Capítulo 51
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Especial de Navidad.
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La época navideña había llegado a Berk y con ello las decoraciones; una gran parte de la ciudad ya se encontraba adornada con la temática de la temporada: árboles de navidad con montones de esferas, luces parpadeantes de varios colores, osos polares y bastones de caramelo eran las que más destacaban. Todo parecía armonía y paz en la ciudad con tal ambientación, pero lo cierto es que otro accidente o atentado había escandalizado de nuevo a la sociedad Berkiana.
El acontecimiento: un atentado a la principal institución médica de la ciudad.
Ciertamente no hubo heridos de gravedad, pero hasta la fecha nadie podía explicar cómo un grupo de personas en un edificio se había desmayado. Inicialmente se atribuyó el accidente a una fuga de gas o algún contaminante, pero cuando se realizaron las investigaciones pertinentes no dieron con ninguna de esas posibles causas. Al no encontrar aún una respuesta el departamento de policía se quedó con el expediente abierto, mientras que el hospital reanudó rápidamente actividades pues el deber con los pacientes no terminaba.
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19 de diciembre 2019.
—Recuerde Sr. Haddock, nada de esfuerzos físicos intensos, al menos durante el tiempo que tendrá de incapacidad. Procure hacer los ejercicios de estiramiento indicados y por supuesto aplicar los medicamentos y ungüentos. El cabestrillo procure usarlo durante el día, de noche se lo puede quitar. De cualquier manera, si existe alguna complicación no dude en llamarme.
—Gracias, doctor así lo haré. —agradeció cansadamente.
—Sra. Haddock, le dejo el listado de medicamentos. Eso sería todo de mi parte, que tengan muy buen día.
—Muchas gracias, doctor. —agradeció la rubia, tomando la receta entre sus manos.
El de bata blanca le sonrió a la pareja y despidiéndose con un leve asentamiento de cabeza abandonó la habitación.
—Uff, por fin. —suspiró Hiccup aliviado. —Ya quería regresar a casa. —susurró sin mucho ánimo.
Aquella actitud no pasó por desapercibido por Astrid, desde los incidentes ocurridos en el hospital, 5 días atrás, él se encontraba un poco ausente y no lo culpaba, su mejor amigo había muerto o dicho en otras palabras ella había matado a su mejor amigo.
—Los niños se mueren por verte. —le dijo para tratar de animarlo.
Hiccup le brindó una tenue sonrisa como respuesta y enseguida bajó de la cama en donde antes había sido examinado y con la ayuda de Astrid, ambos abandonaron el cuarto de hospital.
Al salir no pudieron evitar ver con arrepentimiento algunas situaciones, ya que en su trayecto se toparon con el enfermero que Hiccup había golpeado y que ahora llevaba su cabeza vendada. Al bajar al primer piso, otra situación incómoda se presentó pues vieron a Atali con un collarín en cuello, traía ropa normal y por lo que sabían le habían dado incapacidad luego de haber "caído por las escaleras" cuando todo el mundo se desmayó.
Era lo único que se les había ocurrido a Hiccup y a Astrid. Después de que Viggo desapareció, todos los que habían sido afectados por el hechizo de dormir empezaron a despertar. Hiccup se desangraba y entre Astrid y Stormfly lo llevaron de vuelta a la habitación, pero ahí estaba Atali y lo único que se les pudo ocurrir fue dejar a la pobre doctora al pie de las escaleras para que pensaran que había caído.
Todo fue un desastre y de tal magnitud que los dos hechiceros no encontraron qué inventar para que no se hiciera una investigación tan amplia, por lo que optaron por dejarlo de esa manera y que cada uno pensara lo que quisiera, de lo único que se aseguraron es que no hubiera grabaciones del suceso y de eso se encargó Astrid, pero de igual manera eso no quitaba que hubiera en ambos arrepentimiento por lo que les había pasado a las personas y por supuesto a Viggo.
—Mira, ahí está Dagur. —señaló Astrid, cuando finalmente abandonaron el edificio.
En efecto, el detective se encontraba esperando en la zona de taxis y así como muchos en el hospital, tenía un vendaje en la mejilla. (Causa: golpe que le había dado Hiccup). Este al ver a la pareja saliendo, acudió con ellos sin decir mucho, sólo tomó la pequeña maleta que Astrid cargaba y la metió en la cajuela, mientras que esta ayudaba a Hiccup a entrar en la unidad.
Cuando los tres subieron al auto, el detective arrancó para salir de la zona del hospital, pero inmediatamente se estacionó en la comunidad más cercana.
Hiccup y Astrid se extrañaron y vieron por el retrovisor una mueca de tristeza y vergüenza por parte de Deranged.
—Lo siento mucho, no sé cómo pasó.
Hiccup bajó la cabeza desanimado.
—No te preocupes Dagur, yo soy quien te debe una disculpa.
—Querrás decir nosotros. —corrigió Astrid. —Nosotros somos quienes te hemos involucrado en todo esto, no sólo a ti, Heather, Snotlout, Fishlegs, los gemelos…esto es por nuestra culpa.
—No, Astrid. Es culpa de ese titiritero. —recordó Hiccup con furia. —Si tan sólo hubiera investigado bien…
Astrid vio como Hiccup apretaba el puño de su brazo derecho, estaba furioso.
—Yo de lo único que me arrepiento es de haberme dejado manipular, chicos. —comentó Dagur al ver por el retrovisor a su afligido amigo. —Pero ustedes son los mejores amigos que Heather y yo pudimos tener, así que no crean que por esto les temeremos o algo por el estilo, al contrario, los seguiremos apoyando.
—Muchas gracias, Dagur. —contestó Astrid enternecida.
Y Hiccup sólo sonrió, pero en él aún se podía percibir la melancolía.
—Bien… —carraspeó Deranged. —¿Listos para volver a casa?
—No. —respondió sorpresivamente Hiccup. —Vamos a la estación primero.
—Pero Hiccup…
—Tengo que entregar el papeleo, Astrid, mis incapacidades. —recordó este, mostrándole los papeles.
—Eso puedo hacerlo yo. —dijo Dagur.
—Pero quiero ir yo, además tengo que ir a declarar a favor de Skipy.
—¿Y supongo que quieres ver a Lenny no? —añadió Astrid.
El hechicero apretó los puños.
—Hiccup, el que está en la estación es el real, Stormfly lo confirmó.
—Además que volvió a ser el idiota de antes. —comentó Dagur.
—¡¿Qué?!
—Sí, quedó tan furioso con lo del hospital que otra vez se puso en modo de capitán de regimiento mandón, aunque eso sí, ni siquiera recuerda lo que le pasó.
¿Se rompió el hechizo? Se preguntó Hiccup pensante. Lo único que sabía hasta el momento es que Toothless y Stormfly, el día del incidente, encontraron el cuerpo de su capitán en una sala de quirófano, estaba desmayado al igual que los demás. Stormfly lo inspeccionó ese día y no encontró en él el aroma que tenía el otro sujeto o más bien el dragón aguijón cambiante.
—De cualquier manera, quisiera ir. —insistió.
—Llévanos Dagur. —pidió igualmente Astrid, al ver que su novio no quitaría el dedo del renglón.
El detective al ver que no desistirían reanudó la marcha y cambió de destino hasta la estación de policía.
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Minutos después…
—Haddock, ciertamente es una vergüenza para este departamento. —reprochó Lenny desde su escritorio, viendo los papeles que su inferior le acababa de entregar.
Hiccup rodó los ojos, viendo que efectivamente era el mismo idiota de antes.
—¿Por qué lo dice, capitán?
—pregunta el ¿por qué?, Detective. Primero me entero de que le dispararon durante una investigación, y por lo que veo no tomó sus precauciones. Luego me sale que a raíz de eso tendrá un ¡mes de vacaciones!
—Es una incapacidad.
—No me responda, Haddock. —suspiró para calmarse. —Sólo porque me preocupo por su bella esposa e hijos no lo despido.
Hiccup frunció el entrecejo, algo no le gustaba de su anterior, pero a la vez nueva actitud.
—Capitán, me puede decir: ¿qué tanto recuerda del incidente de hace 5 días? ¿Qué tanto recuerda de lo que ha hecho en los últimos meses?
—¿Qué intenta Haddock? ¿A qué vienen esas preguntas?
—¡Responda y no se reserve nada! —exclamó este, emanando un egni que sólo él podía ver y que envolvió a Lenny.
Este quedó estático por unos breves segundos y al parpadear, respondió:
—Yo… en realidad no recuerdo mucho, recuerdo que lo estaba regañando y luego de ahí no recuerdo exactamente lo que pasó, a mi cabeza vienen imágenes de mi mismo yendo al trabajo, pero también de compras, en el cine, en los bares, también un karaoke donde conocí a su esposa, que lindas piernas tiene, por cierto. —añadió con una sonrisita pervertida.
Hiccup se asqueó, pero los hechizos para sacarle la verdad a las personas podían sacar lo peor de ellos.
—Luego de ahí, no muchas cosas interesantes, lo último lúcido que recuerdo es haber discutido con su esposa y después de eso despertar en esa sala de quirófano
—No es ese dragón. —determinó Hiccup, analizándolo detenidamente mientras hablaba.
Pero también concluyó que algo había pasado con Astrid, probablemente esta, sin saber, había hecho un corto circuito con el hechizo que él le había puesto. Después de todo, esa era una de las habilidades de Astrid: destruir.
Dispersó el egni que envolvía a su capitán y este enseguida respondió con otro parpadeo.
—¿Qué estaba diciendo? —preguntó confundido.
—Que era lo peor de lo peor, capitán. Pero le prometo que no volverá a pasar.
Lenny se mostró confundido.
—Está bien, entonces ya puede irse. Disfrute sus vacaciones.
—Por supuesto. —dijo este sarcásticamente. —Pero antes, quisiera hacerle de su conocimiento que Skipy es inocente, él no me disparó.
El capitán rio.
—Lo mismo que dijo el tonto ese, bien, si usted así lo dice, ya sabe donde hacer su declaración y liberaremos al chico del arresto.
—¿No tenía arresto domiciliario?
—No, que tontería ¿quién le dijo eso?
Hiccup se mostró confundido con todas esas incoherencias, y por lo que su jefe comentaba la suplantación entre el dragón y el original debió hacerse después de que Astrid discutiera con él.
—¿Qué pasa, Haddock? ¿Algún problema?
—No.
—No, pues que bien, y de una vez le adelanto que el chico ese ya no volverá porque si usted es un mal detective, él es pésimo.
—¿Qué? ...pero capitán.
—No discuta, Haddock. Además, no fue decisión mía, él renunció, al parecer quedó muy asustado con lo que sea que lo atacó y a usted.
Hiccup se lamentó.
—Bien, ya puede retirarse, que sane pronto. —dijo hipócritamente.
—Claro. —rodó este los ojos y dio media vuelta para salir de la oficina.
Ya no lo volvería a hechizar, pues el karma de cierta forma le había pasado la factura.
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Como marcaba el procedimiento, Hiccup levantó su declaración en la misma estación, y declaró a favor de Skipy. Su alegato fue suficiente para que ya no hubiera pruebas contra el muchacho por lo que fue liberado.
Cuando aquello sucedió, no tuvo mucho tiempo para interactuar con él. Skipy ciertamente había pasado días malos en la celda y se le veía cansado, sólo firmó unos papeles y se retiró de la estación.
"Es lo mejor, detective H, en realidad yo ni quería esto" fue lo último que le dijo antes de irse.
Hiccup se lamentó, y sólo deseó que su ex practicante encontrara pronto su verdadera vocación.
Arreglado ese asunto, se retiró de la estación en compañía de Dagur y se reencontraron con Astrid, quien había estado esperando en un parque cercano.
—¿Ya arreglaste todo?
—Sí, Astrid. Ya todo quedó arreglado. —respondió Hiccup sin muchos ánimos. —Aunque…
—¿sí?
Astrid se preocupó, no le gustaba que Hiccup se viera tan desanimado y serio, le asustaba que le fuera a reprochar algo.
—Tengo que decirte algo…
—Algo…
—Sí, sobre el capitán Lenny.
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Después de lo que se podría decir fue un largo camino a casa, el auto de Dagur se detuvo frente a la propiedad de los Haddock-Hofferson; sin embargo, lo que se pensó sería un feliz regresar resultó todo lo contrario, debido a que los que ocupaban el asiento trasero no se veían muy animados.
Hiccup le había contado a Astrid sobre el hechizo que le había aplicado a Lenny para hacerla una mejor persona, y su teoría sobre cómo ella pudo haber fragmentado dicho hechizo, así como su teoría de que probablemente era el motivo por el cual su jefe se sentía atraído hacia ella.
Astrid al saberlo, se mostró furiosa, principalmente porque pensó que, de haberlo sabido, hubiera sospechado de la actitud del capitán el día del incidente, sin embargo, pese a su molestia, no le reprochó nada a Hiccup. Simple y sencillamente le pidió que la tuviera al tanto de los hechizos que lanzaba pues debían estar en el mismo canal y eso fue todo. No tenía ánimos de pelear, primeramente, porque ya no deseaba tener conflictos con su compañero y segundo por el luto que él aun guardaba en su corazón.
En cuanto a Hiccup, comenzaba a decepcionarse de sí mismo y con ello sentía que decepcionaba a los demás. Sentía que perdía la confianza que antes no le faltaba.
—¡Ya llegamos! —avisó Dagur de forma animada, al ver que sus amigos no parecían querer moverse de sus respectivos sitios.
Cuando lo escucharon, Hiccup y Astrid cayeron en cuenta de que ya estaban frente a la casa, y por un momento se sintieron extraños de estar de regreso, pero cuando la puerta de la entrada principal se abrió y de esta salieron dos personitas especiales, la melancolía y todo sentimiento negativo que los embargaba desaparecieron.
—¡Papi! ¡Mami!
Astrid fue la primera entusiasta en salir del auto y enseguida ayudó a Hiccup para que no batallara, mientras que Dagur sacaba la maleta.
A Hiccup se le dibujó nuevamente una sonrisa, cuando vio a sus pequeños corriendo hacia ellos, pero luego una mueca de confusión se formó en su rostro al ver que no estaban del todo solos. Heather, Spinel, Snotlout, Fishlegs, los gemelos y Stormfly estaban con ellos, algo le decía que habían hecho otra de sus dichosas fiestas sorpresas de bienvenida.
—¡Papi, papi! qué bueno que ya estás aquí. Te extrañamos mucho. —se abrazó Zephyr de su pierna derecha, mientras que Nuffink se aferraba a una parte de su prótesis y pierna izquierda.
