La mente de Lunático

Nota de autor: ¿Me extrañaban? Yo sé que sí. La obra sigue siendo de la diosa, poderosa, inmaculada y perfecta Moonsign y el mundo de "Harry Potter" a J.K Rowling.

"Me desperté una mañana pensando en lobos y me di cuenta de que las manadas de lobos funcionan como familias. Todo el mundo tiene un papel, y si se actúa dentro de los parámetros de la función, todo el paquete de éxito, y cuando eso se viene abajo, también lo hace el resto."

Jodi Picoult.

REMUS:

Lunático se recostó sobre un costado, jadeando. A medida que la luna se alzaba, el dolor desapareciendo de su rostro, los otros sentidos empezaron a fortalecerse. Estaba en una prisión-jaula-trampa como usualmente solía en las noches así. Siempre aquí, con la luna tanteándole los huesos y el olor de hombre-sangre-comida en el aire.

Pero hoy tenía nuevos aromas. Varios que también eran hombre-sangre-comida, aunque tenían fuertes esencias que los enmascaraban. Tenían algo raro. Olían a hombre-sangre-comida, pero mucho más fuerte se encontraban aromas cálidos, sonrientes y que parte de la mente de Lunático reconocía que provenían afuera de la prisión-jaula-trampa, ese lugar al que la luna siempre le insistía que debía ir.

Lunático se sacudió los últimos recuerdos del dolor, la piel rompiéndose y con los huesos reestructurados ardiendo. Se giró para observar a las cosas calientes que se apretaban contra la pared. Lo veían con miedo-huir-presas en sus ojos, su temor aumentando a medida que el deseo de Lunático por cazarlos aumentaba. Pero no lo hizo dado que otras cosas se le hacían claras a medida que se acercaba. Olían familiar y no sabía por qué. Nunca habían visto otras cosas calientes, vivas y que caminaran por aquí.

Posiblemente conocían a la otra parte de él, esa fastidiosa voz del hombre que se la pasaba diciendo cosas humanas, llorando y quejándose como no debería un lobo. Extrañamente, el hombre no lloraba hoy. Susurraba algo una y otra vez. Por primera vez no eran complicadas palabras humanas, eran cosas que el lobo podía entender. Bueno, solo una palabra lobuna, pero la decía todo el tiempo: — Manada, manada, manada, manada...

Lunático estaba confundido. Vio a las cosas calientes, vivas y caminantes que se recargaban contra la pared y lo observaban con incertidumbre. Dos eran cosas grandes. Uno era pequeño e insignificante. Le parecía que tendría que oler a huir-presa-pasto-comida, pero Lunático sabía que no era eso al verlo de pie orgullosamente con los otros dos, uno de ellos definitivamente oliendo a lobo.

— Perro —La voz en su mente le proporcionó, brevemente rompiendo el mantra de "Manada, manada, manada, manada"

La cosa pequeña se encontraba en la cabeza del que comía pasto, sentada entre aquellas cosas que parecían brazos y le salían de la cabeza. Olía como aquellas pequeñas alimañas que Lunático olfateaba alrededor de prisión-jaula-trampa.

— Manada. Manada de Lunático. Manada —Le susurraba aquella voz en su cabeza.

Lunático empezó a rodearlos, sacudiendo la cabeza y observándolos con incertidumbre: — ¿Manada? —Les preguntó, viendo al que se llamaba perro. Entendía que este podía ser manada, pero los otros dos eran bastante extraños.

La palabra emocionó a la cosa llamada perro, quien saltó y empezó a mover la cola: — ¡Sí, manada! —Respondió feliz— ¡Nosotros manada de Lunático! —Dio un paso, provocando que Lunático se tensara y gruñera. Se congeló, ladeando la cabeza— Nosotros manada, Lunático.

Lo extraño era que, al tener la palabra en la mente, le parecía correcta. Algo en Lunático temblaba con emoción, logrando que elevara las orejas y sus músculos se removieran por los sentimientos familiares. Ellos sí eran familia.

¿Manada? —Lunático repitió. Este le olía más cercano que los otros dos. Olía a calor-lobo-cercanía-deseo. Los instintos de Lunático reconocieron el aroma y sus orejas se removieron con interés— ¿Pareja?

