Shiho-Akemi, me hace muy feliz saber eso :) Gracias :) Espero que estos capis te gusten también.
Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 61
Se despertó con un bostezo, sin ganas de levantarse. No quería salir de la cama, estaba muy cómodo. Era temprano, así que se quedó allí por un buen rato y quizás se volvió a dormir. El encanto del despertar se murió al salir de la ducha y ver el reloj. La única razón por la cual no se llevó las manos a la cabeza y entro en pánico era por todos los años de entrenamiento y porque sabía muy bien que Reborn lo castigaría por tal cosa. Ganas no le faltaban, eso sí.
- Y allí se fueron mis planes de pasar el día con Ne-chan… - El reloj no le dio respuesta, ni piedad tampoco. Hubiera sido apreciado saber si solo había sido una jugarreta de su mente o una ilusión… - El desayuno también. – Eso no le importaba tanto.
" Solo espero que Reborn no piense en darme una mala sorpresa por despertar prácticamente para el almuerzo…", pensó para si algo bromista, algo decaído, pero mayormente resignado. Resignado a que era la pregunta. Solo Dios sabía que se iba a conseguir cuando saliera por la puerta.
Pues… milagrosamente no había hoyos, explosiones, ni humo ni nada similar. Solo mucha gente comiendo y hablando animadamente. En el caso de algunos, robando o tratando de robar la comida de alguien más. Las amenazas, quejas, y demás lo metía todo junto con "hablar", ya que, técnicamente, todo era hablar. En otras circunstancias, hubiera estado encantado con esto. Ahora solo estaba extrañado y nervioso. Después de todo, su familia nunca fue exactamente… tan pacífica.
- Creí que también te perderías el almuerzo. – Anuncio cierto asesino a sueldo sin siquiera mirar, concentrado en su comida.
- Te salvamos un plato. – " ¿Salvar?", la pregunta hizo eco en su mente.
- ¡Lastima! – Lengua afuera y pucheros. - ¿Por qué no pudiste dormir más tiempo Tsuna-nii?, ¡hubiera sido más para mí!
Por supuesto, como era de esperarse, esto trajo unas cuantas quejas por parte de varios y casi se forma una pelea. Honestamente no sabía cómo Lambo no termino peor, pero suponía que era solo porque fue con él y no con alguien más.
- Ya veo. – No había más que decir, en su opinión al menos. – Gracias. – Aunque no estaba muy seguro si lograron salvarle algo de verdad. Con Reborn no se podía. Con Lambo era problemático. ¿El resto?, inesperado.
No demoro en ser prácticamente empujado a su silla y servido, con un leve regaño de que no debería acostarse tan tarde incluso si era fin de semana de su mamá. No fue la única, para su vergüenza interna, pero le llego una ayuda inesperada:
- Déjenlo. – Sin levantar la vista de su plato y llevándose algo a la boca que no tardo en desaparecer, Reborn explico: - Aprendió a entrelazar llamas. – Ya. Eso fue todo. Yay.
Aparentemente esa era la única explicación necesaria, porque muchos asintieron, unos lo felicitaron, solo un par quedo como él sin entender del todo o nada dicha explicación. No iba a negar que esto le trajo malos sentimientos al saber que, por lo visto, era tema básico que hasta Fuuta y I-pin conocían. Hasta Lambo sabia, se dio cuenta con irritación y… algo que mejor no tocaba, cuando solo tomo unas pocas oraciones para que Lambo cayera en cuenta. Quizás, para su vergüenza interna, se notó algo en su cara porque el ambiente cambio y pues… todo se volvió incómodo. No había hecho nada ni dicho una palabra, ni siquiera se había movido, pero ocurrió.
- Patea a Nono. – Llego la "amable" sugerencia de alguien que, al contrario de la mayoría, sonrió ante el cambio. – Lo que te enseñe es asunto delicado, recuérdalo. – " Por más que lo digas, tengo casi 25 y me voy enterando ahora y Lambo que tiene solo 5 sabe.", pensó con una mueca interna. – Es normal que estés celoso.