Debido a que tenía un brazo inmovilizado, Hiccup no tuvo de otra más que acariciar sus cabecitas por turno.
—Yo también los extrañé mucho, niños. No saben cuánto me alegra volver a verlos.
—Te hicimos una fiesta de bienvenida, papi. —le dijo Nuffink aferrado a él.
—Sí, es lo que veo. —admiró con una risita a los que aguardaban cerca de la puerta. — Muchas gracias a los dos.
—Que ya no te lastimen, por favor. —pidió Zephyr llorosa.
—Porque luego te quedas en el hospital mucho tiempo. —le siguió Nuffink, sorbiendo sus mucosidades.
A Hiccup casi se le salen las lagrimillas, no le gustaba ver a sus hijos entristecidos.
—No, por supuesto que no. Ya no dejaré que me lastimen. —les prometió con un nudo en la garganta.
—Niños, ¿Por qué no acompañan a papá hasta la casa? para que saludar a los demás. —sugirió Astrid conmovida con la escena.
Los niños asintieron a la orden de su madre, pero se pelearon por ver quien tomaba la mano de su padre, al final Zephyr le cedió el lugar a su hermano y dejó que este encaminara a su papá hacia donde estaban los demás, mientras ella se adelantó a la casa para ir a buscar algo que deseaba darles a sus padres.
Mientras tanto, con los adultos la primera en recibir a Hiccup fue Heather.
—Hiccup, que bueno verte. —lo saludó, estrechándolo en un sutil abrazo.
—Te ves bien, amigo. —lo saludó Spinel con el pulgar en alto.
—Gracias, a ambos. Heather, gracias por cuidar a los niños en estos días.
—No es nada, ya sabes que lo hago con gusto.
—¡Oye Hiccup! ¿No te pusieron un brazo mecánico o algo por el estilo? ¿así como el soldado del invierno? —preguntó Tuffnut con interés, viendo el brazo que tenía en el cabestrillo.
—Por supuesto que no, tonto. —respondió Ruffnut, dándole un golpe en la cabeza. —Si tuviera un brazo metálico, no tendría que usar cabestrillo.
—Que bueno verlos, chicos. —sudó Hiccup en frío, al escuchar sus ocurrencias.
—Ah, sí, claro… ya sabes. —Respondió la gemela, haciéndose la interesante.
Y por unos centímetros debajo de ellos, también había alguien que podía ser muy ocurrente: Nuffnut.
—Que bueno verlo Sr. Haddock.
—Eh…Gracias, pequeño. —se sorprendió este con tal disciplina.
—Ya casi me quedo sin suegro.
Y como solía pasar, el desatinado comentario del niño hizo gruñir internamente a Hiccup, pero para ignorarlo, sólo pasó a saludar a quienes seguían.
—Eh… ¡Snotlout, Fishlegs! Que Bueno verlos.
—Claro que sí, amigo. En las buenas y en las malas aquí estamos. —comentó Fishlegs, amable como siempre.
—Sí, no como otros, que cuando los internan ni siquiera le llevan flores. —dijo el ofendido Snotlout.
—¿Sigues reprochándome eso?
—Por supuesto, y siempre lo haré.
—¿Y qué tal si entramos a la casa? —sugirió Astrid, al ver que todos se habían estancado afuera de la puerta principal.
—¡Sí, vamos a comer! Hiccup, te traje un puré de papas que me quedó espectacular. —comentó Tuffnut hambriento.
—Y yo traje robalo incrustado con sal y me quedó como para lamerse los dedos —presumió Ruffnut.
—Mentirosa… ¡Yo lo probé y casi muero! —desmintió Snotlout. —No comas eso, Hiccup.
—¡Tú cállate, tonto! —lo golpeó la ofendida gemela.
—Mejor entremos. —volvió a sugerir Astrid para evitar que se desencadenara una pelea en el pórtico de su casa.
Afortunadamente, los invitados entraron de par en par a la casa, seguidos de los dueños.
Al entrar, Hiccup se conmovió al ver que habían adornado la escalera principal con un cartel que decía "Bienvenido a casa papá" y por las letras dedujo que fue Zephyr quien lo había escrito, mientras que los garabatos alrededor parecían ser una obra de Nuffink; pero no sólo el recibidor estaba adornado, al volverse hacia donde estaba la sala notó que ya habían puesto el árbol navideño con sus respectivas decoraciones.
—¿Y qué te parece, papi? —preguntó Nuffink.
—¡Me encanta! En serio, muchas gracias. —sacudió el cabello de su pequeño. —A todos, por estar aquí. —expresó con sinceridad a los demás presentes.
—Mmm mejor reacción a la última fiesta que hicimos para Astrid —balbuceó Snotlout los suficientemente fuerte como para que Ruffnut y Heather lo golpearan por su indiscreción.
Astrid, aunque lo escuchó y sabía que se refería a la fiesta que le hicieron cuando perdió a su hijo, trató de no darle tanta importancia pues comprendía que Snotlout era un cabeza de carnero, mientras que Hiccup si quiso ir a golpear a su amigo por ser tan idiota.
—¿Qué tal si toman todos asiento? —invitó Astrid para evitar otra discusión. —Stormfly… ¿me ayudas?
—Por supuesto. ¡A ver, todos! ¡vamos a la sala! ¡Comamos algo! —exclamó la dragona, incitando a los demás a seguir con la fiesta.
Los demás se animaron con el entusiasmo de la falsa hermana de Astrid y se movieron rápidamente a la sala para apartar un lugar. Hiccup también pretendió seguirlos, pero antes de que pudiera dar un paso, Astrid lo tomó de la mano.
—Hiccup, ¿me puedes acompañar un momento allá arriba? —le pidió en voz bajita.
—¿Eh? ¿Arriba?
Astrid asintió y con una mirada, le dio un indirecta de porqué lo quería en el piso de arriba. Hiccup comprendió lo que quiso decirle y por supuesto que aceptó.
—¿Qué? ¿Se van a festejar en privado? —les gritó burlonamente Snotlout, quien ya se encontraba merendando con los demás.
—¡Cállate el hocico! —le gritó Astrid, desde las escaleras, asustando de sobremanera a Jorgenson
—¡Ven Nuffink! ¡Tú también!
El niño que había ido por un poco de refresco y acompañaba a Nuffnut se apresuró en beberlo rápidamente para después seguir a sus padres a presenciar otro reencuentro.
—¿A dónde van? —preguntó Fishlegs curioso.
—A ver a otro miembro de la familia que no había estado bien en estos días. —respondió Stormfly con una sonrisa.
Heather y Dagur eran los únicos que sabían de quien se trataba, mientras que los demás apenas reparaban de que faltaban miembros de esa familia:
El hermano de Hiccup y la novia de este.
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La puerta de la habitación de los niños se abrió lentamente; Astrid entró cuidadosamente para cerciorarse primero de que no estuviera interrumpiendo el sueño de alguien, pero cuando vio que los ocupantes, incluyendo su hija, estaban despiertos, abrió con más libertad la puerta para que los demás entraran.
En la cama de Zephyr, estaba un dragón Toothless, cuidando de cerca a una dragona Alúmini que reposaba sobre una suave almohada rosada que pertenecía a la pequeña, con una cobijita encima y que al ver a los recién llegado levantó su cabeza con mucho ánimo.
—¡Ahora sí! ¡ya estamos todos reunidos! —celebró Zephyr, feliz por su familia.
Casi todos compartieron la felicidad y energía de la niña; solamente Hiccup, nuevamente sintió unos enormes deseos de llorar con lo que estaba presenciando, pero antes de que pudiera hacerlo, Toothless se transformó rápidamente en dragón y lo recibió con un gran y fraternal abrazo.
—Me alegro de que ya estés bien, amigo.
—Sí, igualmente amigo, pero…—se separó de él y vio hacia su guía adoptiva, el sentimiento de impotencia que sintió aquella vez en el hospital se hizo presente nuevamente en él. —perdóname, perdónenme los dos.
Después de los sucesos, debido a que Hiccup fue intervenido de nuevo no tuvo oportunidad de ver a la dragona, pues Toothless y los demás creyeron que lo mejor era que esta descansara en casa después de la batalla que había librado.
Los días que pasó en el hospital sólo le habían informado que ella estaba bien y le habían enviado unas cuantas fotos de ella dormida cómodamente en la misma almohada, pero no era lo mismo ver fotos a tenerla presente sana y salva después de lo que le había sucedido.
Al verlo llorar, Alúmini se levantó de su almohada y con mucho esfuerzo voló hacia donde estaba, desde el incidente en el hospital no había podido convertirse en humano nuevamente y tampoco volar, apenas empezaba a recuperar la sensibilidad en sus alas.
Al llegar al frente de su amo adoptivo, lo golpeó con su cabeza en la frente para que levantara el rostro.
En ese momento, Hiccup lo hizo y la tomó entre sus manos para que descansara.
—Perdóname Alúmini y gracias. —le dijo a la dragona entre lágrimas.
Esta negó con su cabeza como diciendo "No hay de qué", y se restregó en su mejilla para darle caricias. La conmovedora escena enterneció tanto que hasta Zephir y Nuffink se pusieron a llorar y por supuesto Toothless que se veía seriamente afectado entre todas aquellas emociones. La única que permaneció neutral fue Astrid, viendo con una tenue sonrisa a su familia reunida.
—Ah, y Astrid…—llamó repentinamente Toothless.
—eh… ¿sí?
—Alúmini y por supuesto yo, te queríamos decir algo.
En ese momento la pequeña albina dejó los arrumacos con su amo adoptivo y se concentró en la hechicera.
Cuando sus miradas azules se encontraron, la albina bajó sutilmente la cabeza y emitió un bonito destello blanco.
—Gracias por todo. —tradujo Toothless. —No perdiste la esperanza y me devolviste a la vida. Prometo que algún día te lo compensaré, a ti y a Stormfly. Ustedes dos se han vuelto más que mis amigas, son mi familia y las quiero.
El destello blanco de la dragona se tornó un tanto rosado, símbolo de la timidez y sinceridad con la que expresaba sus sentimientos.
Astrid al escucharla, emitió un disimulado suspiro y llevó una mano a su pecho para calmar lo que su corazón sentía.
—No hay de que, Alúmini. Tú eres también ya parte de mi familia y puedes contar conmigo siempre.
—De igual manera estaré siempre en deuda contigo y con Stormfly. —dijo Toothless expresando ahora lo que él sentía. —Gracias por procurarnos y querernos a Alúmini, a Hiccup y a mí.
—Lo mismo digo. —susurró Astrid conmovida, viendo a su silencioso novio
—¡Ay, pero qué bonita familia! —escucharon de repente por detrás.
Esta era Stormfly, la cual muy animada, llegó a la reunión familiar.
—¡Amigos, no debemos rendirnos! ¡Lo que sucedió sólo debe hacernos más fuertes! ¿Entendido? —exclamó con fuerza.
Los que estaban dentro de la habitación asintieron compartiendo la misma meta que la dragona. En especial Hiccup, que estaba determinado a lo que sea.
—¡Bien, entonces no se diga! Regresemos a la fiesta que los demás están preguntando por ustedes. —ordenó la nadder. — Alúmini… ¿crees que puedas acompañarnos? Fishlegs trajo corderito y está ¡buenísimo!
Las orejitas de la dragona se sacudieron al escuchar la palabra "corderito", era su comida favorita, y tanto deseaba probarlo que se movió de la palma de Hiccup e intentó transformarse en humano, pero el resultado fue que se desvaneció apenas volando unos centímetros, siendo atrapada a tiempo por Toothless.
Stormfly lamentó que su amiga aún tuviera problemas para moverse.
—Oh, bueno… entonces te traeré un poco ¿te parece? Y le diré a los demás que el hermano y cuñada de Hiccup están indispuestos.
La dragoncita asintió a su idea, y no le quedó de otra más que esperar ansiosa a que le llevaran un poco de esa comida.
Fue entonces que los demás presentes vieron que era hora de volver a la fiesta. Astrid, Hiccup y Nuffink salieron de la habitación y sólo Zephyr se quedó con Alúmini y Toothless; en plena emotiva reunión la niña no se había atrevido a darle algo a sus padres.
—Oye Zephyr, ¿qué pasó con lo de la invitación? ¿No se la ibas a dar a tus papás? —le recordó Toothless.
La niña negó con su cabeza.
—Se las daré mejor cuando todos se vayan. —respondió, sacando de su cajón la invitación del festival navideño, el cual se llevaría cabo en la víspera de la navidad.
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La fiesta de bienvenida pasó amenamente entre las ocurrencias de Snotlout, los chistes de Tuffnut, las historias trágicas de Ruffnut, las anécdotas aburridas de Fishlegs, los comentarios sarcásticos de Dagur y los postres de Heather que, cuando los consideraron, ya se estaban despidiendo de sus amigos al anochecer.
Hiccup y Astrid dieron un suspiro de alivio cuando finalmente todos se retiraron y cansados volvieron al sofá de la sala.
—Que día tan largo. —se estiró Astrid, tronándose algunos huesos. —Nuffink, es hora de ir a dormir. —dijo al niño que se encontraba pintando un cuadernillo en la mesita de la sala.
—Sí, mami. —respondió este obedientemente, dejando su cuaderno y crayones de lado.
—¿Ya te lavaste los dientes?
—No.
—Pues anda, vamos —
Se levantó Astrid de su asiento para acompañarlo al baño. Todo esto, mientras que Hiccup observaba con una leve sonrisa lo dedicada que era su novia para con sus hijos.
—Eh… papá. —escuchó de repente a su derecha.
—eh, ¿Zephyr? Pensé que ya te habías acostado. Ven aquí. — dijo, invitándola a sentarse a un lado de él.
La niña que, ya se encontraba en pijama, saltó al sofá y con cuidado se acomodó debajo de su brazo derecho.
—Es que quería darles algo a mamá y a ti. —comentó un tanto nerviosa.
—¿Darnos algo?
En eso, Toothless y Alúmini en su forma de dragón bajaron por las escaleras para presenciar ese momento, al igual que Stormfly que volvía de la cocina, mientras que Astrid y Nuffink salían del baño sin saber porque todos estaban reunidos en la sala.
—¿Qué pasa? —preguntó Astrid extrañada.
—Dice Zephyr que nos quiere dar algo. —respondió Hiccup, sin tener tampoco idea alguna.
—Oh… ¿Qué es, pequeña?
Fue entonces que Zephyr extendió el sobre hacia su padre, este se removió un poco de su posición y lo tomó entre su mano derecha, al tener un poco de dificultad para abrirla, Astrid se acercó y lo abrió por él.
