Cuando a la mañana siguiente Bellatrix despertó, su almohada y la de su dragón seguía siendo el pecho de Sirius. Alzó la vista y él le sonrió. Ella se frotó los ojos y preguntó adormilada:

-¿Has podido dormir algo conmigo encima?

-Por supuesto, estupendamente. No sabes la de noches en mi juventud que me acosté fantaseando con dormir exactamente así.

-Eres un idiota cursi –respondió ella besándole.

-No es verdad. Soy un slytherin malote que ha conseguido acostarse con una gryffindor –sonrió burlón mirando sus pijamas.

-Eres un slytherin tonto al que intenté violar y no se dejó –protestó ella.

-Eh, en mi noble casa valoramos mucho el linaje y la pureza de sangre, no nos entregamos de cualquier forma –respondió él altivo.

-¡No me pongas cachonda si no vas a darme lo que quiero! –se enfurruñó la bruja.

Sirius sacudió la cabeza y sonrió mientras le revolvía el pelo.

-¿Qué tal te encuentras?

-Mucho mejor. Ya no siento debilidad ni mareo. Solo tengo la vista ligeramente nublada y me tiemblan un poco las manos, pero se pasará en unas horas.

Sirius entrelazó sus manos y estuvieron varios minutos sin moverse de la cama. Hasta que Saiph exigió su desayuno. Kreacher les había llevado provisiones, así que se sentaron en el sofá del salón y desayunaron. No hubo gran conversación. Bellatrix se entretuvo en mirar por la ventana y observar los verdes prados que conformaban la campiña. Finalmente, tras un té con whisky y compartir un gofre con Saiph, comentó: "Me gusta esta casa". Su primo la miró sorprendido. Una cosa era que tolerara quedarse ahí y otra que le gustase. Le preguntó por qué, el estilo minimalista no era precisamente lo suyo. La morena se encogió de hombros.

-No lo sé. A veces me pregunto cómo hubiera sido mi vida si me hubiese fugado contigo y me hubiesen desheredado. No hubiera estado mal vivir en un lugar así, apartado y acogedor, que fuera solo nuestro. Podríamos habernos emancipado del mundo: ni Voldemort, ni Orden, ni Ministerio, ni estupideces, que se matasen entre ellos. Nos hubiéramos dedicado a… no sé, a algo sencillo que se nos dé bien…

-Se nos dan bien las criaturas mágicas –respondió el animago limpiando restos de chocolate de las escamas de Saiph.

-¡Eso! Podríamos conseguir ingredientes raros para pociones, son muy caros porque cuestan mucho de conseguir pero a nosotros se nos daría bien. Escamas de dragón, pelo de unicornio, sangre de uro… Los obtendríamos sin hacer daño a los animales y los venderíamos a algún maestro de pociones o en los mercados mágicos. Creo que podríamos vivir con eso…

Sirius la miró para estar seguro de que no bromeaba. No lo hacía. La bruja tenía la mirada perdida y una débil sonrisa melancólica. Él sintió un nudo en la garganta: habría renunciado a todo por vivir esa vida con ella.

-Hubiera sido perfecto –reconoció él.

-Quizá en otra vida... –susurró ella.

"Me da igual", respondió él sentándose a su lado y abrazándola, "Yo solo quiero vivir todas mis vidas con mi loca favorita". La mortífaga asintió y mostró su aquiescencia.

-Quizá en otra vida… -repitió Bellatrix- Pero en esta somos millonarios y el mundo es nuestro, ¡habrá que conformarse! –exclamó recuperando la alegría como si nada.

Su marido estuvo de acuerdo. La bruja le pidió que le enseñara los alrededores y salieron a dar un paseo. Después volvieron para arreglarse para la fiesta sorpresa de Hermione. Bellatrix se vistió y se calzó las botas de combate. Ahí llegó el problema: seguía teniendo temblores en las manos y le costaba atárselas. Sirius no le ofreció ayuda, sabía que deseaba hacerlo sola y si le necesitaba, se lo diría. Diez minutos después, la mortífaga lo consiguió y se felicitó satisfecha. Pero surgió otro problema que no había previsto.

