Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 62
- ¡Reborn! – La visita había sido menos fructífera de lo que hubiera querido. - ¡Prometiste que me sacarías de aquí! – Lloriqueo su tonto estudiante.
- Dino. – Por dentro el mejor asesino del mundo repetía: "no lo mates". – Solo es un nudo simple, puedes salir tu solito. – Si necesitaba ayuda con algo tan básico… oh, espera. – Llamare a Romario para que te venga a buscar.
- ¡Gracias Reborn! – Opps. Pequeños detalles.
- Tanto que amenazo y los ato así… - Bianchi le soltó tan pronto estaban fuera del rango de audición de las pobres almas en pena de hace un momento.
- Teatro. – Reborn se encogió de hombros. – No quería que Dino revelara mucho. – Peor aún: - Además, ¿vas a decirme que no es divertido?, solo tu hermano está más que feliz viendo todas esas películas. – Libre de irse en cualquier momento. Era una maldad, en su opinión. Lo aprobaba.
- Supongo que es de esperarse, yo también me molestaría si viene alguien y habla más de lo que debe que ni siquiera le concierne… - Eso era una forma de decirlo. Todas las risas se acabaron y la diversión se terminó por: - Reborn, ¿ese no es Emma?
Si, era Emma. Emma hablando seriamente con Irie y Byakuran de todas las personas. Los tres tenían caras serias y ceños fruncidos. ¿Qué rayos hacia Emma aquí?, ¿no estaba con Tsuna?
- ¿Y Tsuna? – Mas le valía tener una buena respuesta del porque no estaba con su estudiante ahora. Era de noche, y no es que se preocupara mucho por la seguridad de Tsuna, ya estaba muy grandecito como para cuidarse solo, pero temía que hiciera alguna tontería. – Pensé que estabas con él. – Soltó como quien no quiere la cosa.
Reborn esperaba que Tsuna tuviera la buena cabeza de estar en casa. No quería ninguna tontería justo ahora-
- Lo deje con Hibari. - ¿Que? – Debería de estar en casa o en camino. – Si estaba con Hibari, olvídalo. Tsuna iba a llegar tarde.
- ¿No deberías estar con ellos? – Bianchi no estaba muy feliz con la noticia.
El chico no le respondió, y por la cara frustrada Reborn tenía una buena idea de lo que pasaba aquí. Las caras esperanzadas de los otros dos no hacían más que confirmárselo. Así debió de haber molestado Tsuna a su mejor amigo que dicho amigo quería tomar… medidas drásticas…
- Vámonos Bianchi. – No le pasaría nada muy serio. También sería otra fuente de información. – Romario debe de estar cansado de esperar. – Sin querer más interrupciones: - Te esperamos en casa lo más pronto posible. – Con eso debía de darse a entender. Si no siempre podía usar la vieja confiable: caerles a palos a todos por toda esta ridiculez.
El mensaje llego alto y claro, afortunadamente para ellos. Lástima, necesitaba enseñarle una lección a alguien. Los árboles se estaban acabando. Tendría que pasar a otra cosa…
- ¿No deberías de detenerlo cariño? – Allí estaba el dilema.
- No podemos. – Lo decía en plural porque ni siquiera Tsuna podría detenerlo ahora. – Si lo intentas lo harás peor. De esta forma al menos estará bajo supervisión y no caerá tan de sorpresa. – Debían de tener algo que no fuera la bazuca. Se supone que debía de estar arreglada para mañana. Quizás ya estuviera lista y solo querían darle una revisión. Quién sabe. – Además, debería de ayudarnos más que Dino. – O quizás no, si lo que Dino decía era cierto entonces casi nadie podría darles mucha información sobre esos tres años…
Emma podría darles más que Dino, al menos antes de esos tres horribles años. Quizás el único que pudiera decirle sobre esos años con certeza era el propio Tsuna. Ya vería como se los sacaba, tenía que haber una forma de hacerlo sin llegar a pleito. ¿Qué hacia Hibari buscando a Tsuna de todas formas?, no creía en coincidencias…
- Romario. – Al menos alguien no la estaba pasando mal. – Veo que la están pasando bien. – Muy bien. Con aperitivos, cerveza y cartas. Y televisión.
