Finalmente, un capítulo nuevo, disculpen la tardanza.

Capítulo 52.

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El rostro detrás del titiritero.

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Parte 1

14 de diciembre 2019.

El atardecer había caído sobre el gran bosque oscuro de Berk y con ello dio lugar a un paisaje que honraba el nombre de dicho lugar; sin embargo, entre lo más remoto de las entrañas de aquel follaje una tenue luz resaltaba entre toda la oscuridad.

Se trataba de una cueva en cuyo interior se podía vislumbrar (con la ayuda de varias velas) un túnel largo y estrecho; en este túnel, una silueta caminaba lentamente y a tientas hasta que llegó al final de su recorrido, revelando que aquel túnel no era más que la entrada a una guarida secreta oculta por debajo de la tierra del bosque.

La guarida, tenía lo suficiente para que alguien viviera cómodamente, por sus extremos se podía observar que había una pequeña cocina con una parrilla de baterías, así como una mesa con una sola silla, mientras que en otro extremo se podía apreciar un viejo sofá frente a un intento de chimenea con su respectiva instalación y a un lado de esta, había un pequeño centro de entretenimiento conformado por una televisión y una consola de videojuegos y más al fondo, detrás de una cortina, se podía apreciar una especie de futón en el suelo.

Lo más notable de esa singular guarida era el desorden, había restos de envolturas de comida chatarra tiradas por varias partes, revistas y periódicos destrozados cerca del sofá y la chimenea, cerca de la televisión también había desorden y ropa sucia y en la mesa había restos de felpa calcinados, agujas e hilos, así como unos cuantos medicamentos y un collarín ortopédico.

Ignorando su propio desorden, el individuo caminó a tientas hasta el sofá y ahí, cansadamente, se echó para reposar. Su respiración estaba agitada, algo normal después de la caminata que había hecho; sin embargo, además de eso, sus pensamientos estaban seriamente alterados por los recuerdos de los sucesos anteriores.

Viggo, el gran hechicero del tipo captor, su mejor adquisición había sido derrotado por el par de hechiceros Haddock- Hofferson, recordar el final de su adquisición y también el poder de cierta rubia lo tenían sumamente ansioso y temeroso.

—¿Qué debo hacer? —se preguntó así mismo, sacando del bolsillo de su chaqueta un pequeño carrete en donde sobresaltaba un hilo brillante.

En este carrete, se podía apreciar que quedaba muy poco hilo, puesto que ya eran visibles partes de la base y enredado entre lo que quedaba, el final de dicho hilo.

—¿Otra vez asustado? —se escuchó de repente una gruesa voz en la entrada de la guarida.

El que estaba en el sofá se sobresaltó por un segundo y rápidamente se giró para ver al recién llegado que no era más que un hombre, uno que conocía muy bien y que en ese mundo se hacía llamar Lenny.

—¿Quieres dejar ya esa forma, Senko? —le respondió con reproche.

El que estaba en la entrada, sonrió de lado y con un singular brillo se transformó en un dragón de mediana estatura y con una velocidad inusual se acercó al que estaba en el sofá.

—¿Ya terminaste de jugar?

El dragón Senko emitió un brillito.

—"Me agrada interpretar al sujeto".

—Será porque es al único al que puedes copiar con exactitud ya que no puedes transformarte en humano como lo hacen los dragones de Hiccup y Astrid y tampoco has sido capaz de replicar a otra persona que no sea a ese sujeto.

—Sí puedo replicar a otras personas, pero no con exactitud. —mostró el dragón, transformándose en una versión enana del Toothless humano, luego en una versión también enana de Hiccup.

—Eso no me sirve. —se quejó el otro individuo, levantándose de su asiento.

—Así como tus planes. —le reprochó Senko, transformándose nuevamente en "Lenny". —¿Otra vez está dudando el "gran titiritero"?

El denominado "titiritero" se detuvo en seco frente a la mesa.

