Capítulo 54

Que Dios nos ampare si es que puede

No puedo creerme que nos esté pasando esto, en realidad ni siquiera termino de comprender que es lo que se supone que está sucediendo.

Por lo que parece estamos retenidos en un hospital desde hace días, pero no sabemos por orden de quien.

Dos hombres, uno más mayor y un chico un poco más joven que Glenn nos traen comida con regularidad, aparte de eso, no nos dirigen la palabra.

Nos mantienen tensos ante la expectativa de lo que nos harán.

Aunque ahora tenemos un adelanto bastante fiable de que lo que nos espera no es en absoluto agradable, eso en caso de que albergásemos alguna esperanza sobre otra posibilidad… Hoy, durante toda la mañana se han encargado de despejárnosla con gritos horribles de dolor, de cuyo motivo prefiero desconocer la causa.

-Parece que el Gobernador finalmente se ha salido con la suya.- Murmura la chica que acogió Glenn después de la batalla. –Lo siento mucho.-

-No te preocupes,- dice Glenn intentando relajarla, -tú no tienes nada que ver con esto.-

Los tres estamos encerrados en un pequeño quirófano, cada uno apoyado en una pared distinta a la de los otros dos, esposados a una especie de peso que no hay quien mueva solo.

Como pajarillos atrapados en una jaula.

-Tenemos que intentar mantenernos firmes.- Digo con la vista clavada en mis pies, deseando tener la fuerza suficiente dentro de mí para poder sacarnos a todos de aquí.

Al menos a todos los que aún sigamos vivos, ya que por lo que sabemos bien podríamos ser los últimos.

-Maggie mírame.- Me pide Glenn. Yo lo hago descubriendo que me sonríe intentando animarme. –Sé que no pinta bien, de hecho pinta peor que nunca pero si hay alguna posibilidad de salir de esta, por improbable que pueda parecer, la aprovecharemos.- Siempre positivo, siempre viendo el lado bueno del momento más oscuro.

-Lo sé, pero hay que hablar sobre lo que puede suceder.- Respiro hondo. –Si es cierto que el Gobernador está detrás de esto tal vez tengas que ver como nos…- Miro a Tara dudando antes de decir la palabra. –Como nos violan.-

-No pienso consentir eso.- Niega Glenn furioso ante la idea.

-Glenn, escúchame.- Le pido necesitando que me preste atención. -Cabreándoles para intentar distraerles lo único que vas a conseguir es que te den una paliza, no vas a poder detenerles si eso sucede… Así que vas a tener que controlarte,- me paso la lengua por los labios nerviosa. –Porque si tengo razón entonces va a depender de ti el encontrar una oportunidad que podamos usar después para escapar.-

-¿Ese hombre sería capaz de algo así?- Me pregunta Tara asustada y asqueada a partes iguales.

Yo asiento recordando como Cassidy le paró la vez en la que nos retuvo a mí y a Glenn en Woodbury, aquel día tuve suerte, pero no creo que esta vez ella pueda volver a salvarme.

Sabiendo lo mucho que él la odiaba debe de llevar muerta días a estas alturas.

-Pase lo que pase, te quiero.- Me dice Glenn con los hombros rígidos, -te querré siempre.-

-Y yo a ti.- Digo sin permitirme derramar ni una sola lágrima, porque si me ve flaquear ahora no podré pedirle que llegado el momento se mantenga tan al margen como sea capaz.

Aunque conociéndole sé que no lo conseguirá, siendo sincera yo en su lugar tampoco podría.

De pronto el hombre más mayor entra en el quirófano trayendo consigo un gran cubo de basura.

Sin dirigirnos la palabra como ya es habitual hace su trabajo, echa papeles y más papeles hasta que llena el cubo.

Una vez hecho eso le prende fuego haciendo así una hoguera improvisada.

Extrañados miramos todo el proceso en silencio.

Él sale un segundo después y vuelve a entrar con lo que parece ser la balda de una estantería de hierro que coloca con cuidado de no quemarse encima de las llamas.

Para terminar pone sobre la balda un machete, como si estuviese organizando alguna clase de barbacoa macabra.

-¿Qué va a hacer con eso?- Le pregunta Glenn intentando hacerle hablar. –Eh, oiga, sé que puede escucharme.- Insiste. -¿Para qué es eso?-

-Pronto lo sabréis,- le responde sorprendiéndonos a los tres. Dedicándonos una mirada extraña, como si estuviera sopesando quien será el primero. –Entra de una vez Pete.- Dice con voz firme sobresaltándonos.

El chico hace lo que le ordena mirándonos más incómodo de lo que suele ser común en él, es entonces cuando me doy cuenta de que no lleva su machete a la cintura como hacen siempre él y su compañero.

Aunque el otro hombre sí que lleva el suyo. De modo que la hoja que se está calentando lentamente en el fuego es la de él…

Aquí está pasando algo… Pero antes de que tenga ocasión de concentrarme en ello ambos se acercan a Glen y le golpean con saña.

-No.- Digo apretando mis pies contra el suelo, como si pudiera tomar el poder dormido de la tierra y parar todo esto.

No sucede y ellos no se detienen hasta que no están satisfechos. Una vez tumban a Glenn con sus golpes le desenganchan del peso y le cuelgan de un gancho que hay en el techo.

No había reparado en ese detalle hasta ahora.

