Capítulo 57
Mírame a mí
Ella está ahí, justo delante de mí, sin brazos, mirándome tranquila como si este fuera un día más en la prisión.
-Si crees que te sigo echando de menos estás equivocada, eso ya pasó.-
-Lo sé,- responde sin mostrarse enfada u ofendida, simplemente se queda ahí ante mí, irritantemente calmada.
-¿Por qué sigues apareciendo en mis sueños?-
-Tus sueños,- dice despacio como si masticase las palabras. -¿Cómo sabes que este no es tu propio infierno? La vida es un castillo de cristal, así que, ¿cómo puedes estar seguro de que no estás muerto ya?- Me pregunta mientras sus hermosos ojos me miran con seguridad.
-Cállate.- Digo acercándome a ella, -solo,- apoyo mis manos en sus hombros, -cállate.- La pido besándola, Beth me responde como siempre, como si tuviera el sol de verano encerrado en sus labios, pero entonces los míos se llenan con el sabor de su sangre y me despierto.
Miro a mi alrededor aturdido, parpadeando para volver a enfocar el mundo en su sitio.
Joder, ella es pasado muerto, no comprendo porque me sigo aferrando. Frustrado por mi estúpido sentimentalismo inútil me paso la mano por la cara antes de echar un vistazo a Carl y a Carol, y es de hecho al clavar mi vista en ella cuando mi día mejora instantáneamente.
Sin tener cuidado alguno en no despertarles salgo del despacho dando un portazo, es tan temprano que ni siquiera Chin está listo aún, aunque no tardará en aparecer eso seguro, solo que no me encontrará allí.
-Ethan,- Pete dice mi nombre asustado cuando le pillo desprevenido en mitad del pasillo, y yo entrecierro los ojos molesto al sospechar a donde se dirigía.
-Eso ahora me da lo mismo,- digo cortándole antes de que me dé una mala excusa sobre lo que iba a hacer, -ve buscar el ácido que queda a la celda de Ale.-
-Pero...- Le corto sabiendo de sobra lo que me va a replicar.
-O te arriesgas con unos caminantes o te destripo yo mismo, con ellos tienes alguna opción, conmigo no.- Digo sin ganas de perder mi tiempo vital de manera tan anodina como discutir por unas ordenes no aceptadas.
-Sí. Yo… Lo siento, iré ahora mismo.- Le detengo antes de que se aleje corriendo por el pasillo.
-Tu pistola,- la reviso para asegurarme de que la tiene cargada y le quito el seguro. –Bien.-
-Ethan,- le miro cuando me llama, definitivamente en esos ojos hay demasiadas cosas que no comprendo.
-¿Qué?- Pregunto impaciente.
-No, yo… Gracias.- Dice tomando de nuevo aunque algo inseguro la pistola.
-Como sea,- digo preguntándome si es que cree que me gusta o algo así.
Sí, de acuerdo, me lo he tirado ya varias veces, pero a pesar de lo brutales que son los orgasmos la sensación que queda después no es como con Beth, ni parecido, de hecho creo que nunca nada volverá a ser como con ella, ni siquiera matar, y ese pensamiento me pone de un tremendo mal humor.
Intuyéndolo Pete se aleja de mí no queriendo tentar su suerte en cuanto a lo entretenida que encuentro su compañía.
-Jefe,- en ese momento aparece Chin, -siento no haber estado en mi sitio.- Se disculpa acercándose a mí con una inclinación de cabeza, estoy convencido de que si le dijese que se arrodillase lo haría, a pesar de que eso le pusiera en una posición comprometida por su vulnerabilidad.
Chin es útil, muy útil, me recuerdo con insistencia para contener mi deseo repentino de estamparle la cabeza contra el suelo una y otra vez hasta desparramar sus sesos por las baldosas.
Pero hacer eso me traería más inconvenientes que placer me daría la satisfacción momentánea del acto en sí.
Por lo que en lugar de dejarme llevar por mis impulsos vuelvo a la línea de acción que me ha hecho levantarme con tanta energía esta mañana. -Ve a buscar a Carol y... - Una sonrisa cruel me invade la cara. –Quiero que la traigas solo con su ropa interior, ¿entendido?-
-Si Jefe,- todo correcto y controlado, ninguna extrañeza por mi demanda, ninguna pregunta, ningún reparo, solo obediencia.
Es cuando se va que me doy cuenta de que no ha habido ningún disparo, ¿qué sucede? Puede que Pete no sea la gran cosa, pero al menos sí que le considero capaz de matar a un caminante antes de que le muerdan.
Maldiciendo el hecho de tener que esperar me doy la vuelta para ver que ha pasado en la celda del bobo enamorado de Merle Dixon.
…..
-Están vivos- digo para mí en un susurro sorprendido, puedo sentir sus emociones, la derrota, la furia, la vergüenza, el dolor, todo formando una peligrosa amalgama que seguramente Ginny podría aprovechar para escapar.
Trago salvia nervioso, si entro solo Merle me atacará, así que… ¿De dónde puedo sacar más de esa cosa?
Le doy vueltas a la idea con rapidez y entonces se me enciende la bombilla, en el laboratorio en el que yo duermo, allí Ethan dejó un poco, espero que sea suficiente para lo que necesita hacer.
Sin pensar en que estoy desobedeciendo y en los problemas que eso puede causarme corro esperando que en realidad dé igual de donde coja el ácido siempre que se lo entregue sin hacerle esperar.
Así pues voy y vuelvo tan rápido como soy capaz.