-Sirius, no puedo ir.

-¿Por qué, qué sucede?

Sucedía que no era capaz de maquillarse. Ni los dedos le obedecían ni lograba fijar la vista en el detalle que el proceso requería. Y por desgracia no existían conjuros para eso. Su marido se ofreció a hacérselo, la veía maquillarse cada día, no podía ser tan difícil. Ella se negó rotundamente. Hubo diez minutos de discusión que finalmente Sirius resumió en una frase:

-Yo no te pienso dejar aquí sola; tú no quieres salir sin maquillar pero tampoco puedes maquillarte. O dejas que te ayude o no entregamos el libro y nos perdemos la fiesta.

Hubo unos minutos más de angustia. Hasta que finalmente la slytherin se rindió y le tendió la brocha que tenía entre manos. "Pero como ayer", advirtió ella, "Haz exactamente lo que yo te diga, nada de ponerte creativo". El merodeador asintió sin hacerle mucho caso. Se lavó las manos y su mujer empezó con las instrucciones:

-A ver, primero coge la crema hidratante… -empezó ella- Eso no es. Eso tampoco. Eso es un pintalabios. Eso es, el único tubo que te falta por tocar. Extiéndela por la cara y el cuello con la brocha.

-Bah, no necesito la brocha -aseguró aplicándolo con los dedos.

-Tengo brochas, pinceles, esponjas… ¿Y tienes que usar tus zarpas?

-Queda mejor así -respondió él con suficiencia.

-Esto era una excusa para sobarme la cara, ¿verdad?

-¡Por supuesto que no! ¡Me ofendes, solo pretendo ayudar! –exclamó fingiéndose agraviado- ¡Pero es que tienes una carita tan perfecta! Tu piel es tan pálida y a la vez brillante y…

-Vale, ya está –le cortó ella intentando no reírse-. Toma, ahora esto.

-¿Qué es? –preguntó Sirius cogiendo un pequeño tubo con otra crema.

-Un corrector de imperfecciones, para…

-¡Bah, tú no tienes de eso, vamos a lo siguiente! –replicó arrojando el producto a la papelera.

-¡Pero qué haces, no lo tires! ¡Es de edición limitada y…!

-Trixie, eres muy guapa pero es evidente que no sabes maquillarte. A ver, ahora el pringue este, ¿verdad?

La bruja claudicó y simplemente asintió mientras su marido le aplicaba la base de maquillaje. Luego llegó el paso que más temía. Le indicó que cogiera la sombra de ojos negra y…

-¿Tiene que ser negra? Siempre he pensando que te quedaría bien verde o…

-Siri, ¿qué te he dicho de ponerte creativo? Ponme varias capas de sombra negra hasta la cuenca del ojo. De la raya vamos a pasar porque no me fío de que me dejes como a un mapache.

-¡Oye! –protestó ofendido- ¡Me tatué el cuerpo yo solo, tengo un pulso increíble! Trae el chisme ese.

-Bueno, pero pon más sombra, no vale con…

-Tienes unos ojos impresionantes, no necesitas tanto negro de este. A ver, cierra, que te hago la raya.

Sin fiarse, la bruja cerró los ojos. Nunca le había permitido a nadie maquillarla, ni siquiera a Narcissa y eso que de pequeña le encantaba jugar con los cosméticos de su madre. En el fondo le encantaba que Sirius la tocara y le dijera lo guapa que era y lo maravillosos que eran sus rasgos… pero estaba seriamente preocupada del resultado final. "Perfecto", murmuró el animago satisfecho, "Si es que soy una obra de arte y nací para el arte".

Bellatrix sacudió la cabeza y se inclinó sobre el espejo para poder mirarse. No supo si alegrarse o enfadarse: su marido le había trazado la raya del ojo casi mejor que ella misma. Realmente era un buen tatuador. Así que simplemente asintió y le dijo que le aplicara los polvos para sellar el maquillaje.

-Eso hazlo con la brocha. Son polvos, Siri, no se puede con los dedos.

-¿Por qué no?