- Tsuna-san piensa en todo. – Todos los hombres asintieron, casi en lágrimas.
Reborn diría que Tsuna mas bien pensaba en todos menos en sí mismo. Estos ni siquiera eran sus hombres y ta da: hasta cerveza tenían. De seguro era de la licorería que quebraron, pero detalles. El televisor no salió solo. Era muy probable que solo fuera para que no pensaran mucho en Dino cuando estaba… "castigado".
- Ya pueden rescatar a su jefe. – Y porque no podía faltar: - Si no fuera tan inútil sin ustedes, hace mucho que hubiera salido de allá. – Era un nudo simple. Un solo nudo.
Al menos ya tenía una excusa más para tor-entrenar a Dino. No debería ser posible que no fuera capaz de escapar de algo así el solo. Al menos tenía la buena cabeza para no hacer las cosas peor intentando liberarse. Eso no le ganaba puntos para evitar la tortu-entrenamiento.
En otro lugar…
- ¿No podías aguantar un poco más? – No importaba, no pasaba nada. Igual le daba risa.
Claro que las risas solo molestaron al prefecto demonio y casi le parten la cabeza en consecuencia. No le sorprendía, por un lado. Mañana sería un día caótico para Hibari. Bueno, no para Hibari precisamente. El resto del mundo, porque las actividades rompían unas cuantas reglas del prefecto y una de ella eran las aglomeraciones. Hibari pasaría el día entero barriendo el suelo con gente propia o no del instituto. Al que medio cruzara la línea iba a terminar en el hospital de seguro. Era un día especial. Varios, en realidad.
Quizás era solo la emoción, quizás era solo el hecho de que Hibari debía de saber que se iba a fugar en cualquier punto si su papel cambiaba. Conociendo su suerte, era muy probable que pasara. Más bien iba a aparecer en lugar de desaparecer la semana entera. Solo para no ganarse la ira de Reborn y no conseguir una ciudad envuelta en llamas por culpa de sus guardianes. No quería lidiar con eso. Al menos no tenía que lidiar con el papeleo. Era la única bendición. Eso y que… no podía perderse ver a sus amigos hacer el ridículo en primera fila.
- Oh vamos, no te me enfades. – "Son 10 años de experiencia, Hibari-san. Meterte todo de golpe seria noquearte y me temo que eso no sería divertido." – ¿No quieres hacer esto durar Kyoya? – Y solo porque sabía que esto molestaría a su guardián: - No quiero noquearte tan pronto. – "Te tengo."
Realmente solo podía hacer esto en contadas ocasiones. Molestar tanto a sus guardianes no era una buena idea para su integridad mental. La física era lo de menos. Primero destruirían todo antes de darle él. Como ahora, por ejemplo. Pobre pared y pobres gatos callejeros. El brinco que dieron era muy alto. No sabía cómo habían tenido el valor de seguir allí con tal intención asesina. Y ni siquiera era la suya propia. Solo estaba jugando, no iba en serio. Y eso estaba molestando de sobremanera a Hibari.
- No deberías confiarte porque no te estoy mirando, Kyoya~ - Podía divertirse. ¿Por qué no aprovechar y dar unos tips? – Estas molesto, tu respiración es pesada y tus pasos son fuertes. No tengo que ver para saber que vienes. – No importa que época. Hibari era prácticamente una fuerza de la naturaleza. - ¿Ves?, aquí puedo noquearte. – Diciendo esto tuvo que agacharse y luego saltar unos cuantos metros. – Si quieres darme, tienes que calmarte. Cuando te molestas eres muy predecible. – Claro que: - Es un arma de doble filo contigo, me temo. – Porque cuando el prefecto estaba molesto, enojado, con la mente fría… era para salir corriendo llorando por mamá. – Otra vez, ¡punto!
