Bueno, esto lo acabe demasiado rápido a diferencia de otros capítulos y eso únicamente por que, debido a que mi cerebro me odia, eso demostrado en que mi bloqueo mental se va mas o menos unos dos días antes de regresar a clases. De hecho, la intro de este mismo capitulo lo hice durante la presentación de una de mis clases en linea, lo cual es demasiado triste, pero bueno, ya ni modo. El caso, quizás tarde un poco con el siguiente capitulo pero solo por que se tratara del final de temporada, siendo ese el mas largo que tendrán hasta ahora quizás, no se, aun sigo viéndolo, pero el caso, voy a comerme la cabeza para salga realmente bien para que lo disfruten con sobrevenida.
:3
Así que, teniendo eso ya en cuenta, podemos empezar. Gravity Falls no es de mi propiedad, ese derecho de autor es de Alex Hirsch, de su equipo de trabajo y de Disney, esta obra literaria esta hecha por un fan y para fans con el único propósito de entretener.
Guest: Bueno, me alegro de que te este gustando la historia como esta quedando ahora. :3 Ojala te vea llegar hasta aquí y si, mira, no he tenido en ningun momento la idea de abandonar la serie, solo que en el ultimo lapso de tiempo me he visto envuelto en una serie de eventos que me hicieron plantearme si acaso dios me odiaba o algo parecido, pero no te apures, no es mi idea abandonar el fic. Lo pienso acabar así tarde mil años. :D
Capitulo 49: Fiesta Tamaño Mabel
No supo ni en que momento se paso a sentar en la mesa de madera que estaba a su lado, y en ese vago intento de acomodarse en el mueble; inclusive pateo por accidente la guitarra del chico que ahora le envolvía en sus brazos de forma insistente y con fuerza, sentía el aire escapársele con cada beso que se daban entre si, ya no existía miedo, ya no existía frustración ni nada parecido, solo sentía la emoción y el calor en su pecho provocado por la forma en que su acompañante le demostraba su cariño de una forma tan grácil y delicada, ignorando por completo al chico que veía desde la entrada trasera de la mansión.
Dipper observaba con una sonrisa queda y con su celular en mano, una buena fotografía a su parecer y de hecho, sabia bien que aunque su hermana se molestaría un poco por ello, después le agradecería por aquello al igual que él lo hizo con esa foto nueva que era la que se encontraba como protector de pantalla en su teléfono y en su computadora. Aunque eso lo haría después, en primer lugar solo dedico su atención a los pasos que sonaban detrás de si y que para cuando frenaron a su lado, le hicieron estirar la mano libre hacia su rostro callando lo que pudo haber sido una pregunta al aire.
Su amigo pelirrojo se volteaba a verle curioso, casi anonadado y extrañado por lo que sabia bien que podría ser un escenario que no muchos pudieran ser que estuvieran preparados para ver. Por su lado, solo se limito a alzar los hombros con algo de desinterés; guardo su dispositivo móvil y jalo a su compañero de nuevo hacia el interior, dejándoles solos a ese par, en aquella noche estrellada, sumidos en ese cálido beso que compartían y que no hacia mas que dejarles ignorando al resto del mundo.
Caminaron ellos por otro lado, por su puesto, tratando de no hacer ni siquiera un ruido que hiciera que las cosas salieran de otra forma esa noche tan peculiar. El residente de la mansión se encontraba tranquilo, mas de lo que uno pudiera estarlo en esa situación, caso contrario al extranjero, mismo que le veía con un poco de confusión que no se fue ni siquiera cuando hubieron llegado al estudio del chico, tomando del suelo debajo de su escritorio y muy cerca de una parte casi inaccesible, sus confiables lentes, por fin había recordado donde los había dejado.
Sonrió un poco mas al tenerlos, no supo por que, pero el ver a Mabel así con Gabriel le había devuelto a la cabeza el como terminaron estos ahí abajo, pero no deparo mucho en eso, solo regreso con el vizconde de Austria, indicándole con un movimiento de cabeza que necesitaban regresar al laboratorio. Lugar en el que no demoraron para estar, de nuevo, y ahora frente a una mesa de trabajo que tenia un pliego de papel de un metro estirado con un par de círculos en su interior al igual que símbolos, en el interior, yacían una espada y un anillo que encontró por ahí y que contaba con la peculiaridad de poder cambiar su talla. Solo faltaban escribir ciertas cosas en el papel, pero para evitar lastimarse la vista había subido en son de buscar aquel peculiar accesorio, lo demás era otra historia que después le contaría con lujo de detalle a su novia.
-Ahh… ¿Amigo Dipper? – Le sorprendió mucho el que se resistiera a hablarle hasta cuando estuvieron demasiado lejos, sin embargo, no por ello dejo de trabajar.
-¿Sí? ¿Mi amigo Marius? – Estaba casi divertido, él ya veía venir algo como eso desde hacia bastantes días, pero entendía por que para otros eso no era muy fácil de ver y menos, entender.
-¿Tu estas…? ¿Ya sabes…? ¿Ella es…? ¿Y con…? – Balbuceaba de alguna forma divertida para su persona, sacándole unas cuantas risas mientras ya con lentes encima, comenzaba a trazar palabras en latín junto a los bordes de los círculos y saltándose cuando llegaba al filo de la espada.
-Tranquilo, chico, te va a dar algo. – Medio se giraba al chico, deleitándolo con una expresión facial bastante divertida para quien sea que le viera.
-¿Tu ya sabias, verdad? – Algo enfadado por eso, entrecerraba los ojos y ponía una mueca algo colérica por encontrarse excluido por aquello, pensaba que si alguien como ella o él tuviera esa clase de cercanía, tanto su amigo como su novia se encargarían de decírselo, pero nada mas lejos de la realidad, le callo de sorpresa y de una forma un tanto peculiar, siendo el presenciar ese escenario con el hermano de la joven viendo con total normalidad y hasta podría jurar que feliz.
-Ósea… - tomo un poco de distancia de lo que se encontraba haciendo, solo para encontrar alguna falla o desperfecto – Saber, lo que se dice "saber" sobre lo que ellos dos se traían es un decir, soy su hermano, noto fácilmente cuando ella se pone en esa situación. Pero no soy como ella que ando presionando o insinuando cosas, no al menos delante de todos. – Le daba una sonrisa sincera, dejándole en claro que como tal, no había nada que ocultar.
-¿Entonces ellos apenas…? – No podía evitar preguntar mas, estaba curioso, mentiría él si dijera que tenia mucho contacto con jóvenes de su edad que le dejaran ver como era la vida de un adolescente normal.
-No lo sé. Yo solo subí por mis lentes, no los encontré en el estudio a ellos y salí por el ruido de la música; los encontré cuando él dejo de tocar guitarra, no se si ya lo habían hecho, pero por la torpeza, diría que no. – Volvía a su labor, lo que iba a hacer era sencillo, necesitaba sellar la espada en aquel anillo, mandarla a un espacio vacío solo para que su invocador cuando lo quisiera, la llamara.
-¿Torpeza? ¿A que te refieres? – Ahí no podía culparle por preguntar, llego a tal espectáculo solo para que le sacaran jalándolo.
