El primer instinto de Lexa Woodward al ver a Clarke Griffin de pie en el umbral de la puerta del apartamento de su mejor amiga Octavia, fue el de abrir sus ojos con impresión y disponerse a cerrar la puerta inmediatamente algo tomada por sorpresa.
Clarke metió la puntera de la bota entre la puerta y el marco para detener el avance de la puerta y apoyo rápidamente la mano impidiéndoselo.
—No, espera por favor —le pidió Clarke viendo claramente la intención de ella de eludir aquella visita y conversación—. No me cierres.
Lexa que se volvió hacia el salón comenzó a alejarse de la puerta, y Clarke abrió y entró, cerrando tras de si.
—¿Cómo has sabido donde encontrarme? —preguntó Lexa a las claras volviéndose a mirarla inquieta situada en medio del salón.
—Oí a Maddie en casa decirle a Ilian que pasarías la noche aquí —respondió Clarke cerca de la puerta justo antes de dar un par de pasos hacia el interior del salón—. Y le pregunté donde vivía Octavia.
—Y te lo dijo así como así... —murmuró Lexa dando por hecho que había sido así.
Clarke asintió con la cabeza e intentó excusar a la pequeña.
—No te enfades con ella, le dije que debía hablar contigo de algo importante, y estaba tan contenta por lo de tu otra hermana que simplemente me creyó.
A Lexa aquellas palabras la pillaron fuera de lugar.
—¿Qué le ha pasado a Ontari para que Maddie estuviese así? —quiso saber ella un tanto desconcertada.
Clarke que se apresuro a negar disponiéndose a aclararle.
—A Ontari no, creo que se refería a tu otra hermana, a Luna.
El rostro de Lexa cambió súbitamente e inconscientemente dio un paso hacia ella.
—¿A Luna? —murmuró ella algo queda y repentinamente nerviosa—. ¿Qué... qué le ha pasado a Luna?
Clarke que entreabrió la boca no supo bien que contestar a ello, pero no quiso tampoco dejarla sin respuesta por lo que le transmitió lo que había oído estando en la casa.
—Por lo que oí, ha salido de la UCI y la han pasado a una habitación. Ilian dijo que tenía mucho mejor color desde que le habían retirado el respirador y que los médicos estaban siendo optimistas con respecto a eso.
Lexa que sintió que prácticamente el suelo desaparecía bajo sus pies, se quedo sin respiración por unos segundos teniendo que apoyar la mano del sofá.
Clarke que se asustó un poco al verla así se apresuro a sostenerla para que se sentase.
—Eso son... son buenas noticias —intentó alentarla Clarke mientras la ayudaba a bordear el sofá para que se sentase—. Estoy segura de que todo va a estar bien con ella, calma, tranquila. El Shallow Valley es muy buen hospital y cuenta con grandes médicos.
Lexa que se encontraba temblando logró sentarse sobre el mullido sofá, y se abrazó a la toalla procesando aquella pequeña pero importante información.
—¿Por qué no me contaste nada? —le preguntó Clarke al tiempo que tomaba su mano queriendo transmitirle animo y fuerza en un gesto apenas consciente—. Podría... yo podría... no sé, haber... hecho algo por ti.
Realmente Clarke no sabía que podría haber hecho de Lexa habérselo contado. Conocía detalles de la vida de los Woodward y de los implicados en el caso por los informes que había recibido por parte de sus jefes, pero una cosa era leer algo así sobre el papel y otra muy distinta enfrentarse a una situación así en la vida real. Además, aún quedaban muchas preguntas sin resolver.
Al principio en aquel primer día había intentado que Lexa le hablase un poco de todos, pero no había conseguido sacarle apenas palabra alguna sobre Luna, salvo que ya no vivía con ellos.
Consciente de la realidad Clarke se había propuesto en ese momento no insistir y mucho menos presionar al respecto.
La noche anterior Lexa había decidido compartir tantas y tantas cosas intimas con ella que pensó que en algún momento mencionaría lo ocurrido con su hermana, pero no fue así, no lo hizo.
—¿Lexa? —musitó Clarke al sentirla temblar bajo aquella blanca y suave toalla que la envolvía.
Al no recibir respuesta y verla tan afectada, la rodeo con el brazo por la cintura sin soltar su mano queriendo apoyarla en lo que fuese que estuviese pasando en aquellos momentos, y se preocupó bastante no pudiéndose resistir.
—Fue culpa de él, ¿verdad? —se atrevió a preguntar Clarke con cautela—. Del tipo al que pegaste anoche.
