60. Pequeños incidentes

—¡Maldita sea! —Tyler se levantó del asiento al lado de Edward, hastiado—. ¡Jódete, capullo!

—Eh. —Edward lo agarró del brazo como advertencia—. Cálmate, ¿quieres?

—Déjame, Edward... —Tyler se alejó unos pasos de él y volvió a gritar a hacia lo lejos—. ¡Sí! ¡Te lo decía a ti, nenaza!

El rubio bufó. Siguió escuchando a su amigo vociferar desde las gradas al chico más penoso que tenían en el equipo de básquet hasta entonces, el cual estaba haciéndolos perder a un nivel preocupante. Pero aquel tipo tampoco es que fuera ningún "debilucho" y, por la mirada de refilón dirigida a Tyler, Edward podía notar que estaba empezando a echar humo también... aquello tenía mala pinta.

—¡Piensa que de todo se aprende...! —sugirió Edward de repente—. Incluso de las malas experiencias.

—¿Perdón?

Él se encogió de hombros.

—Que puedes sacar algo bueno de esto...

En eso, su "jugador estrella" trató de bloquear a un rival de los buenos, lo que llevó al último a lanzar la pelota desde donde estaba y marcara un triple en su intento...

Tyler se puso de pie, echando fuego.

—Sí, tienes razón. Sacaré algo bueno pegándole una buena tunda para que se entere...

—¡Ey, ey, ey! —Edward se movió rápidamente para colocarse frente a él—. ¿Qué vas a hacer? ¿Fastidiar el partido?

—¡Eso ya lo ha hecho él! —gritó a todo pulmón.

—¡Pero nos pueden sancionar para el próximo! ¡Conoces al profe, joder! —Y después de un gruñido por lo bajo, Tyler volvió a sentarse—. ¿Ves? Jope... Tal vez esta mala racha te sirva para aprender a controlar tus impulsos de una buena vez.

Tyler se quedó mirando a Edward, estupefacto, y medio segundo después comenzó a carcajearse sin más. En eso, Matt bajó desde unas gradas más arriba hasta llegar donde estaban ellos.

—Tyler, tío, esos son unos mierdas. —Negó con la cabeza, antes de fijarse en Tyler y contagiarse de su risa—. ¿Qué tal?

—Yo, bien —afirmó sin dejar de sonreír—, pero este de aquí se ha pegado tanto a las faldas de Bella que ahora hasta suena como ella. Hazme un favor y no acabes como él con Kaitleen, ¿quieres?

Él se unió a sus risas mientras Edward se quedaba callado, con el ceño fruncido.

"—Pff, créeme, jamás acabaré como esa loca, Dios.

—¿Problemas en el paraíso, acaso?

—Se está obsesionando, tío —se quejó Matt con un notable fastidio—. Me escribe, me acapara todo el tiempo, y encima me pide que sea cariñoso y toda la cosa con ella, la pija esa."

—¿Acaso tienes algún problema con mi novia, Tyler?

Matt y el susodicho giraron las caras en su dirección. El último se aclaró la garganta antes de responderle.

—Tío, no es eso. Pero tú eres tú... y ella es ella.

—¿Y qué? Es normal que acabes pillando algunas cosas de la gente a la que tienes cerca.

Ambos se le quedaron mirando.

—¿De dónde has sacado eso? —preguntó Matt con curiosidad, ante lo que Edward se encogió de hombros.

—Me lo dijo Bella una vez.

Y entonces Tyler bufó.

—Si es que la coges de referencia como si fuera la maldita enciclopedia... Escúchame bien, tío, Bella puede parecer perfecta, diferente y todo lo que quieras, pero no deja de ser una chica de 17 años que se equivoca en muchas cosas.

—Al menos ella tiene la inteligencia que tú no tienes —lo dijo a la defensiva, sin detenerse a pensar en cómo podía tomárselo un chico que de por sí estaba ardiendo como una tetera por otra razón. Si no fuera por Matt, un puñetazo de los buenos le hubiese impactado en la cara.

—¡Tyler, ya basta!

Edward se limitó a mirarlo con sorna, lo que provocó a su amigo aún más.

—Vete a la mierda, ¡imbécil! —le escupió Tyler mientras Matt lo retenía, con la ayuda de otros chicos que también intervinieron para ayudar. A la vez, se oyó el pitido del silbato del profesor desde abajo, para acto seguido preguntar la situación.

