Mientras Aden y Maddie Woodward subían en el ascensor de personal junto a Josephine Harper, la enfermera favorita de ellos que atendía hasta ese momento a su hermana, no sabían bien que esperar o que encontrarían cuando atravesasen el pasillo con ella llegando a la habitación 314, la cual habían destinado a Luna.

Harper les estuvo hablando en todo momento durante el breve recorrido, ofreciéndoles palabras de animo y respondiendo a todas y cada una de las preguntas que les surgían en todo momento.

Aden no quería admitirlo pero estaba nervioso por verla, y en el fondo sabía que Maddie se encontraba igual porque no dejaba de preguntar cosas a Harper y de hablar.

Harper se reportó en el mostrador saludando a varios enfermeros, y médicos que se encontraban consultando algunas cosas en el ordenador y se encamino con los chicos hacia el final del pasillo.

Antes de abrir lentamente la puerta Harper les advirtió que no debían impresionarse demasiado por su aspecto ahora que le habían retirado algunos de los vendajes, apósitos y los tubos del respirador aunque aún debiese llevar la sonda nasogástrica que la alimentaba, y algunos cables que la conectaban a varios aparatos y al monitor que vigilaba sus constantes vitales.

Iba a ser un gran cambio verla así dado que en la UCI la mantenían cubierta hasta el cuello con una verde sabana, y le mantenían la larga y rizada melena encerrada en un verdusco y transparente gorro que evitaba que se enredasen sus risos en los tubos.

El tiempo de visita en la UCI no superaba nunca la media hora y las visitas eran pocas y contadas, Ilian solía ir a verla cada día le dejasen pasar o no, tan solo con la intención de tratar con los médicos. Maddie y Aden solían ir al menos tres veces a lo largo de la semana, y Ontari solía acudir los fines de semana dado que las visitas eran más escasas y la gente solía aprovechar esos días para desconectar. Lexa era un caso aparte, ella evitaba tener que ir y verla de aquella forma, cuando lo hacía siempre iba sola y no solía decirle a nadie que lo había hecho.

Desde que a ella le dieron el alta bastantes semanas después de que ingresasen de Urgencia las dos, le había costado mucho el poder recuperar cierta normalidad y lidiar con su recuperación.

El estado de Luna se había agravado por momentos, e Ilian se había tenido que hacer cargo de todo cuando ni ella ni Lexa podían hacerlo.

Tras volver a casa Lexa había actuado obviando de alguna forma la dura realidad que sin esperarlo, sin quererlo les había golpeado a todos donde más dolía.

No todos lo habían entendido en un primer momento, especialmente ellos, pero con el tiempo habían dejado de ejercer en ella cierta presión.

Cada uno de ellos era diferente y cada uno de ellos enfrentaba los problemas a su manera, lidiando con ello como mejor podían.

Casi tres meses después del accidente las facturas del hospital habían comenzado a ser desorbitantes, y la presión para Ilian y para Ontari fue aún mayor, en cuanto Lexa regresó a casa se centro de lleno en aceptar turnos extra en el Cafe Arkadia y en el Red Sky.

Para ninguno de ellos era un secreto que aquel club era un club de striptease y que Octavia y Lexa trabajan allí como camareras, lo que Aden, Maddie y Ontari no sabían era que no solo trabajaban de camareras.

Habían oído rumores y algún que otro comentario en las calles, pero siempre habían tachado estos de habladurías y aunque sospechasen en cierta forma que alguno de esos comentarios pudiese ser verdad, jamás se habían atrevido a preguntarle a Lexa o a Octavia abiertamente.

En parte porque en el fondo tenian cierto miedo de conocer la verdad, y tener que admitir la realidad.

Antes de lo ocurrido Luna trabajaba como encargada del Paradise, uno de los clubs nocturnos que Becca regentaba mucho antes de abrir el Red Sky como jefa de sala y de personal.

Durante años había trabajado en todo tipo de cosas para sacarles a todos adelante aceptando limpiar habitaciones de motel, trabajando muy duramente como camarera en varias cafeterías y bares entre ellos el Ice Azgeda para Nia antes de que le perteneciese a Roan. Aceptando turnos extras como dependienta en un viejo supermercado de la zona.