—Es una invitación para el festival navideño. —sonrió Astrid. —¡Y Zephyr tocará y cantará con el grupo de la escuela! —leyó orgullosa.
—Espero ahora sí poder hacerlo. —mencionó la pequeña cabizbaja. —No como el año pasado.
Al escucharla Hiccup y Astrid dieron un grito ahogado, y la segunda leyó nuevamente la invitación justo en el apartado donde venía la fecha del evento.
24 de diciembre 2019
Víspera de navidad o de Snoggletog (como ellos le seguían diciendo) el día en que tanto ella como Hiccup cumplirían un año de haber aceptado ser padres.
Que rápido pasaba el tiempo, pensaron ambos, recordando todo lo malo y lo bueno que les había sucedido a lo largo de ese año y del pasado.
—Mami… ¿ahora si podremos festejar la navidad en grande? —preguntó Nuffink tímidamente.
Hiccup y Astrid se miraron entre sí, primeramente, un poco confundidos, sin embargo, después de una rápida reflexión y a pesar de que sabían que había un enemigo en las afueras no querían romper con las ilusiones de sus hijos, así que ambos se sonrieron y respondieron juntos a su querido hijo.
—Sí. Ahora sí lo festejaremos.
Les habían arruinado la navidad pasada, pero eso no volvería a suceder.
—¡Genial! —exclamó Stormfly emocionada. —Está también sería nuestra primera celebración de Snoggletog con ustedes desde que los encontramos. ¿verdad? —dijo, viendo a sus otros compañeros.
Toothless se convirtió en humano y con Alúmini entre sus manos respondió:
—Así es, también nosotros cometimos errores hace un año, pero ya no más ¿verdad?
Alúmini asintió, estaba consciente de todo los errores del pasado, errores que poco a poco cada uno fue corrigiendo.
—Ok, entonces no se diga más ¡haremos una fiesta!, pero… ahora la duda qué tengo es exactamente... ¿qué haremos? —se preguntó Stormfly.
—¿Qué haremos de qué? —cuestionó Astrid confundida.
—Pues de cenar. —respondió Stormfly con obviedad. —Si me permiten opinar, yo estaba pensando en un delicioso pollo al horno.
—Mejor un pescadito ¿no? —opinó Toothless.
—Corderito. —sugirió Alúmini con su luminosidad.
—¡Pollo!
—¡Pescado!
—¡Cordero!
—Chicos, chicos no se peleen. —pidió Astrid, haciéndola de réferi entre los guías.
—Cierto, todos debemos opinar. —se tranquilizó Stormfly. —¿Tú que opinas Astrid? ¿Un pollito?
—Hiccup… tú votas por el pescado ¿verdad? —incitó Toothless.
El hechicero, sudó en frío al ver las intenciones de su guía.
—Yo más bien, prefiero preguntarles a Nuffink y Zephyr qué es lo que quieren. —opinó nervioso.
—En realidad yo también. —dijo igualmente Astrid.
Los guías calmaron su euforia, viendo a los pequeños niños y comprendiendo más que nada que sus padres querían cumplir ese deseo a sus hijos.
—Está bien. —suspiró Toothless. —Niños… ¿qué quieren para la cena?
Zephyr y Nuffink felices de ser tomados en cuenta se sonrieron entre sí.
—¡queremos pavo! —respondieron al unísono y para sorpresa de los adultos.
—¡Con papitas horneadas! —agregó Nuffink.
—¡Y de postre pastel de fresas! —deseó Zephyr.
Parecían que ambos habían planeado minuciosamente lo que querían, porque todo lo que pedían coincidía con cualquier fotografía de cena navideña tradicional que se viera.
—Bueno, al menos es un ave. —concordó igualmente Stormfly.
—Ok, pues no se diga más… pavo… será. —dijo Astrid un poco insegura, ya que muy apenas sabía cocinar cierta clase de proteínas.
—No te preocupes, Astrid, yo cocino. —escuchó decir a Hiccup.
Al volverse hacia él, este le sonrió tenuemente.
—¡Genial!
Celebraron sus hijos triunfantes y comenzaron a canturrear, dando vueltas en la sala.
"Pronto será navidad, habrá cena familiar y Santa Claus nos va a visitar, y regalos nos va a dejar"
¿Regalos?
Nuevamente Hiccup y Astrid sudaron en frío, el año pasado afortunadamente Hiccup había tenido un pequeño detalle con ellos, pero ahora ambos padres querían lo mejor para sus hijos.
—Y… ¿qué le van a pedir a Santa Claus? —preguntó Astrid despistadamente.
Los niños detuvieron su danza.
—¡Quiero una guitarra! —gritó Zephyr.
—¡Un auto monstruo como el de los comerciales! —pidió Nuffink entre saltitos.
Hiccup y Astrid tomaron nota mental de sus deseos.
—Aunque también… —susurró la niña. —¿Mami?
—Eh… ¿sí?
—Lo he estado pensando y ya que ustedes tienen poderes… ¿eso significa que Nuffink y yo también los tenemos?
Astrid inmediatamente miró a Hiccup en busca de apoyo.
—Uhm… —tragó este saliva. —Así es, de hecho… mínimamente han… manifestado un poco de esa magia.
—¡¿En serio?!
A Zephyr y a Nuffink les brillaron los ojos.
Hiccup, Astrid y también los guías sudaron en frio, pensando que los niños pedirían tener sus propias armas, pero…
—¡Entonces queremos a nuestros guías dragones! —gritaron ambos al mismo tiempo.
Los adultos casi se caen de la impresión al escucharlos, pero rápidamente se tranquilizaron.
—Eh… bueno, eso… —dudó Astrid.
—¿Santa Claus no regala dragones? —preguntó Nuffink.
—Es que…—balbuceó Hiccup. —No funciona exactamente de esa manera, hijo. Un guía realmente lo escoge un padre antes de que su hijo nazca y que el guía salga de su huevo.
—Oh… —musitó Zephyr. —Y para eso tendríamos que estar en el mundo oculto ¿verdad?
—Así es.
—¿Y si queremos armas como Sky e Inferno? —volvió a preguntar Nuffink.
—Eso es algo más complicado. —trató de explicar Astrid. —empezando porque te tienen que inyectar. —fingió ponerle una inyección en el brazo.
—¡Ay, no! Entonces no quiero. — se alejó este rápidamente.
—A mi no me interesa lo de las armas, yo sólo quería tener a mi guía dragón. —suspiró Zephyr decepcionada. —pero si Santa Claus no puede, al menos quisiera que me regalara la guitarra o un pianoforte.
—No quiere nada esta niña. —susurró Toothless discretamente ganándose un codazo por parte de Stormfly y un reproche por parte de Alúmini.
—Yo con el auto monstruo o con el avión monstruo.
—¿También hay aviones? —se preguntó Hiccup pensante.
—Bueno, ¡ya! será lo que Santa "Norte" pueda regalarles. —determinó Astrid para ya no alargar más el asunto. —Niños, ¡a la cama! Que ya es muy tarde.
—¡Sí! —respondieron estos felices, corriendo hacia las escaleras. —¡Buenas noches!
—¡buenas noches!
—Nosotros también nos retiramos. —bostezó Toothless, aún con Alúmini entre sus manos. Esta sólo bajo la cabeza en modo de despedida.
—Yo también me voy. —Se estiró Stormfly. —Fue un día muy largo.
—¡Que descansen! —se despidieron Hiccup y Astrid.
Los dragones se retiraron lentamente en dirección hacia las escaleras y cuando la sala se llenó de completo silencio, Astrid lo rompió con un carraspeo.
—Eh…Hiccup, es hora de dormir, debes estar muy cansado. —comentó mientras tomaba las almohadas y las colchas que él usaba para dormir.
—Sí, un poco. — se levantó este pesadamente del sofá para ir al baño y cambiarse antes de dormir.
En lo que él se preparaba, Astrid acomodó el sofá con un par de suaves sábanas, pero cuando vio el sitio donde su novio dormía consideró que tal vez estaría mejor en la cama… con ella.
—Astrid… ¿qué cosas piensas? —se sacudió apenada.
—Ah, muchas gracias. —escuchó detrás de ella.
Astrid sufrió un micro infarto al escucharlo, pero con una sonrisita fingida pretendió estar de lo más normal y siguió acomodando el sofá.
Mientras que Hiccup, ni cuenta se había dado de las reacciones de su novia. Sólo agradeció sus atenciones y cuando Astrid terminó de acomodar su "cama", se sentó sobre esta para poder quitarse la prótesis, aunque al final terminó siendo ayudado por la apenada Astrid, una vez que esta se la retiró se acomodó en el sofá, un tanto adolorido por los movimientos que hizo en el brazo en donde ya no estaba más el cabestrillo.
—Hiccup… —susurró Astrid muy bajito. —¿Te…
—Ya extrañaba dormir aquí. —susurró este con los ojos cerrados, sin percibir que su compañera había hablado.
—¡Oh!... ¿En serio?
—Sí, la cama del hospital era muy dura para mi gusto. —respondió Hiccup un tanto pensativo, viendo hacia el techo.
—Oh, entiendo. —musitó Astrid. —Por cierto, Hiccup. ¿qué opinas de lo que dijeron los niños?
—¿Sobre sus armas y guías?
Astrid asintió.
—De antemano sabemos que lo de los guías no es posible, a menos que tuviéramos acceso al santuario desde este mundo.
—Sí, lo sé, pero lo otro…
Hiccup bufó.
—Eso… sí se podría hacer.
—supongo que te refieres a que sí se les puede extraer el egni, pero sin herrero… no hay armas.
—Sí, por supuesto, pero… y… ¿si te dijera que… yo sé algo sobre ese proceso? —insinuó este, volviendo su mirada al techo.
La hechicera ahogó un grito espantada.
—No te preocupes, Astrid. —Se volvió Hiccup hacia ella. —Por mi parte, sabes que preferiría que nuestros hijos crezcan alejados de este tema de las armas, porque si ahora nos persiguen a nosotros, no quiero imaginar que pase lo mismo con ellos, no sabemos que tipo de arma pueden llegar a crear con su egni.
—Sí, lo sé, podría ser muy peligroso si llegan a tener algo como Sky o Inferno.
—Así es. —se acomodó Hiccup en el sofá, dando otro suspiro y cerrando los ojos.
Con ese movimiento, Astrid comprendió que él ya no quería hablar sobre ese asunto, así que comenzó a arroparlo; era evidente para ella que, pese a todo, Hiccup aún necesitaba un tiempo para procesar lo pasado, debido a que, en días anteriores, (antes de los terribles acontecimientos) le hubiera preguntado en broma si podía dormir con ella.
Hiccup podría haber estado bien con los niños, con los guías, con sus amigos, pero en el fondo aún seguía lamentándose por lo de Viggo y probablemente rememorando en su cabeza una y otra vez el momento en que ella lo privó de la vida.
Si por ella fuera podría tomar con una canción todas esas tristezas y agregarlas a las suyas, pero sabía de antemano que Hiccup no aceptaría algo como eso.
—Buenas noches, Hiccup. —le dijo, inclinándose un poco hacia él para besarlo.
Un par de pequeños besitos de piquito que le fueron correspondidos con afecto y cierto aire de melancolía.
—Descansa, Astrid y gracias—le dijo él, dejándola ir.
Cuando Astrid se retiró y llegó a la planta alta, fue entonces que Hiccup pudo suspirar y con ello liberar un nudo en la garganta, que lo hicieron lagrimear y enrojecer los ojos.
Se sentía feliz de estar en casa, feliz de haberse reencontrado con sus hijos y guías, feliz de tener a una mujer como Astrid a un lado de él, amigos que lo querían, pero también sentía tristeza por lo que le habían arrebatado a su amigo y por la impotencia que sentía al imaginarse que el enemigo podría controlarlo, no tanto por él, si no por Astrid con quien en definitiva intentaban enfrentarlo, temía herirla de nuevo, a sus hijos o guías.
—No te preocupes Astrid, yo te cuidaré y a nuestros hijos, a nuestra familia. Me encargaré de ese maldito a como dé lugar, no permitiré que… nos hagan lo mismo que a Viggo. —recordó con rencor y tristeza.
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Viernes, 20 de diciembre 2019.
—Hola, hola… ¿Cómo amanecieron todos? —saludó la entusiasta Heather, entrando por la puerta trasera de la casa Haddock – Hofferson.
Eran alrededor de las 8:30 de la mañana y una parte de la familia se encontraba desayunando en la mesita de la cocina, cuando la jardinera llegó.
—Buenos días, Heather. Llegaste más temprano que de costumbre. —saludó Hiccup.
—Es viernes de entregas, recuerda, la última del año. —dijo esta, observando con curiosidad a los menores. —¿Niños, no se les hace tarde para la escuela?
—Hoy entramos más tarde, tía, ¿no te acuerdas? —respondió Zephyr.
—¡Oh! Claro, la fiesta de navidad en sus salones. —se golpeó esta la frente. —Me lo recordaron toda la semana, es a partir de las 9 ¿verdad?
—Así es y después ¡vacaciones!
—Pero Zephyr, ¿no dijiste que tu grupo de coro como quiera iba a ir el lunes y el martes por los ensayos? —recordó Astrid.
—Sí, sólo para eso.
—Bueno, niños… llegó la hora de irnos. —comentó Hiccup, levantándose de su asiento.
—¿Eh? ¿Vas a ir a dejarlos? —preguntó Heather curiosa.
—Sí. —respondió este con cierta molestia en el brazo. —No tengo nada qué hacer, quisiera caminar un poco así que niños, vayan por sus abrigos. ¿Toothless, nos acompañas?
El dragón que, estaba comiendo en el centro de la mesa junto con Alúmini, asintió rápidamente a su petición, se movió de su lugar y se transformó inmediatamente en humano.
—claro, te acompaño, sólo déjame ir por unas hierbas para hacerle el ungüento anti-dolor a Alúmini.
—Oh, es cierto, se acabó. —recordó Stormfly. —Pero no te preocupes, si quieres yo voy.
—No, no es necesario. —agradeció el furia con una sonrisa. —Lo hago yo, no me tardo. Todavía tenemos tiempo ¿verdad, Hiccup?
—Sí. —respondió este mirando su reloj. —Y como quiera no es necesario llegar tan puntual, después de todo sólo irán a una fiesta.
—¡Excelente! Entonces déjame recolectar eso y te alcanzo.
—Seguro, yo mientras me termino de vestir y me aseguro de que los niños estén bien abrigados.
