La oscuridad se había cernido sobre Scranton Crow sin que Ontari Woodward o Roan Azgeda hubiesen tenido oportunidad de percatarse de ello. Habían pasado buena parte de la tarde y el principio de la noche juntos en el pequeño apartamento que Roan tenía sobre el Ice Azgeda, el bar que regentaba y el cual por cierto, había pasado de abrir aquella tarde noche.
Aquella era una ocasión especial, su hermana se había tenido que ir y en su lugar, Ontari había quedado en inesperada libertad y estaba de regreso. Roan aún no tenía ni idea de como lo había logrado ya que aún le quedaba algún tiempo para terminar de cumplir su arresto, pero el caso era que estaba allí, que había vuelto.
No habían tenido ocasión de hablar demasiado sobre ello, básicamente porque muchos de los jadeos y gemidos habían llenado lo que por otra parte posiblemente hubiese sido un breve interrogatorio y quizás un incomodo silencio al respecto.
Daba igual, a Roan le daba exactamente igual el motivo por el que la habían soltado, se alegraba más que suficiente de tenerla de nuevo allí, de que hubiese vuelto.
La había encontrado súbitamente distinta aunque no estaba seguro de en qué, pero su instinto le decía que algo había cambiado en ella. Tal vez fuese su mirada, su forma de moverse, aquellas ansias.
Supuso que Ontari también le había echado de menos.
Pero no, en el fondo Roan sentía que había algo más, algo que ella no le había dicho y se propuso averiguar qué si le permitía la oportunidad, cosa que dudaba que ella hiciese.
Se había acostumbrado a ello, a no hacer demasiadas preguntas, a ir de puntillas con según que temas, ella marcaba los limites y él lo había respetado siempre. Conociendo la clase de tipo que era Gustus y la vida que ella y sus hermanos llevaban, sobraba pedir según que clase de información.
Aunque cierto era que él tenía preguntas, miles de preguntas, millones que desearía poderle hacer. Nunca antes había sentido nada como lo que Ontari conseguía que sintiese por ella y aquella sensación le volvía loco, y le enorgullecía a partes iguales.
Era su chica.
A pesar de los años que les separaban, de lo que muchos pudiesen pensar acerca de ella y de él juntos, ambos sabían lo que tenían, lo que habían tenido, y lo que querían tener y no necesitaban demostrarle nada a nadie salvo a ellos mismos.
A estás alturas Roan pensaba y reflexionaba acerca de esa clase de pensamientos, relajado y solo en la comodidad de la ancha cama que minutos antes había compartido con Ontari, y no podía sacarse aquella especie de preocupación de su cabeza mientras esperaba a que ella saliese del baño.
Cuando Ontari lo hizo, Roan contuvo la respiración y sintió como bajo las frías sabanas su cuerpo recuperaba de nuevo todo su brío y su calor.
Ella llevaba puesta solamente una vieja camiseta larga de él que probablemente habría encontrado en el baño, y se dirigió a la cama en silencio con elegantes y sordos pasos como los de una pantera acercándose a su presa, no pudo evitar pensar él.
Ontari abrió las sabanas y se metió dentro de la cama pareciendo tan exhausta y satisfecha como lo estaba él, y durante algunos minutos su mirada se poso en los viejos tablones de madera acre que cubrían el techo.
Aquel latente silencio mantenía tenso a Roan que de algún modo comenzaba a sentir que de algún modo estaba haciendo algo mal con ella, así que viendo que ella no iba a comenzar la conversación, decidió hacerlo él.
—Ha sido una verdadera sorpresa el que hayas aparecido en mi puerta, ¿sabes? —le dijo él volviendo su cuerpo y su cara hacia ella para poder contemplarla bien durante algunos momentos—. No te habrás escapado del centro, ¿verdad?
Ontari sintió la mano de Roan posarse sobre su rostro apartándole con delicadeza el pelo para poder verla bien y bajo un poco la mirada negando en silencio.