De hecho cuando regreso Ethan está a punto de abrir la puerta en la que están los dos hombres sorprendentemente vivos. Al verme llegar derrapando sobre las baldosas no dice nada, solo me mira extrañado, -recordé que había más en otro sitio,- se acerca a mí mirándome de arriba abajo, con la pereza propia de un depredador bien alimentado que se pregunta si realmente vale la pena echar una carrera para llevarse al gaznate un bocado mediocre.
-Tenías un problema y lo has resuelto sin lloriquear, vas aprendiendo.- Me halaga o al menos eso supongo, con Ethan nunca se sabe cuándo es un cumplido o una amenaza de muerte, ambas cosas se parecen demasiado cuando las palabras salen de sus labios.
De hecho no creo que él lo diferencie en absoluto. Ya que para él todos somos meros juguetes con los que entretenerse hasta que se aburre y los rompe.
Solo eso, nada más.
-Ven conmigo,- dice al tiempo que se gira, solo unos metros después a la derecha entramos donde están atrapados Cassidy y Daryl, ella nos observa con cautela, pero él… En cuanto ve a Ethan sus ojos arden, le odia tanto, me detengo notando mi propio corazón acelerado por su rabia, quiere matarle con tantas ganas que me sorprende que esas esposas consigan retenerle.
-Lárgate de aquí.- Le gruñe sin contenerse mientras yo sigo atrapado en la puerta, luchando por respirar a través de su furia.
Ethan se gira entonces para mirarme, lentamente coge de mis manos lo que me había pedido y de un empujón me echa de allí. Dejándome tan desconcertado que me limito a quedarme tirado en el suelo observando la puerta cerrada mientras no dejo de pensar que nunca había experimentada esa clase de rabia pura.
Podría matarle, sí, ese hombre podría matar a Ethan y librarnos a todos del problema que él representa, pero si a pesar de su ira no lo consigue nada cambiaría, y yo desperdiciaría mi única oportunidad de ayudar a alguien en balde.
No, no puedo arriesgarme con él a pesar de su valor.
Además en mi corazón están grabadas a fuego Ginny y su mirada decidida, ella hará lo que tenga que hacer sin importar lo demás, no sé dejará llevar por las emociones, ella podrá salir de aquí, podrá salvarse y así me redimirá a mí. Daryl sin embargo no se iría hasta soltar al resto, y a saber las trampas que Ethan ha podido poner.
No vale la pena el riesgo.
En absoluto.
….
-Creía que después de mi última visita habías aprendido algo sobre modales, me decepciona ver que no es así.- Digo colocando lo que voy a usar sobre la mesa de metal que está al lado de la camilla de Connors.
Ante eso él me enseña los dientes pero sorprendentemente se abstiene de llamarme cabrón, tal vez sí que haya aprendido algo, para que luego digan de los perros viejos y los trucos nuevos.
-¿Has venido a matarme otra vez?- Me pregunta Connors viendo como hecho el ácido en el cuenco, aunque ella por supuesto no sabe lo que es.
-Puede que sí, puede que no, eso por extraño que te parezca no es decisión mía preciosa.- Ella alza una ceja disgustada por el piropo.
Desde luego es elegante, paso despacio una mano por su mejilla, y también suave, -follártela tiene que ser una puta pasada ¿no?- Le pregunto a Daryl con genuino interés, -es decir, sentir como alguien que sabes que es tan superior a ti en todos los sentidos pierde el control por lo que le haces debe ser algo difícil con lo que lidiar mientras evitas correrte antes de que ella llegue.- Digo burlón, acariciando ahora su bajo vientre por debajo del pantalón hasta tocar su clítoris.
-Déjala en paz puto cabrón.- Y ahí está, el estallido que esperaba, en cuanto le escucho le doy un fuerte pellizco a ella que la hace dar un gritito de dolor.
-Vale, vale, no la toco.- Saco mi mano y levanto ambas por encima de mi cabeza en un gesto inocente. –Pero seguramente desearías no haberme interrumpido cuando te diga lo que es esto.- Digo señalando el cuenco.
-Nunca me arrepentiré de nada que consiga mantenerte lejos de ella.- Dice muy seguro de sí mismo, enserio, me irrita, es como si creyese que su mierda no huele.
-Cassidy tiene unos ojos preciosos ¿no te parece?- Digo tirando de su pelo para obligarla a mirarle, -sería una lástima que les echase acido encima, se licuarían y la carne alrededor se desharía como si fuera jabón.- Daryl mira impotente desde la camilla en la que está atado sin decir nada. -O podría echárselo por la garganta, aunque claro, nunca volvería a cantar.- La respiración de Daryl se acelera debido al pánico.
-No le hagas daño.- Suplica con los ojos muy abiertos y la voz rasgada debido al miedo que le da perderla.
En cuanto a mí, en fin, me encanta cuando los idiotas dicen justo las palabras que espero que digan.
….
-Levanta,- de un brusco tirón de mi brazo Chin me incorpora.
-¿Qué pasa?- Pregunto nerviosa ante su actitud.
Hay algo en el más cruel de lo habitual, lo que solo puede significar que Ethan tiene algo preparado para mí.
Algo más que coser puntos o evitar que se infecten unas quemaduras, ¿es que…? Trago saliva nerviosa, ¿es qué él nunca tiene suficiente?
¿No hay sufrimiento en este mundo capaz de saciar su odio?
-Tú no las haces preguntas aquí, ¿recuerdas?- Me empuja Chin acorralándome contra el escritorio, queriendo intimidarme, pero a mí ya solo hay una cosa que pueda hacerme daño y eso es la muerte de Daryl.
