Capítulo 58
Sigue adelante… Hasta el final
Si va a utilizar a Carol para sus juegos eso significa que el tiempo se acaba, sea lo que sea que tenga en mente hacer Ethan para cuando salga el sol mañana todos estarán muertos.
Todos menos Ginny porque será libre, y tal vez yo también si me deja acompañarla.
La verdad es que me gustaría, a su lado solo siento la convicción de que soy lo bastante fuerte para soportar lo que sea, ahoga mis dudas de manera aplastante, liberándome del miedo.
Parecido en cierto sentido al magnetismo de Ethan pero totalmente diferente a la vez.
Es difícil de describir, pero increíblemente fácil de sentir.
Entro al despacho sin pararme a mirar al chico esposado al radiador, -por favor, hay una chica aquí, es más joven que yo, es mi amiga, necesita mi ayuda, se llama Gi…-
-Ginny lo sé, ella me lo dijo.- En seguida noto como la desconfianza ocupa el puesto de la desesperación en él.
-¿Entonces?-
-Solo puedo ayudar a uno,- digo cogiendo el cinturón de cuchillos que sé que le pertenece a ella junto con el juego de llaves de repuesto.
Extrañamente cuando salgo del despacho el chico no hace nada por detenerme, no insiste en que le suelte, se limita a dejarme marchar mientras la ansiedad crece en su interior, y eso de alguna manera me molesta, porque es como si no creyera que voy a hacer lo que le he dicho.
Aunque tal vez lo que me molesta es que... No, eso no puede ser, menuda estupidez. Me rio nervioso mientras bajo corriendo las escaleras, estoy tan acostumbrado a sentir las emociones de los demás que las mías me resultan tan ajenas que me cuesta interpretarlas correctamente.
De cualquier manera, sea lo que sea que me moleste no importa.
Meto la llave en la cerradura, porque ella va a ser libre, y giro el pomo, va a redimirme.
Será mi forma de demostrarle a mi madre que puedo hacer algo bueno sin herir a nadie.
…..
Silencio y oscuridad, llevo tantos días así que ya no distingo si esas dos cosas son lo que me rodea o si forman parte de mí.
En realidad a estas alturas supongo que no importa.
Es entonces cuando de repente escucho unos pasos rápidos acercarse hasta mi armario y sonrío, es él, Pete, al fin se ha atrevido, respiro hondo mientras él mete la llave en la cerradura, acercándose de puntillas sin saberlo al borde de su propia muerte porque sencillamente no puedo confiar en él.
No sabiendo cómo ha ayudado a Ethan a herir a mi familia.
Al fin abre la puerta y extiende su mano hacia mí sonriente, parece distinto de la última vez, diría que se le ve más seguro de sí mismo.
-Vamos, sal de aquí.- Es entonces cuando veo que lleva mis cuchillos en su otra mano. –Toma, pensé que los necesitarías.- Me ofrece amable mirando sobre su hombro para asegurarse de que seguimos a salvo.
Con cuidado cojo el cinturón y me lo coloco en las caderas. –Gracias,- digo sonriéndole de lado sintiéndome completa al haber recuperado mis cuchillos, cuidándome de mostrarle solo lo que quiero que vea, al menos por unos pocos minutos más. –Dime una cosa, ¿sabes dónde están los demás?- Él da un paso atrás negando con la cabeza.
-No puedes salvarles.- Ya lo veremos, pienso mientras esa respuesta me hace sonreír aún más.
-Por favor, dímelo.- Él suspira. –Tengo que saberlo antes de poder acabar con esto.- Digo sin mentirle, es solo que Pete no entiende que me refiero a matar a Ethan en lugar de a escapar de aquí como un ratoncillo asustado por una serpiente.
-De acuerdo,- dice mirando de nuevo sobre su hombro, algunos están en esta planta, otros en los quirófanos, y también hay alguien dos pisos más arriba en los despachos ¿pero no vas a ir a por ellos verdad?- Me pregunta clavando sus ojos oscuros en los míos, buscando algo que le haga dudar, tarde, demasiado tarde para sospechar Pete, tú mismo me has devuelto mis cuchillos.
-No,- digo tranquilizándole de nuevo con una sonrisa, -ellos saldrán solos.- Le aseguro cuando se gira para darme la espalda aprovechando para clavarle una de mis afiladas hojas en el riñón, obligándole así a caer de rodillas incapaz de dar un solo paso, sorprendido y dolorido me mira sin comprender.
