56. ¿Vendrás?

Después del acabar el segundo examen, todos los integrantes del pequeño grupo de amigos fueron a darse un merecido descanso a una cafetería cercana al colegio. Una menuda, antigua y familiar en la que, por más que quisieran, no podían quedarse más de una hora. Debían recordar que estaban en medio del simulacro del examen que definiría su futuro en mayo y... ponerse a pensar en ese significado los volvía locos a todos.

—¡Celebraremos un poco más cuando esto acabe, eh! —prometió Tyler con mucho énfasis mientras le daba a Edward una fuerte palmada en la espalda—. Pero fíjate en lo bueno; un cumpleaños doble como yo, tío. ¡Si es que tienes más suerte...!

Lo dijo con una mezcla de orgullo y entusiasmo tan propia de él que Edward no hizo sino carcajearse de sus palabras.

—Gracias por ser mi ejemplo a seguir, Tyler.

Su amigo chasqueó la lengua y le guiñó el ojo mientras se apartaba para concederle un poco de espacio. Edward aprovechó ese momento para atraer a Bella de la cintura hacia él, recibiendo a cambio una pequeña sonrisa por parte de la castaña.

A pesar de haber estado todos reunidos, la mayor parte de su atención se la dedicó a ella. La colmó de miradas, sonrisas, cariños... y lo mejor de todo es que fue recíproco.

—¿Nos vemos a las ocho?

Ella asintió levemente y él se acercó a darle un suave beso en los labios, pero tan solo al hacer contacto, ambos oyeron la bocina del coche de Charlie Swan. Bella carraspeó y, de pronto... la magia se desvaneció.

—Hasta después —murmuró ella sobre su boca.

—Sí...

Ella se separó y le dedicó un suave aleteo de mano antes de alejarse. Edward por su parte siguió pendiente de su caminata hasta verla meterse en el coche e irse perdiendo en el paisaje de forma paulatina.

nnn

Parte del breve tiempo del que Edward disponía durante ese día fue destinado a tratar de eliminar todo el vello de ciertas zonas de su cuerpo en el baño. Hizo lo que pudo, tomándose pequeños descansos, y luego se puso a preparar lo que debía llevar al hotel en un neceser de gimnasio.

No tenía otro compartimento en el que llevar las cosas que había comprado para esa noche. ¿O qué?¿ Le pedía prestado un bolso a Lillian o a sus hermanas? Se rio de tan solo pensarlo. Llegó al hotel una hora antes de lo acordado con Bella para acabar de ultimar los detalles y, una vez la habitación estuvo lista y las cosas donde debían de estar, Edward bajó y se quedó esperando a su chica con diez minutos de antelación a lo que acordaron, justo al lado de la puerta giratoria principal.

...Pero acabó teniendo que aguardar allí mucho más tiempo del que creía.

Entre pequeños vistazos al móvil, Edward fue observando cómo los minutos fueron pasando... y ella seguía sin aparecer.

"¿Le habrá pasado algo?"

Una gran oleada de nervios le invadió el cuerpo al mismo tiempo que entraba a WhatsApp para ver si por lo menos había leído los mensajes que le envió por la tarde. No lo había hecho, pero sin embargo... aparecía en línea.

Edward frunció el ceño y acto seguido la llamó, pero no le contestó. Solo por curiosidad, él entró al chat de la otra red social que más frecuentaba. También indicaba que estaba activa y, aún así, no daba ninguna otra señal de vida.

En todo caso, no a él...

Confuso, Edward decidió alcanzar la media hora de espera... antes de empezar preguntarse si lo había dejado plantado. No... ella no lo haría. No el día de su cumpleaños y en algo tan importante para ambos, ¿no?

Y en esas estaba, llenando su cabeza con dudas que crecían y crecían cuando, de repente... divisó a una belleza castaña a lo lejos corriendo hacia él mientras subía a toda prisa las cuatro escaleras hacia la entrada del hotel. Iba enfundada en un vestido rojo, de tiras gruesas en los hombros, que por la parte inferior se agitaba con el aire y un bolso a juego.

La piel de su rostro, parte de su escote y brazos se vio levemente iluminada por las luces provenientes del hall del hotel a esa hora. Sobre todo el escote... que había sido cubierto en la medida de lo posible. ...Aunque él sabía que seguía estando ahí.

