53. Rumbos imprevisibles
Bella mantenía los ojos cerrados y la boca entreabierta mientras su cuerpo se agitaba a un ritmo cada vez más acelerado.
Edward, arrodillado en el filo de la cama, tenía la cara enterrada en su sexo y sujetaba una de sus piernas por el muslo, apartándola a un lado a la vez que realizaba suaves caricias en el punto que, según se había informado, con cierta estimulación extra podía resultar deliciosamente placentero. Era justo lo que trataba de comprobar.
Ella aprovechó la mano con la que acariciaba las hebras de su cabeza para acercarlo más, gesto ante el cual Edward chupó con mayor ímpetu, a la vez que su otra mano se movía con una creciente rapidez sobre su erección.
—Edward...
Él la miró desde su sitio y Bella volvió la cabeza hacia arriba y cerró los ojos. Esa era su señal. Pasó la lengua rápidamente por toda la zona y acabó centrándose en dar ligeros golpes a su clítoris con la punta. Entonces la castaña explotó en su boca sacudiendo las caderas de una manera violenta, seguido de un ligero jadeo.
Edward dejó de sujetar su pierna buscó a tientas las toallitas húmedas a su lado segundos después antes de que le tocara su turno. Dejó escapar una fuerte bocanada de aire y se nubló por el placer durante un momento, respirando con la mejilla pegada al muslo de Bella. Luego volvió a apartar su pierna con una mano y siguió estimulándola de forma más suave a los lados de la zona sur de su sexo. Se entretuvo allí unos segundos antes de volver arriba, besar el capuchón de su clítoris y succionarlo entre sus labios hasta brindarle un segundo y buen orgasmo. Edward persistió en su sitio durante un breve tiempo, y cuando las manos de Bella soltaron el fuerte agarre de su cabeza y de la manta, tomó la iniciativa de moverse.
—¿Mejor?
Ella se reincorporó con suavidad y volvió a encajar sus pies, cubiertos con las medias verdes hasta las rodillas, en los mocasines negros mientras se tapaba un tanto con la falda. Sin embargo, continuó con las piernas abiertas hasta que Edward le pasó el paquete de toallitas húmedas con una de sus manos. Era un material mucho más eficiente y práctico para esos casos.
—Es una nueva manera de lidiar con el estrés —señaló Bella con gracia, sin dejar de observar cómo él volvía a arreglarse los pantalones y quedaba listo para ir a clase—. Vete a lavar la boca, anda.
—¿Otra vez? —Edward bufó al mismo tiempo que ella rio.
Y es que ambos seguían usando el enjuague bucal antes de esas actividades, pero...
—Estás lleno de mis... ehm, bueno. —Bella señaló con el dedo las zonas alrededor de la boca y barbilla donde veía rastros mojados.
—¿Y qué?
Ella lo golpeó en broma.
—Tonto...
Y entre un par de risas y momentos así, Bella se acabó de limpiar y poner las bragas antes de ir a asearse al baño con él.
—¿Lo has disfrutado? —preguntó él, secándose la boca con el brazo delante del espejo.
Ambos soltaron otra de sus carcajadas repentinas, provocadas por el hecho de observar físicamente la imagen del otro al revés.
—Mucho, y lo sabes bien —remarcó Bella, ante lo que Edward asintió.
—Ha valido la pena levantarse a las seis en punto, entonces.
Ella sonrió frente al espejo.
—En efecto.
Edward se inclinó y le besó la frente mientras sus brazos la envolvían de manera cariñosa.
—¿Quieres que repasemos literatura otra vez de camino a clase?
Ella suspiró y negó.
—Mejor te ayudo a repasar lo que tenías que memorizar para biología —propuso—. Literatura ya la tengo muy vista.
—¿Seguro?
Bella se encogió de hombros.
—Necesito darme un respiro más largo. —Y es que tantas horas seguidas en el tema le habían acabado por romper la cabeza.
Edward asintió.
—En ese caso... está bien.
Pero mientras iba explicándole el tema para repasarlo por el pasillo, él notó la manera en la que Bella se calentaba los brazos con las manos.
—¿Tienes frío?