—¿Qué te pasa? — le siguió cuestionando el acechante dragón humano. —Como tu guía y compañero de casi toda tu vida me puedo dar cuenta de tus dudas.

El titiritero apretó los puños y dientes.

—Y… ¿quieres contarme? —le susurró siniestramente al oído.

—No te equivocas. —le respondió este, alejando a su compañero de un empujón.

Se apoyó en la mesa, viendo los retazos de un vudú sin terminar, así como la fotografía de la persona a la que tenía planeado controlar y que por más que había intentado no podía.

—No sé si pueda con esto Senko. —sinceró con cierto temor a su guía.

—¿Qué dices? —respondió el dragón con cierto aire ofendido.

—La verdad, Senko. ¡Ya estoy harto de esto! ¡Mírame! He perdido más de lo que he ganado y pronto me quedaré sin la base principal de mi arma: el hilo. —le mostró el carrete.

—Pero si logras tu objetivo, tendrás dos armas más poderosas que ese patético hilo. —contradijo Senko/Lenny, zarandeándolo de los hombros. —Es lo que te prometió la bruja ¿no? ¡Piénsalo! Las armas Sky e Inferno podrían ser parte de tu colección.

—¿Cuál colección Senko? ¡¿No ves que lo estoy gastando también tratando de derrotar a ese par?! Además, esa bruja… ni sé lo que realmente quiere, siento que me oculta algo. A ver… si es tan poderosa, ¿por qué no hace ella el trabajo?

—No seas exagerado, sólo has perdido unas cuantas reliquias. —disintió el dragón transformado en el capitán, acercándose hacia un cofre que su amo tenía esquinado en aquella guarida. —Y con respecto a la bruja no es más que un cliente del montón con una petición inusual.

De aquel cofre, comenzó a remover entre las baratijas en donde había desde dagas, látigos y otros utensilios extraños, hasta una resortera.

—¿Qué te parece este? —le mostró la resortera.

—No seas idiota. —se la arrebató el titiritero. —No puedo usar ninguna arma que sea de corto alcance.

—¿Por qué? ¿Te asusta que descubran tu identidad? —se burló Senko, a través del rostro del Lenny.

El titiritero no respondió y devolvió el arma a su lugar.

Lenny/ Senko se siguió burlando para sus adentros.

—Entonces ¿qué tal este?

Tomó una caja que guardaba una de sus más valiosas adquisiciones, la cual contenía un extraño ornamento en forma de alas.

—¿El arma de la difunta madre de Astrid Hofferson? —susurró el titiritero un tanto asustado.

Senko asintió sin ninguna pizca de remordimiento y recordando vagamente como años atrás habían hurtado aquella arma de la mansión de los Hofferson.

—¡No sé lo que hace esa cosa! —se excusó rápidamente el hechicero, quitándole a su guía dicho objeto para devolverlo a su lugar.

El dragón humano rodó los ojos.

—Me estás hartando y ¿te digo lo que sospecho?

—¡¿Qué?! ¿A ver qué sospechas? —le retó este, comenzando a enfadarse.

—Que te gusta vivir en este mundo, tanto como te asusta que Astrid Hofferson te desaparezca con su arma.

El titiritero gruñó.

—¡Ya cállate Senko! No sabes lo que dices… yo… yo… sé lo que hago, me… me apegaré al plan inicial… sólo debo ver la… manera de quitarle el egni a Hiccup y…

Presto, entonces… —dijo el burlón Senko, sacando un as bajo la manga.

El titiritero se sobresaltó al ver lo que su guía tenía en mano, la capsula de egni, con el egni de la persona a la que quería controlar.

—Pero… ¿cómo…

—Se la quité cuando lo golpeé y lo noqueé, no te dije porque quería ver si eras capaz de quitárselo con tu juguete vudú ese de Viggo, pero en vista de que no pudiste yo hice el trabajo. —explicó, mientras se lo entregaba en la mano. —Entonces… ¿qué quieres hacer con el egni de ese hechicero? —preguntó ansioso.