-Por favor, no.- Me ruega y yo aprieto los dientes cuando murmura ese por favor que es apenas un susurro en mitad del pasillo iluminado por el sol. ¿Cómo se atreve a pedir piedad cuándo él solo se ha apiadado de sí mismo?
–Esto es por las vidas que podrías haber salvado y que dejaste que él arrebatase antes de tiempo.- Digo metiéndole dentro del armario que ha sido mi celda antes de cortarle el cuello en un movimiento rápido de mi mano izquierda.
Asustado se lleva las manos al cuello intentando detener la hemorragia para salvarse, pero su sufrimiento termina en solo unos latidos de corazón, demasiado rápido teniendo en cuenta lo que le ha dejado hacer a mi hermano impunemente.
Con decisión le quito el cuchillo que le había clavado en el riñón y que no le he sacado antes para evitar manchar el suelo del pasillo con su sangre, porque tengo que ser muy cuidadosa, ahora más que nunca en mi vida, y le apuñalo en la sien para asegurarme de que no vuelva como caminante para darme problemas, suficientes voy a tener ya sin necesidad de añadir ni uno solo más.
Me quito los zapatos para evitar hacer ruido y me acerco a una de las puertas para ver si puedo oír a quienes están dentro atrapados, contengo la respiración cuando escucho gemidos al otro lado, lo que me confirma que definitivamente Ethan está al otro lado de la puerta.
De modo que sin perder la calma vuelvo a mi armario dejándolo ligeramente entreabierto para poder ver por la pequeña rendija él momento en el que él salga de esa sala.
Así acuclillada de nuevo en la oscuridad espero a que llegue el instante para ponerme en marcha y acabar con mi hermano de una vez por todas.
…
Hoy no les han traído comida nota Merle con alivio y preocupación a partes iguales, alivio porque significa no más torturas, preocupación porque ahí encerrados sin comida ni agua no aguantaran mucho.
Y si sale de allí a lo loco derribando la puerta… Mira preocupado a Ale que está sentado en una esquina abrazado a sus piernas, lleva así desde que le desató de la mesa.
¿Cómo puede consolarle de lo que él mismo le ha hecho? No sabe ni siquiera si será capaz de volver a sostenerle la mirada alguna vez en su miserable vida.
Desde luego todo lo que se merece es su odio por traicionarle, de eso está convencido.
Joder, ¿podría su vida ser un poco fácil alguna vez solo por variar? Coño, tampoco creía estar pidiendo tanto, ¿o sí? En realidad tal vez sí.
Al fin y al cabo él es uno de los malos y se merece toda putada que le pueda pasar, como lo de tener que arrancarse el solo la mano en aquella azotea para salvar su pellejo, pero Ale… Le mira y le ve tan quieto, tan roto, él le ha hecho eso… No lo merecía.
Hostia puta.
Se contiene de dar un puñetazo furioso a la pared cuando de repente el pomo de la puerta se mueve, mierda, enseguida se gira para mirar al español quien al fin da señales de vida.
Para su sorpresa se ha puesto de pie para volcar la mesa en la que… En fin, para usarla como barrera.
Sin permitirse pensarlo se coloca a su lado –esto sería mejor si tuviéramos armas.- Dice queriendo bromear una última vez si es así como van a acabar.
-Peor es estar atado.- Dice el otro categórico con esa voz fría y ronca que tan raramente usa y que tan ajena resulta en él.
-Ale…- Intenta disculparse antes del final.
-Ahora no Merle,- le dice y sus palabras son como latigazos en la espalda para el mayor de los Dixon. –Primero peleamos, luego morimos y solo entonces tal vez hablamos.-
No replica una mierda, es justo, cruel pero justo. Lo que no entiende es porque cojones no entran de una vez para terminar con ellos, ¿a qué están jugando con las putas llaves? ¿Es que se les ha olvidado cuál es cuál o que carajos les pasa?
-Hola.- Dice Gin cerrando de nuevo la puerta tras ella cuando entra en la sala.
-¿Ratita?-Pregunta Merle sin comprender una mierda de lo que se supone que está pasando ahí, porque no puede haberse escapado ella sola, ¿o sí? Sin pensarlo la niña rodea la mesa y se lanza contra Ale para abrazarlo con fuerza.
-¿Estáis bien?- Les pregunta sin soltarse del agarre del español, disfrutando de su cariño después de tanta angustia como han sufrido.
-Tan bien como cabría esperar.- Responde Ale esforzándose claramente por suavizar su tono con ella, -¿te duele mucho?- La cuestiona ahora él preocupado por su mano.
