Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling
POV HERMIONE GRANGER 32
Después de desayunar, fuimos a la enfermería Ron, Harry y yo. Supuse que Violet y Draco ya estarían allí. La señora Pomfrey nos dejó pasar.
—Señor Malfoy, tienes más visitas. —dijo la señora Pomfrey. Cerró y nos dejó a solas.
—Entiendo que me visitéis vosotros dos. Incluso entiendo la presencia de la sangre sucia ya que últimamente me está empezando a caer bien. ¿Pero qué mierda hacen la comadreja y cara rajada? —preguntó extrañado Taurus.
¿Qué últimamente le estoy empezando a caer bien? Sonreí halagada. Todos, salvo Taurus, me miraron extrañados. Me sonrojé al ser el centro de atención.
—Bueno, eres el hermano de Draco al fin y al cabo, y también me gustaría saber ... —se tocó el pelo de manera nerviosa. —.. Esto es muy incómodo ...
—Has venido a preguntarme sobre lo que le sucederá al guardabosques y a la bestia, ¿es así? —dijo Taurus.
Harry tragó saliva y asintió nervioso.
—Al gigante lo despedirán y a la bestia la ejecutarán. —dijo Taurus.
Harry se puso pálido y se sentó en el suelo entristecido. Yo tampoco estaba contenta que se diga. Pasé una mano por el hombro de Harry para apoyarlo. Una fuerte risa resonó por toda la habitación. Era la risa de Taurus.
—JAJAJAJA. Ojalá tuviera una cámara ahora mismo, pones unas caras muy graciosas cara rajada. —continuó Taurus.
—¿A ti que coño te pasa, Taurus? —preguntó disgustada Violet.
—No te pongas así, pequeñaja. Estaba bromeando. No les pasará nada, ni yo ni Parkinson diremos nada. —continuó Taurus. Violet le dio un puñetazo en el brazo escayolado. —¡AYY! —gritó con dolor.—¿Es que acaso estás ciega, enana? ¿no ves que sigo sin estar recuperado?
—¡Te lo mereces! ¡Por la broma de tan mal gusto! —respondió Violet.
—Que poco sentido del humor ... —dijo Taurus.
—¿Por qué? —dijo Harry levantándose del suelo y mirando fijamente a Taurus.
—Me gusta el humor negro, cara rajada. —exclamó Taurus sonriendo con soberbia.
—No te preguntaba acerca de tus bromas. Te preguntaba el por qué no vas a decir nada. —dijo Harry.
—No fue culpa de ese imbécil o del hipogrifo que acabara así. Así que no tiene sentido que reciban un castigo. —añadió Taurus.
—Tampoco tenía sentido que mi hermana sufriera el año pasado y casi acaba muerta por tu culpa. —Draco, Violet y yo le hicimos una mirada reprobatoria a Ron. —¡No me miréis así! Quizás a vosotros se os ha olvidado que Taurus sabía que su padre le había dado un diario oscuro a Ginny y no dijo nada, pero a mí no.—
—Era necesario para que Dumbledore cayera, y lo echaron ... aunque luego volvió. Además, si no recuerdo mal os di una pista de que se trataba de alguien de Gryffindor. Y por lo que me habéis contado, fui yo el que te salvó el culo, a la enana y a la mini comadreja. Así que pasa página de una vez, comadreja. —dijo Taurus.
—¿Pero entonces por qué no haces ahora lo mismo? Si denuncias lo de ayer, estoy seguro que Dumbledore estaría en problemas. —añadió Harry.
—Tu hermana y la sangre sucia están convencidas que he cambiado. Puede que tengan razón. —explicó Taurus. —Aunque reconozco que tengo otros motivos.—
—¿Qué otro motivos? —pregunté.
—El principal es un secreto entre el viejo y yo. Pero te contestaré con que hay un dicho muggle que dice lo siguiente: Mantén a tus amigos cerca, pero aún más cerca a tus enemigos. —dijo Taurus penetrándome con la mirada dejándome sin habla.
