Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 57.


El sobre manila cayó sobre la mesa de centro de la sala.

Ella jadeaba, aún espantada por lo que acababa de vivir hacia pocas horas, aunque hubiera sido en la mañana, para ella como si apenas hubieran pasado quince minutos.

—Qué bueno que accedí a tu llamado. —Tomó los documentos, estirándose lo menos que podía del mueble. Parecía un monigote ahí, con las piernas bien abiertas y los brazos extendidos en el respaldar—. Gracias por esto.

—Tómalo todo, ya no quiero saber nada de eso. —Se sobaba los brazos como si tuviera frío, aunque cargaba un abrigo blanco tejido a mano—. Por culpa de esas malditas fotos, casi acaban con mi vida.

—Ah, ¿sí? También me pasó. —Seguía con esa extraña expresión fría y relajada, como si algo en él se hubiera liberado por fin—. Pero yo fui más listo.

—¡No es broma! —Gritó, al tiempo que golpeaba la mesa. Miroku cerró los ojos después de aquel grito, no soportando mucho aquella actitud—. ¡Casi me matan!

—¡Tu maldita amiga, a esa que ayudaste a destruirme…! —Se levantó de golpe y paró su expresión en seco; se dio cuenta de que estaba siendo muy grosero y agresivo. Suspiró, a la vista temblorosa y aguada de la fémina—. Me separó de Sango justo antes de casarme con ella y enterarme de que está esperando un hijo mío.

Volver a recordar aquel momento en la mañana lo hizo querer llorar, así que se sentó de golpe, intentando controlar sus emociones. Sentía que si no hacía algo, se iba a volver loco.

Kagura sintió una punzada en su pecho: no creía hasta dónde había llegado esa perra infeliz de Yura, pero al punto de destruir a una mujer embarazada, ya le parecía de lo más bajo. Ella supo que él pensaba que no estaba hablando literalmente de matarla, así que prefirió callar. No le parecía acertado contarle su experiencia reciente a manos de Kōga.

Recordar su nombre le daba escalofríos.

—Lo siento, supongo que jamás se comprará. —Atinó a decir, abrazándose más. Lo vio ahí, encogiéndose de hombros y con expresión sombría, encorvado, sosteniendo sus brazos en las rodillas y mirando hacia la nada.

La única luz que iluminaba ese departamento era una lámpara en la cocina. Ella también suspiró, sintiéndose muy miserable: parte de la culpa también era de ella.

—Es igual… ella me odia.

—Lo lamento, yo solo quería dinero y Yura me lo ofreció. —Confesó, recordando el día exacto en que ella se lo había pedido.

—¿Aceptaste romper a dos personas solo por dinero? —Rio sarcástico, sin podérselo creer.

Kagura sintió una ola de odio recorrerla. Nadie sabía por lo que ella había tenido que pasar.

—Mira, niño rico, quizás tú naciste en cuna de oro, pero otros no podíamos costearnos ni la comida del diario, en ocasiones, así que mejor cállate.

—Pues si hiciste algo como eso por dinero, no imagino qué otros trabajos sucios estás dispuesta a hacer. —Comentó descuidado, sin medir sus palabras. ¿Desde cuándo se portaba como un infeliz patán?

Pero la aludida le soltó un certero golpe en la cara, desde su ángulo. Miroku se quedó en silencio, asimilando el golpe. Ella temblaba, estaba a punto de llorar. Tenía los nervios de punta y no iba a soportar un insulto o humillación más y mucho menos de un asqueroso hombre.

—¡Imbécil! Estaba pensando en ofrecerte mi testimonio para que recuperaras a tu familia, pero no mereces ni siquiera mi compasión. —Se dio la vuelta para empezar a caminar hacia la salida lo más rápido que le dieron las piernas.

—¡Kagura, en serio lo siento! —Miroku extendió la mano desde ahí, sin dar un paso.

Volvió a caer en el sofá de InuYasha mientras resoplaba y escuchaba el portazo.

Todo quedó en silencio.

Era un completo imbécil.


Llegó al encuentro tan esperado y lo miró de frente, con aquella expresión vacía y desafiante que la caracterizaba. Para esa hora de la noche, había experimentado demasiadas emociones, así que ya no le espantaba mucho lo que pudiera decir en ese momento.

Se miraron un largo momento en silencio. Él seguía fumando su habano, llenando la oscura habitación con el humo blanco que salía de su boca.

