Capítulo 56
Nieblas que cubren el sol
-Eres un diablo,- me acusa Karen con la cara tensa por la ira que siente hacia a mí, -no comprendo cómo pudiste engañarnos a todos.-
-A todos no.- Digo dejándola en el despacho que está al lado del mío, -Ale siempre lo supo, pero no le sirvió de nada por mucho que os aviso, ¿cierto?- Sin dejarse caer en mi juego ella cuadra sus hombros y me mira fijamente.
-Sé que no vas a creerme, pero es la verdad, las personas como tú siempre pagan el daño que hacen, si no en esta vida, en la siguiente.- Me dice acunando a la pequeña antes de dejarla en la cuna improvisada que le ha hecho con un viejo abrigo olvidado y un cajón de escritorio.
En cuanto la niña está a salvo, en un arrebato se abalanza hacia mis ojos con los dedos firmes como las garras de un águila.
Estúpida.
De un revés de la mano la dejo tumbada en el suelo algo aturdida, -ya, ya, ya, tiemblo de miedo,- digo sin darle el más mínimo crédito a sus amenazas vacías de justicia divina, agarrándola de las esposas para acercarla a mí y obligarla a lamer el cañón de la pistola que le he metido a su tierno amor por el culo. –Di lo que quieras sobre el bien y el mal, porque al final del día lo único que cuenta es que vuestras vidas son mías para hacer con ellas lo que quiera.-
-Ah,- se queja cuando la libero y saco la pistola de su bonita boca para después darle a sus esperanzas un buen portazo de realidad.
Ya en el pasillo respiro hondo, satisfecho de mí mismo y de lo que estoy haciéndoles a cada uno de ellos.
En el instante en el que entro en mi despacho la mirada asustadiza de Carol me recorre de arriba abajo para asegurarse de que no tengo rastros de sangre, evidentemente sus ojos permanecen fijos en mis nudillos buscando respuestas al ver que los tengo rotos.
Como si solo pudiese conseguir lo que necesito mediante el dolor físico, pobre ingenua.
-Tú Daryl está bien por ahora, tranquila.- Digo sin contener una risa burlona. –Por cierto, ¿se puede saber que le ves?- Digo sentándome en la butaca del director esperando a que Chin me traiga la comida. –Es por curiosidad, en fin, el tipo solo es un pobre diablo.- Hago un gesto con la mano, -sin embargo tú y Connors le seguís con la mirada como si fuera el flautista de Hamelin.-
Al ver que no parece dispuesta a mostrarse comunicativa conmigo saco del primer cajón una sierra quirúrgica.
Cosa que la hace abrir mucho los ojos y decir por fin. –Aunque te lo explicase durante horas daría igual, no lo entenderías.-
-Aun así prueba a complacerme- la sugiero.
Ella traga saliva nerviosa. –Él es bueno,- eso me hace poner los ojos en blanco. –Siempre está ahí cuando lo necesitas, cuando nadie más estaría dispuesto a quedarse a luchar por ti, ni si quiera tu misma.- Se humedece los labios con la lengua. –Es la sensación de protección que da estar a su lado y a la vez el sentirte más fuerte porque él cree que lo eres aunque no sea verdad.- Mira al suelo muy concentrada, -le amamos por su lealtad, porque cuando él decide querer o confiar en alguien lo hace a capa y espada, da igual lo mal que se pongan las cosas o el daño que puedan hacerle, sí le necesitas él no va a fallarte, va a permanecer justo ahí entre tú y todos tus miedos,- la voz la tiembla, -así que sí, decir que es porque es bueno tal vez sea resumirlo demasiado y suene infantil, pero esa es la pura verdad de lo que Connors y yo vemos en Daryl Dixon.-
-Alguien bueno, ¿eh?- Digo apoyando mi cabeza en el respaldo de la butaca, -querida estás realmente necesitada si eso es todo lo que pides en un hombre,- me rio divertido, -que sea bueno.- Dejo la sierra sobre la mesa y me la quedo mirando. –Dime, ¿cuánto crees que tardaría en serrar un fémur con esto?- Digo sabiendo de repente en que voy a emplear mi tiempo esta tarde.
Demonios, definitivamente hoy estoy inspirado.
Una risa cruel se me escapa cuando veo que es Pete quien me trae la comida, así que para entretenerme le obligo a dármela con sus propias manos, es encantador ver como se retuerce queriendo huir a la vez que no puede evitar acariciarme los labios.