-Hijos de puta.- Les insulto escupiéndoles a los pies cuando pasan ante mí para salir.

El chico acelera, pero el mayor se me queda mirando de arriba abajo.

-Supongo que una puta siempre es capaz de reconocer al hijo de otra ¿no? ¿Es algo que se huele o cómo lo hacéis?- Dice desabrochándose los pantalones.

Desde su pared escucho como Tara comienza a jadear a causa de la ansiedad.

Por mi parte aprieto la mandíbula con fuerza y alzo la barbilla de manera retadora.

No voy a suplicar, ni a permitir que me haga sentir débil me ocurra lo que me ocurra.

Pero para mi sorpresa, agacho la mirada repugnada al sentir como comienza a mearse sobre mí, riéndose al humillarme.

La rabia me corre por las venas pero aguanto el tipo como puedo manteniendo la cabeza baja pero el espíritu firme.

Cuando termina de usarme como retrete apesto a orina.

-Eso es, estás mucho mejor con el hocico cerrado, cuando venga el Jefe asegúrate de mantenerlo así sino quieres que metamos a tu marido de cabeza en el fuego.- Dice escupiéndome antes de marcharse.

Pero eso no me preocupa.

-¿Maggie…?- Me llama Tara insegura.

-Estoy bien.- Digo rotunda sin desviar la vista de Glenn colgado de ese gancho.

-¿Qué crees que van a hacernos? No parece que vayan a limitarse a… Bueno, a lo que has dicho antes.-

-Van a torturarnos.- Digo llevando mi mirada a la hoja que descansa sobre la parrilla improvisada, calentándose poco a poco.

-Dios mío.- Dice ella revolviéndose, esforzándose por soltarse de las esposas. No me molesto en decirla que es inútil, que ya lo ha intentado antes y que no ha conseguido nada, ahora está asustada de manera que necesita hacer algo, cualquier cosa. Ya parará cuando se canse.

Mientras tanto pienso, no puedo dejar de hacerlo aunque mis conclusiones no me lleven a nada realmente fiable porque me falta información.

Sin embargo a pesar de que desconozco quien está detrás de todo esto, empiezo a estar convencida de que no se trata del Gobernador ni mucho menos.

Sea quien sea lo que está claro por los gritos que ya hemos escuchado antes es que esa persona tiene mucho odio acumulado dentro y que nos va a usar para librarse de él, como si fuéramos alguna clase de terapia radical anti estrés.

Cierro los ojos dejando que se escape una única lágrima de mis ojos, negándome a derrumbarme porque he de ser valiente, por mi padre, por mi hermana, por todos a los que alguna vez he amado y por los que me aman.

-Que Dios nos ampare si es que puede.- Ruego esperando estar a la altura de quien necesitaré ser cuando lo peor comience.

Sobretodo espero no defraudarme a mí misma.

Trago saliva, no quiero girar el pomo de esta puerta, no quiero verle y sentirme como él.

No…

Ya es tarde. -Vaya, vaya, ¡mira que me ha traído el gato!- Dice Ethan mientras cierra la puerta de su despacho tras su espalda y continua avanzando hasta acorralarme contra la pared del pasillo.

-Ve… Venía a… Yo…- Le miro a los ojos y se me corta la respiración, es como una serpiente, hipnótico, peligroso, escurridizo, letal.

-¿A que venías?- Carraspeo intentando alejarme tanto como puedo de su sed de sangre, pero es tan, tan difícil.

-El hombre ya está colgado del gancho.- Digo temblando.

-Bien,- me clava el bisturí en el hombro arrancándome un siseo de dolor, no sé qué le excita más, sí eso, o ver como la herida comienza a sangrar. –Vamos.-

-¿Yo?- Pregunto sorprendido ya que suele preferir que sea Chin quien le ayude.

-Sí,- una mirada de lado, no necesito que lo ponga en palabras, no es buena idea que le haga perder la paciencia.

Siento la sangre de mis venas en ebullición ante el placer que Ethan experimenta cuanto más nos acercamos a sus nuevas víctimas.

Sin embargo nos detenemos ante el quirófano tres al escuchar un grito que consigue que mi corazón se salte un latido.

-Uy,- dice divertido, -me había olvidado.- Abre la puerta y vemos a un caminante pelirrojo esposado a un peso con las tripas esparcidas por el suelo, y la cabeza de otra devorándolas a pesar de que ya se haya transformado.

-Eres un monstruo.- Dice la mujer llena de ira, a poco menos de un metro de la muerte bajo los dientes de su amor.

Realmente ese hombre le importaba, puedo sentirlo, quiere venganza por su pérdida.

Conociendo a Ethan seguramente le suelte para que la devore, en cualquier caso yo espero y observo cual será su próximo movimiento.

Para mi sorpresa entra y de un pisotón destroza el cráneo de la caminante como si no fuera más que una cucaracha molesta.

-Lo soy,- dice acercándose indolente hasta la mujer, ignorando al pelirrojo. –Pero en mi opinión por despreciable que yo te parezca, es mucho peor ser la victima.-

-Por favor, no le deje así.- Le pide el hombre cubierto de vómito y esposado a la silla captando su interés.

-Dijo que iba a matarte,- le recuerda Ethan negando con la cabeza, -no eres Dios, no tienes porqué perdonar a los que te ofenden.- Dice apoyando las manos en sus hombros en un gesto amistoso.