—No sé cómo te enteraste, pero seguro que estás aquí por lo de Yura. —Soltó una risa que ella no supo identificar, pero le dio escalofríos—. ¿Me dirás «te lo dije»? Ahórrate los sermones.

Por un momento desvío el tema, entendiendo a lo que se debía.

—Francamente… no me importa demasiado si Yura los engañó. Sango se lo merecía —los sentidos de Kōga se pusieron al mil, abriendo los ojos de golpe— y tú también.

Se levantó de inmediato de su silla giratoria y apoyó las palmas de la mano sobre el escritorio, muy sorprendido.

—¿Qué dices?

—¡Esto! —Tomó algo de los bolsillos de su enterizo negro y lo lanzó certeramente al mueble—. No te hagas el imbécil.

Kōga vio caer el objeto y sintió que le dio un paro cardíaco apenas lo reconoció. No, no podía ser, eso tenía que ser una broma.

—Kikyō, ¿cómo…?

—¿Cómo lo conseguí? ¿O cómo supe quién era el editor de tremendo arte pornográfico e incestuoso? —Sonrió con sarcasmo, esperando que no tuviera los huevos para seguir mintiéndole en su cara. Lo vio tomar aquel ligero disco y romperlo de pronto—. «¿De verdad conocen a InuYasha? Y si es así, ¿por qué siguieron con su compromiso con Kikyō?» Qué lindas notas de autor, primo.

—Tú-tú no deberías haber visto esto, Kikyō. —Estaba temblando de vergüenza y de otros sentimientos. Malditos infelices: InuYasha y Kagome. Tenían que morirse o él mismo se encargaría de mandarlos al otro mundo.

—Oh… ¿querías que siguiera engañada con aquella bestia incestuosa?

—¡Pero ya te habías separado de él, no había necesidad…! —Le alzó la voz, mirándola con los ojos inyectados de odio.

—¡Cállate, Kōga, no me grites, no seas insolente! —Empezaba a hartarse después de todo eso. Nunca en su vida había gritado tanto y francamente se sentía cansada—. ¿Desde cuándo lo sabes? ¿Cómo te enteraste? ¡Y dímelo ya, sin rodeos!

Ikeda se quedó en silencio, tragando fuerte. Con Kikyō era la única persona que no podía actuar agresivo. Ella era su prima, aunque no corriera por sus venas la misma sangre, eran familia. La quería mucho y sabía que había hecho mal en ocultarle eso, pero no sabía cómo decirlo.

A quién iba a engañar, también usó todo eso a su conveniencia. Y ahora que ya no habría nada que atara a Kagome a permanecer amenazada por él, de seguro que todo había sido en vano.

—Los vi hace un par de meses besándose en uno de los pasillos de la editorial. Fue muy repugnante y créeme que quise decírtelo, pero no supe cómo hacerlo, Kikyō.

La imagen de ellos teniendo sexo le inundó de nuevo la mente y sintió que la razón se le nublaba. No podía superar esa escena, no podía borrar sus gemidos de la mente, era tan asqueroso… quizás ella también estaba traumada con eso.

—No mientas, de seguro usaste eso para chantajear a Kagome y que se acostara contigo, ya que es obvio que ella no tiene ningún interés en ti. —Lo supuso y pudo confirmarlo con la expresión de frustración que puso su primo. Siempre se dio cuenta que algo andaba mal en el «noviazgo› de Kōga y Kagome—. ¿Por eso de pronto apareciste con Yura? ¿Para darle celos?

—¡Esa perra infeliz me envenenó y casi me mata! —Intentó defenderse, pero en vano.

Vio a Kikyō negar con decepción, mientras lo miraba con desprecio.

—Definitivamente todos ustedes merecen las porquerías que les está pasando. Son todos una bola de traidores aprovechados, siento tanta vergüenza…

—¡Kikyō! —Intentó detenerla, mientras la veía acercarse a la puerta de su oficina. Aunque ya poco se divisaba, debido que la única luz encendida era una pequeña lámpara que estaba a lado de su computador. Le gustaba estar en la editorial a media noche cuando tenía cosas en qué pensar—. Voy a vengarme de ella.

Kikyō le dio una última mirada despectiva y cerró la puerta de un golpe.

Todos podían irse al infierno.


