Capítulo 59
Eres como yo, letal
Fuimos fuertes, luchamos contra el Gobernador una vez y vencimos, cuando la gripe se hizo con la prisión la superamos, pero ahora después de haber pasado por las manos maliciosas de Ethan solo somos un triste espectáculo al que nadie le echa el telón.
A fin de cuentas. ¿Quién le daría importancia a las ratas que abandonan el barco que se hunde?
Mientras nos alejamos de la universidad de veterinaria tengo miedo, el mismo o más que cuando estaba allí dentro, porque viéndonos… Bueno, no estoy segura de que nos quede el valor suficiente a todos para seguir adelante con los recuerdos sangrándonos más que las heridas en nuestra piel.
El presente da miedo pero el futuro aterra, miro de reojo a mi unicornio, no ha abierto la boca desde que discutió con Rick para abandonar el edificio a pesar de que Carl no estaba en los quirófanos.
Flas Back
-Basta,- Ale quien se encontraba apoyado en mí levantó lo justo la cabeza para mirar amenazante a Rick, sin apiadarse lo más mínimo por su brazo mutilado.
-No sabéis lo que me estáis pidiendo, no voy a abandonar a mis hijos.- Dijo el sheriff enseñando los dientes igual que un perro acorralado.
-No te pongas digno pelotas de plata.- Una mirada por parte de mi unicornio fue todo lo que hizo falta para cerrarle la boca a Merle con más rapidez incluso de la habitual.
¿Qué les pasaba a los dos? En lugar de formar el equipo de siempre parecían repelerse el uno al otro como si fueran imanes de igual polaridad.
-Karen tampoco está aquí,- mi unicornio señaló a Glenn con su mano, quien estaba sobre la espalda de Daryl para que este pudiera llevarle a caballito ya que el coreano debido a sus heridas era incapaz de andar. –Sé lo que te estoy pidiendo, que confíes en una pre adolescente, en que sea capaz de enfrentarse al monstruo que nos ha hecho todo esto…- Hizo una pausa como si le doliera tragar o recordar, no me quedó claro, -la diferencia es que ella puede conseguirlo, y si nosotros no salimos de aquí ya, entonces no lo haremos.- Un discurso simple, directo, quizá algo cruel pero sincero.
Michonne con la mandíbula rota asintió ante las palabras de mi unicornio, apoyando una mano sobre el hombro de Rick para hacer que este la mirase.
-No puedo.- Negó el hombre llorando. –No puedo abandonarlos así.-
-Podrás,- dije sabiendo que si decidía quedarse nos arrastraría a todos con él a la tumba, -podrás,- le repetí cuando fue a mí a la que miró, -porque si no nos matarás a todos. Moriremos por ti y lo haremos en vano porque el unicornio tiene razón, Gin los sacará de aquí, no estoy segura de cómo, pero la cría es capaz. Ha nacido exactamente para este mundo y Carl también, juntos lo lograrán.- Para afianzar mis palabras el unicornio volvió a intervenir.
-Sabes que Rainbow dice la verdad, y cuando Carl salga de aquí va a necesitar a su padre, no su recuerdo.-
Todos estábamos como suspendidos en el aire, deseando salir de esa trampa mortal pero incapaces de hacerlo hasta que quien nos había guiado hasta ahora nos diera permiso para ponernos en movimiento.
Finalmente Grimes claudicó, cuando lo hizo no dijo nada, solo asintió con la cabeza, pero eso fue suficiente para nosotros, nos pusimos en marcha y salimos de allí por la puerta del garaje que en su día servía para sacar los cubos de basura.
Una huida cobarde, que no obstante nos permitió el respiro de no tener que enfrentarnos a los caminantes solo con nuestras manos desnudas y nuestra voluntad hecha jirones.
Fin Flas Back
-Rainbow…- Me mira y mi cara pálida se refleja en sus ojos. -Sí me he equivocado, sino logran salir…-
-Lo harán,- no le dejo terminar la frase, hay algo en su lenguaje corporal que no me gusta, es como si estuviera a un puñetazo de caer para no volver a ponerse en pie nunca más. –No me abandones- le suplico en un impulso apretando el brazo que rodea su espalda. –Por favor.- Queriendo desesperadamente que sepa que estoy ahí, que siempre que me necesite estaré.