Lexa que se la temblorosa mano al rostro cerrando los ojos negó imperceptiblemente.
—No lo fue... —susurró ella apenas audible sin mirarla, Clarke que no esperaba oír una respuesta así levantó ligeramente la cabeza de sus juntas manos para verla.—. Fue la mía...
Lexa que apartó la mirada cerro nuevamente sus ojos sintiendo la mano de Clarke posarse ahora sobre su hombro, y se apartó instintivamente prefiriendo no seguir por ahí con la conversación.
Lexa se puso en pie esquiva tratando de salir del paso trastabillando un poco abandonando la cercanía del sofá.
—Se... será mejor que... —dijo Lexa dirigiéndose hacia la puerta algo sobrepasada por la situación—. ...vaya a... que regrese a casa con... ellos...
Clarke que se puso en pie al verla así cruzó el salón a grandes zancadas, y cerró la puerta según la abrió Lexa.
—Lexa para por favor, detente —le pidió la rubia volviéndose a verla a los ojos parandola por la cintura ya que parecía no ser consciente de seguir en toalla—. No puedes salir así, mira como vas.
Lexa que se miro de lo más inquieta sintió la calidez de sus manos sobre la tela que reposaba hasta hace un segundo sueltamente sobre su piel y tragó despacio.
—¿Por qué haces esto? —preguntó Lexa con un hilillo de voz cuando al levantar lentamente sus verdes y cristalinos ojos con los ojos—. ¿Por qué te preocupas así por mi?
Clarke que se la quedo viendo a los ojos, no pudo evitar inadvertidamente bajar la mirada a sus labios tragando despacio y por una vez en mucho, muchísimo tiempo fue del todo sincera consigo misma y con ella.
—Porque me gustas —susurró la rubia policía a muy escasos centímetros de sus labios deleitándose en su hermosa visión—. Me gustas demasiado Lexa, me gustaste desde el primer momento en que te vi.
Lexa que no esperaba escuchar nada tan sincero como aquello, examinó sus ojos en busca de algún rastro de mentira pero por más que se esforzó, no lo halló y eso lo hizo aún más difícil para ella tan poco acostumbrada a ese tipo de cosas.
—No es por eso —respondió Lexa quedamente quedandosela viendo a aquellos azules y preciosos ojos que le devolvían la mirada—. Solo lo haces porque quieres algo de mi.
Clarke sintió una punzada de culpabilidad, a lo largo de su vida, había decepcionado a muchas personas, personas poco importantes para ella, pero la sola idea de que el nombre de Lexa pudiese añadirse a la fatídica lista hacía que le doliese el corazón.
—Todos siempre quieren algo de mi —susurró Lexa bajando por un instante la mirada cargada de tristeza y aceptación.
Aquellas palabras si que hicieron mella en Clarke, la cual se estremeció al oírlas salir de sus labios, necesitando llevar las manos suavemente a su rostro.
Y aunque el momento le pareció poco apropiado, no pudo evitar inclinarse lentamente hacia ella y capturando sus labios con dulzura y lentitud quiso borrar todo triste rastro de dolor de su corazón.
Lexa cerro los ojos al sentir aquel beso, aquellas suaves manos acariciando su rostro e inconscientemente se dejo llevar sabiendo que en el fondo tenía razón, Clarke si que quería algo de ella.
—¿Lo ves? —murmuró Lexa al separar sus labios de los suyos con una amarga y resignada sonrisa viéndola a los ojos durante un par de segundos más—. Exactamente, igual que todos.
El rostro de Clarke cambió súbitamente al darse cuenta de lo que aquel beso había significado para ella, y lo que en realidad había significado para Lexa y retrocedió algo herida.
—Te equivocas de pleno, yo no soy como toda esa gente que permites que te trate como una mierda, ¿sabes? —le espetó Clarke de lo más dolida al verse tratada así—. Si te digo que me gustas, es porque me gustas de verdad, y no tienes ni idea. Ni la más mínima o remota idea de lo que supone para mi el decirte algo así pero piensa lo que quieras ya veo lo mucho que un beso sincero significa para ti.
Clarke se dispuso a darse la vuelta, coger la puerta y marcharse pero la mano de Lexa la paró por el brazo haciendo que volviese sus ojos a ella tremendamente herida y enfadada.
—Lo siento, no pretendía...