El titiritero tragó saliva y le dio la espalda a su guía.

—Yo… no sé.

Esa respuesta no me gusta.

Se escuchó de repente la voz de una mujer que hizo temblar al titiritero.

—¿Qué? ¡¿dónde estás?!

Aquí.

Al girarse el titiritero comprendió que la voz provenía de su guía, el cual en ese momento estaba transformado en Lenny, pero cuyos ojos se tornaron oscuros y su voz, claramente cambió al de una mujer.

—Señora…—saludó tragando saliva.

Me has decepcionado muchacho, pensé que tenías más aptitudes después de ver cómo te infiltraste y robaste reliquias de varias familias dominantes, pero no puedes quitarles dos armas a dos hechiceros aislados en un mundo sin magia.

—No ha sido fácil, señora. —admitió este temeroso.

Claro, y menos cuando veo que te has dejado llevar por las comodidades banales de este mundo.

—Tal vez si la señora me dice qué es lo que pretende, tal vez yo pueda hacer mejor mi trabajo… es decir…cambiar la estrategia.

¿Ya no te interesa el pago? Dos de las armas más poderosas del mundo oculto.

—Por supuesto, pero… no quiero arriesgar mi vida… tal vez si usted…

Está bien, comprendo…—silenció está a través del cuerpo del dragón transformado. —¿Te parece si cambiamos el trato?

—¿Cómo?

Yo te diré lo que debes hacer, si lo haces bien… podrás quedarte con las armas de esos hechiceros, pero si lo haces mal…

En ese momento, la guarida del titiritero comenzó a temblar y pronto se envolvió en oscuridad. El confundido hechicero se vio envuelto entre las sombras, pero ante sus ojos fueron visibles las escenas de un destino fatídico para él y para su guía.

Cuando lo vio, asustado se echó a vomitar y en cuanto lo hizo todo en la guarida regresó a la normalidad.

—Haré lo que quiera… obtendré lo que quiere… sólo dígame qué es…—prometió agitado.

Lo que quiero está dentro de esa propiedad. —le mostró las imágenes de la casa Haddock-Hofferson. —Una de las mayores y poderosas reliquias que un hechicero pudo haber creado.

El titiritero se asustó, pues en la imagen lo único que pudo visualizar era algo que lo superaba en tamaño.

—Pero…

No te preocupes, tú has lo que te digo tal cual te lo ordeno y para cuando menos te lo esperes serás el poseedor de dos armas poderosas. Así que por el momento descansa… termina tu juguete y yo te diré cuándo sea el momento de atacar.

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Lunes, 6 de enero 2020.

Un nuevo día había llegado a Berk, el cielo nublado, el aire helado, así como calles y banquetas llenas de nieve que apenas comenzaba a derretirse eran las cosas que más destacaban de aquella pequeña, pero a la vez enorme ciudad.

En la casa Haddock- Hofferson, todo era tranquilidad, aún era temprano y la mayoría de los habitantes dormía plácidamente en sus respectivas camas. Incluyendo a cierto hechicero, el cual desde días atrás le había dicho adiós al sofá de la sala para finalmente compartir la cama con quien amaba.

Para Hiccup, era una delicia dormir con Astrid, pues la consideraba una persona sumamente cálida cuando dormía y candente cuando hacían el amor. Al menos así lo consideraba, desde la última vez que lo habían hecho, justo el día de Navidad, y hasta la fecha no habían repetido dicho acto, no porque no quisieran, sino porque con tantas personas en la casa tenían que extremar precauciones, además de que era fecha de que no se salvaban de los comentarios insinuantes de sus guías, quienes parecían que siempre se los imaginaban como un par de conejitos en primavera.

De cualquier manera, Hiccup se sentía sumamente feliz, hasta que un malévolo y fastidioso sonido de la alarma del celular lo despertó de sus sueños.