—De acuerdo, pues… Toothless, las hierbas que buscas se encuentran en la entrada del invernadero y Hiccup asegúrate que Zephyr y Nuffink lleven sus bufandas, gorros y guantes. —ordenó Astrid.
—Como digas mi lady. —asintió este, saliendo de la cocina, mientras que Toothless salía al patio trasero.
Quedándose las chicas en la cocina todo pareció envolverse en silencio, hasta que un suspiro por parte de la jardinera llamó la atención de las presentes.
—¿Qué pasa Heather? ¿Por qué el suspiro? —preguntó Astrid.
Esta volvió a suspirar.
—Ush, es que ya pronto es Navidad y aún no sé qué regalarle a Spinel.
—¿Un regalo para Spinel? No sabía que entre adultos también se daban regalos. —comentó Stormfly curiosa. —pensé que sólo era para los niños.
—No, también entre adultos se regalan cosas.
—Oh ¿Y es algo obligatorio?
Heather negó con su cabeza.
—No tanto como obligatorio, es algo más de… cómo explicarlo, te nace hacerlo, generalmente se le regala algo a tus seres más queridos. Al menos para mí, es una forma de decirle, por ejemplo, a Spinel, que lo amo y… me esmero por conseguirle un bonito obsequio, ya sea algo comprado, hecho por mi o algún detalle lindo con él. Lo importante no es el valor monetario del obsequio sino el sentimiento con el que se lo das. No sé si me doy a entender.
—Sí. Me parece entonces un detalle muy lindo. —respondió Stormfly ensoñada.
Mientras que por parte de Alúmini y Astrid se quedaron pensativas.
—Astrid, por eso te quería preguntar. ¿quisieras acompañarme a buscar un regalo para Spinel mañana?
—Eh… ¿yo?
—Sí.
—Ay, sí, Astrid. ¡vamos! —se invitó la nadder sola. —¿Alúmini, nos acompañas?
Para su sorpresa, la albina asintió un par de veces, queriendo unirse también al grupo.
—Oh, bueno… —musitó Astrid un tanto nerviosa. —Sí, no estaría mal… además tengo que conseguir los regalos para Zephyr y Nuffink y lo que vamos a comer y… todo lo demás.
—¡Grandioso! —celebró Heather. —Y no te olvides de algo para Hiccup. —recordó con una risita.
Astrid inmediatamente reaccionó poniéndose colorada, pues sí, su amiga tenía razón, después de haberla escuchado pensó también en buscar un regalo especial para su novio, un regalo para poder expresarle lo mucho que lo amaba. Lo mismo pasando con Alúmini, quien añoraba poder encontrar un detalle con el cual hacer feliz a Toothless, ignorando que este también había escuchado toda la charla entre las chicas y pensaba de la misma forma que ella.
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—¿Un regalo de navidad? —repitió Hiccup mientras caminaba a la par de Toothless.
Ambos, junto con los niños, habían salido de la casa minutos atrás y caminaban tranquilamente sobre la acera de la calle que llevaba a la escuela, mientras que Zephyr y Nuffink, entretenidos en su propio mundo, iban jugueteando a unos pasos adelante de ellos.
—Sí, la verdad se me hizo algo muy bonito e inmediatamente llegó a mi mente algo que podría gustarle a Alúmini.
—Oh, ya veo, entonces no lo dudes, amigo, adelante, Alúmini se merece sólo lo mejor.
—Sí, lo sé. ¿Y qué hay de ti? —preguntó juguetonamente este. —¿Le regalarás algo a Astrid?
Hiccup inmediatamente enrojeció.
—Sí, pensaba en darle un obsequio, incluso antes de que me contaras sobre esto, aunque no pensaba en un obsequio para dárselo justo en navidad, pero ahora que sé que en este mundo es algo así como que tradición me esmeraré en conseguir algo, el problema es que no sé qué exactamente.
—No te preocupes, yo sé que encontrarás algo perfecto para ella.
—¡Ah, miren! ¡Que bonito arreglaron!
Los adultos pospusieron su conversación al escuchar el grito de la menor, quien maravillada observaba los adornos que habían puesto en la entrada de la escuela, unos enormes inflables de osos polares que daban la bienvenida con su respectivo cartelito.
—Bien, creo que llegó la hora de la fiesta, yo iré con Nuffink. —seleccionó Toothless, yendo rápidamente con el niño a quien tomó entre sus brazos para luego llevarlo de caballito (o dragoncito para él), seguía prefiriendo su salón ya que las actividades, según él, eran más divertidas.
Mientras que Hiccup, sólo se quedó con las palabras en la boca y ni tiempo le dio de despedirse de su hijo, así que, acudió con su hija la cual seguía fascinada con los inflables de osos. Cuando ambos terminaron de admirar la decoración del lugar fue tiempo de llevarla al salón de clases en donde había comenzado una amena fiesta navideña.
Los bancos que usaban los estudiantes estaban alineados contra la pared para dejar el centro completamente libre, mientras que en el lugar del maestro se había instalado toda una mesa con una variedad de alimentos y postres.
—¡Hola, maestro Alberick! —saludó Zephyr a quien se encontraba detrás de la mesa de alimentos sirviendo a los alumnos.
—¡Hola, Zephyr! ¡Llegaste! —saludó este, con su característico ánimo, chocando su mano con la de la niña. —Buenos días, Hiccup. ¿cómo has estado?
—Bien, dentro de lo que cabe. —respondió este, estrechando la mano del maestro.
—Sí, puedo verlo. —musitó este, viendo el cabestrillo de su brazo izquierdo. —Zephyr, esto es para ti… —dijo, desviando su atención a la niña a la que le entregó un par de bocadillos en un plato. —¿Por qué no vas y platicas con los demás? Allá está mi hijo y Nuffnut.
—Sí, maestro. —obedeció la niña, tomando su platillo para después reunirse con los demás niños.
—¿Gustas algo, Hiccup?
—No, gracias, almorcé hace unos minutos.
—Entiendo, entonces ¿si quieres podemos hablar allá afuera? —invitó el maestro.
—Seguro.
Ambos varones, caminaron hacia la salida del salón, dejando a los niños entretenerse en su propia fiesta.
—Zephyr me contó lo que te sucedió, de verdad me alegra que estés bien. —comentó el maestro con más seriedad.
—Gracias, ¿y cómo estuvo ella?
—Bien, aunque no estuvo con los mismos ánimos de siempre, incluso ni para ensayar tenía ánimo, aunque eso no le quita que tenga mucho talento.
Hiccup esbozó una disimulada sonrisa orgullosa.
—Ya me dio la invitación para el festival de navidad.
—¿Y…? ¿Ahora sí llegarán temprano? —recordó este burlonamente.
—Aunque me cueste la vida. —respondió Hiccup muy seriamente.
—Oh, vaya… ¡calma! Tampoco hay que ser tan extremos.
—Sí. Lo digo en broma. —mintió este, tratando de ser más humorístico. —Por cierto, Alberick, ¿te puedo pedir un consejo?
—Eh… sí. Adelante. —asintió este extrañado.
—Bueno, verás… si "alguien" quisiera de regalo una guitarra o un piano ¿de qué clase o tipo le comprarías?
Alberick rio.
—Supongo que el nombre de ese alguien comienza con "Z" y termina con ephyr ¿o me equivoco?
Hiccup rodó los ojos abochornado y no respondió.
—Está bien papá, no te preocupes, yo sé exactamente cuál le puede gustar a tu hija, si quieres vamos al salón de música y te la muestro.
—Está bien, después de ti.
Ambos varones dejaron momentáneamente el salón del segundo grado para dirigirse al salón de música, el cual estaba completamente vacío debido a las festividades. En cuanto llegaron, Alberick inmediatamente se puso a buscar en la bodega de instrumentos, mientras que Hiccup observaba con curiosidad todo su alrededor: lo que había en el pizarrón, los posters de notas musicales, unas cuantas fotografías y finalmente su vista quedó fija en el llamativo pianoforte que estaba cerca de la ventana.
—Alberick… ¿Cómo cuánto cuesta uno de estos? —preguntó curioso, tocando unas teclas para escuchar qué sonido emitían.
El maestro salió de la bodega con una guitarra en mano que estaba en su respectivo estuche.
—Pues… uno de buena marca como el de este, alrededor de las £150,000.
Hiccup se asustó y enseguida dejó de tocar las teclas por miedo a romperlo. Se le hizo demasiado costoso, sí bien tenía el dinero para cumplirle a su hija ese deseo era algo que debía consultar también con Astrid, pues se trataba de un monto significativo además de un instrumento que requería forzosamente de un espacio en la casa, espacio que por el momento no tenían.
—Aunque venden más pequeños, comúnmente llamados teclados o sintetizadores, también se puede hacer buena música en ellos.
—Oh, ya veo.
—Y de guitarras, al menos tu hija ha practicado en una de estas. — le mostró el maestro sacando del estuche el pequeño instrumento con acabados de madera que se veía mucho más sencillo que el piano, pero que al tocarse también emitía un buen sonido. —Un teclado o una guitarra como estas serían un buen obsequio para ella. Así que lo que decidas estoy seguro de que le gustará.
Hiccup tomó nota mental de la apariencia de la guitarra y marca.
—Sí, lo voy a pensar. Muchas gracias, Alberick.
—No hay de qué, me es un placer saber que los padres estén interesados en apoyar el talento de sus hijos.
Alberick volvió a colocar con cuidado la guitarra en el estuche; sin embargo, al hacerlo un pequeño sobre de papel cayó del bolsillo que tenía en su camisa. Hiccup al notarlo, rápidamente se agachó para recogerlo.
—Oh, gracias. —lo tomó Alberick para volver a guardarlo ahora entre su saco. —Es el regalo para Mako.
—Oh, ¿y qué es? Si se puede saber… —preguntó curioso.
El maestro esbozó una sonrisita y volvió a sacar el sobrecito, lo abrió con cuidado y le mostró al padre de su alumna lo que había en su interior: unos hermosos pendientes de oro que tenían como decoración principal unos cristales cortados de color rojo.
—¿Qué tal?
—Muy bonitos.
—Sí, a Mako le gusta mucho esta clase de cosas. —explicó el maestro, guardando con cuidado el regalo. —¿Tú ya le compraste algo a tu esposa?
—Ah… bueno…—rio. —Yo no… aún no sé qué darle exactamente, te parecerá tonto tal vez lo que te diré, pero yo… en realidad nunca le he regalado nada.
El maestro se sorprendió.
—quiero decir en ¡navidad! —corrigió este, recordando que el único obsequio que le había hecho a su novia era el árbol hermanito, la ropa que le había comprado durante su cita no lo consideraba como tal un regalo.
Alberick no entendió mucho, pero pensó que era por algo de una costumbre o tradición de familia.
—Oh, ya veo, pero por lo que dijiste… ¿ahora sí le darás algo?
Hiccup medio sonrió y asintió.
—Pero no sabes qué ¿verdad?
Hiccup volvió a asentir.
—Sólo dale algo que a ella le gusté o que deseé con muchas ansias
—La cabeza del titiritero clavada en Inferno sería buen regalo. —meditó Hiccup para sus adentros.
—O dale algo que… no sé, refleje lo que tú sientes por ella.
—¿Qué refleje lo que yo siento? —repitió Hiccup confundido.
—Por ejemplo, ¿qué es lo que sientes por ella?
Hiccup sonrió y dio un suspiro como todo hombre enamorado.
—Ella es la mujer más maravillosa del mundo. —pensó. —La más hermosa chica que haya conocido, que me vuelve loco con su irritante e increíble forma de ser, la quiero, la amo, quiero que siempre seamos Hiccup y Astrid, siempre… por la eternidad.
—¿Disculpa?
Hiccup despertó de su ensoñación, viéndose nuevamente en el salón de música con el maestro de su hija.
—Lo siento. ¿qué dije? —se preguntó confundido,
—Pues solamente logré escuchar "Por la eternidad."
—¡Ah! Es que…—se sonrojó. —Cuando pienso en Astrid, sólo pienso en estar con ella siempre, por la eternidad. —explicó apenado.
—Eien ni. (永遠に) —Se escuchó de repente en la entrada del salón.
Los varones al girarse vieron que se trataba de la esposa del maestro. Alberick, inmediatamente se aseguró que su regalo estuviera bien oculto.
—Lo siento mucho, no pude evitar escuchar. —se disculpó la maestra. —Alberick, te estaba buscando.
—Oh, sí, linda… le estaba mostrando a Hiccup algunos instrumentos ya que quiere regalarle uno a Zephyr.
—Entiendo.
—Eh… disculpe. —interrumpió Hiccup. — pero antes… ¿qué fue lo que dijo?
La maestra sonrió y se acercó al pizarrón para poder escribirlo y explicarlo mejor.
—Eien ni. (永遠に) —repitió, escribiendo unos símbolos. —Significa "por la eternidad" en mi lengua natal.
—Mako nació en un país del extremo oriente. —le siguió Alberick. —De donde viene, se cree que las personas están conectadas por medio de un hilo rojo y estas están destinadas a encontrarse y a ser almas gemelas. Este hilo se enreda, se tensa, se desgasta, pero nunca se romperá. A mi me gusta pensar que es una manera de decir que, si encontraste a la persona correcta, no importa las dificultades ni las adversidades o los problemas que tengan, si se aman, siempre estarán juntas por…
—Eien ni. —musitó Hiccup con una sonrisa. —¡Ya sé que regalarle a Astrid! Muchas gracias, a los dos.
Los maestros se sonrieron, sintiendo que de algún modo habían ayudado a un amigo, y así fue, Hiccup con la mente más esclarecida se propuso a buscar lo que pensó sería un hermoso y especial regalo para Astrid.
Sábado, 20 de diciembre 2019.
Heather, Ruffnut, Astrid, Stormfly y una recién convertida en humano Alúmini, caminaban entre el tumulto de gente que había en el centro de la ciudad.
Desde muy temprano, se habían organizado para ir a dicho lugar; sin embargo, lo que Astrid ni las dragonas esperaron es que el lugar estuviera abarrotado de gente.
—De haber sabido que habría demasiada gente, mejor no hubiera venido… —gruñó Astrid, sintiendo molestia cada vez que un extraño la empujaba.
—Es normal en esta temporada. —explicó Heather durante la caminata. —Lo más recomendable es hacer nuestras compras rápido para marcharnos lo mas pronto posible, así que… ¿qué hacemos primero?
—Creo que estaría bien primero conseguir los regalos de los niños ¿no? —opinó Stormfly.
—Mi mocoso me pidió toda la juguetería, pero sólo le compraré un "Max Steel". —comentó Ruffnut también harta del gentío.
