pero Chiyo lo está haciendo de tal modo que no parezca estar repitiendo el mismo patrón. Tomándola desde pequeña, habiéndole arrebatado tantas cosas de su niñez, cierta necesidad en Chiyo es la que toma posesión de su boca cada vez que rechaza a Sakura por el simple hecho de estarle generando estrés y responsabilidades tempranas a Mikoto cuando no debería ser así.

—Dice que es peligrosa.

Ah, y porque también ha dicho eso.

Pero cuando Mikoto le ha preguntado sobre ello, no ha obtenido nada de ella. Solo silencio. Silencio y una cara larga muy mal fingida. Le ha molestado, desde luego. ¿No se suponía que habían prometido no mentirse jamás? Bueno, no es que Chiyo precisamente haya dicho una mentira, es más como si ocultara algo.

—Bueno, si lo dice será por algo que ella sabe y nosotros no.

También lo ha pensado, pero si Chiyo era la única persona, hasta hace poco, en la que podía confiar, y que ahora esté ocultándole cosas, ¿qué se supone que haga? Al dirigir la mirada a Fugaku le transmite absolutamente todo, aunque sea de manera instintiva y no intencional. Y él solo la mira con una cara comprensiva, llevando su mano a su rostro para acomodarle un mechón de cabello que le surca por encima de la mejilla.

—Ey, no pongas esa cara.

Es…frustrante.

Frustrante tener que lidiar con tanto. Con el pasado, con el hecho de asimilar que su madre ya no está, con el constante crecimiento de Obito y que a la vez se pierde por estar entrenando, por estar ahora obligada a cuidar de Sakura, por pensar en Chiyo y en lo que no le dice, por lo que desconoce de su verdadero padre…Todo, absolutamente todo, está frustrándola, cansándola, y generándole un nivel de estrés increíble a pesar de su corta edad.

Y luego está él, el hombre en el que puede apoyarse, bajar las defensas, y sentir que recupera la tranquilidad porque de él solo necesita eso: que esté ahí.

Cuando baja la cabeza y apoya su frente en el hombro de él, Fugaku la rodea de los brazos.

Para su buena suerte, independientemente de que haya cámaras en esa habitación, ya no hay nadie cerca. Aunque, incluso si hubiese alguien, también la abrazaría.

Porque siente que lo necesita.

Y porque él necesita que ella se sienta bien.

—¿Cómo lo haces?

—¿Qué cosa? —Mikoto suspira, cansada, antes de volver a hablar, pero sin apartarse realmente. Le está encantando recibir caricias de él.

—El siempre ser tan positivo —lo escucha reír un poquito, provocando que se levante y le confronte de frente—. ¿Ves? A eso me refiero. ¿Cómo es que…?

—Tú también puedes serlo, solo que te falta querer serlo.

Querer.

Querer y no ganas.

No es como si dijera que no se está esforzando por no sofocarse, sino le está diciendo que depende de ella decidir si un día quiere tirar la toalla y abandonar todo. O, bueno, quizá no se lo ha dicho con tales palabras, pero es lo que ella ha entendido. Aun así, aunque quisiera, no se siente preparada para abandonarlo todo.

—¿Te sientes mejor? —Contigo, siempre, quiere decir, pero de nuevo se lo reserva. Aun así, sonríe un poco, y para Fugaku es suficiente.

—Entonces…—Mikoto toma aire, buscando el control de sus emociones—. ¿Dices que viene de Suna? —él asiente—. ¿Descubriste algo más? ¿Algo como que sea diferente? ¿Diferente como Obito, por ejemplo?

—No. Es más bien como tú.

—¿Cómo yo?

—Una niña fuerte.

El término "fuerte" para ella representa no serlo genuinamente por naturaleza. O quizá sí ya que, si ella realmente nació para ser mucho más hábil e inteligente que los otros, es porque su naturaleza es así, pero hay ciertas teorías en las que ambos han comenzado a trabajar con respecto a por qué es que nació de ese modo y por qué el resto de chicos han construido su propia fuerza y destreza a base de años entrenando. No es que desestime su propio esfuerzo, pero Mikoto es consciente de que le ha costado menos tiempo el alcanzar la cima que al resto por una razón.

Porque es diferente, aunque esa diferencia sea más clara en una persona como Obito, quien parece poseer mayor fuerza debido a su origen, aunque su cuerpo parezca no ser apto para resistir tales particularidades.

