Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 56.
Dedicado a Elyk91.


Se quedó callada. No podía decir más. Su ex cuñada se movía o algo así, no supo definir bien qué pasaba, ya que estaba bloqueada. Tenía una expresión de espanto y los ojos bien abiertos.

¿Cómo que ya sabía quién era la amante de InuYasha? Eso era completamente absurdo.

—¿No vas a decir nada? —Ella volvió a llamar la atención de Taishō, mientras la observaba como si esperara algo de ella.

Kagome se relajó un poco. O, bueno, trató de hacerlo. De ser verdad lo que su ex cuñada le estaba diciendo, no estaría contenta con ella, es decir… Bah, para qué iba a explicarlo.

—No lo sé, es tan… tan —no podía evitar que su voz sonara temblorosa—. ¿Como lo descubriste?

—Ah —lo dijo como un suspiro. Se alejó de ella y volvió a darle la espalda como cuando apenas había llegado—. Es una buena pregunta, Kagome.

La muchacha permanecía en completo silencio, tratando de entender toda la situación. Se sentía muy nerviosa y abrumada, no entendía si es que Kikyō estaba poniendo una trampa o si realmente había encontrado a otra mujer en los brazos de InuYasha.

—¿En-en serio la has descubierto? —No, realmente no lo podía creer. Por un momento loco deseó que realmente InuYasha las hubiera estado engañando con otra

Sí, sería un magnífico descargo de conciencia para ella.

—Así es, yo… por fin he descubierto quién es aquella mujer por la que InuYasha fue capaz de mancillar mi honor. —Pronunció cada palabra con odio, sin embargo, trataba de sonar tranquila. Ese tono de voz le dio escalofríos a Kagome.

Los recuerdos de aquel día en que había estado practicando tiro con su arco y flechas regresaron fugaces a su mente. Recordaba perfectamente el rostro de Kikyō y su expresión determinada diciendo que nadie jugaba con ella, que nadie jugaba con su honor.

También llegó a su mente aquel momento exacto en que ella disparó aquella flecha, el acero rompiendo el madero, aquel sentimiento de ira qué propició ese certero golpe. Ese golpe que parecía dirigido a ella.

¿Kikyō ya lo sabía?

—Y, ¿la conoces? —Comenzaba aceptar la idea de que la habían descubierto y comenzó a prepararse mentalmente para lo que se venía.

No podía dejar que su mente colapsara en ese instante, ya que no habría forma de salvarse de esa situación. Debía enfrentarla, ya que las mentiras no duran para siempre.

—Pero es que estaba tan cerca, Kagome —replicó, como respuesta. Parecía una charla fantasma en la que se estaban dirigiendo a alguien que no existía — y yo sé que tú siempre quisiste decírmelo, que querías darme a entender quién era aquella mujer.

«Kikyō… ¿Sería posible que ya lo supieras?»

—N-no… No, Kikyō, no fue…

—Pero no lo entiendo, fui tan tonta… —movía sus manos, como si se recriminara por algo. A Kagome le sudaban las manos, pero Kikyō seguía sin verla a la cara, todo el tiempo estuvo de espaldas, con las manos apoyadas en el filo del mueble—, tú siempre, amablemente, querías que yo lo supiera.

Volvió a sentirse confundida y pensó que tal vez estaba hablando de otra mujer. Es que se dirigía a esta persona como si se tratara de alguien completamente ajeno a ella. no sabía si seguir fingiendo ya confesarle la verdad.

Pero, ¿cuándo era buen momento para compensar que tenías una relación con tu propio hermano? Y más, el que confesárselo a la mujer que fue su esposa.

—No comprendo.

—Sí, pero Kagome, Kagome —de repente estuvo tan cerca de ella otra vez, tomándola de los hombros, viéndola directamente—, tus señales no eran muy claras, debías… debías ser más específica.

Se dio cuenta que la aludida no se había movido ni un centímetro desde que llegó. Seguía ahí, tiesa, llena de pánico.

—Por favor, Kikyō…

—Dime, Kagome —su expresión ahora demostraba una decepción que parecía ser más grande que el mismo universo— si estuvieras en mi lugar, ¿tú dudarías?

Kagome no soportó un momento más la presión y comenzó a llorar. Negó con la cabeza lentamente y evitó sollozar. La vergüenza la embargaba de pies a cabeza y quería echarse al suelo, pero aún Kikyō no había declarado todo lo que sentía, significaba que aún podía guardar esperanzas.

»—Sé sincera, por favor. —Seguía aparentemente tranquila. No mostró confusión cuando la vio llorar, no cambiaba de expresión, parecía un robot programado—. Quiero decir, aunque las señales hayan estado siempre frente a mí, nunca nadie sería capaz de dudar…

—Kikyō, puedo explicarlo —estaba deshaciéndose en dolor, sentía que el corazón iba a reventarle en el pecho y también sintió mucho miedo—. Por favor…

—…de que su pareja está ahí —miró hacia cualquier lado, con la mirada perdida, como sin brillo— engañándola con…

—¡Por favor, no lo digas! —Gritó Kagome, a punto de perder la razón.

