Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 54.


Sentado en la soledad de su editorial a la media noche, Kōga contemplaba a la nada mientras el humo de su tabaco invadía la estancia. Era la primera vez en mucho tiempo que iba solo a su edificio y se sentía bien esa soledad. Estiró las piernas cruzadas sobre el escritorio y se echó un poco hacia atrás en su silla giratoria.

Su coleta yacía ahí, alta igual que siempre y los ojos celestes parecían perder todo su brillo. Desde que había descubierto que Yura seguramente se había acostado con Miroku, sintió que todo se le venía abajo. A pesar de todo se sentía herido y traicionado. Cómo había sido capaz de usarlo de esa manera. Y tan angelita que se veía. Lo único bueno que Yura había traído a su vida era a Kagura. Hacía mucho que no iba por ella y aunque la extrañara, en esos momentos no podía pensar más que en su ex y la situación de su prima.

Ese maldito InuYasha nuevamente había jugado con Kikyō. Ya había comenzado el trámite de nulidad de matrimonio, así que no le costó demasiado tomar acciones en su contra y esperaba que esta vez sí funcionaran. Deberían mandarlo a la cárcel.

Para esa hora ya debían haber sentido los estragos de su venganza así que echó a reír ahí, en su oscuridad, mientras algo en su cerebro comenzaba a distorsionarse.


Se removía inquieta en la cama y aunque estaba con los ojos cerrados, las pesadillas no la estaban dejando en paz. No tardó demasiado para que se levante con aquella mala sensación en el cuerpo.

Caminó hacia la cocina por un poco de agua y cuando se la sirvió, la bebió de a poco. Las ansias la mataban, no podía dejar de pensar un solo instante en el disco que había robado de la casa de los Taishō.

Después de haber hablado rápidamente con Midoriko y Tōga, decirle lo que sentía y lo agradecida que estaba con ellos, tenía una cita con Bankotsu. Esa cita de seguro habría ido mejor de no haber sido por la estupidez de tomar aquel maldito CD.

Por suerte, Bankotsu era bastante comprensivo y solo rio, diciéndole que estaba bien si tenía problemas y más sabiendo lo de la anulación de su matrimonio, así que dijo que en otra ocasión saldrían mejor.

Se sentía bien con Bankotsu, le gustaba su rostro varonil y decidido, pero ella aún seguía queriendo a InuYasha y algo en ella no podía dejarse una oportunidad con ese apuesto hombre que parecía admirarla como si ella fuera una diosa. Al menos su salud había mejorado y sabía que todo se lo debía a él, a Yamada. Se sintió muy malagradecida.

Ahora tenía un tic nervioso en la mano y no dejaba de golpearla contra el mesón, ansiosa a más no poder.

¿Estaría bien verlo?


Había pasado muy poco tiempo de su relación con Kōga. Estaba muy frustrada porque lo quería y le hería mucho que se portara distante. Desde aquel día que despidió a Miroku lo sentía así. Poco se veían en la editorial y andaba molesto. No le respondía los mensajes y tampoco daba señales de vida.

Aunque fuera media noche, ella insistía en llamarlo al menos unas cinco veces. El celular seguía apagado, aparentemente.

Había preparado por fin los vídeos y demás pruebas que demostraban la inocencia de Miroku. Si bien no se las entregaría a Sango, esperaba que eso le sirviera para poder regresar con ella, es lo menos que podía hacer.

Le daba pena ver a ese hombre sufrir así. Ella hizo todo eso en un principio por dinero, pero ahora que ya no lo necesitaba y que Yura al fin se había mostrado como la perra maldita que era, ella ya no tenía nada que esconder. Además, de cualquier forma, ella estaba bien con Kōga y quería desatarse de todo aquello malo que la podía comprometer.

Dejó la evidencia sobre el mueble en donde yacía el televisor frente a su cama. Ese día, algo muy grande había pasado: un amigo de su novio había comprado una de sus pinturas y le pagó una fortuna por ella. Le ofreció también exhibir su arte en una galería y ella accedió.

Todo el dinero de su trabajo lo había reunido para por fin terminar de pagar aquel departamento y dejar de depender de Kōga. Eso la ponía feliz a mares: él realmente la había ayudado mucho.

Podría vivir de sus pinturas, incluso. Tenía muchos cuadros guardados. Había dejado de pintar por falta de dinero, pero después de que Ikeda entrara a su vida, no faltaron recursos y sobró inspiración.

Por fin todo en su vida iba bien, así que no dejaría que sus vínculos oscuros que Sakasagami destruyeran todo eso que había construido.

