Capítulo 60

Juntos podemos sobrevivir

Hemos tenido que arrastrarnos por ese maldito conducto de ventilación, dando vueltas y revueltas hasta encontrar una salida segura a la escalera de incendios. Ha sido difícil, sí, pero no imposible.

La parte imposible, la de acabar con el monstruo ya está hecha, aunque… Miro preocupado a Gin, me gustaría haber podido hacer algo más.

Sé que le odiaba.

Aun así no estoy seguro de cómo se siente ahora mismo.

La universidad queda a nuestras espaldas mientras todo lo que yo quiero es ayudarla.

Judith me saca de mis pensamientos al comenzar a llorar seguramente por tener hambre, por suerte estamos lo suficientemente lejos de los caminantes como para sentirnos seguros a pesar de su llanto, bueno, más o menos seguros.

Afortunadamente aunque mi hermanita sea tan pequeña creo que sabe cuando las cosas están tensas y es mejor no hacer demasiado ruido.

-Vaya, la gamberrilla sí que sabe cómo llamar la atención.- Se burla Gin al ver como Judith me tortura tirándome del pelo al limitarme a mecerla en lugar de darle lo que quiere.

-Eso seguro, es una Grimes.- Digo alardeando para intentar averiguar cómo está ella.

-Cierto, forma parte de los mejores.- Me sonríe pero enseguida aparta la mirada. -¿Crees que habrán ido por aquí?- Pregunta queriendo cambiar de tema.

-Esto… Sí,- no me gusta verla preocupada, es como si no fuera del todo la Gin que conozco. –Sí hay alguien más herido aparte de mi padre defenderse en el bosque será complicado, así que tienen que haber ido por la carretera, y después de todo lo que ha pasado no volverían en dirección a la prisión.-

Gin asiente despacio sin alejarse mucho de mí, con uno de sus cuchillos en la mano izquierda, lista para enfrentarse a cualquier peligro que pueda presentarse por sorpresa.

Judith al ver que no consigue lo que quiere al hacerme sufrir se enfurruña y comienza a chuparse el dedo.

-Oye, a lo mejor es un poco tonto preguntarlo pero… ¿Estás bien?-

-Sí, no es tan malo como parece.- Dice levantando su mano derecha a la altura de su cara.

-Me refiero a lo de Ethan,- evito adrede llamarle su hermano.

-Ah, ya.- Se queda seria y frunce el ceño. –La verdad es que no lo sé, creía que me sentiría libre al saber que no volverá a perseguirnos y es así pero,- me mira con duda, -¿está mal que sienta lástima por él a pesar de todo lo que ha hecho? Es decir, se lo merecía y volvería a dejarle ahí con esas caminantes pero… No sé, es complicado.- Dice mirando el suelo con atención en un gesto que me recuerda a Ale.

-Puede que Ethan fuera un monstruo,- el calor hace que la camiseta se pegue a mi espalda sudada haciéndome sentir incómodo, espero que encontremos pronto a los otros, cada vez tengo más sed. –Pero también era tu hermano.- Digo volviendo a centrarme en mi amiga.

-Nunca se comportó como tal, antes de todo solo me ignoraba, y después, bueno, ya lo sabes, le encantaba asustarme.-

-Lo sé Gin, no te ralles, en verdad no te da lástima Ethan, sino quien te hubiera gustado que fuera.-

-A lo mejor tienes razón, pero solo por esta vez, no te acostumbres.- Dice sonriendo levemente.

Me gusta cuando sonríe porque me hace sentir que podemos enfrentarnos a este mundo y vencer.

-Tranquila, no se me subirá a la cabeza.- Digo siguiéndole la broma, feliz de simplemente seguir vivos aunque estemos perdidos en mitad de la nada.

Ambos nos detenemos un momento cuando a lo lejos vemos un grupo avanzando lentamente, a esta distancia es difícil saber si son los nuestros o los muertos. –Oye,- me giro para mirarla al darme cuenta de que su tono es serio, -sí alguna vez acabo siendo como él…-

-Tú nunca serás así.- Le digo completamente convencido.

-¿Cómo estás tan seguro? ¿Y sí la locura es algo de familia?-

-Gin, somos el dúo calavera.- Le recuerdo tan serio como ella, -así que si a ti se te va la pinza a mí también, y seamos sinceros, nunca dejarías que me convirtiese en un mal ejemplo para Judith, así que, que eso llegue a pasar es bastante improbable.-

Sus ojos brillan por las lágrimas que no deja caer. -Gracias por confiar en mi memo.-

-Cuenta conmigo idiota.- Chocamos hombro contra hombro antes de internarnos en la primera línea de árboles, no está demás prevenir por si acaso no son los nuestros.

