Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling
POV VIOLET POTTER 23
—Lo primero que tenéis que saber de los hipogrifos es que son orgullosos —continuó Hagrid—. Se molestan con mucha facilidad. Nunca ofendáis a ninguno, porque podría ser lo último que hicierais.—
Hagrid y una criatura mortalmente peligrosa. Nada podía salir mal.
Parkinson, Crabbe y Goyle no escuchaban y hablaban en voz baja. Taurus en cambio miraba con admiración a la criatura. Draco y yo teníamos nuestras reservas, conocíamos los gustos de Hagrid por las criaturas más temibles.
—Tenéis que esperar siempre a que el hipogrifo haga el primer movimiento —continuó Hagrid—. Es educado, ¿os dais cuenta? Vais hacia él, os inclináis y esperáis. Si él responde con una inclinación, querrá decir que os permite tocarlo. Si no hace la inclinación, entonces es mejor que os alejéis de él enseguida, porque puede hacer mucho daño con sus garras. Bien, ¿quién quiere ser el primero?—
La mayoría de la clase se alejó aún más, incluidos Draco y yo. Incluso los más amigos de Hagrid, es decir, Harry, Ron y Hermione recelaban. El hipogrifo llamado Buckbeak sacudía sus feroz cabeza y desplegaba sus poderosas alas; parecía que no le gustaba estar atado.
—¿Nadie? —preguntó Hagrid con voz suplicante.
—Yo —se ofreció Harry.
Me acerqué de inmediato a él
—¿Harry estás seguro? Acuérdate de las hojas de té. —le dije nerviosa.
Harry no me hizo caso y saltó la cerca.
—¡Buen chico, Harry! —gritó Hagrid—. Veamos cómo te llevas con Buckbeak.—
Hagrid soltó la cadena y le desprendió el collar. Yo contenía la respiración muy preocupada. Draco fue hacia mí calmándome los nervios.
—Tranquilo ahora, Harry —dijo Hagrid en voz baja—. Primero mírale a los ojos. Procura no parpadear. Los hipogrifos no confían en ti si parpadeas demasiado...—
Vi como Harry obedecía el consejo de Hagrid, provocando que se le empezaran a irritar los ojos. Buckbeak había vuelto su cabeza grande y afilada, y miraba a Harry fijamente.
—Eso es —dijo Hagrid—. Eso es, Harry. Ahora inclina la cabeza...—
De nuevo, Harry hizo lo que Hagrid le decía. El hipogrifo seguía mirándolo fijamente y con altivez sin moverse.
—Ah —dijo Hagrid, preocupado—. Bien, vete hacia atrás, tranquilo, despacio...—
Tenía el corazón en un puño, otra vez las insensateces de Hagrid ponían en peligro. Pero entonces, ante mi sorpresa, el hipogrifo dobló las rodillas delanteras y se inclinó profundamente. Draco y yo suspiramos a la vez de alivio.
—¡Bien hecho, Harry! —dijo Hagrid, eufórico—. ¡Bien, puedes tocarlo! Dale unas palmadas en el pico, vamos.—
Harry se acercó al hipogrifo lentamente y alargó el brazo. Le dio unas palmadas en el pico y el hipogrifo cerró los ojos, parecía que le gustaba.
La clase rompió en aplausos. Todos excepto Taurus, Parkinson, Crabbe y Goyle.
—Bien, Harry —dijo Hagrid—. ¡Creo que el hipogrifo dejaría que lo montaras! Súbete ahí, detrás del nacimiento del ala . Y procura no arrancarle ninguna pluma, porque no le gustaría...—
Harry puso el pie sobre el ala de Buckbeak y se subió en el lomo.
—¡Vamos! —gritó Hagrid, dándole una palmada al hipogrifo en los cuartos traseros.
Se abrieron la alas de más de tres metros de longitud de Buckbeak y empezó a volar alejándose de nosotros.
—¿Crees que estará bien?—pregunté en un susurro angustiado a Draco.
—Confío en que sea parecido a volar en escoba. —dijo Draco no muy seguro.
Unos cinco minutos después Buckbeak descendió a toda velocidad.
—¡Muy bien, Harry! —gritó Hagrid, mientras lo vitoreaban todos menos Malfoy, Crabbe y Goyle—. ¡Bueno!, ¿quién más quiere probar?—
Vi como Taurus se separaba de Parkinson, Crabbe y Goyle y avanzaba hacia Buckbeak. Sentí que quería superar a Taurus en algo y me envalentoné. Por una vez quería que él fuera el que me mirara a mi, y no viceversa.
—¡Yo!—grité. Taurus detuvo su movimiento y se me quedó mirando curioso, luego volvió donde estaban Parkinson, Crabbe y Goyle. Parkinson estaba furiosa.
—¡Así me gusta, Violet! ¡Me alegra que los mellizos Potter sean los más valientes! —dijo Hagrid con una sonrisa. —Recuerda, primero mírale a los ojos sin parpadear.—
Al igual que mi hermano, seguí los consejos de Hagrid y me quedé observando los ojos anaranjados de la criatura.
—¡Bien, bien! Ahora, una inclinación de cabeza... —traté de imitar lo máximo posible la reverencia que había efectuado mi hermano unos minutos antes. Debí hacerlo realmente bien, porque inmediatamente después, Buckbeak inclinaba sus rodillas. —¡Perfecto! Ya puedes tocarlo.. —anunció Hagrid.