-Monstruo,- le insulta la mujer de nuevo y yo cierro los ojos al notar la atención de Ethan sobre mí.

Ella le irrita.

-Entra,- lo hago incapaz de negarme, realmente mi cuerpo quiere obedecerle para disfrutar de la misma adrenalina que él experimenta con todo esto. –Levántate la manga de la camisa,- lo hago y se ven las quemaduras aún a medio curar, -acércale la mano a la boca.-

-¿Qué haces?- Me pregunta la mujer mirándome con incredulidad. -¿Es que quieres morir? Para, no le obedezcas.-

Y no quiero hacerlo, me gustaría decirle, el problema es que no puedo evitarlo, así que acerco mi mano, más, y más y… -Detente.- Me ordena Ethan, -apártate de él.- Le hago caso retrocediendo hasta la puerta del quirófano.

-Yo que tú, chihuahua, empezaría a entenderlo, si no me preocupa desprenderme de alguien que me es útil, ¿qué no sería capaz de haceros a vosotros?- En ningún momento la mira, centrado en el hombre del extraño corte de pelo.

Ethan quiere algo de él, ¿pero qué?

-Lo comprendemos, tú eres quien rige con mano de hierro estas instalaciones, eres nuestro anfitrión y no te ofenderemos más.-

Ah ya, sumisión, una de las cosas que más le gustan, al menos hasta que se aburre de ella.

-Sabía que tú eras el listo de la clase, empiezo a tener grandes esperanzas puestas en ti.- Dice palmeándole la cara para después dirigirse a la puerta.

-¿Pero le va a dejar así? ¿No va a matarle?- Pregunta angustiado.

-Os recomiendo que os acostumbréis al mal olor.- Les aconseja Ethan riéndose.

-No, por favor, señor.- Ruega el del corte de pelo extraño, pero es completamente ignorado, por el momento él ha acabado con ellos.

De vuelta al pasillo, sin mirarme, Ethan comienza a darme instrucciones, - al menos tenedlos tres días sin comer, ah y nada de limpiarles el vómito echándoles cubos de agua, tampoco os deshagáis del pelirrojo hasta que yo os lo diga.-

-Si Jefe,- digo imitando la forma de hablar que tiene Chin con él, tal vez si me comporto de forma parecida consiga algo más de libertad para así poder ayudar a Ginny a escapar de aquí.

-Una cosa más,- de repente, girándose más rápido de lo que soy capaz de percibir me da un puñetazo que me tira al suelo y me deja mareado.

-No,- susurro aturdido, levantando un brazo queriendo alejarle.

Pero Ethan camina imparable hacia mí hasta apoyar su pie sobre mi entrepierna, -no te acerques a mi hermana salvo que quieras que te la corte para que se la dé de comer a ella mientras miras.- Me estremezco de asco, dolor y expectación a partes iguales. -¿Me he explicado con claridad?-

Esto es un juego, como todo lo demás. Así que me arriesgo.

-¿Y sí me vuelve a pedir que la sujete Jefe? ¿Qué hago entonces?- Él se ríe sorprendido, no se esperaba eso.

-De acuerdo, tócala si yo te lo pido, sino…- Aprieta con su pie haciéndome ver las estrellas.

-Me queda claro,- digo jadeando a través de las lágrimas.

-Eres difícil de interpretar.- Dice serio, y cuando empiezo a temer que seguirá aplastándome el paquete hasta que se me reviente un testículo, se aparta. –Vamos Petie-Pie, tenemos juguetes nuevos para estrenar.- Dice genuinamente satisfecho ante el dolor que les va a causar.

Realmente, monstruo es una palabra que se queda muy, pero que muy pequeña para describir lo que él es, tal vez demonio sería más apropiado.

Para variar mi estilo un poco entro en el quirófano cuatro sin decir ni una palabra, y en cuanto estoy dentro noto la mirada de incredulidad de la hermana de Beth sobre mí.

Cuestionándose que implica para ellos que sea yo quien los retenga.

-Tú…- Dice finalmente Maggie, la miro ladeando la cabeza al ver que tiene el pelo húmedo.

-Dime la verdad, ¿en realidad te sorprende tanto?-

Ella frunce el ceño mientras niega, -tú la querías.-

-Tanto como es capaz de hacerlo alguien como yo.- Admito llevando mis manos a mis bolsillos, -¿por qué estás mojada?-

Ella arruga la nariz y aparta la mirada. –Tu perro tiene problemas de incontinencia.- Dice con desdén.

Ese comentario me hace mirar a Chin, él nunca se había tomado ninguna libertad antes, curioso, -lo siento Jefe.-

Me encojo de hombros sin darle importancia, -me da lo mismo como les humilles siempre que no les hagas sangrar, eso,- digo serio, -es cosa mía.-

-Entendido Jefe.- Responde más relajado al darse cuenta de que no le castigaré por lo que le ha hecho.

-Así que…- Maggie vuelve a prestarme atención, -¿así es cómo va a ser ahora que mi hermana ya no está para frenarte?- Eso me saca una sonrisa, apelando a mis sentimientos, bien jugado salvo por el hecho de que los pocos que tenía murieron al tiempo que le arrancaban los brazos a Beth sin que ella hiciese nada por intentar salvarla.