Habían sido tiempos muy complicados y difíciles aquellos pero con más o menos dinero, habían logrado salir adelante sin la ayuda de Gustus ni de Layla, su madre.

Las cosas se volvieron mucho más fácil cuando comenzó a trabajar en el Paradise, Becca vio potencial que explotar en ella y aunque ella la quería para otro tipo de cosas, había aceptado que fuese solamente la encargada de su local.

Por supuesto, no eran amigas pero si eran cercanas y confiaba su negocio a Luna, por su carácter fuerte, reservado y sobretodo decidido. A Luna no le temblaba el pulso a la hora de despachar a cualquiera de esos petulantes capullos que se comportasen mal en el local creyéndose dueños y señores por solo tener pasta, y era capaz de manejar a Russell y a los tipos como duros y peligrosos como él como solo la mismísima Becca hacía.

Había sido así como había comenzado a tener contacto con el mundo de las carreras, las Racers Nights eran lo bastante rentables como para llenar el Paradise poco después de finalizar, y de atraer nuevos clientes que llenaban los locales de la zona moviendo mucho dinero en Scranton Crow.

Un par de años después de que Becca y Russell se asociasen, y abriesen clubs y pubs por toda la ciudad, llegaron los Talleres Nakaras un negocio encubierto perfecto para atender la demanda de participantes en las carreras y el negocio de la droga el cual Russell manejaba a la perfección entremezclandolos.

Ilian había comenzado a trabajar allí despues del instituto y cuando decidió que aquello era lo suyo, se comprometió a ello. Luna le permitió trabajar allí con una sola condición, que no dejase de estudiar y él sencillamente no había podido cumplirlo.

Lexa por otra parte había entrado a trabajar los fines de semana en el Paradise como camarera bajo las ordenes de su mayor hermana y Octavia, poco después también consiguió una oportunidad.

Cuando Becca abrió el Red Sky y ofreció a ambas sacarse un dinero extra ofreciéndoles unas cuantas noches más a la semana, ambas aceptaron.

Necesitaban el dinero y aunque a Luna no le hiciese demasiada gracia que su hermana estuviese allí, no le quedo más remedio que respetar su decisión.

Ilian y sus amigos solían colarse en el club desde los catorce años, pero no fue hasta un par de años después cuando pudo acceder a la zona VIP y a los reservados que vio que aquel club se dedicaba a algo más que a servir copas y poner música mala en la planta baja.

Las cosas se precipitaron un poco y cuando descubrió la verdad acerca de lo que Lexa hacía para llevar mucho más dinero a casa, amenazó con contárselo a Luna si Lexa no dejaba de hacerlo.

No hizo falta, Luna se entero un par de meses después por uno de sus clientes del Paradise y la enfrentó. De ningún modo quería que Lexa se viese involucrada en algo así, pero siendo mayor de edad por mucho que quisiese no podía obligarla a nada.

Ella le prometió que sería solo algo puntual, ocasional el bailar en el club, y que Diyoza en seguridad las tendría a todas más que cubiertas sin embargo a Luna nunca le hizo demasiada gracia esa idea.

El tiempo fue pasando y las cosas fueron tomando cierta normalidad, cierta forma y el dinero que entraba en casa por parte de ella, Lexa e Ilian logro darles algo de tregua y respiro. Ontari hacía de canguro algunas veces por lo que conseguía su propio dinero para algunos gastos y cuando los mellizos crecieron un poco más comenzaron a hacer algunas triquiñuelas por su cuenta para sacar algo de pasta por su parte y aportar en casa también.

A Gustus nunca le importó enterarse de unas cosas y otras, para él sus hijos eran lo suficientemente mayores como para arreglárselas por su cuenta, la pena era que lo pensaba desde que Layla se fue e inconscientemente les culpaba de su partida y abandono a ellas y no a su mala cabeza.

El caso era que a él era a quien debían de dar menos explicaciones las pidiese o no.