Mi unicornio no dice nada, no de inmediato al menos, se limita a mirar hacia adelante, a nuestro grupo roto, a Eugene y a Rosita que han perdido a su guía, a Tara que no se separa de Maggie casi como si tuviese miedo de perderse por el camino, a Daryl cargando con Glenn sin quejarse a pesar de que está tan cansado como los demás, pero aun así hace el esfuerzo por su amigo, a Michonne con la mano apoyada en la espalda de Rick para forzarle a seguir adelante, y por último mira a Merle muy fijamente.
Merle, quien va detrás de nosotros y que no deja de mirar atrás, como si en cualquier momento fuera a mandarlo todo a la mierda para volver a la universidad en busca de los niños y sacarlos de allí a puñetazo limpio si hace falta.
-No lo haré,- responde al fin clavando su vista de nuevo en el suelo, -pero tú no me sueltes, ¿vale?-
-Por eso no te preocupes unicornio, te tengo.- Le aseguro pegando más aún mi cuerpo a su costado.
A pesar de todo esto, de la derrota que veo en cada uno de ellos y en mi misma tengo que creer que podemos superarlo. Que podemos vivir con las cicatrices de todo y construir un nuevo hogar en lugar de limitarnos a lamernos las heridas para sobrevivir acurrucados en el camino de nuestra propia destrucción.
Tengo que creerlo, porque sé que si no creo que sea realmente posible más me vale pegarme un tiro aquí y ahora, y lo cierto es que detestaría rendirme justo cuando hemos conseguido salir de ese infierno.
….
El conducto se ensancha un poco más adelante, le hago un gesto a Carl para que se detenga, no es necesario que muramos los dos estúpidamente, ya que si hacemos ruido está claro que mi hermano se pondrá a disparar al conducto como un loco, sin preocuparse por dejar una bala para él en previsión de que los caminantes derriben la puerta por el ruido que provocaría.
No, desde luego que no le preocuparía, él no es capaz de sentir eso. Sus sentimientos están fragmentados, es como si alguien hubiese jugado con ellos hasta destrozarlos y luego hubiera tratado de volver a poner cada cosa en su lugar sin conseguirlo.
Dejando así como resultado el monstruo que es mi hermano.
Aunque por supuesto eso no fue necesario, a Ethan no le pasó nada que le provocase esa rotura en su interior, él simplemente nació con ella.
Me arrastro sabiendo que cada gesto puede llevarme a la muerte, pero eso es precisamente lo que evita que baje la guardia, cuando miro por la rendija de ventilación contengo un suspiro de anticipación, ahí está él, sentado en la silla del que debió ser el director.
Sí aún conservase la pistola de Chin matarle sería tan fácil como apuntar y después apretar el gatillo, pero no, todo lo que tengo son mis cuchillos.
Pego mi cara a la rejilla mientras observo y pienso, no se ha molestado en hacer una barricada delante de la puerta, de hecho ni siquiera le ha echado el pestillo si mi vista no me falla.
Quiere que entre, quiere jugar conmigo antes del final. Sonrío sabiendo algo que él ignora, que no estoy sola, tan despacio como he llegado hasta ahí comienzo a retroceder hasta Carl, tengo una idea y no le va a gustar.
…
Está loca, completa, total y absolutamente loca, pero conociendo a Ethan puede funcionar.
De hecho más la vale, porque si muere porque su mierda de plan no sale bien la llevaré conmigo aun siendo una caminante para poder reprocharle lo idiota que era cuando estaba viva.
Pero no, no tengo que pensar así.
Va salir bien, por favor Dios que salga bien, y si no… Que al menos sea rápido.
Flas Back
-Eso es una idiotez, ¿lo sabes no?- Susurré de mal humor por no poder gritárselo en el conducto de ventilación, ella puso los ojos en blancos.
-Tengo que entrar ahí, y para hacerlo y además tener la oportunidad de matarle tengo que seguir sus reglas.-
-¿Pero tú te estás oyendo?- Me daban ganas de zarandearla para comprobar sí aún le quedaba algún tornillo en esa cabeza de chorlito que tenía sobre los hombros.
-Carl, en serio, saldrá bien.- Intentó consolarme, pero yo no quería consuelo, quería matar a Ethan sin que ella tuviera que ponerse en riesgo de esa manera.
-¿Por qué no entramos por la rejilla?- Según hice la pregunta toda su cara pareció llamarme memo.
-¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Guardas entre la roña algún destornillador y no me has dicho nada?-
-Idiota,- fue mi argumento para defenderme, maldiciendo el hecho de no tener mi pistola conmigo, antes de meternos en los conductos habíamos revisado el despacho de Ethan en su busca pero nada, allí solo había guardado los cuchillos de Gin y la Katana de Michonne, a pesar de que solo fuese un arma esa pistola había estado conmigo desde antes que tuviéramos que huir de la granja, iba a echarla de menos.
