55. Emociones opuestas

—¿Y cuándo vendrás a visitarnos?

Esme suspiró, apartando un mechón de la frente de su hijo con cierto temblor. Pasó la yema de sus dedos suavemente sobre su piel, como si fuera lo más preciado del mundo.

—Edward... has pasado todo el fin de semana aquí conmigo.

—Pero te extraño —se quejó haciendo pucheros, algo que ya no era tan correcto para un niño de su edad.

Esme esbozó una sonrisa lastimera. No ganaría nada regañándolo, pues para él la situación también era bastante complicada.

—Lo sé, Zoi Mou, lo sé. Pero volveremos a hablar mañana por teléfono, ¿sí?

Él asintió y ella se inclinó aún más sobre su pequeño cuerpo para permitir que pasara los brazos alrededor de su cuello.

—Te quiero mamá.

La susodicha inspiró y exhaló rápidamente.

—Y yo también, Zoi Mou, με όλη μου την καρδιά. —Sintió el apretujón en el pecho y, acto seguido, alzó los ojos hacia el sujeto detrás de él—. Ve a ver tus cosas mientras yo me quedo hablando aquí con tu padre, ¿vale?

Edward obedeció y Esme no le quitó la vista de encima hasta que entró a su habitación.

—Esto se me está haciendo más duro que la última vez, ¿sabes? —confesó ella en voz baja.

El hombre al otro lado guardó silencio un momento.

—Yo también pasé por lo mismo durante meses, Esme.

Ella tragó.

—Pero yo no me había despegado de su lado desde que nació...

Su tono no fue despectivo, pero Carlisle recibió sus palabras con el mismo impacto. Le echó un vistazo rápido y volvió a fijarse en la misma sagacidad y experiencia en los ojos que tenía hasta cuando no era más que una joven adolescente; la misma que lo hacía lucir a él como un insecto a su lado.

—Lo siento... —se disculpó Carlisle, aunque no tenía ni la menor idea de por qué lo hacía. No tenía la culpa. Pero ella tenía esa magia... de convencerlo incluso de lo que no estaba de acuerdo—. Sin embargo, tienes opciones por delante, Esme.

—¿De qué hablas?

—Tu trabajo, el de camarera en la cafetería esa —especificó Carlisle. ¿No hay algo que te gustaría hacer de verdad?

Él vislumbró un destello de ilusión e interés en sus ojos que pronto se desvaneció.

—Para lo que quisiera... habría tenido que estudiar.

Carlisle ladeó la cabeza.

—Bueno, ¿y qué si aprovechas tus habilidades? ¿No te gustaría, no sé, empezar tu propio negocio?

Esme se rio, hasta que comprendió que hablaba en serio.

—Carlisle...

—Solo necesitas un poco de... entrenamiento. Has estado trabajando durante años en ambientes similares y eres inteligente —recalcó sin entenderlo—. Tal vez pueda funcionar.

—Tal vez sí, o tal vez no. —Ella se encogió de hombros—. Pero también tengo un niño al que alimentar, y no quiero sentirme... inestable... ni de tiempo ni de dinero.

Carlisle frunció los labios, inquieto.

—Pero yo puedo...

—Aunque ahora me ayudas, quiero poder mantenerlo por mí misma también. —La urgencia con la que hablaba le hizo entender que deseaba acabar pronto con la conversación.

Y en eso un ruido sordo sonó desde la habitación.

—¡¿Estás bien, Zoi Mou?!

—¡Sí, mami!

Carlisle notó como Esme liberaba la tensión en sus hombros, y entonces, pensó en algo.

—Si empezaras de nuevo, podrías mudarte a una ciudad más cercana, para poder visitar a Edward más a menudo. —Ella se volteó de inmediato, lo que le dio fuerzas para continuar—. ¿No te parece buena idea?

Esme continuó callada.

—Lo vas a dejar conmigo para garantizarle un buen futuro —indicó Carlisle—. Permítete poder dárselo tú también, mientras tanto. Por favor...

Y en lo que ella meditaba, Carlisle se concentraba en sus facciones, las mismas que no dejarían de atraerlo nunca, enigmáticas, únicas... tan acordes con su personalidad... y al segundo siguiente, el sonido del móvil cortó el ambiente.