No debería de estarse divirtiendo tanto, pero no podía evitarlo. Hacía mucho que no peleaba con alguien a quien pudiera molestar. Si alguien preguntaba, culpaba a Reborn. Reborn siempre, siempre lo molestaba. Luego de años es que le veía lo divertido que era. Antes de eso era solo trauma. Reborn era brutal. Más bien estaba siendo muy dulce con Hibari justo ahora. ¿Tal vez debería aumentar la escala?
- ¡Punto! – Desde el suelo, Hibari lo mato con la mirada. – No te preocupes, eres el único que puede pelear par a par e incluso noquearme. – Sin muchos problemas. No sabía si… no, mejor no pensar en eso. – Siempre has sido mi guardián más fuerte, nunca puedo bajar la guardia contigo en un combate. – Por desgracia. – Si eres vencido por mí, no pasó nada. ¿Cuán vergonzoso seria si pierdo ante ti justo ahora Kyoya? – Jamás se lo dejarían olvidar. Jamás. - ¿Otra ronda? – Ofreció, a sabiendas de cómo podía ser Hibari. Prefería ofrecerle que a darle la espalda solo para que trataran de volarle la cabeza. Ya le había pasado muchas veces y no solo con Hibari. No quería una repetición. No es que siempre lo salvara.
Una media hora más tarde, aun jadeando gracias a todo el ejercicio, se encontraba en un lugar que jamás creyó volver a ver. Solo que no había gatos. Y faltaba alguien. ¿Pero que se le podía hacer?
- Gracias. – Té verde. No iba a quejarse, de ninguna forma.
Un silencio apacible los envolvió mientras bebían el té. Tsuna miro por la ventana solo para sudar frio al ver que ya era bien tarde. Reborn le iba a dar un castigo por esto, de seguro. Al menos no se había deshecho de los rastreadores por una vez. A esto lo llamaría una emergencia familiar si le preguntaban. Valía como una, ¿no?, y sino también. Llegaría a darse una ducha, apestaba. Luego a dormir si tenía suerte. Tenía que levantarse temprano para arreglar todos los preparativos necesarios por si algo ocurría mañana. Algo iba a ocurrir. Era ley como quien dice. Su suerte era pésima. Su familia era caótica. Algo simplemente iba a salir mal. Más bien esperaba que Hibari fuera a morder a todos hasta la muerte antes de comenzar cualquier cosa-Enrojeció y miro a cualquier lado menos a su guardián de la nube, avergonzado.
Hibari, por su parte, solo rodo los ojos internamente. Fueron horas peleando. Su satisfacción era que si había podido darle unas cuantas veces. No le gusto que el omnívoro se burlara de él, pero menos le gusto el hecho de que en verdad no le diera un golpe. Solo "punto", no le gusto, en nada. No podía quejarse, no podían llegar golpeados hasta no más poder mañana. No tenían esa clase de curación. Ahora… ah, ya estaba.
- ¿Uh? – El omnívoro lo miro como si fuera un extraterrestre. Eso dolió. - ¿Para mí?
- No, es para Roll. – Por si no era obvio: - Te morderé hasta la muerte si no te lo comes. – Listo, problema resuelto. Incluso si solo hizo hacer reír al otro.
- No sabía que pudieras cocinar. - ¿No sabía…? - ¡Esta delicioso! – No iba dejar nada. Menos con esa cara. Mejor así.
- La comida rápida y recalentada pierde su gusto. – Y lo hacía rápido. Muy rápido. - ¿Tanto tiempo y nunca supiste? – De verdad, tenía que saber: - ¿Me metí a jardinero o carpintero o alguna otra estupidez? – Porque esto se pasaba de ridículo.
Un jefe mafioso se atraganto con una bola de arroz ante la pregunta y tardo en recuperarse. La respuesta era un no, solo por el shock. Era como si le hubieran dicho algo que era más allá de su imaginación.