Obtuvo la respuesta cuando acabó con ambas manos cubiertas de polvo blanco. Eso le dio una idea:

-¡Cambiamos los polvos flu de la chimenea de Lucius por polvos maquillantes de estos! ¿Qué te apuestas a que le cuesta más de una hora entender qué pasa?

La mortífaga se echó a reír ante su infantil plan. No apostó contra eso porque supo que perdería. Consiguió por fin que Sirius se los aplicara bien. Ya solo quedaban los labios. Le dejó primero un lápiz granate para que los delineara:

-¿Para qué hace falta esto? ¿Por si se te olvida dónde tienes la boca? –preguntó él mientras trazaba el contorno con cuidado.

-No, suelo recordar dónde la tengo, la necesito para llamarte idiota.

-Soy un idiota que te pintarrajea mejor que tú misma –replicó él orgulloso-. ¿Te he dicho ya que tu boca es perfecta? Porque tus labios son gruesos y su color natural es casi como la sangre y… Joder, creo que estoy enamorado de ti –masculló con rabia.

La mortífaga sonrió sin poder evitarlo.

-Mala suerte, soy una mujer casada.

-¡Qué putada! –masculló Sirius- Tu marido es un hombre con suerte.

-Y con un culo estupendo –aseguró la morena.

El animago asintió sin dudar y le notificó que se había puesto los pantalones ajustados en su honor. Ella le dio las gracias con profunda sinceridad. ¡Qué absurda y romántica era su vida juntos! Cuando terminó con el delineado, la slytherin le tendió su barra de labios favorita. Él la miró dudoso:

-¿No podríamos probar con uno más suave? Porque creo que…

-Por última vez, Sirius, necesito tus manos, no tu visión del asunto.

-Eso también me lo dices cuando follamos.

De nuevo, Bellatrix se echó a reír. Su marido le guiñó el ojo y le aplicó con cuidado (y sin dejar de tocarle la cara) el color que ella quería. Cuando por fin terminó, la morena se contempló en el espejo. Estaba guapa, pero algo fallaba, no se veía como siempre. Sirius le había puesto menos cantidad de todo, su look gótico no estaba tan recargado como de costumbre. Pero el artista se negó a retocar su obra, aseguró que así estaba perfecta. Así que se resignó; era mejor que ir con la cara lavada y que dejasen de tenerle miedo por parecer una cría. Salieron del baño. Bellatrix rehízo el conjuro que impedía copiar el libro y lo guardó en su bolso. Entonces escuchó a Sirius maldecir y le preguntó qué sucedía.

-¡Que es el cumpleaños de Hermione y no le hemos comprado nada! ¡Otra vez como con Narcissa, que no le regalamos ni un abrelatas!

-Joder… -maldijo la bruja- Somos las personas con más dinero del país y estamos quedando como unos miserables Weasleys…

Su marido asintió con rabia.

-¿Da tiempo a comprar algo? –preguntó la bruja mirando el reloj.

-No, ya llegamos tarde. Lo único que se me ocurre es robar el regalo que le haya comprado Remus… Anda, que llevamos unos días de robos y delincuencia que…

-¡Eso es! –exclamó la morena- ¿Dónde dejaste las pociones que robamos a mi madre? Le regalamos un frasco de felix felicis, le decimos que llevamos seis meses haciéndola para ella y que hemos conseguido los ingredientes nosotros mismos para que fuese más especial.

-¡POR ESO ME CASÉ CONTIGO! –exclamó besándola- ¡Si es que al final tus tetas son lo de menos!

Bellatrix se rió y se metieron mano un rato, hasta que decidieron que no podían retrasarse más. Seleccionó uno de los frascos de suerte líquida y Sirius transfiguró un pergamino en papel de regalo. Al final quedó sorprendentemente bien. Salieron de casa y se aparecieron en Grimmauld Place. Les abrió una sonriente Tonks y les informó de que Hermione aún no había llegado. Suspiraron aliviados.

-Creí que llegábamos tarde –comentó Sirius entrando al salón.

-No, os mentimos: os dijimos que era media hora antes de lo acordado –informó Lupin.

-¿Por qué? –preguntó el animago ofendido.

-Porque contamos con el polvo que siempre tenéis que echar a última hora –respondió Tonks alegremente.