Pero volviendo a Sakura, si es "fuerte" así como ella, significaría que están ambas en la misma disyuntiva.

Sin embargo, Fugaku explica que no ha tenido mucho tiempo ni oportunidad para buscar más a fondo a cerca de ella pues los soldados a los que está asignado últimamente están muy histéricos con él.

—Sobre tu padre no he tenido mucho tiempo para investigar, pero…No he encontrado nada sobre él a primera vista.

—Quizá solo fue una persona ordinaria — Lucir decepcionada por enterarse de eso ya no es nuevo. De hecho, no lo refleja tanto porque quizá desde hace tiempo ha preferido aceptar esa teoría que simplemente seguir insistiendo o imaginarse otra cosa.

—Tú no eres ordinaria. ¿No crees que su particularidad te haya sido heredada y por eso es que eres así de increíble? —Mikoto lo mira entre ofendida y curiosa.

—¿Entonces crees que soy increíble solo porque puedo ver y alterar recuerdos?

—Sabes que no me refiero a eso — Fugaku lo capta, torciendo una sonrisa que es acompañada por una caricia en su mejilla. Caricia que Mikoto acepta cada vez más con más ganas—. No te lo digo seguido, pero eres preciosa —pero entonces luego suelta comentarios inesperados a los que todavía no se acostumbra y la hacen sonrojar—. ¿Y Sakura? ¿Dónde está ahora?

—Tomando clases de esgrima. Conmigo entrena solo en las mañanas.

—¿Y no has intentado volver a preguntarle sobre su pasado? —Mikoto niega, ligeramente decepcionada. La verdad es que desde la primera vez que lo hizo han transcurrido ya varias semanas, y sí que lo ha intentado, pero Sakura nunca dice nada.

—No coopera mucho que digamos.

—Pero sí que es un hecho que le agrada estar contigo.

Agradar.

Con Fugaku ella se siente increíblemente bien. ¿Sakura se sentirá del mismo modo con ella? Es decir, no es que considere que sea un mal ejemplo, pero no cree que sea la primera opción de muchos de los chicos de ahí al querer intentar ser amigable, después de todo con Fugaku ha sido el único con quien ha congeniado casi automáticamente al conocerse. Mikoto no posee amigos verdaderos en ese sitio. Son muchos más las personas que dicen idolatrarla que realmente aquellas personas que quieran acercarse a ella por el simple hecho de intentar forjar una amistad.

Con Sakura, sin embargo, aunque en un principio se había estado mostrando renuente en aceptar la tarea asignada de Danzou al tener que cuidarla, últimamente no se siente como una obligación. Y aunque Mikoto no sabe si se deba a la rutina o a algo más, siente que cuidar de alguien, enseñarle, y que te escuche atentamente, no es tan malo.

Es como si estuviese criando a una pequeña versión suya, aunque quisiera, honestamente, que Sakura fuera mejor.

—Sinceramente no sé qué le puede gustar de estar conmigo —una nueva risita proviene de Fugaku.

—Bueno, pues a mí me encanta estar contig-…

—¡Mikoto! ¡Fugaku! —ambos voltean al mismo sitio, ahí donde una mota rosada y revoltoso viene acercándose a paso veloz—. ¡Aprendí un nuevo movimiento! ¡¿Quieren ver?!

Que fuera más segura, asertiva y más feliz de lo que ella ha sido en esos cortos años de vida que posee.

Con el tiempo, es así.

Enserio pareciera que ella va a poder atravesar la barrera que Mikoto no pudo hace tiempo y lejos de envidiarle esa enjundia y esa inocencia que posee, la desea con más ímpetu para ella. Ver a Sakura ser capaz de hacer las cosas que ella no pudo representan una especie de expiación hacia la Mikoto que ella dejó morir entre almohadones y sueños de Princesa. Sakura representa y refleja tanto de ella que en verdad quisiera poner todas sus esperanzas, sus deseos y sus ambiciones en esa pequeña espalda con el fin de sentirse satisfecha de, al menos, lograr algo bueno en la vida.

Educarla de tal forma que se prepara la tierra fértil para una buena cosecha es su labor.

O al menos eso es lo que hubo creído en un inicio.

Pero que pasara tiempo a su lado no significaba que las horas que no se vieran ella no podría aprender por otro lado otras cosas. Pero ¿qué podría salir mal? Cuando parpadea ya han pasado casi tres años, Sakura ahora tiene nueve, casi diez, con ella cada día son más unidas, y cada día se vuelven más fuertes. Y cada día Sakura añora la noche, para poder ir temprano a la cama para que del mismo modo temprano amanezca y pueda estar de nuevo a su lado.