El perro se veía sorprendido, pero dejó salir un jadeo juguetón y movió la cabeza de arriba abajo: — Sí, pareja —Dio un paso adelante, pero Lunático no gruñó. Dio otro paso, invadiendo el espacio de Lunático. Se le tiró encima antes de que Lunático pudiera reaccionar, reteniéndole el torso al poner una pata sobre su pecho. Lunático estaba adolorido y temblando por dolor-cambio-luna-cerca, fácilmente siendo lanzado a sus pies. Ni siquiera pudo levantarse, ya que tenía aquella enorme pata negra en sus costillas y el perro gruñía por lo bajo, algo que claramente pudo interpretar como— Yo grande. Yo Alfa.

Lunático sabía que era mucho más fuerte que este perro. Sabía que podía lastimarlo con solo una mordedura. El perro también lo presintió, afirmando con dureza: — ¡YO ALFA! —Le puso otra pata encima a Lunático y las costillas podrían haberse partido por el peso. Aunque era fuerte, el perro era mucho más grande y si se seguía inclinando entonces habría más dolor-sufrir-romper. Además, ya no quería más dolor-sufrir-romper. Olía a calor-pareja-proteger, e incluso cuando le presionaba las costillas al punto en que no soportaba el dolor, se arrodillo y empezó a jadear suavemente contra su oreja: — Pareja. Canuto pareja. Mí manada.

— Manada...pareja —La voz en su cabeza afirmaba— Déjalo. Canuto alfa.

— ¡LUNÁTICO Alfa! —Lunático gruñó con indignación, luchando contra el agarre que lo retenía.

— ¡No! ¡CANUTO Alfa! —La voz era mucho más clara que en anteriores ocasiones y eso molestó a Lunático. Este era su cuerpo.

Canuto se inclinó y le lamió la nariz, un gesto que evidentemente significaba cuidar-proteger-querer. Lunático se sintió a sí mismo dejarse caer en derrota y responder con la misma intención de cuidar-querer-mío. Le mostró su cuello en signo de sumisión, Canuto inclinándose y abriendo sus fauces contra el mismo para poner sus dientes en la garganta expuesta; sin romperle la piel, simplemente sujetándolo en símbolo de dominancia.

Fue entonces cuando dio un paso hacia atrás, quitándose de encima de Lunático a la vez que giraba su carita a un lado, observando a Lunático con incertidumbre mientras este recuperaba el aliento.

Lunático se puso en pie con lentitud, las costillas crujiendo. Se sacudió lentamente, dirigiéndose a Canuto con pasos despaciosos. Canuto se quedó quito y le permitió acercarse. Lunático lo olfateo, recibiendo un lametón en su nariz por haberse molestado, para después ir a la parte trasera de Canuto y realizar el mismo proceso. Al oler la peluda cola de Canuto supo inmediatamente que se trataba de manada-pareja-mío.

Un movimiento cercano a la pared le llamó la atención. Las otras cosas caminantes "Manada" como la voz en su cabeza le recordaba, lo estaban mirando. El más grande inclinó la cabeza con una mirada que Lunático no sabía interpretar. Era algo similar a juguetón-diversión, pero más calmado.

Cornamenta —Le aviso Canuto, también mirando a los otros dos— Colagusano. Lunático, Canuto manada. ¡Lunático no lastimar!

Lunático no lastimar —Lunático repitió, dedicándole una mirada por el rabillo del ojo a Canuto.

Al que Canuto llamó Cornamenta fue el primero en acercarse. Fue tortuosamente lento, pero no le tenía miedo. Lunático lo observó con sospecha a medida que se le acercaba. Era demasiado grande. Mucho más que Canuto. Bajó la cabeza para que Lunático pudiera olfatearlo. Sí, ahí estaba. El olor a manada. Sabía que a este le gustaba cuidar-proteger-manada, su colita moviéndose con entusiasmo. Le lamió la delicada nariz negra con ánimo de molestarlo, Cornamenta tirando su cabeza con fingida ofensa. Lunático le enseñó los dientes en una sonrisa de alegría, haciendo ámago de que iba a lamerle una de esas extrañas orejas de terciopelo.