De verdad, difícilmente podría cansarme de él. Es tan patético que es gracioso hasta decir basta. Y a la vez… No sé, esa mirada huidiza está llena de demasiado, ¿qué en concreto? No sabría decirlo, pero sí que sea lo que sea hay demasiado.
Sonrío metiendo mi mano bajo su camisa, rozando sin cuidado ninguno las heridas que yo mismo le he hecho, el chico es un auténtico tesoro en bruto, podría pedirle que hiciera cualquier cosa, cualquiera, fuera la que fuese y él la haría.
Solo tengo que abrir la boca y decir las palabras, lo que significa que Carol es aburridamente prescindible, por lo que solo me queda una última cosa que hacer con ella, darle su regalo de despedida.
…
-Has vuelto a ganar,- digo fingiendo estar molesta con Carl, -haces trampas, ¿a qué sí?- Le pregunto y él se ríe, es un chico realmente valiente.
-Qué va, pero ten en cuenta la juventud, mi mente es más ágil.- Alardea intentando acomodarse en la jaula en la que lleva encerrado desde que nos despertamos.
No sabemos nada de los demás, ni quien nos hace esto o porque. Solo viene un chico joven a darnos de comer y a limpiar las deposiciones de Carl que el intenta sacar de la jaula para no terminar revolviéndose en su propia suciedad.
Conmigo y con Rick es más considerado por algún motivo, dejándonos cubos, en realidad para él debe ser más practico así, por lo que no entiendo porque se empeña en mantener a Carl encerrado.
Tampoco es como si fuera a contestarnos, le digamos lo que le digamos nunca nos habla, he llegado a pensar que quizá sea sordo pero no estoy convencida del todo.
Desvío mi mirada a Rick por enésima vez, parece tan perdido, apenas nos ha hablado a ninguno desde que despertó y se descubrió encadenado.
Es como si su mente hubiese colapsado.
Pero por muy jodido que esté tiene que reaccionar, su hijo le necesita a él, no a mí.
-Se pondrá bien cuando salgamos de aquí.- Me anima Carl sorprendiéndome por lo perceptivo que es.
Aunque a decir verdad, no tiene gran cosa más en la que poner su atención.
-Lo sé, le ayudaremos.- El chico asiente tratando de estirar las rodillas. –Cuando salgamos de aquí cargaré contigo.- Le aseguro al ver su cara de dolor. –Cuenta con ello.-
-Gracias Mich.-
-De nada chaval.- Los dos nos sonreímos intentando llenarnos de una esperanza cada día un poco más esquiva.
De pronto la puerta se abre dejando entrar al chico de siempre acompañado esta vez de alguien más que resulta ser Ethan, ¿qué narices? Le miro sin entenderlo.
¿Qué hace aquí?
¿Cómo salió de la prisión con vida?
¿Qué está pasando?
…
Al ver a Ethan todo tiene sentido, si lo que sospechaba Gin de él es cierto, esto encaja perfectamente con su forma de actuar.
-¿Dónde la tienes?- Le pregunto pateando furioso mi jaula desesperado por encontrarla.
Frustrado conmigo mismo por haberle fallado una vez más a mi mejor amiga, igual a como mi padre me ha fallado a mí, aunque la diferencia entre los dos es que a mi cometer esos errores sí que me importa.
La respiración se me acelera solo de pensar en lo mucho que sé que él la odia, recuerdo todas las veces en que ella me buscó porque él la había amenazado, y ahora que la tiene en sus manos no quiero ni imaginarme lo que puede estar haciéndole.
Sé que ella es fuerte pero no quiero que pase por esto sola, somos el dúo calavera, deberíamos estar juntos para enfrentarnos a él, porque así es como los dos somos más fuertes, cuando luchamos hombro con hombro.
-¿Dónde está?- Repito chillando y golpeando los barrotes. –Quiero verla.-
-Oh cállate, ¿quieres?- Dice Ethan haciendo un movimiento desganado con la mano en mi dirección mientras sigue caminado directamente hasta mi padre, quien está esposado a un yunque igual que Michone. –Hola sheriff, he oído que estás un poco ido, así que, ¿qué tal si para animarte jugamos a un juego?- Saca algo de su chaqueta pero no llego a ver que es. –Para que veas mi buena voluntad, tú la llevas.- Algo en su forma de decir eso no me gusta nada, la piel se me pone de gallina y estoy convencido de que nuestros problemas acaban de multiplicarse.