—Yo también tengo que pasar a la juguetería para conseguir el auto monstruo para Nuffink. —dijo Astrid. —Luego quisiera pasar a la tienda de instrumentos para conseguir el regalo de Zephyr.
La noche anterior, Hiccup le había platicado a Astrid que había sido asesorado por el maestro de Zephyr y que, después de la fiesta de la escuela, disimuladamente pasó por la tienda de instrumentos para ver opciones; sin embargo, debido a que iba con Toothless y los niños no compró nada puesto que se darían cuenta, por lo que le encomendó la tarea a ella de comprar lo que querían para su hija.
—Ok, entonces ¿qué tal si vamos primero a la juguetería y luego a la tienda de instrumentos musicales? Luego regresamos al auto a dejar las cosas y luego seguimos buscando los demás regalos.
—Me parece bien. —dijo Astrid.
—Igual para mí. —opinó Ruffnut.
—Por mi no hay problema. —concordó Stormfly.
—Eh… yo… —musitó la última chica.
Alúmini se sonrosó al ser el centro de atención de las chicas, y por supuesto se avergonzó de ser la única que no iba de acuerdo con el plan.
—¿Qué pasa Alúmini? —preguntó Astrid al verla inquieta.
—Es que… me preguntaba ¿si yo podía desviarme un poco y buscar por mi propia cuenta? Es que realmente no sé cómo es esto de las compras ni tampoco tengo idea de qué comprar, siento que les voy a quitar mucho tiempo.
—Oye Astrid… tu cuñada es una rarita. —murmuró Ruffnut por lo bajo.
—Déjala en paz, ¿sí? —musitó Astrid, no queriendo ser grosera con la gemela. —Stormfly…
—¿Eh? ¿Sí?
—¿Por qué no acompañas a Alúmini? Creo que entre las dos se pueden ayudar.
La nadder inmediatamente se emocionó.
—Sí, por supuesto. ¿Alúmini, te importaría si te acompaño?
—Eh… no, sería de mucha ayuda, gracias. —sonrió. —¡Gracias, Astrid!
—Sólo manténganse en contacto cuando terminen. —pidió esta. —No se metan en problemas y no pierdan el dinero que les di.
—¡Claro que no! —exclamaron ambas dragonas humanas.
Y viéndose en la libertad de irse a donde quisieran, tomaron ambas un rumbo diferente al de la hechicera y sus amigas.
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—¿Y alguna idea de lo que quieres regalarle a Toothless? —preguntó Stormfly con curiosidad, mientras caminaba con su amiga por las calles del área comercial del centro.
La albina lo meditó con un dedo en su barbilla y viendo al cielo.
—Al inicio pensé en un pescado. —respondió con inocencia, ocasionando que Stormfly se riera. —¿Es tonto?
La nadder dejó de reír.
—¡No! O bueno en realidad no tengo idea, creo que con lo que sea que le des a Toothless, él estará feliz.
—¿Eso crees? —siguió pensando la albina, sin dejar de caminar.
A su mente sólo llegaban imágenes de pescados en diversas canastas y Toothless (en su forma de dragón) devorándolos.
—¿Por qué no puedo dejar de pensar en pescado? —se detuvo para sacudirse las ideas. —Stormfly… ¿y si…
Al mirar a su lado, dio un grito ahogado al ver que su amiga no estaba aún lado de ella, al contrario, estaba un sujeto extraño que sólo la vio con el entrecejo fruncido.
—¡Ay, disculpe, señor! —dijo enrojecida y comenzó a asustarse al verse rodeada de gente extraña.
Pero aquel sentimiento pronto se apagó al ver a la nadder a unos cuantos metros de ella. Se extrañó ya que esta no se movía y tenía su vista fija en algún punto de los locales.
—Stormfly, pensé que te había perdido. ¿Qué haces?
Fue entonces que fijó su mirada hacia donde la tenía su amiga y cuando vio lo que ella miraba con tanta insistencia fue que comprendió lo que pasaba.
Frente a ellas, a unos cuantos metros, se encontraba la cafetería de la Sra. Ank, el lugar donde Stormfly solía pasar su tiempo con Rorik, la persona que ella amaba.
—¿Quieres ir?
La simple pregunta de Alúmini fue suficiente para que Stormfly reaccionara.
—No. —negó rápidamente y muy nerviosa.
—¿No? Pues yo digo que sí. Vamos Stormfly. —la jaló Alúmini del brazo.
—¡No, espera! ¿Qué haces?
—Nada pierdes con verlo, aunque sea un momento, si es que está ahí…
—Pero…
—Pero ¡nada! ¡Anda, vamos! Al menos para que me invites una de esas bebidas de las que me contaste…
—Ay, no, pero…
Alúmini se detuvo.
—No pasa nada, Stormfly. Anda, al menos date a ti misma ese regalo.
La nadder con un rostro lleno de melancolía lo meditó; muy dentro de su ser ansiaba ver a Rorik, pero imaginarse verlo y que este no la reconociera hacía que su corazón doliera; sin embargo, aun así, lo reconsideró pues más allá del dolor que pudiera sentir nada se compararía con la dicha de volver a verlo.
—Está bien.
Al escuchar su respuesta, Alúmini le sonrió a su amiga y con más tranquilidad la llevó con ella a aquella pequeña cafetería.
Al momento que entraron y que la campanilla de la puerta sonó, Stormfly se paralizó de tal modo que cuando Alúmini la jaló para acudir a la barra de café parecía que ella caminaba como un robot.
No se atrevía a ver a su alrededor, tenía miedo de mirar a la mesa cerca de la ventana y encontrárselo.
—Stormfly… ¿estás bien? —preguntó Alúmini al verla cohibida.
—Buenas tardes, señoritas. ¿Qué les puedo ofrecer?
—¡Señora Ank! —exclamó Stormfly con felicidad, cuando la dueña del lugar se acercó a atenderlas.
—Disculpe ¿La conozco? —respondió esta con su entrecejo fruncido.
Stormfly se decepcionó, por un breve segundo había olvidado que a ella también le habían borrado la memoria.
—su nombre está en el gafete. —señaló Alúmini la plaquita que esta tenía en su uniforme.
—¡Oh, sí! ¡Claro! —se golpeó esta la frente. —Discúlpenme, pero siempre me jacto de conocer el nombre de todos mis clientes y como nunca las había visto por aquí.
Stormfly sonrió tenuemente y aunque se sentía un poco decepcionada, también sintió alegría de saber que esa señora tan energética se encontraba en perfecto estado.
—Descuide, señora no hay problema. —continuó Alúmini con la conversación de lo más normal.
—Y díganme ¿qué les sirvo?
—Uhm… no sé, ¿Stormfly?
La nadder se sobresaltó y se sacudió tratando de actuar con normalidad, incluso se atrevió a ver a las demás mesas; incluida aquella en donde se solía sentar con él; sin embargo, pese a lo que su corazón deseaba, su amado Rorik no se encontraba en ese lugar. La mesita que siempre compartían estaba desocupada.
—¿Stormfly? —volvió a llamar Alúmini.
La nadder volvió su vista al frente.
—¡Ah, sí! Nos puede servir 2 frappuccino de vainilla con chocolate y un par de galletas con chispas, por favor.
—A la orden, señoritas, enseguida les prepararé su pedido. Sí gustan mientras tomar asiento ya sea en las mesas o en la barra, por favor, no tardo.
—¡Muchas gracias! —agradecieron ambas dragonas.
Con más naturalidad, Stormfly llevó a Alúmini hasta la mesa que solía compartir con Rorik, ahí le contó a esta alguna de las anécdotas que compartió junto con el periodista. Minutos después, su pedido les fue entregado.
Fue todo un espectáculo para Stormfly cuando Alúmini probó la bebida y las galletas, pues, así como a ella le había pasado alguna vez, a la chica albina le brillaron los ojos con toda aquella azúcar.
—¡No puedo creer de lo que me perdido! —exclamó la feliz Alúmini, sacando algunos de sus hábitos de dragón cuando comenzó a lamer el vaso del frappuccino para saborear lo que le quedaba de la crema batida.
—Toma, ya te ensuciaste toda la cara. — dijo Stormfly entre risitas, pasándole una servilletita para que se limpiara.
Alúmini la tomó sin más y se limpió el rostro para quitarse los residuos que le quedaron alrededor de la boca.
—Ay, estuvo delicioso. Ahora ya sé porque Rorik y tú venían todos los días.
Stormfly se abochornó y rio.
—Bueno, yo no venía precisamente por el café.
—Ah, sí… claro. —comprendió la de cabello blanco, sonrojándose de igual manera. —Es una pena que no haya estado aquí hoy.
La nadder suspiró y se apoyó sobre una mano.
—sí, tal vez el destino no quiere que nos encontremos por el momento. En fin, ¿no crees que es hora de irnos? ¿Ya pensaste en lo que le regalarás a Toothless?
—Por más que lo pienso no puedo dejar de pensar en pescados. —respondió esta no muy convencida.
—Ay…No cabe duda de que Toothless y tú son tal para cual, pero si un pescado debemos conseguir, que al menos sea el mejor pescado.
No teniendo más que hacer en la cafetería, Stormfly se levantó para pagar lo consumido. Alúmini la siguió, no sin antes, tomar con su dedo las últimas migajas de galleta del plato. La verdad se había quedado con ganas de comer más, pero como tenían el tiempo contado sabía que ya era momento de retirarse.
—¿Estás lista Alúmini? —la llamó Stormfly desde la barra.
—¡Ah, sí! —exclamó esta apenada y rápidamente acudió con ella.
En ese momento la campanilla de la puerta de entrada sonó.
—¿Si quieres más galletas podemos pedir para llevar?
—No, así está bien, vámonos.
—¿Segura?
—Segura.
Stormfly entonces se giró hacia donde estaba la salida, pero no llegó demasiado lejos porque chocó con alguien que se había puesto detrás de ella. Esa persona, traía consigo una caja de las cuales cayeron varias plumas promocionales que estaban envueltas en bolsitas de celofán atadas con un listón de color rojo.
—¡Ay, no! Perdóname.
Stormfly se paralizó al escuchar esa voz y no se atrevió a levantar la mirada, pero su corazón no dejaba de gritar por dentro: ¡Es él! ¡Es él!
—Rorik… ¡muchacho! Ten más cuidado. —regañó la Sra. Ank.
—Sí, lo siento mucho. Señorita, ¿se encuentra bien?
Armándose de valor, la nadder levantó su mirada y trató de no gritar de la emoción cuando su rostro se encontró con la de él.
—Sí. —respondió con gentileza, tratando de no dejarse llevar por sus emociones, aunque no podía evitar pensar que su adorado Rorik se veía más apuesto que antes.
—Lo siento, es que según yo había guardado mi distancia, pero creo que no lo suficiente. —siguió disculpándose este, agachándose para recoger lo que se le había caído.
Stormfly, inmediatamente reaccionó y se agachó a su altura para ayudarlo a recoger aquellas plumas, todo ante la emocionada mirada de Alúmini que no podía creer que estuviera pasando todo eso.
—Muchas gracias. —agradeció Rorik, cuando terminaron de recoger todo.
—No hay de qué. —respondió la nadder aún ensoñada.
—¿Quieres una? —le ofreció este una pluma. —Son de mi trabajo: "El informativo de Berk", en agradecimiento a todos nuestros lectores, bueno en este caso a los que leen nuestros reportajes desde la comodidad de este café.
—Vaya propaganda, Rorik. —se burló la señora Ank, desde su lugar.
—¡Usted también puede tomar una, señora!
—¡ah, pues gracias! —respondió esta como si no fuera la gran cosa.
En cambio, Stormfly…
—Muchas gracias. —agradeció con cariño, tomando la que él le ofrecía.
Rorik sólo le sonrió y enseguida también le regaló una a Alúmini, ya que estaba ahí como todo un mal tercio, aunque esta al ver el obsequio reaccionó igual que la señora Ank.
—Bueno, me disculpo y agradezco nuevamente, tengo que ir a repartir el resto. —dijo Rorik, despidiéndose con sutileza de la nadder.
Esta sólo asintió y lo vio irse, viendo con una sonrisa como entregaba a cada uno de los presentes dicha pluma, mientras la señora Ank lo regañaba.
—Vámonos, Alúmini.
Le dijo a su amiga, y dándose vuelta, caminó hacia la salida.
Una vez en las afueras del área comercial, ambas dragonas humanas anduvieron por algunas calles hasta que se detuvieron frente a un lugar de descanso. Alguien aún necesitaba procesar lo que había pasado.
Alúmini sólo observó con una tenue sonrisa cómo Stormfly respiraba un tanto agitada, no precisamente por haber caminado mucho, si no por la emoción que la embargaba.
—¿Estás feliz, Stormfly? —preguntó.
Esta, con la pluma promocional cerca de su pecho, levantó la mirada con ojos brillosos y esbozó una gran sonrisa.
—Sí… estoy muy feliz.
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No muy lejos de donde estaban las dragonas, Astrid, Ruffnut y Heather seguían con las compras. Las primeras dos ya habían adquirido lo que les regalarían a sus respectivos hijos por lo que ahora sólo buscaban lo que les regalarían a sus respectivas parejas, en el caso de Ruffnut a su hermano gemelo y a alguien mas que no era precisamente el padre de su hijo; así que las tres chicas se encontraban en el departamento de hombres de una tienda que vendía toda clase de ropa.
—¡¿Cómo que rompiste con Throk?! —exclamó Heather impresionada, cuando la gemela les confió a ambas que había dejado al machito de la Isla Modig.
—¡Es que ya no lo soportaba! Era tan detestable, tan detestable como esa maldita música navideña de fondo. —gritó, señalando hacia las bocinas en donde se reproducía la famosa "Jingle Bells Rock"
—¿Y qué dijo Nuffnut? —preguntó Astrid preocupada.
—Nah… la verdad creo que no le importó mucho, Throk ni siquiera le prestaba mucha atención, creo que prefiere mil veces a Fishlegs que a ese tonto.
—¿Fishlegs? —repitió Heather con cierto aire de curiosidad.
La gemela trató de hacerse la desentendida, pero cuando Astrid la miró de la misma forma que Heather, sabía que no había de otra más que contarles.
—Está bien, está bien… él a veces saca a pasear a Nuffnut para jugar, para ir al cine, para pasear… los dos se han vuelto buenos amigos ¡¿Contentas?!
—Algo me había contado Snotlout una vez. —recordó Astrid.
—Sí, ese idiota también solía sacarlo a pasear, pero luego pasó lo de Minden y sus visitas fueron siendo menos frecuentes, pero Fishlegs sigue igual y Nuffnut lo aprecia.
