(Actualización 5/22)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Colubrina (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


Capítulo 223 (Un Viaje a Paris)

– Hemos hecho un mes. – le dijo Draco, mientras le quitaba las manos de los ojos – Casi dos.

Hermione miró alrededor de la habitación de hotel. De alguna manera, él había conseguido un Traslador a un lugar que se había negado a identificar y, seguidamente se había aparecido con ella en esa habitación. Lujosa habitación. La cama se alzaba con un precioso dosel y la invitaba a acurrucarse en la funda nórdica decadentemente blanda para echar una cabezadita. Una enorme chimenea atrajo su atención. Había una bandeja de fresas cubiertas de chocolate en una mesa de mármol junto a una fría botella de champán. Casi salió corriendo hacia las ventanas y abrió las cortinas. Unas puertas dobles se abrieron dando paso a un balcón de metal con vistas a…

– Draco, – dijo asombrada – ¿esa es la Torre Eiffel?

Él se acercó a su espalda y la abrazó.

– Lo es. – murmuró en su oído – Pero si tienes la más mínima intención en tu mente de salir a hacer de turistas, ya puedes olvidarte. Tengo planeado agotarte de otras maneras, maneras que no impliquen hacer interminables colas o pararse ante las multitudes soltando idénticos sonidos de sorpresa en la misma parte de la historia de cualquier aburrido guía turístico en Notre Dame.

– Pero es París. – se quejó ella mientras comenzaba a quitarse el jersey por la cabeza – ¡París! – protestó, amortiguada por la tela. Se volvió para observar al joven rubio que la miraba con una sonrisa – ¡No puedes traerme a París y decirme que simplemente vamos a tener sexo!

– Hermione, – comenzó Draco.

– ¿Sí?

– Te he traído a París y vamos a tener sexo. – dijo – Mucho sexo.

Draco atravesó la habitación con los pies ya desprovistos de sus zapatos y le sirvió una copa de champán. Ella lo tomó y compuso un mohín, tensando el labio inferior para esconder una sonrisa de placer. Estaba en la habitación de un lujoso hotel con vistas a la Torre Eiffel y Draco Malfoy sostenía una fresa con chocolate ante ella. Realmente no podía quejarse. Fue a coger la fresa con la mano, pero Draco la retiró de su alcance.

– Deja que yo te la dé. – dijo, con la sonrisa aun firme en su lugar.

Y así fue como se quedó tan solo en un conjunto de ropa interior, que había transfigurado a hurtadillas en uno mucho menos práctico, pero más sensual de lo que había sido cuando dejaron la Mansión Nott, apoyada contra el pecho desnudo de Draco mientras sostenía contra sus labios fresa tras fresa.

– Podría acostumbrarme a esto. – dijo Hermione.

– ¿No te urge ir a ver algún edificio histórico y muy importante? – bromeó él, mientras tocaba con la yema de los dedos el borde de las braguitas de encaje rojo que ya le había comentado no haberlas visto nunca.

Hermione dejó el champán y se volvió.

– Podrías persuadirme de que otras actividades son un mejor uso de mi tiempo. – dijo. Con un dedo trazó la cicatriz del Sectumsempra, siguiendo el camino hacia lo largo de su abdomen. Todas las horas de Quidditch lo habían mantenido más que en forma y los músculos eran duros bajo su tacto. Dejó que su mano siguiera bajando y dejó escapar una rápida exhalación al confirmar que otras partes de su cuerpo también estaban duras – ¿Quieres persuadirme? – preguntó – Es decir, es París. Sería una pena no salir.

– Túmbate. – dijo él – Y déjame hacer todo lo posible para explicarte por qué deberías dejar el turisteo para otro día. – buscó a tientas el cierre del sujetador, mientras Hermione seguía sus instrucciones – Me gusta este conjunto. – comentó mientras lo lanzaba a un lado – Deberías ponértelo más a menudo. – bajó la cabeza hasta sus pechos y, entonces, se detuvo, miró la copa de champán que había dejado sobre la chimenea y dijo – Me pregunto si…

Hermione jadeó cuando la fría bebida se derramó sobre su piel y gimió cuando él comenzó a lamerla.

– Draco, – dijo en un jadeo, mientras él prestaba particular atención a uno de sus pezones – creo que estoy real y verdaderamente persuadida.

– Mmmm. – pronunció mientras bajaba la boca y comenzaba a quitarle las braguitas – Aunque me alegra de que mi argumento haya resultado convincente, no creo que sea inteligente responder con solo uno para presentar mi caso. Siento la necesidad de que consideres los muchos otros puntos que tengo para ofrecerte.

Tenía una serie de puntos que proponía que reflexionara sobre ellos, aunque a juzgar por los sonidos que hacia cuando presentaba dichos argumentos, no los estaba considerando con una mente totalmente racional y desinteresada. Sin embargo, más tarde le admitiría que era, de hecho, un maestro en el arte de la persuasión y que la sugerencia de que permanecieran en la cama había sido excelente.