"Solo fue un malentendido. Ya está resuelto, no pasa nada." Matt fue el que tuvo el coraje y calma suficientes para acercarse al borde de las gradas y hablar. El profesor cuarentón pero en forma, lo miró a él, luego a Tyler y por último a Edward.

"Ya hablaremos cuando acabe la hora."

Y acto seguido, reanudó el partido. Uno de los chicos bajitos regañó al rubio.

—Edward, lo has provocado, que te he visto.

—Se ha metido con Bella —señaló tan tranquilo, a lo que Tyler saltó.

—¡Solo he dado mi opin...!

—¡¿Y quién te la ha pedido, eh?!

Los dos se quedaron amenazándose con la mirada como dos perros rabiosos, ante lo que Matt volvió a colocarse entre ellos.

—Vamos a calmarnos, ¿vale? —sugirió, cruzándose de brazos hacia Edward de brazos, observando al rubio—. Sí que te altera que hablen de tu chica...

Él chistó entre dientes.

—Si a ti no te importa la tuya, ¿por qué no cortáis?

Matt se quedó en silencio y los chicos que habían intervenido vitoreaban formando algo similar a un eco que resonó en todo el espacio.

¡Woooooo!

Él soltó una risa nerviosa, tomando asiento pero alzando una ceja hacia ellos por encima del hombro.

¿Porque más va a ser, tío? —Y los dos chicos que tenía a su lado empezaron a codear al del comentario de manera bromista.

Y así fue como el grupo de chicos en general empezaron a reírse y a hacer gestos tontos acompañados de comentarios bromistas referentes al tema.

—Ah, Matty dame más. Dame más, Matty, sí.

Un aluvión de risas le prosiguió, antes de que alguien añadiera algo más.

—¡Ey, chicos! —Uno encontró una pelota debajo de una de las gradas y se la pasó al resto. Entre ellos, uno se levantó y se puso la pelota delante de la ingle moviendo las caderas.

—Oh, sí, sí, Kaitleen, ¡Kaitleen!

—¡Muévete más, oh sí, nena, sí!

Tanto Matt como Tyler se habían unido a las sonoras carcajadas del resto, igual que el Edward de un tiempo no muy lejano lo habría hecho sin pensarlo dos veces. Sin embargo, en ese momento el Edward actual descubrió que no le hacía ni una pizca de gracia.

nnn

En la mañana del miércoles coincidieron los simulacros de las asignaturas más prácticas y aquello hizo que la mayoría acabase más rápido de lo normal... por lo que Bella y Edward pudieron sentarse en el césped durante el descanso por primera vez en lo que llevaban de semana.

—¿Qué tal el examen?

—Bien —contestó Bella, sentándose entre sus piernas antes de inclinar la cabeza—. ¿Y a ti qué te sucede?

Edward frunció el ceño.

—¿Por qué lo preguntas?

—Luces decaído... y como ayer casi no pudimos hablar pues...

Él se limitó a negar con la cabeza, pasándole el brazo detrás del cuello para mantenerla abrazada contra él.

—No es nada.

Bella formó una ligera sonrisa.

—Si tú lo dices...

La castaña se puso a ojear el móvil y entonces Edward hizo lo mismo a su lado. Tal vez lo mejor era no hablar... Y justo mientras pensaba en eso, recibió la notificación de estar etiquetado por Bella en un meme en Instagram con dos conejitos concentrados en un libro.

—¿Se parecen a nosotros verdad?

Edward se lanzó a reír.

—Es tierno.

—Y te ha sacado una sonrisa... —canturreó Bella con una chispa de emoción, lo que hizo que se la quisiera comer a besos.

—Tú siempre consigues un modo de hacerlo de un modo u otro. —Y se inclinó a besarla con suavidad, antes de suspirar—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro. —El brillo en sus ojos verdes y la predisposición que tenía por ayudarlo, no solo alimentaba la confianza que le profesaba, sino que además se había convertido en una de las cosas que le hacían quererla incluso más cada día.

—¿Crees... —comenzó Edward con voz clara—, que es normal que a veces estar con mis amigos ya no me llene tanto como antes?

Ella ni siquiera parpadeó.

—Totalmente.