-Bueno, es que al encontrarlos, Gabriel dejo... O bueno, quiso dejar su guitarra recargada en la mesa; pero no la puso bien, así que se resbaló y se callo. Y pues, poco después, Mabel se quiso sentar en la mesa, pero al intentar hacerlo, pateó la guitarra...- Quería reírse por aquello, pero la idea de que fuera su hermana quien estaba haciendo aquello, y además en ese instante, arriba de su persona, le quitaba algo de gracia al asunto.
-Oh, ya veo. - No entendía del todo por qué le parecía divertido eso a él, pero a parecer por su repentina expresión típica de alguien que caía en cuenta que no se había explicado bien, supo que ni siquiera tendría que preguntar.
-Ósea, una guitarra no es cualquier cosa, no la tratas así, menos una como la de Gabriel. Yo le he tocado a Pacífica con la mía y no la he pateado por eso, ¿Sabes? - De nuevo, se reiría si no fuera por qué se trataba de su gemela y de su mejor amigo de quién se encontraba hablando.
-¿Tienes una guitarra? - Le agarraba con la guardia abajo aquello, sabía que su amigo era peculiar, pero no que era de la clase de persona artística.
-Si. Pero apenas la compré, no tiene mucho. Solo la ha visto Pacífica… y mis tíos, pero fue por un momento nada mas, fuera de ellos, nadie más. - Detallaba sin mucho interés de hecho, se veía un poco más interesado en hacer bien el trabajo que casi daba por concluido.
-Ya... Y... ¿Podrías tocar algo? - Era eso bastante común para él, no tenía mucho contacto con gente de su edad y ver a alguien tan diverso como quien lo acompañaba esa noche, solo le daba oportunidades a ver cosas que antes no era capaz.
-¿Que estás sugiriendo, Marius? - Y esa era la muestra; junto con su pregunta era realizada una expresión de fingida sorpresa hecha únicamente para burlarse de él por la forma y el contexto con el que le formulaba dicho cuestionamiento. Acción que le hizo levantar una mano por reflejo propio y propinar un sonoro golpe en la nuca de su amigo, quien comenzó a reír a pesar de la expresión abochornada que sabía que cubría su rostro junto con un poco de rojo en sus mejillas, mismo que hacia juego con su pelo. - Vaya, ahora sí estás actuando como un adolescente normal. – Seguía riéndose a pesar del arrebato físico en su contra.
-Estas demasiado animado a pesar de la situación en la que estamos. – Con el entrecejo fruncido y aun con un poco de rubor en sus mejillas, decía aquello a la par en que veía como su amigo se encontraba en lo que creía que era la ultima parte del trabajo que estaba realizando.
-Pues… Ya sabes, cosas de hermanos, no profundicemos. – Era todo lo que podía decir, pues en su interior un alivio resoplaba con fuerza debido a la situación que apenas era vivida de frente. Pues en realidad le preocupaba algo que su hermana se cerrara a ciertas cosas por muy bien que aparentase que no y él sabia bien, que después de lo de Richy, ella no volvió a buscar una relación seria con alguien mas, por lo menos, hasta ese momento. -Pero en fin... Es hora de acabar con esto. ¿Te parece? - Medianamente giraba su rostro hacia él, dedicándole una media sonrisa sincera a aquella expresión semidesconfiada que le daba el austriaco, quizás por no creer del todo en que lo que le decía del par que seguían arriba, era verdad, aunque tampoco era como que tenía otra opción más que dar un par de pasos hacia su persona.
-De acuerdo. ¿Que hace falta? - Con su interrogativa, su amigo se hacía aún lado mientras de su mochila sacaba uno de sus diarios, abriéndolo en una página en específico y que tenía escrito una oración en tinta roja.
-Estira tu brazo derecho sobre la espada y repite esto en la mente. Entonces acabará. - Sabía que era lo que debía de pasar, aunque era la primera vez que lo hacía en si.
-De acuerdo... – Incomodo le hacía caso con lo indicado, ni siquiera sabía bien en que idioma estaba escrito aquello pero ahí se encontraba él, a mitad de la noche; en un laboratorio a oscuras, tratando de sellar su espada en un anillo mugroso que su amigo encontró por ahí. Vio el texto por un segundo y procedió a repetirlo, su palma encima de su arma empezaba a sentirla con un fuerte calor, solo para que después de unos segundos su fiel espada se encontrará brillando de un color azulado tan fuerte que comenzó a segarlo: un instante tras ello, ahora no había nada más delante de si, solo un pliego de papel en el cual reposaba el mismo anillo que como extra, contaba en su contorno con lo que bien podría haber sido lo que antes permanecía escrito al rededor del objeto que ahora faltaba en el lugar. - ¿Funcionó? - Interrogó dudoso de que las cosas pudieran haber salido mal.
-Pruébalo. Agarra el anillo e imagina que tienes tu espada en la mano, entonces debería de aparecer. - Decía él a la par en que agarraba su diario entre las manos para comenzar a corroborar si acaso todo salió como debiera de ser.
-¿Y si no? - Dio un paso hacia el frente, apretando en su puño el accesorio encantado que le indicaba el castaño, mirándolo con un poco de desconfianza.
-Y si no... Te debo una espada. - Al instante, quien yacía apenas acomodándose aquella pieza de acero inoxidable en su dedo índice, se volteo a verle con un rostro consternado por el miedo que aquellas palabras significaban. - Tranquilo viejo, primero pruébalo, todo saldrá bien. - Levanto dos manos en son de tranquilizarle un poco, en su opinión, era mejor no pensar de forma negativa. Menos aún cuando apenas y se mostró que hizo un poco de esfuerzo para pensar en lo pedido, solo para que en su mano un haz de luz tenue y de color azul hiciera acto de presencia con el afán de volverse lo que el muchacho quería.
-Increíble. - Fue la una palabra que pudo dar al ver su espada en su extremidad, sin mostrar ningún desperfecto ni parecido, solo centelleando como siempre.
-Lo mismo para volver a sellarla en el anillo. Solo piensa en que está regresa en su interior... - el espectáculo de luces se volvió a suscitar, únicamente que a la inversa a la primera vez - El hechizo es simple, la espada está sellada en el anillo, tu solo tienes que pensar en que está regrese para que desaparezca de dónde sea que esté; no importa que la hayas perdido o que te la hayan robado, la sellaras en el anillo. Pero eso sí, la espada aparecerá en mano que porque ese anillo, así que procura que este no te lo roben o por lo menos, que lo puedas recuperar. - Le veía a un metro de distancia, y al igual que aquel que estaba antes de él, permanecía parado jugando con su nuevo aditamento.
-¿Y existen riesgos que debo de evitar? - Aunque a diferencia del rubio, él mostraba un poco más de interés en lo que portaba, quizás debido a la curiosidad que sentía.
-¿Además de que te roben el anillo? Pues, no creo, la espada se puede romper, eso siempre lo supiste. Si rompen el anillo, el sello y enlace desaparece, así que la espada es liberada y aparecerá en dónde sea destruido el anillo. Así que no, no hay nada más de lo que debas de preocuparte. - Un pitido al fondo del laboratorio sonó, llamando su atención pero no la del pelirrojo, mismo que aún miraba absorto el como liberaba y sellaba su arma. - A diferencia de mi. - Murmuró al pensar que creía bien de que era aquel ruido.