-Desnúdate,- , me ordena tajante.
Mi cuerpo se tensa por completo, -no,- me niego, -no pienso hacerlo.- Me da un puñetazo en el abdomen que me saca todo el aire de los pulmones.
-Carol.- Me llama preocupado Carl queriendo ayudarme.
-Tú no piensas, a estas alturas deberías saber que tú solo sigues ordenes, exactamente igual que el resto,- de nuevo de un tirón me pega a su cuerpo y yo aprovecho su brusquedad para meter mi mano en el bolsillo de sus vaqueros sin que se dé cuenta. –De modo que vas a quedarte en ropa interior y vas a venir conmigo, salvo que quieras perder el poco tiempo que tengas para decirle adiós a tu amorcito haciéndote la dura conmigo.-
-Ethan dijo que…- Corta mis palabras dándome un bofetón esta vez, pero no me importa porque ya he conseguido lo que necesitaba de él.
-A ver si te enteras de una vez, Ethan aquí es como si fuera Dios, él hace y deshace a su antojo, ¿te das cuenta puta o tengo que hacerte un dibujo?- Me pregunta despectivo, como si le molestase de mí hasta el aire que respiro.
Chin nunca había sido así de violento, ni conmigo ni con los demás que yo sepa, agacho la mirada y le observo de reojo sabiendo lo que ese comportamiento significa, que tiene miedo, tanto que golpearme es la única manera que tiene para disimularlo.
-Sí, lo siento, tienes razón.- Me aparto de él y me desnudo siguiendo sus indicaciones, guardándome con sutileza en el sujetador lo que le he robado.
-Carol no vayas con él- me pide Carl no queriendo que me hagan daño.
-Estaré bien,- digo sabiendo que le miento, porque nada que implique ir con Ethan es sinónimo de estar bien en lo absoluto. –Volveré pronto.- Vuelvo a mentirle mientras le dedico un amago de sonrisa, sintiéndome miserable por estar más que dispuesta a entregar su vida por proteger la de Daryl sin pensármelo dos veces, cuando él con lo joven que es y a pesar de haber visto más horrores de los que debería, es mejor persona que yo, mucho mejor.
Tiritando de los nervios me dejo llevar por Chin, quien se detiene un poco antes de llegar a la sala de Daryl y Connors porque Pete está tirado justo delante de la puerta.
-¿Qué rayos haces ahí?- El chico parpadea aturdido, como si la pregunta le hubiese sido hecha en un idioma ajeno.
-Nada,- dice sacudiendo la cabeza mientras se levanta. –Me voy,- pasa por mi lado sin siquiera darse cuenta de que no voy vestida, lo que hace que me preocupe aún más por lo que pueda encontrar dentro de esa sala.
-Arranca tú sola que no soy ninguna grúa para ir arrastrándote.- Dice Chin con un nuevo tirón de mi brazo.
….
Ni siquiera aparto la vista de la cara de Daryl cuando la puerta se abre, -ya estamos Jefe,- dice Chin acercándose a mí seguido de CarolideaslocasPeleteir.
Daryl como buen Dixon obcecado tampoco aparta sus ojos de los míos, buscando desesperadamente en ellos alguna debilidad, cualquier cosa que pueda usar para atacarme.
-Claro que quizá haya otra solución, tú harías lo que fuera por ella.- Beso la frente de Connors mientras ella se queda rígida ante mi toque, -¿no es así?-
-Sabes de sobra que la respuesta es sí.- Dice el menor de los Dixon con la voz rota por el odio que siente, disfrutando de su impotencia llevo mis manos a los pechos de ella y los masajeo con brusquedad, pero Connors aprieta la mandíbula con fuerza para evitar que se le escape ningún quejido.
-Bien,- cojo la pastilla azul y me acerco a su camilla, -pues voy a darte algo para que se te empine y vas a hacer muy feliz a esta mujer.- Digo señalando tras mi espalda a Peletier.
-Ni se te ocurra.- La voz de Connors es calmada, casi como si estuviera en cualquier otro lugar, pero debajo de esas cuatro palabras inofensivas hay veneno.
-Tarde, ya se me ha ocurrido,- me burlo de ella, -a no ser que… Dime, ¿qué prefieres tú querida?- Le pregunto amablemente a Carol, quien observa asustada el contenido del cuenco que está encima de la mesa de metal, -¿ver morir a la mujer que odias o violar al hombre al que amas?-
-¿Qué?- Me cuestiona tragando saliva pesadamente.
-Ya me has oído.- Veo como duda, pega sus manos a su cuerpo todo lo que puede, como si quisiera refugiarse de sí misma.
Pero entonces su mirada se encuentra con la de Connors, dos tonos de azul tan distintos y a la vez tan similares, dos tristezas enamoradas del mismo hombre roto.
-Carol por favor,- le suplica Daryl, -ella nunca te ha hecho nada malo.-
-¿Qué no?- Le mira incrédula sacando un poco de la chispa que lleva dentro mientras avanza hasta colocarse al lado de la mesa de metal. -Ella nos arrebató nuestra oportunidad de ser felices, ¿te parece poco?- Le reclama sacudiendo la cabeza enfadada. -Pero,- se centra ahora en mí mientras se apoya en la mesita para coger fuerzas, -si la matas por mi elección Daryl nunca podría perdonármelo.- Dice irguiéndose decidida a tomar por la fuerzatodo aquello que siempre quiso del hombre ante ella.