Edward tragó saliva y jugó con los extremos de la camisa en puños. Por primera vez, echaba de menos llevar la americana que podía llegar a evitarle muchos momentos incómodos.

—Siento el retraso, de verdad —se disculpó ella con el rostro un poco desencajado y llegando a su lado algo agitada por la prisa—. Pero tenía un tiempo marcado para estudiar antes de pasar por el centro de estética y el Spa, lo que a su vez tampoco puedes acortarlo si lo que quieres son buenos resultados así que...

Lo único que escuchó de ella fue que sentía el retraso. El resto de cosas que dijo después de aquello, las ignoró por detenerse a admirarla... cuidadosamente, tanto su aspecto como sus gestos.

—Estás... Wow... —Fue lo único que salió de los labios de Edward.

—Tú también te has arreglado muy bien... —mencionó Bella echándole una ojeada, para acabar esbozando una sonrisa tranquila—. Esto... ¿entramos?

—S...sí, claro.

Edward la guió sin quitarle la mirada de encima. La primera parada que planeó para ambos fue el restaurante... tener una cena romántica que les permitiera hablar y entrar en su ambiente de comodidad habitual. Pero tan solo después de que fueron atendidos en su mesa, hubo un detalle que después de todo lo planeado... hizo sentirse a Edward un poco mal.

—¿Qué ocurre?

En cuanto no obtuvo ningún tipo de respuesta de su parte, Bella se dio cuenta de que algo pasaba.

—Es que... bueno... —Él se rascó la cabeza con nerviosismo—. Yo... yo debería haber sabido qué platos te gustarían a estas alturas, ¿no?

A ella, quien todavía seguía en el trance de las prisas por llegar a tiempo, le enterneció el corazón.

—Edward, hasta ahora no hemos tenido la oportunidad de hablar de esto y es normal —lo tranquilizó cogiéndolo de las manos—. Es casi imposible que toquemos todos los temas. Y los más básicos surgirán antes o después... pero lo importante es que ya hemos tocado aquellos puntos que son más importantes para nosotros, ¿no crees?

Ella le dedicó una gran sonrisa que, sumada a sus palabras, fue todo un conforte para su acompañante. Eso sumado a las anécdotas que fue contándole y que armonizaban poco a poco su conversación. De pronto, Edward se dio cuenta de que Bella estaba consiguiendo volverlos a hacerse sentir ellos mismos, los de siempre. Y entre risas y miradas, la chispa entre ellos se hizo más y más grande... lo que los llevó al momento de no ver la hora de poder comerse a besos libremente.

—¿No quieres postre?

Ella negó con la cabeza sin perder una sonrisa pícara en los labios.

—No me apetece...

—...A mí tampoco.

Sus dedos entrelazados jugaban, uno sobre otro, deseando establecer más contacto del que se lo permitía la mesa que tenían de por medio.

—Entonces, ¿vamos subiendo?

—¡Vale...! —Bella no tardó ni un segundo en responder. Él rio, mientras se levantaban y luego iban juntos y abrazados hacia el ascensor, después de una pequeña parada en el baño por parte de ambos.

Durante el tiempo que estuvieron dentro del estrecho y rectangular espacio, Edward depositó un cálido beso sobre los labios de Bella. Sin embargo, con la energía que habían estado acumulando hasta el momento, ella no pudo evitar responderle con un poco más de intensidad, a lo que él la imitó y... en fin, en poco tiempo ambos estaban jugando con el morboso serpenteo de sus lenguas, acariciándose levemente al unirse, movimiento que imitaban sus manos tal y como ya se habían acostumbrado a hacer en privado.

Un carraspeo de un tercero los hizo separarse y, solo entonces, se dieron cuenta de que ya habían llegado a la planta. La manera en que los miraron dejó claro la opinión que inspiraban a los demás... pero es que al final, la idea sobre ellos fue acertada: eran una joven pareja enamorada, e indiscutiblemente guiada por las hormonas en ese momento, que estaba aprendiendo a experimentar y disfrutar de la vida. Bella se limpió los labios con una tímida sonrisa mientras Edward cogía su mano y la llevaba a través del vestíbulo, hasta la puerta de su habitación.

Para conseguirla si que había sido una suerte que él fuera ya mayor de edad...