-¿Dijiste algo, amigo Dipper? - Le llamaba con curiosidad, denotando que por muy bajo que hablara, solo se encontraban los dos ahí y en silencio, haciéndole fácil el poder percibir cualquier ruido.
-Nada. Será mejor que vayamos a dormir... Sube tu primero, ¿Si? Haz algo de ruido antes de ir al patio para decirles a ellos dos que debemos de dormir ya; yo me quedaré recogiendo todas las herramientas y demás cosas. - Sobaba su cuello con la mano izquierda, pues la derecha comenzaba a enrollar el papel que aún descansaba en la mesa de trabajo.
-¿Por qué debo de interrumpir los yo? - Ni siquiera preguntaba el por qué hacerlo en si, si no, el por qué hacerlo él: gesto que se le hacía más divertido que otra cosa.
-Por que soy su hermano y su amigo, va a ser más raro si lo hago yo. Además, ella comenzaría a decirme de cosas por andarme entrometiendo. - Casi podía adivinar las cosas que ella le diría de ser él quien se encontrase aclarando se la garganta en la puerta trasera de la mansión, así que le fue imposible ahogar una pequeña risa, la cual, contagio sin querer a su acompañante.
-Je, supongo que tienes razón. Bueno, te vemos en tu cuarto. ¿Quieres que subamos tu computadora? - Ya casi comenzaba a subir las escaleras, más no lo hizo pues se hacía para atrás al inquirir aquello, causando en el joven cazador de lo paranormal un momento en que se preguntaba algo mentalmente.
-No, creo que ahí estaba bien por ahora, además, sería recoger los cables y todo eso. Mejor la dejaré ahí está noche, gracias. - Una sonrisa, fue lo único que se dieron esos dos antes de dejarse de ver.
A partir de ahí se dieron unas cosas que sabía bien que pasarían. Un Marius aún dudoso subiría solo para patear un mueble lo suficientemente fuerte cerca de la salida al patio trasero en son de que cierto par dejase de verse ensimismados en su sesión de expresiones de cariño que no iban más allá de besos cargados de sentimientos; aunque en realidad se estaba mintiendo, todo aquello lo estaba viendo en las cámaras de seguridad gracias a las pantallas en el laboratorio en el que estaba. Daba un poco las gracias de que no las hubieran bloqueado, por qué entonces no se habría asegurado de que los tres adolescentes, dos muy sonrojados, comenzarán a subir hacia las habitaciones, dejándole en completa soledad.
Dio un fuerte suspiro y acto seguido, se giró hacia la parte del laboratorio que le pertenecía al amante de las computadoras y los robots. Su mirar se posaba en el escritorio que tenía encima un sistema para escanear en un frasco dónde permanecía suspendida, una memoria. El monitor a su lado dejaba ver qué los procesos habían finalizado; virus encontrados, ninguno; receptores de audio, ninguno; comunicadores, ninguno; archivos internos, uno. Ya tenía su mochila sobre su hombro, así que le fue fácil sacar un cable de entrada USB que conecto entre su teléfono y el ordenador del anciano, busco el archivo en cuestión y lo copio en su dispositivo móvil.
Segundos pasaron tras que se desconectara, y ahora con curiosidad veía ese archivo de audio en la carpeta a la que lo había movido. Se colocó sus audífonos y sin más dilación, la reproducción comenzó mientras guardaba entre sus manos recelosas su teléfono. Su mirada pasaba de estar puesta en la nada con algo de intriga, después con algo de duda y finalizo con sorpresa, era una grabación hecha a escondidas, de eso no había dudas y era sobre algo que le superaba con creces. Sentía un hueco en el estómago, comenzaba a sentirse extraño y bastante consternado mientras avanzaba el clip de audio, sus expresiones iban cambiando poco a poco, únicamente para acabar por dejar su teléfono en el escritorio en medio de sus codos, los cuales puso en son de que sus manos sostuvieran su cabeza. Era todo lo que nunca pensó escuchar en su corta vida. No sabía cómo sentirse, ni como actuar, ni siquiera sabía que hacer; una parte quería enojarse, otra llorar, el malestar en su estómago le decía que quizás vomitar fuera una buena idea e incluso se planteó la idea de decirle a sus tíos y a sus padres con el afán de que ellos llamarán a las autoridades, pero sabía bien que esa no era la solución.
¿Pero entonces cuál la era? No lo sabía, solo comenzó a moverse sin siquiera pensar bien lo que realizaba. Guardó su teléfono envuelto en el cable de sus audífonos en su pantalón, su cable lo regreso al interior de su morral y con expresión neutra, miraba el monitor, se quedó ahí por varios minutos, de pie, delante de todo aquello. Hasta que finalmente se decidió por hacer algo, siendo eso el borrar el único archivo que la memoria tenía. El formateo se llevo sin complicaciones, no habría nada en ella ahora, además ni siquiera la toco, por lo que no afectaba en nada con los posibles planes con los que pudieran dar para dentro de unos días.
Y así empezó a retirarse de ahí, con la cabeza llena de dudas y aún así, aletargado, casi ido o inexpresivo, no sabía bien si fue lo mejor a hacer, pero consideraba las cosas. Si se detenían a prestar atención a aquello sabía bien que solo crearía más problemas de los que ya tenían encima y como prioridad sobre de ese suceso, estaba el encontrar y detener a los criminales que tanto le habían acosado a él y a los demás.
Ya estaba enfrente a su cuarto; no era consiente de la hora que era, ni del tiempo que perdió divagando y quedándose quieto sin hacer ni decir nada, solo sabía que ya era muy tarde y que el par que permanecían dentro seguramente hasta se encontraban en una etapa de sueño demasiado avanzada. Por lo que de su boca salía otro suspiro más, ya eran demasiados para tan corto periodo de tiempo. Abrió y atravesó el umbral de su recamara, encontrando de lleno a un par de adolescentes en bolsas de dormir que él intuía que al menos una se las había prestado la castaña del otro lado del pasillo, le dio un poco de risa verlos con expresiones divertidas, así que con un poco de habilidad, se guardo para si la diversión mientras avanzaba por la habitación en son de dejar sobre su escritorio todo lo que tenía consigo, su mochila, sus llaves, su gorra, incluso la sudadera y debajo de la silla, sus tenis al igual que los calcetines; solo se quedó con lo básico, sus pantalones, su camisa y claro, su celular: siendo ese algo que comenzó a liberar de los audífonos que le enrollaban, pues se colocó los mismos en afán de volver a escuchar la grabación una vez más. Se dejó caer en su cama boca arriba, viendo directamente al techo mientras avanzaba los minutos y su mente era abrumada con las imágenes que le asaltaban mientras la noche comenzaba a llegar a su final.
Patio trasero de la mansión, 07:15 hrs;
-¿Qué pasa chico? ¿Por qué estas aquí a estas horas? – Quizás habían quedado de acuerdo con no hacer entrenamiento, pero aun así no quería perder un poco de su condición física que ya de por si, no debía de tener gracias a la edad. Así que hacer un poco de trote en la parte trasera de la mansión le sentaba bastante bien, aunque no esperaba ver a su sobrino nieto sentado en una de las mesas del patio, cruzado de piernas y con los audífonos puestos, siendo ese detalle algo que le permitía entender que no le estaba escuchando para anda.