-Este momento habría llegado antes o después,- digo tranquilo cogiendo el machete del fuego, no está al rojo vivo, pero seguro que no será agradable tenerlo sobre la piel. –La única diferencia es que ella no está aquí conmigo para colaborar en vuestro tormento.-

-Mientes,- asegura la orgullosa señora de Rhee con los dientes apretados por la rabia.

-Yo no miento,- hago una seña y con unas tijeras Chin le corta la camisa a Glenn. –Fue ella quien ahogo a Bob en alcohol,- ese es un recuerdo muy especial para mí. –Con tiempo suficiente para dejarla explorar su lado más oscuro solo Dios y el Diablo saben lo que podría llegar a haberos hecho.-

-No, Beth era buena.- Insiste respirando agitadamente.

-Era una asesina y la amaba por ello, yo fui el único que la quiso por quien era realmente, tú jamás la comprendiste.- Digo sin ocultar mi aversión hacia ella por su cegara.

-No,- dice negándose la verdad así misma.

-Sí, y por eso siempre os empeñabais todos en infantilizarla, en hacerla creer que era débil, porque os daba miedo descubrir lo que era capaz de hacer.- Le digo con desprecio queriendo sacarme esa molestia del pecho.

-Te equivocas, yo sabía que mi hermana era fuerte, pero ella no era una asesina, Beth quería cuidar de los demás y…-

-No, Beth no quería cuidar de nadie, ese es el papel que le diste para sentirte cómoda a su lado igual que el resto, nada más.- Aseguro esforzándome por mantener mi respiración calmada. –De todas maneras si tanto la conocías, y tanto la querías, deberías haberte esforzado más por protegerla.- La reclamo.

Glenn gime a causa de nuestra conversación, comenzando a despertarse.

-No,- algo en mi mirada debe desvelar mis intenciones porque la voz de Maggie suena repentinamente como un piano mal afinado. –No le hagas daño a él, es conmigo con quien estás enfadado, no hice lo suficiente y tienes razón.- Admite nerviosa.

-Me alegro de que digas eso, el primer paso es reconocerlo.- Respondo apoyando la hoja contra el costado de Glenn, quien chilla abriendo los ojos de par en par ante el dolor.

Despertando así en plena pesadilla.

La otra chica no hace más que intentar fundirse con la pared y repetir las mismas palabras sin parar, ¿no entiendo como nadie sigue rezando en un mundo de muerte? ¿Qué esperan conseguir salvo silencio por parte del todopoderoso don nadie y un final brutal?

-¿Qué? ¿Ethan?- Pregunta Glenn sin entender nada cuando vuelvo a poner la hoja en el fuego.

-Sí, yo soy el malo, saltémonos lo de los reproches y las amenazas vacías para ir directamente a las súplicas, es mi parte favorita.- Digo centrándome en él.

-Haz lo que tengas que hacer.- Me replica frustrantemente tranquilo.

-Gracias,- digo colocando la hoja sobre su abdomen haciéndole gritar de nuevo, -pero no necesito tú comprensión, solo que sufras.-

Y eso es exactamente lo que obtengo, porque aquí, en este sitio, mi voluntad es ley.

-Quitadle los zapatos.- Digo a la vez que cojo el machete de Chin de su cinturón y se lo apoyo sobre la carótida, no por capricho sino porque quiero que comprenda algo, que si decido acabar con su vida él no podrá hacer nada por impedirlo.

-¿Jefe?- Su cuerpo en tensión, esperando el corte.

-Haz otra hoguerita bajo sus pies,- digo dejando su machete sobre el fuego para que vaya calentándose.

Sin mirarme va a reunir lo que necesita para hacer lo que le he pedido, mientras tanto se escuchan los sollozos de la chica nueva pero no los de Maggie. Me giro para mirarla y descubro que sus ojos están clavados en mí con una ira fría.

Pero los dos sabemos que bajo ese hielo su corazón está resquebrajándose por lo que está viendo. No es tan dura como quiere convencerse así misma que es.

Apoyo el machete de Pete en la frente de Glenn, él chilla de nuevo pero evita moverse tanto como es capaz, para evitar cortarse así mismo con el filo de la hoja caliente.

En cuanto Chin vuelve empieza a preparar el fuego bajo sus pies.

-¿Por… Por qué nos estás haciendo esto?- Pregunta nervioso mirando como el papel empieza a arder, cogiendo fuerza poco a poco.

Esa pregunta me hace recordar cómo empezó todo para mí.

Flash Back

-Ethan cariño, ya está lista la tarta.- Mi madre me buscaba, mi hermana ni si quiera había nacido aún y yo jugaba con mi hámster.

-¿Hijo?- Insistió mi madre pero yo no la contesté porque me estaba divirtiendo, había aprendido un juego nuevo y me gustaba, me gustaba mucho.

-Cariño venga ve…- La miré extrañado cuando se quedó callada, sus ojos estaban muy abiertos, soltó un jadeo y se tapó la boca con las manos mientras yo sostenía el martillo de papá que todavía goteaba sangre.

-¿Qué pasa mami?-

No la entendía, se comportaba raro, como la vez en la que vimos como un coche atropellaba a un niño y a su madre al salir del parque, yo sabía que ella pensaba que lo había olvidado porque entonces era muy pequeño, pero no lo había hecho, en verdad de todos mis recuerdos ese era mi favorito.

-¿Por qué has hecho eso?- Se apoyó en el quicio de la puerta y parecía a punto de echar a correr. Yo no comprendía que la estaba pasando, pero sabía que no era bueno que me mirara así.