—Mmmm…Astrid, mi amor… apágalo. —se quejó adormilado, abrazando a su compañera con fuerza.

—El despertador está de tu lado, Hiccup. —respondió la rubia del lado contrario, con el mismo tono perezoso.

Hiccup se confundió, pues juraba que era Astrid quien estaba más cerca del despertador, pero al abrir los ojos, la novia que pensó que tenía en brazos resultó ser una de las almohadas, su verdadera novia, dormía en el otro extremo y le daba la espalda.

Haciendo un berrinche, estiró el brazo para apagar la alarma de su celular, una vez que silenció al aparato se rodó por dentro de las cobijas para ahora sí abrazarse a su novia.

—¿Ya vas a empezar a fastidiar, Hiccup? Es demasiado temprano. —se quejó Astrid somnolienta.

—Es día de escuela. Se terminaron las vacaciones, cariño. —le susurró al oído.

Astrid rio al sentir el cosquilleo en su oreja y enseguida se giró para quedar frente a frente junto a su querido Hiccup.

—De vuelta a la rutina. —dijo perezosa, pero no tanto para darle un beso a su novio.

Hiccup le respondió y como cada mañana, aquellos besitos poco a poco se transformaban en algo más apasionado.

—¿5 minutos más? —preguntó picaronamente, posicionándose encima de ella.

—¿Qué cosas dices? —dijo Astrid sonrosada, sabiendo exactamente a lo que se refería, pero correspondiendo a sus afectos, mientras que por debajo de las sabanas comenzaba a retirar lentamente el pantalón de su novio, mientras que él juguetonamente metía las manos por debajo de su pijama.

Pero antes de que el calor aumentara más en aquella cama matrimonial, se detuvieron y se miraron fijamente con complicidad.

—Apuesto que será Zephyr…—dijo Hiccup con cierto aire calculador.

—Yo digo que Nuffink…—apostó Astrid.

—¿Y qué si yo gano?

—Te daré tus "5 minutos" en la noche. —dijo esta juguetonamente.

—¿Con baile y la lencería sexy? —preguntó picaronamente.

—Si así lo quieres —aceptó Astrid con una sonrisita.

—¿Y si tú ganas?

—Me dejarás hacerte otra de estas trencitas, pero del otro lado. —le dijo señalando dos que ya le había hecho por detrás de su oreja izquierda.

—Ay, no, Astrid… otra cosa… —hizo berrinches.

—Ok, bueno, entonces si yo gano que no pase nada y me dejas dormir ¿Te parece?

—¡Oye!… lo dices como si nada más estuviera contigo por eso. —se quejó Hiccup haciendo otro berrinche.

—Ay, ¿y no es así? —bromeó ella.

—Arggg… eres… insoportable. —gruñó Hiccup entre risitas, empezándole a hacer cosquillas.

Astrid comenzó a revolcarse de la risa, sin embargo, tan pronto comenzaron con el nuevo jugueteo se percataron de una pequeña presencia que se acercaba por fuera hacia su puerta.

—Papi, mami… ¿ya se levantaron? —se escuchó la tenue voz del niño por detrás de la puerta.

—Rayos… ¿Por qué Nuffink? ¿Por qué? —se quejó Hiccup, mientras que Astrid aplaudió victoriosa. —Pero… ¡¿cómo?! si Zephyr es la que más ganas tiene de volver a la escuela.

—Sí, y por eso creo que ella debe estar preparándose para irse. —explicó Astrid reincorporándose y quitándose a su novio de encima.

Hiccup cayó derrotado aun lado de la cama y se ajustó bien su pijama, pues su novia fue abrirle la puerta a su pequeño hijo.

—Nuffink, que madrugador. —felicitó al niño, jactándose aún por su victoria. —¿Listo para ir a la escuela?

—No, yo quería más vacaciones…. —respondió el menor, haciendo un pequeño puchero.

—Sí, lo sé… pero ya vas a ver a tus amiguitos ¿no quieres verlos?