Moviéndose como Merle le ha enseñado para acechar a las presas, Gin va por delante de mí cuchillo en mano, de repente un rayo de sol reluce sobre el guardamano de la katana de Michonne que ella lleva a la espalda, pero es demasiado rápido como para que eso delate nuestra posición a nadie.

Resoplo cansado ya que me cuesta avanzar más de lo que creía, aunque supongo que es normal después de haber estado tanto tiempo encerrado primero en una jaula estrecha, y después encadenado a un radiador.

Cada paso es un esfuerzo gigantesco pero no me quejaré, hay cosas más importantes que yo.

Sostengo a Judith con fuerza mientras aseguro en mi cadera una vez más la pistola de Ethan, no me gusta nada la idea de que no tenga silenciador, si me veo obligado a usarla antes de que encontremos a los nuestros eso solo nos dará más problemas de los que intente solucionar al dispararla.

Pero en fin, la vida no es igualitaria.

-¿Necesitas que paremos?- Me pregunta Gin sin girarse al oírme resoplar por enésima debido al esfuerzo que hago al intentar seguir su paso.

-Ya descansaré más adelante, no te preocupes.- Ella me mira sobre su hombro no muy convencida. –En serio, estoy bien, no te pares.-

-Vale, pero como te desmayes por cabezón no pienso cargar contigo.- Dice con ese tono de listilla suyo.

-¿A quién llamas cabezón?-

-Pues a ti, ¿a cuántos cabezones más ves por aquí?-

-Idiota.-

-Memo.-

-Listilla.-

-Cabezón.-

-¿Serás…?-

-Tú mejor amiga, ya lo sé.-

-No era eso lo que iba a decir.-

-Puede, pero era lo que pensabas.-

Así, bajo la sombra de los árboles y con nuestras bromas de siempre, comenzamos a sentirnos de nuevo más como nosotros mismos a medida que nos alejábamos de la universidad y de aquello en lo que Ethan intentó convertirnos allí.

Y aunque el grupo de la carretera finalmente resulte no ser nuestra familia no importa, tardemos más, tardemos menos, juntos los encontraremos.

Juntos viviremos.

.

Tardamos bastante en dar alcance al grupo al que seguimos, pero tenemos que ser cuidadosos, además… Carl está agotado.

De repente el grito de Ethan llamándome desesperado me taladra los oídos de nuevo mientras echo un vistazo entre las ramas.

Cierro los ojos por un segundo enfadada conmigo misma, no quiero seguir oyéndole, él se lo merecía, eso y mucho más.

-¿Son ellos?- Me pregunta Carl ansioso apoyado contra un tronco para descansar un poco.

Realmente necesitaba parar, luego se queja de que le llame cabezón, pero es que se lo gana a pulso.

Abro los ojos y la voz de Ethan chillando mi nombre para que vuelva desaparece, -sí.- Digo algo aturdida sin poder creérmelo del todo.

Porque al final de verdad que todo ha salido bien.

-¿En serio?- Noto a Carl tras mi espalda mirando sobre mi hombro para asegurarse. –Madre mía, lo hemos conseguido Gin, hemos sobrevivido y los hemos encontrado.- Hay un orgullo tan feroz en su voz que sonrío en respuesta sin darme cuenta porque tiene razón, lo hemos hecho.

Incapaz de contenerme, ni de esperar a que Carl se ponga en marcha les llamo a voces desde donde estamos antes de salir corriendo hacia ellos. -Tío Ale, Merle.- Necesito abrazarles tanto como nunca he necesitado nada antes en mi vida.

..

Un jadeo se me escapa cuando escucho la voz de Gin llamándome.

En ese momento todos nos giramos, y Rick se lanza en pos de sus pequeños para estrecharlos con su único brazo al verlos salir del bosque.

Para mí el alivio es tan grande que me quita las pocas fuerzas que aún conservo y caigo de rodillas sobre la carretera.

Ella está bien, está viva y nos ha encontrado.

Es una superviviente.

Noto como las lágrimas caen por mis mejillas casi con rabia por la alegría tan intensa que siento.