Se disponían a cenar cuando el teléfono de su casa empezó a timbrar. Midoriko fue a contestar y casi tira el auricular por la mierda.

—¡En seguida vamos para allá!

—¡¿Qué sucedió?! —Inquirió Tōga, viéndola con desesperación.

—Kagome…nuestra Kagome está internada.

—¡¿Qué?!

No pasó demasiado tiempo para que el Taishō mayor tomara el auto de la familia y los llevara hasta la clínica de cabecera. Condujo lo más rápido que pudo. InuYasha empezaba a sudar frío y no dejaba de preguntar qué era lo que Bankotsu le había dicho.

Nada, no habían muchas explicaciones, solo que estaba herida y debían cocerle el corte que tenía en el hombro. ¿Cómo que un corte en el hombro? Todos parecían igual de confundidos, ya que eso era prácticamente imposible.

Apenas llegar, InuYasha casi se tira con el carro andando hacia la entrada del centro de salud. Cómo ya era conocido, lo dejaron pasar en seguida.

—¡Bankotsu! —Lo llamó, apenas pudo divisarlo saliendo de una habitación.

—Oh, InuYasha, qué bueno que han venido. —Con su típica expresión optimista (no alegre) y simpática, hizo una pequeña reverencia.

—Déjate de tonterías, ¿en dónde está mi hermana?

—¡Doctor! —Llamó Midoriko, tras ellos.

—Disculpe a mi hijo, Bankotsu, ya sabe cómo es.

—No hay problema, Tōga. Kagome está bien, no se desesperen. Logramos suturar su herida y ahora está descansando. —Todos respiraron con alivio, sin poderlo evitar.

InuYasha pidió verla aunque fuera de lejos, así que el médico le indicó la habitación en donde estaba, advirtiendo que no despertaría pronto.

A él no le importó. Mientras sus padres afinaban detalles sobre la internación de Kagome y preguntaban qué era lo que había pasado, él fue a verla lo más rápido que pudo.

Le palpitó el corazón con fuerza cuando la vio ahí, con expresión de dolor, indefensa y herida. Le parecía que era su culpa haberse alejado de ella por una estúpida pelea. En ese momento ya no se trataba de si tenían o no sexo, de si eran o no hermanos… se trataba de la vida de Kagome. Y con la vida de ella, nadie jugaba.

Pasó alrededor de dos horas ahí, sentado, sin despegarle un ojo de encima. Sus padres habían estado ahí un rato, viéndola, acariciándole pelo y hablándole con ternura. Nunca había visto algo como eso, pero admitía que se llenaba de regocijo al ver el amor que le tenían a Kagome.

Él no la tocaba, pero la abrazaba con el alma. Salieron después de varios minutos a tomar un café y a respirar aire puro, en lo que Kagome despertaba.

Quisieron dejarle un rato a solas a InuYasha para que pensara en lo que quisiera, ya que se veía muy reflexivo en esos momentos. Pronto tendrían que saber la versión de Kagome sobre los hechos y sería ahí donde estaría el punto clave.

Apenas se escuchó un gemido de dolor, InuYasha se puso alerta. En menos de cinco segundos estuvo casi sobre su hermana, tomándola de la mano.

No dijo palabra, tenía muchos nervios de lo que pudiera ocurrir. Quería verla despertar bien antes de llamar a alguien.

—I-Inu-Ya-sha… —Pronunció despacio, como si le pesaran los labios para hablar.

—Kagome… —susurró, con el corazón desbocado—. ¿Cómo te sientes, Kagome? ¿Quién te hizo esto?

La sintió apretarle un poco el agarre de las manos y se quedó en silencio.

—T-ten cuidado, InuYasha… —jadeaba, sintiendo que el aire le faltaba. Los estragos de la medicina y el suero la tenían mareada—, Kikyō… Kikyō lo sabe todo.

—¿Qué dices? —Se puso pálido como el papel. Supuso al instante a qué se refería y también sintió pánico.

—E-ella me h-hizo esto…

Continuará…


¡Vaya! Este capítulo atrajo muy buenas críticas y noté que mencionaron novelas mexicanas aquí. Es un honor, me aparece que muchas de las mejores y más dramáticas historias de amor que he visto salieron de alguna novela mexicana. ¡Muchas gracias a todos por sus comentarios tan hermosos! Siempre extensos. Muero de amor.