Carlisle abrió el móvil y abrió un mensaje adjunto a una foto de claveles lilas.

"Me acordé de que son las favoritas de tu madre ;)"

—¿Celest?

Carlisle sonrió hacia Esme con franqueza.

—No somos de querernos, pero nuestra relación a veces se basa en detalles, los pequeños detalles.

Y es que a veces compartían fotos, bromas, que de alguna manera... les hacían saber que uno estaba presente en la mente del otro.

Esme asintió con lentitud.

—Os complementáis bien juntos.

Él, a pesar de estar encandilado por la belleza de Esme, tuvo que reconocerlo.

—Así es.

nnn

La tensión, el sobreesfuerzo y hostigamiento mental formaban parte de su vida diaria desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, la desesperación de sentir el placer y el confort que la aliviaban también se instalaron en su rutina desde hacía unas semanas...

Los labios de Edward se reencontraban con los de Bella, húmedos, ansiosos, indagando alrededor de su boca lo máximo que le permitían. A ambos les llegaba un filtro de luz de la mañana que se filtraba por las cortinas, impactando en la piel desnuda de sus torsos.

—¿Estás segura?

—Sí... —insistió ella volviendo a presionar sus caderas contra las suyas, tanto como su posición sentada encima de él en la cama se lo permitía. Amasó los músculos de su espalda entre sus manos, mientras él iba a los corchetes de su sujetador y los repasaba entre los dedos.

—Está será una prueba de confianza muy alta.

—Lo sé... —susurró Bella, mientras Edward se bajaba un poco los pantalones y descubría los bóxers que estaban a reventar.

—Y será el último juego previo que tendremos antes de...

Ella se dejó caer encima de su pantalón desabrochado, ejerciendo presión entre sus intimidades por encima de su ropa interior... y recibiendo a cambio una placentera satisfacción.

—¿Se siente igual de bien para ti?

Edward la silenció con sus labios, antes de pasar la punta de la lengua sobre ellos. Luego se impulsó como un loco hacia la castaña y la giró, haciéndose hueco entre sus piernas mientras se frotaba con más ímpetu.

—¿Te parece esta una buena respuesta?

Ella sonrió mientras Edward deslizaba los labios por su mentón y cuello.

—Una muy buena...

Bella arqueó la espalda, llevó las manos hasta su broche y lo abrió, con la intención de dejar que las manos de Edward recorriesen la piel desnuda de su espalda por primera vez...

No aguantaba, no aguantaba.

—¡Edward!

Ella se tapó abruptamente y Edward se levantó de un salto, resbalando con su propia camisa al pie de su cama y cayéndose de bruces contra el suelo.

—¿Estás bien?

—Sí...

Se puso de pie, ignorando el dolor, y fue a cerrar la puerta justo en el segundo que Rose trató de abrir.

—¡Me estoy cambiando!

En eso Bella ya estaba acabando de abrocharse los dos últimos botones de la camisa que dejó sobre la almohada de Edward, y enseguida saltó de la cama para ir a buscar el jersey y la americana.

—¿Todavía? —cuestionó la rubia al otro lado.

—¿Qué quieres?

—¡Se me ha acabado el papel de la impresora!

Edward bufó.

—Espérate un momento.

Él le hizo señales a Bella para que buscase en un cajón del escritorio. En eso, Rose volvió a forzar la puerta para abrir.

—¡Es urgente! —chilló su hermana.

—¡Te aguantas!

Bella le pasó unas diez hojas blancas y Edward abrió la puerta escasamente.

—¿Te basta?

Ella ojeó el número rápidamente.

—Sí.

—Pues adiós.

Y le cerró la puerta en la cara para girarse hacia Bella. Ella se acercó a él para enroscar los brazos entorno a su torso, dándole un pico rápido. Guardaron silencio durante dos segundos, y entonces Edward sonrió.

—Me has dejado con las ganas...

Ella rio y negó con la cabeza.

—Íbamos a quedarnos igual —señaló—. Te recuerdo que necesito pasar por el centro de estética pronto, y tú estás empezando a pinchar un poco ahí abajo, así que... resuelve el problema.