- Que. – Se le salió, sin poderse creer lo que acababa de oír.
- Es de esperarse que te sientas dejado por fuera cariño, celoso incluso. – Esto no lo hacía sentir mejor. Estaba mortificado ya. - ¿Nadie te enseño… ya sabes…?
Ah. Claro, Reborn se lo había dicho ayer. No lo hacía más fácil, por más que quisiera.
- ¿Tú también? – Pregunto, solo para estar seguro. Emma solo le dio una sonrisa bastante nerviosa. Tomaría eso como un sí. – No, nadie. – Esperaba no tener alguna otra cosa de esta magnitud que no supiera. No debería de sorprenderlo, no era la primera vez. – A menos que cuentes drogarme con llamas de lluvia, claro está. – " Y pastillas de dormir y otras cuantas cosas más…", completo en su cabeza. - ¿Celoso? – No pudo evitar preguntar, agregando: - Diría mas exasperado, pero bueno… - No estaban del todo errados, tristemente.
- Celos. – Corrigió como si nada Reborn, levantando la vista por primera vez en la conversación. – Eres un cielo, naturalmente quieres estar más apegado a tu familia, a tus guardianes. – Si el tema no fuera tan mortificante, se tomaría un momento para apreciar la calma con la que Reborn estaba tratando esto. – El saber que has sido negado y dejado por fuera no sienta bien, lo demuestres o no. – Una pausa, y se sintió como si estuviera siendo evaluado. – No deberías esconderlo. – Termino, como una especie de veredicto.
- Reborn, no estoy celoso, al menos no a ese nivel. – Lo cual, suponía, sería lo normal para su yo de este tiempo. – Exasperado, mortificado tal vez. Molesto, en parte. Quizás haya sido una bendición disfrazada no saber. – Hubiera sido más doloroso, ¿no es así? – Mejor tarde que nunca, supongo. – Ahora, había temas mucho más importantes: - Debieron de haberme despertado, es tarde. – Se perdió por completo el desayuno, como primera queja.
- No es por nada Tsuna-kun… - Sorprendentemente fue Emma quien lo atajo, aun nervioso. – No hubieras estado feliz si lo hubiéramos hecho. – Esto tenía que ser broma, ¿verdad?
- No va a entenderte, no tuvo la experiencia completa. – La atención cambio completamente a Reborn. Internamente rodo los ojos. – Puede que no sea capaz de tenerla. – Esto, esto no le gusto a nadie y no sabía por qué. Genial. Al menos tenia chuletas de cerdo para acompañar el momento. - ¿Quieres tratar con alguien más Tsuna?, a baja escala, obviamente.
- ¿A baja escala? - ¿Cuándo demonios se hacía algo a baja escala en su vida? – Oh… - Igual creía que se iba a ir de las manos, honestamente. - ¿Seguro? – Pregunto luego de imitar lo que hacía Emma.
No sabía para que se molestaba en preguntar, Emma había saltado de inmediato ante la sugerencia como quien dice. En esto no fue diferente, y se preguntó por qué. Solo una pequeña llama, de sus anillos, nada más. Muy pequeña, pero para los efectos suponía que no importaba. Claro que… él fue el único que no fue sorprendido. Su llama parecía estarse comiendo la de su amigo y de paso estaba cambiando de color. Lo único que tenía que decir al respecto era:
- Diez años no va a cambiar nada, ¿sabes? – La inseguridad y leve nerviosismo se le era raro, suponía que era solo porque no eran propias. – Igual vamos a seguir molestando al otro, te lo aseguro. – O al menos así sería por unos cuantos años, luego de allí…
- ¿Se las come? – Vaya. No lo había pensado de esa manera… - ¿Reborn, cariño mío? – Señor, apenas le iniciaba el día…
- La experiencia es cortada a la mitad por eso. – El Arcobaleno parecía más curioso que otra cosa. – No es algo que hubiera visto antes, si soy sincero. – Ahora sí que rodo los ojos. – Tsuna, intenta darle parte de tus llamas a Emma. – Una de sus cejas tembló al ser robado de manera tan descarada por su tutor, en medio de algo importante. Al menos no lo escondía, suponía.
