No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Edward soltó un profundo suspiro cuando él e Isabella entraron en su habitación vacía. Al fin solos.
Resultó que el paseo por la costa al atardecer había sido increíblemente romántico y que habían tenido la suerte de tener un taxista muy discreto que parecía esperar que manosearan todo el viaje.
—Se terminó el tiempo para el romance —dijo Edward, atrayendo a su sonriente mujer a sus brazos—. El resto de esta noche es todo sobre sexo.
—Gracias a Dios. —Ella capturó su rostro áspero por la barba entre las manos para poder besarlo con labios, dientes y un montón de lengua.
Su polla había estado medio dura en el taxi; ahora estaba dolorosamente listo para ella. Se despojaron impacientemente de sus ropas de camino al dormitorio. Él chupó y besó cada pulgada de su deliciosa carne, pasándole las manos sobre el cuerpo con la necesidad de demostrarse a sí mismo que ella estaba realmente ahí y que realmente era suya.
Cuando ella comenzó a rogar por que la poseyera, las manos tirando de su cuerpo con desesperación, él se bajó de la cama y corrió a su maleta. Isabella levantó la cabeza de la almohada y arqueó una ceja.
—¿Qué estás haciendo?
—Traje algunas cosas para intensificar el viaje.
Sacó un kit de artículos de baño de la maleta y lo abrió. Estaba diseñada con compartimentos para botellas de shampoo y otros artículos de tocador, pero él había llenado como si fuera un arsenal de vibradores, lubricantes y otros juguetes sexuales. Isabella rió.
—¿En serio trajiste eso en el avión? Algún agente de la AST* se llevó una sorpresa al inspeccionar tu equipaje.
—Estoy seguro de que han visto cosas mucho peores.
Él sacó dos botellas de lubricante, uno que se ponía caliente con la fricción y el otro frío.
—¿Qué se le apetece, Sra. Cullen? —Su esposa nunca necesitaba lubricante, su coño siempre estaba empapado para él, pero él disfrutaba la estimulación extra concedida por la ayuda marital adecuada.
Sonrió al pensar en sus juguetes de esa manera. Sobre todo, porque ayuda marital encajaba. Finalmente estaba casado con su mujer perfecta.
—Caliente adelante. Frío atrás.
Edward se quedó helado.
—¿Quieres probar anal de nuevo? —¿Ella se olvidaba de que ésa era una habilidad que él nunca había dominado?
—Sí. Quiero. —Su voz se había quedado sin aliento.
—De acuerdo, pero sabes que no soy muy bueno en eso. Si realmente quieres algo de buena acción por la puerta trasera...
—Si dices que deberíamos llamar a Garrett, te encierro en el balcón y te hago dormir ahí con las gaviotas.
Él había estado a punto de mencionar a Garrett, pero no era tan tonto como para admitirlo.
—Traje esto.
Sacó un corto, grueso y abultado vibrador del estuche. Tenía dos anillos de cerca de un extremo para poder agarrarlo con los dedos. Él observó el cuerpo de Isabella estremecerse desde donde estaba junto a la cama.
—Eso servirá—dijo ella, la mano deslizándose hacia abajo sobre su vientre, los dedos presionando entre sus pliegues.
Edward la observó tocarse con la boca abierta.
—¿Vas a hacerme esperar? —preguntó ella.
Él la tomó por las caderas y la atrajo hacia el borde de la cama, besándola brevemente antes de voltearla sobre el estómago, las piernas colgando del borde del colchón y los dedos de los pies apenas tocando el suelo. Mientras aplicaba el lubricante caliente en su resbaladizo coño, se aseguró de frotar un saludable suministro en su clítoris. Estaba seguro de que había untado suficiente en su carne expuesta cuando ella gritó con un orgasmo que le sacudió el cuerpo.
—Edward —gimió ella, su nombre amortiguado contra las mantas donde su rostro estaba hundido. Él untó su entrada trasera con el lubricante frío y cubrió el vibrador con una gruesa capa. —Apúrate —jadeóella, retorciéndose en la anticipación.
Él añadió lubricante caliente adicional a su polla antes de tocar la apertura de ella con la cabeza. De pie detrás de ella, la reclamó lentamente, queriendo que ella sintiera cada centímetro de él mientras entraba en territorio más profundo. Cuando no tuvo más que darle, se retiró lentamente hasta que estuvo libre de su cuerpo. Ella gimió cuando él repitió su lenta y cuidadosa invasión, seguida por una completa retirada. Una y otra vez. Cada vez que se presionaba profundamente, aumentaba ligeramente el ritmo.
Cuando estuvo seguro de que ella estaba concentrada en la sensación de su polla dentro de ella y nada más, encendió el vibrador. Todo el cuerpo de ella se estremeció con anticipación. Él sonrió para sí mismo al cambiar de táctica; no darle lo que ella creía que se avecinaba. En su lugar, empujó en su coño cada vez más caliente más y más rápido hasta que ella estuvo balanceándose en respuesta para encontrar cada embestida.
Cuando su espalda se arqueó y su coño se apretó sobre su distraída polla distractoramente caliente, él le tocó el culo con el vibrador y lo deslizó más profundo. Ella acabo con tanta fuerza que la sensación de su coño apretándose casi lo arrastró con ella. Y santo Dios, el vibrador en el culo de ella se sentía increíble contra su polla.
Comenzó a experimentar con ángulos, tensión y velocidad, conteniendo el orgasmo durante tanto tiempo como pudo mientras encontraba el movimiento perfecto de forrar su coño y embestir ese delicioso vibrador en su culo. Estaba tan concentrado en su propio placer que era sólo ligeramente consciente de la excitación de su esposa; lo suficiente para saber que ella también disfrutaba.
Fugazmente, pensó que debería haber optado por un anillo para su polla para prolongar esta experiencia mientras alcanzaba su pico y se dejaba ir dentro de ella. No estaba seguro de quién gritaba más fuerte, temblaba más fuerte o experimentaba el placer más intenso, pero no había nada en el mundo más perfecto que acabar con su mujer.
El vibrador, provocando su polla a largo de su intenso orgasmo, se volvió demasiado para soportarlo. Todavía con espasmos de la excitación, lo sacó y luego se derrumbó sobre la espalda resbaladiza por el sudor de Isabella.
Ella murmuró algo ininteligible en las mantas debajo de su rostro, y él gruñó algo igualmente incomprensible que tenía la intención fuera un "¿Qué dijiste?" Aparentemente, Isabella comprendía el idioma post orgasmo enloquecedor de Edward, porque volvió la cabeza y dijo.
—Te amo.
Él gruñó un sentimiento en respuesta, el cuerpo todavía esforzándose para respirar, lamente aún en blanco con la dicha. Le tomó un tiempo encontrar la fuerza para moverse sobre la cama y tirar de Isabella en sus brazos. Con el rostro enterrado en el cabello perfumado de Isabella y una sonrisa de satisfacción en su rostro laxo, Edward estaba casi dormido cuando ella se tensó de repente y saltó, tomando una almohada para cubrirse los pechos desnudos.
—Hay alguien en el balcón —dijo.
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*AST: Asociación de Seguridad y Transporte.
SE METIERON A ROBAR AIUDA! ¿Quién estará en el balcón? ¡Que intriga! No olviden dejar un lindo comentario, tampoco olviden pasarse por nuestro hermoso grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.
¡Nos leemos pronto!