—Oye Ruffnut y no has pensado que Fishlegs y tú… —insinuó Heather con una risita traviesa.
—Ay, no, claro que no… es tan aburrido. Sólo habla de su estúpido jardín y las estúpidas cosechas.
Tanto la jardinera como la hechicera rieron, su amiga no tenía remedio.
—Pero eso no quita que no le sea agradecida, por eso quería ver qué podía regalarle a ese tonto, Heather, tú saliste con él por mucho tiempo ¿alguna idea?
Esta lo pensó detenidamente.
—pues… colecciona rocas…
—¡Ush! ¿Ya ves? Es tan raro. —se quejó la gemela. —Yo pensaba comprarle unos calzones para abuela, porque dudo que quepa en las trusas como las que usa Tuffnut.
—¿Qué tal un bóxer? —sugirió Astrid.
—Buena opción, buena opción… pero no sé. ¿Y tú qué? ¿Ya sabes que le regalarás a Hiccup?
Astrid se enrojeció.
—No, no estoy segura aún.
—pues yo digo que te compres algo sexy y se lo modeles. —sugirió Heather con una risita traviesa.
—¡Ush! ¿qué cosas dices? —gruñó esta enrojecida.
—Ah, sí… cierto, ya no eres esa Astrid. —le susurró Heather por debajo. —Eso me hace recordar, Astrid. ¿qué pasó con el regalo que te di el año pasado?
—¿el año pasado?
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Hace un año…
Astrid miró el otro paquete que había sobre la mesa; sin embargo, consideró no abrirlo ya que, como había insinuado su enemigo, no era para ella. Aun así, lo tomó. Ignorando a Hiccup, volvió a la habitación de la mamá de los niños para guardarlo, una vez ahí, observó lo bonito que era la envoltura, lo que le causó una gran intriga por saber que contenía.
—¿Serán chocolates o algún perfume?
Lo sacudió un poco para darse una idea de lo que era, pero no emitió sonido alguno, lo que le dio a entender de que probablemente se trataba de alguna prenda.
—Ay, no pasa nada si le echo un vistazo. —dijo para sí misma, viendo alrededor de la habitación para asegurarse de que nadie la viera
Luego, cerró la puerta, para estar 100% segura de que no sería atrapada con las manos en la masa, después, procedió a abrirlo. Teniendo cuidado de no romper la envoltura, sacó una cajita blanca de entre esta, la cual, al removerle la tapa, vio que tenía un contenido envuelto entre otro papel y por encima de este, una tarjeta, la cual no dudó en leer.
"Feliz Navidad, amiga.
Para que se lo modeles a Hiccup, picarona."
Decía, y venía agregada el dibujito de una mini Heather sonriente lanzándole un guiño.
Con tan sólo leer la tarjeta enrojeció como uno de los foquitos de navidad, y aunque se dio una idea de lo que había en el otro envoltorio, lo abrió apresurada, viendo exactamente que era algo que le había pasado por la imaginación
Un conjunto de lencería color rosa.
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¡Ese regalo! —recordó la enrojecida Astrid para sus adentros, hasta donde recordaba lo había puesto en lo más profundo del ropero y ya no lo había vuelto a ver.
—¿Astrid? —llamó Heather al verla distraída.
—Eh… sí. —carraspeó esta nerviosa. —Eh… ese regalo, creo que ni lo abrí, digo, es que tú sabes… yo hace un año pensaba que no era pues… tú sabes.
—¿De qué tanto hablan ustedes? —preguntó Ruffnut sin entender nada de lo que decían.
Pero Heather sólo suspiró.
—Está bien, ya me imaginaba algo así, pero dado a que eres una nueva Astrid, entonces te conseguiré otro tipo de obsequio.
—Ay, no… no es necesario. —negó esta avergonzada.
—Lo haré por que quiero. —advirtió Heather. —Pero, volviendo al tema… ¿ya pensaste que le regalarás a Hiccup?
—¡Ush! Es que no sé, ya ves como es él y yo no quiero darle cualquier cosa, quisiera que fuera algo especial.
—¿Qué tal una camisa? —opinó la gemela levantando una que estaba aun lado del aparador. Era de color azul oscuro con botones blancos y un pequeño bordado en el pecho que decía "Viking", la marca del fabricante y cuyo diseño tenía un pequeño casco por encima.
—¡Ay, que bonita! —exclamó Heather emocionada. —Creo que Hiccup se vería muy apuesto con una de esas camisas.
"¿Una camisa?" —pensó Astrid, tomando la que la gemela le ofrecía. — "¿Es enserio?" ¿Es lo único que puedo ofrecerle a la persona que me ama y que me ha ayudado como nadie jamás lo ha hecho?"
—¿Qué opinas, Astrid? —preguntó Ruffnut.
—Pues… está bonita y parece de buen material… —analizó sintiendo la textura de la tela.
—Pero… —agregó a Heather.
—No sé, no se me hace como un regalo ideal para Navidad.
—Ay, qué difícil eres. —gruñó Ruffnut. —Mira, piénsalo, veamos más cosas, pero si quieres dejamos la camisa en el carrito para que luego, cuando tengas otras opciones, puedas tener entre qué escoger.
—De acuerdo.
Aceptado el plan, Astrid puso la camisa en su respectivo carrito de compras, posteriormente recorrieron por varias horas la misma tienda, buscando y analizando toda clase de cosas.
Al final del día Ruffnut y Heather encontraron los regalos ideales para sus seres queridos; a diferencia de Astrid, la cual finalmente no encontró algo que fuera "digno" para Hiccup, por lo que rendida se marchó de la tienda harta de las canciones navideñas y con una simple camisa azul para su novio.
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24 de diciembre 2019.
La víspera de Navidad finalmente había llegado, la armonía se respiraba en la comunidad donde se situaba la casa de los Haddock- Hofferson, a excepción de cuando los gemelos llegaron con sus tradicionales villancicos con el que despertaron a media cuadra.
Como cada año, Dagur los persiguió hasta que los atrapó y los multó por séptimo año consecutivo por ser tan escandalosos.
Mientras tanto, con la familia Haddock – Hofferson se vio un gran cambio a diferencia con el año pasado, empezando por lo más notorio: no había riñas y la familia estaba completa, dentro de lo que cabía.
Hiccup desde muy temprano se había levantado y puso manos a la obra para organizar lo que sería su cena navideña. Ya comenzaba a mover más su brazo izquierdo, sin embargo, de repente le daba cierto dolor por lo que se colocaba el cabestrillo durante algunas horas de acuerdo con la recomendación del doctor.
De ánimos, su semblante no había cambiado demasiado pues cuando menos se lo esperaba nuevamente los recuerdos de su amigo llegaban a su mente, lo que ocasionaba que se pusiera nostálgico.
—Hola, hola. Buenos días. —saludó Astrid, entrando a la cocina.
Sin embargo, Hiccup no la escuchó, este se encontraba frente al fregadero, aparentemente lavando algunos platos, pero en realidad se encontraba con la vista perdida en el invernadero.
Astrid, preocupada, caminó sigilosamente hacia él, y lo abrazó con sutileza por detrás. Aquel movimiento hizo a Hiccup reaccionar de inmediato.
—¡Ah, Astrid! —se giró un poco para tratar de verla. —No te escuché llegar.
—¿Te encuentras bien? —preguntó esta sin soltarlo.
—Sí. —respondió él, colocando una mano sobre la suya. —Solamente estaba pensando cómo debería empezar a hacer el pavo.
Astrid lo soltó un poco y Hiccup aprovechó para girarse.
—¿Me quieres ayudar? —invitó con una sonrisita, colocando sus manos en su cintura.
—Sí, sirve que aprendo también. —aceptó esta, cambiando la posición de sus brazos para ahora abrazarlo por el cuello.
Tal era el ambiente romántico que poco a poco comenzaron a acercarse para darse un beso, cuando…
—¡Mami! ¡Mami! ¿dónde estás? ¡Tenemos que ensayar!
Se separaron rápidamente.
—Creo que tu hija ya se despertó. —dijo Hiccup burlonamente.
Astrid rio nerviosa.
—Prometí ayudar a Zephyr a prepararse para el evento, quiere estar segura al momento de tocar el violín, también tengo que bañar y cambiar a Nuffink. Ambos iremos a acompañar a Zephyr al ensayo hasta que su grupo parta al evento, tú sabes… por lo del año pasado.
—Descuida, comprendo, aunque dudo mucho que algo así vuelva a pasar, de cualquier modo ¿Stormfly te acompañará?
—Sí.
—Bueno, entonces haz lo que tengas que hacer, yo me quedo aquí, le pediré a Alúmini y Toothless que me ayuden y además… —susurró. —Para dejar todo listo. —insinuó.
—Cierto. —sonrió Astrid en complicidad. —Entonces solamente te ayudo a preparar el almuerzo ¿sí?... —se acercó a él para darle un pequeño beso, pero…
—¡Oh! ¿Desayunando amor desde temprano? —entró el burlón Toothless a la cocina, para las ansias de Astrid que se sintió avergonzada, tanto, que le dieron ganas de golpear al furia nocturna.
—¡Buenos días! —entró enseguida la radiante Stormfly acompañada de Alúmini—¿Qué almorzaremos?
—Pues quien sabe, pero creo que llegamos justo a tiempo a la repartición de besos. —respondió el burlón Toothless.
Las dragonas no entendieron, mientras que Astrid optó por separarse de Hiccup y este girarse hacia donde estaban los platos sucios.
—Iré a ver a los niños. —avisó la rubia, no sin antes golpear "accidentalmente" la cabeza del furia.
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Horas más tarde.
—¡Feliz víspera de navidad! —saludaron Heather y Mala, llevando consigo la tradicional charola de galletas.
Ahora fue a Astrid a quien le había tocado atender a la visita.
—¿Ya se van para Berserk?
—Así es, Astrid Haddock. —respondió Mala con la propiedad con la que siempre se expresaba. — Iremos con mi suegro, aunque Heather también pasará a ver a la familia de su futuro esposo.
—Su hermana, nada más. Spinel y yo iremos por ella para juntos celebrar las fiestas. —explicó Heather.
—Oh, ya veo… entonces pues… creo que te veré hasta el próximo año ¿verdad?
Heather se abalanzó a Astrid para darle un fuerte abrazo.
—Ay, así es amiga. Te deseo lo mejor y que ahora sí te lo pases de lo más tranquila.
—Lo mismo, Heather. Muchas gracias, la verdad… no sé que hubiera hecho sin todo tu apoyo.
—No hay problema, lo sabes, somos amigas y por eso… —sacó Heather un obsequio de su bolso. —Esto es para ti.
—Ay, Heather… te dije que no era necesario.
—Tú sólo tómalo ¡anda! No es "ropa" como el año pasado. —dijo burlonamente.
Astrid tomó la pequeña cajita que le ofrecía y en efecto no era ropa, dedujo que era como un perfume.
—Yo también te tengo un obsequio.
—¡¿En serio?! —exclamó la jardinera emocionada.
Astrid asintió y le entregó su respectivo regalo, la cual sólo estaba envuelto en un sobre de papel común y corriente.
—perdón por la envoltura, en realidad, quisiera pedirte de favor que dispongas de lo que hay ahí adentro de la forma en que tu creas conveniente.
Heather no entendió a lo que se refería su amiga, hasta que abrió el sobre y quedó atónita con lo que había en el interior: un valioso collar con un tremendo diamante. Hasta Mala al verlo se quedó con la boca abierta de la impresión.
—Ay, Astrid…yo… no puedo aceptar esto. Se ve que es demasiado valioso.
—Ese collar me lo regaló un tipo detestable, mi ex prometido. —les confió Astrid a ambas. —Por mucho tiempo lo tuve guardado, y al parecer alguna vez pensé en venderlo, pero la verdad no quiero nada que tenga que ver con ese tipo, por eso me gustaría que te lo quedaras, como te digo, puedes disponer de él de la forma en que tú quieras.
—¡Wow! Pues si esto fue un regalo de tu ex prometido, es como que, de mala suerte, pero, trataré de darle buen provecho, justo Spinel y yo estábamos viendo la manera de abrir una nueva florería.
—Como te digo, haz lo que quieras con esa cosa. —le pidió Astrid con una sincera sonrisa.
Heather sólo asintió, y regresó el collar al sobre de papel, posteriormente tanto ella como Mala se despidieron de Astrid y del resto de la familia, pues no se verían hasta unos días después del año nuevo.
Una vez que se fueron, Astrid corrió a su habitación con el obsequio que le dio su amiga y tal como lo había imaginado, lo que Heather le había regalado era un perfume con una fragancia muy sutil. Ese regalo le había gustado más que el anterior, en definitiva, pero al pensar en el regalo anterior, no pudo evitar esculcar entre su ropa para buscarlo.
La lencería rosita, seguía tal cual lo había dejado el año anterior y le causó cierta curiosidad que fue a esconderse al baño para apreciarlo en un lugar más privado, ahí se lo probó por encima de la ropa, imaginándose como se vería ya puesto, pero en cuanto la imagen llegó a su cabeza pronto la desechó, así como a la lencería, la cual ocultó en la gaveta debajo del lavamanos.
Para ya no pensar en más tonterías, optó por tomar un baño y arreglarse puesto que faltaba poco para llevar a Zephyr al último ensayo. Así que en los próximos minutos se dedicó más que nada en verse bonita, algo extraño en ella, pues no entendía esa necesidad por verse bien en ese día.
Una vez arreglada con un vestido corto azul, acompañada de mallas negras y botas del mismo color y un saco color azul, procedió a ponerse algo del perfume que le había dado su amiga y acomodándose por última vez el cabello se dispuso a salir de la habitación.
Sin embargo, antes de salir de la habitación, se regresó de nuevo hacia el ropero, en donde de entre toda la ropa, sacó un regalo un tanto plano, la camisa que le había comprado a Hiccup.
Según el plan era dejar todos los regalos al pie del árbol, para que una vez que todos llegaran del festival, los niños pensaran que Santa Norte les había dejado su regalo por anticipado, incluyendo la de los adultos, pero eso tenía que implicar darle el regalo a Alúmini para que esta lo acomodara antes de que se fueran al festival, pero…
—Ay, no Astrid… no puedes darle esto.
Se reprochó a sí misma, sintiéndose pésima por tener una simple camisa y contra todo pronóstico, la sacó de la envoltura que le habían puesto en la tienda y la llevó al baño, buscaría después una manera de revolverla entre la ropa de Hiccup sin que este se diera cuenta, porque definitivamente pensaba que Hiccup merecía más que eso.