—¿Pero... cuándo es mejor que me depile?

—Podemos esperar hasta el mismo día. Digo, así nos aseguramos y... tampoco falta mucho. Podemos aguantar, ¿no?

—Yo al menos sí.

Ella sacó la lengua, mientras él la chinchaba y volvía a besarla.

—Hicimos bien en elegir la fecha tu cumpleaños, Edward.

El susodicho dejó escapar un suspiro.

—Yo solo quiero que lo disfrutes al máximo.

Ella le acarició la mejilla con ternura.

—Lo haremos, ambos —le aseguró. Edward besó su muñeca y se separó.

—Voy al baño y nos vamos ya, aprovechando que imprimir el trabajo a última hora la va a retrasar.

—Está bien, veré si mientras tanto puedo ir bajando.

Él asintió. Bella se apresuró en coger la mochila junto con el móvil y, cuando se disponía a salir por la puerta, recibió una notificación de WhatsApp.

"Se celebra el 25 aniversario del Reading's Children Centre este viernes a las 18h. Te esperamos".

Y abajo de ese apareció otro mensaje de Ethan.

"¿Te apuntas?"

Ella sonrió y no tardó en contestar con un "siiií" largo.

"Por supuesto que voy a..."

Pero mientras escribía, se dio cuenta de que la fecha coincidía con el cumpleaños de Edward.

nnn

—Hotel Rosette, buenos días. ¿En qué puedo ayudarle?

—Buenos días, eh... quería acabar de concretar una reserva sobre la que había concertado un pago previo para hoy. —Edward trató de hablar despacio, esperando no revelar los nervios que lo estaban carcomiendo.

Minutos después de dar sus datos a la recepcionista que lo atendía, por fin obtuvo lo que quería.

—De acuerdo. Tiene la habitación disponible a partir de las siete.

Él suspiró.

—Muchas gracias.

—De nada, a usted.

Edward cortó la llamada y dejó de dar vueltas sobre el suelo del cuarto para, por fin, sentarse en la cama frente del paquete que recogió en la oficina de Correos. Lo habría recibido en casa, pero por más que aquella empresa fuese cuidadosa con el embalaje... temía no ser el primero en abrir la puerta al repartidor.

—Mejor no... —se susurró a sí mismo.

Tomó un extremo de las cintas e hizo fuerza para levantarla. Como siempre, tuvo que meter la mano en el paquete y buscar entre el relleno de seguridad hasta que dio con algo que compró. Una caja de condones. Bella había dicho que no los necesitaban, pero los llevaría por si ella prefería protección extra a última hora.

Aprovechó en abrir un par de ellos para cerciorarse de que no viniesen ni rotos ni defectuosos en el paquete... Una advertencia proveniente de un tutorial de su amigo YouTube.

Luego de verificar, fue sacando otras cosas del paquete, como el lubricante líquido de base acuosa que pensó que podría ser útil para Bella en su primera vez, entre otros accesorios que le interesaron en la misma web. Velas aromáticas estimulantes, un perfume... y un libro orientativo de algunos alimentos que podían ayudar antes de... bueno, lo que seguía.

Edward suspiró. Podría haberlo preparado mucho antes, pero se había esperado creyendo que no podría comprar nada hasta cumplir los 18. ¿Y para qué? Para nada, ya que en el sitio online al final no le pidieron nada para confirmar su edad.

Pero en la tarjeta tal vez aparecía... no estaba seguro.

—Lo importante es que ya lo tengo —pensó. Y revisó el móvil para ver la hora.

Pasó el dedo alrededor del rostro de Bella en su fondo de pantalla. Quería hablar con ella, pero sabía que a esas horas estaría repasando como una loca sus apuntes para el examen que iban a tener en cosa de una hora y media. Además, él había querido encargarse de todo lo relacionado con esa noche... y cuanto más sorpresivo fuese para ella, mejor.

nnn

La puerta del aula jamás se había sentido tan pesada de empujar para Edward. Había sido la primera vez que había tenido más nervios por algo que no fuese el examen frente a él, pero a la vez, eso le había permitido estar mucho más relajado... y lo cierto es que el simulacro del IB de psicología le había parecido más fácil de lo que esperaba.