La pequeña niega con la cabeza. -Es más una sensación de hormiguillo,- dice con paciencia dejando que el otro la revise hasta que se calma lo suficiente. –Me alegra veros de una pieza.- Le dice esta vez a él y Merle tiene la sensación de que el calor que le corre por el pecho tiene que ser jodidamente parecido a orgullo de padre, aunque claro está no podría jurarlo.
-¿Cómo?- Se limita a preguntar Ale sin soltarla y ella les muestra las llaves.
-Hice lo que tenía que hacer,- dice carraspeando incómoda, -pero lo que importa es que además de las llaves sé dónde están los demás.-
-Eres maravillosa, ¿te lo había dicho ya antes verdad peque?- Ella se encoge de hombros como si no estuviera conforme con las palabras de su tío pero no quisiera llevarle la contraria, no al menos en ese momento. –Bien, pues saquemos a los demás de aquí.- Dice el español poniéndose de pie tambaleándose y teniendo que apoyarse en Gin para mantenerse erguido.
-¿Seguro que estás bien?- Le pregunta la chica preocupada por él.
-Estoy.- Es la respuesta que le da, y teniendo en cuenta todo Ale es tan sincero con ella como puede serlo sin entrar en detalles.
-Bueno…- La ratita no parece convencida, pero Merle no tiene valor para interferir en la conversación de ninguna manera.
Lo cierto es que se siente un intruso en medio de un momento de paz que no le pertenece. Como tantas otras cosas, empezando por el amor de Ale, por lo que de hecho está razonablemente convencido de que debería estar agonizando y no viendo ese reencuentro.
-Tenéis que daros prisa.- La menor de los Ford le da las llaves a Merle pillándole desprevenido, tanto por el gesto como por las palabras. –Sé que alguien más está en esta planta, otra parte del grupo está abajo en los quirófanos, con los carteles no será difícil encontrarlos, aun así tenéis que daros prisa.-
-Hablas como si no fueras a venir con nosotros.- Le hace ver Ale con el cuerpo entero repentinamente en tensión, cosa que a Merle le preocupa porque hace apenas unos minutos parecía incapaz de dar siquiera dos pasos sin ayuda de alguien para sostenerle.
-Porque yo tengo que hacer otra cosa.- Dice la ratita con una seguridad tan absoluta que deja a Merle mudo por la sorpresa.
-No.- Dice Ale tajante sin dejarse impresionar.
-¿Qué?- Pregunta Merle reaccionando por fin sin entender lo que su pequeña ratita, que de pronto no parece tan pequeña ante sus ojos, pretende.
-Voy a dejar entrar a los caminantes, pase lo que pase esta vez Ethan no va a escaparse, no pienso permitirlo.- Esa ira templada como el acero hace que su voz suene cortante y demasiado madura para su edad.
-No voy a permitir eso, ya le fallé a tu tía una vez y no pienso volver a hacerlo.- Le asegura Ale apretando el agarre sobre el hombro de Gin.
Pero ella les pilla desprevenidos dando una patada a la mesa que tiene a su espalda, el ruido inesperado les hace dar un paso hacia atrás, gesto que ella aprovecha para aumentar la distancia con ellos y empuñar una de sus cuchillos en su mano izquierda de forma defensiva.
-Tengo que acabar con él o nunca dejará de perseguirnos.- Dice seria mientras Merle observa sus ojos con atención, y en ellos no hay ni un ápice de indecisión, le digan lo que le digan no va a hacerles caso.
Ale la ha criado bien, porque Merle está convencido de que esa falta de miedo no es tal, sino el fiel reflejo de la terca necesidad del español por proteger a aquellos a quienes ama al coste que sea.
-Deja que vaya Ale,- las palabras salen de su boca a pesar de saber que no tiene el derecho de decirlas, -la ratita puede hacerlo,- de hecho está seguro de que si ella no lo consigue nadie podrá y todos estarán muertos.
-Eres mi niña,- niega Ale desoyendo a Merle. –Por favor,- da un paso inseguro hacia ella y extiende su mano esperando que ella baje el cuchillo para abrazarlo de nuevo.
Pero no va a pasar y el mayor de los Dixon lo sabe.