Dio un par de pasos en su dirección, curioso de que se encontrase ese escenario tan peculiar a tan altas horas de la mañana. El castaño no se movía para nada, pareciese que permanecía en trance o algo parecido; únicamente que con la mirada puesta al horizonte lejano a través del bosque que tenían delante. Tampoco vestía algo muy llamativo, usaba un blazer gris sobre una playera negra, unos pantalones de mezclilla de tono oscuro y sus tenis de suela delgada; algo malo estaba pasando por la cabeza del muchacho, lo intuyo con verle el cabello revolverse por el viento, no tenia su gorra.
-¿Vas a correr un poco, Stanley? – Su hermano arribaba a aquel espacio con algo de animo, mismo que se fue con la mirada extrañada del mencionado y que levantaba el pulgar en dirección al joven. - ¿Dipper? – Intercalaba la mirada entre su aprendiz y su gemelo, mismo que solo daba unas señas de que estaba escuchando algo y que no entendía de igual forma el que estaba pasando. - ¿Qué le pasa? – Susurro ahora un poco mas cerca de ellos, apreciando como le miraba por delante y divisaba que se encontraba con los ojos cerrados.
-Pareciera que esta meditando. – Una mirada rápida le daba de pies a cabeza, notando como única cosa rara el que se estaba reproduciendo algo en su teléfono con la pantalla desbloqueada; entendía que no era música, pues para eso si que se podía bloquear el celular, así que era otra cosa en si. Estaba a punto de quitar de sus manos su teléfono para poder ver de que se trataba aquello, total, ante su mirada el adolescente parecía que estaba dormido en esa posición; mas, un suspiro le hizo dar unos cuantos pasos hacia atrás, sorprendiéndole por lo sonoro y pesado que fue. La grabación había acabado, el chico comenzó a abrir los ojos con algo de cansancio reflejado en su mirada, de un movimiento rápido cerro la ventana de su celular donde estaba el administrador de archivos y con otro, bloqueo el dispositivo en su mano mientras jalaba los audífonos a la vez en que veía de reojo y con una sonrisa queda a su tutor de verano.
-Buenos días, tío Stan. – Decía ya sin nada encima y guardando sus cosas en sus bolsillos, causándole una expresión algo confundida a su pariente.
-Buenos días, chico. ¿Ahhh, todo bien? – Ahí estaba aquello que le afligía un poco, una mirada lastimera puesta sobre la nada misma.
-Si, solo estoy algo desvelado. – Le respondió al cabo de un instante, dedicándole una sonrisa amplia, casi como si quisiera ocultar un profundo dilema. – Ahora solo falta Ford y … - quiso continuar, mas el sonido de un andar le hizo voltearse – Ah, mira, buenos días, tío Ford. Bueno, somos todos, vayamos con McGucket. – No espero mayor respuesta del científico presente mas que la mano que alzo en son de saludar, pues, su caminata les indico que debían de adentrarse en la mansión; le seguían de cerca y con algo de preocupación, no sabían bien a que venia su actuar, pero tampoco era como que tuvieran mucho tiempo para pensar en ello. – Oh, anciano McGucket, buenos días. ¿Vamos al laboratorio ya? – Le abordo al mencionado antes de que siquiera fuera capaz de terminar de bajar las escaleras, le dedicaba una sonrisa amplia, casi intranquila.
-Ahhh… - Volteo la mirada a los que le seguían, ganando como respuesta un par de hombros alzados en seña de no comprender del todo el que era lo que estaba pasando por la mente del muchacho.
-Oh, por favor. – Dijo el menor al ver que ninguno de los mayores pareciera recordar algo tan importante. – ¿La memoria? – Y ahí estaba, en sus miradas llenas de sorpresa cayo por completo la idea de que tenían que comenzar a hacer lo que sugería él.
-¡Por supuesto! – Ford comenzó a recordar las cosas, así que con un puño chocando con una de sus palmas.
-Ay, por dios. – Posaba su mano derecha en su frente, casi sin capaz de procesar el que los ancianos pareciesen haberse olvidado por completo de lo que mas debían de estar al pendiente.
-Jaja, no nos puedes culpar chico, la llegada de tus padres y de Sherman nos hizo olvidarnos de todo. – El ex estafador ya incluso le había alcanzado solo para poner una mano en su hombro en señal de apoyo.
-Como dijo Stanley, Dipper, por las cosas de ayer nos olvidamos por completo de lo que la memoria. – Le daban su tiempo debido a aquel de ellos que contaba con mayor cantidad de bello facial, pues cuando el joven le llamo, apenas y se encontraba a la altura del ultimo descanso.
-Bueno, supongo que les creeré. – Ahora los acompañaba a ellos con una sonrisa igual de alegre que los que trataban de excusarse por el escenario.
-¿Por eso estabas esperando en el patio? – Cuestiono el primero en haberlo visto y que aun posaba su mano en su hombro, siendo primer espectador de su expresión alegre.
-Por supuesto, debemos de aprovechar que aun todos los demás están dormidos. Gabriel y Marius me cubrirán si alguien llegara a levantarse. – Ya estaban de camino al sótano y siendo auxiliado por la sombra del lugar, se guardo para si una mirada neutra, era mentira aquello, pero sabia bien los hábitos de sus padres y de su abuelo, no los veía si no hasta pasadas las ocho de la mañana, y eso si su padre había olvidado quitar la alarma de su teléfono como solía hacer cuando se iba de viaje.
-Bueno, pues veamos que nos tiene deparado esto. – Aquel a quien le pertenecía la zona del laboratorio en cuestión fue el primero en arribar al mismo, el segundo fue su compañero de inventos, seguido de cerca por su hermano gemelo y como ultimo integrante, quien les había reunido a todos.
-¿Y que es lo que tiene? – Su expresión no iba hacia nadie, sabia bien que abordaba una de duda y extrañeza en el científico computacional presente, mismos sentimientos que se irían a los demás cuando les dijera lo evidente.
-No tiene nada, esta vacía. – Y ahí era cuando debía de actuar, se paso la noche entera pensando en que hacer o decir, así que solo necesitaba el momento oportuno, por lo mientras, seguiría ocultándose en un rostro de confusión.
-¿Estas seguro, loquito? – Pero no pudo hacerlo del todo bien, menos cuando se habían referido de esa forma al inventor, dejándole un rostro enojado al susodicho mientras que el que preguntaba aquello caminaba rápido hacia él para poder ver lo mismo que sus ojos. Una pequeña risa salió de entre sus labios sin siquiera pensarlo.
-¿Qué ganaría con mentir, Stanley? – Arqueaba una ceja con un poco de ofensa, casi como si quisiera continuar con lo que podría ser una pelea eterna por recalcar que ya contaba con su sanidad mental, mas, le convenía mas que eso no se alargara por mas de la cuenta.