Edward no le quitó la mirada de encima a la hora de pasar la tarjeta por el lector de la habitación; y siguió sin hacerlo mientras le abría la puerta para que entrase primero. Ella pensó que se trataba de un simple gesto de cortesía, pero solo cuando dio dos pasos dentro... se fijó que había un camino de pétalos de rosa que se comenzaban a dos pasos de la puerta... y que la llevó rápidamente a la gran cama de la habitación, decorada con un dosel crema estampado de flores.

No era fácil encontrar un hotel en esa ciudad que luciera romántico o demasiado moderno por dentro, pero definitivamente él había hecho lo que había podido.

—Oh, Edward... —La alegría y los nervios la sobrecogieron mientras él se acercaba por detrás y rozaba sus brazos con cuidado.

—Decidí poner solo algunos pétalos en las esquinas como decoración y ya está, porque eso de esparcirlos por toda la cama... —Hizo una mueca de desagrado—. Como que no lo veía lo más idóneo, la verdad.

Ella rio.

—Ya, tienes razón.

Él apartó la mirada hacia puerta blanca del lado, carraspeando.

—Si quieres dejar tus cosas... las puedes dejar en el baño yo...

—Aquí mismo está bien. —Bella avanzó por una de las esquinas de la cama hasta la mesita de noche y dejó el bolso al lado del cubo de hielo, con un champán dentro—. ¿Lo has pedido tú?

—Sí, bueno, ¿te apetece o...?

Ella lo pensó un segundo y se encogió de hombros.

—Tal vez un poco.

Ya que el pobre lo había pagado... tampoco le diría que no.

Edward asintió y fue a coger la botella, para la cual pidió el favor de que la dejaran medio abierta, y sirvió un poco del espumoso líquido rojo en las copas que también dejaron dentro del cubo. Tenían intención de cruzar un límite complejo para ambos, y Edward pensó que lo idóneo sería tratar de buscar algo que los ayudara a desinhibirse... pero solo hizo falta ver a Bella hacer muecas de total disgusto después de tomar un sorbo del líquido rojo para que él se pusiera a reír. Entonces recordó lo fácil que era relajarse con ella, lo mucho que de por sí la quería... y lo fácil que era desearla como lo hacía sin necesidad de ningún adicional.

—No ha sido buena idea, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza de forma furiosa, lo que lo hizo reír aún más.

—Será una mala sugerencia, pero... como no has bebido casi nada, ¿quieres agua? Espera que yo...

Bella estiró una mano hacia su bolso y sacó una botellita pequeña de agua antes de que tuviera tiempo de decir nada más, la cual bebió energéticamente para tratar de deshacerse del sabor.

—Soy previsora, Edward.

Él rio.

—Lo sé. Créeme que lo sé.

Lo dijo con un tono que le hizo nacer el impulso de estirarse y darle un tierno beso en la nariz.

—Igual que yo lo hago con tu detallismo —indicó ella—. Pero... algo que también hago es compensar algo, como el retraso de hoy.

Y a continuación, Bella metió la mano en el bolso y sacó un paquete envuelto que tendió en su dirección.

—¿Un regalo?

—Es tu cumpleaños, ¿no? —Edward lo tomó entusiasmado. Lo examinó con curiosidad antes de rasgar el papel, revelando tres juegos para su consola... y algo inesperado.

—¿Una camiseta del equipo de básquet del cole?

Bella asintió.

—Creo que ambos estamos de acuerdo en que ya has extendido bastante la vida de la que tienes ahora, ¿no te parece?

Él parpadeó repetidas veces.

—¿Cómo sabes mi talla?

Ella se inclinó hacia él, luciendo falsamente ofendida.

—Edward... te he quitado la camisa muchas veces...

El susodicho alzó las cejas y se aproximó más a Bella, para seguirle el juego.

—¿Y hoy también lo harás?

Ella lo miró desafiante e inclinó su cara hacia la suya.

—¿Quieres que lo haga...? —Pero no siguieron con ello por mucho más tiempo. En cuestión de un instante, ambos se lanzaron hambrientos a los labios del otro. Edward se aferró a las mejillas de la castaña para tratar de profundizar el beso, al mismo tiempo que ella se acomodaba cuidadosamente sobre sus caderas y luego se espabilaba a desbotonar su camisa.

—Solo con una condición... —murmuró Edward, seguido de un pequeño sonido provocado por la sacudida de las caderas de la castaña sobre su sexo. Ella respiró agitada sobre sus labios húmedos. Los rozó con delicadeza sin siquiera abrir los ojos.