-Tío Ale.- Grita de nuevo lanzándose contra mí.

-Peque.- La abrazo tan fuerte que noto su corazón aleteando contra mi pecho como un pajarillo queriendo escapar de su jaula.

-Lo he hecho.- Dice llorando contra mi cuello. –Lo he hecho,- repite en un quejido. –No volverá, nunca,- da un hipido y parece que le cuesta coger aire. –Nunca, jamás.-

-Ssshhh, ya está, ya pasó pequeño rayo de sol, ya pasó.- Su llanto se hace más desgarrador. –No importa lo que haya pasado con Ethan, estoy aquí contigo ahora, no estás sola,- digo levantando mi vista hacia Rainbow que está justo a mi lado.

Ella se agacha y le acaricia suavemente la cabeza a Gin. –Llora cariño, deja salir toda la rabia, todo el dolor, llora hasta quedarte vacía si hace falta para que te sientas mejor,- le dice con su voz suave, como si fuera la voz misma del anochecer susurrando para que pueda conciliar el sueño libre de miedos.

-Le dejé allí,- gimotea de nuevo, -le deje para que se lo comieran,- entonces levanta la cabeza hacia a mí, -pero no podía escapar, de verdad, le corté los tendones de los tobillos y las corvas, no hay manera de que haya podido huir.- Dice apretando sus manos en mi camisa con una desesperación porque la crea que no entiendo, porque yo jamás sería capaz de dudar de Gin.

-Ratita, nos has salvado.- Dice de pronto la voz de Merle, y no hay ni el más mínimo deje de burla en ella. –Lo has hecho bien, y estarás bien.-

-Es cierto Gin, gracias.- La voz de Maggie suena llena de emoción a mis espaldas.

De pronto el nudo de mi garganta vuelve a crecer, ahogándome porque falta mi nena.

Miro a los árboles desde los que los niños han salido. Pero ella no aparece, aprieto a Gin con más fuerza aún, comprendiendo dolorosamente que Karen no es que venga rezagada, es que nunca va venir.

Nunca podré volver a hacerla sonreír ni una sola vez más, y ella nunca más tomará mi mano en la oscuridad.

-¿Karen?- Pregunto sin poder evitarlo aunque no sea justo para Gin después de todo por lo que ha pasado hasta reunirse con nosotros. Pero aunque ya lo sepa tengo que escucharlo, si es que ella lo sabe, claro.

-Yo,- la noto removerse nerviosa, y dando un hondo suspiro la aparto un poco de mí, pero sigo manteniendo mis manos en sus hombros. –Lo intenté,- dice mirándome triste, -pero cuando la encontré, ella…-

-Está bien peque.- El mundo se vuelve borroso e irreal a mi alrededor. Sencillamente no tiene sentido que Karen ya no esté.

-Ella me dijo que te quería.-

-¿Qué?- Pregunta Rainbow a mi lado, manteniéndome entero de alguna manera con su mano apoyada en mi espalda, siendo mi ancla en un océano sin puerto seguro.

-Aún estaba viva, pero no…- La voz de Gin tiembla, -no pude hacer nada por ella.-

-¿Te dijo eso?- La pregunto notando mi voz ajena. -¿Dijo que me quería?- Después de lo que tuvo que ver, ella sigue queriéndome, pero ya no está, nunca más estará.

-Sí.- Gin se limpia las lágrimas de la cara. –De verdad, y se alegró mucho cuando supo que estabas vivo.- Me explica queriendo ser fuerte por mí. Queriendo protegerme.

Flash Back

Mi madre lloraba mientras recogía los restos de un jarrón, había estado barriendo y sin querer había golpeado con el palo de la escoba contra el cristal tirándolo al suelo.

Mamá estaba triste, triste y cansada, parecía que no podía seguir más.

Su cara aún estaba horriblemente hinchada por la paliza que había recibido hacia dos días.

Y papá estaba a punto de llegar, cuando viese ese destrozo la iba a matar, la amenaza de ese pensamiento me congeló la sangre en las venas porque era muy real.

Así que cuando las llaves sonaron al caer sobre el cenicero de la entrada Carol escondió a las pequeñas bajo sus camas y yo dejé caer mi pelota al lado de los cristales que mamá recogía.

Ella ni siquiera hizo el amago de mirarme cuando mi padre tiró de mi brazo furioso hasta dislocármelo por el estropicio que supuestamente había organizado.

