Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.
Capítulo 52.
Yura se había encerrado en su habitación sin decirle nada al respecto. Se sentía harto y muy exasperado. Ella dijo que estaba ofendida por su desconfianza y él no quería faltarle al respeto, pero tenía que recordar que además de que era dama de compañía, también fue ex novia de Miroku, así que la idea no sonaba muy descabellada.
De repente, tocaron a su puerta y se imaginó que era Kikyō, ya que, aparte de Kagura, era la única persona que tenía llaves para entrar. Pero Kagura no iría, eso era imposible. Y como lo supuso, su prima era quien estaba detrás de esta.
—Ya he tenido suficiente estos días. —Entró al instante, buscando a Yura con la mirada. Kōga, por otro lado, solo roló los ojos—. No fue suficiente con que InuYasha me haya pedido que anuláramos el matrimonio civil, sino que también…
—¡Qué dices! ¡¿Esa bestia terminó contigo?! —Sintió pura furia llenarle las venas y quiso golpearlo en ese instante. Vio a Kikyō callar como si no hubiera querido decir eso en realidad—. Prima…
—Eso ya no importa. —Volvió a acordarse de Yura—. Solo vine a advertirte que esa perra que tienes por novia… ¡¿Dónde estás, Yura?! ¡Ven dile a mi primo que te acuestas con Miroku!
¡Pero de qué demonios estaban hablando!
Nuevamente, Kōga sentía que estaba cayendo en un hoyo negro en donde todo el mundo le estaba mintiendo. En esos instantes quería matar a InuYasha y desparecer de su vida a Yura, pero no estaba pensando con claridad. La aludida salió de su estancia con un carácter horrible a insultar a su prima.
—¡De seguro la estúpida de tu amiga inventó todo eso! ¿Tienes pruebas?
—¡No la llames así! —Quiso lanzarse sobre ella, pero a cambio solo respiró hondo y con dificultad. Había tantas cosas en ella que le causaban un gran rencor, que podía matarla con sus propias manos. O quizás no solo era Yura el motivo de su ira.
—¡Ustedes dos, ya basta!
—Yo solo quiero —lo miró y apuntó con el dedo índice— que si sientes algún cariño por mí, primo… te deshagas de esta víbora buena para nada.
Después de decir eso, Kikyō salió del lugar dando un portazo. Kōga cerró los ojos meditando un momento sobre lo reciente. Tenía un gran aprecio por Sango, así que de alguna manera, eso le causaba una gran incomodidad.
—Sal de mi vista, Yura… No quiero indagar por ahora, pero si descubro que has estado burlándote de mí, te juro que el próximo burdel que encontrarás, será peor que el último en el que estuviste.
Esas ofensivas e hirientes palabras golpearon con fuerza a Yura, quien en vez de sentir que quien estaba sufriendo eran Miroku o Sango, a la que peor le estaba yendo era a ella. Además, por primera vez vio el infierno en las pupilas de Kōga y aquellos ojos pasivos y amables parecían nunca haber existido.
Solo asintió obligada y salió de su vista, tratando de no gritarle.
Ikeda suspiró y lo único que quedó en su mente fue InuYasha. Así que se había atrevido a dejar a Kikyō. Y ya sabía que seguro era por estar junto a su hermana Kagome. Ese maldito incestuoso, sentía asco solo de pensar en él.
Estaba casi seguro de que los padres de Kagome no habían visto aquel vídeo, de lo contrario, de seguro no habrían seguido con la boda. Lo siguiente que haría sería refrescarles la memoria de una manera más personal.
—Maldito seas, InuYasha.
Sango no dejaba de llorar y ella se sentía cada vez peor. No sabía cómo consolar el alma irritada de su mejor amiga, que gritaba por liberarse de aquellos sentimientos amargos que la embargaban.
Después del escándalo de Miroku en la editorial, Kōga le había dicho que había despedido a su ex novio y que por favor le entregue sus cosas. Ella recibió todo sin refutar, así que no le dijo nada más acerca de esa situación. Kagome la había acompañado de camino a casa y le estaba preparando un té.
—Ten.
Sango tomó la taza humeante y sorbió apenas. Se sentía tan cansada de todo eso. En esos momentos había decidido no decirle a Miroku sobre su embarazo, negarlo hasta que ya no pudiera más, e incluso decir que no era de él. Cualquier cosa estaría bien a tenerlo de nuevo en su vida.
Kagome sentía mucho coraje respecto a Miroku, pero por alguna razón no podía odiarlo. ¿Realmente las cosas habían pasado de esa manera? Miroku lucía muy mal cuando llegó a la editorial. InuYasha de seguro que estaba consciente de eso. Aunque no sabía nada de su hermano, sus papás dijeron que se había encerrado después de terminar su compromiso con Kikyō.
