No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Isabella brincó cuando Edward saltó de la cama y corrió hacia la puerta del patio sin advertencia. Para cuando ella se puso su camiseta desechada, él ya tenía al fisgón por el cuello y aplastado contra la baranda del balcón.
No le sorprendió en lo más mínimo reconocer a Mike al final del brazo de Edward.
—No me mates —chilló Mike cuando la ira de Edward le dio la suficiente fuerza para levantar al rollizo chico del piso mientras lo empujaba contra la baranda.
El corazón de Isabella golpeó en su pecho mientras se aproximaba a ellos, intentando deducir cómo evitar que su esposo resultara acusado de asesinato en su luna de miel.
—¿Qué demonios haces en nuestro balcón? —gritó Edward.
—No quería hacerlo —dijo Mike con voz ronca—. Ella me obligó. Y realmente nos vendría bien el dinero.
—¿De qué estás hablando? —La mano de Edward se apretó hasta que los ojos de Mike se agrandaron.
Cuando él comenzó a ahogarse y resoplar, Isabella decidió que sería mejor si intervenía. Aferró el hombro de Edward para llamarle la atención.
—Edward, suéltalo.
Los ojos marrones normalmente intensos de Edward se entrecerraron peligrosamente.
—¿Antes o después de empujarlo por el balcón?
—Ahora —dijo Isabella.
El asidero de Edward se aflojó, y dio un solo paso hacia atrás, todavía empujando a Mike contra la baranda.
—Mejor comienzas a hablar —le dijo Isabella a Mike.
—A Heidi realmente le interesan las celebridades. —La mirada de Mike fue de Edward a Isabella y de regreso a Edward—. Así que cuando te vimos en el aeropuerto, ella buscó en y había una publicación sobre ti. Bueno, sobre y tu esposa y tú.
—¿Qué es celebxchange? —preguntó Isabella. Nunca había oído de tal cosa.
—Es donde la gente compra y vende fotografías de celebridades. Mayormente gente común vendiendo fotos de celebridades a los tabloides.
—Extraño —dijo Isabella, incapaz de comprender la idea de que a la gente de hecho le importara lo suficiente la vida privada de alguien para comprar fotografías de ésta.
Ella no era una persona que siguiera los tabloides o a la que siquiera le importara lo que las celebridades hacían en su tiempo libre. Estaba demasiado ocupada viviendo su propia vida para estar obsesionada con los asuntos de alguien más. Así que, para ella, que se tomaran fotografías de ella y se las vendieran a un completo extraño era totalmente bizarro. Se sentía como si debiera estar sucediéndole a otra persona porque, ¿por qué le sucedería a ella? No era una celebridad. Sólo era Isabella y cuando Edward no estaba en el escenario, él tampoco era una celebridad. Al menos ella nunca pensaba en él de esa forma.
—Entonces, no sólo tomaste fotografías de nosotros, ¿las vendiste? —dijo Edward, la voz baja y dura con enojo.
—Algunas. El comprador solo quería las de ustedes besándose, tocándose o teniendo sexo. No quiso ninguna de esas fotografías para las que posaste en la playa. Sin embargo, nos pagó mil dólares por cada una de las sexys. ¿Y la que Heidi tomó de tu esposa chupándote la polla esta mañana? Por esa nos dio cinco grandes. Cinco grandes, amigo. Eso es un montón de dinero.
—¿Puedo matarlo ahora? —preguntó Edward, moviendo la mirada hacia Isabella por un breve momento.
Ella todavía estaba confundida pensando por qué había sucedido esto.
—¿Quién pagaría esa cantidad de dinero por fotografías comprometedoras de nosotros? No es como si fuéramos súper estrellas. Y estamos casados, así que atraparnos haciendo el amor no puede ser usado como chantaje.
Edward se encogió de hombros, y luego sus cejas se juntaron.
—No puedo pensar en nadie que quiera vernos teniendo sexo, mucho menos pagar por eso.
—Emmett no está tan desesperado, ¿verdad? —preguntó Isabella. Edward rió.
—Oh, no. Realmente lo dudo.
A Michael, ella le dijo:
—¿Sabes quién es el comprador?
Mike sacudió la cabeza.
—No. Usaron un nombre de usuario.
—¿Cuál era? —presionó Isabella.