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—¡Bien, ya nos vamos! —avisó Astrid, bajando apresurada por las escaleras.
Hiccup salió de la cocina, y por su apariencia y mandil manchado se podía apreciar que estaba trabajando arduamente en la cena navideña.
—Mmm… te ves preciosa. —comentó al ver a Astrid arreglada, a lo que esta respondió con una risita nerviosa.
—Gracias, tú…—no supo muy bien que decirle, puesto que no se veía en las mejores condiciones.
—No te preocupes, termino y me doy un baño.
Astrid le sonrió ensoñada.
—¡¿Cómo me veo?! —se escuchó una infantil vocecita desde las escaleras.
Al fijar los adultos la mirada hacia arriba, esbozaron una sonrisa al ver a la pequeña dama de la casa con un vestido blanco con listones rojos, su cabello atado a media coleta, como la que llevaba Astrid, pero a diferencia de ella, adornada con un enorme moño rojo.
—¡Ah, mi vikinga se ve preciosa! — admiró Hiccup, con intenciones de cargarla, pero cuando se dio cuenta de su atuendo sucio se abstuvo para no ensuciarla.
—Gracias, papi. —le sonrió esta de igual manera. —Mami ¿ya nos vamos?
—Sí, sólo faltan Stormfly y Nuffink. —respondió esta, mirando hacia las escaleras.
—¡Allá vamos! —se escucharon unos grititos y risitas,
Enseguida Stormfly y Nuffink aparecieron, esta primera tenía cargado al niño y lo llevaba como si fuera un pequeño avioncito.
—¡Listos para irnos, jefa! —anunció el menor como todo un soldadito cuando Stormfly lo "aterrizó" en el piso.
—Sí, ya vámonos Astrid, o se nos hará tarde. —dijo Stormfly, la cual había cambiado su atuendo para ese día especial, aunque llevando consigo un ornamento un tanto extraño colgado de entre los botones de su abrigo.
—¿Por qué llevas esa pluma ahí? —preguntó Astrid extrañada.
—Porque sí. — respondió la nadder, tomando su pluma con mucho amor.
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La tarde pasó amenamente en la escuela y sin ningún percance y tan rápido que en cuanto el sol se ocultó y la luna se mostró levemente entre las nubes, llegó el momento de partir al festival.
Ahora, a diferencia del año pasado, Hiccup, Astrid y los guías estuvieron en primera fila para disfrutar cada una de las presentaciones.
Como la de Zephyr sería la última presentación, Nuffink no pudo evitar quedarse dormido apenas empezando alguna de estas, por lo que Astrid y Toothless se lo estuvieron rolando para cargarlo, debido a que Hiccup, después de todo lo que había hecho por recomendación tuvo que volver a ponerse el cabestrillo.
Faltando poco para las 10 de la noche, fue que llegó el turno del grupo de la escuela.
"La canción de la noche" anunció el presentador al momento que el telón se abrió, mostrando a todos los integrantes de la escuela y al maestro Alberick al piano.
—Mira, Astrid… ahí está Zephyr en el centro. —observó Stormfly.
Astrid y Hiccup inmediatamente fijaron su mirada hacia donde apuntaba la nadder, y sintieron mucho orgullo de ver a su pequeña en el centro del grupo, pero más orgullo sintieron cuando vieron que era esta la que principalmente entonaba la canción.
Cuando la primera canción terminó, empezó otra más rítmica, acompañada de aplausos y baile, nuevamente Zephyr, junto con otras niñas eran quienes la interpretaban, claro está, que Astrid vigiló en todo momento que el egni de su hija no fluyera para tomar emociones que no le correspondían, después de todo, aquellos ensayos no eran simples ensayos para entrenar la voz o con algún instrumento musical.
Como tercera canción, interpretaron otra canción más tranquila, ahora el coro completo participó en sus diferentes estilos de voz; sin embargo, Hiccup y Astrid, sólo se enfocaban en la voz de su pequeña. Lo mismo pasando con los dragones guías que, deleitados con la música, cerraron sus ojos para dejarse llevar por la suave melodía. Mientras que Nuffink (ya despierto) admiraba todo boquiabierto.
Enseguida terminó la tercera canción, la maestra Mako hizo una aparición e invitando a unos niños del coro, interpretaron ahora otra melodía, sólo con instrumentos, claro esta que Zephyr era uno de estos, quien ahora mostraba su talento nato al tocar el violín que Hiccup le había comprado el año pasado.
—Oye esa pequeña de cabello castaño es realmente buena. —comenzaron a escuchar algunos comentarios entre el público, lo que enorgulleció aún más a los padres.
Por último y para cerrar una noche de paz. El grupo de coro interpretó "adeste fideles" con un gran acompañamiento instrumental que tocaron varios de sus alumnos, desde el piano, el tambor, flautas, violines y por supuesto las angelicales y armoniosas voces de los niños que ahora sí, en una sola voz, extendieron sus buenos deseos a todas las personas que habían ido a verlos.
Los aplausos no se hicieron esperar cuando la última nota sonó, muchos festejaron con vitoreas y hasta con flores a los miembros del coro que, exhaustos, sólo hicieron su reverencia final con una gran sonrisa.
La noche no podía ser más perfecta.
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—¡Sí! Por fin llegamos a casa… ¿quién tiene hambre? —preguntó el entusiasmado Hiccup entrando a la casa junto con los niños.
—¡Yoooo! —gritaron Zephyr, Nuffink y Toothless al mismo tiempo como era de costumbre.
Sin embargo…
—¡Ah! ¡miren! —señaló Nuffink hacia donde estaba el árbol de navidad. —¡Santa ya llegó! —festejó ruidosamente al ver que ya había regalos debajo del árbol.
¿cómo? si todos estaban en el festival. No lograba entenderlo.
—Ahhh… ¿podemos abrirlos? —pidió Zephyr en ruego, al ver un enorme regalo con su nombre escrito.
—Primero a cenar, señorita. Que su papá se esforzó mucho en prepararnos la cena. —dijo Astrid.
—Por mi no hay problema, Astrid. —disintió este con una sonrisa.
Sonrisa que Astrid de inmediato le borró al verlo con reproche.
—Ay, está bien cenemos primero. —dijo rendido.
—Está bien… entonces el último en llegar a la cocina ¡es estiércol de troll! —gritó Toothless, siendo el primero en correr.
Como no querían ser estiércol Nuffink y Zephyr enseguida lo siguieron, seguida de las guías femeninas y de la pareja principal.
Juntos cenaron y se deleitaron con las delicias que había hecho Hiccup, desde el exquisito pavo, hasta unas buenas papas horneadas, ni que decir del pastel de fresas que no preparó en sí, pero que Toothless y Alúmini se aventuraron a comprar.
Para cuando terminaron, eran alrededor de las 11: 30 de la noche y Nuffink, aunque moría de sueño, se negaba a dormir hasta ver su regalo.
—¿Ya podemos abrir los regalos? —preguntó adormilado.
—Sí, adelante. —concedió Astrid con una sonrisa.
Bastó su respuesta para que algo de vitalidad llegara al pequeño y se levantara entusiasmado de su asiento, siendo seguido por la emocionada Zephyr.
Los adultos los siguieron pues ansiaban ver sus rostros cuando abrieran sus regalos y el resultado fue oro, Zephyr casi lloraba de la emoción al ver que Santa si le había regalado su guitarra y Nuffink brincoteó por toda la sala al tener el auto monstruo que había pedido.
—¡Muchas gracias, papi, mami! —siguió llorando Zephyr, abrazando su guitarra, aunque luego se abalanzó a sus dos padres para abrazarlos. —Los quiero mucho.
Cuando Zephyr comenzó a llorar, Nuffink inmediatamente reaccionó de la misma manera.
—¡Yo también!
Astrid tuvo que ir por él para cargarlo y arrullarlo.
—Ay, pero ¿por qué lloran? — preguntó, mientras lo consolaba.
—Porque esta ha sido la mejor navidad de todas. —dijo Zephyr abrazada a Hiccup.
Los padres se enternecieron con las palabras de su hija.
—Siempre serán así ¿verdad mami? —preguntó el lloroso Nuffink.
Astrid le sonrió.
—Sí, siempre serán así.
—Siempre. —musitó Hiccup, recordando algo especial
Los guías al ver que Hiccup y Astrid estaban compartiendo un momento especial con sus hijos, optaron por dejarlos a solas y lentamente se alejaron de ellos.
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—¡ah! Yo creo que me iré a dormir. —bostezó la nadder al pie de las escaleras. —Ustedes vayan a divertirse. —dijo disimuladamente a la pareja de furias.
Estos enrojecieron rápidamente, entendiendo la indirecta.
—Ah… Stormfly…—musitó Alúmini apenada.
—¿Qué? —se volvió esta a su amiga. —Vayan, no pierdan más el tiempo conmigo, no lo pierdan más por nadie, en especial tú, Toothless.
El furia se sorprendió por el consejo, pero se dio una idea de porque se lo decía, así que sólo asintió.
La nadder satisfecha sólo les sonrió a sus amigos y subió por las escaleras, mientras que la pareja de furia sólo se miró entre sí.
—Quisiera darte algo… —dijo tímidamente Toothless, sacando una pequeña cajita de entre sus ropas.
—Lo mismo. —dijo Alúmini con una sonrisita. —¿Te parece si salimos?
El dragón aceptó y como todo un caballero le abrió la puerta a su dama, ya en las afueras, al pie del inmenso árbol hermanito, ambos furias hicieron su intercambio de regalos.
—Oh, ¡wow! Un collar de pescado. —admiró Toothless feliz el collar de metal con el dije de la forma de los huesos del pescado. —¡me encanta! ¿cómo se me ve? —preguntó rápidamente al ponérselo.
—Muy bien. —halagó Alúmini con una sonrisa. —Aunque me pregunto cómo se verá si te transformas en dragón.
Para responder aquella pregunta, Toothless se transformó. En su forma de dragón pequeño, el collar le quedó colgando al cuello, pero era muy grande que con cualquier movimiento se podía caer. Entonces volvió de muevo a su forma humana.
—Si me hago un dragón más grande lo más seguro es que me ahorque. —dijo con una risita.
—Bueno, entonces procura sólo usarlo cuando estés en tu forma humana, de preferencia en la casa.
—Sí, lo menos que quiero es que se pierda. Gracias Alúmini. —la abrazó. —Mi turno. —se separó de ella entusiasmado. —Toma.
Alúmini tomó la cajita que le entregó y de esta sacó un pequeño peluche.
—Cuando vi a ese corderito inmediatamente pensé en ti. —contó este con una sonrisa.
La albina no pudo evitar reír.
—¿Qué? —preguntó este extrañado.
—Toothless, esto es un borreguito. —le explicó a su pareja, mostrándole el pequeño peluche.
—¡Ay, dioses! ¡Es cierto! —gritó este dramáticamente.
—Que importa, igual me gusta mucho. ¡Muchas gracias! —se abalanzó Alúmini para abrazarlo.
Toothless se avergonzó y a pesar de su torpeza, se sintió muy feliz.
—¿Y… ahora qué? —preguntó nervioso.
—Ahora qué ¿de qué?
—Eh… no sé, me preguntaba si… ¿quieres salir a volar por ahí?
Alúmini se sonrojó.
—Ok, pero… ¿es seguro salir?
—Sólo una pequeña vuelta alrededor de la comunidad, en nuestro tamaño original será como recorrer toda la ciudad.
—Está bien, entonces sí, acepto.
—¡Genial!
—Pero antes…
—¿Sí?
—Eh… si no es mucho pedir. —se avergonzó más la luminosa que parecía un farolito navideño.
—¿Qué?
—¡Esto!
Y sin previo aviso, la albina juntó sus pequeños labios rosados con los del furia que, perplejo, sólo se quedó estático.
—Eso era todo, sólo quería saber lo que se sentía. —explicó la apenada Alúmini. —Stormfly me dijo que se sentía bonito.
—Oh… ya… ya veo. —musitó Toothless apenado. —Y creo que ahora entiendo porque Hiccup y Astrid lo hacen…
—Si no los interrumpimos, claro está. —agregó esta nerviosa.
—Sí. —rio igualmente Toothless. —En fin… — se sacudió. —¿quieres ir a volar?
—encantada.
Dejando sus obsequios junto al árbol hermanito, los furias se tomaron de las manos y juntos salieron de la casa transformados en dragón, volando ala con ala por todo alrededor del vecindario, ignorantes de que habían sido observados por una ensoñada nadder.
—esfuérzate, Alúmini. — le deseó a su amiga, con gran añoranza, mientras jugueteaba con la pluma que le había dado Rorik y con la cual minutos atrás había escrito una nota muy especial.
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En un departamento al otro extremo de la ciudad, un joven reportero se encontraba frente a su computadora escribiendo incesantemente una nueva columna en donde destacaba su apreciación del festival navideño, en especial la última parte que fue el coro de una escuela primaria.
Cuando le puso punto final a su trabajo, se dispuso a ir a dormir, pues tendría que levantarse para entregar su reportaje a muy tempranas horas de la mañana. Apenas destendía la cama para ir a dormir, cuando repentinamente una luz color celeste apareció frente a él.
Incrédulo, se restregó la mano por los ojos pensando que era el efecto por haber estado frente a la computadora, pero, aunque parpadeó un par de veces la luz siguió visible frente a él.
—¿Qué será esto? —se preguntó, acercando su mano a aquella luz celeste, pero estando a un centímetro de tocarla esta se apagó y dejó caer un pequeño papel del mismo color. —¿Una nota?
Extrañado la tomó con algo de precaución, seguía sin poder explicarse que era todo eso que había pasado, pero cuando leyó la nota, inexplicablemente en su rostro se dibujo una sonrisa ingenua.
"Feliz Navidad, Rorik"
De parte de una persona que nunca te olvidará.
Atte: S.
Al terminar de leer, la nota se desvaneció entre sus manos emitiendo pequeñas partículas de luz que se extendieron mágicamente a su alrededor como si de pequeños copos de nieve se tratara.
—¡Wow! —fue lo único que musitó el impresionado muchacho.
Si bien no sabía qué era exactamente lo que había pasado y mucho menos quien lo había hecho, de una cosa sí estaba seguro, que aquella pequeña nota le hizo sentir algo en el corazón que extrañamente se le hizo conocido, así como una frase que sintió que alguna vez había dicho.
El amor jamás se olvidará.
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Pasaban más de media noche, después de algunos arrullos y consuelos, Astrid y Hiccup pudieron calmar a sus hijos, luego del emotivo momento se dedicaron a ver con más detalles los obsequios.