Los Black se miraron y respondieron al unísono: "Sí, eso hacíamos". Era más sencillo que explicar la realidad. El resto de los congregados -Harry, Ron, Ginny, los gemelos, Arthur, Bill y Fleur, Luna y su padre- los saludaron con diferentes niveles de efusividad. Fue Cindy, que estaba ahí con Remus, la que notó algo. Entrecerró los ojos y miró a la mortífaga.

-¿Te has hecho algo diferente? Estás guapa.

-¿Está igual o más guapa de lo habitual? –inquirió Sirius- Es muy importante tu respuesta.

La dragonologista iba a contestar pero el hombre-lobo se interpuso: "No respondas, con estos dos todo son trampas".

La rubia siguió el consejo. Bellatrix se quitó la capa y se giró hacia su marido: "Siri, ¿sabes si hay…?". No necesitó terminar la frase, el animago ya le había servido un vaso de whisky. Aún no habían sacado las bebidas, pero Sirius seguía teniendo alcohol escondido en cada rincón de la casa. Así que hizo inmensamente feliz a su mujer. "He usado un hechizo levitador en el vaso, así que aunque te tiemblen las manos no se te caerá" le susurró. Ella le besó y brindaron a su salud. Una recién llegada McGonagall los contempló con expresión severa igual que cuando eran jóvenes.

-Ustedes dos no cambiarán nunca…

-¡Tutéanos, Minnie, hay confianza! –exclamó Sirius.

-¡Quién sabe si estaríamos casados de no ser por la de veces que nos castigaste juntos!

-No me digas eso, Bellatrix, no puedo cargar con esa responsabilidad –aseguró la directora con gravedad.

Ambos Black se echaron a reír y procedieron a narrarle sus aventuras más locas. La mujer puso los ojos en blanco pero no perdió detalle. Al rato llegó Hermione acompañada de sus padres y la directora aprovechó para librarse de sus alcohólicos favoritos. La sorpresa que la joven se llevó fue mayúscula y se alegró mucho de encontrar ahí a toda la gente que quería. Solo faltaba su novia, pero ya lo habían celebrado en privado, así que era perfecto. En cuanto la vio, Bellatrix le entregó el libro para quitárselo de encima. "¿Fue todo bien?" preguntó la chica. La morena asintió, había cosas que prefería no contar. Hermione lo aceptó y guardó el libro.

Después comieron, bebieron y se divirtieron. Cuando llegó la hora de abrir los regalos, Bellatrix le pasó el suyo a Sirius y susurró: "Dáselo tú, yo estoy demasiado borracha como para no reírme mientras miento". El merodeador no tuvo ningún problema. Con gesto solemne, le entregó a Hermione el paquete. La chica lo abrió y contempló la poción emocionada. Ella nunca la había probado y ni se planteaba elaborarla: requería demasiado tiempo, dinero y esfuerzo.

-¿¡Cómo la habéis conseguido!? ¡Es carísima, los ingredientes son dificilísimos de encontrar y lleva seis meses hacerla!

-Lo sabemos, Hermione. Dedicamos varias semanas a reunir los ingredientes y después hicimos la poción con mucha paciencia (cosa que no nos sobra a ninguno de los dos) –comentó Sirius con seriedad-. Pensamos que era más bonito y personal que comprarte cualquier cosa sin más. Para que veas que te apreciamos mucho.

-¡Nada es suficiente para mi globulito! –exclamó la mortífaga alzando su vaso y dándole un trago.

Hermione asintió con los ojos brillantes de la emoción y los abrazó a los dos. El resto de los asistentes, sorprendidos de su dedicación, los felicitaron por su esfuerzo. Ellos aceptaron las alabanzas con falsa humildad. En cuanto terminó la apertura de regalos, volvió a sonar la música y los Black aprovecharon para reírse juntos. Hasta que escucharon a alguien comentar con frialdad:

-Habíais olvidado el regalo y habéis robado la poción en alguna parte, ¿verdad?

Bellatrix y Sirius tardaron un segundo en ocultar su sorpresa y girarse.