—¿Qué? —contestó Clarke cortando sus disculpas al escuchar el tono arrepentido de su voz, elevando un poco la suya—. ¿Ofenderme? —Lexa apenas tuvo tiempo a contestar porque Clarke prosiguió de lo más enfadada—. Pues lo has hecho, comparándome ni más ni menos con esa panda de... de... Dios, estoy tan enfadada ahora mismo que no se me ocurre ni un insulto decente.
Lexa que se sintió algo mal al verla así, se avergonzó de las palabras que momentos antes habían salido de su boca, y por un instante se cuestionó si no había sido demasiado dura al juzgarla de aquella manera.
—Perdóname, por favor —le pidió ella en apenas un murmullo arrepentido apartando lentamente la mano de su brazo para poder posar la mano sobre su pecho sosteniendo su toalla—. Es que... yo... simplemente no sé que he de hacer ante algo así.
—No creo que sea la primera vez que escuchas este tipo de palabras, ¿no? —prácticamente la acuso Clarke.
—No —reconoció Lexa igual de sincera que ella—. Pero es la primera vez que alguien me las dice de verdad —admitió la mayor de las Woodward casi sin pensar.
Clarke que la vio apartarse de ella, se dio cuenta de que probablemente Lexa estuviese diciendo la verdad y se arrepintió al instante de haberle gritado por ello.
Lexa no pretendía ofenderla, ni humillarla, ni degradarla.
Sencillamente no sabía como comportarse, o que hacer al comprender que existía la posibilidad de que alguien la pudiese querer de verdad.
—Lexa... —murmuró entrecortada y quedamente Clarke al verla apartarse de ella.
Lexa que se volvió dándole la espalda ahora sintió su corazón encogerse ante la remota posibilidad de que Clarke no estuviese mintiendo, y sencillamente sacudió la cabeza imperceptiblemente no queriendo aceptar del todo aquella situación.
—No soy estúpida, ¿vale?—se defendió Lexa herida e inquieta sin querer volverse a mirarla mientras sus ojos se humedecían por el dolor—. Sé exactamente lo que la gente suele pensar acerca de mi, y no... no suele importarme que lo hagan, pero no quiero que tú creas que te estoy mintiendo en esto, no lo hago. Es... es solo que nunca nadie me ha querido de esa manera de verdad.
Clarke que cambió su rostro por entero sintió su enfado desaparecer cuando la realidad de las palabras de Lexa la golpeó de lleno, y se dio cuenta de que aquello que le decía era de alguna extraña forma verdad por muy imposible que a ella le pareciese.
—Lexa... —musitó Clarke dando un paso hacia ella.
Lexa cerro sus ojos vencida al darse cuenta del tono cauteloso y compasivo que Clarke parecía querer comenzar a utilizar y tan solo se volvió a mirarla tras armarse de valor para ello.
—¿Por qué no mejor dejar esta conversación hasta aquí, eh? —dijo Lexa con voz apagada no queriendo que ninguna de las dos pudiese decir nada que las obligase a arrepentirse en un futuro—. Yo nunca podre darte lo que tú quieres, y yo nunca voy a pedirte nada para mi. Seamos amigas, buenas amigas si es lo que quieres.
—Es que yo no quiero ser solo tu amiga, Lexa —confesó Clarke acercándose a ella para tomar su rostro y que la creyese—. Yo quiero mucho más, yo...
Lexa comenzó a negar con la cabeza algo esquiva pero Clarke no se rindió.
—Yo te quiero a ti.
—Clarke mi vida es un caos. Si te dejase entrar en ella terminarías odiando mi vida, a mi familia, mi trabajo y a mi —quiso explicarle Lexa y convencerla de que su decisión de quererla no era la correcta—. No es que no me gustes, es que sé que no sería buena para ti.
—Eso no lo sabes —respondió Clarke besando sus labios muy dulcemente—. Ni siquiera lo has intentado, no lo hemos intentado. Permíteme tener la oportunidad de demostrarte que te equivocas, solo te pido eso, una oportunidad.
Lexa que se perdió en aquellos profundos ojos azules bajo la mirada un instante barajando la posibilidad ante aquella insistencia.
—Clarke...
—Por favor, solo una oportunidad y si no funciona te juro que desapareceré de tu vida para siempre, te lo juro —insistió la rubia policía sin soltar su rostro volviéndola a besar fugaz y dulcemente entre ruegos—. Por favor, Lexa, por favor, solo... no me apartes de ti.
La mayor de los Woodward se la quedo viendo a los ojos largamente planteándose finalmente concederle aquella ansiada oportunidad, y sin saber como o porque en el fondo supo que se iba a arrepentir.
Continuara...