El pequeño dejó salir un chillido y se tensó en alarma cuando Cornamenta quitó la cabeza. Lunático se estiró para poder olfatearlo. Tembló, pero nunca se movió. Sí, este también era manada, aunque Lunático no podía explicarse por qué era tan pequeño. ¿Era un erizo? Lo iba a lamer, pero entonces alguien le puso una pata en el estómago. Se giró para gruñirle a Canuto, vistazos de su ira lobuna y aquel deseo de sangre mostrándose.

No lamer Colagusano —Canuto ordenó. Entonces se inclinó, la patas doblegándose y la cola parada— ¡Jugar!

Lunático dudo, sintiendo aquel deseo de sangre desvanecerse bajo la mirada de Canuto. Lentamente, inseguro, imitó la posición que tenía Canuto y levantó su cola. Jamás había tenido a nadie con quien jugar, así que no sabía lo que debía hacer. A Canuto no le importó. Se lanzó y le dio a Lunático un golpe delicado en el costado, alejándose torpemente a la vez que ladraba a Lunático para perseguir-jugar-correr. No había mucho espacio, pero Lunático obedeció con gran emoción, dándole a Canuto un golpe torpe con su gran pata, corriendo a esconderse detrás de Cornamenta quien bufaba con sorpresa y bajaba esas especies de brazos extras a Canuto. Con Colagusano aun colgando de estás, dejó salir alaridos de alegría como si fuera una cría recién nacida.

Era maravilloso. Lunático ya no se sentía solo-dolor-sangre. Ahora era manada-jugar-divertirse. Con su manada aquí, ya no se sentía como prisión-atrapado-jaula, era más bien como refugio-dormir-lugar. Lunático solo aulló esa noche jugando. Con su manada a su lado todo el tiempo, olvidó rápidamente el luna-irse-dolor-sufrir al igual que la agonía de haberse partido los huesos.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Cuando Remus se despertó de su estado infantil, era la tarde del Viernes. Usualmente, se encontraba solo o con la compañía de Madame Pomfrey, teniendo que esperar a ver a los demás en la sala común después de haberse vestido.

Hoy se despertó en la habitación llena de Los Merodeadores quienes, por los sonidos que dejaban escapar, estaban intentando hacer una fiesta loca sin despertarlo. Aquel intento terminó en un intercambio de gritos porque se callaran, risas, codazos y el usual "¡Ow!" seguido de declaraciones ingeniosamente Merodeadoras.

Sin abrir los ojos, Remus tensó los músculos de forma que pudiera identificar la gravedad de sus heridas. Tenía aquel horrible sentimiento de haberse dislocado los huesos, con algunas heridas en los codos, rodillas y hombros donde la piel tendía a estirarse. También le dolía una costilla como si algo muy pesado se le hubiese sentado encima.

Por primera vez desde que era un hombre lobo, Remus sabía que la luna llena pasada no había involucrado morderse el pecho hasta dejarlo sangrante o desgarrándose la piel. Tenía un vago recuerdo, pero se veía en gris la imagen de un enorme perro negro que le acercaba la cabeza, presionándose contra sus costillas. Extrañamente, la visión le daba a entender una rendición, acogida y pertenencia, no el deseo que debería tener de querer arrancarle la garganta al perro.

Por primera vez en diez años, Remus se dio cuenta, había despertado de una luna llena con los únicos dolores siendo aquellos provenientes de la transformación. No habían rasguños ni mordiscos, no marcas de garras, no más cicatrices...

"Bueno, píntenme de gris y llámenme gragea de todos los sabores" Pensó con asombro "Lo han logrado." Aquello lo llenó con una ola de cariño que todo su cuerpo tembló.

— ¿Lunático? —Por supuesto, Sirius le estaba poniendo atención aunque Remus juraba que estaba inmerso en brindar su triunfo con los demás y el jugo de calabaza. Una mano le tocó la frente y sus dedos le revolvieron el cabello, desenredando con delicadeza aquellos mechones arenosos. Abrió los ojos para encontrarse con aquellos tormentosamente grises— ¿Eres tú con nosotros o tú versión mini-Lunático?