- ¿Jardinero? – La voz salió increíblemente chillona. Una tos falsa para recuperar parte de la seriedad que debería tener ante la situación. – Sin ánimo de ofender, no te veo haciendo algo tan pacifico. – Luego, en un murmullo: - O no violento.
La mente de Tsuna no podía procesar las palabras "jardinería" y "Hibari". Tsuna no podía ver a su guardián más violento haciendo algo tan pacifico como cuidar plantas por mucho tiempo y sin romperle la cara alguien de buenas a primeras.
- ¿Por qué la pregunta? – Si, sabía que Hibari tenía debilidad con los animales pequeños y tiernos, ¿pero plantas?, ¿plantas?
- ¿De qué otra forma podría pasar por alto tu estado Tsunayoshi? – Para el prefecto tenia lógica. Así fuera simple: - No me gustan las plantas. – La razón: no eran buenos oponentes y no tenía la paciencia requerida para esas cosas.
- Ehh… - Vaya. Esto era incómodo. - ¿Te dije que esto esta delicioso? – Muy incómodo. – Bueno… - Ya que quería saber y no quería que la mirada de muerte pasara a otra cosa justo ahora, se resignó. – Eres mi guardián Kyoya, y el jefe del CEDEF, y padre de familia. – Nada más, nada menos. – Supongo que podríamos decir que estabas muy ocupado, pero… - "Eso sería decir una mentira.", se lamentó internamente. – Tienes miedo de mí. – Esa era la verdad. Le dolía mucho, pero era la verdad.
- ¿Tengo miedo de un chico mucho más pequeño que yo, sin músculos y extremadamente nervioso? – "Este guardián mío…" – Dudo mucho que eso haya cambiado, 10 años o no. – Se llevó las manos a la cabeza. Fue un error aceptarle la petición de pelear como era debido, con sus 10 años de experiencia. Lo había tomado por este camino.
- Kyoya. – El nombrado dejo de sonreír. - ¿Desde cuándo sabes que no soy de este tiempo? - ¿Desde casi el comienzo?, ¿cómo parecía con todos los demás?
- Desde casi el principio. – Ay. – No sabía que eras del futuro hasta hace poco, pero es bastante obvio que no eres el Tsuna de este tiempo. – Y como si fuera un golpecito de regaño en la frente: - No tienes miedo de mí. – Para cualquier otro esto sonaría como una tontería.
- Un tanto difícil… - Respondió un momento después de caer en lo que en verdad dijo detrás de eso. – Siempre estabas allí cuando necesitaba apoyo, o cuando no podía yo solo. Te asegurabas de que no me cayeran encima cuando todo se hacía mucho. – Entre otras cosas. – Nunca fuimos muy cercanos Kyoya. – En realidad: - Creo… - Le daba mucha tristeza, pero no se podía hacer nada: - Creo que no era cercano con nadie, pero eso ya no importa. – Después de todo: - No te estoy mintiendo Kyoya, me tienes miedo y no estás solo en eso. – Todos le tenían miedo en su tiempo.
Su reflejo en la tasa de té era un tanto deprimente, por eso dejo la tasa a un lado. Había cosas que no quería saber, esta era de una de ellas. Era un cobarde, eso no iba a cambiar, dijeran lo que dijeran. ¿Quién diría que el chico al que todo el mundo llamaba patético e inútil se convertiría en alguien a quien muchos tendrían miedo de solo ver?, nadie de esta época al menos. Era un tanto chistoso, si se lo ponía a ver así. Luego dejaba de ser chistoso a deprimente.
- Es muy difícil imaginarse a alguien que le tiene miedo hasta un chiwuawa como alguien de temer al nivel que sugieres, Tsunayoshi. – Soltó una leve risa al oír eso. Se llevó una mano a la frente, algunas personas eran imposibles. Cielos.