Roan se relajo al recibir aquella respuesta y continuó acariciando su rostro muy suave y delicadamente con el dorso de su mano.
Ontari cerro sus ojos sintiendo aquella caricia erizar su piel desde lo más profundo, y la respiración se le entrecortó débilmente.
—¿Saben tus hermanos que ya has salido? —preguntó suavemente Roan, deleitándose en la grácil visión de ella de aquella manera bajo su caricia sintiendo como su cuerpo comenzaba nuevamente a palpitar bajo aquellas sabanas y por poco olvida su objetivo—. ¿Qué estás aquí?
Ontari sintiendo como la mano de Roan descendía por la curva de su rostro para volver a regresar a la posición inicial haciéndola estremecer casi por entero, trago lentamente anhelante y negó de nuevo no pudiendo ni queriendo enfrentarse al tipo de preguntas que comenzaba a abrumarla un poco, tan solo negó nuevamente en silencio.
Roan ahora si que se preocupó pues sabía que para Ontari sus hermanos eran lo principal, y que no les hubiese visto aún era una clara sospecha de que algo muy grave le pasaba.
—¿Vas a... vas a decirme como has conseguido que te permitan salir así como así faltandote tantos días para eso?
Ontari se volvió hacia él quedandosele viendo, y colocó la mano sobre su pecho para acallarle.
Roan quiso continuar con la conversación pero la caricia de Ontari se alargó lentamente primero hacia su estomago y después algo más abajo, y cuando Roan lo sintió una especie de ronco gemido escapó de sus labios, y arqueo ligeramente la espalda entreabriendo la boca sin poder siquiera conectar los pensamientos que hacía tan solo un instante le atormentaban.
Esta vez Ontari no tuvo consideración alguna, y cruzando la pierna por encima de él bajo la sabana le montó a horcajadas inclinándose para atrapar lenta e inesperadamente sus labios para besarle.
Roan perdió por completo el hilo de la conversación que intentaba mantener con ella, y vibro por completo al sentirla caliente, suave y húmeda frotándose ligeramente contra él.
Quiso pronunciar su nombre, quiso separarse de sus labios, y poder hablar con ella de eso que tanto parecía querer eludir pero no fue capaz.
Sintió el oscuro cabello de Ontari caer hacia delante cosquilleando sobre su pecho, y se estremeció llevando la mano a su rostro para continuar besándola larga y profundamente.
Sin dejar de besarle Ontari se elevó sobre sus rodillas hundidas sobre el mullido colchón, y volviendo a bajar su mano por entre sus cuerpos tomó la erección de Roan y acariciándola la colocó bajo ella.
Cuando Ontari se sentó resbalando prieta y calientemente sobre esta, Roan exhalo deslizándose lentamente en su interior y sus manos acariciaron sus muslos hasta aferrarse firmemente a estos.
Ontari sintió como los dedos de Roan se enterraban instintivamente sobre la tersa piel de sus muslos a medida que comenzaba a moverse muy lentamente sobre él elevando sus caderas para después deslizarlas hacia abajo arrancándole algunos suspiros, jadeos y gemidos acallandolos con su boca.
Resultaba increíble, excitante, delicioso... tal como lo era siempre que estaba con ella, pero en el fondo de su mente una pequeña vocecita le decía que aquello no lo estaba haciendo solo por él.
Sintió su cuerpo tensarse bajo ella total y completamente preparado para liberarse, y aunque intentó no hacerlo ella no se lo permitió.
Aquello no estaba bien, no era responsable por su parte y mucho menos por la suya. Tanto él como ella sabían que haciendo eso había demasiados riesgos innecesarios que correr, cosas que podrían pasar...
Siempre habían tratado de tener cuidado o al menos lo habían hecho haciendo el mayor de sus esfuerzos, él no quería que ella corriese ningún mal riesgo, y ella era consciente de que no podía permitírselo pero ese día...
Nunca antes la había visto como ese día, nunca antes la había sentido así y no sabía qué ocurría para que se comportase de esa arriesgada manera sin sopesar los riesgos.
