No muy lejos de la antigua presa abandonada y de los bosques que la rodeaban, se extendía a los pies de una de sus montañas una pequeña cala cuya playa de arena era lugar habitual de reunión para los jóvenes del instituto pero sobretodo del equipo cuyas fiestas y celebraciones eran una constante allí.

Aquella noche de lunes se presentaba tal como otra noche cualquiera salvo porque todos sabían que el próximo viernes habría un importante partido y se jugaban mucho ya que estaban prácticamente a las puertas de que la temporada acabase.

Aden Woodward estaba entusiasmado por la idea. Ganar o no, la verdad no representaba una prioridad para él porque lo único que deseaba después de todo era poder jugar. El rugby siempre había sido una de sus pasiones desde que era muy pequeño y en cuanto pudo entrar en un equipo al llegar al pasar del colegio al instituto ni se lo pensó.

Uno de sus mejores recuerdos era estar jugando y levantar la vista hacia las gradas viendo a sus hermanos reunidos entre risas, tontas pancartas y vítores animándoles a él y a Maddie todos juntos allí.

Echaba de menos aquellos tiempos, echaba de menos que hubiese una excusa para reunirles a todos una vez más, pero las cosas habían cambiado sin saber siquiera el porque de la cuestión.

Aún así, estaba contento de poder seguir allí, Maddie por su parte había preferido dejar el equipo de animadoras poco después de que Luna y Lexa hubiesen sufrido el fatal accidente.

Le había sorprendido bastante la noticia, a Maddie no solo se le daba genial lo de animar a la hora de hacerlo era decidida, dedicada y siempre encontraba la manera de no faltar a ningún ensayo o partido para hacerlo.

Había tenido algún que otro roce con Hashelee Whitman, la hermana de Aranae la chica que le gustaba y con la cual salía desde hacía algún tiempo de forma casual.

Hashelee siempre encontraba la forma de menospreciar a Maddie, de buscarle las cosquillas y de sacarla de quicio dándoselas de abeja reina la cual creía que era.

Maddie por su parte, solía no entrar demasiado al trapo e ignorarla pero Aden conocía a su hermana y sabía que su paciencia no era infinita y que de no apaciguarla como lo hacía, Maddie un día de estos se hartaría y la aplastaría como al abejorro molesto y engreído que en realidad Hashelee era.

En líneas generales ambos estaban bien integrados en el instituto, Maddie era una estudiante excelente que conseguía algo de dinero extra dando clases a aquellos alumnos rezagados que le pedían ayuda, y él con suerte mantenía la media para poder continuar jugando y solía dedicarse a falsificar todo tipo de exámenes, notas y documentos a cambio de dinero de una forma sana y de lo más discreta entre medias.

Vamos, aquello era Scranton Crow subsistir día a día allí era como uno bien pudiese, era como practicar deportes extremos sin seguridad alguna.

Total, ¿qué podría pasar si le pillasen? ¿qué le expulsarán? ¿qué le condenasen a pasar un par de meses en Hollysbrooke? ¿qué no se graduase?

Vaya infortunio, ¿a quién querían engañar?

Graduarse no era garantía de un buen futuro para nadie, ¿y cuantos de ellos lograrían con suerte un trabajo estable o conseguir ir a la universidad?

El instituto solo era una fantasía, una especie de tiempo muerto en un lugar concreto hasta que llegase algo más.

Por supuesto, la idea de dejarlo como habían tenido que hacer Luna, Lexa o Ilian no era una opción para ellos. Ninguno jamás lo permitiría, claro pero había ocasiones en las que Aden no lo descartaba del todo.

Maddie no era así. No pensaba como pensaba él, a ella le gustaban las clases, le gustaba la rutina y la normalidad que esta le daba a su vida. Ella si creía que esforzándose en un futuro quizás puede que llegase a hacer algo bueno con su vida.

La mayoría no serían tan ilusas como lo era ella, las opciones normales de las chicas de Scranton Crow solían ser:

a) Quedarse embarazadas a temprana edad y verse obligadas a dejar el instituto para ocuparse del bebé con la promesa de retomar los estudios en cuanto pudiesen hacerlo y nunca lograrlo.

b) Conseguir un trabajo a media jornada y con suerte graduarse para seguir con la misma vida de mierda que probablemente llevaban sus infelices padres.

c) Conocer a algún patán capaz de convencerlas de que no merecía la pena el empeño y el esfuerzo que probablemente terminaría dejándola o simultaneándola con una o dos chicas más convirtiendo su vida en un infierno.

d) Con suerte graduarse, conseguir una beca e ir a alguna universidad local donde los gastos aumentarían y se acabaría viendo forzada a coger algún trabajo de mierda para poder mantenerse, terminar por bajar las notas, perder la beca y regresar a casa.