—¿Hmm?

Él volvió besarle el labio inferior con suavidad, antes de repasar el mismo punto con la lengua.

—Que me dejes hacer lo mismo con tu vestido...

En lugar de contestarle, Bella lo silenció con sus labios antes de proceder a ocuparse de su camisa. Lo provocó con el roce constante de la tela, con la calidez de sus manos sobre sus músculos y de esa manera emergió el cosquilleo en su cuerpo en un simple chasquido. Edward no quiso quedarse atrás. Sus manos partieron desde las mejillas hasta los hombros de la castaña. Los dedos recorrieron los costados de sus pechos, sin llegar a abarcarlos, para finalmente deslizarse hacia abajo y abarcar sus glúteos por encima del vestido. Eran toques ligeros que no iban más allá, pero a medida que la cantidad de piel desnuda que abarcaban sus palmas calientes aumentaba... la urgencia por seguir explorando cobró vida.

Guiado por la ansiedad, Edward los giró a ambos y con el gesto le concedió más facilidad a Bella para acabar de sacarle la camisa, a la vez que él se ocupaba de bajar la cremallera de su vestido. Cogió el cierre entre sus dedos y lo hizo descender sin prisas. Por su torso y por sus caderas... hasta que finalmente resbaló por sus rodillas inclinadas.

En ese momento, Edward se tomó un minuto para contemplarla. Hasta entonces, siempre que la había visto semidesnuda, Bella se quedaba o bien con la camisa o la falda puesta. Pero nunca antes había llegado a verla despojada de las dos prendas a la vez.

Y el shock era tal, que Edward ni siquiera sabía si aún conservaba la capacidad del habla. La castaña frente a él llevaba puesto un conjunto rosa crema. Estaba conformado por unas braguitas de ese color, con encaje a los lados, y un sujetador que llevaba ese encaje en los bordes de de los tirantes gruesos que lo sujetaban. Sin embargo, la tela restante era tan delgada que hasta dejaba entrever la protuberancia de sus pezones.

—Sé que no es demasiado pero, ya sabes... no voy a ir a una tienda de lencería ni...

—...Perfecta.

El término fue tan inesperado para ella, que estuvo a nada de ponerse a reír.

—¿Ah sí?

Edward tenía una cara de hipnotizado que no se la quitaba nadie. Acto seguido llevó un dedo a la cintura tan curvilínea y marcada que tenía... la cual Bella siempre había atribuido al uso de la falda del uniforme durante tantos años.

—Oh, Bella...

Él se lo tomó como un nuevo juego de exploración. Subió por su piel hasta acariciar las cimas que sobresalían de sus pechos entre los dedos, con aquel tipo de toque inadvertido que la excitaba tanto. Al verla reaccionar, bajó la cara y apretó uno de sus pezones suavemente entre los labios.

Bella trató de juntar los muslos en busca de algo de fricción, pero cuando no fue suficiente, ella misma enrolló una pierna con la suya para girarlos a ambos.

—Creo que somos dos aquí...

Edward rio de la sorpresa y de la confusión, pero dejó de hacerlo tan pronto notó los labios calientes de la chica posarse sobre su garganta. Y en nada ella comenzó a trazar círculos con su lengua alrededor de un punto cercano a la base del cuello.

En el camino a aprender hacer chupetones, habían encontrado algunos puntos ingeniosos para encender al otro.

Las manos de Edward se deslizaron por la suave espalda de Bella hasta encontrar el broche del sujetador, conformado por varios corchetes. Recordó que por fin iban a dejar todas las restricciones atrás.

—¿Puedo?

Ella suspiró. Se dio la vuelta e hizo su melena a un lado para facilitarle la tarea de quitárselo. Edward no pudo evitar que el corazón comenzase a latirle con fuerza.

—Gracias por tenerme confianza...

—Es el punto que más me avergüenza de mi cuerpo... pero, al fin y al cabo esto se trata de eso, ¿no? ¿De poder desnudarse con el otro por completo?

Él lamentó no haberle podido ver la cara en ese momento. A cambio se inclinó para darle un suave beso en el hombro, en agradecimiento por su confianza, mientras deshacía el agarre del sujetador de una vez por todas. Ella se encargó de quitárselo por delante, mientras Edward observaba las marcadas líneas rojas que la prenda dejó en su piel.