—Pues un poco sí —replicó risueña. Cuando empezaron a ponerse mimosos, Edward le había llegado a quitar como máximo el jersey y la americana antes de comenzar a descender sobre su cuerpo, y el cambio de temperatura de entonces añadido a la falta de capas de ropa manifestaban su necesidad por abrigarse.
Edward asintió.
—Vamos al cuarto a por tus cosas.
Él mostró tal disposición hacia ella, que al entrar a la habitación detrás de ella ni siquiera se tomó la molestia de cerrar del todo la puerta y directamente fue a recoger sus cosas al mismo tiempo que Bella se sentaba en el borde de la cama.
Edward hizo muecas graciosas mientras se agachaba para recoger el jersey del suelo, seguido de la americana sobre la silla del escritorio pero, cuando le llevaba ambas piezas entre sus manos, algo salió disparado de uno de sus bolsillos.
Antes de que Bella pudiera darse cuenta, él recogió la piedra con el ojo dibujado entre sus manos.
—¿Y esto?
Bella se quedó estática por un momento. Quisiera o no, tenía que ser sincera.
—Me... me lo dio tu madre.
Edward frunció el ceño exageradamente.
—¿Cuándo?
—Ehm... bueno, es que la visité el mismo día que fui a hacer el trabajo en casa de Jess —confesó con timidez, mientras él se sentaba a su lado y le daba las prendas para vestirse—. Aproveché para compartir con ella las galletas que no salieron bien.
Edward no podía salir de su asombro.
—¿Y por qué no me habías dicho nada?
Bella frunció los labios.
—Estaba esperando el momento correcto para hacerlo.
Y él rio de forma irónica.
—Bella, tal vez no sea de mi agrado, pero visitar a mi madre tampoco es un delito —señaló con las cejas alzadas, acercándose y entregándole la piedra—. Así que me lo podrías haber contado.
Sin embargo, después de volver a ponerse el jersey y la americana, Bella seguía consternada.
—¿Qué pasa?
Ella se tomó un segundo para prepararse a nivel mental.
—Es que hay algo más... que te quería mencionar.
—¿El qué?
Bella jugó con los dedos, inquieta.
—No te lo quise decir el viernes porque no quería arruinar nuestro día, pero...
—Bella, ¿el qué?
Ella suspiró.
—Me contó su secreto, Edward —dijo sin más—. Como también el origen de tu rencor...
Edward palideció rápidamente.
—¿Qué?
Bella formó una mueca.
—Me dijo todo —repitió con voz lastimera—. Justo después de pedirme que no la juzgara. Algo irónico, la verdad, porque había hecho justamente eso contigo dos minutos atrás en la conversación... Pero igual me hizo darle mi palabra para confiar en mí, como si eso fuera todo lo que necesitara para asegurarse de que lo cumpliría.
—Y lo harás...
Ella asintió.
—Por supuesto —le aseguró sin un atisbo de duda.
Él soltó una risa ahogada.
—¿Aunque eso signifique callarte lo que sientes por dentro?
Bella frunció los labios.
—Si hay algo que debería callarme, Edward, y no haré... es que sigo sin compartir tu actitud hacia ella.
Edward la traspasó con los ojos.
—¿Acaso no comprendes el dolor...?
—Concuerdo en que fue una experiencia... chocante.
—¡Demasiado! —enfatizó él.
Ella suspiró.
—Hasta casi traumática, vale —reconoció Bella, también siendo comprensiva desde su perspectiva—. Pero eso es algo que ella no hizo adrede. Al menos ya estabas en edad de comprender que...
—¡Es que Bella, no es cuestión de edad! —exclamó él con enfado—. Y no trates de justificarla.
—No lo hago, pero es tu madre, Edward —recalcó Bella—. Es una persona humana, y todos cometemos errores como tal...
—Unos son peores que otros —la cortó, con un ritmo de voz impaciente—. Y lo siento, pero hasta ahora no me nace perdonarla. No me surge, y además... tratar de evitar cometer los errores de mi padre me ha ayudado mucho.
Ella cogió su mano entre las suyas, en modo de conforte.
—Aprendemos de nuestros padres...
—Exacto —soltó con rabia.
Bella sonrió.