Ya no se trata de escapar de esta habitación, sino de sobrevivir al monstruo que se ha encerrado en ella con nosotros por diversión.
-Gin, mantente a salvo,- susurro para mí el mantra que me he repetido cada una de las veces que me he despertado en esta jaula desde que nos trajeron aquí. -Nos pase lo que nos pase a nosotros, tú mantente a salvo.-
Sé que si pudiera escucharme me daría una colleja y me llamaría memo porque ella no abandona a sus amigos pero… Si esta vez tiene la ocasión espero de corazón que lo haga aunque eso implique que no la pueda volver a ver nunca más.
Porque sí ella se mantiene viva al menos algo en el mundo seguirá teniendo sentido para mí.
…..
No he dejado de cometer errores.
Una vez tras otra he llevado a los míos de un infierno a otro peor, ¿cómo pueden haber sido capaces de confiar en mí tan ciegamente?
No debieron. No, no debieron hacerlo.
Pero ya es tarde, ¿de todas formas a quién le importan ya todas esas equivocaciones? Aunque… Tal vez Shane podría haber hecho las cosas mejor que yo… Quizá si no le hubiese matado, si hubiese muerto yo, Lori seguiría viva y Carl y Judith aún tendrían a su madre.
–Hola sheriff, he oído que estás un poco ido, así que, ¿qué tal si para animarte jugamos a un juego?- La voz de Ethan me llega desde muy lejos, como si me hablase a través de un walkie talkie con mala conexión. –Para que veas mi buena voluntad, tú la llevas.-
¿De qué habla?
¿Un juego?
Estamos atrapados y vamos a morir, ¿cómo puede pensar en jugar?
-Rick seamos honestos, eres mucho más fuerte de lo que aparentas a pesar de tener esa cara de bobo, de modo que te voy a dar otro intento salvo quequieras ver como saco a Carl de esa jaula para violarle delante de tus narices.-
El veneno, esas palabras están llenas de veneno, y son reales, no me las estoy imaginando.
Sin pensar me hecho hacia adelante, intentando apresar su cuello con mis dientes igual que hice con el líder de los hombres que nos atacaron en la carretera, pero Ethan es más rápido que yo.
-Lo sabía, sabía que esa cara de catatónico era solo fachada,- alardea mirando a otro hombre joven al que no conozco.
Parpadeo despacio esforzándome por centrar mi mente en lo que está ocurriendo ahora y no en el pasado, -¿cuánto tiempo llevamos aquí?-
Ethan se encoge de hombros ante mi pregunta, -una vida, diez años, quince días, ¿a quién le importa? No vais a salir vivos.-
Al fin me fijo en que en una de sus manos lleva una especie de sierra, -¿para que jugar a tu juego si de todas formas vamos a morir?- Le cuestiono mirándole con atención, viendo aquello de lo que tantas veces Ale trató de advertirle Kate.
Él sonríe satisfecho, como si hubiese estado esperando justo esa pregunta.
-Porque jugar conmigo es lo que os ayuda a morir más o menos deprisa y sobre todo a hacerlo de manera más o menos dolorosa.- Se acuclilla ante mí pero a una distancia a la que no puedo atacarle. –Dime, ¿juegas?-
-No lo hagas hasta que te diga si Gin sigue viva,- me pide Carl, pero algo en los ojos de Ethan me advierte de que no tiente mi suerte. Porque si tardo demasiado será él quien decida.
-Jugaré,- digo tenso.
-Papá.- Me reclama Carl.
-Están hablando los mayores mocoso.- Ethan se levanta y le da una patada a la jaula en la que está mi hijo con tal fuerza que la vuelca. –No interrumpas.-
-Desátame y yo jugaré contigo,- le dice Michonne furiosa, aunque no creo que te resulte muy divertida.-
-Cuidado gatita, oh verás exactamente de lo que soy capaz.-
-¿Qué tengo que hacer para saber a quienes has matado?- Los ojos de Ethan brillan relucientes ante mi pregunta.
-No hables en general cuando sabemos que en realidad solo sientes curiosidad por cierta rubia y por saber si finalmente se ha quedado soltera.- Me tenso mirando al suelo culpable.
-Debí echarte del grupo hace mucho tiempo.- Digo despacio conteniendo mi ira.