Remus sonrió, reflejando lo somnoliento y feliz que se encontraba: — Tengo los mejores amigos del mundo —Murmuró, dándose cuenta de que su garganta no estaba tan adolorida dado que había evitado aullar y gritar toda la noche— ¿Qué hice para merecerlos?

— No lo sé —Sirius respondió juguetonamente— Debió ser algo fabuloso, sin embargo, para que te dieran personas tan asombrosas como nosotros —Se movió para poder sentarse en la cama con Remus, dejando que recostara la cabeza en su regazo y dándole un beso en la frente que les ganó exclamaciones de parte de James y Peter, quienes fingían taparse los ojos.

— Oh, saben que les gusta —Remus les fastidio.

— No sé a qué te refieres —James murmuró— Si fuera más mente abierta, mi cerebro se caería —Sonrió para demostrar que bromeaba. Algunas veces Remus necesitaba recordatorios de que a ellos no les molestaba, sus amigos lo sabían.

— ¡Puede ver claramente, ahora mi cerebro se ha ido! —Sirius cantó horriblemente.

— ¿Cómo te sientes, Lunático? —Peter habló, determinado a lograr que Sirius se callara. Podía tener muchos talentos, y aunque tenía buen gusto musical, cantar no era uno de ellos— Deberías haber visto la cara de Madame Pomfrey está mañana. No podía entender por qué no estaba raspándote de las paredes como usualmente lo hace. Lo excusamos diciendo que era debido a que volvías a ser amigo de Sirius.

— Me siento...lo mejor que he podido en diez años. Y todo gracias a ustedes tres —Remus deseaba poder explicarles todo lo que estaba sintiendo, nunca habiendo aprendido cómo dejar salir aquellas palabras que se tambaleaban por su mente. Sirius, James y Peter le sonrieron, aquellas muestras de juventud llena de travesuras y amistad, y pudo sentirse complacido de no tener que seguir hablando. Ellos ya sabían a lo que se refería.

— Lamento lo de tus costillas —Sirius se disculpó— Pensé que sería mejor el tener a Canuto como líder de la manada, en caso de que a Lunático le diera un ataque. Hubo varias veces mientras jugábamos que se puso violento.

— Lo siento —Remus les escaneó, intentando encontrar heridas.

— No fue ningún problema —James le aseguró con firmeza— Nada que el pulgoso y yo no pudiéramos controlar.

— Intentabas lamerme —Peter informó— ¿Sabes lo que se siente ser lengüeteado por un objeto de tu mismo tamaño?

Remus intentó mantener la seriedad, pero no pudo evitar reír.

— Lunático quería salir —James le dijo, recogiendo una rana de chocolate para comérsela— Intentaba convencernos para ir afuera. Estamos pensando en dejarlo la siguiente luna. Sirius y yo podemos mantenerte bajo control.

Los ojos de Remus se abrieron en pánico: — ¡No! ¡NO! ¡Ni siquiera se atrevan! ¿Saben lo que pasaría si ataco a alguien?

— No dejaríamos que atacaras a nadie nunca, Lunático —Sirius le aseguró— Pero discutiremos al respecto más tarde. Tenemos chocolate por comer y brindis por hacer. Esto, caballeros, es el inicio de millones de aventuras de los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta. Liderados, obviamente, por mí quien, al ser el Alfa, es el mejor de todos. Deberíamos hacer una respectiva ceremonia en donde ustedes se arrodillen ante mi grandeza en varios momentos del día. Y podríamos componer una canción.

— Oh, Merlín, una canción no —Peter rogó— En especial si tú vas a cantarla.

— Te dejo saber que yo poseo la voz de un potente cantante de ópera.

— Tan potente que se esconde —Remus murmuró, ganándose una mala mirada de Sirius.

— Por eso, Remus Lupin, escribiré una canción solo para ti. Cuatro versos sobre el amor legendario de los señores Lunático y Canuto. Será increíblemente melosa, pero aun así tendrás que amarla debido a que la compuse yo.

— Hay veces en las que eres un pomposo fastidioso, Canuto —James mencionó, gritando poco masculinamente cuando Sirius levitó una gragea de todos los sabores y se la metió en la nariz.