Y el nivel de convencimiento con que lo dijo lo desencajó.

—¿Pero por qué? Yo... —Frunció el ceño—. ¿Acaso he cambiado? No sé, tal vez...

—¿Estás satisfecho con quien eres ahora mismo, Edward?

Él guardó silencio por un momento mientras ella lo examinaba.

—Sí. No... Tal vez. —Se rascó la cabeza con indecisión—. Pero también lo era antes... solo que ahora... pues me gustan algunas otras cosas más, y algunas otras me han dejado de gustar.

Bella le acarició el hombro en señal de apoyo.

—Escucha, todos cambiamos constantemente en algún sentido, lo importante es mantenernos felices con nuestras decisiones —afirmó con una voz paciente—. Y lo que me cuentas es normal. Hoy dejamos de seguir a X para seguir a Z, encontramos nuevos aficiones de forma repentina, pensamientos que nos hacen sentir acordes a cómo nos sentimos o mejores con nosotros mismos. Pero por desgracia no todos podrán adaptarse a esos cambios... ¿Sabes quienes serán los únicos que lo harán?

—¿Quiénes?

Ella esbozó una media sonrisa.

—Los verdaderos amigos.

Edward, sin embargo, se mostraba escéptico.

—No me está gustando lo que estás insinuando...

—Lo sé, pero escúchame antes de sacar conclusiones, ¿vale? —le recordó, volviéndolo a detener—. Debes entender que la mayoría de adolescentes a esta edad no tienen claro quienes son, en quienes quieren convertirse o que quieren hacer con sus vidas. Y no los culpo, cada vez hay más posibilidades —añadió con una pequeña risa—. Durante ese camino, harás amigos por compartir aficiones o características comunes en algún momento. Pero debes entender que no todos tendrán la madurez para quererte por quien eres ni tampoco la bondad necesaria para mantener una amistad fiel y resistente al paso del tiempo. Algunas veces creerás que una determinada amistad es más fuerte y que va más allá que un simple lazo en común... pero una vez ese lazo se rompe, es el resultado es el que hablará por sí mismo y demostrará lo que es en realidad.

—¿Dónde has aprendido todo eso?

Bella se encogió de hombros.

—Es pura ciencia aristotélica.

—¿Solo? —Él rio, mientras ella se encogía en su abrazo y se pegaba a su pecho.

—Añadida a mi interpretación y... cosecha propia, como el mensaje final.

Edward negó, agachándose rápidamente para besarla.

—Adoro esa cabecita... pero definitivamente como parte de ti, entera y tal cual eres. —Le tocó la punta de la nariz con el dedo—. Te quiero con locura, Bella.

—Igual que yo a ti...

Edward volvió a besarla, pero esta vez durante un tiempo más largo, dejando que los suaves brazos de la chica se envolvieran entorno a su cuello.

Por entonces, decidió que se aferraría a la seguridad que le profesaba aquella inteligente y peculiar castaña que tenía cautivos todos los sentidos de su ser.

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—Bella...

Ella desabrochó el último botón de su camisa sin dejar de acariciarle la zona sensible del cuello con la punta de la lengua. Acto seguido hizo resbalar la tela blanca por sus hombros y brazos para luego repasar su pecho desnudo con las palmas de sus manos. Las dejó descender hasta sus costillas, mientras daba un pequeño beso a su nuez y luego un pequeño mordisco a su mandíbula que solo le generó un leve cosquilleo... y aún más presión en sus calzoncillos, por supuesto.

—Escucha, yo...

—Tranquilo —le dijo con una sonrisa socarrona—, que ya bajo.

Él suspiró mientras se tumbaba sobre las almohadas y ella hacía lo propio hasta quedar a la altura de sus hombros. Lo miró por encima de sus pestañas, encontrándose con los curiosas orbes azules casi recubiertas por un negro diluido que la seguían. Había sido tan atento y tierno con ella las dos últimas veces, que quería hacer lo mismo por él...

Así que se presionó contra sus caderas, haciéndolo jadear mientras se arqueaba y se quitaba el sujetador, de manera que ambos se quedaron con una única prenda cubriendo sus intimidades.

—Preciosa...