-Ciertamente habrías salvado alguna que otra vida,- me concede balanceando la sierra en su mano como si esto no fuera más que una charla cualquiera.
-Sabes de sobra que Rick no podía echarte, tú tía se habría ido contigo llevándose a Gin, y Ale os hubiese seguido.- Dice Michonne siendo un faro en medio de esta oscuridad tan aterradora. –Hiciste lo correcto al dejar que se quedara,- me dice ahora a mí, -lo sabes, no dejes que te convenza de lo contrario.- Sin mediar advertencia ninguna Ethan le da una patada en la cara con tal fuerza que hace golpear su cabeza contra la pared antes de caer hacia delante inconsciente.
-Pura palabrería inútil,- dice despectivo. -¿Por dónde íbamos?- No le hago caso, me quedo mirando preocupado como la sangre cae de la boca de Mich. –Oh sí, querías saber cual era el precio por saber quien había muerto,- algo en su voz hace que un miedo visceral me recorra la columna. –En realidad esa pregunta solo puedes responderla tú amigo, Odín se arrancó un ojo para conseguir el conocimiento infinito, así que dime, ¿de qué estarías dispuesto a desprenderte tú para conocer la verdad?-
-Escoja lo que escoja, ¿cómo sabré que no me mientes?- Le pregunto mirándole con recelo.
-Buen intento,- me sonríe con frialdad, -he de reconocerlo, pero aun así no vas a salir de esta habitación para comprobarlo por ti mismo como no sea siendo un caminante, y aunque te mostrase unas fotos de ellos cosa que no es posible, desconfiarías igualmente, así que no vas a tener más remedio que creer en mi palabra o morir intentando escapar.- Hace como si valorase esa posibilidad. –Cosa que sinceramente no te recomiendo salvo que quieras ver como quemo vivo a tu hijo.-
-Eres una rata despreciable.- Le insulto.
-Para ti yo soy la muerte no te equivoques, ahora dime, ¿de qué prefieres desprenderte? O ya puestos, ¿de quién? Si elijes la segunda opción podría traer a alguien aquí para que puedas despedirte con una caricia.- Dice tentándome con una falsa esperanza.
-Hagamos otra cosa,- algo en mi voz llama su atención, -yo mismo me cortaré el brazo derecho si dejas que Carl viva.-
-Uuuhhh, un trato muy pero que muy interesante. ¿De verdad crees que serás capaz? Es decir, si pierdes el conocimiento te desangrarás y morirás.- Mira al chico a su lado que se mantiene pegado a una esquina, como queriendo fundirse con la pared. –No parece una jugada muy inteligente, ¿verdad?- Le pregunta y el otro se limita a encogerse de hombros.
-Papa no.- Me dice Carl.
-Da igual que sea inteligente o no, es su vida y haré lo que sea por protegerle.-
-¿Y cómo sabes que no le mataré de todas formas?- Me pregunta divertido.
-No tengo más remedio que creer en ti.- Digo repitiendo sus palabras, lo que consigue hacerle reír a mandíbula batiente.
-Está bien,- lanza frente a mí la sierra y a continuación se acerca hasta la jaula de Carl para apuntarle a través de las rejas con una pistola. –Pete-Pie, haz el favor de soltar a nuestro valiente Sheriff.- Corriendo el chico hace lo que le ha pedido, llevo tanto tiempo con los brazos en esa postura que los tengo terriblemente entumecidos.
Me cuesta un triunfo moverlos hacia adelante, y cuando lo logro un millón de calambres me recorren, es como si me caminasen por la piel hormigas de fuego.
-Papa,- la voz de Carl llorando me trae de vuelta a la realidad, no me había dado cuenta de que ya había cogido la sierra… ¿Cómo….? Me rio de mí mismo, ni siquiera importa que esté perdiendo la cabeza, si no hago esto por él, si no lo intento al menos, perderé mucho más.
Dejaré de saber quién soy, porque Carl es lo único a lo que puedo seguir aferrándome ya.
Todo lo demás son solo nieblas que cubren el sol.
…..
Mi padre parece haberse quedado en trance de nuevo, no sé qué le sucede ni cómo ayudarle a salir de ello.
Tal vez con el tiempo todo cae por su propio peso, incluso las personas.
-Le has mentido, no me dejarás vivir.- Le reclamo a Ethan sin miedo a su arma.