- Muy rara vez he hecho eso. – Advirtió sin mucha emoción. Nunca había tenido la necesidad, honestamente. - ¿Así? – Era poco, pero se veía mucho. No ayudaba que Emma no las absorbía tan rápido como él mismo. O que no lo hacían de la forma correc-
Los que quedaban en la mesa se miraron, y lentamente sonrieron o se rieron. Obviamente no había recibido la experiencia completa anoche, y si no lo estaba haciendo ahora entonces estaba cerca. No era la gran cosa, pero las primeras veces siempre eran notorias. Tsuna parecía haberle caído un balde de agua fría, y Emma…
- Y ahora se por seguro que estas irritado y no celoso como tal. – Eso debería de cambiar en cualquier momento, aunque era más probable que no surgiera como tal porque este Tsuna no tenía a quien aferrarse en su época. – ¿Qué tal se siente? – Era en este punto en donde los participantes se sentían aceptados, queridos, y en paz, en resumen. Era un tanto difícil no sentirse así cuando la otra persona compartía lo que sentía el otro y le daba la bienvenida mas bien.
- Bueno… - Una leve sonrisa que era muy blanda. – no me lo espere. – Un encogimiento de hombros. - Es calmante, muy calmante.
- ¿Nunca te ofrecí o te pedí esto por casualidad? – Emma estaba casi seguro que, incluso si lo hubiera hecho, Tsuna no hubiera entendido así lo hubiera pedido directamente. - ¿Alguien más?, con indirectas… - La gente no solía llegar a decir algo así directamente. Mayormente porque era algo delicado, y nadie quería ofender o implicar nada sensible…
- Si alguna vez lo hiciste no lo abre notado. – Otro encogimiento de hombros. – No negare que si hiciste unas cuantas cosas raras, pero eso ya es más que perfectamente normal a estas alturas. – Hizo una pausa, mirando las llamas antes de decir: - ¿Ahora qué?, por más que se vea y se sienta bien, comer con una mano no es muy grato, ¿sabes?
- Ah. – Avergonzado, Emma aparto la mano y ambas llamas se separaron. No tardaron en desvanecerse gracias a sus dueños. - ¿Qué clase de cosas raras? – Ese no era el mejor momento para preguntar, o el mejor lugar tampoco.
- ¿Y arruinar las cosas? – Ya sea que Tsuna entendiera el predicamento en el que sin querer se metió Emma o simplemente no quisiera contarle, funcionaba. – Descúbrelas por ti mismo si tanto quieres saber, aunque tendrás que ser paciente. – Tsuna no iba a decirle, había cosas que era mejor no alterar. ¿Cosas divertidas con sus amigos?, eso no se tocaba. – Reborn, deja de robarme. – A este ritmo no le quedaría mucho en el plato. Siempre podía pedir más, pero no era la idea.
- ¿Dijiste algo? – " Allá se fue lo que me quedaba de cerdo…", pensó Tsuna con un tic en el ojo.
- Dije que dejes de robarme papá. – " A ver si te haces el sordo ahora.", mamá ni nadie comprometedor estaba cerca, así que podía jugar esa carta. Ni idea de que efecto podría tener.
Aparentemente el efecto era que unos cuantos se ahogaran, una ceja arqueada y bocas de peces. No iba a decir quién era quien, aunque la ceja arqueada solo podía pertenecer a una sola persona.
- ¿Perdón? – " Ooopppps…", pensó con una sonrisa nerviosa, " pobre Bianchi."