Pronto, el semblante del pequeño cambió y asintió más animado.

—Entonces, vamos ¿qué esperas?... Hiccup. — se volvió Astrid hacia quien estaba en la cama. —¿Me ayudas a arreglarlo?

—Por supuesto. —dijo este reincorporándose rápidamente en la cama. —¡Ven aquí, amigo!

Ante su llamado, Nuffink inmediatamente corrió a subirse a la cama junto con su padre.

—Iré a preparar el desayuno y a ver si Zephyr ya se está arreglando.

—De acuerdo, mientras este niño y yo nos pondremos guapos antes de salir. —siguió jugando Hiccup con Nuffink.

—No olvides abrigarlo bien, chaqueta, bufanda, guantes y gorro. —ordenó Astrid, como toda una mamá y fue lo ultimo que dijo antes de cerrar la puerta de la habitación.

Una vez en el pasillo, Astrid inmediatamente fue a la otra habitación en donde ya se escuchaban varias voces.

Ah… porque el horario de la escuela debe ser tan temprano. —se quejaba Toothless.

puedes dormir durante las clases de Nuffink. — se escuchó la voz de Stormfly.

Claro que no, debe cuidarlo. —replicó Alúmini.

Es cierto.

Stormfly, ¿Así estoy bien? —preguntó la menor de todos, mostrando aparentemente su atuendo.

Sí, no creo que haya quejas por parte de Astrid.

Pero me siento como un globo.

—Mejor un globo a un cubo de hielo. —replicó Astrid, abriendo la puerta de la habitación.

Zephyr inmediatamente la saludó con una risita nerviosa, y bien derechita esperó a que su madre analizara su ropa.

—Sí, así estás bien. —aprobó Astrid al ver que estaba bien abrigada.

Dada la aprobación de la matriarca de la casa, esta junto con la niña y los guías bajaron a la planta baja para tomar el desayuno.

A diferencia del año anterior, ahora todo era armonía y paz, al menos eso pensaba a Astrid al ver a su familia a través del cristal de la ventana, mientras lavaba unos platos. Todo era tan diferente, ni Hiccup ni ella eran los egoístas de antes ni tampoco aquella pareja programada para sonreír a cada minuto, ciertamente estaba feliz, pero tampoco en exageración como su versión hechizada. A la fecha, aún habían ciertas cosas en las que Hiccup aún la volvía loca y viceversa, nada era perfecto y eso le encantaba, a excepción de una cosa que la puso más reflexiva y a la vez melancólica.

Aquel bebé que no había podido tener. Pronto se cumpliría un año desde aquel suceso y a pesar de todo lo bueno que tenía, una pequeña parte de su corazón aun se preguntaba que hubiera sucedido si ese pequeño hubiera nacido.

Nunca lo sabría, se lamentaba por ello, y el único recuerdo que podía tener de aquel pequeño era el de después de su muerte, pues, aunque Hiccup le había contado el cómo ella se había enterado de ese embarazo, realmente no lo recordaba, ni el de Nuffink, sólo el de Zephyr y vagamente por los recuerdos que recobró en aquella cabaña.

—Oye, Astrid…

—¿Eh? —se despertó en un sobresalto. —¿Qué? ¿qué pasa? —preguntó, viendo que era Hiccup quien se encontraba a su lado.

—Nada, pero te quedaste como que ida, saca las manos del agua que te puedes enfermar.

La confundida Astrid bajó la mirada y vio que tenía las manos enterradas entre el agua jabonosa con la que lavaba las vasijas.

—¿Quieres que te ayude?

—No, lo siento… creo que sigo algo dormida… ¿ya es hora de irse?

—Ay, sí… que flojera… —se quejó Toothless, recostando su cabeza en la mesa.

—Toothless, deja de quejarte. —lo regañó Alúmini.

—Es que han sido días muy tranquilos, y de repente otra vez a la rutina, pero me temo que así será hasta que encontremos a ese titiritero. ¿verdad?