-Muy maduro, memo.-
-Cierra la boca, eso no cambia que tú idea no valga más que una de Merle despertando de una resaca.-
-Puede, pero no tenemos más remedio que arriesgarnos, ya escapó de la prisión ¿recuerdas?- A mi pesar asiento dándole la razón. –Entonces dime la verdad, si nos vamos sin matarle volverás a dormir tranquilo alguna vez en tu vida.-
El recuerdo de mi padre cortándose el brazo por las palabras de Ethan me ata un nudo a la garganta.
-No quiero perderte.- Me costaba respirar, -¿por qué tienes que hacerlo sola?-
Gin no dijo nada, miró a mi hermana y fue suficiente.
Aunque me doliese dejar que fuese sola tenía razón, yo tenía que cuidar de Judith.
-No lo haré sola, necesito que tú hagas tu parte para salir de esta.-
-Cuenta conmigo.-
-Siempre lo hago memo.- Chocamos el puño y así nos despedimos, queriendo que todo saliese bien, pero sabiendo que fácilmente todo podría ir mal, muy mal.
Fin Flash Back
…..
Mi corazón retumba en mi pecho como un trueno, pero sé que esta es la única manera.
Al menos es la única que se me ha ocurrido, así que tendrá que funcionar. Sobre todo porque sentaría un mal precedente en mi amistad con Carl que él tuviese razón en esto y yo acabase muriendo.
Doy una patada con todas mis fuerzas a la rejilla del pasillo, mi hermano no se atreverá a salir con todos esos muertos ahí fuera, ¿de todas maneras para que va a molestarse en buscarme si me está esperando? Así que doy otra patada, debajo de mí los caminantes levantan la vista, gruñen y se agolpan, pero no pueden alcanzarme, así que sigo golpeando la rejilla, una, y otra, y otra vez.
Cuando cae golpea a algunos, pero no tengo la suerte de que ninguno de ellos muera, la rejilla es demasiado ligera para hacerles daño.
Miro sus caras hambrientas por un momento, sus ojos inexpresivos dirigidos hacia mí, mirándome sin verme realmente.
Para que me olviden a pesar del alboroto que he organizado me echo hacia atrás, espero y cuento.
Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta.
Justo entonces Carl empieza a hacer ruido en otra sección del conducto de ventilación, la idea es atraerlos para que yo pueda bajar sin que me hinquen el diente.
Peligroso si hay algún rezagado al que no vea antes de saltar al pasillo, pero dentro del riesgo, una idea bastante buena, al menos en mi opinión.
Mientras Carl golpea contra las paredes del conducto en algún otro lugar yo no me asomo para ver si funciona, de hecho casi ni respiro, me mantengo concentrada ante lo que escucho, y eso hace que una sonrisa se dibuje en mi cara porque los gruñidos cada vez suenan más alejados.
Gracias Carl, gracias por confiar en mí. No hay amigo mejor que tú. Pienso mientras asomo el rostro hacia abajo para asegurarme de que tengo vía libre.
Descuelgo un poco la cabeza, al fondo veo a dos caminantes, diría que son mujeres, si es que su género importa algo en su estado de muertas que caminan.
Se han quedado rezagadas pero espero que no lleguen a prestarme atención cuando salte al pasillo, por el aspecto de sus brazos ambas parecen haberse convertido hace poco, no se las ve muy deterioradas.
Retrocedo un segundo, necesito respirar y pensar.
Sí Ethan al oír el ruido que hemos hecho le ha echado el pestillo a la puerta estaré en problemas.
No es fácil saber lo que pasa por su mente, juraría que quiere jugar conmigo en vivo y en directo, pero puede haber cambiado de opinión.
Cojo a mi miedo por el cuello y lo aprieto, no es el momento de dudar, ahora no.
Inhalo suavemente, exhalo y me dejo caer al suelo, mis pies desnudos casi no hacen ruido al chocar contra las baldosas frías, pero es suficiente para ellas, ambas se giran y comienzan a gruñir en mi dirección.
Contengo mis nervios mientras sostengo en mi mano sana uno de mis cuchillos, saldrá bien, tiene que salir bien.
Toc, toc.
Llamo a la puerta sabiendo que él me espera, sabiendo que al otro lado él está seguro de que va a matarme después de divertirse conmigo.