-¿Cómo puedes pensar algo así de nosotros, Minerva? –preguntó la mortífaga intentando fingirse ofendida.

-No dedicaríais más de quince minutos a elaborar una poción ni aunque os fuese la vida en ello. Y dudo que alguien en este mundo esté más familiarizado con vuestra forma de mentir que yo.

-Pero no vas a decir nada, ¿verdad, Minnie? ¡Jamás delatarías a tu alumno favorito! –exclamó el gryffindor.

-Tú jamás fuiste… -empezó la directora.

-Calla –masculló la morena-, es muy sensible con eso.

A la directora nadie la mandaba callar. Pero viendo la expresión de Sirius, decidió recular y comentó:

-Mi alumna favorita fue Hermione.

-¿Has pasado con ella una décima parte de las horas que pasaste con nosotros? –inquirió Bellatrix.

-No, pero…

-¿Te ha regalado carísimas botellas de whisky escocés como hacíamos nosotros cada Navidad? –añadió Sirius.

-¡Es verdad! ¿Sabes lo que nos costaba robarlas sin que nos vieran nuestros padres? –preguntó la slytherin indignada.

Ante aquello la escocesa no supo qué replicar, así que sentenció:

-Lo que os puedo asegurar es que ni he tenido ni tendré dos alumnos como vosotros.

Los Black se lo tomaron como un cumplido y alzaron las copas a su salud. A la mayor no le quedó otra que brindar con ellos y esperar a que se fuesen a molestar a otra persona. Al otro lado de la sala, Lupin hablaba con Tonks. Sirius frunció el ceño y rezó porque su amigo no la fastidiara. Sospechaba que a Nymphadora le dolía lo volcado que estaba Remus con su nueva relación cuando a ella nunca le prestó la atención que merecía. Era positivo que hubiese aprendido de sus errores y ahora Dora también era muy feliz con Fred, pero una cosa no quitaba la otra. Cuando terminaron de hablar, el animago llamó a su sobrina. La joven tenía el pelo castaño y no rosa como de costumbre y en su expresión se veía un ligero desconcierto. Sirius le preguntó sin ambages si Remus había logrado joderle la velada.

-No, no –aseguró la chica-. Se ha disculpado por los errores que cometió, por ser tan negativo y preocuparse más de sus trastornos que de mí. Ha sido… sorprendente. Pero bueno, lo agradezco porque sí me jodía un poco que este embobado con la dragonologista cuando de mí pasó como de follarse a un duende.

-Yo creo que es porque Cindy es una mujer loba y al cansino le emociona que cualquier día puede matarle y acabar con su miserable vida –comentó Bellatrix con voz etílica.

Sirius le dirigió una mirada de reproche pero a Tonks le hizo gracia.

-Sí, debe ser eso… Por cierto, estás muy guapa hoy, tita, te queda mejor llevar menos maquillaje, pareces tu propia hija.

Con su melena de nuevo rosa, la chica se alejó en busca de su novio. Bellatrix fijó la mirada en su vaso. Aún así, supo que la sonrisa de Sirius era más amplia que el apetito de Saiph. El animago se preguntó si podría permitirse remarcar sus aptitudes como maquillador sin que su mujer le castigara sin sexo.

-Puedes estar seguro de que no –murmuró la morena.

-¿Has acertado lo que pienso porque me conoces o te has metido en mi mente?

-¿Estás pensando en cómo harán los basiliscos para aparearse?

-No… -respondió Sirius desconcertado.

-Entonces sigo en mi cabeza –resolvió la bruja.

-Estás loca y borracha, Trixie.

-Pero te dejaré follarme esta noche, ¿a que soy la mejor?

Sirius no respondió. La atrajo hacia sí por la cintura y la besó. Por desgracia una víctima inocente estaba cerca; la misma de siempre, de hecho. "¡Por el amor de Dios, con lo bien que iba todo y ya me he llevado el trauma!" exclamó Hermione. Bellatrix rió. El animago se disculpó con una sonrisa y se alejó para hablar con Harry.

Hermione cogió aire. Había llegado la prueba más dura a la que jamás se enfrentaría: presentarle a Bellatrix a sus padres.