61. Posibles discordancias

Dedicado a Lore562

He visto que me has ido dejando comentarios

fielmente en cada actualización

desde hace unos cuantos capítulos.

Gracias de todo corazón

por tu apoyo.


Hay juegos para los que se requiere guardar la compostura y confianza en uno mismo si no se desea perder. Y esa era justamente la situación en la que se encontraba la joven adolescente de casi catorce años de edad... que no deseaba otra cosa más que ver a su plan triunfar.

—¿Rosalie Cullen?

La susodicha se movió bruscamente de su asiento. Había citado al detective en prácticas que Keneddy le recomendó en la cafetería de una zona que no demasiado transitada. Un lugar donde podían evitarse oídos indiscretos y que a la vez que le ofrecía a ella un ambiente seguro.

—Soy yo.

Como siempre, lo dijo con mucho orgullo... Sin embargo, el repaso que el chico le dio de pies a cabeza le bajó los ánimos de un sopló.

—¿Tú?

—¿Algún problema? —preguntó sin darle el gusto de rebajarla. El quisquilloso tipo frente a ella era algo bajito, de pelo negro peinado hacia un lado y con pecas por la cara... ¿Y le venía con ínfulas de ser la gran cosa?

—Eh... no. —Se encogió de hombros—. Solo que imaginé que la persona que necesitaba mi ayuda y me pagaría... al menos había cumplido la mayoría de edad.

Ante sus palabras, Rose se limitó a esbozar una sonrisa irónica.

—Tampoco es que tú seas tan viejo... esto...

—Gerhard Evans —se apresuró a completar.

—Pues eso. —Rose lo miró de la misma manera que él a ella—. Y creo recordar que tampoco es que contases con mucha experiencia previa en el campo, ¿verdad?

La irritación del chico fue obvia. Soltó un bufido de molestia que hizo eco en el pequeño local rústico, al igual que el crujido de la silla de madera mientras se sentaba. Ambos gestos generaron una gran satisfacción en su acompañante.

—¿Qué puedo hacer por ti?

—Primero necesito pedirte confidencialidad en esto. —La rubia extendió la carpeta verde en la mesa, sin darle muchas vueltas—. Todo lo que hablemos tiene que quedar entre nosotros dos, ¿de acuerdo?

—Mientras me pagues... —dijo él por lo bajo mientras revisaba el contenido—. ¿Tenía que investigar algo para la amiga de una madre tuya, no?

—En realidad, es para la mía.

La expresión de Gerhard cambió radicalmente, pasando a una postura creída.

—Creo que voy pillando más por donde va esto.

—Ahí te escrito algunos datos y a lo que se dedica para subsistir —prosiguió Rose, sin darle juego a hacer otro comentario. Gerhard lo empezó a leer con algo de atención.

—Esto ya es bastante para empezar... —murmuró con aprobación. Ella relajó sus hombros.

—¿Entonces es todo lo que necesitas?

El chico asintió, entrecerrando los ojos.

—Sí eh... Solo déjame preguntarte algo. ¿Tienes el consentimiento de al menos uno de tus padres para hacer esto?

Rose se limitó a darse la vuelta, coger el bolso detrás de su silla y levantarse.

—Creía que nos íbamos a entender, pero veo que tendré que buscarme a alguien no tan pesado para...

—Ey, ey, vale —la interrumpió Gerhard, extendiendo una mano en la mesa—. No insisto más sobre el tema.

Rose se aplaudió mentalmente y volvió a sentarse de lo más contenta.

—Así me gusta.

Si su hermana era una maestra del misterio, ella también lo era en su propio campo.

nnn

—Siempre quise hacer esto...

—¿El qué...?

La pregunta que Bella soltó en una especie de jadeo envió una punzada directa a la entrepierna de Edward. Los dedos de él reseguían el trazo curvo de los lados de sus generosos pechos hasta llegar a la base de estos y pasar a sostenerlos entre las manos.

—Hacerme una idea del peso con el que tienes que cargar siempre...

Ella esbozó una media sonrisa en sus labios, que luego dio lugar a una expresión distorsionada de gozo cuando él repasó levemente la punta erecta de sus pezones con los pulgares.

—Recién estoy empezando a comprender sus ventajas...

Y la voz de Bella se cortó en cuanto Edward volvió a repetir el mismo movimiento circular en ambos pechos, rozando parte de la delgada piel de sus areolas junta a la punta de sus sensibles cumbres. La sensación era tan intensa que la castaña sabía que necesitaba fricción... y previniendo lo sensible que se ponía, Edward bajó una mano rápidamente y la coló bajo sus bragas, tocándola justo donde más lo necesitaba.

—Edward...