-Usted nada, anciano McGucket, pero ellos seguramente si. – y ahí era, mientras caminaba para estar junto a los demás y frente al escritorio, empezaba a agarrar la confianza suficiente para decir una mentira verdadera – Unas cosas están pasando con las chicas desde hace días, y cuando la memoria llego, Pacifica me dijo que se trataba sobre Candy, ella, Mabel y sobre de mi… - recordaba ahora la expresión de su pareja al mencionar ese hecho, la frustración en su mirada, la duda, la angustia. -Ya veo por que no me quisiste decir nada, Elise. - pensó por un instante, deformando su rostro con algo de incomodidad que bien podía ayudarle con su explicación a medias – Me dijo que Candy había hecho algo, pero no me dijo el que, pero seguramente el grupo de Richy nos ha de estar espiando de alguna forma, por que sembraron la duda en ellas al menos, pues cuando Pacifica me dijo eso, lo hizo aquí abajo, delante de la memoria, pues creía por un momento que Candy pudiera ser que vendría para robarla. – Inspeccionaba los estantes cercanos en busca de algo, un objeto parecido al que su tío uso para guardar cierto dado.
-¿Por eso bajaron aquella vez? – Sabia quien le preguntaba, pero eso no le evito el ir hacia un estante en donde halló lo que buscaba.
-Así es, debieron de pensar que lograrían ponernos a pelear entre nosotros si conseguían que alguno diera un paso en falso, pero cometieron un error, nadie hizo nada y al final, nosotros tenemos una forma de dar con ellos. – Ya se encontraba de regreso, solo para enjaular la memoria en una nueva prisión, ahora portátil. La miro por un segundo y sin mas, la extendió hacia su mentor. – Debemos de evitar perderla, tío Ford, quédate con ella. Usaremos el mismo método de la brújula que al inicio, los únicos que la hemos tocado somos McGucket y yo, y ninguno lo hizo por mucho tiempo, así que si la mantenemos ahí, la esencia que mas guarde será la de ella. – Ya su mentor se había hecho con el control sobre lo que le era encomendado y con sorpresa le veía directamente a él, haciendo que entendiera que se preguntaba el por que le había dado aquello con tanta facilidad; ante ese detalle, se encogió de hombros mientras le miraba fijamente. – Si me la quedo yo, alguien me la podría sacar de entre mis cosas. –
-¿Entonces cual es el plan? – Otra vez regresaba a la conversación el que antes contaba con la trampa insignia del pueblo, devolviéndolo a la realidad.
-El plan, o por lo menos el que propongo, es crear una distracción suficientemente grande como para que crean que no haremos nada, y de paso, para mantener a mis padres y abuelo ocupados, así al día siguiente, podremos aprovechar la calma y la quietud en el lugar para fijar el enlace de la memoria con la enmascarada. Ahora no será igual que con lo de la carretera como hicimos los chicos y yo al inicio, como tenemos dos puntos que se ligan, solo necesitaremos el sello de mis diarios, no necesitaremos ni la energía de la media noche ni algo externo. Solo necesitamos una distracción. – Lo que decía parecía convencer medianamente a los demás, detalle que le hizo soltar un ligero resoplido, lo mas difícil había pasado.
-Una distracción…- Murmuró el dueño principal de la mansión, quien con duda veía fijamente al suelo. – Pues, si quieres algo grande, la fiesta anual de la mansión se debería de celebrar mañana mismo. – Eso ni siquiera él se lo esperó, así que levanto la mirada con sorpresa y estupefacción, genuinas emociones que adornaban su rostro para diversión de los ancianos.
-¿Tu que dices, chico? – La idea poco a poco le convencía mas por alguna razón, quizás por esa parte dentro de si que le decía que aun era un adolescente que buscaba algo de diversión, pero quizás se debía a algo mas que ignoraba consigo mismo.
-Pues me parece bien. Si están de acuerdo, claro. Ya que con la fiesta mis padres acabaran desechos y con ganas de no hacer nada extravagante al día siguiente, Mabel y yo podemos aprovechar para llevarlos al pueblo o algo así, mientras, Stan podría quedarse con mi abuelo en la mansión y así, ustedes – los veía al par de científicos – podrían ir con un grupo pequeño para buscar a la enmascarada. De ahí, podrían decidir que hacer, si tenemos que mentir no seria nada decir que tuvieron que salir por algo del pueblo, mientras se encargan de tenderles una emboscada a esos locos. – La idea parecía gustarles a los dos que estaban en el meollo de la acción, pero no a quien en un principio se oponía a que sacaran a los menores del caso, por supuesto que, no se quedo callado con eso.
-Pensé que no te gustaba la idea de que te sacaran de la acción, muchacho. – Ponía sobre de él una mirada inquisitiva, casi con algo de desconfianza.
-No me puedo poner exigente, tío Stan. Esos locos podrían tener un as bajo la manga si acaso yo soy el que se pone delante de ellos, sale mejor para nosotros que yo me quede lejos de la pelea y así quitarles la opción de tenerme a su lado. – Se explicaba, aunque parecía por la cara que le daba, entendía que no le convencía del todo. – Ford puede ir con Wendy, Grenda, Marius, Robie, Tambry, Soos y Gideon, entre todos pueden hacerse cargo de esos locos, mas si lo hacen a medio día, que es cuando mas débil es Richy, los pondrían en una buena trampa y sin que yo este cerca para que puedan hacer cualquier locura que nos voltee la jugada, pero aun así yo estaría en el pueblo junto contigo, Mabel, Pacifica y Gabriel, por si necesitan refuerzos. –
-Exacto, como un escuadrón de seguridad. Si algo malo sucede, entre los cinco seria mas que suficiente para voltearles hasta su mejor jugada en nuestra contra. – Eso ya le gustaba mas, no sabia si por ser mas coherente o por que lo reafirmaba su hermano. – Es un muy buen plan, Dipper, sin duda. – Le daba una sonrisa segura, seguida de una mano en su cabeza que le alboroto el cabello.
-Je, nosotros nos encargaremos de que el pueblo parezca normal para mis padres, si algo sale mal, que no debería, entonces nos reuniremos con el resto, pero en principio sirve que ellos no tienen real contacto conmigo y así les sea imposible hacer algo en mi contra, aun no sabemos si el sello que puse en mi espalda es para mi bien o para mi mal, por lo que, la distancia ahora será lo mejor. – El entrecejo del mayor se relajo bastante mas en ese instante, las palabras del menor comenzaban a hacer efecto en él.
-De acuerdo, supongo que es un buen plan. Entonces, ¿Qué haremos ahora? – Su interrogativa iba hacia todos, pero era uno quien quería hablar.
-La verdad… No sé. No recuerdo que la fiesta en la mansión se siguiera haciendo, así que no se que tan forzado se vería si la volvemos a hacer de repente. – monologaba, discutiendo mentalmente consigo mismo sobre aquel funesto detalle que malograba sus planes, sin embargo, la sensación de una mirada recriminatoria le forzó a salir de su mundo para encontrar a los tres ancianos, uno sonriendo cómicamente, otro con un poco de lastima y el tercero con algo de reproche en su expresión - ¿Qué? – No entendía las expresiones que se posaban ahora sobre de su persona, pero no tuvo que esperar demasiado por la explicación.
-Muchacho, el año pasado ni siquiera viniste al pueblo y el pasado a ese, te lo pasaste casi siempre en el laboratorio de Ford, por supuesto que se sigue haciendo la fiesta en la mansión, solo que no has ido. – Acto seguido a ello se dio media vuelta con algo de vergüenza en su rostro, ocultando un posible sonrojo en el mismo.