La familia se silenció angustiada.

—Han pasado varios días desde su último ataque. —recordó Hiccup frustrado. —No debemos bajar la guardia.

—Lo sabemos, amigo. Descuida, sólo bromeo, sabes que Stormfly y yo vigilaremos a los niños tanto como podamos.

—Gracias. —asintió Hiccup para luego dar un suspiro. —¡En fin! ¿Listos para irnos? —dijo más animado.

—¡Listos! —gritaron los niños, así como los guías que los acompañarían.

—Astrid, si quieres yo termino de recoger aquí… hoy Heather ya se presentará a trabajar ¿verdad? —preguntó Alúmini.

—Sí. —recordó Astrid, viendo hacia el reloj. —Pronto llegará.

—Entonces, apresúrate.

—Gracias Alúmini. Hiccup ve con cuidado. —le ordenó por última vez a su novio, dándole un pequeño beso de despedida. —niños se portan bien, y háganles caso a los maestros y a Toothless y Stormfly. —ordenó dándoles un pequeño abrazo a los niños, así como un besito.

—Sí, mami. —asintieron los niños por última vez

Una vez que terminaron con las despedidas, Hiccup se marchó con los niños y guías y Astrid subió a la planta alta para cambiarse, mientras que Alúmini terminó con los deberes en la cocina

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Minutos más tarde, Heather llegó a la casa Haddock – Hofferson.

—¡Ay, que bueno verte, amiga! ¡Ya te extrañaba! —saludó la jardinera a la hechicera con un caluroso abrazo. —Anda, tienes que actualizarme… ¿qué es lo que ha pasado?

—Nada, todo sigue igual. —respondió Astrid.

—¿Cómo que no Astrid? ¿No le vas a contar a Heather que ya duermes con Hiccup? —reveló la burlona Alúmini.

Heather se quedó boquiabierta, mientras que Astrid estaba que hervía de la vergüenza.

—Eh… Creo que tenemos que trabajar.

—¡No! ¿Cuál trabajar ni que nada? —la sentó Heather en una silla. —Anda, tienes que contarme…

—¡Traeré café! —ofreció Alúmini, interesada por la conversación.

Mientras que Astrid, quería que la tierra se la tragara.

—¿Contarte? —repitió enrojecida. —pero ¿qué?

—Pues ¿cómo es? ¿Te gustó? —preguntó Heather abiertamente y Alúmini estaba más que atenta.

—Pues… lo normal, ya sabes… él de un lado de la cama y yo del otro lado, no me quita la cobija, siempre se despierta pensando que yo estoy del otro lado, ya sabes… lo normal. —respondió nerviosa, jugando con la pulsera que Hiccup le había dado en navidad y que procuraba siempre llevar puesta.

—Ay, por favor, Astrid… sabes que no me refería a eso. —se burló la jardinera.

—Heather, no te voy a contar eso.

—Sí, lo sé, lo sé, yo en tu lugar haría lo mismo, pero… en fin, que bueno que ya hayan avanzado un poco más en su relación, aunque…

—¿Qué?

—¿Está bien que duerman juntos? Digo, no están casados.

—Ay, Heather, que anticuada, en estos tiempos y en este mundo no importa mucho. Además, Hiccup y yo sí estamos casados, al menos así lo dicen los papeles y leyes de este mundo.

—Sí, pero muy apenas y recuerdan su boda y ni siquiera eran ustedes mismos, ¿Aun así es válido? Digo, ¿para ustedes?

—Yo digo que sí, que más da si recordamos la boda o no, lo importante es lo que sentimos el uno por el otro, o es al menos lo que creo.

—Bueno, sí tu lo dices, aunque para hacerlo más oficial no estaría de más que ambos volvieran a usar sus sortijas.

—¿Sortijas?

—Sí, ustedes siempre llevaban las argollas matrimoniales.