- Lo creas o no, así son las cosas. – Tsuna no podía evitar concordar con que era ridículo, pero no podía hacer nada para cambiarlo. Ni siquiera lo creía posible. – No sabría cómo explicártelo. Me tomo por sorpresa, honestamente…
- ¡Chicos!, ¡ya todo está… listo… - ¿En dónde estaban?, deberían de estar aquí. – Tendré que enviarles el mensaje, supongo… - Otra vez. No pasaba nada, no pasaba nada.
Podía mentirse todo lo que quisiera, pero no cambiaba que se sentía dejado de lado y solo. Suspiro profundamente y trato de distraerse, tenía papeleo que hacer después de todo. Eso nunca se acababa, por desgracia. Su estado de ánimo tuvo un giro brusco al ver las carpetas de misiones y archivos personales sin tocar. No habían venido en todo el día, ni los anteriores. Se mordió el labio nerviosamente, ¿siquiera estaban en la mansión?, no era posible…
Siempre había alguien, siempre. Era como si creyeran que no podía cuidarse solo. Pero aquí estaba, justo en frente, los archivos que había dejado afuera por si venían y él no estaba o si se le olvidaba. De esta forma sus amigos podían hacer arreglos sobre quien iba y quien no primero y quien se quedaba antes que el decidiera. No eran muy importantes, pero tampoco era para tomarlos a la ligera. Con el corazón pesado decidió hacerse la vista gorda y tomar de nuevo el papeleo. Quizás hoy bajara gran parte del lote, sería una maravilla. Solo esperaba que nadie fuera a mandar a volar algo en pedazos. Apenas había arreglado el desastre de la última pelea, y todo el papeleo y disputas que eso trajo…
Para cuando dejo de trabajar, era porque no aguantaba la mano y le dolía la cabeza. Al ver la hora tuvo una decepción grande otra vez. Nadie había venido a sacarlo de la oficina, se había saltado el almuerzo y ya era pasada la hora de la cena. ¿Tal vez estarían ocupados?, aunque si era así…
- Estúpido Reborn… - Se quejó en voz baja, dejando su celular en el bolsillo otra vez. No se atrevía a llamar. No ahora. No estaba de ánimo como para que Reborn decidiera ignorarlo otra vez.
Bueno, pensó intentando animarse, podría hacer algo dulce. No había nadie para decirle que era muy tarde para esas cosas y que era malo para su salud y todo eso. Podía comer torta si quería. Con eso en mente, guardo y apago todo. No iba a volver, no esta noche. Después de comer se iría con unas cuantas golosinas y se pondría a ver algo de comedia. Debía de haber algo nuevo en anime de esa clase que no hubiera visto. Sino siempre podía volver a ver Soul Eater. O verse el manga. De cualquier forma era uno de sus animes favoritos. Unas barras de chocolate, un par de refrescos y algunas palomitas. Aunque prefería un buen trozo de torta que palomitas. Ya vería. Por un día no pasaba nada.
-…go mañana. – Se detuvo en el sitio, sorprendido. – Puedes venir conmigo si quieres.
¿Ir a dónde?, se preguntó extrañado. Su poca alegría al ver que al menos Yamamoto y Gokudera estaban allí cambio por curiosidad. Se escondió detrás de un pilar, aplicando todo lo que sabía para que no se dieran cuenta de que estaba allí. Ellos debieron de haberlo ido a ver, aunque solo fuera una sola vez. Siempre lo hacían. ¿Que se había perdido?, ¿a qué se debía el cambio con todos?, ¿había hecho algo mal?
- Como si quisiera ir contigo a ninguna parte idiota. – Sintió un dejo de irritación. Gokudera nunca iba a cambiar sus malos hábitos de fumar e insultar, ¿no es así? – Parto en unas horas. - ¿Partir a dónde?, ¿y por qué no sabía nada?
