(Actualización 11/22)
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Colubrina (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
Capítulo 229 (Funeral: 2 de 3)
Después del funeral, los estudiantes de Hogwarts agradecieron a los Malfoy su hospitalidad y, entonces, la mayoría de ellos partieron, apareciendo de regreso a las puertas del Castillo, listos para volver a sus respectivos dormitorios. El funcionario del Ministerio había estado pomposo y poco interesante como era de esperar y, en un momento dado, anunció que el heroísmo que tanto Sirius como Regulus habían demostrado era exactamente lo que uno esperaba de la noble y ancestral Casa de los Black.
Andromeda había resoplado audiblemente ante eso.
Ron Weasley, quien llegó justo cuando el Ministro empezó a hablar y se deslizó en el asiento que se había guardado para él a un lado de Harry, le dio un fuerte abrazo a su mejor amigo.
– Quería a Sirius. – dijo. Molly, que había llegado con él para presentar sus respetos a un miembro de la Orden con el que había luchado, también lo abrazó. La mujer sonrió fríamente a Draco y Hermione y se fue a saludar a Minerva McGonagall – Puede que algún día no sea tan… tan ugh. – le dijo Ron a Hermione – Lo siento.
Hermione le sonrió torpemente, cruzándose y descruzándose de brazos. Andromeda los salvó a ambos, aunque seguramente esa no había sido su intención, cuando arrojó a un tímido Teddy Lupin a los brazos de Draco. Quien se quedó atónito cuando el niño comenzó a gritar. Por supuesto, sabía quién era. Simplemente nunca esperó que su tía Andromeda reconociera su existencia o le permitiera interactuar con su primo debido al continuo distanciamiento con Narcissa.
Reconoció la sonrisa ligeramente maliciosa en el rostro de su tía; la veía en el espejo con bastante frecuencia.
– Tal vez te gustaría tener la oportunidad de conocer a tu primo mestizo. – dijo Andromeda. El niño continuaba gritando mientras añadía sacudidas al repertorio. Uno de sus pequeños pies golpeó sólidamente las costillas de Draco, provocando un quejido en él y una risita en Potter.
– Por supuesto. – dijo Draco. Consideró si lanzarle un hechizo de parálisis corporal sería aceptable y decidió que, probablemente, no – Teddy. – dijo intentando ser escuchado por encima de las indignadas protestas y el canturreó de lo que seguramente era la palabra "abajo" una y otra vez – ¡Teddy! – repitió con más ímpetu. Sin embargo, el niño solo aumentó el volumen de sus lamentos hasta que, rodando los ojos, Ginny tomó una de las galletas que había en las mesas dispuestas para la recepción y se la metió en la boca – ¿Quieres ir a volar? – preguntó Draco desesperadamente.
– Te lo dije. – le dijo Hermione a Andromeda, quien sofocó una carcajada.
Teddy masticó la galleta y, con la boca llena de migas, dijo:
– Ecoba.
– Bueno, no te iba a sugerir una alfombra, no. – le dijo Draco.
Cinco minutos después, tenía al niño, con hechizos que mantenían su parte inferior firmemente sujeta a la escoba, volando sobre los terrenos. Ron se rio al ver a Draco Malfoy intentando entrenar a un exhausto niño y de la mueca que hizo Narcissa cuando los vio.
– Creo que preferiría comer cristales antes que tener eso como suegra. – le dijo a Hermione.
Ella lo miró fijamente y se limitó a decir:
– Podría ser peor. Piensa en Posy Parkinson.
Ron soltó una risotada.
– ¿Te imaginas? – preguntó – Probablemente sea lo mejor que Charlie y Pansy vivan en Rumania y casi nunca aparezcan por aquí. – levantó la mirada hacia el impecable cielo azul – Mi madre también sería un dolor en el trasero. – dijo – Con Harry es más tolerante que… puede llegar a ser complicada.
– Ella te quiere. – dijo Hermione.
Ron se encogió de hombros.
– Sí, pero confieso que temo llevar a Tracey a casa. Sería como la Inquisición Española.
– ¿Tracey? – Hermione enarcó las cejas y, mientras cargaban platos con carnes de todo tipo, Ron le contó cómo había conocido a esta chica, a esta increíble chica, que estudió en Beauxbatons, que amaba el Quidditch a pesar de que no jugaba y adoraba ir a los partidos ("De verdad, Hermione. Ella no solo está siendo educada como lo fuiste tú"), con quien podía discutir sobre quiénes eran los mejores jugadores y que casi podía saber más que él. A ella le encantaba comer, salían todo el tiempo, le estaba enseñando ajedrez y le preocupaba que pronto no pudiera vencerla.
– Es muy divertida. – dijo Ron. Sonaba casi culpable admitiendo eso – Es agradable salir con alguien que no es, bueno, que no es tan intenso.
– Me alegro por ti. – dijo Hermione y era cierto – ¿Tal vez podríamos salir alguna vez?
– Íbamos a reunirnos con Harry, Ginny y Charlie esta noche para tomar una cerveza. – comentó Ron. Vaciló brevemente antes de añadir – ¿Tú y Malfoy queréis venir?