- Adopción. – Honestamente mentira no era. – Una que llego bien tarde, ¿pero que se le va a hacer? – Ya más que había pasado la mayoría de edad, pero esos eran tecnicismos. – No le digas a mamá, que nadie le diga. – Porque no oiría nunca el final de eso. Por más que explicara o tuviera lógica su punto de vista.
Reborn prácticamente era la única figura paterna en esta casa, así fuera del diminuto tamaño que tenía. Su tutor había hecho lo que nadie más había hecho, y ahora que lo pensaba…
- Creo que nunca te agradecí por quedarte tanto tiempo… - Reborn, sorprendentemente, no parecía molesto. Demasiado atento más bien, y eso debería de preocuparlo, mas no lo hacía. – y de asegurarte de que las cosas no cayeran en pedazos. – Suspiro en esto, pensando por un momento en su propio tiempo, en donde todo se fue al infierno tan pronto Reborn se fue. Irónico, ¿no?, todo se va al infierno cuando la persona a la que más describiría como un demonio se fue. Nada en su vida tenía sentido. – Eso no quiere decir que aprecie que me estés robando, ya te llevaste mi desayuno, ¿no te basta? – Y por si las dudas: - Tengo hambre, y si te robo vas a querer matarme y apenas comienza el día y… - Pauso, cambiando de ida. – Sabes que, no importa. – Si iba a morir lo haría por una buena causa: - Nadie puede negarse ante esta maravilla. – El preciado y amado café, la mejor bebida que pudiera existir.
Honestamente casi escupe el café robado cuando, en lugar de castigarlo, Reborn solo saco otra taza de sus escondites secretos. Eso… eso era nuevo. No nuevo en el sentido de que nunca lo había visto hacerlo. Nuevo en prácticamente dejarle pasar algo así. No fue el único en creer que el infierno se congelo, al menos.
- Bianchi, ¿no quieres intentarlo? – Ignorando todo, o casi todo, el mejor asesino a sueldo del mundo siguió con su almuerzo. Valió mucho pedirle que no le robara… - Estoy bastante seguro de que debes de haber aprendido a evadir o defender tu comida, aparte de robarme obviamente. - ¿Ah?
- Un par de veces pasa… - Una o dos. Pero usualmente: - Casi siempre terminamos en pelea y no estoy de ánimo. – Después de todo: - Odias perder, ¿lo recuerdas? – Y aparentemente comer era una competencia. No le importaba mucho, la verdad.
- Entonces no te quejes. – Y allí se fue su única esperanza. – Aun hay más, tampoco te voy a dejar morir de hambre mocoso. – Vaya consuelo. - ¿Entonces como rayos le haces con los otros si conmigo no puedes?
- Esa es una buena pregunta… - Le dio mala cara a Emma, pero no sirvió: - Vamos, Lambo es una amenaza por sí solo. – En esto, por desgracia, tenía que concordar así no lo quisiera.
- Todos son una amenaza de una forma u otra, incluso tú. – ¿Que podía decir?, era la verdad. – No puedes esperar que un simple mortal logre más que ir con la marea con seres que bien podrían venir del inframundo, ¿no creen? – Cara de póker, voz sin emoción. No era más que una admisión obvia según el punto de vista de Tsuna.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Oh oh, Bianchi tenía una expresión bastante amarga. – Dime qué diablos haces para manejar a mi hermano, es uno de los más simples, prácticamente te adora. – " No diría eso, Bianchi-san.", claro que Tsuna no iba a decirle sus pensamientos al respecto.