- ¿También tú? – Una leve risa. – Creí que serias el único que se quedaría, más bien eres el primero en partir. - ¿Que? - ¿Ya tienes un plan?, ¿te gustaría compartir?, estoy algo indeciso, a decir verdad. - ¿En qué?, ¿a dónde iban?, ¿por qué?, ¿y por qué no sabía nada?
- ¿No es obvio? – Pues no. Para él no lo era. – Tengo que alejarme, por la misma razón que tú. - ¿Alejarse… de qué? – No puedo hacer la vista gorda, creo que nadie puede. - ¿De que hablaban?
- ¿Esta bien irnos así? - ¿Si tanto importara eso porque tienes todos los planes hechos? – Quiero decir, es nuestro jefe. – La última palabra bien podría ser una daga al corazón.
- ¿Quieres ir a verlo y decirle que te vas? – Silencio. Solo silencio. – No puedo, y obviamente tu tampoco. - ¿Que estaba oyendo? – Es mejor de esta forma, él no es Tsuna.
- Aun así…
- ¿Aun así que?, ¿realmente quieres darle la cara justo ahora?, se pondrá mal y sabes muy bien que usará sus encantos para saber más de lo que quieres decirle. ¿Quieres pasar por eso? - ¿Era esto lo que en verdad pensaban de él? – Te manipulara, y lo sabes, lo sabemos. - ¿Manipular? – Te veré en unas semanas.
Estaba tan impresionado por la información que no reacciono a tiempo para irse o esconderse en otro lado. Por tanto, fue descubierto casi un minuto después por su mano derecha, quien llevaba unas maletas en mano. Cualquier cosa que creyó que pasaría, no fue que solo lo mirara y saliera con muchas prisas, haciendo como si no lo hubiera visto.
- Ma ma… - No tenía hambre. Ya no quería ver nada. No quería saber nada más. – Esto no se siente bien… - Por más que quisiera concordar, no podía hablar ni iba a hablar.
En su lugar, solo fue a su habitación y se encerró allí. No quería saber más ni tratar con nadie. No entendía nada, pero eso no evitaba que quisiera llorar y estando a solas podía hacerlo sin culpas.
Reborn no estaba allí para regañarlo o castigarlo por llorar. Tampoco estaba allí para preguntarle qué pasaba, y mucho menos para arreglar las cosas como siempre lo hacía.
- Tsk. – Tsuna no lo sabía, pero solo con esa mirada decía mucho así no lo supiera. Aun así, Hibari no se atrevía a indagar. – ¿Te gusta algo de helado? – Ofreció mayormente como distracción.
No podía soportar más ver esa mirada triste, incluso si no era dirigida a él, sino a la tasa de té. Esa expresión no era algo que relacionara con Tsuna, lo hacía ver mucho más viejo de lo que en verdad era.
- ¿Helado? – Internamente el prefecto suspiro en alivio, esa expresión triste perdiéndose por una dudosa. – Pensé que preferías lo amargo, sin ofender. – Tsuna no veía a alguien como Hibari comiendo dulces. En realidad, siempre lo vio co-
- Es de café. – El prefecto se encogió de hombros, como si eso dijera todo.
- Cielos… - Prefería el café como café. Pero no era quisquilloso. – Claro, gracias Kyoya. – Tsuna sabía muy bien que era lo que estaba pasando aquí.
El resto de la comida fue en silencio. Uno no se atrevía a tocar otro tema sensible, accidental o no, y el otro estaba tratando de no pensar en aquellos recuerdos que era mejor que quedaran olvidados. Así que fue una cena tardía mayormente tranquila.
- Hey Kyoya. – Esto lo metería en aprietos, pero Tsuna necesitaba algo con que distraerse. – Dime que planeas llevar a todo mi salón al hospital. – Tenia varios planes, pero todo sería mucho más fácil si cierto prefecto arruinara todo desde el inicio. - ¿Serias tan amable?