Toc, toc.
Vuelvo a llamar a la puerta tras la que se esconde el monstruo que tanto me ha quitado mientras las caminantes se acercan a mí.
-Entra de una vez hermanita.- Dice su voz al otro lado, con mi mano derecha giro el pomo al tiempo que suelto el aire que había estado reteniendo sin darme cuenta al notar como la puerta cede sin problemas.
Sin dedicarles una última mirada a las caminantes entro en la sala, esperad, pienso, esperad y pronto tendréis a alguien a quien poder morder.
Cuando entro él sigue en el mismo sitio, sentado en el puesto del director, pero evidentemente sin apoyarse en el respaldo ya que aún tiene mi cuchillo clavado, ojalá le hubiese dado en la columna.
Al verle ante la ventana los nervios me jugaron una mala pasada y fallé, por poco es cierto, pero lo suficiente para que tengamos que vernos las caras de nuevo.
-¿Y ahora?- Me pregunta cruzando las manos sobre la mesa como si fuera una reunión.
-No lo sé, es tú juego, tú decides lo que se hace en el ¿no?-
-A estas alturas ya deberías haberte dado cuenta de que también es el tuyo.- Esa falsa amabilidad me hace sonreír.
-¿Cómo puede ser también el mío si estás convencido de que vas a ganar?-
Ahora es su turno para sonreír.
En este momento no somos hermanos, hace mucho que dejamos de pensar el uno en el otro así, ni si quiera somos personas. Somos monstruos que se tantean el uno al otro, calculando la distancia entre los dos y la posibilidad de matar antes de morir.
-Es tuyo porque has decidido jugar conmigo, a fin de cuentas podrías haberte marchado sin más.-
-No,- niego, -eso no es ninguna opción para mí.-
Él me estudia, un frío reptil preparándose para morder. –Oh, ya veo,- asegura. -¿Crees que verme morir te ayudará a dormir mejor?-
Despacio, calculando cada movimiento me subo a la mesa y me siento sobre ella, así tengo un fabuloso ángulo de tiro. –Lo que sé es que no me quitará el sueño.- Le respondo con tranquilidad.
-¿Estás segura?- Pregunta acariciando con su dedo índice su pistola, una muda advertencia de que así yo también soy más vulnerable.
-Estoy dispuesta a comprobarlo.- Su sonrisa se expande aún más aunque parezca imposible, dándole un aspecto casi monstruoso.
-Bien, esa es la respuesta que esperaba.- Se pone en pie y apoya las manos sobre la mesa. –Juguemos.-
-¿A qué?- Le pregunto clavando mi cuchillo sobre la mesa ante mí, aceptando que mi vida depende justo de esto, de seguir sus reglas hasta que me sea posible jugar con las mías.
Solo tengo que aguantar un poco más.
Ethan finge pensar como si no lo tuviera decidido desde que falló el tiro en el pasillo.
-Seguramente no lo recuerdes, eras muy pequeña,- me mira pero yo no hago ningún gesto, me limito a devolverle la mirada esperando a que continúe. –El caso es que a mamá le encantaban los libros de J. R. R. Tolkien, en especial la historia de El Hobbit, era su preferida, nos la leyó a los dos de pequeños.-
El recuerdo de eso relampaguea en mi memoria por un segundo, la suave voz de mi madre diciendo: "En un agujero en el suelo vivía un Hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad." Las palabras me llenan la cabeza y me hacen darme cuenta de que Ethan cree que mis emociones son un signo de debilidad e intenta usarlas contra mí, pero precisamente lo que consigue no es hundirme, sino hacerme sentir más tranquila.
Porque a pesar de que no recuerdo del todo bien el tono de su voz, mamá significa seguridad, lo tengo tan profundamente asociado en mi interior que me cuesta mantener la expresión feroz en mi cara en lugar de sonreír relajada.
-Céntrate Ethan, estás persiguiendo mariposas.- Le digo dando unos golpecitos al mango de mi cuchillo.
Si mi actitud le sorprende no puedo saberlo, la sonrisa en su cara es como una máscara macabra de la que no puede desprenderse.
-Es sencillo hermanita, te propongo una serie de adivinanzas, el que gane matará al otro sin que el que pierda mueva un músculo para defenderse.-
-¿Eso es todo?-
No contesta a mi pregunta, solo espera, queriendo que me acerque para poder inyectarme su veneno, no es más que un reptil traicionero.