-Entiendo lo que sientes,- hace un nuevo intento por hacer razonar al otro hombre esperando que esta vez no le ignore. –La quiero tanto como tú y sé que la has educado para ser valiente, igual a como yo la he enseñado a no fallar un solo lanzamiento, por eso sé que no podemos detenerla, no mientras tenga a alguien a quien proteger y un cuchillo en la mano.-
-Por favor tío Ale, tengo que hacerlo, ayuda al resto antes de que sea demasiado tarde para ellos.- Sin fuerzas para responder Castillo hace un gesto afirmativo con la cabeza. –Os quiero mucho.- Dice la pequeña marchándose sin hacer ruido,- es entonces cuando Merle se da cuenta de que lleva los zapatos colgados al cuello gracias a los cordones atados entre sí.
Es lista, muy lista, siempre lo ha pensado.
-Sí le pasa algo…- Ale se tambalea y antes de poder contenerse Merle se encuentra así mismo pasando uno de los brazos del español sobre su cuello.
-No le pasará nada.- Dice convencido.
-¿Cómo puedes estar tan condenadamente seguro?- Le pregunta Ale con la mirada clavada en el suelo mientras avanzan.
-Porque aunque se parezca a ti es más lista que tú.- Cuando salen al pasillo ya no hay rastro de la pequeña. –Estará bien.-
-Eso espero.- Dice suspirando y apretando su agarre sobre Merle quizá inconscientemente y él lo sabe, pero ese pequeño gesto le basta al mayor de los Dixon para sentir la pequeña esperanza de que tal vez con el tiempo el español pueda llegar a perdonarle por lo que ha hecho.
De momento tiene que sacarlo vivo de ahí, lo demás, bueno, si viven ya sucederá o no.
….
Es curiosa la crueldad casi sádica con la que el tiempo es capaz de detenerse en los momentos que desearías que durasen solo un parpadeo y por el contrario, la velocidad tan aterradora que toma cuando decides ponerte en movimiento y actuar.
De pronto parece que el tiempo es incapaz de contenerse así mismo, y es casi como si corriese para intentar escapar de lo que pueda llegar a suceder si te detienes un solo segundo.
Es raro, mucho en realidad, pero a fin de cuentas solo es un elemento más del juego.
Un juego que es a vida o muerte. Aunque si me paro a pensarlo toda mi vida ha consistido en luchar a muerte por no morir.
Trago saliva nerviosa ante las puertas que tengo delante, si hago esto, si las abro y los dejo entrar no habrá vuelta atrás.
No habrá tiempo para arrepentirme ni desde luego para pensar en un plan mejor.
Pero si no lo hago, si no me la juego con los muertos él terminará matándonos a todos, de eso estoy dolorosamente segura.
Es un riesgo, uno de consecuencias potencialmente horribles, -si no arriesgas no ganas, y ya es hora de que le ganemos a Ethan la partida.- Me digo a mi misma armándome de valor para abrir las puertas de la entrada principal.
Una vez hecho me doy la vuelta y corro sin mirar atrás para ver si me siguen, no me hace falta, les oigo justo detrás queriendo alcanzarme para destriparme.
Deseo visceral que por cierto comparto, la diferencia básica entre ellos y yo es que mi presa no sabe que voy tras ella, al menos aún.
De hecho siendo sincera conmigo misma les he dejado entrar por si yo fracaso, porque es algo que puede suceder, Ethan puede matarme antes de que yo logre acabar con él, pero desde luego no lo conseguirá antes de que le haya hecho sangrar.
Y escabullirse entre medias de una horda de caminantes mientras te estás desangrando… Bueno, es posible sí, pero tremendamente improbable.
Sigo adelante, me asomo al pasillo en el que he estado retenida y veo que todas las puertas están abiertas, sonrío aliviada al ver que el tío Ale y Merle están cumpliendo con su parte.
Sabiendo que los demás van a estar a salvo no tengo miedo, al menos no tanto.
…..
Me preguntaba cuanto tardaría en decidirse a hacer algo con esa mujer y la bebé, al menos no me ha obligado a quedarme para verlo, estoy acostumbrado a la violencia, pero lo que él hace excede con creces los límites que yo conocía de la brutalidad.
Aunque en esta ocasión supongo que para lo que él es capaz de hacer se ha mostrado bastante comedido, ya que se ha limitado a pegarle un tiro en el estómago, lo que si bien implica una muerte dolorosa y lenta pues con una herida así tardará horas en morir, no es algo visualmente grotesco como al Jefe suele gustarle.
Aunque claro, una vez la mujer muera y vuelva como una de esas cosas se recreara sacándole fotos mientras devora a la bebe para enseñárselas después al padre.
Joder, no soy ningún santo, es cierto que he hecho cosas horribles, y es de justicia decir que de todas ellas solo me arrepiento de unas pocas.
