(Actualización 10/22)
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Colubrina (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
Capítulo 228 (Funeral: 1 de 3)
Los invitados vagaban sobre el terreno del cementerio privado de los Malfoy mientras esperaban el comienzo del funeral. Todo el grupo de octavo año ya había llegado, dejando a un lado sus desconocidas desventuras e investigaciones por ese día para presentar sus respetos a los héroes y víctimas de la guerra en la que habían luchado.
Minerva McGonagall estaba allí, con la espalda flexionada y la mandíbula apretada, manteniéndose erguida con la fuerza de voluntad que la había visto en dos guerras y la muerte de más de sus estudiantes de los que desearía; sin embargo, cuando Harry le contó lo que había sucedido con el desaparecido hermano de los Black, ella lo miró con horror y luego se derrumbó, llorando sobre el escritorio por todos los niños que habían perdido. Algunas de esas situaciones eran demasiado y la idea de un joven Regulus dándole la espalda a Voldemort, sin consultarlo, sin apoyo de nadie, solo para morir sin ser llorado y convertirse en Inferi era una de ellas.
Los estudiantes de Defensa de sexto y séptimo se agrupaban cerca de un banco. Muchos de ellos habían desarrollado pesadillas después de la experiencia en la cueva. Desde ese día, la mayoría de las clases incluían a alguien que preguntaba cómo alguien podía ser capaz de hacer eso, ¿qué tipo de persona utilizaba la magia de esa manera? Incluso aunque la excursión no hubiera servido para nada más, había alejado a todos los estudiantes de cualquier interés por las Artes Oscuras. El Ministerio le había dicho a Harry que las consultas sobre el programa de Aurores se habían triplicado desde que habían limpiado aquella cueva, y Draco y Hermione se habían consolidado como los profesores más impresionantes que uno podría imaginar.
Kreacher se paró junto al ataúd que contenía los restos de Regulus Black, retorciéndose las manos mientras gimoteaba, sollozaba y lloraba. Pansy miró al elfo con evidente incredulidad y después a Charlie quien se encogió de hombros, conduciéndola hasta sus asientos. Harry estaba junto al ataúd vacío que sería enterrado en homenaje a Sirius con Ginny a su lado, sin decir ni una palabra. Draco se acercó a él, puso una mano sobre su hombro y le susurró brevemente algo en el oído. Harry asintió, le estrechó la mano y volvió a dirigir la mirada al ataúd, su cara era una máscara.
Andromeda Tonks, con la mano firmemente agarrada en la muñeca de un pequeño niño, estaba en la parte de atrás de la multitud. Asintió en dirección a Minerva, pero pasó la mirada sobre Narcissa como si la mujer no estuviera presente. Cuando Hermione le dio las gracias por venir, dijo, con voz helada, que Sirius había sido su primo, la igual que Regulus y que la familia era lo más importante. Estaba, continuó, complacida de descubrir que Regulus se había arrepentido de su insensatez al final y había muerto por hacer lo correcto.
– Walburga debe estar retorciéndose en su tumba. – dijo Andromeda con una feroz satisfacción, sin aflojar nunca el agarre en la muñeca del niño a su cuidado – Su pequeño rey resultó ser más noble de lo que jamás hubiera entendido.
– ¿Te quedas? – le pregunto Hermione – El padre de Draco está haciendo el recibimiento. – Andromeda estaba a punto de negarse cuando Hermione añadió – Creo que Draco quiere conocer a Teddy, pero tiene algo de miedo de acercarse a ti. – miró al niño que parecía estar pegajoso, incluso sin gelatina ni barro en las manos, como si la magia por si sola pudiera generar ese desastre – Son primos.
Los ojos de Andromeda se dirigieron a la delicada mujer rubia que tenía la mano sobre el brazo de Draco y conversaba con él con una desenfrenada elegancia.
– Debe estar matando a Cissa. – dijo – Enterrar muggles en su casa.
– No ha dicho ni una palabra en contra de esto. – dijo Hermione.
– ¿Te habla? – preguntó Andromeda. El silencio de Hermione fue respuesta suficiente. Narcissa se mantenía cordial, fría y absolutamente correcta en sus interacciones con la prometida de su hijo, pero no compartía confidencias. Si la mujer se oponía al plan de su marido de enterrar a sus primos y el resto de Inferis destruidos en la Mansión Malfoy, Hermione no sería la persona a la que se lo contaría.
Andromeda observó a su sobrino por un momento mientras hablaba con su madre y después miró a su nieto.
– Me quedaré. – dijo.
– Probablemente Draco intentará llevárselo a volar. – le advirtió Hermione con el toque de una sonrisa y un poquito de placer – Es lo que suele hacer con los niños.
El funcionario del Ministerio que había en el lugar para dar lo que probablemente sería un tedioso discurso para conmemorar a los héroes y dedicar la estatua conmemorativa se aclaró la garganta y todos comenzaron a moverse hacia los asientos dispuestos.
– Creo que disfrutaría enormemente viendo al heredero de los Malfoy llevar a su primo mestizo engendrado por un hombre lobo a volar. – dijo Andromeda – A Druella le daría un ataque al corazón si no estuviera muerta. Lástima que lo esté, porque ver al último hijo sangre pura de la Casa de los Black alejarse de toda ideología que le importaba a esa arpía para jugar con un niño, volvería a matarla y me hubiera gustado verla ahogarse y morir por su propio prejuicio. – le sonrió a Hermione – ¿Nos sentamos?