Él me llevó hasta la habitación y me golpeó con el cinturón en la espalda y en las piernas hasta que se cansó.

Todo en lo que pensé mientras duró lo paliza era en que mamá necesitaba descansar, y en que yo podía soportarlo por ella.

Fin Flas Back

No, no quiero que Gin tenga que ser fuerte para que yo pueda descansar, ella ya ha tenido que hacer algo horrible por todos nosotros, no puedo permitir que cargue conmigo, no es justo, no voy consentirlo.

Además, vuelvo a abrazarla con fuerza, ella me necesita, es mi peque y le hice un juramente en la prisión que voy a mantener, aunque el agujero en mi pecho quiera tragarme por completo para hacer desaparecer todo el dolor, y toda la pérdida que siento ahora mismo.

Tengo que seguir, a pesar de que sea tan doloroso como respirar esquirlas de hierro triturado.

-Gracias, por decírmelo por ella.- Beso su frente, -es casi como si hubiéramos podido despedirnos.- Digo queriendo hacerla sentir mejor mientras yo siento me convierto en una sombra, una burla sin gracia del hombre que era. –De verdad, gracias.- Repito forzándome a ponerme de pie.

Enseguida Rainbow está ahí, rodeándome, no sé cómo lo hace para sostenerme con tanta dulzura sin que me disuelva entre sus manos. No me siento real en mi propia piel.

-Lo siento Unicornio, lo siento muchísimo.-

-Ahora sí que necesito que no me sueltes.- Le susurro no queriendo que Gin lo oiga y pueda llegar a sentirse mal.

-Estaré justo aquí tanto tiempo como necesites.-

-Lo sé.- Apoyo mi frente contra la suya, mientras Gin se suelta un momento de mi mano para ir hasta Michonne.

.

Sin decir nada porque no puede Michonne toma su Katana y posa suavemente su mano sobre la cabeza de la niña en un mudo agradecimiento.

A mi alrededor todos parecen desconcertados, doloridos y agotados. Pero tenemos que seguir, y sinceramente no sé cómo, ni por cuanto tiempo podremos hacerlo.

Sin embargo si queremos vivir tenemos que continuar moviéndonos.

Rick no deja de besar los rostros de sus hijos, agradecido de volver a tenerlos con él y ajeno por completo a la perdida de Ale, quien se esfuerza por mantenerse entero a pesar de estar destrozado.

-¿Y ahora?- Me pregunta Daryl todavía cargando con Glenn, me sorprende que resista tanto. Yo siento que podría derrumbarme en cualquier momento y al contrario que él no llevo ningún peso sobre mi espalda.

-Pues…- Intento dejar a un lado el cansancio al darme cuenta de que todos dirigen hacia mí su mirada, incluido Rick. –Continuaremos, debemos alejarnoscuanto podamos de ese maldito sitio.- Después no tengo ni idea de cúal se supone que tiene que ser nuestro siguiente paso, pero ellos no necesitan que les diga eso, no ahora en todo caso.

Lo que está claro de momento es que mantenernos en movimiento a pesar del dolor y el agotamiento es lo mejor que podemos hacer, de hecho es lo único, al menos hasta que encontremos un lugar seguro para descansar aunque sea unas pocas horas.

Necesitamos dormir sin miedo, y va a hacernos falta agua.

-¿Si seguimos esta carretera nos alejaremos mucho del arroyo?- Le pregunto a los Dixon preocupada por ello.

En el estado en el que nos encontramos necesitamos agua no solo para sobrevivir si no para mantener limpias nuestras heridas.

-Sí.- Merle se adelanta un par de pasos y me doy cuenta de que Ale evita mirarle, eso me parece extraño, pero no puedo concentrarme en ellos ahora. –De todas formas si aguantamos un poco posiblemente mañana pasado el mediodía lleguemos al pueblo que hay más adelante, por lo que recuerdo de las incursiones para el Gobernador no era muy grande pero seguramente en la zona industrial podamos conseguir algunas de las cosas que necesitamos.-Que sea precisamente él quien me haya dado la respuesta me sorprende, y más aún lo que dice a continuación, -hermanito, cuando te canses dímelo y llevo yo al chino un rato.-

-Soy coreano,- se queja Glenn entre dientes debido al dolor de sus pies.

-Como sea.- Dice Merle escupiendo al suelo.

-De momento voy bien.- Dice Daryl calmando la situación, aunque lo cierto es que creo que más que una pelea de verdad, mi marido y su hermano estaban bromeando entre ellos por primera vez.