Golpear, esquivar, caer.
Ganar, retirarse, perder.
Vivir, sobrevivir, morir.
Aquí no hay término medio que sirva, o golpeo, gano y vivo, o caigo, pierdo y muero.
Los bellos de mis brazos están de punta debido a la tensión contenida.
No quiero jugar, quiero luchar, pero todavía no, aún no ha llegado mi momento, tengo que ser paciente, igual que lo fui mientras estaba encerrada en el armario.
-De acuerdo,- mi respiración no se acelera al aceptar sus reglas, reglas que los dos sabemos de sobra que no vamos a cumplir pierda quien pierda. –Empecemos.- Digo segura de que el tiempo se ha congelado dentro de este cuarto, y de que lo que respiramos no es aire sino muerte en estado puro.
Como sea pronto todo acabará, pero primero, las adivinanzas.
….
La tengo justo donde la quiero, por otra parte ella también está exactamente donde quiere estar, a menos de tres metros de mí.
Ginny es inteligente, rápida y letal.
Me pregunto si será suficiente, si logrará matarme antes de que yo le quite la vida.
¿Aunque? ¿Qué más da? Este es el juego final y es emocionante precisamente por eso, independientemente de cual sea el resultado.
Además está el asuntillo de que yo ya estoy muerto, soy consciente, aunque termine con Ginny y logre salir de aquí nada cambiará para mí, moriré igualmente.
Con el cuchillo en mi espalda, sin poder sacármelo ni curarme la herida, es algo que terminará pasando.
Como quien dice, causa y efecto.
Así que no tengo nada que perder, me pregunto si cuando vuelva siendo un caminante recordaré algo, o si solo quedará el ansia de comer y matar, lo que me dejaría en realidad más o menos como soy ahora, solo mi inteligencia se vería reducida.
Aunque si una menor inteligencia viene acompañada del olvido no me parece un mal trato en absoluto.
Sobre todo si así consigo que Beth desaparezca de mí mente de una vez por todas.
Aparto mi mano de la pistola y observo como Ginny quita la suya del cuchillo.
Bien, veamos hasta donde es capaz de llegar y cuanto le cuesta descubrir la verdad.
-Las damas primero,- digo burlón apoyando mi barbilla sobre mis manos entrecruzadas.
Ginny frunce el ceño pero tarda menos de lo que esperaba en proponerme un acertijo.
-Las raíces no se ven, y es más alta que un árbol. Arriba y arriba sube, y sin embargo no crece.-
-Sí me lo pones tan fácil esto no durara mucho Ginny.- La advierto divertido por esa adivinanza tan infantil.
-Si tan sencillo te parece di lo que es.- Me reta.
-Una montaña.- Chasqueo los dedos, -me toca.- Vuelvo a acariciar la pistola con mi índice y ella sin perder un segundo rodea con su mano el mango de su cuchillo, esto es tan parte del juego como las adivinanzas –Un ojo en la cara azul, vio un ojo en la cara verde. Ese ojo es como este ojo, dijo el primero, pero en lugares bajos y no en lugares altos.-
-¿Qué?- Parece desconcertada, tal vez esto dure menos de lo que creía.
-¿Ya te rindes?- La cuestiono divertido.
-Cierra la boca un mes, no he dicho eso.- Mientras repite despacio la adivinanza para sí misma, yo pongo el dedo en el gatillo y ella levanta el cuchillo.
-Es el sol,- dice cortando la tensión creciente con su voz calmada, -el sol que mira las margaritas.-
-¿Estás segura?- La reto.
-Sí, me toca.- No duda ni lo más mínimo, y deseosa como está de tomar ventaja sobre mí, ni siquiera me da la ocasión de que le diga que ha acertado. –Canta sin voz, vuela sin alas, sin dientes muerde, sin boca habla.-
-El viento,- la apunto con mi arma y ella pestañea sin darle importancia. –Mi turno, no puedes verla ni sentirla, y ocupa todos los huecos, no puedes olerla ni oírla, está detrás de los astros, y está al pie de las colinas, llega primero, y se queda; mata risas y acaba vidas.-
-Diría que hablas de tu alma pero eso sería demasiado evidente,- dice girando el cuchillo sobre la yema de sus dedos. –Así que si no es tu alma tiene que ser la oscuridad.-
-Premio para la señorita.- Vuelvo a dejar el arma en la mesa, y ella vuelve a clavar el cuchillo sobre la madera, sabe que ese es realmente el juego, las adivinanzas son solo una distracción, pensé que con lo de mamá la desestabilizaría, pero es más fría de lo que creía.