Esa necesidad, esa cercanía, ¿en qué momento se tornó de ese modo?

—¡Discúlpate, Sakura!

—¡No quiero!

—¡Discúlpate con Fugaku ahora!

¿En qué momento Sakura se volvió tan exigente? ¿En qué momento se volvió tan selectiva, monopolizadora e irritable? ¿Es cosa de la edad? Mikoto no recuerda haber sido de eso modo jamás. Y tampoco considera que está siendo demasiado dura con ella. Después de todo lo que ha hecho ahora ha sido horrible.

Y ni ella ni Fugaku lo han visto venir.

—Mikoto, déjala, tampoco es que me haya dolido tanto para que…

—¡Eres una majadera, discúlpate o…! —pero tan pronto comienzan a discutir, Sakura se va. Se va como quien no sabe escuchar. Y Mikoto cada vez está menos paciente con ella—. ¿Estás bien?

—¿No vas a ir con ella? Auch…

—¿No que no te había dolido tanto? —Fugaku sonríe cuando ve su preocupación a través de una sonrisa genuina, no nerviosa. Pero más allá de que no lo sea, Mikoto sabe que solo lo está haciendo para tranquilizarla—. No puedo creer que te haya golpeado así.

—Solo está descargando energía. Es todo.

No.

Lo de ahora no ha sido un berrinche. Ella sabe cómo distinguir uno. Lo de ahora ha sido con toda la mala intención de hacerlo. El golpe que le ha dado a Fugaku solo por haberla besado no es ni remotamente una travesura menor, ¡Le ha dejado un moretón del tamaño de una bola de beisbol en la mejilla! Pero, aunque intenta convencer a Fugaku de ello, este parece no querer condenar o molestarse con Sakura por ello.

Pero para Mikoto no está bien.

Sakura últimamente ha estado intratable.

Y de vez en cuando la sorprende con la mirada perdida o con la mirada demasiado opaca como para pensar que está pensando en pajaritos y en osos polares.

—¿Enserio no notas como te ve a veces, Fugaku?

—¿Cómo?

Con cierta…malicia. Con cierta…maldad.

Con cierto recelo o cierta envidia de que siempre esté con ella.

Puede que él no lo note, pero ella sí.

Los arranques violentos que tiene en las ocasiones en las que los ve juntos ya no son arranques normales que un niño tendría porque está celoso de que su persona especial sea arrebatada de su lado. Sakura los hace con total consciencia y en ocasiones su mirada se pierde dentro de un mar de depravación.

Su comportamiento, que había iniciado como el de una persona cálida, sensible y amigable, ahora es el de alguien frío, reservado, egoísta y hasta hostil.

¿Qué es…? ¿Qué es de lo que no se está dando cuenta cuando no está con ella? ¿Alguien le está enseñando esas cosas? Porque desde hace un tiempo que sus momentos juntas se han reducido por orden de Danzou. Siguen entrenando en conjunto, pero solo por cierto tiempo asignado, después de todo Sakura ha sido muy hábil en aprender a la primera todo lo que Mikoto le ha enseñado esos últimos años por lo que era natural que la alcanzara en habilidad tan rápido, pero… ¿Qué es lo que hace cuando no está con ella? ¿Alguien le está llenando la cabeza de absurdas ideas? Es una niña, se repite, una niña no puede comportarse solo porque sí de ese modo sin verse influenciado u obligado por alguien.

Entre suposición tras suposición, no sabe si culpar el hecho de que, en ocasiones, ve a Sakura salir y entrar del laboratorio de Danzou cada cierto tiempo. No se lo dice a Fugaku de inmediato, pero cuando lo hace este no puede evitar ocultar su asombro ante ese hecho.

—¿Estás segura que la viste?

—No solo ha sido una vez, Fugaku, han sido varias —Mikoto no sabe qué es peor. Que ahora que lo saben ambos piensen que la razón de su extraño comportamiento sea por algo que le ha dicho su supuesto padre o el hecho de enterarse de ello demasiado tarde

—¿Crees que él…le esté diciendo que se comporte así conmigo?