La verdad es que ser un sicario no deja mucho espacio para tener una conciencia salvo que quieras que te maten por blando. Aun así esto es demasiado, más de lo que alguien cuerdo sería capaz de soportar.
Preocupado por Pete ya que hace bastante que no le veo y eso no puede ser bueno sabiendo lo que el Jefe le ha hecho ya, comienzo a bajar las escaleras para buscarle cuando de pronto la veo…
La niña se ha escapado.
-Tú,- susurro molesto por tener que volver a meterla en su armario evitando que el Jefe se entere de este incidente, -ven acá.- Le ordeno bajando un escalón más sin que ella haga amago alguno de echarse a correr asustada al verme. Sin duda está tan desequilibrada como el hermano, hay gente que sencillamente nace rota por dentro. -¿Cómo has…?- Veo que hace un gesto suave con la mano antes de sentir un dolor punzante en mi cuello.
Maldita cría.
…
¿Carl seguirá vivo? No puedo permitirme pensar lo contrario si quiero mantenerme entera, pero no puedo evitar hacerlo, es mi mejor amigo y…
Me quedo paralizada en las escaleras cuando de pronto me encuentro cara a cara con Chin, recordar como me atrapó en el pasillo me revuelve el estómago, me trató como si fuera una cosa y no una persona.
-Tú,- susurra molesto mientras yo le estudio, hay un ventanal a su espalda pero no me obstaculiza por completo la luz, cosa que me viene bastante bien, -ven acá,- me ordena dando un paso hacia mí, sin saber gracias a que su sombra me da ventaja, que deslizo entre mis dedos uno de mis cuchillos. -¿Cómo has…?- Miro sus ojos para asegurarme de que no va a abalanzarse repentinamente sobre mí, y le lanzo el cuchillo directo al cuello en un movimiento rápido sin permitirme pensar en lo poco que me importa quitarle la vida.
Para cuando con gesto de incredulidad en la cara, alza una mano hacia su garganta, yo le lanzo otro cuchillo a las tripas consiguiendo que el dolor le haga caer de rodillas.
De un salto me aparto cuando empieza a rodar escaleras abajo, inútilmente trata de atraparme cuando cae por mi lado agitando los brazos como un pájaro queriendo echar a volar, pero ya es tarde, demasiado tarde para que intente detenerme porque ya he aprendido a ganar este juego de monstruos.
Conteniendo los nervios afilo mi miedo hasta convertirlo en mi mejor arma para escuchar atentamente cada ruido que no sea mi acelerada respiración, y nada, ninguna puerta abriéndose para preguntar que ha pasado, ni pasos acercándose.
Respiro hondo para calmarme y me aproximo al cuerpo de Chin, los últimos espasmos de la muerte le recorren cuando yo llego al final de las escaleras.
Sin querer arriesgarme a que me ponga de nuevo las manos encima a pesar de su estado le lanzo otro cuchillo más, esta vez apunto a la cabeza antes de acercarme a su cuerpo para recuperar los otros.
Antes de que acabe esto sé que perderé algunos, pero mientras pueda quiero conservar tantos como sea capaz, tal vez de eso dependa el que consiga salir de aquí de una pieza o no.
Después de robarle la pistola a Chin ya que a él no va a hacerle falta dispararla nunca más, ¿y quién sabe? Quizá a mí pueda llegar a serme útil. Limpio la sangre de mis hojas en su camisa antes de guardarlas de nuevo en mi cinturón con cuidado, nunca hay que confiarse, -son armas no juguetes,- digo bajito recordando la advertencia que nos hizo Merle cuando nos empezó a enseñar a lanzarlos a Sophia y a mí.
Aquellos eran buenos tiempos, estos por contra, me pongo de pie y comienzo a subir de nuevo, estos son días sangrientos.
-Estés listo o no voy a por ti.- Digo escuchando los gruñidos de los caminantes comenzando a acercarse hasta esta zona en busca de alguien a quien poder comerse.
…
-¿No me vas a pedir que te mate?- Le pregunto tremendamente divertido por ver como se esfuerza en mantenerse viva pese al intenso dolor que está sintiendo, Karen se afana en apretar la herida tanto como puede para contener la hemorragia. –Sabes que eso no servirá de nada.-
-No puedo creer que llegase a sentir lástima por ti.- Niega conteniendo en sus ojos lágrimas de ira.