De manera que instintivamente hice lo que supe que la calmaría, -mami,- empecé a llorar, solté el martillo y mis berridos fueron más fuertes. –Mami,- ella dudó, lo vi en su cara, por un segundo ella no quiso acercarse.

Pero finalmente su instinto materno pudo más que ella, me sacó de mi habitación y me abrazó en el pasillo.

-Ssshhh, ya está,- susurró mientras me acariciaba el pelo, -ha… Ha sido un accidente,- dijo más para convencerse así misma que para consolarme. –Eso ha sido todo,- insistió, -solo un accidente, tranquilo, ssshhhh, mamá te quiere.- Repitió eso una y otra vez.

Cuando dejó de apretarme contra ella como si quisiera alejar a todos los monstruos que pudiera haber cerca, me bajo a la cocina y yo me comí mi tarta mientras ella se deshacía de lo que quedaba del hamster, entonces supe que no debería dejar que me viese jugar de verdad nunca más.

Después de aquel día, por muchas veces que me repitiese que me quería yo supe que no era cierto. Ella ni me quería, ni confiaba en mí, y hacía bien.

Yo fui el responsable a lo largo de los años de las desapariciones de las mascotas del barrio, ella lo sospechaba por supuesto, no era ninguna tonta, pero nunca me preguntó sí tuve algo que ver a pesar de que cada vez que veía uno de esos carteles anunciando lo que había pasado se me quedaba mirando más tiempo del normal, como si esperase que en cualquier momento me saliese una segunda cabeza o algo parecido.

Algo que revelase, supongo, la clase de monstruo que era su hijo.

Curiosamente aunque no compartió sus preocupaciones sobre mí con mi padre, ella nunca me dejaba solo con mi hermana después de que esta naciera. Se aseguró bien de que pasase lo que pasase siempre hubiera alguien ahí para cuidarla.

Sin embargo cometió un error nefasto, el de auto-engañarse creyendo que mejoraría por mí mismo mágicamente en algún momento.

No lo hice y ella pagó cara su propia mentira edulcorada.

Porque yo fui quien dejó pasar a mi padre convertido en caminante, y me quedé mirando como la devoraba sobre la isla de la cocina después de que ella me salvase de recibir un mordisco por parte de él.

Cuando mi tía me descubrió observando la escena creyó hasta casi su propio final que me había paralizado debido al horror.

Otra patética idiota que no se dio cuenta de que lo que yo hago y porque lo hago es exclusivamente para mi placer.

De todas formas nadie salvo Beth ha sido capaz de comprenderme nunca.

Fin Flas Back

Los gritos de dolor de Glenn al quemarse logran sacarme de mi trance auto inducido.

-Sujetadle.- Les ordeno a Pete y a Chin al ver que empieza a retorcerse para tratar de escapar del dolor.

-No,- chilla resistiéndose, pero ellos al contrario que él están bien alimentados, por lo que son más fuertes. –Aaahhh.- A pesar de todo se revela consiguiendo levantar las piernas hacia arriba, pero un golpe en el abdomen justo donde yo le he quemado con el machete le obliga a rendirse.

Me divierto viendo como Chin y Petie-Pie le golpean una y otra vez sobre las quemaduras comportándose igual que dos perros rabiosos, consiguiendo así que no pueda moverse y que los pies de Glenn se cuezan en su propio jugo.

-¿Quién dijo que la cocina no era divertida?- Pregunto irónicamente al aire. –Aunque…- Miro a Maggie con una sonrisa en la cara. –Creo que me he pasado con el fuego, ¿tú qué opinas?-

-Pagarás por esto, no sé cómo, ni si estaré viva para verlo…- Lucha por contener sus lágrimas, -pero te juro por Dios que lo pagarás.-

-Dios solo es el consuelo de los desamparados, no es más real que Papa Noel o Mickey Mouse.- Me agacho para quedar a su altura. –Yo por contra soy absolutamente auténtico.- Nos miramos a los ojos, una lucha de voluntades que ella tiene perdida de antemano y lo sabe. –Dilo.-

Ella, indignada, toma aire por la nariz con fuerza, como si quisiera negarse… Sin embargo, –hazme daño a mí pero a él déjale al margen de esto.- Me suplica al fin.

-No es eso lo que quiero escuchar.- Digo aburrido.

-¿Entonces qué?- Pregunta confusa.

-Que no le amas, que solo le utilizas, dilo y todo terminará.-

-¿Terminará cómo?- Pregunta tiritando al escuchar como los gritos de Glenn son cada vez más desgarradores. Yo alzo una ceja y ella se tensa. –No, nunca diré esa mentira.-

-Nunca es mucho tiempo.- Digo dándole un puñetazo que la deja inconsciente, de manera que durante la siguiente hora vuelvo a centrar toda mi atención en su amorcito, y en averiguar cuanto dolor es capaz de soportar.

.

Cuando finalmente se cansa de torturar a Glenn él tiene todo el torso y la frente con quemaduras de primer y segundo grado, pero las más graves son las de sus pies, se los han destrozado.

No hay otra forma de decirlo.

Angustiada pienso en el hecho de que si logramos liberarnos de las bridas para escapar él no podrá correr, tendremos que arrastrarle o encontrar cualquier otra manera de llevarle.