Ella inmediatamente presionó su sexo contra aquel toque, sintiendo como los dedos de él urgaban en su carne caliente y húmeda.

—Sabes cuánto me gustan... —Y mientras lo decía fue rozando levemente su pezón y soltándolo, a la vez que hacía lo mismo con el capuchón de su clítoris...

—Por eso digo lo de las ventajas...

Edward detuvo sus movimientos en cuanto la risa se escapó de sus labios, a lo que ella reaccionó con frustración.

—¡Eh...!— Sin poder aguantarlo, y antes de que Bella protestara como una fiera, él se apoderó de su boca con entusiasmo... alentando a sus labios a entregarse de manera fogosa antes de volver a estimularla con los dedos y que, en respuesta, ella sacudiera sus caderas con gusto.

—Mmm...

Bella recostó la cara contra su mejilla, abrumada de las sensaciones que despertaba en su cuerpo mientras él la observaba, hipnotizado.

—¿Se siente bien así?

Ella continuó con los labios fruncidos, absorbiendo el placer que le generaba.

—Más rápido, por favor.

Edward se dispuso a cumplir su petición y Bella no podía evitar humedecerse cada vez más, sobre todo notando la dureza que no paraba de crecer bajo su trasero. Eso sumado a los dedos que jugaban con su pezón y al toque más certero que aplicaba su pulgar ya de forma directa sobre su clítoris la estaban enviando a lo más alto... hasta que un ruido extraño los distrajo.

—¿Qué ha sido eso?

—No sé...

El sonido proveniente de las escaleras se escuchó de forma clara una vez más y Bella se congeló en su sitio.

—Habías dicho que no habría nadie más en casa... —murmuró con reproche, a lo que el último asintió, descolocado.

—Y es así, yo...

Aquel sonido, de como si alguien estuviera subiendo arrastrando algo, se oía más cercano.

—Mierda, ¡Edward!

Bella se apartó de él para buscar el sujetador, agradeciendo que no se hubiese quitado las bragas todavía, y tan solo llegó a divisarlo cuando de repente... un golpe sordo retumbó en la puerta.

—¡Maldit...!

Mantuvo las sábanas contra su pecho, pero Edward también se colocó delante de ella para cubrirla en el peor de los casos.

—¿Quién? —Edward trató de gritar más alto de lo que Bella hizo segundos atrás. Pero no se oyó nada en respuesta respuesta, solo un leve impacto contra la puerta, como si la rozaran.

Él frunció el ceño y buscó el pantalón. Tocó a Bella para que se los pasara cuando lo localizó en el suelo, a meros centímetros de ella, y se lo puso antes de seguir en dirección a la puerta.

—¿Se puede saber qué...? ¡Edward! —Y al ignorarla por completo, Bella ocultó su cuerpo lo más rápido que pudo y cómo pudo con las mantas, desesperada. Sin embargo, cuando abrió la puerta... solo escuchó que Edward emitía con voz cariñosa un suave "hola" mientras se agachaba... para acto seguido levantarse y entrar con una pelusa blanca entre sus brazos.

—¿Lice?

La esquina de la puerta se abrió por inercia cuando él pasó por delante, dejando a la vista un trozo de lo que parecía ser una castillo de medio metro relleno de espuma.

—Ha traído su cama —le indicó Edward—. Suele quedarse en la sala sobre estas horas. Rose la deja siempre allí antes de irse. Pero como está sola, nos habrá oído... y ha subido.

A pesar de que el susto casi la había matado de un paro cardíaco, Bella no pudo sentir ternura al ver a la pequeña perrita, sacando la lengua y tratando de lamer la mano de Edward. Ni siquiera había ladrado.

—Le sacaré algún juguete de la habitación de las mellizas y la volveré a dejar entretenida abajo. —Se giró solo para regalarle una última sonrisa gentil—. No tardo.

—Tranquilo.

Y al marcharse... Después de haber roto la magia, Bella se sintió muy incómoda con la humedad con que la había dejado entre las piernas. Eran pocas veces que se mojaba tanto como para notarlo en los muslos a pesar de llevar las bragas —pensó, mientras se las quitaba en un intento de quitarse esa sensación ahí abajo—, pero es que aquel día de verdad había sabido estimular sus zonas erógenas...

Compensó el cosquilleo caluroso que subió por su cuerpo con el frescor de las sábanas. Era tan agradable, que aprovechó el lado vacío de la cama para estirarse como un gato. Se quedó revolviéndose allí un par de segundos antes de Edward volviera a entrar por la puerta.

—Ya estoy aqu... —Al oírlo, Bella se tumbó sobre su estómago y le sonrió con normalidad, pero él ya tenía grabado en su retina una de las visiones más eróticas de toda su vida.