-Lo haré siempre que lo consiga, lo que no me ha pedido es que te deje libre.- Dice como si ese descuido le pareciera gracioso.
-Te odio.- Le digo lleno de desprecio.
-Ponte a la fila mini sheriff, aunque te advierto de que si en ella contamos a los que ya están muertos es bastante larga.- Parece muy orgulloso de ello.
-Si lo consigo le dejarás vivir.- Repite mi padre para asegurarse, sin haber escuchado ni una palabra de lo que nos hemos dicho, de tan ensimismado como estaba en sí mismo.
-Prometido, y además de regalo te diré quienes seguían vivos al menos hasta la hora del desayuno.-
Como si fuera un trato justo y no la trampa pringosa de un monstruo violento mi padre acepta, acepta porque se ha rendido, porque ya no sabe cómo seguir luchando, es como si se le hubiese olvidado de repente quien es.
Es mi padre y nuestro líder, tendría que estar pensando en la forma de sacarnos vivos de aquí, no mutilándose así mismo.
¿Acaso es que piensa que ya no hay esperanza?
¿Es eso?
Quiero gritar y preguntarle si es eso, si ya no tiene fe en los suyos, si tan poco valemos para él. Pero entonces se quita el cinturón y se lo ata por encima del codo haciéndose un torniquete, la respiración se me corta y la saliva se convierte en una pasta espesa en mi boca.
-No lo hagas, papa, no lo hagas,- le pido de nuevo, sin embargo esta vez Ethan no se molesta en silenciarme porque es evidente que mi padre es completamente incapaz de escucharme.
Se ha encerrado de nuevo en sí mismo con tanta concentración que mi voz no es capaz de llegar hasta él.
Cierro los ojos y lloro, quiero a mi padre de vuelta, al padre que lucha por un futuro mejor para todos por muy difícil de conseguir que eso sea.
Yo… De verdad que necesito a ese hombre, y me da igual cuanto tiempo pase hasta que regrese al camino, nunca dejaré de creer en que él puede volver.
Le querré y le esperaré siempre con cada latido, hasta el final.
….
Aturdida y notando como me palpita de dolor la mandíbula me despierto, pero no lo hago por eso, lo hago por los quejidos… Por los quejidos y algo más, como si alguien estuviese serrando algo cerca de mí.
Cuando finalmente logro abrir mis ojos el mundo está desenfocado y carece de sentido.
Carl en su jaula volcada, y Ethan con su pie derecho apoyado sobre ella apuntándole al estómago a través de los barrotes, el chico que suele venir siempre está pegado a una pared sin mirarnos a ninguno, pero estremeciéndose como si lo sintiera todo.
De nuevo me atraen los quejidos y ese sonido de serrar.
Hago un esfuerzo por levantar la cabeza y encontrar el motivo por el que me he despertado, pero cuando lo descubro no parece real.
El mundo ha vuelto a girar sobre sí mismo, cambiando de nuevo a una versión aún más horrible que la anterior.
Todo porque… Rick, oh Dios, Rick se está cortando así mismo su propio brazo.
¿Por qué?
¿Por qué lo está haciendo?
¿Por qué se está haciendo tanto daño? No lo entiendo.
Intento hablar, pero el dolor es tan intenso que no me veo capaz, creo que ese cabrón me ha roto la mandíbula al darme la patada, joder.
Los ojos se me llenan de lágrimas cuando veo como él sigue adelante, sin dudar, solo deteniéndose cuando se marea demasiado como para poder continuar.
Con el pasar del tiempo su brazo ya no es más que algo que le cuelga de manera horrenda, me estremezco incapaz de apartar la vista mientras lloro por él, igual que su hijo.
Por más que Carl le ha suplicado Rick no se ha detenido, es como si hacerse eso fuera lo único que tuviese algún sentido para él en el mundo.
Cuan mal debe sentirse consigo mismo para haber creído que realmente no había ninguna otra salida.
A pesar de haber estado encerrado con nosotros ha estado atrapado en un sitio mucho más peligroso, solo, dentro de su propia mente, incapaz de pedirnos ayuda, o habiendo olvidado como hacerlo, y ahora esa es su consecuencia al miedo.
Creer que dañarse es su única forma de redimirse.
….
Maravilloso, sencillamente maravilloso.
Finalmente el antebrazo de Rick queda separado del resto de su cuerpo, el hombre está terriblemente pálido, pero de alguna manera consigue mantenerse consciente.