He reconocer que ha sido divertido ver cómo ha fingido dudar entre ambas opciones, como si en realidad no hubiera sabido desde el principio que por mucho que deteste a Connors iba a escogerle a él, cuando es patéticamente evidente que para ella Daryl siempre ha sido todo lo que ha querido para sí misma, y siempre lo será. Incluso si ese deseo es el último que cumple en esta vida de muerte.
-Violación entonces, no te preocupes, le animaré para que esté listo para ti, querida.- Le susurra al oído las palabras haciendo que la mujer se estremezca. -Estoy deseando ver si cumple las expectativas que tienes sobre él como amante, ¿tú no?-
La tensión en el ambiente parece haberse multiplicado, y eso sin que esta vez haya habido necesidad de que derramase sangre, respiro hondo disfrutando de la angustia de la pareja mientras mi obediente Chin sujeta a Carol por los hombros.
-¿Listo?- Le pregunto a Daryl mostrándole la pastilla que voy a darle. –Sí me muerdes solo quiero que pienses en si vale la pena hacerme sangrar teniendo en cuenta que te costara el ver como los ojos de tu amada se deshacen dentro de sus cuencas.- Él aprieta las mandíbulas con fuerza, furioso porque le haya visto venir las intenciones.
-Espero que disfrutes con esto.- Oigo de fondo la voz de Connors, así que no tengo claro si eso me lo dice a mi o a su rival en el amor por este pobre vagabundo.
-Como no tienes ni idea,- es la acida respuesta de Peletier que me saca de dudas mientras Daryl finalmente se traga la pastilla de la fantasía.
-No era tan difícil, ¿a qué no?- Digo burlándome de él, -así sí te pones cachondo de verdad por Carol tu chica nunca lo sabrá, siempre podrás decir que fue cosa de la pastilla.- Le provoco de nuevo y él tira de las esposas que le atan a la camilla con fuerza.
Sin dejarme impresionar por esa demostración inútil de fuerza, acerco mis manos a su cinturón para desabrochárselo.
-¿Qué haces?- Me pregunta Carol con la voz repentinamente aguda por la preocupación.
-Prepararle para ti, te lo he dicho.- Le recuerdo con mi mejor cara de seriedad, pero por dentro estoy disfrutando de todo esto como un crío. –Es cierto que habrá que esperar como una media hora a que empiece la acción, pero eso no significa que no pueda empezar ya el espectáculo en sí.- Digo con naturalidad bajando la cremallera de los vaqueros, consciente de las miradas de las dos mujeres sobre mí, Chin, bueno, él encuentra más entretenido el suelo. –¿Irás en plan comando como tu hermano o llevarás algo debajo?-
Al preguntarle eso clava sus ojos en mí con ganas de taladrarme con ellos, oh, estoy seguro de que sí le diese la oportunidad no sería rápido conmigo.
Me haría pagar cada palabra, cada mirada, cada costilla rota, cada respiración cortada, cada caricia y cada jodida cosa que le he hecho a Connors.
Lástima para él que no tenga instinto suicida.
-Veámoslo,- digo tirando de los pantalones lentamente hacia abajo, y premio, es como el hermano, no lleva nada debajo, sin hacer más que gruñir se revuelve complicándome la tarea, pero soy un hombre paciente y decidido, así que no me detengo hasta que no tiene los pantalones a la altura de los tobillos.
Carol toma aire y yo la miro de reojo divertido al ver como devora con sus pálidos ojos la verga de Daryl.
-¿Es esto lo que querías?- La pregunto comenzando a masturbarle para acelerar el proceso de erección.
-Suéltame.- Me ladra furioso más allá de lo que las palabras pueden expresar.
-¿Por qué? ¿No te gusta que te guste?- Me meto con él sin dejarme amedrentar, en otras circunstancias le haría daño en el pene solo por el placer de ver como ellas gritarían preocupadas por lo que más aprecian de su cazador, pero no es eso lo que quiero ahora.
Quiero que disfrute con como le estoy tocando aunque prefiera morirse antes que reconocerlo, y después cuando la tenga dura quiero que el amor de su vida vea como se corre en sus narices dentro de otra mujer.
Después, bueno, quizás mate a alguien, todo se verá.
….
Aprieto mis puños con tanta fuerza que noto como las uñas se me clavan en las palmas, duele, pero no lo suficiente para distraerme de lo que estoy viendo.
No quiero que Daryl tenga que pasar por esto, no quiero que se sienta usado para poder mantenerme a salvo.
Porque egoístamente me da miedo que me culpe y perderlo por eso.
Carol da unos golpecitos nerviosa con la pierna a la mesa de metal, y eso hace que recuerde el como daba en las patas de la camilla para que supiera que debía coger aire de nuevo.
Confusa la miro pero su cara es una pared blanca que no muestra nada, así que bajo la mirada y lo veo, ella ha cogido el bisturí sin que ninguno nos diésemos cuenta, ¿pero qué es lo que pretende con eso? No parece que vaya a usarlo, ¿entonces?
Para mí sorpresa finge tropezarse un poco hacia atrás y aprovecha para pasármelo con rapidez, sin dudar a pesar de que no entienda lo que pretende, y aún a riesgo de que sea solo una trampa, lo oculto tapándolo con mi mano.
-¿Qué coño haces zorra?- Le pregunta Chin tirando de ella para incorporarla de nuevo.
Me está ayudando capullo, al menos eso espero, pienso pero no lo digo por razones evidentes, aunque aún no comprendo del todo como puede servirme esto mientras este atada lo que importa es que ahora tengo un arma.