-Sí, sí, sí,- digo con un gesto desganado de la mano, -muchos habéis pecado de lo mismo al no escuchar las advertencias de Ale sobre mí.-
-Lo que debería haber hecho que nos saltasen las alarmas a todos es que tu hermana pequeña te rehuyese como a un caminante cuando vuestra tía murió, eras la única familia de sangre que le quedaba y aun así…- Detiene sus palabras debido al dolor que sufre.
-Lo digo en serio, podría hacer esto mucho más rápido para ti, ya sabes, para devolverte tu amabilidad.-
-No quiero nada que venga de ti, gracias.- Me responde acida y yo pongo los ojos en blanco.
De verdad, en lo que ha quedado el mundo si alguien es incapaz de aceptar un gesto amable sin sentirse ofendido.
-Tú misma,- respondo apoyándome en la puerta con desgana. –No es como si pudiera decirte que si no aceptas tendrás que ver como un caminante devora a tu adorado Ale.- Me rio divertido, -porque eso ya ha pasado.-
-Cabrón.- Me insulta incorporándose inconscientemente, cosa que le pasa factura porque ese pequeño gesto le acarrea tal dolor que se queda completamente pálida.
-Cierto, tal vez hubiera sido más humano dejaros a las dos allí para que murieseis todos juntitos como una gran familia feliz.-
-¿Eso es lo que odias no? El no ser capaz de… De sentir las cosas igual que los demás, por eso matas lo que no puedes tener, o mejor dicho… Lo que nunca podrás ser.- Me agacho ante ella conteniendo la ola de molestia que ha despertado en mí, porque en fin, ¿quién demonios se cree ella que es para psicoanalizarme?
-La única verdad que importa aquí es que yo soy el Rey de la muerte,- digo apretando su barbilla con mi pulgar y mi índice. –Y tú un jodido cadáver más, aún hablas es cierto,- pongo más presión aún en mi agarre, -pero pronto empezarás a gruñir.-
Me incorporo y la miro con desprecio antes de dirigirme hasta la puerta. -¿A dónde vas?- Pregunta llena de ansiedad.
-Creí que no apreciabas mi presencia.- Digo con mi sonrisa más cruel. –Tranquila, volveré pronto.- Dicho lo cual salgo al pasillo y tomo un hondo respiro satisfecho de mí mismo ya que el juego está a punto de acabarse.
Difícilmente podría haber ideado ninguna otra tortura para cada uno con la que pudiera habérmelo pasado mejor, pero creo que va siendo el momento de pasar a otra cosa.
No es bueno estancarse.
La repetición aparte de un signo de locura es también la muestra perfecta de la falta de originalidad, defecto que caracteriza a las mentes mediocres, y yo puedo ser muchas cosas, pero mediocre jamás.
Frunzo el ceño cuando al acercarme a la ventana veo como los caminantes parecen estar entrando al edificio por la puerta principal. –¿Qué…?- Un dolor lacerante en la espalda interrumpe mis palabras.
Listo para lo que sea me giro y apunto con mi arma a mi agresor, no puedo sino sentirme orgulloso cuando veo que es Ginny quien me ha atacado.
-Admite que realmente no te sorprende tanto.- Me dice calmada usando mis propias palabras contra mí.
Justicia poética creo que lo llaman, al menos lo sería si yo no la estuviera apuntando a mi vez con una pistola.
-¿Y ahora cuál es el plan? ¿Qué nos matemos el uno al otro?- Le pregunto encontrando la situación tremendamente entretenida.
-Preferiría que solo murieses tú, pero haré lo que tenga que hacer.- Dice con el cuerpo entero en tensión, como una hoja bien afilada lista para cortar y desgarrar.
Mi sonrisa se expande, -bien, sí así es como están las cosas.- Pongo mi dedo en el gatillo, -hagámoslo, matémonos, claro que entonces perderás la oportunidad de salvar a Judith.- Señalo con mi cabeza a la derecha.
-No pienso dejarte escapar.- Dice sin desviar su vista de mí ni un solo segundo.
-Has llenado esto de caminantes hermanita, no voy a poder fugarme, no esta vez.- Me mira desconfiada pero cada vez prestando más atención a mis palabras, sin darse cuenta de que ver ante sí la oportunidad de salvar a ese saco de babas la hace débil, razón por la cual va a morir, igual que nuestra madre y nuestra tía. –De modo que te propongo un último juego, un escondite mortal, salvo por supuesto, que no te atrevas a pasar un rato con tu hermano mayor.-
Avanzo un paso y es entonces cuando me doy cuenta de que ella también me está apuntando con un arma de fuego y no con uno de sus cuchillos.