- Lo mismo que hago en esta época. – Se encogió de hombros. Era la verdad. – Él nunca se deja hablar, así que solo lo dejo creer lo que quiera creer… - No era su problema, suponía. – No hay mucha diferencia con nadie, nunca pude con ellos. – De hecho: - ¿Cómo diablos esperan que una persona como mi yo de este tiempo siquiera pueda manejar una conversación con personas altamente peligrosas, violentas, o… o… o…? - Se detuvo, amargo. – Todos ellos son personas que usualmente son las que lideran las conversaciones y sus acciones, y yo era el más debilucho y el que menos control de nada tenía. – Era la verdad, quisiera negarlo o no. – Esperan mucho, siempre esperaron mucho. – Ahora… - La única suerte es que se me han pegado cosas de papá, de resto no me harían mucho caso en las situaciones peligrosas…
Por supuesto, esta clase de respuesta solo logro que lo miraran todos como si no creyeran lo que oían. Lástima, porque esa era la verdad.
- ¿Yamamoto? – Esto fue casi apurado. – Él es mucho más fácil-
- El fácil es Lambo. – Corto sin querer oírlo. – Un dulce aquí y allá, un leve regaño y al menos el escucha, así sea a regañadientes. Eso, o los otros lo matarían porque no me usaría de escudo. – Lambo era tierno y exasperante. A veces solo una. – Yamamoto toma todo como un juego, para bien o para mal. – Sus quejas serian que lo hacía dormir lo quisiera o no. – No hay mucho que hacer allí, entiende las cosas a su manera… - Suspiro profundamente. – Todos toman las cosas a su manera, así que básicamente juego con eso. – Además: - Nadie quiere hacerme perder los estribos, no desde que volé media mansión en una rabieta…
- Eso no me sorprende…
- ¿Que fue eso? – Ah, con que nadie iba a repetirlo, ¿eh? – El punto es que las cosas no cambiaron mucho, solo me hice mejor en ir con las olas. – No había mucho que decir allí.
- Técnicamente hablando, los dejas creer lo que quieran y usas intimidación indirecta. – Bianchi se apretó el puente de la nariz. – Estoy bastante segura de que no debe de haberse visto así… - De hecho, Bianchi no creía que fuera así con el Tsuna de esta época, pero nunca le habían preguntado como para saberlo.
- Diría mas manipulación, pero también sirve. – Tomando en cuenta que los guardianes podían intentar matarse entre ellos en cualquier lado y momento… - Dios, Tsuna-kun…
- No me mires así. – Estuvieron casi en los mismos zapatos. – A ti te ira más que bien, tus guardianes son muy sobreprotectores y pobre de aquel idiota que medio te de malos ojos. – Era ridículo y divertido, muy divertido. – No hacen pedazos casi nada, al menos. – En pocas palabras: - Te ira muy bien.
Pues, por lo visto, eso no era lo que Emma quería escuchar. Tanto así que aparte de la mirada incrédula, Tsuna se vio tomado de la mano y prácticamente en el piso siendo arrastrado a solo Dios sabe dónde. Quejas o no, Emma tenía algo en mente y Tsuna no se iba a librar de eso. Reborn solo tomo un largo sorbo de café, sin molestarse, mientras que Bianchi paso a apoyarse en la mesa en signo de derrota.
- Bianchi. – Llamo el mejor asesino a sueldo del mundo, extrañamente tranquilo. – Recuerda que él siempre se ha subestimado.
- Reborn… - Un largo suspiro, pero la dama asintió, cansada. - ¿Por qué ni siquiera estas sorprendido?
La respuesta de Bianchi fue un pequeño libro negro. Lo tomo con duda y curiosidad, sin saber que esperarse.
- Son notas de mi yo futuro, aparentemente están tratando con un Tsuna con varias personalidades, una de ellas cree que tiene 14 y actúa como tal. – Una pausa. – Mayormente son notas con respecto a ese Tsuna, y una de las principales cosas que dice es que es un buen actor, es conformista, y nunca tuvo planes futuros. – Ignorando lo quieta que había quedado Bianchi, Reborn siguió más suave: - No saben que su Tsuna está aquí, y no planeo dárselos a saber. Este Tsuna cree fervientemente que nadie lo espera en su tiempo, y que no es Tsuna. – Otro sorbo de café antes de que Reborn tirara la bomba: - Bianchi, todos estos problemas están latentes y nunca los vimos porque el Tsuna de este tiempo es un buen actor y está feliz y resignado a lo que le tire la vida. Es culpa de sus padres, y en verdad no hay mucho que pueda hacer por este Tsuna porque es demasiado daño para tan poco tiempo, de paso no valdrá de nada si en su tiempo no le espera nada bueno o cree tal cosa.