Astrid con Zephyr, quienes juntas ajustaron las cuerdas de la guitarra para encontrar el sonido perfecto, y Hiccup con Nuffink, los cuales se dedicaron a armar el auto y posteriormente a leer el instructivo para echarlo a andar, pero apenas terminando de leer el manual, el pequeño de la casa terminó dormido sobre el regazo de su padre, mientras que la pequeña se le empezaron a cerrar los ojos en contra de su voluntad.
—Ya es hora de dormir Zephyr, mañana practicas un poco con tu guitarra.
La niña de tan somnolienta que estaba sólo asintió cansada.
—Ven, vamos a la cama. Hiccup, iré a acostar a Nuffink de una vez.
—Yo lo llevo, no te preocupes. —respondió este, tomando al niño entre sus brazos, ya se había quitado el cabestrillo desde minutos atrás para poder armar el juguete de su hijo.
—Pero ¿Estás seguro? ¿No te duele?
—Este niño no pesa nada. —le sonrió este, tomando al pequeño en brazos y colocándolo sutilmente del lado del hombro que no tenía herido.
Viendo que no tendría dificultades, Astrid tomó la mano de Zephyr y la ayudó a caminar hacia las escaleras.
Una vez en la habitación, donde ya estaba una dormida Stormfly, arroparon a sus niños con cariño, y viendo que estos estaban más que dormidos, finalmente abandonaron sigilosamente el cuarto.
—¡Qué día tan largo! —se estiró Astrid cansada.
—¿Ya… te irás a dormir?
—Uh… bueno… yo…
—¿Quieres ir a platicar a la azotea? —interrumpió Hiccup antes de que respondiera.
—¿a la azotea? —repitió Astrid apenada.
Hiccup asintió.
—Eh… sí, aunque hace mucho frio.
—Sólo un ratito.
Astrid rio nerviosa, y sólo rezó porque Hiccup no le tuviera preparado algo, porque si no se iba a sentir pésima por no tenerle un regalo. Minutos atrás, cuando les dieron los regalos a sus hijos realmente sintió alivio de que él no le diera nada por el mismo motivo, así que esperaba que esa plática en la azotea fuera sólo eso: una plática.
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—Ay, que frio hace. —expresó friolenta, mientras trataba de calentarse las manos con su aliento.
Hiccup en respuesta, sólo pasó su brazo derecho por encima de ella para poder tenerla más cerca, algo que en definitiva le gustó a la rubia, aunque podía notar aún en su novio cierto aire de melancolía.
—¿Está todo bien?
—Sí. ¿por qué preguntas? —respondió este con naturalidad.
Astrid apretó sus labios con su boca, pensando que lo mejor era ser directa con él.
—Te he notado distante últimamente. —dijo con gentileza. —quiero decir, estás pensativo y a veces ausente en tus pensamientos…
Hiccup sonrió de lado.
—Lo notaste ¿eh?... perdón, no es intencional.
—Es… por lo que pasó con Viggo… ¿Verdad?
—Sí, en parte es por eso. —resopló. —Astrid, lo que vimos ese día fue… ¡horrible! La verdad es que nunca pensé que una persona tan cercana a mí, de mi pasado, le pudiera suceder eso…
—Y que yo lo haya terminado de matar supongo que no ayuda. —recordó Astrid con culpa.
—Tú hiciste lo que cualquiera hubiera hecho si veía sufrir a otro, Viggo te lo pidió, incluso, así que realmente tu sólo lo liberaste del dolor al que lo estaban sometiendo.
—Ojalá hubiera podido ayudarlo de otra forma.
—Igual yo, pero bueno, ya no se puede hacer nada, pero…—bufó.
Astrid se separó un poco de su abrazo y pudo ver en su novio que algo más lo incomodaba.
—¿Qué?
—Es que… —volvió a bufar. —Me preocupa que ese maldito me pueda controlar. —soltó frustrado. —Y que te pueda hacer daño.
—Eso no va a pasar, Hiccup. ¡Escúchame! —lo zarandeó de la chaqueta. —Somos un equipo y estamos juntos en esto. Tú y yo…
—Para siempre. —agregó él juguetonamente.
Astrid rio.
—Sí, para siempre, la eternidad o el tiempo que quieras. —vaciló ella.
—¿Sabes? Que curioso que lo menciones. —se separó Hiccup de su agarre.
—¿Porqué? —preguntó esta extrañada.
Pero cuando vio que Hiccup sacaba una cajita de entre su chaqueta envuelta con un listón rojo, vio que había errado y su novio, sí le había comprado un obsequio.
—Ay no, ay no, ay no, ay no. —gritó para sus adentros, cuando Hiccup extendió su presente para ella.
—Para ti… Feliz Snoggletog Astrid o… Navidad como dirían en este mundo.
Astrid, aunque estaba enternecida, no supo si tomarlo puesto que ella no tenía un regalo digno para él.
—Eh… ¿no lo quieres? —preguntó Hiccup aún con su mano estirada hacia ella.
—¡Ah! No, digo… perdón. — lo tomó Astrid con nerviosismo. —Gracias.
Hiccup le sonrió.
—¡anda! ¡Ábrelo!
Astrid, con las mejillas completamente coloradas abrió cuidadosamente el obsequio y cuando lo vio no pudo evitar dar un grito ahogado, pues se trataba de un hermoso, pero a la vez extraño brazalete que estaba compuesto por un listón rojo cuya unión era el símbolo al que conocían como infinito (∞) y alrededor de este listón había otros dijes colgantes.
—Quisiera que este brazalete fuera un símbolo de que estaremos juntos… eien ni…
—¿Eien ni?
—Por la eternidad. —explicó Hiccup con una sonrisa, mientras se la ponía. —Por eso, busqué un símbolo que asemejara a eso. —señaló el dije principal. —El cual nos une por el hilo rojo del destino. —señaló posteriormente el listón. —Pero…—hizo énfasis. —también quienes son parte de nuestra vida, por eso…—señaló los primeros dos dijes el cual eran un pequeño niño y niña. —estos representan a Zephyr y Nuffink.
Astrid rio al ver los dos dijes que representaban a sus niños.
—Y… por otro lado. —continuó Hiccup señalando los últimos tres dijes restantes. —Estos representan a nuestros guías.
Eso era evidente, pensó Astrid, pues los dijes que ahora Hiccup señalaban eran precisamente en forma de dragones, y suspiró, pensando seriamente que su novio se había esmerado en buscarle algo sumamente especial, mientras que ella sólo tenía una tonta camisa.
—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿No te gustó? —preguntó Hiccup al verla en seriada.
—¡No! Esto es… hermoso. —dijo con un poco de titubeo. —es sólo que…
—¿Qué?
—Yo no tengo nada para ti, no pude encontrar un obsequio.
— Astrid, el que tú estés aquí conmigo, es suficiente para mí. Eres el único regalo que necesito. —dijo él, abrazándola con ternura.
Astrid, por supuesto se enterneció y se dejó querer y con todos esos detalles que Hiccup tenía para con ella, la hicieron creer que realmente debía corresponderle de la misma forma. Aunque ¿cómo?
"Eres el único regalo que necesito"
Volvió a recordar en medio de su abrazo y pronto una idea algo peculiar llegó a su mente. Algo que por el amor que sentía por Hiccup estaba más que dispuesta a hacer.
—Eh… ¿Hiccup?
—Sí.
—la verdad es que… si tengo un obsequio para ti. —confesó un tanto nerviosa.
Hiccup se separó de ella con una sonrisa.
—¿En serio?
—Sí, no es tan bonito como este brazalete. —señaló. —Es… una camisa.
—Oh, gracias. —respondió este carismáticamente.
—La dejé en mi cuarto. ¿Vamos por ella?
—Sí, si quieres o también puede ser cuando ya amanezca.
—No, yo creo que ahora es buen momento. —replicó, levantándose de su sitio. —¡Vamos!
Hiccup la siguió sin más, tratando de imaginar qué tipo de camisa era o de que color, se lo iba a preguntar directamente a su novia, pero esta parecía un poco apresurada.
Cuando finalmente llegaron a la habitación principal, Astrid lo invitó a pasar. Hiccup entró sin cuestionarse nada, ignorando que cuando entró su novia encendió lo silenciadores y cerró con seguro la habitación.
—Dame un minuto, es que la dejé en el baño y le quité la envoltura y todo eso, así que siéntate. —invitó apresurada.,
—Ay, Astrid no es necesario el envoltorio, así como la tengas está bien. —dijo este, tomando asiento en la orilla de la cama.
—¡Tonterías! Dame sólo un minuto… —gritó esta, encerrándose en el baño.
Hiccup vio un tanto extraño aquel comportamiento, pero suponía que Astrid también quería que su regalo de cierta forma fuera especial. Lo que no imaginaba es que de verdad sería muy "especial".
Mientras que, del otro lado de la puerta del baño, una nerviosa Astrid respiraba profundamente una y otra vez.
—"Tú puedes, tú puedes" …—se echó porras frente al espejo y cuando sintió plena confianza en ella, sólo asintió viendo su propio reflejo y con un chasquido de dedos, la magia empezó.
Afuera del baño, en la habitación, Hiccup comenzó a percibir cierto aroma que le resultó muy agradable al olfato y no sólo eso también ¿una melodía?
Entonces la puerta del baño se abrió y casi pierde el aliento, pues frente a él estaba su Astrid, vestida solamente por una zapatillas bajas y lo que creyó era la famosa "camisa".
—A…Astrid… —tragó saliva nervioso sin poder quitarle la mirada de encima.
Pero esta, sólo le sonrió con coquetería y…
"Santa baby"
"Deja un hermoso abrigo debajo del árbol… para mi"
"He sido una muy buena chica"
"Así que Santa baby, date prisa en bajar por la chimenea está noche."
Cantó, moviéndose también sensualmente de acuerdo con el ritmo de la melodía.
"Astrid, bailando y cantando para mí". —pensó Hiccup sin poder creerlo.
Vio que en definitiva estaban envueltos en uno de sus especiales, ya que la ambientación de la habitación cambió, pero a diferencia del karaoke, la Astrid que tenía frente a él no era una ilusión, era la real, la de carne y hueso.
Luego el ritmo de la música se hizo más movida, así que Astrid mostró un talento en sus movimientos que jamás le había mostrado a otra persona.
"Santa baby"
"Quisiera un convertible también"
"que sea azul"
"He sido una ángel todo el año"
"Te esperaré despierta"
"Así que Santa baby, date prisa en bajar por la chimenea está noche."
Hiccup sonrió como tonto, la letra de la canción era graciosa pero interpretada por Astrid, le daba una mezcla de inocencia, pero a la vez de sensualidad; sin embargo, pronto la sonrisa se le borró y su corazón casi se paralizó cuando en la pausa de la canción, su novia sensualmente comenzó a desabotonarse la camisa. Botón por botón que lo hacía tragar saliva por cada uno.
Para Astrid, ver la cara que tenía su novio era todo un espectáculo, pues sí, sí se veía un poquito pervertido, pero también con cierta mezcla de aire de un adolescente que no tenía ni la más mínima idea de cómo reaccionar. Así que se la hizo cardiaca, para mostrarle lo que ocultaba debajo de su regalo original y ver como reaccionaba fue un total deleite para ella, cuando finalmente se la quitó y mostró ante él, el conjunto de lencería que le había regalado su amiga.
"Santa baby"
"Quiero un yate para este año"
"Realmente no es mucho"
"He sido un ángel todo el año"
"Así que Santa baby, date prisa en bajar por la chimenea está noche."
Hiccup sentía que cada vez más se le subía la temperatura, conforme Astrid le bailaba, pues en sus movimientos, movía su lencería rosada y exponía su piel, que, aunque ya la hubiera visto una vez en el pasado, se sentía como si fuera la primera vez.
"Querido santa"
"Llena mis medias con un duplex y cheques"
"Pon tu firma en la X"
"querido santa, date prisa y baja por la chimenea está noche… está noche"
Se le insinuó Astrid más de cerca a su novio, el cual, con una sonrisita idiota en el rostro, realmente se veía que lo estaba disfrutando, tanto que hasta había alzado sus brazos para alcanzarla, pero aún no era el momento, pues Astrid le dio un pequeño manotazo, impidiéndoselo.
"Santa baby"
"Olvidé mencionar una pequeña cosa"
Le cantó Astrid, alejándose unos pasos de él,
Hiccup, aún con su sonrisa ensanchada, frunció el entrecejo.
"Un anillo"
Continuó Astrid, señalando su dedo anular.
¿Acaso era una indirecta? Pensó Hiccup con sus ojos entrecerrados.
"No quiero decirlo por teléfono"
"Así que Santa baby, date prisa en bajar por la chimenea está noche."
Otra pausa musical, Hiccup se olvidó momentáneamente de la supuesta indirecta, al ver que Astrid nuevamente se le insinuaba con movimientos mucho más sensuales que lo estaban dejando sin aliento y más cuando esta se lanzó encima de él, cayendo juntos en la cama.
"Santa baby"
"Quiero un yate para este año"
"Realmente no es mucho"
"He sido un ángel todo el año"
"Así que Santa baby, date prisa en bajar por la chimenea está noche."
Le siguió cantando ella entre risitas e igual él reía, pero también deseaba mucho más, así que con un girón rápido (que le costó un pequeño estirón en el brazo) la hizo quedar por debajo de él, y en medio de la melodía le robó un beso que ella encantada aceptó, hasta que nuevamente se separaron y juguetonamente ella lo volvió a girar y así sucesivamente hasta que la canción terminó y Astrid quedó encima de él.
—¿Esto significa que ya puedo dormir contigo? —preguntó juguetonamente.
—¿tú qué crees, tonto? —respondió ella entre risitas, volviendo rápidamente a sus labios.
Hiccup nuevamente le correspondió y por última vez la giró hacia el otro lado, quedando encima de ella y ya más tranquilos ambos se dejaron llevar por la pasión, la sensualidad y por supuesto por el amor que ambos sentían por el otro.
Continuará.
Notas de autora: 18100 palabras, espero les haya gustado.
Eien: significa "Siempre" en japones con la partícula Ni Eien ni: significa eternidad. La forma de pronunciarlo es algo más o menos así ee-en ni.
Canciones: las que me imagino que canta Zephyr son todas las navideñas del OST de Sakura card captors. Siempre me la imagino con la voz de tomoyo.
La que canta Astrid y baile de inspiración es del video y canción de lindsey Stirling: Santa baby.
A los seguidores, favoritos y anónimos gracias.
Por el momento los dejo, hasta la próxima y cuídense que son tiempos difíciles.
12 de enero de 2021