-B-Bueno, vayamos preparando las cosas para la fiesta de la mansión. Hoy solo hagamos una comida en el patio de atrás e invitemos a los demás para que les vayamos diciendo cuales van a ser los planes. ¿De acuerdo? – A juzgar por las risas de los ancianos, no tenia nada mas que decir al respecto, por ende, el retirarse del lugar era lo mejor que podía hacer.
Su andar fue algo lento, a partir del escenario en que se encontraba en el laboratorio, todavía tardo un poco en llegar a la cocina de su residencia, donde procedió a tomar cualquier cosa que ni siquiera degusto en su totalidad pues su único propósito era tener algo en el estomago para soportar estar en su cama dormido hasta llegado una hora avanzada de la tarde. Nuevamente subió por el lugar, llegando ahora su recamara, donde raudo se adentro sin hacer el mayor ruido para perturbar el sueño de sus amigos, mismos que parecían querer hacerle segunda en su misión para pasar la mañana descansando. Saco su teléfono una vez mas, ya eran mas de quince veces que buscaba hacer lo mismo con este, solo que ahora debía de esperar pues se encontraba con la idea de mandar un mensaje corto a su mentor, explicándole que quería seguir durmiendo un poco, tras ello, solo reprodujo una vez mas aquello que tan ensimismado le tenia. Se dejo caer de frente y ahogo su rostro en su mullida almohada, manchándola un poco con unas cuantas lagrimas cuando volvía a escuchar ciertas palabras en son de confesión de cierto acto en cuestión.
Estudio de Dipper, 12:55 hrs;
Todos veían con algo de intriga al castaño, quien con tranquilidad posaba una mano envuelta en fuego rosa sobre su ojo lastimado, no podían culparlo por hacerlo sin mas al mínimo instante en que escucho como sus progenitores no estaban en la mansión y su abuelo, yacía con su hermano mayor en el patio trasero, ambos, empezando a prender el fuego del asador donde próximamente habría unas piezas de carne molida en forma de hamburguesas.
-¿Entonces… nos vamos a dividir? – Gideon cuestionaba eso desde su posición en la mesa de billar, estaba sentado en la misma y con un atuendo demasiado casual, mas deportivo que otra cosa.
-Es la idea inicial, unos de nosotros nos quedaremos en el pueblo, esperando por que nos llamen si acaso algo malo pasa, el resto, ira con Ford, guiados por McGucket desde la mansión, en busca de esos locos, les tenderán una emboscada y los capturaran, de ahí, creo que Ford será suficientemente capaz junto con ustedes, para llevarlos a una celda o por lo menos tenerlos prisioneros en donde sea que se estén escondiendo. Lo ideal será que no me acerque a ellos, pues esperaran que sea el primero en tener contacto con sus personas, así que solo entrare si es realmente necesario y lo hare con los que se queden aquí junto con Stan. – Ya el fuego se estaba calmando y aunque se apoderaba de si un cansancio algo fuerte, no era tan significativo como para decaer siquiera un poco y al final, fue tan simple como dejar que se extinguiera en su mano todo lo que sentía.
-¿Ya como sigues del ojo, chico? – Su mejor amiga le cuestionaba eso mientras daba unos cuantos pasos hacia su persona, sabia por que lo preguntaba, había escuchado parte de la explicación que había dado su hermana, así que la mirada que le daban las chicas en ese momento no le sorprendían o incomodaban en lo mas mínimo.
-Ya casi lo tengo curado del todo. Yo digo que unos tres días mas o puede que ni eso, para cuando se de el ataque contra los locos, quizás y ya me pueda quitar el parche. – Le daba una sonrisa calmada, consiguiendo relajar la expresión de su rostro al igual que la de los demás. – Pero, - regresó a lo que realmente importaba en ese momento – vuelvo a lo de antes, ustedes tienen que ir con Ford, a él le deje la memoria; que al final resulto estar vacía, pero seguirá sirviendo para para dar con esos chiflados. – En ese momento ahora si se encontraba usando su gorra, así que le fue sencillo ocultar su mirada debajo de la visera de esta, eludiendo por completo a cierta rubia que buscaba en su mirar si estaba mintiendo u omitiendo algo.
-¿Entonces lo de hoy y mañana será fachada para poder actuar con fuerza? – Robbie casi podría decir que estaba aliviado de todo eso, en parte por que el menor pareciera que por fin estaba siendo cuidadoso y en otra por que al menos tendría dos días de calma antes de una tormenta.
-Así es, por eso, solo relajémonos, ¿les parece bien? – Trago en seco y habiéndose mentalizado por un segundo, se convenció a si mismo de lo que había dicho, causando en su rostro un deje despreocupado, casi alivianado y que convencía a los demás de seguirle con su misma mentalidad. - ¿Mamá y papá te dijeron cuando regresarían a la mansión? – A quien le preguntaba eso, aparentemente ni siquiera le estaba escuchando, parecía ensimismada en su mundo, siendo este formado a partir de un par de ojos color avellana que le veían con un brillo peculiar; por supuesto que al ser llamada directamente, se sobresaltó antes de comenzar a buscar disimular desesperadamente lo que él podía apreciar a simple vista.
-¿E-Eh? – Sus mejillas rojas, mirada perdida y expresión risueña era lo único que le daba como respuesta.
Y es que así estuvieron todo el rato que él estuvo consiente. Los vio al salir de su cuarto, platicando en voz baja, mirándose de manera intercalada, con vergüenza pero no tanta, ni incomodidad, si no, con ansias de querer hacer o avanzar con algo. Cuando bajo las escaleras ese par siguió igual y parecían haberse solo dedicado a prestar algo de atención cuando los mencionados adultos le informaron que estaban por salir, pero de ahí en fuera, los dos no daban aires de estar prestando atención a algo en realidad, así que, en respuesta a su balbuceo, arqueo una ceja divertido, mostrando una sonrisa santurrona que lentamente pasaba a estar en los rostros de otras jóvenes presentes; los chicos, o al menos la mayoría no entendían el por que de eso, salvo uno, quien incomodo veía a otro lado en un intento de ignorar lo que había visto en la noche.
-Nada, Mabs, vamos al patio, Stan debería de estar encendiendo el asador. – Jocoso por su reacción, pasó aun lado de su hermana solo para poder voltearle por un instante mientras mantenía la sonrisa en su rostro. – Luego te paso algo que te va a gustar, Mabel. – Susurró para los dos pero no le dio el tiempo suficiente para procesar lo que le había dicho, solo la dejo atrás de él mientras seguía su andar, muy de cerca de su hermano, su amiga de cabellos dorados le seguía con algo de curiosidad, quizás hasta preguntándole el que era lo que pasaba y recibiendo como respuesta un posible, "luego te cuento".
Aunque no lo supo bien, solo se quedo atrás mientras veía aquello y sentía el como lentamente el lugar se vaciaba, por lo menos, a lo que se refería de dejarles a ellos dos solos. Su acompañante miraba curioso junto con ella aquel pasillo por el cual salieron todos, no entendía bien el actuar de su amigo, pero tampoco era algo que le importase mucho, mas le importaba el mirar fijamente a la castaña a su lado.
-Perdona, te distraje. – Le decía de la nada, con un poco de rojo en sus mejillas y sus ojos brillantes, como si las estrellas de anoche aun permanecieran reflejadas en ellos al igual que en los de ella, aunque eso solo lo podía apreciar él debido a su proximidad.