-Uuuhhh, eso ha sido intenso,- el hombre que le ha torturado se quita la camisa dejando su torso al descubierto, lo que me hace poner los ojos en blanco.

Maggie que ha recuperado el conocimiento hace un rato no dice nada, demasiado ocupada apretando sus mandíbulas para no gritar su furia.

Lo único que la queda es el poder de no darle esa satisfacción.

-Veamos,- se acerca a mí con andares elegantes. -¿Cómo te llamas?-

-Tara,- digo tensa sin querer mirarle a la cara, asustada por lo que pueda llegar a hacerme.

-Glenn la encontró en la carretera.- Dice Maggie con la voz enronquecida debido al llanto contenido.

Las dos cruzamos una mirada fugaz y lo entiendo, no debe saber que estaba con el Gobernador, pero si me hace daño sé que acabaré confesándolo aunque sea peor para mí que él lo sepa.

-Vaya, vaya,- se ríe acariciándome la rodilla logrando que le mire llena de miedo. –Sí que has tenido mala suerte.-

-Sigo viva, así que tal vez no sea tan mala.- Replico sin saber de dónde he sacado el coraje para responderle eso.

Él niega mientras se acerca de nuevo al cubo de basura como si le estuviera dando vueltas a algo importante.

-Estás muerta desde que te pareció una buena idea juntarte con ellos.- Dice sacando uno de los machetes del fuego. –Solo que todavía no te has dado cuenta,- mira la hoja y después a mí. –Dime una cosa y tal vez te deje ir, sin trucos, ni engaños.-

Trago saliva, insegura sobre si puedo creerle.

-¿Qué es lo que quieres saber?- Pregunto al fin tras un tenso silencio que él no parecía dispuesto a romper.

-¿Sus vidas te importan?- Me cuestiona sonriendo con aparente amabilidad.

Miro a Glenn que está colgado de ese maldito gancho con los pies heridos y la cabeza caída sobre el pecho.

Si no fuera por él yo estaría muerta, no tenía por qué hacerlo pero me ayudó, me salvó la vida.

-Sí.- Digo notando como el labio inferior me tiembla debido a los nervios.

-¿Segura?-

-Completamente.- Respondo convencida a pesar de lo que me pueda llegar a suceder.

-Bien, Petie-Pie, desátala anda.- El chico hace lo que le manda con rapidez, como un perro bien entrenado. Al verme libre le miro más asustada aún que antes. –No seas tímida,- me sonríe, -ponte de pie.- Le hago caso a pesar de que no me dejo engañar por su aparente cordialidad.

-¿Y ahora?- Pregunto mirando de reojo a Maggie que no nos quita la vista de encima.

-Ahora vas a extender tus manos con las palmas vueltas hacia arriba y vas a sujetar este machete,- mis ojos se abren de miedo ya que la hoja esta enrojecida por el calor. –Y si lo sueltas antes de que yo te lo diga.- Su sonrisa se amplía de una manera horripilante. –Bueno…- Hace como si se lo pensase, -entonces yo lo recogeré del suelo y lo usaré para abrir con el en canal a Glenn.-

Mi respiración comienza a acelerarse, -no aguantaré, es imposible, no podré hacerlo.-

-Siempre puedes irte y fingir que nada de esto ha ocurrido.- Le miro con lágrimas cayéndome por las mejillas.

-¿Qué les harías entonces?- Pregunto tiritando.

Su sonrisa es macabra cuando dice. –Mucho, mucho daño.- Se encoge de hombros, -claro que también se lo haré aunque te quedes, la única diferencia es que quizá por esta ocasión podrías salvarle la vida al bueno de Glenn.-

No puedo irme, se lo debo, si no hubiera sido por él y por el bocazas de Merle yo nunca hubiese logrado salir de la prisión con vida.

Trago saliva nerviosa y extiendo las manos con las palmas hacia arriba de la manera en la que él me ha indicado. –Me quedo con ellos,- digo con un hilo de voz, rezando para ser lo bastante fuerte como para resistirlo.

Y mientras no dejo de pensar que no tengo ni la más remota idea de donde he sacado el valor para aceptar el reto, sobre todo cuando siento que no he hecho otra cosa en la vida que no sea fallar, Maggie interviene, -Tara, gracias.- Me dice con el corazón en los ojos.

-No sé las des todavía, si no es capaz de aguantarlo ella será la responsable de la muerte de Glenn.- Esa posibilidad me llena de terror porque es completamente posible.

-Pase lo que pase, gracias- insiste ella para darme fuerzas.

-Acabemos con esto.- Sin avisarme, Ethan me pone el metal caliente sobre las palmas y estoy a punto de quitarlas para protegerme, pero contengo el movimiento a tiempo mientras dejo escapar un grito que me desgarra la garganta.

Nunca había experimentado un dolor así, capaz de barrer de la mente todo pensamiento, solo soy capaz de concentrarme en una única cosa, no lo sueltes, por tu vida Tara, no sueltes el machete.

Tara grita tan fuerte que me pone la piel de gallina escucharla, pero a pesar del dolor que debe sentir no suelta la hoja candente.

Su fuerza de voluntad es sencillamente impresionante.

-¿Y ahora?- Le pregunto a Ethan mirándole de arriba abajo, todavía incapaz de asimilar que la Beth que él describe sea la misma que aquella a la que yo conocía desde niña.