Ginny es realmente buena, una depredadora nata, es una verdadera lástima que tenga el terrible defecto de tener conciencia, una carga horrible de la que por suerte yo estoy exento.
…
Sus ojos fijos en los míos es un duelo de voluntades en el que de pronto descubro que mi vida no es la única en juego si pierdo y me precipito.
Me pego a la pared para darle espacio y permitirle pasar pero sin dejar de apuntarle con la pistola en ningún momento.
Este instante así con él es como estar colgando en lo más profundo de mí misma, luchando contra el reflejo de mí que veo en sus ojos.
Al fin y al cabo somos familia, la genética está ahí, pero nuestros espíritus tienen una esencia distinta.
Él apuesta contra mí convencido de que va a ganar, sin darse cuenta de que yo no pienso rendirme porque ya no le tengo miedo.
Y no le tengo miedo por una sencilla razón, que aunque él se crea un monstruo aterrador, yo, siendo solo yo, puedo matarle.
-Bien hermanita, te esperaré en algún rincón de este edificio, pero no tardes demasiado o se te adelantarán los caminantes.- Dice riéndose con mi cuchillo aún clavado en su espalda, ya que aunque quisiera arrancárselo él solo no podría.
-Descuida, te encontraré.- Le aseguro viendo como retrocede lentamente, y justo cuando intenta dispararme yo abro la puerta entrando en la sala en la que supuestamente está Judith, cual es mi sorpresa al descubrir que no está aquí sola. –Karen.- Exclamo sorprendida, lista para darle un abrazo cuando me doy cuenta de que a ella no voy a poder sacarla de esta.
-¿Gin?- Pregunta sorprendida tumbada en el suelo y tiritando mientras se aprieta una fea herida en el abdomen que no deja de sangrar. -¿Qué…?- El dolor le corta las palabras.
Corriendo me tiro de rodillas a su lado, -tranquila, no hables, yo…- Miro a mi alrededor sin saber que puedo hacer para ayudarla. De repente me siento pequeña otra vez, indefensa, no me gusta sentirme así, lo odio. -Karen, por favor, no te mueras.- Le ruego no queriendo tener que despedirme de ella ni de su amable sonrisa.
-Lo… Lo siento cielo.- Se disculpa y me acaricia la cara con su mano libre para mostrarme su cariño una última vez. –Muchísimo.- Me asegura con los ojos brillantes.
Está sufriendo, no puedo llevarme a Judith y dejarla así.
Miro la pistola en mi mano como si fuera una sanguijuela sedienta de sangre. –Te ayudaré,- me ofrezco apretando mis ojos con fuerza, notando como por mis mejillas se resbalan unas lágrimas que han escapado a mi control.
-No.- Niega levemente con la cabeza. –E… Eres demasiado joven,- se atraganta al hablar, -para cargar tú sola con tanta muerte.- Su pulgar acaricia por última vez mi mejilla antes de dejar caer su mano al suelo y hacerme un leve gesto para que le entregue el arma.
-¿Quieres que le diga algo al tío Ale?- Sus ojos se abren llenos de sorpresa.
-¿Está vivo?-
-Sí,- me alegra poder darle una buena noticia en medio de este caos, -de verdad,- le aseguro, -le vi antes de subir aquí.-
Su sonrisa al saber que él sigue vivo es preciosa, le ocupa toda la cara y en lugar de estar a punto de suicidarse parece como si fuéramos a tomar el sol en el patio de la prisión mientras nos contamos chistes.
-Va a necesitarte,- me asegura apretando su agarre sobre la culata de la pistola como si no quisiera que se le escapase. –Cuida de él y di… Dile que le quiero,- me pide con un dolor que apenas puede ocultar a pesar de que lo intenta. –Tú… Eres su rayo de sol… ¿Lo sabes no?- De nuevo me dedica esa sonrisa tan preciosa y yo no puedo sino maldecir a Ethan.
¿Por qué? ¿Por qué alguien como él ha sobrevivido solo para poder hacer tanto daño? No lo entiendo.
-Sí,- digo luchando por encontrar mi voz mientras le doy un abrazo tan suave como puedo para evitar causarle más dolor, -te quiero mucho.- De pronto me aterra la idea de no habérselo dicho lo suficiente.
Por su parte Karen asiente pero ya no dice nada más, hacerlo le cuesta demasiado esfuerzo, sin embargo sus ojos hablan por ella y me gritan un vete que no puedo ignorar.