Él se la comió con los ojos, aguantando la respiración, pero Bella se extendió rápido sobre su torso para alcanzar a besarle los labios y proseguir con un beso mojado. Edward estaba extasiado por la sensación de sus lenguas degustándose, de sus bocas devorándose la una a la otra mientras sus pechos se rozaban y presionaban juntos... pero él estaba demasiado ansioso para todo eso.

—Las dos veces anteriores han ido genial... —Tragó duro—. pero como sigas así, eh... este juego se acabará muy pronto.

Ella simplemente sonrió de manera juguetona y le dio un beso en la mejilla. Sin añadir más distancia entre sus cuerpos, bajó hacia sus caderas apoyando sus manos sobre el colchón de la cama. Se detuvo en sus abdominales y los rozó con sus dedos, antes de descender por su caminito feliz, rozándolo con los labios antes de acabar frente a sus calzoncillos.

—Bella...

—Quítate esto, anda —murmuró en un suspiro.

Él lo hizo con muchas prisas, y aún estaba sentado cuando ella volvió a situarse en medio de sus piernas flexionadas, tumbada sobre su estómago y frente a su vigorosa erección.

Bella repasó con el dedo el rastro de líquido preseminal que brotó de la punta, ante lo cual Edward se mordió los labios con fuerza.

—¿Q... quieres hacerlo? ¿Y en esta posic...? —Su pregunta quedó inconclusa, puesto a que Bella enseguida engulló la cabeza de su erección en la boca.

—¡Dios!

Edward se permitió jadear de placer durante un momento, sintiendo su lengua por toda la longitud de su miembro y los dedos explorando los lugares más sensibles... Decidió disfrutar de las sensaciones y del juego de adivinar a través del tacto, ya que Bella había decidido utilizar el pelo para ocultarse. Pero en cuanto sus manos llegaron a sus testículos... él la paró, obligándola a darle la cara.

— Bella... —tragó—, estoy a punto. Y si tan solo vuelves a hacer eso, yo...

Ella lo comprendió y gateó hacia el borde opuesto de la cama, justo al lado del cojín que le encantaba y el único que necesitaba para esos momentos... Lo ubicó detrás de su espalda, arqueándola. Se quitó las braguitas y luego abrió las piernas ante sus ojos y apoyándose sobre sus hombros. De esa manera, ambos estaban prácticamente en diagonales opuestas de la cama.

—¿Te apetece acercarte?

Sin poder resistirse, él se lanzó a besarla como un adicto al sabor de sus labios. Edward agradeció que se hubiera colocado al lado opuesto, ya que tenían espacio suficiente para acomodar bien sus piernas.

—Quiero hacértelo... —susurró, posicionándose encima de ella y sacándole una mirada ardiente y cargada de deseo.

—Hazlo... —lo incitó ella, presionando los tobillos por encima de sus glúteos. Una vez así volvió a buscar su boca, al mismo tiempo que acariciaba inconscientemente sus mejillas con los pulgares para no perder el toque dulce que compartían en aquellos momentos...

—¿Te parece bien que usemos condón?

Bella detuvo un momento el beso y lo miró extrañada.

—Creía que estábamos bien con la píldora.

—Bueno, sí, pero un doble método no viene mal, ¿no? —preguntó como quien no quiere la cosa—. Si antes no te dije nada fue porque... porque... bueno, tú ya sabes.

Edward se cohibió. En algún momento de aquella noche le confesó que había sido mejor no llegar a usarlos... ya que que no había tenido mucho tiempo para "practicar" o "probar" cómo ponérselo y no hubiese querido arruinar aún más la noche experimentando con ello...

—Sí... —Bella frunció los labios, pensándolo—. Si quieres que lo usemos, está bien... Pero recuerda que la efectividad de la pastilla anticonceptiva es superior a la del condón de todos modos.

—Y no lo dudo. ¿Pero las dos combinadas no son la mayor protección, acaso? Además, no hay efectos secundarios por usar ambos —rebatió él, aunque enseguida se le apagó la voz, pensando rápidamente—. En principio... a no ser que seas alérgica al látex. ¿Eres alérgica al látex? Porque pueden haber otros de otros materiales, solo que tendría que ver y estos de aquí, pues...

Bella sonrió poniendo un dedo sobre sus labios para que callara.

—Tranquilo, no lo soy —le confirmó—. Y, en fin, si quieres añadir más protección está bien, Edward. Con tal de que te sientas más seguro...