No parece real, sin embargo, la forma en la que me dijo aquel día en las escaleras que ella estaba a salvo con él, y que Beth era la única que le daba una oportunidad a pesar de saber cómo era… Sé que confirma lo que él me ha dicho sobre quien era ella en realidad, además antes de eso alguna vez la descubrí mirándole como sí... No sé, tal vez me esté volviendo loca.

Yo… Simplemente creí que Ethan despertaba su curiosidad porque nos evitaba a todos y eso le parecía extraño, nunca pensé que de alguna manera ella pudiera entenderle.

Pero, puede que en cierta forma él tenga razón, tal vez intenté convertirla en alguien que no era porque sabía que era demasiado fuerte, y que esa fuerza podría terminar hiriéndola si no tenía cuidado con ella.

-Podría irme y dejaros así.- Dice Ethan de repente sin darnos importancia, como si se aburriese de nosotros. –O…- Sonríe agachándose en cuclillas frente a mí. –Podría cortarte algo, ya sabes, una parte de tu cuerpo que no vayas a echar demasiado de menos.-

-¿Y si escojo yo misma lo que vas a cortarme?- Le pregunto sin amilanarme, a pesar de todo lo que he visto que es capaz de hacer.

-Uuuhhh, aprendes a jugar.- Hace como si se lo pensase, pero en sus ojos ya he visto la respuesta, de algún modo esto es justo lo que esperaba. –Está bien, les bajaré y mandaré a Carol para que les cure las heridas.-

-¿Carol?- Pregunto sorprendida, si ella de verdad baja a curarles tal vez pueda echarnos un cable, la conozco bien y es una mujer dura, no puede haberla doblegado.

-Oh cierto, no te lo he dicho, ahora está de mi lado,- me comenta divertido.

-No es posible.- Me niego en redondo a creer eso.

-Lo es, te lo aseguro, tenemos un trato.-

-Un trato que dejarás de cumplir en cuanto te aburras.- Digo sintiendo como las tripas se me revuelven ante el hecho de que Carol sea capaz de ayudarle a cambio de una promesa que en el fondo sabe que Ethan no va a respetar, todo para mantenernos vivos y que él pueda hacernos más daño aún.

¿Qué le ha podido pasar por la cabeza para estar dispuesta a aceptar nada que venga de él?

-Puede que la inteligencia sea cosa de familia al fin y al cabo.- Se pone de pie, -como sea eso no te afecta a ti. ¿Y bien?- Dice con unas tijeras en la mano, de reojo veo como Tara con los ojos cerrados y sin dejar de murmurar algo continua sosteniendo el machete. –Escoge.- Luchando por nosotros a pesar de que apenas nos conoce.

Tomo aire despacio, -has dicho algo que no eche demasiado de menos.- Digo intentando ganar tiempo ante lo inevitable.

Él no responde, solo me mira como un gato lo haría con un ratón antes de comérselo.

No cree que sea capaz, o es eso, o le da igual.

-Mi oreja izquierda,- digo con más seguridad de la que siento.

-Vaya,- finge estar impresionado, -podrías haber optado por un mechón de pelo, pero has escogido una oreja completa, enhorabuena.-

-No te habrías conformado con cortarme el pelo.-

-Me habría mosqueado la verdad, pero hubiese respetado las reglas del juego.- Asegura.

No dejo que se note la sorpresa que siento al oírle decir eso, por el contrario, -adelante, hazlo.- Digo enseñándole los dientes en una sonrisa tan cruel como la suya. -¿A qué esperas?-

De pronto Chin me sujeta la cabeza sobre su pecho para que no la pueda mover, -puede que esto te duela un poquito.- Me susurra Ethan al oído, soplando suavemente para apartarme un poco el pelo.

Cierro los ojos al sentir el frío del metal en la piel.

Y entonces…

Él me corta y yo chillo abriendo mucho los ojos, sabía que dolería, pero es peor de lo que creía, noto como la sangre caliente me humedece el cuello.

Glenn, él aún está colgado del gancho y yo no aparto mi mirada de su cuerpo, piense Ethan lo que piense sobre nosotros, mi amor por Glenn nunca morirá incluso si yo lo hago, porque somos más que materia, somos una promesa.

..

El juego por hoy ha acabado, echo la oreja de Maggie al fuego por mera diversión, lástima que esté en estado de shock y no se haya dado cuenta de ese detalle.

Acercándome a Tara le quito el machete de las manos y la pego con el codo en la mandíbula tirándola al suelo.

Enseguida Pete vuelve a colocarle las bridas sin necesidad de que se lo pida.

-¿Le bajamos Jefe?- Me pregunta Chin refiriéndose al bueno de Glenn cuando le devuelvo su machete.

-Dejadle así hasta mañana.- Los miro atentamente uno a uno para disfrutar del dolor que les he causado una vez más antes de marcharme.

En cuanto Pete está a mi lado los dos salimos del quirófano, al contrario que Chin no intenta mantener la distancia en ningún momento conmigo, sabe que no le serviría de nada.

Por alguna razón a pesar del miedo que me tiene es incapaz de resistirse a mí. Es como si pudiese ver lo que hay en mi interior sin ninguna máscara y se sintiese atrapado por ello.

Como una polilla que se quema las alas por acercarse demasiado al fuego que la deslumbra.