Eso tenía que tratarse de un golpe de suerte.

Y su mente divagaba en esos pensamientos, cuando unos brazos se enroscaron entorno a su pecho y lo impulsaron hacia atrás.

—¡Felicidades!

Edward tuvo que reaccionar rápido para no caerse, lo que le hizo reír con fuerza.

—Casi me derribas..

—Ni que fueras una pluma —se burló ella—. Date la vuelta para recibir tu primer regalo, anda.

Él lo hizo, totalmente dispuesto, y Bella inclinó su cuello para lanzarse a sus labios con entusiasmo.

—Es la primera vez que un adulto me besa —murmuró con picardía.

—Qué dato más interesante.

—Ajá. Quiero otro —demandó volviendo a hacerlo, pero Edward sintió que tanta efusividad era peligrosa...

—Bella, en quince minutos tenemos otro examen.

—Oh vamos, estoy ansiosa por la noche —murmuró en voz baja—. Déjame ser un poco mimosa...

Y justo cuando él quería profundizar el beso bajando sus manos por su espalda, ella lo empujó de súbito.

—¿Qué?

—¡Sorpresa! —chillaron un coro de voces juntos y, aunque trataron de hacerlo al unísono, acabaron haciéndolo de la forma más desafinada e irregular posible. Al mismo tiempo, por la esquina salieron sus amigos, con un gran pastel de chocolate en sus manos.

Edward sonrió con ganas.

—Vaya, eh, gracias... no lo esperaba.

Y es que los períodos en que solo iban al colegio para hacer exámenes, no se solían organizar grandes sorpresas.

—Ni que nos fuésemos a olvidar —dijo Jessica, la encargada de sujetar la gran bolsa y la caja donde transportaron el pastel.

Irina, sujetando el postre a su lado, rio y asintió.

—Ojalá el profe te deje ponerlo en su mesa mientras hacemos el examen, porque ahora es imposible acabarlo.

Tyler avanzó hacia el cumpleañero y le dio un golpe en el hombro.

—¡Dame un abrazo, tío! ¡Bienvenido al club de los adultos!

Edward recibió el gesto entre risas, para luego repetirlo con Matt, quien se burló a sus espaldas.

—Adulto dice...

Empezaron con sus golpes tontos y en eso un timbrazo sonó desde el móvil de Bella. Lo que Edward recordaba era que siguió entretenido en la conversación, y al siguiente momento que se fijó en su novia, la vio con una sonrisa entrañable en el rostro.

—¿Alguna buena noticia?

Ella parpadeó y le restó importancia.

—Ehm... nada. Un mensaje. —Miró hacia los chicos, que les habían dejado de prestar atención—. ¿Nos veremos esta noche a partir de la hora de cenar, no?

Y a Edward le regresaron las cosquillas por el cuerpo.

—Sí.

—Perfecto —contestó ella, luciendo un tanto pensativa—. Tendré la tarde más ocupada del mundo.

Edward frunció los labios.

—El tiempo es oro.

Bella asintió.

—Sí, lo es.


Vocabulario

με όλη μου την καρδιά: con todo mi corazón.

💎¡Hola otra vez! ❤️ Se acerca un momento especial por lo que parece... Estos dos exhalan fuego, 🔥🔥🔥🔥 pero la actitud de Bella deja una duda. 👀 ¿Pensará asistir al evento con Ethan? ¿sí, no...? ¿Qué mensaje habría recibido para hacerla sonreír? 😎 Lo que si nos queda claro es que el pobrecito Edward ha organizado todo lo mejor que podía, aww tan tierno. Esperemos que todo le vaya bien... porque sería una pena que no fuese así, ¿verdad?

💎¿Qué pensáis de la relación de Carlisle y Esme? Algo extraña de comprender, ¿no? Poco a poco descubriremos hacia dónde se dirigen todos estos fragmentos. 😜

💎Gracias a todas vuestros mensajes (los iré respondiendo uno a uno) por vuestro apoyo, entendimiento... Por todo. De corazón.

Kisses! 😘😘😘😘