Respiro hondo para calmar de nuevo mi mente y encontrar ese fino equilibrio entre crueldad y supervivencia que hay en mi interior.
Cojo a Judith esforzándome por cargarla solo con mi brazo derecho mientras que en mi mano izquierda sostengo uno de mis cuchillos. No miro hacia atrás al abrir la puerta, no puedo, si lo hago me romperé y si eso pasa Ethan habrá ganado.
Al asomarme al pasillo no hay nadie y solo se escuchan los gruñidos de los caminantes que aún no han llegado aquí pero que no tardarán demasiado, en cuanto cierro la puerta el tiro resuena por todo el edificio como una piedra cayendo por un profundo pozo.
Adiós Karen, me despido a la par que entro precipitadamente en la puerta que hay justo en frente.
-Gin, Carl.- Los dos nos miramos aliviados al darnos cuenta de que seguimos de una pieza, por decirlo de alguna forma claro.
Rápidamente sabiendo que no tengo tiempo que perder porque este no deja de correr queriendo engullirnos, dejo a Judith en el sofá para que no pase frío en el suelo y atranco la puerta con un mueble.
Una vez asegurada la zona de entrada de los caminantes al menos hasta que sean demasiados voy derecha hacia mi amigo.
-Reconoce que no puedes vivir sin mí.- Alardea fijándose en mi mano derecha.
-Por supuesto, necesito que me cuentes todas tus malas ideas para asegurarme de que las mías son efectivamente las mejores.- Y gracias a él puedo apartar con menos esfuerzo el dolor por la pérdida de Karen, ya habrá ocasión de llorarla más adelante.
Ahora, en fin, él está vivo y tenemos cosas que hacer.
-Listilla.-
-Memo.-
Nos dedicamos una sonrisa cómplice al constatar que estamos bien.
Mientras me esfuerzo por liberarle usando unos clips tal y como me enseñó Merle, Carl no hace ninguna pregunta sobre lo que me ha pasado en la mano, ni de si sé algo de los demás.
-¿Cuál es el plan?- Es lo único que quiere saber una vez es libre de las esposas que lo retenían a ese radiador. Por fin los muertos han llegado hasta nosotros y golpean la puerta con torpe violencia, es el número lo que realmente les hace peligrosos.
-Matar a Ethan sea como sea y sobrevivir si es posible.-
-Tendrá que valer.- Dice cogiendo en brazos a Judith. –Y por pura curiosidad, ¿con los caminantes ahí fuera como vamos a salir de aquí?-
-Pues.- Apunto con mi mano buena al conducto de ventilación que hay sobre el sofá.
-¿Y dices que mis ideas son malas?- Se queja torciendo la cara.
-¿Tienes alguna mejor sheriff memo?- Pregunto en ese tono de listilla que sé que tanto le irrita.
Él bufa pero enseguida me dedica una sonrisa. –Como digas, pero tú vas primero.-
-Es justo.- Digo encogiéndome de hombros.
Para cuando los caminantes logran entrar en el despacho nosotros ya estamos a salvo recorriendo los conductos en busca del escondite de Ethan, este será su último juego y el más mortal de todos.
Mientras nos arrastramos tan silenciosamente como podemos pienso en los demás y solo deseo que hayan conseguido alejarse de aquí tanto como les haya sido posible, porque si han muerto devorados por los caminantes que yo he dejado entrar nunca podré perdonármelo.
-Estoy aquí,- me susurra Carl a mi espalda en tono tranquilizador cuando me detengo sin aviso. –Sigue adelante.-
-¿Dúo calavera?- Le pregunto viendo por una rendija a los caminantes invadiendo el pasillo.
-Hasta el final, sea el que sea.- Me asegura.
Y es de repente cuando caigo en la cuenta, encontrar a Ethan no es imposible.
Está en esta planta, no ha podido bajar, sonrío imaginando que habrá buscado la sala más grande y alejada de todas para esperarnos.
-Hasta el final.- Le repito, guiándole hasta el mayor peligro al que nos hayamos enfrentado jamás.
Ethan Diggory Ford.
Sí, su segundo nombre apesta, por eso nunca lo usa.
Hola almas corsarias 17*/*/*
Bueno, se acerca el final, y no sé que decir sin ponerme muy moñas pero, en fin. Si no estuvierais al otro lado de la pantalla no sería lo mismo.
Ready para el maratón?
Gracias en a poty90 por estar ahí.
Gracias en a kisalifibaeni, a Daryl_Dixon, y a are221099.