-N-No te preocupes, seguro solo es una cosa de Dipper. – Trató de evitar la tensión sobre el tema en cuestión, siguiendo aun en la misma posición de hacia rato, delante de su persona, sin moverse y sin apartar su mirada. - ¿E-Entonces, que me decías? – La mirada del rubio se hacia cada vez mas fuerte para si, le hacia estremecerse y sentir debilidad en las piernas, emoción en el pecho y la cabeza hecha un nudo, ahora sabia bien por que le hacia sentir aquello, pero nunca espero poderlo comprobar de una forma tan vivida, menos aun, no esperaba que tras eso, las emociones erráticas solo acrecentaran.
-T-Te preguntaba si acaso…. Bueno, ¿Quieres ir por un helado después al pueblo? – Nuevamente hizo aquel cuestionamiento tras un pequeño suspiro que serbia mas para calmarse y bajar sus nervios.
-S-Si, me encantaría. – Expresó al final de un breve silencio entre ambos. Seguía con la mirada agachada por la pena, no entendía bien el por que la sentía pero tampoco era como que le resultara algo molesto. – B-Bueno, vamos con los demás. – Le invito a ser el primero en moverse con una mano extendida hacia la puerta, y aun sin verle, solo sintió como la mano contraria era tomada por la del chico; detalle que le hizo girar su cabeza hacia él con algo de sorpresa.
-S-Si, vamos con todos. – Tenia una expresión algo apenada, pero con una sonrisa torpe y nerviosa, divertida combinación a su parecer, así que opto por ella también portarla, solo que con algo mas de nerviosismo torciéndola.
Sin embargo, no por eso dejo de hacer lo que se la colocaba encima, salió del cuarto y eventualmente de la mansión a la parte trasera de al misma, en todo momento, tomando de la mano al rubio en cuestión, quien con algo de bochorno, desviaba la mirada a otro lado, en un intento mas que forzado por lograr que los ancianos le miraran directamente y le intimidaran para que dejara de hacer aquello. Acción que no paso desapercibida para los demás presentes, quienes curiosos y animados, veían aquella escena con peculiar interés, mismo que acrecentó al ver como al llegar los padres de familia con la comida y bebidas únicamente genero un sonrojo aun mas severo en ambos adolescentes; mas no por ello vieron interrumpido su hacer, que con el agarre de manos le acompañaron con una platica amena entre ambos.
Poco a poco ese furor comenzó a mezclarse mas con el ambiente, lentamente para todos comenzó a ser algo normal de ver o de evitar de apreciar, cosa que hacia cierto albino al dedicar completa atención a su teléfono y empezar a mandar mensajes al azar, no podía evitar entablar platica de vez en cuando con los demás adolescentes, pero con quienes mas tenia en común por el gusto por lo paranormal era justamente con los tres chicos que ahora comían cerca de sus parejas y se dedicaban a platicar por lo bajo y reírse de sus ocurrencias.
Aunque como medio de escape también tenia las conversaciones casuales que se decían para todos y con el animo de que nunca se buscara estar en silencio de forma general; a lo cual ayudaba el estar con ciertos jóvenes casi adultos que se dedicaban a contar sus experiencias en sus antiguos trabajos, ya fuera como parte del complejo del cine en el lugar, como cargamentistas e incluso la leñadora agregaba cosas sobre lo que pasaba en el aserradero de vez en cuando. Tras eso, fue ahora cosa del extranjero el contar la diferencia y el choque cultural que para él representaba el estar en esa parte del mundo, las cosas que se le hacían extrañas, las manías que no sabia que tenían los chicos de su edad y lo que quisiera hacer al igual que ellos; ya fuera ir a las fiestas como alguno que otro, el pasear en el bosque como lo hacían ciertos gemelos o tocar un instrumento, como otros presentes.
-Viejo, como quisiera tener aquí conmigo mi guitarra. – Ensoñado, el joven valentino miraba al cielo con un suspiro saliendo de su boca y una mano abrazando a su novia. – Volver a subirme al escenario es algo que me gustaría mucho, lastima que este verano se llenaron las exposiciones de bandas antes de que me diera cuenta. – Y acabo con un bufido fastidiado, recordando como se había levantado tarde el primer día de las vacaciones y para cuando llego al lugar en cuestión, ya no había cupo por ningún lado.
-Jeje, yo igual toco la guitarra, pero creo que no me gustaría subirme a un escenario, no por ahora, siento que prefiero una cosa mas… intima, creo yo. – En una banca sentado, Gabriel proliferaba aquello mientras tenia a la castaña a su lado, ambos, ruborizados un poco por el comentario del chico. – Pero de igual forma me gustaría tenerla conmigo, creo que la deje en el estudio de Dipper. – En un ademan de querer levantarse y la muchacha que le sostenía, con él, el hermano antes mencionado de la misma tuvo una alerta dentro de su cabeza, que le hizo dejarse de recargarse en la mesa y ponerse de pie de su asiento, dejando algo confundida a su pareja.
-Y-Yo voy, Gabriel, no te apures, de igual forma, debía de ir al interior por mis gotas para los ojos, se me reseca un poco el que tengo bajo el parche. – No podía evitar tener un ligero miedo por lo que sea que ese par pudiera hacer al estar a solas, y aunque una cosa era hacerlo en el exterior o en los pasillos de la mansión, los lugares que él frecuentaba en si no quería que formase parte de la lista de ambos.
-Ah… Bueno, gracias. – Le parecía un poco extraño la forma de actuar que de la nada presento él, pero lo dejo ir en cuanto sintió como la gemela del mismo solo se pudo recargar mas sobre de si al ver que no habían ido a ningún lado, de la nada, una sonrisa abordo su rostro y un cosquilleo de nerviosismo le recorrió la nuca en son de sentir que ciertos adultos le miraban insistente.
Acción que presencio el menor de la familia en cuestión, pues podía ver a la perfección la mirada de Stan, de Ford y de su propio padre posarse en la cabeza de su amigo, en parte era por eso por lo que él mejor ni se metía ni movía nada, ellos dos ya tendrían suficiente con esos tres como para que además hiciera él algo en su contra. Caminó un poco rápido después de cruzar la puerta trasera, no sabia por que, pero quería hacer algo que ayudara un poco a que la atención en su gemela se bajara y creía saber como y era; poniendo esa misma atención sobre de si. Por ello, subió hasta su habitación, saco de su armario cierto estuche de cuero negro y sin mas, la saco de donde la tenia, seguía tan cuidada como la recordaba, la afino un poco y sin esperar mas, solo tomo una plumilla para regresar a donde antes estaba, tenia un poco de nervios causados por cierto individuo en el patio trasero que quizás después cuestionaría la razón de aquel gasto monetario que podría considerar "infructífero" o "beneficioso" pero no le importaba, quería actuar como en realidad era, además, le gustaba la idea de desafiarle un poco.
-Gabriel. – Ya estaba de regreso en el patio trasero, y con un movimiento, puso el cuello del instrumento a una altura para que el rubio pudiera tomarla, quedando mudo un instante por apreciar no solo la textura, si no el color tan contrario y la marca.