Remus intentó ignorar aquella chispa en los ojos de Sirius cuando James expulsó la gragea tan fuertemente que se pegó en una de las esquinas de la habitación.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Tuvo razón para preocuparse. Cuatro días después, Remus bajó a desayunar para ser sorprendido por un Peter que se bebía los contenidos de una poción con dudosa apariencia.

— ¿Qué es eso, Pete? —Remus indagó, dejándose caer entre Sirius y Lily (Quien evidentemente se lamentaba por haber escogido tal puesto, protegiendo su comida posesivamente). Con cuidado sacó un poco de hígado sin tocar las bandejas de plata.

— Es poción —Peter dijo a la vez que sorbía el último poco— De bubotubérculo. Para detener mis granos. Sirius la preparó para mí. Robó los ingredientes de la enfermería como me prometió.

Remus se sentó en alarma, su cansancio por ser de mañana evaporándose: — ¡No te la tomes, Colagusano! Eso no es poción de bubotubérculo. ¡Es verde! Se supone que debe ser de un amarillo pálido.

Peter dejó de beber la poción y la observó con alarma, sus ojos demando respuestas a Sirius.

— No le creas a Lunático, amigo —Sirius le aseguró— Esta es la versión Canuto. Mucho más divertida. En verdad funciona. Anda, continua.

Peter llevó sus manos temblantes a la cara mientras James se tapaba la boca para disimular sus carcajadas. El Merodeador gordito se quitó el flequillo para poder pasarse una mano sobre la montaña que lo aquejaba desde hace meses. La boca de Remus se abrió en sorpresa cuando se dio cuenta de que la piel de Peter estaba suave y limpia.

— ¿Cómo lograron que trabajara tan rápido? —Preguntó a Sirius con asombro— La poción toma una hora o dos para hacer efecto.

Sirius se encogió de hombros, luciendo complacido a la vez que intercambiaba miradas de superioridad con James: — Corna y yo le agregamos algunos ingredientes. Este debe ser un efecto secundario positivo.

¿Qué? —Lily se entrometió en la conversación, horrorizada— ¡No pueden simplemente agregar ingredientes extraños en la pociones, par de idiotas! ¡Podrían envenenarlo!

— No fueron extraños, mi hermosa Evans —James le aseguró, mandándole una de esas sonrisas que él consideraba eran irresistibles— Sirius y yo sabíamos perfectamente lo que hacíamos. Aparte de limpiarle la cara a Pete para que pudiera invitar a salir a su chica bigotuda de Ravenclaw, por supuesto.

— ¡Que no tiene un bigote! —Peter la defendió, su cara debatiéndose entre el agradecimiento por tener la cara limpia de manchas, molestia por el hecho de que Sirius y James cambiaran ingredientes sin decírselo e indignación de que ofendieran a su crush.

Remus gruñó y se sirvió un poco de jugo para acompañar su desayuno: — Está bien, Lily —Remus la calmó— No le harían daño a Pete. Saben lo que hacen con las pociones —Frunció el ceño a los dos Merodeadores de oscuro cabello— ¿Qué cambios le hicieron? Y ¿Por qué no me lo dijeron?

— Primero, porque eres basura para pociones —James informó.

— Y segundo, porque intentarías detenernos —Sirius añadió.

— ¿Por qué haría eso...?

Remus inmediatamente se detuvo cuando la nariz de Peter creció tanto que le ocupaba la mitad de la cara: — Voy a es'ornudar —Anunció, porque después dejó salir un sonido similar a "¡Snorg-RuhHEEEW!"

Remus tenía demasiada experiencia en bromas como para apartarse al oír el estruendoso estornudo. Esta situación fue infortunada para el Hufflepuff de tercer año que se sentaba detrás de Remus en su mesa, recibiendo una masa en la cabeza que lo hizo girar para recibir el segundo proyectil de Peter directo en la cara.

James y Sirius aullaban en risas mientras el Hufflepuff dejaba salir gritos asqueados y se daba la vuelta, para recibir un nuevo tiro de grageas de todos los sabores en la cara.

Las risas erosionaron de las mesas de Gryffindor y Hufflepuff a la vez que otro proyectil de grageas impactaba la ventana detrás de las cabezas de Peter y James.

— ¿Q'e me han h'cho? —Peter demandó entre estornudos. La gente se apartaba con disgusto cuando partículas de grageas les caían en la comida.