Era una verdadera lástima que Hibari solo arqueara una ceja y se la devolviera:
- ¿Es ese el terror que infligirás en el futuro? – Una sonrisa burlona comenzó a aparecer. - ¿Si algo no te gusta pides que alguien lo haga polvo por ti?, vaya miedo. – Eso era lo más cercano a una burla como tal (sin una pelea de por medio en algún lado) que Hibari podía darle.
- Cuando estas bajo amenaza, la obra es prácticamente tu vida, y muy seguramente te toque algo que obviamente no quieres hacer… - Una pausa solo para tirar el golpe: - Sí. – Hibari no iba a matar a nadie. El papeleo y dolor de cabeza no le iban a caer a él. Hibari podía ir y destruir la casa blanca por todo lo que le importaba ahora.
- No vas a escaparte así mande a todos al hospital omnívoro. – En esto, desgraciadamente, tenía que darle la razón. – El bebé ya tiene todo arreglado. – Hibari no iba a decirle que tan arreglado. Era mejor para la salud mental de ambos. – No es tan bueno, es café achocolatado…
En algún lugar de la ciudad, el dueño de una heladería se estremeció y sintió que algo muy malo le iba a ocurrir muy pronto sin saber por qué.
- Si no te gusta, dame acá. – "¿Qué?, ¿esperabas otra cosa Hibari-san?"
Si alguien viera lo que estaba ocurriendo allí, tendrían un infarto. También empezarían rumores indeseados que traerían muchos, muchos a banca rota y a una estadía casi permanente en el hospital por lo que quedaba de escuela. Ah, y la diversión de un jefe mafioso que ya no podía molestarse con ese tipo de cosas. Tenía que encontrarle diversión a la vida, o hace mucho que se hubiera lanzado de algún lado. No era su culpa que la gente fuera tonta algunas veces.
- Lo más "dulce" que te he visto comer es chocolate negro. – Y del fuerte, de paso. – Jamás pensé verte comer helado. – No sin tener que hacerlo.
- Era para ti. – Por si tocaba un nervio. Como había pasado. – No se cuales botones no debo presionar, Tsunayoshi. – En esto, Tsuna no podía más que sonreír de forma avergonzada.
- No te preocupes por eso. – No valía la pena. Muchas cosas lo ponían mal. - ¿Siempre pelearemos mañana? – Una tonfa pasando muy cerca de su cara fue su respuesta. – Ok, será mejor que me vaya ya. – Reborn iba a matarlo. – Buenas noches, gracias por todo Kyoya.
El prefecto no fue sorprendido ni hizo nada ante el hecho de que habían usado la ventana en lugar de la puerta. En su lugar hizo una mueca y guardo lo que quedaba de helado. Té era mucho más pasable, y por eso agarro más. El encuentro no había ido tan bien como hubiera querido, pero al menos tenia algunas respuestas y tenía asegurado que el futuro no iba a ser aburrido. Tsunayoshi estuvo jugando con él todo el tiempo. Iba a hacer todo lo posible para morderlo hasta la muerte. Tarde o temprano lo haría. Tarde o temprano…
- Bien podrías haberte metido a jardinero por todo el "buen" trabajo que hiciste, imbécil. – Murmuro para si antes de tomar otro sorbo de té.
Por supuesto que no obtuvo respuesta. No sabía en que estaba pensando su yo futuro, de verdad que no. Tsunayoshi no era de tener miedo, incluso cuando era más que obvio que estaba jugando con él y divirtiéndose a costillas de su malhumor. Culpaba al bebé. Era un buen cambio así lo molestara de sobremanera. No. Algo más tenía que haber pasado allí, al menos con su yo futuro.