-Ve a por Carol.- No he terminado de decir las palabras cuando Pete ha salido corriendo a buscarla, por mi parte me acerco hasta pisar la mano del gran Rick Grimes pero él no reacciona, como si yo no estuviese allí.
Pero lo estoy.
-Déjale.- Me pide Carl lleno de rabia, como si pudiera detenerme solo usando sus palabras.
Cuando me giro para mirarle durante un segundo lo único veo en él es un chiquillo asustado.
Patético.
-Dependes demasiado de los demás, si no aprendes a desprenderte de ellos el echarles de menos te matará.- Le aconsejo con falsa ternura a la que el responde con un gesto vulgar. –Solo quería ayudarte.- Digo recogiendo el brazo de Grimes del suelo para acariciarle con su propia mano la cabeza, igual a como haría alguien con un perro obediente. –Vaya, vaya, para lo que has quedado.- Él mira hacia arriba pero no estoy seguro de que me vea. –Ya no impresionas tanto. ¿No te parece?- Le pregunto riéndome mientras sigue mirándome sin verme. –Corta, corta, corta- canturreo y él hace el amago de seguir cortándose, pero evidentemente ya ha hecho su trabajo, con una sorprendente limpieza he de añadir.
Así es como nos encuentran solo un poco más tarde Carol y Pete al abrirse de nuevo la puerta.
-Por el amor de Dios, ¿pero que le has hecho?- Pregunta ella horrorizada.
Yo me llevo ofendido una mano al pecho, -perdona que te lo diga pero ha sido él solito, yo no he tenido casi nada que ver en el asunto.- Digo con una sonrisa en la boca, desde luego el día de hoy será difícil superarlo.
Sin molestarse en volver a pedirme explicaciones, porque no hay ninguna salvo que me gusta hacer daño, ella se agacha al lado de Rick para comenzar a curarle y evitar que se le infecte el corte, aunque desde mi ignorancia creo que el peligro más inmediato es el de que se desangre.
Chasqueo los dedos y Pete está a mi lado al segundo para ayudarme a sacar a Carl de su jaula, -¿qué…? ¿Qué vas a hacer con él?- Me pregunta con la vista fija en mis manos.
-¿De verdad quieres saberlo?- Le cuestiono muriéndome de ganas por desentrañar el misterio que él es para mí.
-Yo…- Niega con la cabeza.
Evidentemente Carl intenta golpearme al pensar que por hablar con Pete estaré distraído, pero el crio tiene las piernas demasiado débiles por llevar tanto tiempo encerrado en ese espacio tan reducido que lo único que consigue es quedar tirado en el suelo de una manera bastante patética.
Incluso mi hermana con todo lo que le adora se sentiría avergonzada de él en este momento.
-¿Ya has acabado de hacer el idiota?- Sin esperar a que me responda le coloco unas bridas y tiro de ellas haciéndole daño en las muñecas, -ayuda a Carol y luego llévamela de vuelta,- Pete asiente obediente mientras yo saco al hijo Grimes de ese cuartucho.
-Carl.- Grita de repente Rick volviendo en sí al darse cuenta de lo que estoy haciendo, por el rabillo del ojo veo como Pete con rapidez encadena su brazo sano al yunque antes de que tenga ocasión de ponerse de pie para llegar hasta nosotros.
Por su parte Carol solo agacha la cabeza resignada, y en cuanto a Michonne, sus ojos arden mientras trata de articular algo capaz de cabrearme, un intento inútil de hacer que me la lleve a ella, pero jamás haría eso por la sencilla razón de que sé que el perder de vista a Carl les volverá a los dos locos de preocupación.
Con solo tres días como mucho estarán tan histéricos que lograré convencerles para que se enfrenten entre ellos a muerte por la posibilidad de volverle a ver.
Será divertido.
….
-Suéltame.- Pataleo luchando por hacer que me libere, pero solo consigo hacerme aún más daño a mí mismo en las muñecas al revolverme de esta manera, además de que siento las piernas tan dormidas que al moverlas tengo la sensación de que me corriesen por la piel un montón de hormigas furiosas.
Duele, sí, pero no cejo en mi empeño. Tengo que volver con mi padre, me necesita.
-Que me sueltes, ¿estás sordo?- Me meto con él, pero se limita a ignorarme, como si yo no fuese más que una mosca molesta que revolotea cerca de su cabeza.
