(Actualización 8/22)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Colubrina (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


Capítulo 226 (Día de la Reconstrucción: 4 de 4)

Hermione encontró a Neville en el puesto de Pomona Sprout. Pequeñas macetas con semillas bien nutridas estaban asentadas frente a él y parecía totalmente aburrido, mientras alimentaba con pequeños trozos de carne cruda a una planta.

– Hey, – dijo ella – cuánto tiempo sin verte.

Con todo el tiempo que ambos pasaban en Hogwarts casi todos los días, era cierto que casi nunca coincidían. Neville no comía en el Gran Comedor, prefiriendo almorzar en soledad en los invernaderos. Hermione suponía que comía y cenaba con Hannah, a quien tampoco veía desde lo que parecía una eternidad.

Neville le dedicó una sonrisa forzada.

– Odio el Día de la Reconstrucción. – murmuró – De alguna manera Pomona me convenció de que sería una buena idea, pero solo he vendido una planta.

Ambos intercambiaron una mirada de mutua empatía.

– Yo también. – contestó Hermione – Es decir, que odio esto. Blaise y yo dirigimos un puesto de libros de la biblioteca, pero lo abandoné. – se mordió el interior de la mejilla antes de murmurar – Él se ofreció y parece que se le da mejor que todos esos padres compren esta mierda.

Neville levantó una de las macetas.

– ¿Crees que podrías mandarlo para aquí cuando hayáis terminado?

Hermione se echó a reír y ambos se sentaron en el suelo detrás del puesto donde, si bien era poco probable que atrajeran a posibles clientes hortícolas, también podrían evitar a esas personas que querían transmitirles lo emocionante que era conocer a un héroe de guerra verdadero y que era fascinante que hubieran vuelto a Hogwarts. Hermione ya se había topado con una mujer que le había dicho que lamentaba mucho que hubiera tenido que trabajar con ese horrible Mortífago y que esperaba que Minerva McGonagall recuperara pronto el juicio.

Entonces Hermione levantó la mano y el anillo brilló a la luz de aquella tarde otoñal y le dijo:

– ¿Se refiere a mi prometido, Draco Malfoy?

La mujer se marchó con el rostro de un rojo brillante.

– ¿Cómo está Hannah? – le preguntó Hermione a Neville mientras se escondían detrás del puesto de Herbología.

– Está bien. – contestó él – Ya sabes lo que le gusta alimentar a la gente, así que dirigir ese lugar simplemente la hace feliz. Incluso ha conseguido que Pansy compartiera su receta de las galletas de jengibre, así que las ha añadido al menú. – Neville pasó la punta de uno de sus zapatos por la tierra de los terrenos de Hogwarts y Hermione esperó la pregunta que estaba segura quería hacerle – ¿Cómo está Theodore?

Hermione extendió la mano y entrelazó los dedos con los de su amigo, recordando aquella vez que había tenido que petrificarlo durante el primer año porque se enfrentó a ella, a Harry y a Ron.

– Eres la persona más valiente que creo haber conocido. – dijo con suavidad – Dejarlo ir así no puede haber sido fácil.

– Lo jodí. – murmuró Neville – El Baile de Navidad fue… eso fue…

Hermione le apretó la mano y el chico dejó de hablar.

– Valiente. – dijo de nuevo – Y él es feliz, realmente feliz, con Percy. Parecen estar hechos el uno para el otro. – inclinó la cabeza hacia atrás contra el borde del puesto y miro hacia el cielo azul. Ni una nube empañaba el día, a pesar de las oraciones que había dedicado el día anterior para que lloviera – Theodore lo llevó a Azkaban para que conociera a su padre. – continuó – Y Percy lo llevó a la Madriguera. Creo que van enserio.

– Me alegra. – dijo Neville. Hermione volvió la cabeza hacia él. Acariciaba las hojas de una pequeña flor silvestre (maleza, realmente) que había sobrevivido a todo el pisoteo al instalar los puestos. Aunque no la mirara a los ojos, estaba segura que lo decía en serio. Se había preocupado por Theodore, pero sabía que no era suficiente; no lo amaba y cuando vio que Theodore se enamoraba, terminó con él – Merece ser feliz.

– ¿Qué planta es esa? – le preguntó Hermione.

– No tengo ni idea. – dijo Neville, aceptando el cambio de tema con gratitud en la voz. Él había preguntado, pero era más de lo que podía soportar.

– ¿De verdad? – tendía a asumir que no había nada sobre plantas que Neville no supiera – Deberías meterla en una maceta y llevársela a Pomona. – sonrió – Tal vez has encontrado un joya desconocida, escondida en la intemperie.

– Lo dudo. – contestó Neville, pero Hermione había echado una mano hacia el puesto tras sus cabezas, tiró de una de las macetas y se la entregó. Con una sonrisa culpable, Neville, cogió otro de los tiestos, le arrancó la semilla y la forzó a compartir hogar con la primera, para poder utilizar la recién desocupada maceta para su descubrimiento.

– Si alguien puede encontrar una nueva especie, ese eres tú. – dijo Hermione – No creo que haya nada que no puedas hacer.