-Dime una cosa.- Digo cuando comenzamos a subir las escaleras a mi despacho para que recoja a Carol, -¿te has corrido?- Noto que se tropieza por la vergüenza de verse descubierto pero yo no me giro a mirarle.

-Sí,- admite para mi sorpresa consiguiendo que me detenga.

-¿Por qué?- Le cuestiono sin poder contener mi curiosidad.

-Yo…- Carraspea buscando las palabras apropiadas. –Cuando veo como les haces daño me siento como tú, me siento tan bien que todo lo demás desaparece, su miedo no consigue llegar hasta mí e importarme.- Se estremece cuando le apoyo una mano en el hombro.

-¿En serio?- No me esperaba eso, en parte sí por la manera en que me preguntó si podía quedarse cuando metí al Gobernador en el acuario de ácido pero… No sé, Petie-Pie es extraño, como un adicto que cambiase de personalidad dependiendo de la droga que se haya chutado en el momento.

-Si Jefe.-

-No me llames así,- digo acercándome más a él, -no te pega.- Traga saliva temeroso de encontrar sus ojos con los míos, o tal vez tratando de resistirse al ansia de hacerlo.

-¿Entonces cómo….?- Se calla en el acto cuando le desabrocho los pantalones para bajárselos hasta los tobillos, sin que haga el menor amago para detenerme.

-Date la vuelta.- Lo hace sin dejar de tiritar, pero no antes de que vea que se le ha vuelto a empinar.

Cuando le tengo como quiero muerdo su nuca con fiereza hasta que le hago sangrar y él jadea apretándose contra la pared.En cuanto le veo así me bajo la cremallera para sacarme la polla.

Sin prepararle se la meto y él chilla de dolor, pero enseguida sus caderas se mueven contra las mías, desesperado por el contacto, como si realmente disfrutase tanto como yo del daño que le hago.

Puede que durante todo este tiempo haya estado desaprovechando la mejor habilidad de Pete, su culo.

-Ah,- gime cuando retuerzo entre mis dedos el pezón que le queda, yo siento como se me pone aún más dura al recordar lo que le hice en el otro.

Como el caminante se lo trago mientras él miraba sin decir absolutamente nada.

Entonces pensé que me estaba provocando haciéndose el valiente.

Pero tal vez lo que realmente ocurrió fue que se excitó tanto como yo. Joder, puede que hasta me la quisiera chupar en ese momento.

-Más,- me pide en un jadeo extasiado que me pone al límite.

Gruño y acelero, entrando en su interior, duro, sin preocuparme más que de mi propio placer, sabiendo por contra que eso es también lo que le enciende a él.

Tiro de su pelo hacia atrás y le golpeo la frente con saña contra la pared, lo que hace que Pete grite de dolor consiguiendo con eso que me corra en su interior mientras las paredes de su culo se estrechan porque él también llega a su propio orgasmo depravado.

Cuando termino con él vuelvo a subirme la bragueta sin dirigirle si quiera una mirada, para a continuación entrar en mi despacho sin cerrar la puerta, notando como Carol no me quita la vista de encima.

Por su cara es obvio que lo ha escuchado todo, pero no dice absolutamente nada al respecto.

Me apoyo en el escritorio retándola a hacerlo, pero la falta valor y termina agachando de nuevo la mirada, comportándose así de la misma manera en que lo hacía con su marido. Como una pobre perra apaleada cansada de vivir.

Cuando Pete entra media hora después Carol le mira preocupada, ya que él tiene un feo corte en la frente que aún le sangra por el golpe que le he dado.

-Puedo ayudarte,- le dice compasiva.

-No,- replico yo, -no lo harás, llévala al quirófano cuatro y luego tráela de vuelta, tú apáñate como siempre.- Le ordeno.

-Está bien.- Dice arrastrándola sin hacer contacto visual conmigo, como si se avergonzara del deseo animal que ha sentido en las escaleras.

Me tumbo en el sofá para echar una cabezada sin darle importancia, sea como sea, ha sido el sexo más bestia de mi vida.

Cada día me siento más convencido de que perder a Beth en realidad no fue algo tan malo.

A fin de cuentas ahora ya no hay nadie que tome nada de mí salvo el sufrimiento que yo ofrezco a manos llenas.

Y eso es sencillamente brutal.

Hola almas corsarias.

Hey definitivamente noviembre no me tiene mucho cariño porque me está pegando unos buenos zascas, o eso, o es que yo estoy también muy sensible que todo puede ser, espero que a vosotras os esté tratando mejor.

¿Por cierto soy la única que siente urticaria viendo adornos navideños antes de que haya llegado la navidad en sí? Es que este año ya desde principio de octubre los estaban vendiendo, flipo.

Que ojo, la navidad o yule como lo queráis llamar, como festividad en sí me gusta, lo que ya me crispa es la actitud de la gente en las tiendas etc, que si se hicieran algunas compras antes no habría necesidad de que en Nochebuena algunos sitios cerrasen a las seis o incluso las ocho de la noche, un poquito de humanidad. En fin, no hagáis compras de última hora por favor, o si lo hacéis procurad ser amables, la persona que os atiende querría estar en su casa con los suyos.

Gracias en por comentar en el capítulo anterior a Poty90

Y gracias en por comentar y votar en el capítulo anterior a Kisalifibaeni, a Debie _Daryl y a are221099

Como siempre espero que el capítulo os haya gustado, besototes for all.