e) Enamorarse perdidamente de algún capullo con poco cerebro y quizás algo de pasta que la luciese como a un trofeo hasta que se cansase de ella y acabase con un bebé, sola y abandonada a su suerte.

f) Que abandonase el instituto, terminase trabajando en algún local de mala muerte quizás bailando o quizás haciendo alguna otra cosa más para conseguir la pasta suficiente para que aquella vida no se lo hiciese pasar mal y mantener a su familia si es que aún la tenía.

g) Y finalmente que conociese a alguien que verdaderamente la quisiese, se enamorase de ella y aceptase su situación. Hiciese las cosas correctas de la manera correcta pero que un día despertase y se diese cuenta cuatro o cinco años después de que su vida no era tal como quería que fuese y acabase largándose con la excusa de que era por él y no por ella dejándola destrozada.

Las opciones para los chicos tampoco es que fuesen la gran maravilla si comparaban.

a) En Scranton Crow sin pasta, jamás lograrías ser ni serías nadie.

b) Probablemente conseguirías algún trabajo en alguna tienda de comestibles, en la tienda de música o en algún taller de la zona y con mucha, muchísima suerte lograrías cobrar lo suficiente como para no tener que robar o alternar dos o tres trabajos para tener un techo y no tener que compartirlo con algún desconocido por pasta.

c) Que te expulsasen del instituto y acabases detenido o trapicheando metido en movidas realmente malas para subsistir y de las que no pudieses salir.

d) Abandonando el instituto, decidiéndote a ir por el camino fácil y fugándote a la primera de casa.

e) Preñando a alguna tía de la que ni sabrías su apellido o tal vez pasando de la tía con la que siempre habías estado para ir a por algo mejor.

f) Graduandote, consiguiendo una beca para ir a alguna universidad local, conseguir alternar trabajos y finalmente, casarte, tener hijos y llevar una vida monótona, aburrida y mortal hasta que te dedicases a adquirir malos hábitos en busca de alguna nueva experiencia.

g) Y finalmente, puede que trabajando realmente duro en trabajos de mierda para poder mantener a dos o tres de tus hijos a los cuales ni se te permitirá ver y que compartirás con tus ex.

Lo dicho, el instituto toda una puta fantasía sin más.

De nada valía tener sueños o expectativas que no iban a poder cumplirse jamás.

A veces lo mejor era enfrentar el día a día tal como viniese y respirar lo suficiente para lograr vivir un día más.

Quizás Maddie era demasiado ingenua, demasiado inocente como para querer entender eso y más de una vez lo habían discutido y más de una vez él la había intentado hacer comprender aquel punto de vista suyo demasiado críptico, cínico y excesivamente realista de su visión de la extensa realidad.

Pero Maddie sentía que a veces Aden era el que más ingenuo e inocente era de los dos, y que su visión solo estaba motivada por la falta de ejemplos positivos, de optimismo y de esperanza en sus vidas.

Se negaba a creer que aquello fuese todo cuanto la vida les tenía destinado a ellos.

La vida debía de ser algo más que solo sobrevivir.

—Solo digo que le das demasiadas vueltas a las cosas, Maddie —insistió Aden mientras caminaba junto a Maddie por la arena para ir a encontrarse con sus amigos a lo lejos donde el crepitar de las pequeñas hogueras esparcidas por la toda la pequeña cala no hacía más que restallar bajo el estrellado cielo y la oscuridad—. Deberías pensar menos y divertirte más.

Maddie que sentía sus pies hundirse en la arena con los zapatos en la mano se volvió a mirar a Aden algo ofendida por sus palabras.

—Eh, yo me divierto bastante —se defendió ella ante su hermano poniendo una cara—. Es solo que...

—Excusas, excusas —canturreó Aden con una cara al mirarla teniendo que sonreírse—. ¿Cuánto hace que no vienes con nosotros?

Maddie que puso una cara al escucharle apartó la mirada pillada en falta.

—¿Lo ves? —replicó Aden triunfante al volverse hacia ella saludando con la mano a algunos chicos y chicas del instituto que se encontraban en otra hoguera cerca—. Ni siquiera te acuerdas. Te estás volviendo una aburrida.

—Eso no es verdad —respondió Maddie mirándole unos instantes—. Es que he estado ocupada con otras cosas, he aceptado dar muchas más clases ahora que se acercan los exámenes y...

—Eso no son si no más y más excusas —la presionó el pequeño de los Woodward con un gesto—. ¿Por qué ya nunca vienes?

Maddie no tenía una sola respuesta para eso.

—¿Es por los chicos? ¿ya no te caen bien?

—No, no es eso.

—¿Es por las chicas? ¿es por Hashelee? —insistió Aden queriendo saber y saber—. Porque si es por ella, sabes que no debes hacerle caso alguno, ¿no?

La pequeña de los Woodward negó con la cabeza mientras veían la hoguera principal rodeada del equipo más cerca.