—No solo es contigo, es con todo aquél que se me acerca —Mikoto piensa en Obito inmediatamente, angustiándose, pero luego parece tranquilizarse pues aun con el tiempo que llevan conociendo a Sakura, ellos dos no han sido presentados formalmente, y esto ha sido porque Danzou no ha permitido que ellos dos se relacionen de ningún modo lo cual, para variar, agradece infinitamente ahora que Sakura está comportándose de forma tan hostil—. Planeo seguirla la próxima vez y…—Fugaku le sujeta la mano, interrumpiéndola.

—No es necesario que… —esa es…una expresión que nunca había visto de él—. No necesitas arriesgarte tanto por… —Fugaku enmudece dándose cuenta de lo que ha estado a punto de decir y solo hasta ese momento Mikoto es consciente de cómo de influenciable es el comportamiento humano en situaciones extremas, de miedo o de peligro. Cómo, a pesar de decir una cosa y mostrarse firme ante sus creencias, en una situación que es capaz de poner a prueba el comportamiento, éste puede cambiar.

Lo sabe.

Ahora lo sabe.

Que Fugaku había estado a punto de decir que no era necesario arriesgarse tanto por alguien como Sakura.

Así es el ser humano.

Así como no hay verdades absolutas, tampoco hay verdades a medias.

Es verdad o es mentira.

Es uno u otro.

Es blanco o negro.

Es el bien o es el mal.

—¿Obito?

Pero por todo ese día, ha tenido suficiente. Lo único que quiere ahora luego de la conversación con Fugaku, es solo ir ver a Obito, abrazarlo y dormir a su lado oliendo su aroma a galletas y leche. Cuando Obito está entre sus brazos, el mundo está lejos de ser hostil al menos el tiempo que dura su sueño antes de despertar una vez más.

Estar con Obito, siempre le hace bien.

—¿Qué pasa? ¿Estás molesto conmigo?

Pero ahora…Ahora que solo quiere desconectarse del mundo, de los problemas, de los deberes y de Sakura, Obito luce enfadado. Luce molesto y no la recibe como esperaría que lo hiciera. Entiende, desde luego, que está creciendo pues ahora es un niño de cinco años que aun adora dormir con su hermana de casi diecisiete, y que conforme lo hace hay cosas de las que se da cuenta rápidamente, pero…hay algo raro en todo eso. Apenas se vieron y se despidieron hasta de besitos por la mañana. ¿Qué pudo haberlo enfadado?

No, esa no es la pregunta. ¿Qué pudo haber escuchado para enfadarse con ella?

Obito siempre está al cuidado de las nodrizas que Danzou religiosamente selecciona para él además de que siempre se la pasa encerrado en su cuarto salvo en las ocasiones en las que debe asistir a sus clases regulares de un niño de su edad y para hacer algunos ejercicios básicos.

Nadie entra o sale de esa habitación sin autorización, y casi nadie lo está además de quienes lo cuidan, lo alimentan y por supuesto ella misma o Chiyo.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—¿Decirte qué?

Con el ceño fruncido, con la boquita del mismo modo, pero con un enfado genuino en sus ojos, la confronta.

—¡Que me vas a dejar porque ahora te gusta ese! —en otra situación aquella escena se le tornaría graciosa y hasta tierna. A Obito pocas cosas le ha dicho sobre Fugaku a pesar de que lleva ya rato de conocerlo. Solo sabe que hay un chico que hace a su hermana sumamente feliz, y hasta hace poco aquello parecía estar bien pero ahora…Ahora Obito está llorando desgarradoramente como si en verdad creyera que va a abandonarlo.

—¿Eh? ¿Dejarte? ¿De dónde sacaste-…?

—¡Sakura me lo dijo!

La sonrisa nerviosa de Mikoto se esfuma casi inmediatamente. ¿Qué ha dicho?

—¿Qué…?

—¡Y también dijo que no me quieres! —el llanto incrementa y de pronto a Mikoto le duele la cabeza. No son las paredes, no es el aire, no es…—. ¡Dice que no me quieres porque soy defectuoso! ¡Dice que la quieres más a ella que a mí! —Quiere que se calle, necesita que se calle, pero más que nada, necesita abrazarlo. Necesita calmarlo, y necesita calmarse a sí misma. Aun oponiéndose a aceptar ese abrazo que le está costando, lo abraza con fuerza.

¿Sakura?

¿Ha dicho Sakura?

Es imposible.

No hay manera.

No hay manera. No hay manera. ¡No hay manera!

¡Nadie puede entrar ahí sin autorización!

¡Y en esos tres años jamás se han visto! ¡Ella incluso omite contarle sobre…!