Como jardinero se morirá de hambre. No le gustaban las plantas. Era muy aburrido. Sería un buen castigo, honestamente. Tal vez debería de sugerirle esto a Tsunayoshi. Se divertiría, al menos. Igual no le gustaba en nada las implicaciones. Tsuna le dijo muy poco, pero esa expresión dijo mucho. Miro de reojo lo que quedo de la cena. Si no le cambia el tema, el jefe Vongola no hubiera tocado nada más. Eso, por sí solo, era una señal. Una señal de que nada bonito estaba detrás de las palabras "me tienen miedo". Por favor…
- Asustarse de Tsunayoshi… - Resoplo, comenzando a sonreír. – es como asustarte de tu propia sombra. – Esa gente no sabía lo que habían hecho, ¿no es así?
En la casa Sawada…
- Me va a matar, me va a matar… - Murmuro para sí cierto chico que acababa de llegar y vio un reloj. Decir que comenzó a sudar frio era ser piadoso. – Ni siquiera llame… - Se lamentó, nervioso.
No estaba aterrado, no temía por su vida. Eso no quería decir que no tenía miedo a lo que sea que hubiera planeado su tutor como castigo al llegar a tales horas y de paso no avisar. Dudaba mucho que decirle que nada fue planeado y se le paso el tiempo fuera a funcionar. Era más una excusa que otra cosa para que Reborn aumentara el castigo. Lo sabía por experiencia. Una que no quería repetir honestamente. Sería muy irritante si tenía que tener vigilancia constante o un entrenamiento extra-
- ¿Reborn? - ¿Debía de preocuparse de que el mejor asesino a sueldo del mundo no lo estuviera esperando en su cuarto?, no había nadie.
Todo el mundo debía de estar dormido o cerca de estarlo, así que no iba a ir a preguntar ni a averiguar. No sabía qué clase de mentira habría dicho Reborn, así que no iba a ir a ver a mamá justo ahora. No quería despertarla, o que lo viera accidentalmente pos si Reborn le había dicho que estaba en la casa de alguien. Inventar mentiras a esta hora no era la mejor de las ideas, aunque no era ningún problema. Nada malo pasaba. Ahora, ya que estaba solo…
- ¿Emma-kun? – Tenía que haber llegado y tendría que estar roncando en el mejor de los casos. No había nadie. Muy bien, ya se estaba preocupando. ¿Que estaría haciendo Reborn con Emma?, esperaba que nada raro… - Bueno… ya que. – Que de otra.
Regreso a su habitación y se metió al baño a cepillarse y todo el ritual nocturno. Se tomó su tiempo, no había prisa alguna y francamente debía disfrutar el momento mientras pudiera. En cualquier momento aparecería Reborn o alguien más y todo se iría al infierno. Esperaba que fuera mañana. Hoy no, ni cuando estuviera durmiendo. Esperaba.
- Tsunayoshi-kun. – Internamente entro en pánico y en exasperación. El momento de paz duro prácticamente nada. ¿Tenía que aparecer alguien justo cuando se iba a tirar a la cama?, ¿en plena oscuridad?, y peor aún… - Cuanto tiempo sin verte. – Perdió color al reconocer la voz. Era casi como ver un fantasma. - ¿Me extrañaste? – Mentiría si dijera que no, pero esta no era la forma en la que se imaginó volver a ver… - Porque te aseguro que yo sí, Tsunayoshi-kun~
Se vio empujado y luego se vio demasiado cerca con alguien que jamás creyó verse en esta situación. A pesar de la oscuridad, los ojos eran inconfundibles. En realidad, la sola voz era inconfundible. Estaba atrapado contra la espada y la pared. Solo tenía dos preguntas: ¿cómo no lo sintió?, ¿y cómo había pasado esto?, ¡la bazuca ni siquiera estaba en la casa!
- Eeehhhh... – Era lo peor y lo mejor que podía decir. Su cerebro estaba en corto y no sabía cómo tomar esto.
La otra figura sonrió y se rio un poco, ajustando su agarre. Si, estaba metido en problemas.
- ¿Oh?, ¿estás tan feliz de verme que no tienes palabras? – Esto fue dicho con una mezcla de sarcasmo, alegría y tristeza. – Que lastima, porque tengo mucho que contarte… Tsu-na-yo-shi.