¿Se refería con lo de enemigo a mí?
—No me mires con esa cara de susto, sangre sucia. —dijo Taurus con una media sonrisa. —No eres lo suficientemente importante para considerarte como tal. Ese privilegio se lo reservo al viejo loco. —
Después de eso nos fuimos dejando a Taurus a solas reposando aún de sus heridas.
La semana siguió sin ningún otro contratiempo. A Taurus le dieron el alta, aunque aún tenía el brazo escayolado, justo el día en que íbamos a tener la primera clase de Defensa con las Artes Oscuras con el profesor Lupin. Al igual que Transformaciones, era otra clase que compartíamos con Slytherin.
El profesor Lupin no estaba en el aula cuando llegamos a su primera clase. Todos nos sentamos, los de Slytherin a la derecha y los de Gryffindor a la izquierda. Sacamos los libros, las plumas y los pergaminos, y estábamos hablando en corrillos cuando por fin llegó el profesor. Lupin sonrió vagamente y puso su maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía más sano que en el tren, como si hubiera tomado unas cuantas comidas abundantes.
—Buenas tardes —dijo Lupin—. ¿Podríais, por favor, meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica. Sólo necesitaréis las varitas mágicas.—
Intercambiados entre nosotros miradas de curiosidad mientras recogíamos los libros. Nunca habíamos tenido una clase práctica de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—Bien —dijo el profesor Lupin cuando todo el mundo estuvo listo—. Si tenéis la amabilidad de seguirme...—
Desconcertados pero con interés, nos pusimos en pie y salimos del aula con el profesor Lupin a la cabeza. Éste nos condujo a lo largo del desierto corredor. Doblamos una esquina y vimos a Peeves el poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire.
—Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin...—canturreó Peeves.
—Yo en tu lugar quitaría no me metería con un profesor, Peeves —dijo Lupin sonriendo amablemente.
Pero Peeves no prestó atención al profesor Lupin, salvo para soltarle una sonora pedorreta. El profesor Lupin suspiró y sacó la varita mágica.
—Es un hechizo útil y sencillo —dijo Lupin a la clase, volviendo la cabeza—. Por favor, estad atentos. Alzó la varita a la altura del hombro y apuntó a Peeves. —¡Waddiwasi! —dijo.
Con la fuerza de una bala, un chicle que taponaba la cerradura de un escobero salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquierda de Peeves; éste ascendió dando vueltas como en un remolino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldiciones.
—¡Chachi, profesor! —dijo Dean Thomas, asombrado.
—Gracias, Dean —respondió el profesor Lupin, guardando la varita—. ¿Continuamos?—Nos pusimos otra vez en marcha. El profesor fue por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de profesores.
—Entrad, por favor —dijo el profesor Lupin abriendo la puerta y cediendo el paso.
En la sala de profesores, una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillas no había nadie.
—Ahora —dijo el profesor Lupin llamando la atención del fondo de la clase, donde no había más que un viejo armario en el que los profesores guardaban las túnicas. Cuando el profesor Lupin se acercó, el armario tembló de repente, golpeando la pared. —No hay por qué preocuparse —continuó diciendo con tranquilidad el profesor Lupin cuando algunos de los alumnos se echaron hacia atrás, alarmados—. Hay un boggart ahí dentro. A los boggarts les gustan los lugares oscuros y cerrados —prosiguió el profesor Lupin—: los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero... En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pared. Se vino aquí ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contestar es: ¿qué es un boggart?—
Levanté la mano inmediatamente.
—Es un ser que cambia de forma —dije—. Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da.—
—Muy bien, cinco puntos para Gryffindor. —dijo el profesor.
Sonreí con alegría. La sonrisa se me ensanchó aún más cuando vi de reojo como Draco y Violet me mostraban el pulgar levantado.