Azucena Osuna1: ¡Fuiste el primer comentario del capítulo y me alegro tanto de que te hayas animado a comentar! Es muy grato para mí que te guste. Pásate más seguido.

InuKag89: ¡Ya te extrañaba mucho! Siento si tal vez la reacción de Kikyō fue extrema, pero traté de tomar elementos de su personaje para armar la escena y eso salió ;( Con Sango igual no es tan directo el odio. Con todo el ajetreo es algo complicado, pero sí que estarán juntos uno del otro. Además, como todo esto pasa en cuestión de un par de días, es difícil. Sí, justo por eso estudié lo de la anulación del matrimonio, gracias por notarlo. Tardé mucho en estructurarlo, pero lo logré. Mejor a Kōga JAJAJAAJ No te preocupes, amé completamente tu comentario y tu perspectiva de cada cosa que pasa. Es realmente maravilloso. Gracias.

Abrilquintana1904: ¡AMO TU COMENTARIO HSHSS! Toda dramática que soy, sí o no XD

Chechy14: siempre tan buenos tus comentarios. Me alegro que estés tan pendiente de cada actualización.

Imoue995: ¡Me hace tanto bien verte seguido por aquí! Gracias por pasarte y dejarme tus críticas tan hermosas siempre, me hacen el día. Se viene una escena fuerte MirSan, en lo personal, la más dolorosa y mi favorita. ¡Es hermoso que mi escritura pueda ser percibida de manera tal! Estas cosas me hacen feliz.

Elyk91: Nada, ha sido un gran honor para mí tenerte como lectora. Mil gracias por tus comentarios y análisis de mi fic.

AIROT TAISHO: GRACIAS POR VOLVER AL CAMINO DEL BIEN luego de haber descubierto este fanfic plagiado en Wattpad. Me alegro de haberte causado tanta impresión, es tan satisfactorio, justo lo que quería.

Gaby: ¡Claro que te creo! Y no sé si mi fic merezca tus lágrimas, pero sí que las aprecio mucho. Supongo que la escritura y la música deben haberse combinado para acabarte aún más. Es el objetivo, el arte hace esto. Amo que te pases más seguido. ¡No puedo creer que sentiste pena por Yura! Esto es un milagro entre los lectores. Lo de Sango lo dudo un poco. Puede tomarte el tiempo que desees, aún hay nota para algún par de meses, capaz.

Iseul: LEÍ COMO 3 VECES EL REVIEW SIN PODER CREERLO. ¿EN SERIO TE CAUSÉ TANTA IMPRESIÓN? DIOS, QUÉ HERMOSO. Amo lo mucho que entiendes a los personajes y cómo empatizas con ellos. Es a propósito que hice que Kikyō tuviera esa reacción y se refleja en el fic: van a tener una contradicción porque van a querer odiarla, pero saben que ella no tiene la culpa, que es una víctima. Eso pasa con el resto de personajes. GRACIAS POR APRECIAR TANTO MI TRABAJO. LLORO.

Invitado: ¡Amé este comentario! Mil gracias, aquí están siempre las actualizaciones. Qué bueno que puedo hacerlo seguido y generarte tantas emociones, es realmente hermoso para mí.

Aomecita: NO PUEDO CREER LO RÁPIDO QUE LLEGASTE HASTA AQUÍ. Perdón por todas las rabietas.

Uf, largos los agradecimientos de hoy, pero nunca alcanzarán las palabras para expresar mi emoción y agradecimiento con todos ustedes. Esta historia ahora ha superado las 62 mil visualizaciones. Es toda una locura.

En el próximo capítulo:

«—Kōga, me han herido y tú…

—Ojalá te hubieran matado, maldita perra aprovechada. —Esta vez, arrastró cada palabra con odio. Sentía ganas de estrangularla, pero a diferencia de Kagura, a Yura sí que la quería matar.

[…]

Lo había hecho: había arruinado el rostro de esa perra.

[…]

—InuYasha, la próxima vez que Kikyō haga algo como esto, levantaré cargos contra ella. ¿Te queda claro? —Sango habló y parecía una orden. Él asintió, sin remordimientos.

—No, Sango… —Kagome también sentenció—, no lo hará, pero, de todas formas, ha sido mi culpa y debo enfrentarlo.

—Cállate, tonta, eso no volverá a pasar, ya que yo te voy a proteger»