¿Qué era lo que ocurría? ¿qué pasaba para que no quisiese hablar de ello con él? ¿para que no confiase? ¿qué estaba mal con ella y por qué no quería ir a casa con sus hermanos?
—On... Ontari... —gimió entrecortadamente en su boca sin conseguir que ella dejase de besarle—. Ontari, es... espera...
Ella le quiso ignorar, seguir besandole, seguir sintiéndole más y más profundamente en su interior, que sus manos apretasen más y más sobre su piel hasta lograr hacerse daño.
Quizás un nuevo dolor sustituiría al otro, quizás así no tendría que sentir tanta pena ni tristeza, tanta lastima por lo ocurrido con su amiga, tanta... tanta...
Roan consiguió pararla por los brazos, y sacudirla suavemente para que regresase a la realidad.
—Para... —le pidió él tratando de buscar sus ojos por completo encontrándolos esquivos—. Ontari, para... eh mírame..
Roan que se dio cuenta de que aquellos ojos estaban mucho más allá de la tristeza, del dolor extendió la mano acunando suavemente su mejilla acariciando sus labios con el pulgar.
De ningún modo buscaba estropear las cosas con ella, pero estaban juntos y a veces... a veces lo mejor era ser directo el uno con el otro.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Roan sintiéndola temblar ligeramente sobre él devolviendole la mirada.
Ontari que se vio reflejada en sus ojos aún con la respiración algo acelerada bajo la mirada al pecho desnudo de Roan deslizando las yemas de sus dedos por su piel en un gesto esquivo y algo quedo.
—Es... es que...
Roan ladeo la cabeza atento a la explicación, y llevando la mano a su oscuro cabello se lo retiro un poco hacia atrás para poder verla mejor con preocupación al oírla apenas hablar.
—Vamos, sea lo que sea no puede ser tan malo —repuso él en un murmullo consolador no pudiendo evitar besarla muy dulce, y cortamente en ademan protector volviendola a mirar de nuevo—. A veces nos parece que las cosas son mucho peores de lo que verdaderamente son y...
La vio cerrar los ojos con pesar y apartar la mirada con pena. Roan se angustió pero aún lo hizo más cuando un apagado murmullo, una voz tan pequeñita y tan poco audible abandonó los labios de Ontari con una demoledora frase que ni en sus peores elucubraciones podría haber presentido.
—Emori ha muerto... —murmuró ella con una tristeza tan sincera, tan inusual y tan sencilla que hizo que sus ojos se llenasen poco a poco de lágrimas las cuales quiso retener con firmeza.
El rostro de Roan cambió lenta y drasticamente dado que no esperaba para nada una noticia así, y comprendió entonces todo por cuanto estaba pasando Ontari, todo ese dolor, toda esa fuerza, ese ímpetu, ese cambió, esa entrega, ese pesar...
No supo bien que decir, las palabras sabían que sobraban en aquellos momentos, tampoco es que hubiese consuelo alguno que le pudiese servir a ella así que hizo lo único que podía hacer en aquellos momentos.
Tomó el rostro de Ontari entre sus manos muy suavemente y la beso, primero en los labios y después en la frente para luego rodearla con sus brazos y estrecharla contra él.
Ontari se tumbo sobre el ahora tibio cuerpo de Roan, y enterró la cabeza en su cuello sintiendo aquel protector y necesitado abrazo y cerrando con fuerza sus ojos sintió las lágrimas comenzar a recorrer su cara en silencio temblando entre sordos sollozos.
Nunca más nada iba a volver a ser igual para ella, nunca más la iba a volver a ver, nunca podría reemplazar aquel pedacito de su corazón que se había visto arrancado y temió no poder volver a ser alguna vez, la que había sido siempre.
Aunque si eso pasaba, si eso ocurría Roan no lo permitiría y la traería de vuelta tal como conseguía hacer siempre.
Continuara...