- Pero… - Bianchi se mordió el labio nerviosamente. – Reborn, todos los que han venido prácticamente ruegan que cuidemos al Tsuna de este tiempo y… - Pauso, sin saber cómo decirlo.
- Fue dejado solo por años, justo después de su primer asesinato. – Reborn cerró los ojos y bajo su sombrero, mientras que Bianchi palideció. – Si tenía problemas para antes de eso, ahora es mucho peor. Los quiere, pero cree que no los volverá a ver y la relación nunca va a ser igual. – No había solución, al menos no una que pudieran darle. – A lo mucho podemos ayudarlo un poco, lo más posible, pero eso puede perderse cuando regrese y no sabemos cómo van a tratarlo. Bianchi, lo mejor que podemos hacer es aprender todo lo posible lo que podamos de él para que nuestro Tsuna no pase por lo mismo. – Era cruel, muy cruel de decir, pero esa era la realidad.
- Y él nunca entrelazo sus llamas con nadie… - No hacía falta traducir.
Nono no le enseño como prometió, y nadie más lo hizo. Nunca experimento la sensación que eso traía, la aceptación, el entendimiento de la otra persona y nadie de él. No tuvo ese tipo de relajación, ni los celos que surgían con ello. O la posesión. Al entrelazar las llamas varias veces con la misma persona había un reconocimiento casi instintivo, había celo, había una comprensión que de otra forma no habría y también el no querer compartir. Al ser un cielo, eso era peor. Perdió esa cercanía, más cercanía de la que tuvo con su familia, y ahora…
- Va a tener problemas si lo hace con nosotros Reborn. – Menos iba a querer irse, iba a-
- No lo hará en su tiempo, déjalo que se lleve la experiencia. – Para bien o para mal: - Él sabe que tiene que irse, está aquí por nostalgia Bianchi. Él dijo que esta era la mejor época de su vida, mejorarla un poco más o no hacerlo no va a cambiar ese hecho.
Por un momento, ninguno dijo nada.
- Creo que sus llamas mutaron o quizás siempre fueron así. Hay que probar, pero por lo visto absorben otras llamas. – El cambio de tema era casi alegre comparándolo con lo que había estado hablando. - ¿Te unes?, tengo que hablar con Dino mientras aun este aquí.
A eso Bianchi no podía decir que no. Solo podía agregar:
- Me gustaría ir al futuro, Hayato necesita unas palabras. – Un buen regaño, un buen y gran regaño.
- La bazuca aún está dañada. – Eso no fue un no. – Cuando la reparen.
Eso no fue un no. Reborn debía de querer asesinar a unos cuantos…
En otro lugar…
- ¡Emma! – Y aquí se terminaron de ir sus planes, cielos.
Cuando finalmente se detuvieron, Tsuna casi se lleva a su amigo por delante y/o besa el piso. Si la situación no fuera tan grave, si Emma no estuviera mortalmente silencioso, se hubiera quejado. Tal y como estaban las cosas, no podía evitar quejarse de su suerte internamente. ¿Que podría haber dicho que molestara a Emma?, le había dicho que todo le iría bien. ¿Que tenia de malo saber eso?
Fue jalado y esta vez sabía que no iba a ser arrastrado. Una caminata silenciosa, con un agarre de hierro. Se preguntó internamente si Emma sabia como lucia esto en público, pero sabía muy bien que no era así. De todas formas no había daño, suponía. De igual forma no era asunto de nadie. E incluso si Emma supiera como debían de verse o lo que seguramente pensaría la gente, eso nunca lo detuvo. En especial si estaba molesto, como ahora. Emma no era el único, pero no se lo espero ahora de todos los momentos.