….
En la oscuridad de mi armario puedo hacer poco, pero lo poco que puedo hacer lo hago.
Repito los movimientos de ataque que Merle me enseñó, como golpear y cubrirme, pegar al aire es más cansado de lo que parece, pero me ayuda a mantener mi cuerpo fuerte y mi mente despierta.
De pronto justo cuando retrocedo un paso para cubrirme de un enemigo imaginario lo oigo.
-¿Estás sordo?- Es Carl, sin poder contenerme mi corazón arde feliz por oír de nuevo su voz, porque sigue vivo, ese memo sigue vivo.
-Carl, estoy aquí.- Grito sin permitirme pensar que puede que mi hermano le esté trasladando para hacerle algo horrible.
-Gin,- su voz aunque algo lejos me llega, -¿estás bien?-
-Sí, ¿y tú?- Chillo con todas mis fuerzas para que mi respuesta le llegue, mientras contengo el aliento a esperas de que me conteste con un yo tan bien que no se da.
Aguardo durante lo que me parecen horas pegada a la puerta, concentrada en escuchar los pasos que vengan y vayan, sin embargo Carl no vuelve a cruzar el pasillo de regreso, no estando consciente al menos.
No me permito pensar ni por un segundo en que ya pueda estar muerto, por el contrario mi mente se centra en algo mucho más del estilo de mi hermano, mantenerlo con vida para hacerle alguna salvajada, así que como amiga de ese memo tengo que salvarle antes de que sea demasiado tarde.
Lo que aún no tengo del todo claro es como hacerlo pero…
-Iré a por ti, ni lo dudes.- Digo apoyando mi frente contra la puerta, -tú no hagas ninguna memez de las tuyas y todo estará bien.- Me lo imagino bufando al escucharme, queriendo iniciar una pelea de cosquillas, de esas de las que siempre pierdo adrede porque me lo paso genial con él.
Cierro los ojos sonriendo al recordar eso, y prometiéndome a mí misma que los dos tendremos más momentos así.
Porque somos el dúo calavera, y si ni siquiera los muertos pueden pararnos, mucho menos lo lograrán los vivos.
…
Sí, sí, sí, ella está viva.
Ni siquiera noto los golpes de los escalones contra mi espalda cuando Ethan me sube arrastras por un par de tramos de escaleras.
Gin está viva.
Mi sonrisa no se borra ni siquiera cuando antes de esposarme al radiador Ethan me da un bofetón en la cara.
De hecho en realidad tengo que contenerme bastante para no reírme, y es que… ¿Cómo puede ser tan idiota? No es oponente para Gin, en cuanto ella tenga una oportunidad no necesitará más, acabará con él.
Lo sé porque la conozco, además de que Ethan tiene una cuenta en rojo que pagarle a un alto precio.
-Espero que te haya emocionado escucharla, porque no volverás a verla como no sea para que ella misma te saque las tripas.- Me amenaza antes de dejarme solo en ese despacho, como si el muy idiota fuera capaz de quebrar el acero del que está hecho el corazón de su hermana.
Realmente no la conoces en lo más mínimo, pienso para mí, sin embargo no digo nada, solo me quedo ahí, con el cuerpo adolorido pero por primera vez desde hace no sé cuanto tiempo con esperanzas genuinas de salir de aquí, porque si Gin está viva entonces por imposible que parezca a primera vista eso significa que todo va a salir bien.
O al menos tan bien como sea posible.
…
Mientras hago lo que puedo con el muñón de Rick no dejo de sentir la mirada acusatoria de Michonne sobre mí, pero ella no lo entiende, ella no sabe.
-Carl estará bien,- les aseguro a los dos, pero los tres sabemos que estoy mintiendo.
-¿Para qué se lo ha llevado entonces?- Me pregunta Grimes con la mirada perdida en alguna parte por detrás de mí. –Dijo que lo dejaría vivir. ¿Por qué se lo ha llevado?-
-Yo…- Siento ganas de llorar al recordar las cosas que ya le he visto hacer a los demás.
-Sí él ha dicho que lo dejará vivir eso es lo que hará.- Interviene Pete sorprendiéndome, ya que normalmente se limita a responder órdenes y a ir corriendo de un lado para otro.
-Le estás ayudando,- me acusa Rick sin fuerzas ignorando las palabras del chico.