—Sango, por cierto… —Se dirigió a ella cuando estuvo mucho más calmada—. ¿Estás dispuesta a atender la anulación de matrimonio de mi hermano?
—¿Qué?
De regreso a su casa, o, bueno, a la de sus… padres, había estado meditando sobre lo ocurrido recientemente. No podía creerlo aún, pero sí que estaba procesando con más calma la información.
Con su visita a la empresa de su familia, volvió a ver a su tío Hakaku y fue entonces cuando le preguntó si era cierto todo aquello que le habían contado, aquel terrible secreto que no había hecho más que atormentarlo todo ese tiempo.
La respuesta había sido corroborada con creces, cada cosa que Midoriko le había dicho constaba en los recuerdos de su tío. No sabía nada acerca de su familia paterna y el único familiar vivo, se había mudado sabría Dios a dónde y nunca más volvió a aparecer.
Se sentía frustrado por todo eso y apenas era que entendía por qué se había mudado a un sencillo templo teniendo tantos bienes en su poder y pudiendo vivir en Chiba.
Regresó con un sabor amargo de boca y con más pena que antes, pero al menos creyéndole a su familia.
Tenía que entenderlos y perdonarlos, sin embargo, aún no se sentía listo. Antes que nada, iba a pasar a recoger su Kotodama a la casa de su media hermana y entonces se pondría al tanto de lo que había pasado esos días de ausencia.
Igual debía pasar a dejar su renuncia, aunque lo único que quería era no verle la cara al irritante sarnoso que tenía por jefe. Lo odiaba tanto.
Se hizo anunciar con la recepcionista y ella accedió a recibirlo aún siendo tan temprano.
—Vine por mi Kotodama. —Fue claro, ni siquiera la saludó. Ella tampoco mostró alegría o algo parecido, únicamente caminó hacia su habitación para traerlo.
Mientras ella estaba ocupada, InuYasha observaba el lugar y pensaba en si ya era hora de decirle que los habían estado grabando, porque eso era muy grave, pero no podía. Sentía que no iba a poder explicarle todo. ¿Y si Kagome sabía y le estaba ocultando? ¿Habría sido algún vecino de piso? ¿Habían cerrado la puerta aquel día? No lo recordaba, había tanto por explicar.
Como fuera, lo meditaría un poco más, eran demasiadas cosas. Además, había vuelto por su Kotodama porque sabía que sin él no era el mismo.
—Aquí tienes. —Se lo extendió, con aquella seriedad que no la caracterizaba—. Deberías hablar con Miroku, en estos días terminó con Sango.
Se quedó en shock mientras se ponía el collar y sintió escalofríos por todo el cuerpo. En dónde demonios estaría.
Entonces, se empezó a preocupar.
—Fue por Yura.
—¿Ya lo sabías?
—Yo mismo le dije que se lo ocultara.
Lo siguiente fue la tremenda bofetada que le dio a su hermano, con las lágrimas a punto de rodar por sus mejillas.
—¡Pero qué diablos te pasa, tonta! —Reaccionó muy mal. Se sentía tan extraño, había algo en él que no estaba bien.
—¡¿Cómo pudiste permitir que Miroku le hiciera esto a Sango?! —Jadeaba por la indignación. Era increíble que InuYasha le hubiera tapado eso a su amigo.
—No pasó nada entre ellos; Yura lo engañó para tomarle unas fotos y…
—No me hagas reír tan temprano, Taishō —soltó una carcajada sarcástica, moviendo la cabeza reprobativamente—. Aunque, qué puedo esperar de un hombre que iba a casarse con una buena mujer mientras se revolcaba con su propia hermana.
InuYasha desconoció a Kagome a tal punto que le pareció no sentir absolutamente nada por ella. Estaba claro que en esos días todo había cambiado y eso le causaba una gran impresión negativa. Retrocedió dos pasos y comprendió que le hablaba de su relación con Kikyō, así que se sintió muy herido.
—Qué lamentable tu actitud.
Era increíble que no entendiera nada. Él venía de enterarse de que sus padres habían sido capaces de… lo que sea, de secretos terribles y ella ahí, como si Sango fuera lo único que pasara en la vida.
—¡No, qué lamentable tú y tu amigo! —Le reprochó, harta y mucho más ofendida—. Lárgate, no te quiero ver.
Él asintió rápidamente.
—Sí, tampoco te preocupes, que justo paso a presentar mi renuncia a la editorial.