—No es por las chicas ni por Hashelee, está todo bien es solo que... no me ha apetecido demasiado venir y punto, ¿podemos dejarlo ya?

Aden que se sonrió un poco al ver que había conseguido molestarla un poquito sacudió la cabeza.

—Como quieras, señorita aburrida —le vaciló él al tiempo que llegaban a encontrarse con el resto.

Muchas caras conocidas se volvieron hacia ellos y saludaron recibiéndoles de buen grado, todas menos Hashelee, y su séquito de lameculos que estaban sentadas al otro lado criticando y riendo escandalosamente para variar.

—¡Aden, estás aquí! —grito Aranae levantándose de una de las rocas para ir a dar con él sonriente viendo después a Maddie a su lado—. ¡Maddie, has venido! ¡No puedo creerlo! —abrazándola con entusiasmo y alegría al encontrarla nuevamente allí.

—Si, al final la he convencido —comentó Aden abrazando a Aranae por la cintura con una sonrisa—. Es que tenemos mucho que celebrar hoy.

Aranae que se sonrió al escucharle frunció el ceño y trató de mirar a Aden y luego a Maddie abriendo mucho los ojos.

—¡Oh dios! ¡Has decidido volver al equipo, es eso! —le dijo a Maddie con asombro y entusiasmo separándose de Aden para ir a abrazar a su amiga—. ¡Sabía que era algo temporal y que al final acabarías volviendo! ¡Es genial!

A Maddie que aquello le había pillado por sorpresa quiso negar y decirle que se estaba equivocando y precipitando en su conclusión pero apenas tuvo tiempo porque Aranae se volvió hacia el resto del equipo para anunciar la gran noticia.

—¡Eh, escuchad todos! —gritó Aranae de lo más feliz haciendo que mucha de la gente que hablaba entre sí y algunos que jugaban en la arena se volviesen a verla—. ¡Maddie vuelve al equipo!

—Oh, no, no, no —se apresuro a decir Maddie agarrando a Aranae de la camiseta para pararla.

Muchos se alegraron de ello y levantaron sus vasos en señal de brindis profiriendo todo tipo de vítores y gritos contentos de tenerla de vuelta ya que para ellos Maddie siempre había sido una más del equipo.

Maddie que abrió los ojos al oír aquello dirigió su mirada hacia los ojos de Aden para que parase a Aranae y arreglase la situación.

—¡Lo sé! ¿A que es genial? ¡La verdad es que no ha dejado de hablar de otra cosa desde que salimos de casa! —sonrió Aden mintiendo sin dejar de sonreír a Maddie con un divertido gesto sabiendo que después de aquello le iba a querer matar—. ¡Ahora ya hay dos cosas que celebrar!

Maddie que le miro incrédula vio a algunos de los chicos y las chicas acercarse a felicitarla por estar de vuelta entre ellos y forzó una sonrisa poniendo buena cara al resto recibiendo algunos abrazos y algunas palmaditas en la espalda.

Hashelee que arqueó una ceja al ver la escena pareció comentar algo a sus amigas al otro lado de la hoguera fingiendo que nada pasaba y que no había oído nada.

Aranae que sonrió con entusiasmo colgándose del brazo de Maddie sonrió a Aden con curiosidad nada más oírle.

—¿Cuál es la otra cosa?

—Que mi hermana Luna ya está mucho mejor —anunció Aden de lo más contento.

Treior que llegaba con un par de vasos y con Keryon, otro de los chicos del equipo se alegró de oír algo así y les sonrió a ambos ofreciendoselos.

—Vaya, eso es genial —sonrió Treior como si realmente se alegrase por ello antes de mirar a Maddie dándole uno de los vasos—. Y que regreses al equipo también lo es, va a molar mucho tenerte de vuelta.

—¡Si, te hemos echado mucho de menos! —le dijo Aranae con una carita ya que eran muy amigas y no se creía que le hubiese guardado el secreto.

Aden que le dio una mirada a Maddie ladeo ligeramente la cabeza para que se diese cuenta de que realmente la habían echado en falta y que muchos de sus amigos allí la querían de vuelta y la apreciaban.

Maddie que le devolvió la mirada sacudió ligeramente la cabeza sabiendo que Aranae y Aden solitos la habían metido de nuevo en un buen lío y que ahora no podría decir que no a eso de volver al equipo.

Aden que se acercó rodeando a su hermana con el brazo le sonrió con una carita de cachorrito suplicante y ridícula que solía poner cuando eran mucho más niños y pretendía convencerla de jugar a lo que él quería y al ver a Maddie resignarse y dibujar una pequeña y vencida sonrisa beso su cabeza.

—¡Genial! —sonrió Aden al ver que finalmente la había convencido y ya no se podía echar atrás—. ¡Volvemos a estar todos!

Si, pronto todo iba a mejorar.

Continuara...