—Para que los dos estemos más seguros —le corrigió, para acto seguido besarla en la frente con cariño.

Ella asintió y él se separó un momento para ir a la mesita de noche, alcanzar el paquete que parecía haber dejado allí preparado —el cual Bella no tenía dudas de que luego volvería a esconder— y pasarlo a la esquina del escritorio, más cerca de donde estaban.

Edward besó con fogosidad y adoración los labios de la castaña cuando se hundió entre sus piernas. Él embistió dos veces dentro de ella de esa forma y, a la tercera, bajó su mano para acariciarle entre los pliegues. Bella agradeció el gesto, pues se dio cuenta de que en su caso tal vez sí hubiese necesitado un minuto más de preliminares... En eso estaba pensando antes de que Edward se llevase un pezón a la boca, succionando y estimulando con rapidez.

—Edward...

Ella le rascó la cabeza para incitarlo a seguir a la vez que él se motivaba teniendo aquellas voluminosas cumbres en su boca. Y aquello ocasionó que la embistiera con empujes rápidos, pero duros y certeros que no los harían durar durante mucho más tiempo. Edward dejó libres sus pechos y pasó la punta de su erección sobre los pliegues de Bella, presionando el glande contra su clítoris algunas veces, antes de volver a introducirse de una sola estocada en su interior.

—¿Se siente... bien?

Ella trató de concentrarse sin dejar de absorber el placer de sus sexos chocando cada vez con más fuerza. Tal vez en un mínimo aspecto, que bien podía tratarse de simple sugestión, notaba la diferencia con el uso del condón... pero lo cierto es que igual no era demasiado. Bella dejó de pensar y sus sentidos volvieron a enfocarse en cómo Edward salía y entraba en ella con intensidad, sin dejar de buscar su boca en ciertos instantes.

—Creo que estoy en el cielo...

Y aquella afirmación lo motivó a moverse con más ganas, a cogerla de la cintura mientras se dejaba llevar por la fogosidad, por ese ímpetu que le exigía arremeter con dureza sin dejar de jugar con el capuchón del clítoris de Bella, dando leves presiones y rozándolo en círculos, lo que la hizo correrse casi al mismo tiempo que él.

Edward observó su rostro un segundo y luego capturó sus labios por última vez, antes de posar la cabeza a su lado para disfrutar del placer que los abrumaba.

Ambos tomaron varias respiraciones profundas antes de hablar.

—Esto tenía que acabar rápido —añadió Bella.

Y cuando estuvieron más calmados, ambos se besaron por unos lapsos de segundo; permaneciendo así, juntos, hasta que Edward se retiró y se quitó el condón para buscar el envoltorio y meterlo dentro hasta que se levantaran. Cuando volvió a tumbarse a su lado, la castaña no dudo en acercársele.

—Creo que este es el único momento en que me vas a dejar tocarte sin estar tan ansioso, ¿verdad? —preguntó echando un vistazo a su miembro mientras repasaba los brazos entrenados de Edward. Estaba entre medio flácido y medio erecto, pero manchado de la mezcla entre semen y la sustancia viscosa y lubricante del látex. No sabía si podía intoxicarla llevándoselo a la boca—. Lástima, me gustaría seguir con lo que empecé antes... aunque supongo que nos tendremos que conformar con una alternativa, ¿no?

Él se inclinó hacia ella para susurrarle al oído.

—Estoy deseando ver cuál es...

Y mientras ella reía, Edward atrapó sus labios una vez más.


💎Solo diré algo rápido: agarraros bien para lo que viene. 😎 Todavía es muy temprano para algo más que una pequeña griega... 👀 Pero sí que iremos dejando atrás el centrarse únicamente en la especie de luna de miel en la que ha entrado este par. 😂😂❤️

💎Además de eso, vaya... Problemas en el paraíso con los amigos. El aspecto filósofo de Bella ha vuelto a salir a la luz, ¿pero será el mejor consejo que podría haberle dicho a Edward? Veremos cómo va... 😉

💎Quería agradeceros a todas por los hermosos comentarios que me estáis dejando y por la fidelidad a la historia a pesar de lo que tardé en volver. ❤️❤️ Gracias por seguir aquí. Espero que os haya gustado y hasta mañana.

¡Kisses! 😘😘😘😘😘😘