Y ese pequeño detalle que parece que no cambia nada, lo cambia todo, porque este arma me da una oportunidad que antes no tenía, solo espero que el plan de Carol incluya robar unas llaves para nuestras esposas.
…..
Por favor, que esto sirva de algo.
Rezo pasándole el bisturí sin que Chin se dé cuenta mientras Ethan sigue masturbando a Daryl sin conseguir que este reaccione más que con gruñidos, al menos por ahora.
Pero no se podrá resistir a él por mucho tiempo, ese niño sabe lo que se hace con las manos, tanto para provocar dolor como para dar placer. Tengo que esforzarme por apartar mi vista de ellos, siempre pensé que Ale exageraba con la Darylconda, cuando lo cierto es que el apodo es bastante acertado.
Carraspeo nerviosa, luchando contra la excitación que siento al pensar en que pronto la piel de Daryl se fundirá contra la mía, aunque solo sea esta vez.
-¿Cómo…?- Carraspeo de nuevo esforzándome por aclarar mis ideas, -¿cómo conseguiste todo esto?-
-¿El qué?- Me pregunta Ethan sonriendo, creyendo que me refiero a como ha conseguido encerrarnos a todos en este lugar.
-A preparar este sitio, las esposas, el ácido, los pesos, el gancho para el techo,- me encojo de hombros queriendo fingir que no deseo lamer las marcadas venas del cuello de Daryl.
-Joder, desde que llegamos a la cárcel empecé a hacerme con material, desaparecía a menudo ¿recuerdas?- Me cuestiona con burla, -iba a comisarias, a farmacias, a fábricas, soy bueno escabulléndome y encontrando objetos potencialmente peligrosos, luego simplemente tuve que esconderlo todo en el tejado para asegurarme de que no lo encontraseis por accidente.- Se relame los labios explicándomelo, -después, cuando disteis con este sitio al buscar medicinas para los enfermos me conseguisteis el espacio perfecto en el que jugar con vosotros.-
-Dicho así parece sencillo,- el miembro de Daryl comienza a reaccionar y él maldice. –Tuviste que tener mucha paciencia.-
-Ni te lo imaginas, pero encontré maneras de entretenerme.- La sonrisa que me dedica es cruel.
-No me cabe ninguna duda.- Digo notando como una lágrima se desliza por mi mejilla, -y lo peor de todo es que yo te ayude, ¿no es así?-
-Alguna que otra vez, aunque en tu defensa pensabas que solo quería escaquearme de las tareas de la prisión, no te lo tomes tan a pecho.- Por fin se aparta de Daryl y yo doy una honda respiración.
Le deseo tanto, otra lágrima cae, pero nunca quise que esto fuera así. Yo solo quería ser amada por él. Solo eso. Nada más.
Sin embargo, ahora que tengo su cuerpo a mi disposición, ¿cómo podría rechazar esta oportunidad sabiendo que jamás tendré otra?
En algún momento las manos de Chin me sueltan y noto como Ethan me acerca lentamente a la camilla de Dixon.
-Por favor,- susurro notando como sus dedos se meten bajo mis bragas para comprobar que estoy húmeda, -así no.- Me esfuerzo por no mostrar el deseo que me corre por las venas al estar tan cerca del hombre por el que he suspirado tanto tiempo.
-¿Entonces la mato?- Me pregunta con malicia en el oído acariciándome lentamente, justo como permití que supiera que me gusta.
-No,- gruñe Daryl, -me escogiste,- me recuerda enfadado, -no la hagas daño.-
-Te quiero.- Digo sin poder guardar las palabras por más tiempo, aun sabiendo que él no las apreciará.
-Yo diría más bien que le deseas, es distinto.- Me contradice Ethan satisfecho de sí mismo.
-Arderás en el infierno por esto.- Le prometo furiosa por su empeño en ponerle en mi contra.
-Montale.- Me ordena rompiendo de un tirón los laterales de mis bragas dejando que caigan al suelo.
Cuando mis ojos se cruzan con los de Daryl, no hay cariño en ellos, solo desesperación y rabia.
Yo le doy igual, solo hace esto por ella, precisamente por eso no puedo evitar sentir un pinchazo de ira hacia Connors, porque a pesar de que voy a tomar su cuerpo es ella quien tiene la parte de él que más ansío y que jamás será mía por mucho que me esfuerce, su corazón.
Y no es justo, joder, no lo es en absoluto, ¿es que no importa lo mucho que yo he luchado por él?
Sinceramente creo que con todo por lo que he pasado me merezco mi propio cuento de hadas con final feliz.
Sin embargo a ella solo le bastó con sonreírle una vez y ya fue suyo para siempre, la odio, la odio tanto que casi puedo olvidar que en realidad a la que odio es a mí por no ser capaz de dejarle ir cuando debí hacerlo.
…..
Llorando como si estuviera molesta conmigo, Carol se sube sobre mi cuerpo para acomodarse sobre mi verga.
Aprieto mis puños conteniéndome para no tirarla de la camilla y apartarla de mí con repugnancia por el hecho de que crea que tiene derecho a tocarme de esta manera.
-Si me hubieses elegido todo habría sido diferente.- No la contesto, no tengo porque hacerlo. –Habríamos sido felices.- Me asegura mirándome de una forma que consigue hacerme sentir incómodo.
Ante mi falta de respuesta Carol con suavidad guía mi pene hacia su entrada para introducirme en ella lentamente, aprieto la mandíbula al sentir su calor, notando el asco hacia mí mismo en el acto, porque a pesar de que sea agradable esto no es lo que yo quiero, no es la mujer que quiero que esté sobre mí.