- ¿Emma-kun? – Esto como que sería para largo, y la verdad era que no tenía idea de a dónde iban.
Era una suerte de que ya estuviera acostumbrado a todo tipo de miradas, pero estaba seguro que Emma iba a tener un buen momento de pánico y vergüenza interna en cuanto se diera cuenta del público. O de lo que hacía. Cualquiera era buena.
Pestañeo como un tonto, solo para que Emma le señalara una silla en… Habían caminado hasta que medio se le pasara la rabia a su amigo, ¿eh?, no debía de saber en dónde estaban, pero lo complacería. Al menos las hamburguesas eran buenas y había quedado con hambre y ya Reborn debía de haber hecho fiesta con el resto de su almuerzo. Honestamente no vendría a un lugar como este ya que quedaba muy lejos y había mejores lugares, pero no podía ser quisquillo justo ahora.
- ¿Emma-kun? – Hizo una mueca al ser ignorado por un menú.
Bien, bien, bien… esto no iba a ser lindo. Al menos estaba haciendo un esfuerzo en simular que estaba ocupado en algo, pero ambos sabían que no estaba leyendo nada allí. Era mejor que recibir la mala cara y la mirada de muerte de lleno y directo. Eso era justo lo que le esperaba y más cuando viera al Emma de su época. Iba a matarlo y hacerlo croquetas de pulpo. Se lo merecía, no lo iba a negar, pero aun ahora no quería verlo. Emma no necesitaba hablar para comunicarse algunas veces. Sabía muy bien lo que lo esperaba, un Emma muy molesto que iba a querer matarlo. Pero eso era después, no era importante ahora.
- Las hamburguesas son buenas. – Comento a sabiendas que era mejor decir algo. Además, en cualquier momento les llegaría el mesero. – Espero que tengas dinero, porque no tengo nada encima. – Excepto la ropa, no agarro la cartera y lo demás quedo atrás. ¿Por qué siempre pasaban cosas así cuando menos estaba preparado?
Un puesto de comida rápida, con mesas al exterior. De broma no terminaron en el parque. O en cualquier otro lado. Honestamente no debería de tomar estas cosas así de bien, pero bueno, culpaba a todas las cosas volando en pedazos de una manera u otra.
- ¿No te dijo nada? – Vino mucho después, esperando las ordenes. Ya cuando fingir mirar un menú se pasaba de absurdo. - ¿Nunca se dio cuenta?, ¿eh?
- Emma-kun, no soy adivino… - " Caray, ¿qué tiene que ver eso con toda la rabieta?" – Supongo que te refieres a ti… - La mirada de muerte no tenía mucho efecto, no con el brillo que delataba lágrimas. Probablemente de impotencia o frustración. – Era bastante feliz, ¿qué podrías decir a eso? – Aunque podía darle algo: - Vas a matarme, segurito, pero cruzare ese puente cuando llegue. – Ahora: - ¿Qué quieres saber?, ¿o quieres decirme algo? – Podía ser cualquiera.
- No es justo. – Fue una acusación, como una daga al corazón. - ¿Cómo rayos puedes decir que eres feliz?, ¿tus guardianes son ciegos?, ¿también yo? – Tsuna pestañeo y luego sonrió, divertido. Esto, por supuesto, no le cayó bien a Emma.
- No estaba solo Emma-kun. – Fue la respuesta amable, tranquila, y hasta dulce en cierto modo.