-Todos viven sin aliento, y fríos como los muertos, nunca con sed, siempre bebiendo, todos en malla, siempre en silencio.- Desclava el cuchillo, lo lanza al aire y el mango cae sobre su palma sin que sus ojos se desvíen de los míos ni un segundo.
-Eres buena lo reconozco.-
-¿Te rindes?- Es su turno de preguntar mientras la apunto de nuevo.
-Que va, son los peces, pero mantengo lo dicho, eres buena, no te distraes. Veamos si eres igual de rápida para responder a esto.-
Sus ojos se entrecierran como la lente de una cámara ajustando el objetivo.
-Sorpréndeme si es que puedes.- Es realmente lista, no deja de aguijonear mi ego.
-Sé algo sobre ti que tú no vas a reconocer.- Ella levanta una ceja en un gesto exacto al de Connors, lo que me hace darme cuenta de la cantidad de tiempo que ha pasado con la rubia.
…
-¿Y por qué estás tú tan seguro de que no lo reconocería?- Le pregunto pero él no contesta, ha llegado el momento, es este, justo este, ha cambiado el juego, ahora tengo que responder a una pregunta en lugar de a una adivinanza, las reglas ya no sirven de nada.
En cualquier segundo, el próximo pestañeo puede ser el último.
Se rápida, piensa, píllale desprevenido, piensa, hazle daño.
-Beth.- Cierro los ojos y echo la cabeza hacia adelante, apoyando mi barbilla sobre el pecho.
-¿Qué has dicho?- Hay tensión en su voz.
No levanto la mirada para comprobarlo, en su lugar sopeso el cuchillo en mi mano.
-He dicho Beth.-
-¿Por qué?-
-Porque ella tiene que ver con lo que tú nunca reconocerás.-
-¿Y qué es eso sí puede saberse?- Está tan convencido de su superioridad, que no se da cuenta de que él mismo es su peor enemigo.
-Que no la querías, nunca la quisiste porque no puedes querer,- levanto los ojos y los clavo en los suyos, -si había un motivo por el que te gustaba estar con Beth es porque era la única con la que no te sentías solo, aunque he de reconocer que no sé porque ella era diferente en ese sentido para ti.- Su cara se contorsiona por la ira de una forma que nunca había visto en nadie, ya casi está, solo un poco más. –Di la verdad hermano, lo que realmente te gustaba de ella era jugar con la idea de que fuera la única a la que le dejarías matarte porque sería precisamente la única jamás se atrevería.-
-Tú…- Sisea furioso y un poco de saliva cae por su labio inferior, como si fuera una serpiente a la que le gotease el veneno de los colmillos.
-Sé sincero,- insisto azuzándole como una perra de presa, -solo te gusta jugar si sabes que puedes ganar.- Digo saltando de la mesa justo cuando él dispara,entonces todo sucede muy rápido, actuando por instinto me meto bajo la mesa para darle una patada a una silla y aprovecho la distracción de Ethan a mi favor, ya que mientras él mira para ese lado yo salgo por el otro y le corto los tendones de los tobillos con un tajo limpio.
-Aaahhh,- chilla pero no dejo que eso me distraiga y le hago un segundo corte, esta vez detrás de las corvas.
Incapaz de sostenerse en pie cae hacia atrás y yo me lanzo hacia adelante, echándome sobre su cuerpo para clavarle el cuchillo en la muñeca derecha, de eso modo es incapaz de seguir sosteniendo ni un segundo más la pistola.
Aun así noto como se revuelve y me muerde en el costado, de ser un muerto sería un problema, pero Ethan no es un caminante aún.
Le doy un codazo en la cara obligándole a soltarme.
Conseguido eso me pongo de pie y cojo su pistola, a Carl le vendrá bien.
Al oír el disparo las caminantes del pasillo se han alterado y han comenzado a golpear violentamente la puerta.
Sorprendida me doy cuenta de que mi respiración apenas se ha alterado con el forcejeo, estaba demasiado ocupada pensando en donde cortarle con mi cuchillo como para asustarme pensando que podía morir.
Desde el suelo Ethan comienza a reírse como un desquiciado.
-Joder hermanita, has sido buena, muy buena.- A los golpes del pasillo se añaden los de Carl para tirar la rejilla y que tenga un sitio por el que escapar. -¿Y ahora?-
-Ahora tú mueres y yo vivo.- Nuestros ojos no se desvían, hay algo que nos conecta pero a la vez nos diferencia.