-Estoy tan atrapada como vosotros.- Al escucharme Michonne golpea enfadada el suelo con los pies. –Lo estoy,- repito girándome para mirarla, -vosotros no sabéis lo que él les ha hecho a los demás.-
-Pues cuéntanoslo, a ver si así te entendemos.- Me pide Grimes con los ojos brillantes, sin inmutarse apenas ante las curas que le hago.
Suspiro y miro con suspicacia a Pete. –Puedes decirles lo que sepas, en realidad eso era parte del trato que hicieron.- Me asegura sosteniendo hacia arriba lo que queda del brazo de Rick para que yo pueda trabajar mejor, igual a como hizo con la mano de Gin.
Nerviosa tomo un par de respiraciones antes de animarme a decirles parte de lo que sé. –Mika y el militar pelirrojo están muertos,- no necesitan saber cómo, -al tipo de pelo raro le arrancó las uñas de manos y pies, a Glenn le ha quemado los pies y también otras partes del cuerpo, a Maggie le ha cortado una oreja, a Tara también le quemó los antebrazos,- trago saliva al recordar, -a Gin le… Ella perdió dos dedos de la mano derecha y hasta donde sé le ha dado un par de palizas, a Ale le escribió su nombre haciéndole unos cortes y le obligó a drogarse.-
-¿Cassidy y Daryl?- Estudio su cara cuando me pregunta por ellos, pero no hay nada, es como si le cubriese una niebla.
-A ella la…- Miro a Pete con duda, preguntándome que sabe exactamente él de mí. – Ethan la ahogó y la resucitó hasta romperla varias costillas, además le quemó el cuello con un mechero, Daryl de momento está bien pero tuvo que verlo todo.- Me concentro en los puntos que le estoy dando. –De Karen y Judith no sé nada todavía.-
-¿Y tú?-
-¿Qué?- Le pregunto de vuelta sin entender.
-¿Qué te ha hecho a ti para que le ayudes con tan buena disposición?-
-Me ha obligado a ver muchas de esas cosas, no le ha hecho falta más,- no puedo decirle la verdad, que hago esto por Daryl, para mantenerle a salvo a costa de Carl si hace falta.
-No te creo, tú eres más dura que todo lo que me has contado.- Su mirada se despierta al fin, y es tan acusadora como la de Mich.
-Mientras siga ayudándole puedo hacer algo por vosotros, ¿de qué os serviría a ninguno que me mantuviese atada?-
-De nada supongo, pero al menos podríamos confiar en ti, y eso ya sería algo.-
-No tienes derecho a juzgarme.- Niego enfadada.
-Tal vez no, ¿pero aunque puedas vivir con lo que estás ayudándole a hacernos serás capaz de perdonarte por ello? Yo creo que no.- Dice y ya no intercambiamos más palabras.
En cuanto termino mi trabajo con él le inmovilizo la mandíbula a Michonne para ayudar a que su rotura suelde bien.
Pero en sus ojos puedo ver un ¿por qué te molestas? Va a matarme de todas formas, y lo cierto es que yo no puedo hacer nada ante ese reproche salvo repetirme que así Daryl seguirá a salvo, al menos un día más.
Llevándome sujeta del brazo Pete me conduce de nuevo al despacho de Ethan y mientras lo hace no dejo de pensar en que por egoísta que sea, para mí cada hora que Daryl está bien vale toda la sangre que pagan los demás.
En silencio el chico me esposa al pesado escritorio en lugar de en mi sitio habitual que es el radiador, porque este ya está ocupado por el hijo de Grimes.
Cuando Pete se va Carl me mira sin entender, sin saber aún lo que yo sé, y lo cierto cuando nuestros ojos se cruzan es que pese a todo, no me arrepiento de lo que estoy haciendo. Porque gracias a eso el corazón de Daryl continua latiendo, y mientras eso no cambie puedo soportarlo todo.
Hola almas corsarias.
Tengo buenas noticias, ha caído una red ligada a la mafia rusa infiltrada en instituciones españolas, es lo primero que he leído al levantarme y me he puesto a dar palmas con las orejas de la alegría. Poco a poco acabaremos con esos hijos de la mierda. Jaque Mate cabrones.
Gracias en fanfiction a poty90 por comentar.
Gracias también en por votar y comentar en el último capítulo a Kisalifibaeni, Debie_Daryl y a are221099.