—Y es por eso que debemos de...
—Bella, no estoy de humor para tus sermones y reproches ahora, ¿vale? —Bufó y apoyó un codo contra su rodilla, malhumorado.
Ella mantuvo silencio, fijándose en lo tenso que demostraba su postura. Realmente estaba afectado por estos hechos.
—Edward, siento si te he hecho sentir mal...
Él negó, chasqueando la lengua.
—No es eso —le aclaró—. Hasta ahora nadie más que mi padre, Lillian y yo conocíamos esto...
—Comprendo —añadió ella con una mueca.
—Y esto jamás ha salido del círculo familiar —recalcó Edward—. Pero tampoco es como si de cierta forma no es como si no fueras a ser parte de ella, ¿verdad?
A Bella se le detuvo el corazón justo en el segundo que él se giraba y fruncía los labios. Sus manos seguían unidas, y sus dedos acariciaban los suyos. ¿Eso significaba lo que sonaba? ¿Era algún tipo de declarac...?
—Mi intención es que que duremos —continuó él—. Pero aunque no pase, sé que puedo confiar en ti y eso no cambiará jamás.
Bella negó con la cabeza.
—Edward... yo...
Pero nunca llegó a finalizar la frase. Sus labios se lanzaron a besarla, justo antes de notar el temblor de sus manos y una lágrima salada surcando sus comisuras. Bella besó el rastro de su mejilla e inmediatamente volvió a sus labios, humedeciéndolos y amoldándolos a los suyos.
Ninguno de los dos se imaginaba que Rosalie todavía hubiese estado rondando por la casa, al negarse rotundamente a ir con Alice a su hora habitual, y que momentos atrás hubiese cruzado el pasillo debatiendo entre ir a clases o no por el marrón del viernes pasado. Mucho menos aún, que oírlos de repente capturase su atención y la instase a quedarse escuchando de forma clara lo que decían a través de la puerta de la habitación entreabierta...
nnn
—Mamá, ¿podemos irnos ya?
En medio de su perturbación, Esme agachó la cabeza para dedicar unas palabras de aliento a su hijo, moviendo las piernas sin parar en medio de la banca del tribunal.
—Ya falta poco, hijo.
—Todo va a estar bien, ya verás —añadió Carlisle, justo al otro lado del pequeño. Había logrado pasar los últimos meses conociéndolo poco a poco.
El niño dejó de mirar la sala pintada de tonos marrones y ocres para dedicarle atención a su padre.
—Pero no me gusta estar aquí...
La intención de su madre era reprenderle con suavidad. Pero enseguida se arrepintió, pues vio su cara de perturbación y recordó que no vería su sonrisa en semanas.
—¿Quieres que te dé la Nintendo para entretenerte un rato, Moro Mou?
—¡Mamá! —exclamó de forma sobre exagerada, a lo que ella rio.
—Lo siento, es verdad. Que te has hecho mayor, sí —le aseguró—. Ya no eres un bebé.
Lo miró nostálgica a la vez que una lágrima se derramaba de su mejilla sin poder evitarlo.
—Estás llorando.
Ella asintió lentamente, acción que aumentó más todavía la confusión del niño.
—Tú nunca lloras.
—Pero ahora sí... —susurró con ternura.
—¿Por qué?
Ella sonrió.
—Porque te quiero como a nada en la vida...
Un golpe de un martillo los sacó de su ensoñación, sacándolos rápidamente de la ausencia en el lugar que estaban.
"Se concede la petición del reconocimiento de Carlisle Cullen sobre la paternidad de Edward Cullen."
"Se otorga el cambio de residencia del menor Edward Cullen, sostenida hasta ahora sobre la madre biológica, Esme Platt, al padre biológico del mismo."
nnn
Una vez fuera de los tribunales, Esme guardó un ritmo lento mientras se dirigían hacia el coche. Entonces avanzaba sin querer avanzar. Después de haber tenido tanta prisa en que todo acabara por fin, se dio cuenta de la punzada en el pecho que le provocaba el pensamiento de separarse de su hijo.
—Escucha, estás tomando la decisión correcta, ¿vale?
Esme asintió.
—Ξέρω...
Lillian rio y negó con la cabeza.