De vez en cuando ocurría una especie de milagro, Gustus cambiaba radicalmente de forma de ser y de pensar, y se proponía estar sobrio por un tiempo, terminar con el tipo de vida que llevaba y comenzar de cero con ellos.

Eso no duraba.

Tardaron un tiempo en aceptar que él era como era y que no iba a cambiar nunca.

Pero si ni siquiera se había interesado por saber como estaba Luna, ¿qué podían esperar el resto de ellos?

No, hacía ya mucho que ninguno esperaba nada de él.

Para ellos representaba solamente un mueble adicional más de la casa, una especie de inquilino malo al que tolerar.

Instantes después de abrir Harper la puerta de la habitación les hizo pasar tras ella y se dirigió directamente hacia las ventanas para abrirlas un poco más y que se ventilase mejor la habitación ahora que Luna tendría visitas.

La habitación a Aden y a Maddie no les pareció ni demasiado grande ni demasiado pequeña, era luminosa y espaciosa porque faltaba la otra cama que correspondía a su lado, y el mobiliario se limitaba a la mesa, un par de sillas, dos sillones de cuero marrón y las maquinas que rodeaban la cama de Luna, nada más.

Dos grandes ventanales con grises persianas bajadas hasta la mitad para permitir entrar la luz y algo de aire a la habitación completaban toda la decoración de las celestes paredes.

Habían muchas menos maquinas de las que ellos recordaban haber visto en la UCI, y aún así seguían pareciendoles que habían demasiadas.

La cama estaba ligeramente reclinada para favorecer la oxigenación de Luna que permanecía tendida en la cama bajo las blancas sabanas colocada ligeramente de lado apoyada en varias almohadas que Harper enseguida se acercó a cambiar para poder recostarla nuevamente.

—Como ya os he dicho es importante no dejar que este siempre en la misma posición —les dijo Harper retirando las almohadas comprobando antes que todo que la sonda nasogastrica siguiese en su sitio, no desconectarla del monitor y que estuviese lo más cómoda y confortada posible—. No queremos que se le hagan escaras, ¿verdad?

Aden que se acercó al borde de la cama con cierta cautela sintiendo a Maddie colocarse a su lado y la encontró mucho mejor de lo que realmente esperaba hacerlo.

—Su pelo... —murmuró Maddie con una suave sonrisa encontrándolo suelto ahora sobre la almohada.

Harper que le acomodaba bien la cabeza ahora sonrió gentilmente un poco a los chicos a modo tranquilizador.

—Oh, se lo hemos lavado bien y peinado un poquito para que se encontrase más guapa —dijo cariñosamente la rubia enfermera acomodando la maraña de rizos bien sobre la almohada—. ¿A que si, Luna?

Aden que quiso acercar su mano a la suya la tomó con cuidado entre las suyas y acarició su dorso con el pulgar.

Las marcas, los moretones y las cortes después de tantísimos meses ya casi habían desaparecido por completo, aunque las cicatrices de las intervenciones a las que había sido sometida se encontrasen aún rosáceas y recientes.

Maddie que llevo la mano a su larga melena la cual siempre le había encantado arreglar y peinar y la cual le hubiese gustado heredar, se inclinó y poso sus labios dulcemente sobre su frente sintiendo su piel limpia y fresca con un suave aroma a jabón y a antiséptico.

—Ella siempre está guapa —repuso Maddie con admiración y cariño sonriendo al rostro de Luna.

Aden se inclinó hacia delante acercando la mano de Luna a sus labios y también se la besó.

—Tiene mucho mejor color que la última vez que la vimos, ¿no os parece? —preguntó Aden algo inseguro sonriendoles.

Harper que se acercó a los pies de la cama levantó un poco los pies de Luna para acomodar bien el colchón y les sonrió cubriéndola bien con la sabana para que no se enfriase.

—Y cada vez va a ir a mejor, nos ocuparemos de que así sea —les animó ella sonriendo a los niños con aprecio y después a Luna disponiéndose a acomodarla un poco mejor—. Ahora que el peligro ha pasado, todo irá a mejor.

Continuara...