Aunque en parte fuera por influencia de ella.

De repente el sonido de la puerta abriéndose le indicó que Kōga por fin había ido por ella. Se le aceleró el corazón antes de verlo y cuando lo tuvo cerca, él le devoró la boca como si no hubiera un mañana.

Con poca certeza, cerraron la puerta y no hubo tiempo para explicaciones y reclamos, solo para la pasión.

Kōga tenía algo en él que Kagura no supo cómo interpretar, pero la forma en que la estaba tomando era completamente distinta a todas las anteriores. Sus manos la tocaban a palma abierta, como si quisiera acapararla por completo. Sus besos húmedos las estaban llevando al cielo y las caricias rudas la bajaban al infierno, pero, de todas maneras, era tan intenso como el mismo sol.

Por fin.


Muy temprano en la mañana, tomó sus llaves y pasó a la clínica en donde trabajaba la ginecoobstetra de Sango. Él sabía que por esos días ella tenía una cita, así que aprovechaba la situación para intentar verla una vez más.

A él sí le había tocado decirles claramente a sus padres que se había separado de Sango por razones personales, y, aunque fue una malísima noticia para ellos, no quisieron insistir en un arreglo. Él le dijo que tal vez jamás volverían.

Esa ruptura le costó lágrimas y desesperación. Estaba buscando trabajo nuevamente en la concesionaria que había encontrado cuando llegó de Inglaterra y afortunadamente, era posible que lo aceptaran. Era lo único que bueno que le estaba pasando en la vida.

En algún momento, entró al centro médico y vio a mucha gente ir de aquí allá. Estaba nervioso, ni siquiera tenía una excusa para estar allí.

—¡Takeda! ¡Buen día! —Lo saludó efusivamente aquella médica, mientras le alzaba la mano. ¿En verdad recordaba su nombre? Hacía mucho que no iba para allá, en verdad mucho tiempo.

Además, Sango estaba en tratamiento y quería saber cómo se encontraba.

—Doctora Yoshida, qué gusto. —Hizo una reverencia ante la sonriente mujer, que también se inclinó.

—Qué bueno verte aquí, Takeda. —Comenzó a caminar despacio mientras ordenaba unos documentos y el aludido la seguía a una distancia prudente—. Es bueno cuando los hombres se interesan en un momento tan importante como este.

Él agachó la mirada, sintiéndose muy mierda: había dejado que pase tanto tiempo que no sabía ni qué tenía Sango. ¿Realmente la merecía?

—Sí, comprendo.

—Sango se ha estado saltando un par de citas y eso no es sano… —antes de entrar a la sala a donde se dirigía, giró para ver al muchacho—, como padre también del bebé, debes alentarlos a venir.

A Miroku pareció una daga romperle las entrañas con eso que acababa de escuchar. Se puso pálido como el papel y sintió ganas de vomitar. No supo qué cara tenía, pero sintió presión en la cabeza y sus piernas quisieron fallarle.

—El…

—¿Estás bien? ¿Necesitas agua? —Intentó acercarse y se dio cuenta de que él no sabía absolutamente nada. Eso era muy malo, ¿por qué Sango no le había dicho a su prometido algo tan importante que ya era hora de saber?—. ¿No sabías que Sango está embarazada?

Esa afirmación tan directa hizo a Miroku doblarse por el retorcijón en sus intestinos.

—E-evidentemente… —susurró, buscando una silla para poder sentarse.

Sentía que moriría.

—En serio lo lamento, Takeda. Si necesitas algo, puedes consultar con cualquiera de las enfermeras.

Shiori se retiró lo más rápido que pudo y lo dejó ahí, anonadado y sintiéndose estúpido. No podía creerlo, en serio no podía. Y aunque debía ser una noticia que le diera alegría, no podía evitar sentirse miserable.

Estaba apenas tratando de procesar aquello cuando Tanaca ingresó por aquella misma puerta que él. La vio venir con una sonrisa nerviosa y por un momento, el tiempo se detuvo. Observó su cuerpo delgado y esbelto y pensó en que era verdad: usaba ropa holgada para esconder su pancita y se veía tan adorable con las mejillas rosadas.

Quería llorar mucho en esos momentos, quería correr a abrazarla y pedirle que lo perdone, pero eso no pasaría. Se levantó de la silla, llamando la atención de la castaña y no pudo parar de mirarla ni un segundo, con la expresión seria.

Sango también lo observó detenidamente. Supo de inmediato que él ya se había enterado de a qué se debía su vientre abultado y sintió odio. Ese maldito había ido ahí para espiarla.