Su cuerpo desnudo... tapado de manera desordenada entre las sábanas... y realzando la redondez de sus grandes pechos y de su trasero, presionando el colchón...

—Veo que vuelves con ánimos...

Bella se fijó descaradamente en cómo cierta parte de su anatomía recobraba fuerza. Sin embargo, cuando la mirada de Edward se cruzó con la suya, se sulfuró de inmediato. Él se quitó los calzoncillos antes de acercarse, y Bella reparó en los granitos que le habían salido últimamente en las ingles a causa de la cuchilla.

—No es necesario que lo hagas...

Edward estaba tan excitado que no entendió a qué se refería, hasta que siguió el recorrido de sus ojos.

—Ah, no me importa, en serio. —Frunció el ceño—. ¿A ti... no te molesta que no esté perfecto, verdad?

—¡Claro que no! —exclamó ofendida—. Tampoco es como si yo estuviera perfecta siempre allí abajo, Edward. Desde que estoy contigo me importa más... pero jamás me has reprochado nada.

—Porque estás perfecta igual —le aseguró Edward animado, encogiéndose de hombros—. Ni que esos detalles me impidiesen que me siga excitando tanto como lo hace...

Ella lo escaneó con los ojos.

—¿De verdad te excito tanto?

—Pues claro... —afirmó con energía—. Y desde que sé cómo luces debajo de la ropa...

Cuando su última confesión se escapó de sus labios... se rascó la cabeza, mientras el tono rojo a sus orejas y cara aparecían muy pronto. A Bella le pareció adorable.

—¿Me estás confesando que me desnudas con la mirada, Edward? —Su tono sugestivo era obvio, pero la calidez de su expresión volvió a transmitirle la valentía perdida.

—Algunas veces.

Esta vez, ella rozó sus labios.

—¿Y fantaseas con algo más?

Él se atrevió a invadir su cálida boca.

—Entre otras cosas... —Por primera vez se besaron con los ojos abiertos, lo que se tornó en una explosión de excitación en ambos—. Pensar en cómo te puedes quitar lo que llevas puesto...

A Bella un poderoso torbellino placentero le recorrió el bajo vientre.

—¿Y... qué me harías al estar desnuda?

Podía jurar que sus ojos azules la poseyeron.

—Creo...—Repasó con ternura sus labios entreabiertos—. Que prefiero enseñártelo...

Y así fue cómo ambos volvieron a al juego de devorarse con besos y adorarse con caricias... complementando la unión de contrates con alguna que otra dulce mordida. Reanudaron la acción que dejaron interrumpida, incitándose y retorciéndose del placer que uno generaba al otro.

A Bella le invadió la dicha de que hubiese brotado tanta confianza entre ellos en ese plano. Y se encontraba totalmente complacida de que Edward por fin estuviese tomando la iniciativa, demostrándoselo con miradas... y con hechos.

En su nueva ronda de preliminares, Bella se sintió prácticamente endiosada. La boca de Edward se entretuvo en varias zonas de su cuerpo... hasta llegar su clítoris, el cual se quedó consintiendo entre sus labios, alternando sus mimos con lamidas y succiones, además de haber agregado dos dedos entrando y saliendo de su interior. Ella se arqueó hacia atrás, apretando los muslos y provocando que Edward moviera la lengua aún más rápido sobre su núcleo de placer.

—Eso es, Bella —le murmuró sintiendo cómo sus paredes le oprimían los dedos—. Córrete...

Y ella se dejó ir; para que al cabo de pocos segundos la erección de Edward la invadiera, moviéndose a un ritmo fuerte y entusiasta dentro de su sexo que, sumado a la sensibilidad de Bella por su reciente orgasmo, le hizo alcanzar el siguiente en un abrir y cerrar de ojos. Edward mantuvo sus labios pegados a su cuello y, en cuanto su interior se aferró a su miembro en el punto álgido, Edward salió de ella para derramarse sobre su muslo izquierdo, aún dentro del condón. Ella lo observó con el ceño fruncido, pero tomó unas cuantas bocanadas más de aire antes de preguntarle.

—¿Y eso?

—¿El qué? —Edward se separó de Bella para quitarse el condón y buscar los pañuelos en los que envolverlo.

—Pues eh...

La castaña se quedó desconcertada por un momento. Pero en cuanto Edward regresó a su lado, abrazándola y dándole un beso en la mejilla, en la frente y en la cabeza, envolviéndola en la calidez de su afecto y mirándola a los ojos hasta hacerla sonreír... dejó atrás cualquier pensamiento indeseado.


💎Mmh... un personaje nuevo y un final algo confuso... ¿Será importante? ¿no? Lo veremos. 😉

💎 ¡Gracias por los comentarios y hasta mañana! n.n