Empujó a Kikyō para que se alejara de ella y la miró entre la cortina de llanto. Ella se había dejado hacer, sin haberse defendido, ni siquiera lo intentó.

La vio darle la espalda de nuevo y enderezarse. Algo estaba buscando entre su ropa, ¿serían las pruebas? Kagome jadeaba, completamente horrorizada.

Soltó una risilla burlona, fue apenas un sonido con su garganta.

Parecía una bomba que iba a explotar.

—¿Por qué tanto miedo, Kagome? Amiga…

Estaba temblando. Con su cuerpo helado por los nervios, intentó dar un paso en frente, pero el este no le respondía. No podía moverse ni siquiera un centímetro.

—N-no tengo m-miedo.

—¿Creíste que yo podría imaginar que InuYasha estaba revolcándose con su propia-maldita-hermana? —Arrastró con odio cada palabra, lo dijo casi en susurro, pero fue perfectamente audible.

—Kikyō…

—¡Eres una zorra!

El movimiento fue muy rápido. Ya que Kagome no podía moverse, fue muy fácil para Hishā clavarle aquella pequeña navaja en el hombro, al momento que acaba de maldecirla con todas sus fuerzas.

Kagome cayó de rodillas al suelo, con la sangre manchando la ropa, el piso, su cuerpo. Sintió que algo se le atoró en la garganta debido al dolor.

—Ki-Kikyō…

La aludida estaba respirando hondo desde su ángulo. Parecía que había liberado tensiones, se mostraba aliviada. No tenía ni siquiera una pizca de resentimiento. No le dejó el arma enterrada, así que miró su mano derecha manchada de rojo y caminó hacia la cocina, directo al lavabo.

Demoró muy poco en lavarse las manos y también aquella navaja. La enjuagó rápido y la dejó brillante. Tuvo el descaro de dejarla junto al resto de cuchillos y al siguiente momento, regresó con una toalla de cocina seca.

—Solo me das repugnancia —la veía ahí, perecer con el dolor. Aún así, no era capaz de pedirle ayuda. Aparte de incestuosa, orgullosa—. Tú… tú y tu maldito hermano… Pueden irse al infierno.

—Eres una…

—Ah, y ten —cogió el móvil de Kagome que hacía rato había visto en la mesilla de la sala, todo tal y como lo había planeado— para que llames al 911.

—¿Po-por qué…? —Tomó el aparato, aún aplastando su herida lo más que podía. No podía desmayarse sin antes haber pedido ayuda.

—Perra.

Bajó el edificio como si nada hubiera pasado. Se despidió de Hitomi, le dedicó una sonrisa y tomó su auto.

Mientras conducía recordaba cada instante vivido. Después de toda aquella presión y todas esas emociones, sumado a lo que le acababa de hacer Kagome, no pudo evitar llorar. Sentía mucho asco y decepción de todo.

Había vivido una mentira y para ese momento, ni siquiera tenía una amiga a quién contarle. No sabía si estaba arrepentida de haberle hecho daño Kagome, pero sentía que ese acto la había liberado tanto del odio que sentía, había sido casi terapéutico. De todos modos, tenía una lista de personas a quienes iba a hacerle saber lo que sentía.

Todos la habían traicionado. Todos se habían burlado de ella. No podía creer que incluso Kōga hubiera tenido los cojones para ocultarle aquella verdad. Que volvía a pensarlo y el odio se recargaba.

Después de un rato había dejado de llorar. Llegó al departamento de Sango y la llamó para que le abriera. Por supuesto que Sango no sabía nada, estaba segura de eso.

Usó su tono de voz más calmado y logró su cometido.

Esa misma noche iba a acabar con toda esa mierda.

Nunca había experimentado tanto odio en la vida. Algo muy oscuro de ella estaba saliendo a flote y admitía que también eran terrenos desconocidos.


Ese día había sido un completo desastre. Estaba tan decepcionada de que ahora Miroku supiera sobre su hijo que no quiso ir ni siquiera al trabajo. Se tomó el día libre, se la pasó llorando y comiendo helado, durmió varias horas y el resto de tiempo pasó pensando en las formas en que evitaría a toda costa que ese maldito mujeriego volviera a entrar a su vida con la excusa de que sería el padre de su bebé.

Se había dado una ducha y después de algunos minutos de observar su pancita en el espejo, recibió la llamada de Kikyō. Le pareció muy extraño pero la dejó pasar.

En ese momento estaba ya tocando su puerta.

—Ya voy. —Dijo, yendo a abrirle—. Hola, Kikyō, tú… —se interrumpió a sí misma, cuando la vio entrar de esa forma tan brusca, mirando todo el lugar, como si lo estuviera calificando.