Dios, y Cass está mirándome, espero que entienda que estoy haciendo esto por ella y pueda perdonarme.
Contengo mi rabia tanto como puedo, pero al final un gemido traicionero se me escapa, medio por el coraje medio por el placer.
Joder, que pare, tengo el pene tan duro que duele y a la vez se siente bien, demasiado bien, no debería sentirme así, soy un puto traidor de mierda.
Lo peor es que Cass siempre supo lo que Carol quería de mí, y yo por no crear aún más enemistad entre ellas nunca le reconocí que tenía razón, claro que jamás pensé que la mujer a la que yo consideraba mi amiga sería capaz de llegar hasta este extremo.
Supongo que no la conocía tan bien como creía.
...
Veo como ella le monta con cariño, como disfruta de cada penetración, tengo que hacer un esfuerzo enorme para convencerme de que Carol hace esto por algo más que por conseguir el placer que siempre ha buscado de él, pero empieza a ser difícil creer en ello.
Daryl no hace más que mirar al techo mientras mantiene los puños tan apretados que tiene que estar clavándose las uñas en las palmas.
Solo quiero abrazarle y decirle que le quiero, que estoy aquí, que todavía no sé como, pero que sé que todo va a ir bien, que de alguna manera vamos a salir de esta.
Entonces un gemido se le escapa y él se muerde los labios para evitar que vuelva a suceder.
Antes de ser consciente las palabras ya están saliendo de mi boca. –Angelito mírame,- digo tranquila, queriendo que mi voz sea el lugar seguro que su mente angustiada necesita ahora mismo.
….
-Angelito mírame,- me pide de manera tan dulce que a pesar de no querer hacerlo porque no quiero que vea la vergüenza en mis ojos no puedo evitar mirarla.
Joder, sus ojos tan brillantes, incluso en medio de esta mierda, que las estrellas deben de morirse de celos cuando ella mira el cielo por la noche.
-Lo siento.- Digo con una voz que no parece la mía, porque Carol no deja de moverse, y Cass está ahí, y yo solo quiero que todo pare, volver a abrazarla y no soltarla nunca jamás en lo que me quede de vida.
-Está bien angelito.- Me sonríe con tanta ternura que a pesar de todo la creo, -te quiero, esto no cambia nada, te quiero.- Me asegura, y aunque no lo entiendo sé que me dice la verdad.
Y Dios, la amo tanto que no comprendo como mi corazón puede resistirlo. Sobre todo teniendo en cuenta que yo no fui hecho para amar, sino para ser usado y tirado por capullos como mi hermano.
Si no fuera por ella y el idiota de Ale no sé donde hubiésemos acabado, pero sé que durante toda mi vida me habría arrepentido de no cruzarme con su sonrisa, porque precisamente esa sonrisa suya es la que hace que el mundo sea bonito.
-Te recomiendo,- Carol se queda quieta sobre mí de repente, el calor de sus muslos apretando contra mis caderas. –Que concentres tus ojos solo en Peleteir sino quieres que Connors pierda los suyos.- Amenaza Ethan cogiendo el cuenco, el cuerpo de Carol se queda rígido sobre el mío justo antes de darme un bofetón.
-Mírame a mí, soy yo quien te ha hecho gemir.- Me ordena, -mírame como mujer aunque solo sea por una vez en tu vida Daryl.- Dice llevándose la mano al pecho, apretándose y volviendo a moverse sobre mi cuerpo, haciendo que me tense entre el dolor, el placer y el asco.
Esta vez no aparto mi vista de ella en ningún momento, pero en mi mente sigue estando esa sonrisa, -Cass- dejo salir su nombre en un susurro ronco, queriendo que Carol sepa que me da igual lo que tome de mí, porque nunca podrá quitarme lo que ya le di a ella.
Peletier se inclina sobre mí para besar mi pecho mientras sus caderas cogen cada vez más velocidad. De repente su mano se encuentra con la mía y noto que me da algo pequeño, duro y caliente, confuso desvío mi mirada levemente.
Son las llaves de las esposas, vuelvo a mirarla y ella asiente sonriente.
Entonces, ¿Carol no nos ha traicionado? ¿Ha estado intentando ayudarnos todo este tiempo?
Yo… Tal vez la juzgué mal, pero ahogó a Cass una y otra vez, aunque salgamos de aquí no sé si podré perdonarle eso, desde luego jamás lograré olvidarlo.
Cierro mi puño sobre la llave con renovado vigor, porque justo ahí está nuestra salida, y no pienso perderla.
…..
No es solo el tamaño de Daryl, es su grosor, me llena de una manera deliciosa, y justo la forma en que su pene se curva un poco en la punta, oh Dios, hace que vea las estrellas con los ojos abiertos cada vez que me penetra.
Aunque no me engaño, sus caderas no se encuentran con las mías ni siquiera en un espasmo accidental, creí que al darle la llave, bueno, sé que no me quiere, pero pensé que eso le alegraría y que tal vez sería generoso conmigo.
Pero no, se lo veo en los ojos, nunca volverá a confiar en mi de verdad… Le he perdido para siempre.
Grito y le monto con más ganas notando como el calor se concentra cada vez con mayor rapidez en mi bajo vientre.
-Sí,- llevo mis manos a sus pectorales, deseando tomar de él tanto como pueda, -sí, sí, sí, sí- grito corriéndome mientras le araño el abdomen llevada por la rabia y el placer.