Avancé al hipogrifo sin miedo, después de ver a mi hermano, ya no me parecía una criatura tan terrorífica. Le acaricié el lomo y sentí un cosquilleo por el agradable tacto.
La clase aplaudió, al igual que con mi hermano, mi valentía. Aunque en mi caso, por el rabillo del ojo observé que Taurus también aplaudía con una media sonrisa. Parkinson estaba más rabiosa que nunca cruzada de brazos y dando paradas al suelo.
—¡Eres la mejor, Violet! —gritó silbando Draco.
—¿Quieres montar?—me preguntó Hagrid. Estaba algo dubitativa, pero finalmente asentí.
Puse un pie sobre su ala derecha, luego el otro y para acabar me subí al lomo del hipogrifo. Hagrid le dio una palmada a Buckbeak, y éste emprendió el vuelo conmigo a bordo.
Apenas me dio tiempo a agarrarme del cuello del hipogrifo antes de remontar el vuelo. Draco se equivocaba, no tenía ningún parecido con volar en escoba. Era mucho más cómodo la escoba. Deseé que descendiera a tierra cuanto antes. Mis dedos resbalaban en sus plumas y no me atrevía a agarrar con más fuerza.
Buckbeak sobrevoló el prado y 10 minutos después, que me parecieron 10 horas, descendió. Agradecí muchísimo tocar tierra. La incomodidad fue sustituida por una gran alegría cuando vi como Taurus volvía a aplaudir haciendo un gesto de aprobación. Le miré con una tímida sonrisa, pero inmediatamente después el cuerpo de Parkinson me tapaba de tener contacto visual con Taurus.
—¡Yo soy la siguiente! —anunció a todo pulmón Parkinson.
Me retiré del lugar, no sin antes dedicarle una mirada de odio a la zorra de Parkinson, y me fui de vuelta con Draco.
—Tengo un mal presentimiento ... —dijo Draco en un susurro.
—¿A que te refieres?—pregunté.
—Es muy posible que Pansy acabe en la enfermería ... —dijo preocupado Draco.
—Entonces es un buen presentimiento... —bromeé. Por mucho que la odiara, no le deseaba que acabara herida por su imprudencia.
—¡Parkinson, no hagas ninguna estupidez! —dijo Taurus torciendo el gesto.
—Tau, agradezco tu preocupación. Pero si la inútil de Potter ha sido capaz, significa que debe ser muy fácil. —dijo Parkinson acercándose al hipogrifo.
Ya no me parecía tan terrible que acabara herida.
—¡Tú no tienes nada de peligroso, sucia bestia asquerosa!—dijo Parkinson a dos escasos metros de Buckbeak.
—Mierda ... —dijo Taurus chasqueando la lengua y corriendo a toda velocidad en dirección a Buckbeak y Parkinson.
Buckbeak se encabritó poniéndose de pie a dos patas y amenazando con atacar a Parkinson.
Luego, los acontecimientos sucedieron muy rápido. Taurus apartó a Parkinson de un fuerte empujón cayendo ésta al suelo. El hipogrifo al ver a Taurus cambió su objetivo y se abalanzó sobre él. El hermano mayor de Draco se protegió el rostro por instinto con su brazo, y al hacer esto, la criatura atravesó con su pico afilado la piel, el músculo, el cúbito y el radio del brazo de Taurus.
Desde la distancia y con lágrimas en los ojos, me puse las manos en el rostro esperando lo peor. ¡LO VA A MATAR! Pero las palabras no salían de mi boca debido al pánico y la congoja que sentía.
Buckbeak separó su pico, ahora manchado con la sangre de Taurus, del brazo del chico y dirigió sus ojos naranjas a su víctima inicial, Parkinson. Quería alcanzar a Pansy, que yacía en la hierba por el empujón, con sus garras. Atacó con dureza, pero lo que alcanzó no fue a Parkinson, sino la espalda de Taurus, que se tiró al suelo para proteger a la chica.
La túnica de Taurus quedó hecha trizas, cuatro heridas profundas y paralelas por la garra hacían que la espalda de Taurus sangrara a borbotones.
Finalmente, Hagrid reaccionó interponiéndose en el camino de Buckbeak que se disponía a atacar nuevamente. El hipogrifo al ver al medio gigante se calmó un poco, luego le lanzó dos peces que tenía en un cubo y fue directo a por ellos olvidándose de los chicos.
Draco, Hermione y yo corrimos a toda prisa hacia el lugar de la tragedia.
—¡TAURUS! —gritamos los tres a la vez.
Nos detuvimos al ver que Taurus se levantaba a duras penas. Tenía el rostro muy pálido y con la frente llena de sudor. La sangre que emanaba de su brazo salpicaba la hierba, y las heridas de la espalda hacían que la túnica adquiriera un color rojizo. ¿De dónde sacaba esa fuerza?
—Te di-je que no hi-cie-ras nin-gu-na es-tu-pi-dez. —jadeó Taurus con los ojos a punto de cerrarse.
Un segundo más tarde, cayó inconsciente al lado de Parkinson, que estaba petrificada por el susto.
—¡TAURUS! —volvimos a gritar Hermione, Draco y yo.