—Seré breve.

—¿Qué es lo que pasa? ¿Te sirvo un té? —Corrió hasta ella, intentando ayudarla. Se veía más pálida de lo normal.

Tenía los ojos rojos, como si acabara de llorar.

—¿Cuánto tiempo ibas a seguirme mintiendo, Sango? Incluso ahora… te haces la amable conmigo. —Negó, con una sonrisa de incredulidad—. Hasta dónde fuiste capaz de llegar por tu amiga.

Sango sonrió, pensando que tal vez se trataba de algún malentendido.

—Lo lamento, estoy confundida.

—¿Confundida? —Volvió a hacer ese gesto de risa. La miró de pies a cabeza y le era casi imposible ocultar su desprecio. Cómo pudo haberla engañado de esa manera, quién sabe cuántas veces se rió a sus espaldas por ser la novia de un incestuoso.

—¿Qué es lo que pasa contigo, Kikyō? —La encaró por fin. Estaba pasando por un muy mal momento en su vida y no estaba apta para soportar las estupideces de nadie y mucho menos de Kikyō—. ¿Estás enojada porque soy yo quien lleva el caso de la anulación de tu matrimonio? Sabes que eso…

—No, yo creo que eres perfecta —comentó con ironía, asintiendo—. Son tal para cual. Dime, de casualidad, ¿no te acuestas también con él?

Sango ahogó un grito de histeria y cerró los ojos, calmándose. No podía creer que Kikyō llevara sus celos a ese extremo y que apenas le fuera a reclamar.

—Mira, lo siento mucho, pero…

—¿Sabes qué? Eres patética, embarazada te ves aún más ridícula.

Lo siguiente que sonó fue la enorme cachetada que Sango le propinó certera a Kikyō. No aguantó un segundo más aquellos insultos estúpidos, aquella forma despectiva de mirarla, pero por sobre todo, no aguantó que se metiera con su estado de gestación.

Kikyō no tardó en devolverle el gesto, rápido y bien sustancioso. Quiso golpearla seguido otra vez, pero Sango le agarró la mano en el aire.

—¡¿Qué diablos te pasa?! ¡¿Acaso te has vuelto loca?! —Jadeaba por el ejercicio anterior. No podía creer esa actitud tan fuera de lugar, no entendía absolutamente nada de lo que pasaba.

Hishā se zafó de inmediato, sin dejar de mirarla con aquel resentimiento tan profundo.

—No puedo creer que deposité mi confianza en ti, maldita traidora. —Respiraba con dificultad debido a la ira.

—¡Cállate ya!

—¡No, cállate ahora, traidora! ¡Me mentiste todo esto tiempo! ¡Te hiciste pasar por mi amiga, cuando a mis espaldas seguramente te reías junto con Kagome por ser yo quien fuera la novia de un cerdo que se acostaba con su propia hermana! ¡Siempre lo supiste!

—¿Qué…?

¿Entonces ya lo sabía? ¿Cómo era que se había enterado? ¿En qué momento sucedió? ¿Por qué? ¡Kagome! ¡¿En dónde estaba Kagome?!

—No te preocupes en echarme, me iré antes de que puedas parpadear. —Caminó rápidamente hasta la salida, dejando a Sango completamente muda, bloqueada y avergonzada—. Ah, y, Sango: qué bueno que Miroku te dejó.

Continuará…


La puta madre, cómo amé escribir este capítulo y la última frase de Kikyō, estoy enamorada. Ahora sí vino lo bueno. Agárrense, de aquí para allá todo es fuerte.

Ahora estoy muy nerviosa por esto, necesito saber qué les pareció.

Tuttynieves: ¡Lo sé! Yo amo a Kōga, pero aquí es el villano.

Zoe1610: ¡Ojalá te pases por este capítulo emocionante! Amo mucho tu comentario, qué hermoso que te guste tanto.

Chechy14: ¡Al fin el capítulo que estábamos esperando!

Inoue995: ¡SÍ! Ya era hora de sacar todo esto, ¿no? Me siento liberada. De esta manera que viste... Por favor dime lo que piensas.

Elyk91: ¡Dios, estoy esperando mucho tu comentario!

Laurita Herrera: ¡Te dije que Kōga estaba loco! Sí, Yura destrozada es arte.

Abrilquintana1904: me encanta leer tus comentarios también, Dios, gracias.

Gaby: hace tiempo que no te pasabas por aquí, hermosa. Kikyō tenía que verlo. Me alegro que veas a Kikyō como una mujer valiente, se me hace duro eso de que ella se aferrara a InuYasha aun teniendo dudas, pero estaba enamorada. Gracias por tus comentarios.

Estoy contenta porque Ally dijo que esta historia es como una serie de Netflix. Estoy contenta porque pude contactar a Rosas Rojas y porque AIROT TAISHO me escribió emocionada por la actualización. Cada capítulo es una emoción más para mí. Gracias totales.