-¿Estás bien?- Me pregunta Carl preocupado desde arriba.
-Me ha mordido pero sobreviviré.- Tranquilizo a mi amigo mientras subo una silla a la mesa para alcanzar el conducto con más facilidad.
-La verdad sobre ti es que eres como yo, letal.- Suelta Ethan de la nada intentando picarme.
-Sé que soy letal, en parte tú me has enseñado eso de mí, supongo que debería estarte agradecida, pero no soy como tú, no te equivoques.- Niego sabiendo que no me estoy engañando, solo me limito a decir la verdad. –Tú matas para disfrutar del sufrimiento, si yo mato es para proteger a otros.-
-Pero no te arrepientes de quitar una vida.- Insiste queriendo llevarme a su terreno.
-Eso es porque no me arrepiento de sobrevivir.- Digo limpiando mi cuchillo en mi pantalón antes de dirigirme a la puerta.
-¿Gin?- La voz nerviosa de Carl me llega desde arriba, -te estoy viendo, no hagas tonterías.-
-Soy amiga tuya, así que supongo que ya es tarde para eso.-
-Que idiota eres.- Se mete conmigo de vuelta, pero percibo la ansiedad en su voz, a pesar de que he dejado fuera de juego a mi hermano me quiere lejos de él cuanto antes mejor.
Pero antes de marcharme me queda una última cosa por hacer.
-Te devuelvo todo el sufrimiento que has provocado.- Le ofrezco a Ethan girando el pomo para abrir la puerta, el empujón que dan las caminantes para entrar me impulsa hacia la mesa, sin mirar tras de mí subo sobre la silla y desde arriba Carl me echa los brazos para ayudarme a subir.
-Estás como una cabra, ¿lo sabías?- Me abraza con tanta fuerza que casi me corta la respiración. –Larguémonos.-
-Sí,- cuando se gira para buscar un conducto que nos lleve a las escaleras de incendios cierro los ojos para despedirme del monstruo que comienza a chillar mi nombre ahí abajo pidiéndome que vuelva para ayudarle.
Al fin la pesadilla se ha acabado, pienso aliviada notando como las lágrimas caen por mis mejillas, Ethan nunca volverá a hacer daño a nadie a quien yo quiera, jamás.
Sin embargo algo me dice que sus gritos me perseguirán en sueños hasta el final, sea el que sea.
….
El corte en mis tobillos me obliga a abrir los ojos tanto por el dolor como por la sorpresa ante la rapidez del ataque.
Pensé que al disparar para herirla que no matarla me lanzaría el cuchillo, así tendría un segundo disparo para poder divertirme con ella, no imaginé que se atrevería a acercarse a mí para atacarme.
Con idéntica precisión me hace otro profundo corte en las corvas de las rodillas, imposibilitándome completamente el mantenerme en pie.
Antes de que tenga ocasión de girar la pistola para pegarle un tiro ella clava su cuchillo en mi muñeca, tanto para castigarme como para cortarme el músculo flexor e impedir que pueda sostener el arma.
Voy a morir a manos de mi hermana pequeña, y joder, siendo sincero conmigo mismo estoy orgulloso de cómo ha conseguido desequilibrarme en mi propio juego.
Ha sido un momento digno de preservarse en un libro sobre psicología criminal, lástima que ya no hagan de esos.
Con saña le clavo los dientes en el costado, pero antes de que me sea posible tirar de su carne para desgarrarla ella me golpea con el codo justo sobre el ojo haciendo que vea las estrellas.
Mientras tanto noto como la sangre se desliza de mis heridas empapando la moqueta bajo mi cuerpo.
Ginny se pone de pie después de guardarse mi pistola y es sencillamente magnifica, ha superado las expectativas que tenía sobre ella con creces, es una asesina controlada y pragmática.
Sin poder evitarlo comienzo a reírme sin control.
-Joder hermanita, has sido buena, muy buena.- A los golpes del pasillo se añaden otros en la rejilla del conducto de ventilación. -¿Y ahora?- Le cuestiono con genuino interés.
-Ahora tú mueres y yo vivo.- Responde de manera tan cortante como su cuchillo, y durante un instante nuestros ojos no se desvían, nuestra capacidad para derramar la sangre de otros sin remordimientos nos conecta más de lo que cree, solo nos diferencia su estúpida conciencia.
-La verdad sobre ti es que eres como yo, letal.- Quiero que lo reconozca, antes del final, necesito que lo haga.