Pero mientras me corro es cuando lo siento, Daryl se pone rígido, las venas de su cuello se marcan aún más, y al fin sus caderas se mueven levantándome sobre su cuerpo.
Un jadeo de placer y sorpresa se me escapa por el movimiento justo antes de que el semen caliente de Daryl inunde mi interior.
-Daryl.- Le llamo feliz y extiendo una mano hacia su cara para tocarle…
…
Respiro furioso por haberme corrido, creí que podría evitarlo, pero cuando los espasmos de su orgasmo apretaron mi miembro no pude evitar responder.
-Daryl,- al oírla llamarme con esa dulzura lastimera abro los ojos que había cerrado al correrme, entonces Carol extiende su mano hacia mí y… No llega a tocarme nunca.
Un tiro perfecto le atraviesa la frente, el eco del disparo aún resuena en la habitación mientras ella se mantiene en equilibrio sobre mí.
-Carol, no.- No sé si las palabras son de Cass o son mías, porque siento que lo único que puedo hacer es quedarme ahí quieto, inútil, mientras ella cae sobre mi pecho, muerta.
Enseguida noto como su sangre gotea sobre mí.
-¿Por qué?- Pregunto con ira contenida, -¿por qué lo has hecho?-
-Ya no tenía ningún valor para mí, había cumplido su misión.- Dice burlón. –Además, si tanto la despreciabas por salvar su vida a costa de ahogar a Connors, no sé porque te ofende tanto su muerte.- Chasquea los dedos como un adiestrador de perros. –Chin vámonos, aquí ya hemos acabado.-
-Sí Jefe.- Responde el otro hombre, y ambos se van sin llevarse con ellos el cadáver de Carol.
-Cabrones.- Grito rabioso a pleno pulmón por su muerte, por las decisiones equivocadas que tomó en vida, así como por hacerme daño y por ser mi amiga. Pero sobre todo porque ya nunca tendré la oportunidad de decirle que la perdono, ni ella de escucharlo.
Y es injusto que sienta todo eso mientras su cuerpo se enfría lentamente sobre el mío justo después de haber abusado de mí.
Puta vida.
…..
Me obligo a respirar hondo y a calmarme.
Ahora mismo necesito mantenerme centrada por él.
-Daryl.- Le llamo después de más de una hora de silencio, cuando su nombre hace eco en las paredes él se estremece, pero no hay ningún otro signo de que reconozca mi presencia –Daryl por favor, háblame.- Le pido angustiada.
No soy capaz de imaginar cómo debe sentirse con ella encima, más concretamente con su pene aún en su interior después de lo que ha pasado.
-No me mires.- Me pide despacio, su voz es ronca y anuncia peligro, pero no me asusta porque sé de sobra que no es conmigo con quien está enfadado.
-Perdóname.- Digo conteniendo mis lágrimas porque llorar no nos va a curar a ninguno de los dos, ahora mismo no al menos.
-¿Qué?- Casi se gira para mirarme, pero finalmente se contiene y su vista se clava en el techo.
Sé que Daryl es fuerte, mucho más que el resto de nosotros, pero incluso los fuertes se rompen a veces.
-Siento que estés pasando por esto por mi culpa.- Digo desesperada porque me mire.
-No- niega tragando saliva pesadamente. -Tú no me has hecho esto, además Ethan dijo la verdad en algo, haré lo que sea por ti,- dice mirándome al fin con los ojos brillantes por las lágrimas contra las que lucha inútilmente. -Es solo que… Desearía que no lo hubieses visto.- Está tan nervioso que si fuera otra la circunstancia me parecería tierno, pero ahora mismo verle así me parte en dos el corazón. –Sabes lo que siento por ti, te amo, Carol no…-
-Ssshhh, tranquilo.- Me esfuerzo por hablar a través del nudo que me ata la garganta con fuerza. –Lo sé.-
-¿Tú…?- Se interrumpe porque al moverse el cuerpo de Carol se resbala un poco. Sus ojos me miran con una angustia difícil de definir.
-Lo que dije iba en serio, nada de lo que nos pase aquí cambiará lo que siento por ti.-
-¿Ni siquiera esto?- Me pregunta con algo de duda, cosa que me preocupa, por ello decido acabar con sus monstruos antes de que se atrincheren en su corazón y me sea difícil pelear contra ellos.
-¿Si hubiese sido al revés dejarías de quererme?- Le cuestiono sabiendo lo que me va a decir, porque es lo mismo que estoy intentando decirle yo.
-Nunca.- Me asegura con rotundidad, dibujando con esa seguridad marca Dixon una sonrisa en mis labios.
-Pues ahí tienes tú respuesta angelito.- Él respira hondo y asiente relajándose un poco, pero enseguida vuelve a ponerse en tensión como si acabase de recordar algo importante. -¿Qué pasa?- Le pregunto inquieta.
-Que vamos a salir de aquí.- Dice mostrándome unas llaves para esposas, al verlas sonrío enseñándole a mi vez el bisturí que me dio Carol, supongo que a pesar de todo sí que era nuestra amiga, solo que perdió su camino en el peor momento posible.
-¿A qué estamos esperando? Enseñémosle a ese niñato con quien se la ha estado jugando.- Digo sabiendo que es un riesgo, pero que también es lo que necesitamos para empezar a cicatrizar las heridas que Ethan nos ha abierto en el alma.
…
Cierro los ojos para controlar mis ganas de vomitar, ya que cada vez que me muevo el cuerpo exánime de Carol lo hace sobre mí.