Quizá las personas sí que puedan cambiar, pienso dedicando una mirada cansada al mayor de los Dixon.

-Bien, adelante entonces familia, nos queda camino por delante.- Les animo y de nuevo todos volvemos a arrastrarnos lenta y cansinamente por esa vieja carretera.

Realmente necesito perderla de vista casi con tantas ganas como deseo poder darme un buen baño caliente, aunque me temo que eso no será posible en una larga temporada.

Por ahora todo es cuestión de ir paso a paso, solo tenemos que concentrarnos en eso. Lo demás ya lo iremos solucionando o llorando cuando podamos permitirnos hacerlo.

Hemos encontrado refugio en una vieja caravana destartalada, jamás podremos ponerla en marcha, al parecer la batería está totalmente consumida, pero al menos podemos pasar la noche tranquilos en ella antes de continuar hasta el pueblo del que nos ha hablado Merle.

En realidad nos hace casi más falta descansar que respirar. Tanto es así que en cuanto Gin se ha quedado dormida el unicornio no ha tardado ni dos segundos en quedar fuera de combate también.

Sin querer pensar en cómo me siento, me limito a observar la forma en que él la mantiene segura entre sus brazos y de verdad deseo que pudiese ser así siempre, que bastase con ese simple gesto para proteger a quienes amamos del dolor.

Al otro lado de la caravana Daryl está intentando hablar con su hermano pero por lo que parece Merle no se lo está poniendo fácil. Mi mirada sigue vagando por el reducido espacio y se clava en el costado izquierdo de Rick, no quiero ni imaginarme como perdió el antebrazo, justo cuando ese pensamiento cruza por mi cabeza, la mirada del antiguo sheriff se encuentra con la mía durante un segundo que se me hace eterno antes de que él cierre los ojos agotado.

-Le está subiendo la fiebre,- dice Maggie preocupada por Glenn mientras la chica a su lado humedece de nuevo con alcohol sanitario un pañuelo para ponerlo sobre la frente del enfermo.

Diosas, estamos en medio de la nada, sin antibióticos, si coge una infección… De repente necesito aire, el ambiente aquí dentro está viciado de angustia.

Sin mediar palabra abro la puerta de la caravana y nadie me detiene o me pregunta a donde voy, solo me dejan ir, demasiado cansados como para preocuparse por algo que no sea una amenaza inmediata para ellos.

Al salir un soplo de aire me da en la cara relajándome por un momento, dejándome llevar, pero sin soltar el bisturí que Carol me dio como defensa, camino hasta la primera línea de árboles que separa el bosque de la carretera.

Poco después llega él, imagino que está tan agobiado como yo de estar ahí dentro, atrapado de nuevo aunque esta vez sea por propia voluntad junto a los demás.

Le noto acercarse despacio, y cuando me toca el hombro casi siento que lo hace con miedo, al girarme para mirarle veo como cambia el peso de un pie a otro claramente incómodo, hacía mucho que no le veía hacer ese gesto.

Recordar cómo era cuando le conocí me saca una sonrisa a pesar de que me sienta demasiado agotada hasta para algo tan simple como eso.

-¿Daryl?- Llevo mis manos a su rostro y lo acuno. -¿Qué pasa?-

Desde que Merle entró con el unicornio en nuestra celda no hemos tenido tiempo para hablar.

Y supongo que en realidad es normal, dado que hemos estado demasiado ocupados huyendo como perros apaleados por su dueño, para poder hacer algo más que dedicarnos miradas derrotadas el uno a la otra.

-Yo…- Aprieta sus finos labios, y yo empiezo a ponerme nerviosa porque se empeña en no mirarme a los ojos.

Y eso con él nunca es buena señal.

-Angelito,- niego con la cabeza no sabiendo que hacer por él, notando como las lágrimas acuden a mis ojos con rapidez, demasiadas emociones dando volteretas dignas de una gimnasta olímpica en mi corazón como para poder controlarlas.

Él traga saliva y le veo dudar a la hora de tomar mi mano, verle así de inseguro me duele casi físicamente, y de pronto empiezo a temer que quiera alejarse de mí para siempre por lo sucedido en el hospital universitario de veterinaria.

-¿Puedo tocarte?- Me pregunta mirándome al fin, en sus ojos hay deseo e inseguridad. –Necesito tocarte.- Su voz apenas es un susurro ronco que se pierde en el aire de la noche.