—Sé que nunca me equipararé a ti, pero te aseguro que a mi lado no le faltará nada —afirmó con sinceridad absoluta—. Lo cuidaré lo mejor que pueda.
Esme miró a la morena, y solo vio a la amiga sincera que se ganó una década atrás.
—Sé que contigo estará bien.
Lillian asintió y procedió a acompañarla hasta donde estaba el pequeño Edward. Sabía que a continuación venía lo más duro.
—Os dejo unos minutos a solas, entonces.
Se abrazaron y despidieron como las dos viejas amigas que eran, hasta el próximo reencuentro, antes de que Esme se quedara a solas con su hijo. Se agachó a su altura, y lo abrazó sintiéndose dichosa de notar su calor y el pálpito de su corazón, que pronto dejaría de sentir hasta sabe Dios cuándo.
El mismo esfuerzo que había aplicado Carlisle en los últimos meses, ahora le tocaba ejercerlo a ella.
—Zoi Mou... ahora irás con tu papá durante un tiempo —comenzó, tratando de que la voz no le temblara—. Tal y como te lo expliqué tantas veces, ¿de acuerdo?
Edward asintió con lentitud, mientras ella le pasaba la mano por la frente.
—Iré a un colegio nuevo... —murmuró él, desanimado.
—También harás amigos nuevos allí, ya lo verás —insistió Esme—. Y podrás hacer todos los deportes que quieras.
A pesar de que se lo decía con la más grandes de las sonrisas, disimulando su dolor, él casi parecía estar al borde de las lágrimas.
—Pero no quiero separarme de ti, mamá.
Y al segundo, ella notó a sus pequeños brazos rodeándola. Ello lo apretó fuertemente contra ella, incapaz de procesar todo lo que estaba sintiendo.
—Te llamaré todos los días. ¿De acuerdo? Y si eso no te sirve, llámame a cualquier momento del día que quieras también.
Él asintió, y su madre se inclinó a besar su cabeza.
—Σε αγαπώ.
Él sonrió.
—Y yo a ti, mamá.
Y tras el momento de su abrazo, ambos se despidieron a través del cristal del coche en lo que Carlisle lo ponía en marcha... y se se alejaban del lugar.
Vocabulario
Zoi Mou: Expresión de cariño griega, que se traduce como "mi vida".
Moro Mou: Expresión de cariño griega, que se traduce como "bebé" y que Edward directamente relaciona como un mote infantil que intenta que su madre deje de emplear con él.
Ξέρω: "Lo sé"
Σε αγαπώ: "Te quiero"
💎¿Y ahora qué planeará Rose, eh? 👀Porque no está de humor y la conversación de la parejita... bueno, todavía no sabemos qué ha logrado escuchar y qué no. 😉 Con respecto a la historia de Edward, cada vez vamos adivinando más cosas. 😎 ¿Qué será lo que tanto le atormenta de la historia de su madre?
💎¡Hola! 😊😊😊Respondiendo a algunos de los comentarios del anterior capítulo... sí, las escenas calientes entre estos dos son particulares y graciosas (no tanto porque sean primerizos, que también, sino porque tenemos que tener en cuenta quienes son estos dos).
💎Otro apunte más. ❤️❤️❤️IMPORTANTE❤️❤️❤️ Como sabéis, ambienté la historia en la época actual. Tuve el esquema formado desde el año pasado, así que muchos detalles no cuadrarán con la pandemia. Modificaré el año una vez acabe el fic. ❤️
💎 Sé que debo a todas una disculpa por estar tan perdida. La pandemia literalmente ha cambiado cada etapa de mi vida y la manera en que organizaba todo. He estado tan ocupada que... me olvidé de la última vez que actualicé en esta plataforma. Realmente, jamás pensé que me había ido por tanto tiempo. Lo lamento muchísimo... pero aunque me tarde para subir, vuelvo a afirmar, no voy a dejar la historia. Intentaré no tardar tanto la próxima vez. ❤️❤️❤️❤️❤️
💎Muchas gracias por la paciencia y por los comentarios de apoyo que he recibido a pesar de todo. Os adoro con el alma. Kisses! 😘😘😘😘😘