—Sango…

Ella dejó su cita médica a la mierda y salió de la estancia, cabreada y decepcionada. Nunca habría querido que él se enterara, prefería que mejor jamás lo supiera y que se largara a su ciudad natal y la dejara ser feliz con su bebé, pero no, aparentemente todo estaba en su contra.

—¡Sango, por favor, escúchame!

La vio casi correr y con aquella misma expresión de fastidio, ella tomó su auto y se fue, así, sin más, sin siquiera mirarlo. Todo pasó muy rápido y casi no tuvo tiempo de reaccionar. La situación que lo había dejado en shock parecía bloquearlo por tanta información y pocas explicaciones.

Apretó los puños, sintiendo un vacío terrible en su interior, muerto de ira y frustración, parecía llenarse de rencor con cada momento que pasaba. Toda esa mierda que estaba viviendo tenía nombre y apellido.

—Yura, maldita perra.

Pronunció suave, curvando apenas sus labios: si era posible, esa misma noche se las iba a pagar caras. Era la primera vez que decía algo como eso sobre una mujer, pero se sentía tan bien admitirlo, que pareció liberar tensiones. Una sonrisa malvada se formó en su rostro y recordó que, sin pensarlo, ya le había dicho a esa maldita lo que le haría si destruía su vida, y se sintió un genio.

Ese ya no era el Miroku de siempre.


Vagando por las calles de Shibuya, o bueno, del barrio cercano al que había vivido en esos últimos años antes de que su vida cambiara gracias a Kōga, Yura contemplaba con cierta nostalgia aquello. No era que lo extrañara, para nada, de hecho, lo aborrecía, era solo que en esos meses se había sentido tan humillada y poca cosa, que ni siquiera aquella pobreza y trabajo de prostituta, la habían denigrado tanto en su momento, y, francamente, quería elegir el camino que jamás la hizo sufrir de esa forma.

Aún era bastante temprano desde que decidió salir a caminar tan lejos, así que ya le había dado hambre. Suspiró con odio porque no tenía nada de dinero para comprar comida.

Si la maldita traidora de Kagura optaba por decirle todo a Kōga, ella iba a estar perdida, así que ahora resultaba que dependía de aquella zorra para poder comer, vestirse y dormir.

Ya ni siquiera el hecho de saber que había podido romper la relación de Miroku y Sango, la hacía feliz. Aunque ellos no estuvieran juntos, una ruptura jamás se podría comparar con las miserias que ella estaba viviendo. Además, si esos dos querían, podrían incluso volver, pero a ella nadie iba a devolverle los lujos que tenía con Kōga.

Le pareció ver pasar a una figura detrás de ella. Con su vista periférica logró darse cuenta de que la estaban siguiendo. Al segundo recordó que no traía nada de valor consigo, así que un ladrón estaría perdiendo el tiempo. Además, ella conoció a todos por ahí, y aunque no fueran sus amigos, de seguro no se iban a atrever a hacerle daño. Así que solo siguió caminando.

Continuará…


Mi escena favorita de escribir fue la de Miroku, definitivamente. Best reacción XD

Agradecida con El de Arriba por tener a mis le otras en mis redes. Agréguenme a Facebook, estoy como Sayra Figueroa :c las quiero conocer y agradecer más personalmente.

Tuttynieves: ya pronto habrá cercanía, no te preocupes por eso. Gracias por pasarte.

Laurita Herrera: JAJAAJAJ ese Kōga es un genio, ¿no? Solito se pone la soga al cuello. ¡ATINASTE! Amé lo del maratón. Y sí, eso estoy haciendo. Aunque no por mucho. Probablemente pasado mañana ya me vuelva a frenar. Como te conté anteriormente, el fanfic tiene su clímax y luego todo cae en picada. Estamos casi entrando a la ronda final del fanfic, diría yo.

A Elyk91, a AIROT TAISHO y a Chechy14, mil gracias mis preciosas. Gracias por escribirme siempre a dejar su opinión más amplia. Es para mí un gran honor.

En el próximo capítulo;

«Kagura lo vio temblar y por primera vez en la vida, sintió miedo de él.

—Puedo explicarlo. —Dijo nerviosa, pero trató de sonar firme.

[…]

—¿Por qué…? —Susurró, recostándose despacio en posición fetal, encogiendo las piernas y sin poder dejar de temblar.

[…]

Vio en cámara lenta cómo aquella afilada navaja se enterraba en su mejilla derecha.

[…]

—Sí, dile que pase.

Al cabo un par de minutos estaba ahí, tocando la puerta. Kagome tragó duro antes de recibirla y no supo qué cara poner»