-Siempre.- Le aseguro antes de besarle en los labios quemando el miedo en nuestras bocas, como si nuestra saliva fuera la mecha y nosotros la explosión.

Su respiración se acelera, y yo gimo cuando se dedos expertos se cuelan bajo mi pantalón y empiezan a juguetear con mi clítoris.

Nuestro comportamiento es imprudente sin duda, pero no puede importarnos menos romper la quietud del bosque después de lo que hemos pasado, necesitamos tocarnos, besarnos, lamernos y amarnos hasta desgastarnos la piel.

Con una delicadeza que me hace estremecer desde los pies a la cabeza, Daryl besa el lado de mi cuello libre de quemaduras.

-Eres lo mejor que me ha pasado en la puta vida.- Su voz es tan ronca que parece un depredador más que un hombre.

Pero eso no me asusta, porque él es mi cazador, mi ángel guarían, mi razón para seguir por muy jodidas que se pongan las cosas porque él estará justo ahí para pelear a mi lado.

-Te quiero- quiero sentir su piel contra la mía, pero ya bastante nos la estamos jugando como para encima desnudarnos completamente.

Cuando una de sus manos aprieta mi pecho mientras con su otra mano sigue mimando mi clítoris quiero de gritar de alivio, pero no puedo porque su boca se apodera de la mía en un asalto al que no me resisto.

La manera en que su lengua reclama la mía en un baile lento me calienta aún más la sangre de las venas.

Joder.

Él está aquí conmigo, y hemos salido juntos del peor infierno al que nos hayamos enfrentado jamás, sea lo que sea que nos espere en el futuro no podrá ser peor.

Lo superaremos todo por mucho daño que intenten hacernos por el camino.

Porque juntos podemos hacerlo, juntos podemos sobrevivir.

Sí.

Así que venga lo que lo que venga le haremos frente y ganaremos.

.

Notarla temblar de deseo contra mí cuerpo y que responda a mis caricias con el mismo fuego de siempre, disipa toda la oscuridad a mi alrededor a pesar de que sea una noche cerrada de luna nueva.

Cuando finalmente se corre le bajo los pantalones y libero mi erección mientras ella se los quita por completo.

Dios.

La necesito tanto que tengo la sensación de que si me separo un solo milímetro de más me ahogaré.

En cuanto elevo su trasero un poco, ella termina de auparse y sus piernas rodean mis caderas, puede que sea entonces cuando por primera vez me doy cuenta de manera consciente de que somos dos piezas rotas, cuyas aristas encajan a la perfección.

Me hundo en ella y Cass lleva sus manos a mis hombros aferrándose a mí, haciéndome sentir el héroe de mi historia en lugar del villano que estaba destinado a ser.

Su vagina es tan estrecha y caliente, follar con Cass siempre es como volver a casa.

Ella es mi hogar, mi luz en la oscuridad, la razón de mis latidos.

Sus uñas se clavan en mi pecho cuando ella tira del cuello de mi camiseta para atraer mis labios a los suyos, a veces hace eso cuando su orgasmo está a punto de llegar, es como si quisiera que estemos en contacto en tantos puntos como sea posible, y en honor a la verdad, a mí me encanta cuando lo hace.

Su gemido reverbera en nuestro beso mientras sus muslos tiemblan al quedarse sin fuerza para seguir sujetándose al llegar su orgasmo.

Al notar como los músculos de su vagina aprietan mi pene queriendo exprimirme, yo la presiono aún más entre el árbol y mi cuerpo, acelerando mis embestidas.

En algún rincón de mi mente me preocupa la posibilidad de hacerla daño, pero estoy tan excitado que no puedo contenerme.

La necesito, la quiero y la admiro.

Lo más cierto sobre mí que nadie podrá decir jamás, es que ahora mismo sostengo en mis brazos lo mejor de mi vida.

Me corro en su interior olvidando completamente que no he usado condón esta vez.

Respiro con fuerza contra el costado de su cuello libre de quemaduras, luchando por recuperar el aliento y la cordura.

-¿Te…?- Tengo que tragar saliva antes de poder hacerle la pregunta. -¿Te he hecho daño?-

-Para nada.- Su voz se siente como una caricia justo sobre mi glande.

Dejo escapar un gemido y la beso en el cuello succionándole la piel suavemente.