—Yo no recuerdo haber visto argollas, ¿Alúmini? —preguntó a la albina, que seguía como toda una oyente mientras degustaba de su café.

—No, Astrid… no recuerdo haber visto algo así antes, bueno, no al menos desde que se despertaron del hechizo.

—Tal vez se las quitaban para dormir, pero como se despertaron del hechizo ya no volvieron a usarlas.

—No recuerdo haber visto sortijas entre las cosas de mi yo controlada, el alhajero que tenía algunas joyas lo guardé en el ropero cuando enloquecí recién desperté del hechizo y hasta la fecha no lo he sacado de ahí, salvo cuando le presté unos accesorios a Stormfly.

—ah… pero ¿qué tal la ropa de Hiccup? ¿Esa ya volvió a su lugar? —preguntó Heather juguetonamente.

Astrid se sonrojó.

—Sí, hasta lo ayudó a guardarla. —reveló Alumini con una sonrisita.

Entre risitas picaronas jardinera y dragona siguieron chismeando sobre la nueva relación de los hechiceros, mientras que Astrid, solo quería esconderse en un pozo y rezar porque Hiccup tardara en sus quehaceres para que no escuchara todo lo que esas dos hablaban.

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Mientras tanto, Hiccup, después de haber dejado a los niños y haber hecho unas compras para la casa, acudió al hospital para su última evaluación; el periodo de incapacidad pronto se terminaría, pero debía tener primero la aprobación de su médico para volver al trabajo.

El médico le hizo una revisión de rutina, primero analizando las cicatrices que le habían quedado y las cuales ya se encontraban completamente cerradas, para finalmente revisar con más detalle el brazo.

Era fecha en que algún estiramiento le causaba molestia a Hiccup, pero no era algo que le causara dolor y menos que le impidiera realizar alguna actividad.

—¿Le duele si posiciona el brazo así? —preguntó el doctor, moviendo con sutileza su brazo.

—Sólo me molesta.

—Ya veo, pero es normal Sr. Haddock, me temo que serán secuelas que le quedarán de por vida.

—Pero, no será impedimento para que continúe trabajando ¿verdad?

—No, podrá seguir ejerciendo su labor con normalidad, sólo trate de no forzarlo tanto, si en dado caso tiene que cargar algo muy pesado, traté de equilibrar la fuerza con ambos brazos.

—Sí, entiendo.

—En fin, Sr. Haddock, por mi parte ya no veo ningún problema, una vez que termine el periodo de incapacidad podrá volver a su trabajo para la próxima semana.

—Excelente, muchas gracias, doctor.

Una vez terminada la revisión, Hiccup se retiró del consultorio. Vagaba por el hospital, viendo lo activo que estaba el día con mucha gente que esperaba ser atendido, pues era época de resfriados y la cantidad de enfermos era elevada y estaba tan atento aquel detalle, que no se percató cuando alguien lo jaló inesperadamente del cabello.

—¡¿Quién?! —gritó furioso, pero cuando se giró se encontró con el rostro asustado de su ex practicante: Skipy.

—Lo siento detective H, le quería dar un susto.

—¿Qué manera de saludar es esa? —se siguió quejando Hiccup, sobándose el área del cabello que le había estirado.

—Es que le grité, pero como que iba distraído y no me hizo caso.

—ah… ¿sí?, no te escuché, lo siento. —dijo más tranquilo. —Y… ¿qué haces aquí? ¿Vienes a revisión o estás enfermo?

—Lo primero. —respondió el muchacho. —Me sigue doliendo el cuello y la espalda desde aquella vez que nos atacaron esos cazadores furtivos.

—Oh… lo siento mucho.

—No se preocupe. Nada que no se pueda resolver con unos calmantes. Por cierto, detective H. ¿ya volvió al trabajo?

—No, aún no… pero ya la próxima semana.

—Vaya, que bueno… por usted. —sinceró el muchacho.

—¿tú… ya encontraste trabajo?

El muchacho apretó los labios.