-Sé que soy letal, en parte tú me has enseñado eso de mí, supongo que debería estarte agradecida, pero no soy como tú, no te equivoques.- Se empeña en negar con terquedad que nuestra similitud sea mayor, que nuestra en este momento imperceptible diferencia. –Tú matas para disfrutar del sufrimiento, si yo mato es para proteger a otros.-
-Pero no te arrepientes de quitar una vida.- Insisto deseando que se dé cuenta de que si se desprende de su conciencia será imparable.
-Eso es porque no me arrepiento de sobrevivir.- Dice limpiando su cuchillo mientras yo espero que me dé el golpe de gracia.
Estando así, a un par pasos de caer para siempre en la espiral de oscuridad que gobierna mis sueños la observo con absoluta atención mientras habla con Carl, ese niñato, lástima que todo haya sucedido antes de que me tomase un rato de calidad con él.
Ha tenido suerte.
Me pregunto que habría quedado del pequeño microbio después de ver como su padre y Michonne se peleaban a muerte por él.
Me distraigo tanto con ese pensamiento que no me doy cuenta de que Ginny se detiene ante la puerta de la sala de reuniones que los caminantes hambrientos no dejan de golpear, desesperados por entrar en busca de comida.
-Te devuelvo todo el sufrimiento que has provocado.- Dice Ginny fría como el metal bien forjado abriendo la puerta del despacho, consiguiendo así que algo desagradable se deslice por mi columna.
No, el juego no es este, ella tiene que matarme, tiene que ser ella. No puede dejar que muera así, la rabia me arde en las venas. Es una jodida tramposa de mierda.
Una rata rastrera no mejor en lo más mínimo que el estúpido del Gobernador.
Las caminantes, ambas de cabellera negra se acercan a mí, mujeres jóvenes las dos, y ambas profundamente hambrientas de carne humana, con el brazo sano intento alejarme de ellas mientras más caminantes entran, pero ellas serán las primeras en alcanzarme.
Lo sé, hay algo visceral en sus ojos vacíos, una especie de odio fundido por la muerte, casi como si ellas supieran quien soy y lo que he hecho.
Absurdamente me detengo en los detalles de ambas sin poder evitarlo. Una aún conserva sobre su rostro destrozado unas gafas rotas, es la que lleva la camiseta negra en la que pone The wolves love sobre una luna llena.
La otra tiene una larga cabellera que debía ser bonita mientras estaba viva, esta al contrario que la otra lleva una camiseta blanca en la que pone Lucero en letras negras.
-GINNY,- chillo sabiendo que volverá, que no me dejará así si la llamo. –Te lo suplico, no me abandones por favor, eres mejor que yo, Ginny.- La caminante de la camiseta negra se cae y con ferocidad provocándome un dolor atroz me muerde en el estómago arrancándome la carne del cuerpo, exponiendo mis órganos calientes a sus mandíbulas implacables. –NOOO,- chillo queriendo alejarla, -no- susurro aterrado al ver como la otra se queda ahí parada, casi como si se estuviese recreando en lo que su compañera me está haciendo.
-No, vete.- Susurro notando el sabor ocre de la sangre invadiendo mi boca mientras soy devorado, pero las palabras parecen ser las equivocadas ya que la sacan de su ensimismamiento.
Lucero se deja caer de rodillas y sus dedos helados aprietan con sorprendente fuerza sobre mi cuello, la muerte… Ellas son la muerte y no puedo escapar, abro mis ojos con espanto, mi último pensamiento coherente mientras la mujer de la camiseta blanca se lanza sobre mi boca arrancándome los labios de un brutal mordisco, es que yo no soy el rey de nada, solo otro patético idiota muerto… Después más caminantes se echan sobre mí para devorarme y todo lo que siento es más dolor del que jamás imaginé que pudiera existir en este mundo.
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Hola almas corsarias.
Todas esperabais este momento, más que eso, lo deseabais, y por fin aquí lo tenéis, la muerte de Ethan Diggory Ford, espero haber estado a la altura y que os haya gustado.
Está especialmente dedicado por su aparición estelar como caminantes a Luceronava00 y a Thewolveslove, quienes me hicieron esta petición hace mucho tiempo. Gracias por todo el apoyo y siento la espera.
Tambien gracias por votar y comentar y odiar a Ethan a Kisalifibaeni, a Debie_Daryl y a are221099
Y gracias también en Fanfictió a poty90.