Me libero la mano izquierda y en cuanto puedo incorporarme la tiro al suelo aliviado de poder desprenderme de ella por fin, notando con algo repulsión como el olor de su piel se ha quedado adherido sobre la mía.
Suelto mi otra mano e inmediatamente después hago lo mismo con mis pies antes de poder vestirme con rapidez debido a la vergüenza de la que no estoy seguro si podré deshacerme alguna vez.
Al acercarme a Cass noto como ella mira el cuerpo de Carol con la misma mezcla de rabia y pena que siento yo.
Porque aunque al final nos ha ayudado a su manera, es cierto, pero también lo es que nos ha herido.
En cuanto la libero Cass me echa los brazos alrededor del cuello y se aferra a mí con tanta fuerza que me hace sentir mejor al instante aunque me cueste respirar. De hecho puede que me sienta mejor precisamente por eso, porque por un momento ella es todo lo que me rodea y puedo olvidar.
-Te quiero,- me repite al oído las palabras una y otra vez. Sus piernas rodean mis caderas al tiempo que la levanto.
Y los dos nos quedamos así seguramente más tiempo del que sería prudente, pero al mismo tiempo no el suficiente después de todo por lo que hemos pasado.
Cuando la dejo de nuevo en el suelo los dos nos giramos hacia el cuerpo sin vida de Carol.
-No le debo nada- digo con rabia imaginando lo que va a decirme, que es lo mismo que siento que debo hacer por lo que ella significó para mí.
-Era tu amiga.- Miro a Cass ahora y aprieto mi mandíbula queriendo negar eso. –Haz solo esta última cosa por ella y estaréis en paz.- Me aconseja acariciándome el cuello hasta anclar su mano en mi nuca, haciéndome sentir seguro.
Cada respiración que doy parece necesitar un esfuerzo enorme, -de acuerdo.- Digo claudicando.
Así, entre los dos la subimos a una de las camillas y le cubrimos el rostro con la toalla que usó para torturar a Cass.
Me quedo mirando su cuerpo pálido y semi desnudo sobre esa camilla. ¿En qué momento su egoísmo la volvió débil? ¿O quizá es que siempre fue así y yo la idealicé? ¿Pudo ser eso? Ya no estoy seguro, a fin de cuentas ahora que lo pienso aunque yo contaba con ella para casi todo, Carol nunca contó realmente con nadie.
No confiaba ni siquiera en mí a pesar de que dijese que sí, ella lo intentaba pero no podía.
Se volvió fuerte en su soledad pero finalmente está terminó debilitándola.
-Daryl,- la voz tensa de Cass me trae de nuevo a la realidad, enseguida ella se pone a mi lado y los dos juntos nos colocamos detrás de su camilla para lanzarla contra quien entre por la puerta.
Pero quien entra no es un enemigo es… -Hola nenaza, ¿me echabas de menos? Seguro que sí.- Se jacta mi hermano abrazándome, por detrás de él aparece Ale quien no tiene muy buen aspecto.
-Unicornio, Rainbow.- Ambos se lanzan el uno contra la otra como si fueran un río encontrándose con el mar.
-Por las caras que tenéis parece que también habéis tenido vuestra propia fiesta privada- Dice Merle mirando nervioso al español mientras nos mete prisa para que nos pongamos en marcha y prepara las llaves en su mano para abrir otra puerta.
-Sí,- me remuevo incómodo, -supongo que se podría decir así.- Digo echándole un vistazo rápido para cerciorarme de nuevo de que sigue tan entero como la última vez que le vi.
-¿A qué estamos esperando? Asegurémonos de que no queda nadie más en este pasillo y después vayamos a por los que están encerrados en los quirófanos.- Dice Ale sin mirarme a los ojos, demasiado ocupado en aferrarse a su Rainbow. –Saquémosles de aquí.- Dice con determinación.
-¿Y Ethan?- Pregunto rabioso siguiendo los pasos de Merle fuera de la habitación en la que hemos estado encerrados mientras Cass se encarga de sostener a su hermano.
-Ya hay alguien ocupándose de eso.- Al oírlo Ale le gruñe a mi hermano pero Merle le ignora. –Lo único que importa es encontrar al resto antes de que este sitio se vaya al infierno.-
-Pero…-
-Créeme- una mano de Merle me aprieta en el hombro impidiéndome retroceder. -Sé que te he mentido muchas veces antes, pero te aseguro que ese cabrón no va a salir vivo de aquí.- Y tiene razón, me ha mentido antes, pero algo en la forma en que me mira me dice que sea quien sea quien vaya a encargarse de Ethan no tiene pensado salir de aquí si no es llevándose su cabeza como trofeo.
Y eso me parece jodidamente bien, solo espero que la traiga consigo cuando nos de alcance para poder destrozarla a patadas como se merece.
Hola almas corsarias
Hoy último día de este año 2020, que de alguna manera se convertirá en el nuevo año cero, porque al menos durante un tiempo todo será divido entre antes del Covid-19 y después.
Solo quiero daros las gracias por permanecer ahí siempre, para reíros y para sufrir con esta historia que ya está llegando a su fin.
En principio tendrá un total de 60 capítulos más el epílogo.
Deseo que vuestra buena fortuna sea mayor que vuestras penas este año que comienza, y si no podéis estar libre de peligros sean cuales sean, que tengáis el valor para enfrentarlos.
Y en serio, de nuevo gracias por estar aquí, por leerme, por comentar, por votar, por compartir o recomendar mis historias, por añadirlas a vuestras listas de lectura, por seguirme en Instagram, sois unas almas preciosas, de verdad.