—No, pero mi madre me está presionando, ya sabe, este mes que pasó me la he pasado de ocioso, jugando sólo a los videojuegos.

—No, Skipy, haz algo productivo, eres un chico listo después de todo.

—¿En serio? ¿Eso cree? —preguntó el muchacho con ojos ensoñados.

—Sí, sólo falta que tú pongas algo de tu parte.

—Gracias, detective H. Lo tendré en mente.

—Hazlo. Bueno, me tengo que retirar…

—Sí, yo también, fue un gusto verlo, detective.

—Lo mismo Skipy, cuídate.

El muchacho se despidió con una sonrisa de su superior, pero cuando este se dio la vuelta y se retiró, el semblante de Skipy cambió a uno que reflejaba molestia e hipocresía.

Idiota.

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El viento helado a la afueras del hospital sorprendió a Hiccup, quien concluyó que nuevamente tendría un día muy frio que en consecuencia les traería molestia a sus cerradas heridas, tanto de la pierna como del abdomen y del brazo, por lo que se apresuró a ir al auto para volver a su hogar en lo que llegaba el momento de ir nuevamente a recoger a sus hijos.

Sin embargo, apenas entrando en el auto, el timbre del fastidioso celular lo sobresaltó.

—¿Alberick? —vio con el entrecejo fruncido que se trataba del maestro de su hija, y sintiendo una especie de alarma en su corazón rápidamente tomó la llamada. —Alberick… ¿Qué pasa?

Pero la voz que respondió no era de su amigo, era de otro conocido que se escuchaba muy alterada y que lo llamaba a gritos.

—¿Ruffnut? —reconoció la voz.

—Hiccup… ¡Tienes que ayudarnos! —gritó su amiga —¡MI NUFFNUT DESAPARECIÓ!

—¡También Akito, Hiccup! ¡mi hijo desapareció! —escuchó después la alterada voz del maestro. —No logramos encontrarlos, por favor ¡ayúdanos!

¿Niños desaparecidos?

La sensación incómoda que sintió Hiccup en el pecho se acrecentó aún más, y no supo por qué, pero presintió que algo muy malo estaba por pasar.

Continuará.

Notas de autora: ahora lo hice corto, pero abarqué todo lo que quería.

Lamento mucho la demora, pero como sabrán algunos, no me he sentido demasiado bien las últimas semanas, el exceso de trabajo, sumado a los problemas en casa ya los empecé a resentir con ataques de ansiedad, pero estoy tratando de equilibrar mis actividades para no agobiarme, por lo que tal vez también se vea afectado en la publicación de los capítulos.

Pero ustedes saben que si empiezo algo lo tengo que terminar, así que no se preocupen por algo.

Espero que les haya gustado el capítulo, que es la primera parte de dos o tres capítulos que tengo planeado para el cierre de temporada.

Nos seguimos leyendo.

Saludos y comentarios:

2Sonic1808: que bueno que te haya gustado, y no fuiste la única XD. Saludos.

Mispy: Vaya, que anécdota, me alegra saber que no soy la única que piensa en esas cosas XD, porque siento que haría lo mismo, pero acabaría igual que tú XD. Hace falta más atrevimiento deahhh XDD, en fin, gracias, por leer. Saludos.

Maylu liya: Pues Astrid prácticamente esa parte de la canción la cantó literal como es, que Hiccup la haya interpretado de otra manera es su rollo, pero Astrid ya tiene claro el tipo de relación que tiene y pues obvio que hubieron hotcakes, pero se los dejó a su imaginación xD. Saludos.

Daglas99: gracias por todos los reviews, es un placer que te guste la historia. Saludo.

Sandy97: Muchas gracias por tus palabras, generalmente trató de hacer los fics como si lo estuvieran viendo en la tele XD, porque me imagino que algún día estarán (los sueño guajiros) Saludos.

A los lectores anónimos, seguidores y favoritos, nos seguimos leyendo. Saludos.

01 de febrero de 2021