Pero y si…

—¡No me quieres! —el llanto de Obito la trae de vuelta a la realidad. Y la realidad es que su pequeño hermano está llorando porque cree que no lo ama. Porque alguien le dijo que va a dejarlo. Y ese alguien presuntamente es Sakura, aunque eso último no tiene ni un sentido—. ¡No me quieres, no me quieres, no me quieres!

—¡Por supuesto que te quiero! ¡Te quiero muchísimo! —pero Obito no oye, solo se remueve inquieto, es un niño después de todo. Un niño de cinco que a pesar de todo es mucho más listo que cualquier otro niño de su edad. Un niño que puede decir oraciones largas, entender perfectamente pero también puede padecer de ataques de ansiedad a tan corta edad tal y como los tenía su madre, ataques que Mikoto también posee pero que hasta hace poco había podido decir con certeza habían disminuido con el tiempo y gracias a sus ganas de curar su salud mental.

Pero ahora los gritos de Obito no ayudan, lo que ha dicho sobre Sakura no ayuda, lo que ella está pensando no ayuda.

—¡Ella dice que la quieres más! —repite, y aquello es demasiado para Mikoto.

—¡No es verdad! —por supuesto que no lo es. De hecho…—. ¡No la quiero! —porque lo único que ha obtenido de ella los últimos meses ha sido estrés—. ¡La detesto! ¡La aborrezco! —Desearía…—. ¡Desearía nunca haberla conocido!

—Te lo dije —Mikoto contiene la respiración. Y lo que vibra dentro de ella, mismo que la hace estremecerse, es el cambio de voz y actitud de Obito en cuestión de segundos, como si hablara como un niño grande. O como un adulto dando una resolución severa. Como si el llanto no hubiese existido. Como si la arrogancia y la superioridad emergieran desde ese cuerpo tan pequeñito—. Te dije que mi hermana me quería más a mí que a ti.

Pero aquello no se lo está diciendo a ella.

—¿Qué estás…haciendo aquí…? —es lo único que Mikoto logra emitir cuando la ve.

Aquello se lo está diciendo a Sakura de pie a un lado de la puerta.

A Sakura, la de bonitos ojos, bonito cabello y bonito nombre.

A Sakura, una flor contaminada.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas:

Todos aquí están tocados de la mente pero muy, muy mal(?) Demasiado daño mental en un solo capítulo, lo sé. Pero sí, por ahí a una chica en el capítulo pasado le había comentado que si bien la relación de Mikoto y Sakura, en la temporada uno, parecía ser toda muy bonita, la verdad es que no jajaja Sakura y Mikoto han sido víctimas en muchos sentidos por el mismo hombre, aparentemente. Además de que había comentado que la actitud de Mikoto iba a varias muchísimo con respecto a Sakura en este arco.

Ya vimos que emocionalmente todo el asunto de su madre y su verdadero padre la ha afectado muchísimo pero aun vienen cosas más duras por las cuales debe pasar. Ambas, realmente. Por ahora, Sakura activo el modo Tsundere definitivo (? Okey no jajaja pero sí que está haciendo cosas demasiado raras y extremistas por Mikoto y porque está siendo, desde luego, influencia por...pues ya saben.

Y en cuanto a Mikoto, ya sabemos que su personalidad tampoco es tan estable como parece. ¿Quién sabe lo que vaya a repercutir todo esto en el capítulo siguiente? Teorias, lleven sus teorías calientes~ jajaja

Y bueno, al final decidí añadir escenas del presente de personajes que seguramente extrañan. Ese ItachixShisui, no manchen, no esperaba que me quedara tan largo jajaja Creo que exageré pero igual era necesario para llegar al punto en el que sí, ahora van en busca de Sasuke y Sakura que todavía siguen dormiditos. Se viene una confrontación ultra violeta(?) jajajajaja

En fin, creo que es todo.

¡Lamento la demora! Creo que un capítulo de casi 11 mil palabras lo compensa (?) jajajaja Y no puedo irme sin antes agradecerles infinitamente por continuar conmigo en esta loca y complicada historia ;-; No los merezco. Enserio muchas gracias. Por sus votos, por sus comentarios que me hacen la vida misma, y por seguir recomendandola. Mi regalo para ustedes siempre es esforzarme el doble para traerles un capítulo de calidad y entretenido aunque me queme las neuronas en el proceso xD

Bueno, solo eso~

Romi-out.