—¿Por qué te aprieta tanto?

Bella negó.

—No es algo que pueda evitar...

Él repasó la piel con los dedos, lo que la hizo destensar los hombros un poco... Pero a la vez, Edward era consciente de que no iba a darle la cara fácilmente.

—¿Te apetece tumbarte?

Ella se arrastró algo más arriba en la cama. Una vez allí, se tumbó boca arriba; chocando la cabeza con la parte baja de la almohada, pero con ambos brazos y manos cubriendo lo que lograban abarcar de sus pechos. Al menos, lo que ella consideraba más importante.

Para Edward ese intento por ocultar su delantera no podía lucir más erótico, la verdad. Pero él sabía muy bien que en ese momento ella había asumido un rol vulnerable... así que también se arrastró sobre la cama hasta llegar a su lado.

—Eh. Solo soy yo, ¿vale?

Ella tomó una bocanada de aire.

—Es duro...

Él asintió. Lo que menos necesitaba es que se le llevase la contraria.

—Lo sé.

Edward miró a los lados y se encontró con la botellita de agua encima de la mesita de noche. La tomó para beber un poco, luego bajó la cabeza para besar a Bella de forma casta. Tal vez demasiado. Y en lugar de entretenerse en sus labios, se dispuso a trazar un camino de picos hasta su sexo. Bajó sus braguitas y, tan pronto como estuvieron fuera, se apresuró en meter la cabeza entre sus piernas.

Ella arqueó la espalda, agitando sus caderas con fuerza mientras una corriente de placer la atravesaba. Edward había dejado escapar un pequeño sorbo de agua por su sexo, el cual hizo contacto directo con su clítoris y consiguió que la invadiera una gran ola de placer. Pero la cosa no acabó allí, ya que al no notar que se quejase, Edward quiso continuar complaciéndola.

Bella sacudió las caderas de manera furiosa mientras Edward procedía a emplear todos los trucos que habían probado juntos en aquel terreno. Ella prácticamente montó su lengua, abrumada de pies a cabeza por el placer que el rubio le generaba. En aquel día en especial, estaba más sensible de lo normal... y se sentía al borde de uno de los orgasmos más potentes que había llegado a sentir cuando, de pronto, él se separó.

—¡¿Por qué...?!

—Prefiero que... lleguemos juntos esta vez —se defendió Edward.

Ella se quedó petrificada en su lugar. Tal vez era una de las frustraciones más grandes con la que había tenido que lidiar, pero asintió. Él acabó de quitarse el resto de la ropa que llevaba para luego ir a ubicarse entre sus piernas. Ella hizo un mohín y las abrió, pero antes de posicionarse bien del todo, Bella lo forzó a apoyarse sobre sus codos, para que ambos pudiesen hablar cara a cara.

—Eres un cielo, pero recuerda ir con cuidado —le advirtió volviendo a sacar carácter—. Nunca he tenido nada ahí dentro, ni siquiera un tampón...

—Te aseguro que no hay prisa alguna. —Edward le dio un pequeño beso en los labios—. Esto será algo nuevo para ambos, ¿vale? Solo dime, ¿estás lista?

Bella tomó una gran bocanada de aire, antes de confirmárselo con decisión.

—Sí, lo estoy.


¡Hola!

💎Bueno, vemos que al final Bella ha llegado al hotel con Edward. Este par sí que se complementa bien incluso en momentos así, ¿no? Han vuelto a ver mensajes clave en este cap, que tal vez se enlacen con otras cosas... 👀 ¿Qué pensáis que pasará ahora? 😶😂 Okey, creo que todo el mundo tiene una idea lo que puede pasar... 😎¿Pero realmente pasará? ¿Cómo irá? También existe una posibilidad de que siga así de buena como hasta ahora. 😊 Así que no sufráis. Lo veremos... en cuestión de un breve tiempo. ❤️

💎Quería ofrecer una disculpa por todos los días de retraso. Como compensa el siguiente llegará muy pronto y, si me he tardado tanto con este, es porque este momento es crucial para la historia y no estaba convencida de ninguna manera con el resultado que tenía antes. Así que he hecho varios borradores hasta dar con el mejor que me ha salido :)

Dicho esto, gracias por todo el apoyo de siempre, y hasta la próxima. 😉

Kisses! 😘😘😘😘