—Um, algo extraño. —Mike arrugó el rostro en una máscara de concentración, y luego sus ojos se agrandaron—. Lo recuerdo... 1724 Beechnut. No como playa, sino como el árbol.
La sangre de Isabella se heló, y sus rodillas se debilitaron. Edward la sujetó cuando se tambaleó.
—¿Sabes quién es? —preguntó Edward.
—Jeremy —susurró ella a través del nudo de miedo en su garganta—. Estoy segura de ello. Ésa era nuestra dirección cuando estábamos casados.
Edward la envolvió con los brazos y la acercó a él.
—Pensé que estaba en la cárcel.
—Yo también. —Nunca habían sido capaces de mantenerlo mucho tiempo en prisión.
Él tenía demasiadas conexiones en altos puestos y demasiado dinero para ser tratado como un criminal común. El brazo de Edward salió disparado y con un estridente crack, su puño conectó con la boca de Mike.
—¡Le vendiste fotografías a su maldito, psicópata y abusivo ex-esposo, idiota!
Mike se cubrió el labio sangrante con una mano.
—No lo sabía. —Se miró los dedos manchados de sangre—. Oh Dios mío, Edward Cullen me dio un puñetazo en la boca. Los chicos en casa nunca van a creer esto.
De hecho, sonaba orgulloso de su labio partido.
—¿Por qué Jeremy querría fotografías de nosotros juntos? —preguntó Isabella, pero sabía la respuesta.
Jeremy seguía obsesionado con ella. Todavía pensaba que ella le pertenecía. Quería pruebas de que era la puta que él afirmaba. A Jeremy no le importaba que estuviera casada con Edward; ella follaba a alguien más, lo cual en su retorcida mente significaba que lo engañaba. Jeremy la había acusado falsamente de infidelidad la mayor parte de su matrimonio. Había estado obsesionado con la idea, siempre intentado atraparla, buscado pruebas de su adulterio. Nunca había logrado obtener pruebas porque ella no lo había engañado. De todas formas, en la forma en que funcionaba la mente de Jeremy, probablemente pensaba que esas imágenes validaban sus sospechas.
—Necesitamos llamar a Estados Unidos y ver si se puede hacer algo sobre Jeremy obteniendo esas imágenes —dijo Edward.
—Lo lamento tanto —le dijo Mike a Edward—. Realmente te idolatro.
Edward continuó hablando con Isabella, su mano suave y tranquilizadora contra la tensión en la parte posterior de su cuello.
—Primero, vamos a llamar al gerente del hotel para hacer que echen a este condenado idiota de la propiedad. No sé si hay leyes contra el espionaje en este país, pero si las hay, presentaremos cargos.
—Pero se supone que me case en dos días —dijo Mike.
—Debiste haber pensado sobre eso antes de invadir nuestra privacidad —dijo Edward.
—Heidi va a matarme por ser atrapado.
Edward instó a Isabella a regresar adentro y la hizo sentar en una silla mientras pensaba a quién llamar y cómo lidiar con ambas situaciones. Ella estaba demasiado sacudida para ser de ayuda. Era más que miedo a Jeremy lo que la tenía agitada; se sentía completamente violada. Ahora sabía que Jeremy no tenía que estar sobre ella con puños apretados, gritándole palabras enojadas para hacerla sentir así. Él podía pagarle a otra gente para hacerle sentir como si ninguna parte de su vida, o ni siquiera su propio cuerpo, realmente le pertenecía.
No estaba segura de cuánto tiempo había pasado antes de que Edward la instara a ponerse de pie y luego se sentara en su silla vacía para poder sostenerla en su regazo. Él no dijo nada al principio, solo le acarició el cabello y colocó besos consoladores en su sien y mejilla. La tranquilizó a la vez que la excitó, y pronto la mayoría de la tensión había salido de sus músculos. De hecho, sentía que podía funcionar de nuevo. Como si no tuviera que encerrarse dentro de su mente para superar esta última alteración en su vida. Edward le hacía eso. Nadie nunca había sido capaz de llegar a ella como él podía hacer con sólo un contacto.
—Jeremy está fuera de la cárcel en arresto domiciliario otra vez —dijo Edward.
Bueno, eso explicaría cómo Jeremy tenía acceso a Internet. Los prisioneros tenían múltiples facilidades en la cárcel, pero Internet no era una de ellas.