Una simple y dulce respuesta a primera vista, muy sincera, y más con esa sonrisa. No decía mucho, no a primera vista. En este caso, decía todo. Emma no necesitaba preguntar nada más, no necesitaba saber más, para entender todo lo que Tsuna le estaba diciendo solo con eso. Era… agridulce. Algo que hubiera esperado del Tsuna de esta época, no de uno del futuro. 10 años era mucho tiempo, tanto tiempo que hubiera creído que para entonces algo tan simple ya no era suficiente. Ninguno podía salirse del paquete de la mafia, entendía, y aunque le alegraba saber que todo iría bien con él… No estaba feliz de saber a qué a Tsuna obviamente no le fue tan bien. No era feliz de saber que esa simple razón aun estaba presente, y no era feliz de saber que…
- ¿Estabas? – Repitió Emma con voz muerta.
No se había perdido que Tsuna había hablado en pasado.
- No soy el Tsuna que conoces, me temo. – No, no se lo creía ni un poquito. – Ese Tsuna que todos querían ya no existe en mi época, Emma-kun. – Emma quedo atontado oyendo esto. Debía estar oyendo mal. – No he visto a casi nadie en mucho tiempo, incluyéndote. – Una pequeña risa algo divertida. Emma no sabía que tenía de divertido lo que estaba diciendo. – Nadie quiere ver al monstruo que ronda la mansión Vongola, y los pocos que quisieran tienen prohibido la entrada. Así que, Emma-kun, no es culpa de nadie, excepto la mía propia, supongo.
- ¿Supones? - ¿Qué diablos estaba escuchando?
La sonrisa casi triste no ayudaba, era como si le fueran a decir que alguien murió.
- A alguien se le tiene que culpar. – Se encogió de hombros. – El punto es que no importa, no te preocupes por mí, he estado bien por mi cuenta y lo seguiré estando. – Emma no creía tal cosa ni por un minuto. – Esperemos que el Tsuna de esta época tanga mejor suerte, ¿no crees?
Esa era la forma más sutil que Emma había oído para decir que centrara su atención en alguien más. Una simple frase para decir que no había nada que hacer por él, pero su yo de este tiempo era un tema completamente distinto. Emma frunció el ceño y maldijo internamente. Su yo futuro…
- Él debe de querer estrangularte. – No de verdad, pero sí que debía de estar molesto. – No justo que lo dejes por fuera, sabes que te quiere mucho y quiere ayudarte. – Por si no era obvio antes.
Su corazón cayo al obtener una sonrisa más sincera, indicándole que este Tsuna estaba más que consciente de este hecho. Su respuesta no lo hizo sentir mejor:
- Mi mejor amigo no merece tener que cuidar de mi ni ayudarme con tanto, tiene su propia familia que cuidar y sus estudios no son cualquier cosa. – De paso: - Además, no quisiera darle malestar y enojo de a gratis, no hay mucho que pueda hacer y no quiero obligar a nadie a nada. – Una leve pausa. – No quiero que me vea así, Emma-kun, como un completo desastre…
Un desastre completo, sin duda alguna. Era una lástima que:
- Estoy bastante seguro que él si hubiera querido verte, desastre o no. – No había forma de que Tsuna hubiera sido capaz de esconder algo tan grande, por más que quisiera hacerlo. – Aun debe de querer verte. – Y decirle un poco de todo por tomar una decisión que no le correspondía, en especial en algo tan grave.
- No quiero que vea. – Vino luego de una pausa, en voz muy baja. – No quiero que nadie vea, nadie. – Emma iba a preguntar porque, pero no hizo falta: - No soy ni la sombra de lo que solía ser, Emma.
Pues, si alguien le preguntaba a Emma, no le parecía así.
- Es difícil de creer. – No lo creía, Emma no lo creía. – Te pareces mucho para ser una sombra, mucho más de lo que crees me temo. – Porque aparte de lo serio, y la tristeza aquí y allá, la única diferencia verdaderamente notable era: - Has pasado mucho tiempo con Reborn, eso es todo.
Al menos esto último saco una pequeña risa. No era por diversión, era la verdad. Tal vez debería de… lo matarían, pero valdría la pena si…