No había llevado a presentar nada. Lo único que quería era encontrar a Miroku, así que fue donde supuso que estaría: en Shogun Bar, sin embargo, no fue así.
Shinto le contó lo sucedido, así que él fue a buscarlo al motel más cercano que pudo encontrar —supuso que ahí estaría, lo conocía lo suficiente— y entró con la idea de chantajear con dinero a quien fuera para que le diera información de su amigo.
Le mostró su identidad al recepcionista e incluso una selfie junto a Miroku. También le explicó brevemente la situación, pero el joven no parecía querer cooperar.
—Dígame cuánto dinero necesita y se lo daré, solo…
—Oh, InuYasha, buen amigo… ¿Vienes a darme malos consejos otra vez?
Su voz ebria le llenó los sentidos y sintió muchas ganas de golpearlo. Por fin lo había encontrado y estaba ahí, bajando las escaleras y con una botella en la mano. Lucía mucho más delgado y pálido. Se veía muy mal.
¿Cuánto tiempo había estado InuYasha encerrado en su propio mundo, maldita fuera?
—Vámonos de aquí.
Lo sacó prácticamente a la fuerza, pagando el hospedaje restante y asegurando de que trajera consigo lo poco que llevaba.
Lo llevó a su departamento de soltero, le dio unas pastillas y lo dejó durmiendo en el sofá. Esperaría a que despierte y luego le contaría a detalle cada mierda que había pasado en su ausencia.
Esta vez no le daría malos consejos acerca de su relación y le diría las cosas lo mejor que pudiera. Se sentía culpable en cierta parte y le dio mucha tristeza esa situación… todo lo que él tocaba, lo arruinaba. Al parecer, arruinó incluso a la propia Kagome. Recordó aquel momento en que fue a pedirle su Kotodama y se estaba cuestionando si tal vez había hecho bien en ir por él. Su mente estaba tan destruida por todo lo reciente que lo único que quería era volver a algo que le recordaba a la época en que era feliz.
Peleó con su media hermana como nunca, fue muy hiriente su actitud. En ese momento se sentía vacío por dentro y mucho más ahora que sabía que Miroku estaba sufriendo. Por el camino le había dicho que lo despidieron de la editorial por hacer un show.
Por primera vez después de aquel accidente, se concentraría en su mejor amigo y dejaría de lado sus problemas personales que no lo estaban llevando a ninguna parte.
Miró su celular cuando escuchó el sonido de un mensaje. Era de Sango:
"Me contó Kagome que vas a anular tu matrimonio con Kikyō. ¿Quieres mi ayuda?"
Suspiró. Se suponía que iba a decirle que él fue quien estaba detrás de todo eso, que Miroku quiso decirle desde un principio, pero él lo detuvo.
Sin embargo, no quería confiarle el caso de su matrimonio a otro abogado. Después daría la cara.
Tecleó una respuesta corta que fue recibida en segundos.
"Sí".
Continuará…
Actualizaciones consecutivas, empiecen con su conteo regresivo cuando yo les diga.
Tuttynieves: ya se está acercando la parte buena, el fic está a punto de alcanzar su clímax, así que sé paciente.
Laurita Herrera: Uy lo que se viene con Miroku y Sango no te lo vas a creer. Estoy muy emocionada.
Chechy14: tienes que pasarme tu Facebook, por favor HAHAHA. Amo tus reviews, gracias por pasarte. Kikyō embarazada, la verdad no se me habría ocurrido HAHAHA.
Elyk91: ¡Me encanta que Kikyō arremete contra Yura por Sango! Es un detalle que debes tener muy en cuenta para el capítulo en donde explota la bomba, es la frase con la que termina el capítulo y es tan gratificante, casi placentero.
Ferchita: Te amo.
A Ally, Iseul, AIROT TAISHO y Aomecita Taishō que se está volviendo a pasar por aquí, disfruten de la lectura. Espero actualizar mañana también.
En el próximo capítulo:
«—Ma…Madre… —escondió el rostro a la altura del vientre femenino y dejó recorrer un par de lágrimas. No sabía si lloraba por él, por ellos o por todos, pero parecía estar viviendo un duelo emocional terrible—. Papá…
[…]
—¿Qué haces aquí? —Inquirió con un tono seco, pero estaba asombrado.
Ella lo miró después de remover su bolso en el hombro y echarse el cabello hacia atrás.
—InuYasha… —¿Realmente te conozco, InuYasha?—. Traje tus cosas, están afuera.
[…]
Aun así, Kikyō lucía nerviosa. Se veía más pálida aún de lo que ya era y casi podía jurar que oía su corazón acelerado.
"¿Qué estará ocultando Kikyō? ¿Habrá venido para vengarse de mí?"».