—Ambos sabemos lo bien que eso fue la última vez —dijo ella.
—Su oficial de libertad condicional no estuvo complacido al saber que él intentó contactarse contigo, incluso si fue indirectamente. Así que va a pedir una orden de arresto para Jeremy.
—¿Van a mantenerlo encerrado esta vez?
—Eso lo decide el juez. Jeremy no te contactó directamente, así que no estoy seguro de que rompiera alguna ley. Pero seguro se siente como si hubiera hecho algo ilegal.
Ella se estremeció y enterró el rostro en el cuello de Edward.
—No quiero dejarte sola en Kansas City —dijo él—. Ven de gira conmigo.
—No puedo —dijo ella. Rechazarlo tenía menos que ver con sus responsabilidades laborales que con probarse a sí misma que Jeremy no podía hacerla vivir con miedo el resto de su vida—. Estaré segura. Hice que instalaran esa nueva mirilla instalada en la puerta de mi departamento. ¿Recuerdas?
—Entonces me quedare contigo. La gira ya ha sido pospuesta, sólo lo cancelaremos por el resto del año.
Isabella le presionó una mano contra el pecho para poder apartarse lo suficiente para mirarlo a los ojos.
—No vas a hacer eso. Tus fanáticos estarían devastados.
Él le capturó el rostro entre las manos.
—Imagina lo devastado que estaría si algo te sucediera.
—Viví con miedo a él por años, Edward. No puedo hacerlo de nuevo. Lo le permitiré que dirija ningún aspecto de mi vida. Si te hace sentir mejor, pondré un sistema de alarma. Tomaré más clases de autodefensa. Llevaré un arma. Pero no le permitiré que me aterrorice.
—Comprendo lo que dices, cariño, pero necesitas entender lo que te estoy diciendo. Tengo que mantenerte a salvo. No hay compromiso en mí sobre esto.
Ella nunca había tenido a alguien que se preocupara tanto por ella. Y casi cedió. Casi accedió a empacar sus maletas e irse de gira con él o a encerrarse en una fortaleza. Pero para ella, eso significaría que Jeremy había ganado, y no le permitiría ganar esta.
—Estaré segura. —Lo besó apasionadamente en los labios.
Se llevó el cabello detrás de las orejas y echó un vistazo alrededor de la habitación, todavía sintiéndose un poco desorientada, pero mucho menos traumada ahora que la atención de Edward se había volcado sobre ella.
—¿Qué le sucedió a Mike? —preguntó.
El asqueroso ya no estaba en su habitación. Ella tenía un vago recuerdo de algunos guardias de seguridad viniendo por él hacía unos momentos, pero había estado tan retraída en su mente que todo lo que había sucedido en la última hora parecía surreal. No estaba segura de por qué se ponía en ese estado cuando se encontraba profundamente alterada. No podía recordar jamás haber intentado bloquear la realidad retrayéndose en su mente hasta que el abuso de Jeremy se volvió insoportable. Odiaba que él todavía tuviera tanto impacto en su vida. Que tantas de sus respuestas emocionales todavía estuvieran dictadas por el bastardo. Estaba agradecida de que la presencia de Edward pudiera sacarla de su cabeza tan fácilmente. ¿Qué haría sin él? Ni siquiera quería pensar en la posibilidad.
—Se llevaron a Heidi y a él a la estación de policía para interrogarlos. Y ambos han sido expulsados de este hotel de por vida. Estoy bastante seguro que su boda tuvo que ser cancelada, y no lo siento ni un poco por ninguno de ellos. ¿Intentas cambiar el tema? —pregunto él—. Jeremy...
Ella levantó una mano para silenciar sus próximas palabras.
—No quiero hablar sobre Jeremy o siquiera pensar en él. No quiero que se entrometa en nuestra luna de miel más de lo que ya lo ha hecho.
—Sí, esa es una idea genial pero, ¿cómo demonios lo logramos?
Ella le envolvió el cuello con los brazos y le tocó la nariz con la suya.
—Llévame al paraíso.
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QUE FUERTE! Jeremy hace de las suyas de nuevo… no puedo creer que solo falten 2 capítulos para terminar la historia… No se olviden de comentar y de pasar por nuestro hermoso grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.
¡Nos leemos pronto!