-Esta no es mi guitarra. – Dijo para su amigo, quien no se detuvo, solo regreso a su lugar de antes solo que sin sentarse, pues la rubia que le acompañaba se había puesto de pie para ir a servirles mas comida.
-Lo se, es mía. – Ella, a quien miraba y que le devolvía el gesto desde que regresó, parecía que tuvieran una platica mental, quizás por la duda que significaba el si estaba seguro de verdad de llevar a cabo aquel acto tan peculiar. Las miradas se fueron posando en él poco a poco, inquiriendo de forma silenciosa, inclusive sus dos tutores de verano voltearon a verse aun curiosos e intrigados, pues para ellos, desde la mañana que el chico se mostraba extraño.
-¿Tuya? ¿Dónde…? - Había soltado por un momento la mano que apretaba de forma recelosa y sin esperar un poco, comenzó a rasgar las cuerdas, sintiendo la fuerza de estas y escuchando su armonía, era una cacofonía que bien podría ser igual para alguien sin buen oído, pero para él, le era fácil notar la diferencia.
-En México, no tiene mucho que la tengo, fue apenas cuando estaba por salir de ahí y llegar a Japón. – Sus ojos se posaban principalmente en Pacifica, y discretamente volteaban a ver a su alrededor, unas cuantas veces vio a sus tíos, otras dos vio a su abuelo al igual que a su madre, quien sonreía algo preocupada. Al único que no podía ver era a su padre, era normal a su parecer y de hecho, ya después discutiría con él.
-Vaya, corto tiempo… - Rasgaba ahora con un poco mas de armonía, le gustaba el sonido y mas le gustaba que le viera ella, vista que interrumpió la suya al girarse un poco en su dirección.
-¿Recuerdas cuando te enseñe a tocar guitarra? – Se perdía un poco en esos ojos brillantes y entusiastas, casi hasta dejando de lado a aquel con el que hablaba.
-Fue después de la escuela, ¿no? En un parque, después de estudiar. – Cerraba sus ojos y se dejaba llevar un poco; le gustaba la idea de divagar además de que entendía el mensaje subliminal que le daba su amigo con las notas que tocaba.
-Así es, me ayudaste a sacar una canción que tenia en la cabeza… ¿Cómo iba la letra? – Las cuerdas cada vez le hipnotizaban mas, le hacían tocar esa canción en especifico, solo para sentir como su amigo se paraba ahora a su lado y se recargaba en la mesa de madera que tenia delante, esperando el momento para cantar.
Estoy armando una nave
Para viajar y escapar
Hacia el infinito
Cruzar el tiempo y espacio
Para explorar y encontrar
La luna y soñar
que paso solo un rato más contigo
Que de mi lado no te vas a ir jamás...
Se sentía relajado ya le había comenzado a dejar de importar que le oyeran los demás, que le escucharan sus padres, solo quería ser libre de todo lo malo, de toda la presión y de todo mal, de sus malos pensamientos, de los malos recuerdos y de lo que le martirizaba; ansiaba solo ser libre un momento, y encontró esa libertad en ese azul color cielo, aquel que le miraba con fuerza y pasión. Aquel azul que con cada paso de quien lo portaba, lo tenia mas cerca y mas emoción sentía en su pecho, era oficial para él, el mundo entero dejaba de existir con solo tenerla a su lado. Pacifica había dejado la comida y de forma casi hipnotizada andaba hasta su posición.
Quiero saber si en algún lugar…
El tiempo no pasa.
Quiero pedir un minuto más,
Decir sin hablar;
Que quiero solo un rato más contigo.
Que de mi lado no te vayas jamás
Quiero subir en un globo directo al cielo
En una nube buscarte para charlar
Y platicarte que intento todos los días la fórmula encontrar
Para poder regresar el tiempo...
Él estaba completamente perdido, de eso no había duda; pues no noto en que momento había tomado entre sus manos las mejillas sonrojadas de la rubia delante de si y menos supo en que momento le importo tan poco la canción como para besarle con insistencia y cariño. Caso que no se repetía con Gabriel, que a pesar de estar concentrado en la muchacha de sonrisa plateada, aun así notó la ausencia de letra después de la ligera pausa de acordes que retomo tras dos segundos y después, solo debían de haber sido otros dos segundos del solo hasta que retomara la voz, sin embargo, esta nunca volvió y le hizo mirar de reojo a su compañero, frunció un poco el entrecejo, pues consideraba injusto que él pudiera hacer algo como eso a diferencia suya, así que con un hábil golpe de codo, le hizo salir de su ensimismamiento y romanticismo para continuar con la letra.
Y lo hizo, un poco divertido y dedicándole una sonrisa retadora a quien tocaba, pero continuo, muy a pesar de las risas bajas que se escucharon entre algunos presentes incluyendo a su pareja. Podía entender un poco el por que hizo aquello su amigo, pero aun así no evitaba que le pareciera divertido la situación, pues con las miradas de ambos se retaban mentalmente a hacer o decir algo; su pareja ya no lo quiso dejar pasar mas, así que se acerco a su oído para preguntar en un susurro que era lo que pasaba; mas solo recibió la misma respuesta de hacia rato, "luego te cuento", era lo que dijo antes de que la guitarra parase de sonar.
-Vaya, chico, cada vez me das mas sorpresas para bien. – Su abuelo se escucho por encima de si, incitando a que voltease a verle con una expresión relajada en su rostro.
-Debiste de escucharlo en la fiesta que le hicieron para cuando regreso, Mabel le hizo estar en el karaoke. – El recuerdo le era aun un poco bochornoso, así que no pudo evitar un ligero sonrojo cuando el ex estafador prolifero aquello sin cuidado.
-Bueno, supongo que podré escucharlo de nuevo pronto, ¿no? Me dijiste que mañana habría una fiesta aquí. – La conversación entre los mayores se tomaba al igual que la de los menores, o por lo menos, seria así si no fuera por cierto detalle que hizo alzar un oído con agudeza.
-Pues si, pero debemos de planearla y la verdad, nos da un poco de cansancio eso. – El solo escuchar eso, cierta persona se levanto de su lugar, planeando de la nada mil cosas en su cabeza; aquel con quien compartía facciones entrecerró los ojos con preocupación de eso, sabia bien lo que estaba por venir, pero no por eso se sentía preparado.
-Si ustedes no quieren planearla, ¿lo puedo hacer yo? – Brillantes e insistentes ojos se posaron encima de los tres ancianos que permanecían cerca de la parrilla, no sabían que decir para librarse de lo que bien podía ser una sentencia propia. Aunque antes de que pudieran hacerlo, les fueron arrancadas las apalabras de su boca. – Ya he planeado otras fiestas, la de la cabaña es una muestra, es casi la misma cantidad de gente pero ahora con mas espacio, además, me dijeron que podría hacer una… - Tomo aire y con eso supo que todo estaba acabado, suspiro divertido al ver acorralados a los mayores, recupero su guitarra suavemente y giro su mirada al interior del lugar el cual le señalo a su pareja mientras le tomaba de la mano y así escapaban de la que fue lo que podía ser el mayor desastre que hasta ese momento auguraba en contra de la mansión; tenia ya un pie dentro, a su novia de la mano y en sus oídos unas solas palabras. – ¡Fiesta tamaño Mabel! -