Dios, quiero hacerle tantas cosas… Pero no aquí, no voy a seguir poniéndola en riesgo porque yo necesite sentirme mejor conmigo mismo.

Cass lleva su mano a mi barbilla y guía mi boca de vuelta a sus labios, cuando intento separarme me muerde juguetona. Demostrándome así que estamos bien, puede que un poco más jodidos y apaleados por la vida que antes, pero bien dentro de lo que es posible.

-Joder.- Digo cuando la dejo espacio y ella aprovecha para limpiarse contra el árbol la mano con la que se quita el semen que se derrama de su interior.

-¿Qué?- Pregunta mirando tensa a nuestro alrededor buscando una amenaza.

-No, es que, mierda.- Me llevo la mano a la cabeza nervioso. –No quise…-

-Daryl respira, parece que va a darte un infarto.- Dice tranquila mientras se vuelve a subir los pantalones como si nada.

-Es que yo…-

-¿Tú qué?- Parece estar conteniéndose para no reírse de mí, lo que me hace bufar de mal humor.

-Pues que no he tenido cuidado, debería haberlo tenido, lo siento.- Me disculpo conteniendo mis ganas de gritarle porque no entiendo que no esté furiosa conmigo.

-Bueno, un polvo en el bosque podría matarnos, sí, pero en mi opinión ha merecido la pena.-

-No, bueno eso también, digo lo de que, en fin, no he dado marcha atrás.- Me explico tragando saliva nervioso.

-Daryl respira, siempre cuidas de mí, no pasa nada por una vez que…-

-Sí que pasa,- me quejo explotando al fin. -No tenemos un lugar seguro, solo basta una maldita vez para que los problemas nos lleguen hasta el cuello y… ¿Te estás riendo?-

-Lo,- se le escapa una risita nerviosa mientras me toma de la mano guiándome de regreso a la carretera, -lo siento, lo juro.-

-¿Qué demonios te parece tan divertido?- Pregunto agarrándola de la cintura levantándola en vilo con un brazo para detenerla.

-Pues tú angelito, no me he quedado embarazada, achácalo a la intuición, pero si me equivocase y hubieses dado en la diana.- Más risas. –Todo saldría bien.- Asegura dándose la vuelta para mirarme cuando la dejo de nuevo en el suelo.

El recuerdo de Lori me hace torcer la cara.

-Eso no puedes saberlo.- Digo cogiendo impulsivamente su mano y acariciándole los nudillos con mi pulgar, preocupado por nuestro futuro.

-No, tienes razón, no lo sé,- admite. -Pero confío en nosotros, nos las apañaremos, hasta ahora siempre lo hemos hecho.- Me recuerda con paciencia, acariciando con su nariz la curva de mi mandíbula de camino a mordisquear el lóbulo de mi oreja.

En la oscuridad apenas puedo verla asique me acerco más a ella hasta que noto sus pechos apretarse contra mi torso.

-¿Dónde quieres ir?- La pregunto dispuesto a llevarla a la otra punta del mundo si eso es lo que ella quiere, dándome igual los demás, por una vez, quiero pensar solo en nosotros.

-No sé, dime, ¿cuánto arriesgarás?- Y la ilusión de su voz al decirme eso me convence de que podemos lograr lo que sea.

-Te amo,- solos en esta carretera secundaria en medio de ninguna parte las palabras salen de mis labios con tanta facilidad como el sentimiento crece en mi corazón a cada latido.

-También te amo Daryl Dixon.- Responde ella llevando su mano a mi nuca para inclinar mi boca ante la suya.

Cass tiene razón, sin importar lo que tengamos que luchar a cada paso del camino para conseguirlo, todo saldrá bien.

Porque lucharemos hasta nuestro último aliento para que así sea, y aunque llegue el día en que perdamos y muramos, bueno… Hasta ese día definitivamente sus besos merecerán todas las penas del mundo

Queridas almas corsarias.

No sé si he hecho bien con este maratón porque veo venir un bajón de vacio existencial.

En fin, me ayudaís a elegir el nombre la tercera parte?

De momento provisionalmente es MI RAZÓN, que sería la opción uno.

LA RAZÓN DE MIS LATIDOS, opción dos.

MI RAZÓN PARA SEGUIR, opción 3.

Entre lo que votéis y el sondeo que estoy haciendo en casa a ver con cual se queda.

Eso sí, tendréis que esperar un poco porque no tengo nada escrito de la siguiente temporada, sorry.