— No te afanes, amigo —James lo consoló, golpeándole la espalda— Se irá en unos minutos. Al igual que tus granos. Sirius fue tan brillante en esto, ¿no lo crees?

— ¡Tú! —Peter gritó a Sirius, lanzándole su siguiente estornudo deliberadamente al animago que se reía, fallando en acertarle la cabeza por unos cuantos centímetros.

— ¡Buena esa, Colagusano! —James felicitó a Peter, riendo cada vez más fuerte.

Remus no pudo evitar unírsele a Sirius bajo la mesa, el último intentando quitarse parte de la gragea de la oreja. Incluso Peter se reía ahora, metiéndose bajo la mesa con ellos para poder perseguir a Sirius y haciendo ámagos de lanzarle las grageas a su retaguardia.

— No puedo creerlo, James —Remus lo riñó, tratando de sonar molesto entre sus carcajadas— Esto fue cruel. El pobre Peter confiaba en ustedes.

James abrió los ojos inocentemente: — Fue idea de Sirius —Reclamó— E hizo todo lo que prometió y más. Es una poción Merodeadora para limpiar la piel.

— Pero...

— Olvídalo, Remus —Lily le interrumpió, mirando mal a James— Es mejor que no le discutas a un idiota. Solo te arrastrará a su nivel y te golpeará con su experiencia.

— ¿Qué no te asombran nuestras habilidades con las pociones? —James preguntó, su sonrisa flaqueando.

— ¡No las usaron para nada productivo! —Ella le gritó con furia— Solo causaron desorden en el desayuno y el que la comida no se pueda consumir debido a que tiene residuos de las grageas que le salieron a Pettigrew por la nariz —Remus no pudo evitar notar el que ella se esforzaba por no sonreír, como si intentara desesperadamente el no encontrar la situación jocosa y alucinante.

— Pero ¿No fue brillante? —James intentó con nueva esperanza.

— Solo porque...

— ¡Señor Black!

Las risas se detuvieron cuando la profesora McGonagall llegó a la mesa, agachándose para sacar a Sirius por sus túnicas y arrastrándolo hasta donde habían estado sentados Los Merodeadores. Señaló con enojo a la poción medio bebida de Peter: — ¿Qué, si me permite preguntar, es eso?

Sirius intentó parecer inocente y sorprendido, fallando debido a estar riéndose: — Poción de bubotubérculo modificada —Avisó.

— ¡Treinta puntos menos para Gryffindor! —Gritó— ¡Y detención conmigo lo que queda de semana! ¡Cómo se le ocurre probar pociones modificadas en sus compañeros!

— Primero la probé conmigo —Sirius le aseguró con honestidad, Remus bastante anonadado al ver que Sirius en verdad se había preocupado por la seguridad de Peter. El chico podría haber hecho que el Merodeador gordito fuese su persona de prueba.

— ¡Eso no mejora las cosas! —La profesora McGonagall explotó— ¡Me esperaba un mejor comportamiento de su parte, señor Black!

— ¿En serio? —Sirius parecía intrigado— ¿Por qué?

McGonagall se quedó mirándolo unos segundos, negando con vehemencia: — ¿Sabe? Eso ni siquiera yo puedo responderlo.

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— Bueno, pues inténtalo —Remus escuchó mientras se encaminaba al dormitorio tras un largo día. La puerta estaba entre abierta debido al desorden de la habitación— Pero el día en logres jugarme una mala pasada, Colagusano, será el día en que me entregue a las autoridades para que ellos decidan un castigo para mí —Sirius dijo lo último de una forma tan pomposa que dejó a Remus preguntándose el sí debería ayudarle a Colagusano a planear una broma para Sirius.

— Solo espera —Peter le informo con testarudez— Pensaré en algo.

Remus abrió aún más la puerta y atravesó el desorden que había hasta su cama. Se tropezó con una de las botas de Sirius, cayendo de cara en su cama y apenas esquivando a Hamish quien dormitaba en su almohada. Hamish le dedico una mirada de reproche y Remus lo acarició en disculpa: — Esta habitación se ve peor que antes —Denotó— ¿Qué sucedió aquí?

— Decidimos limpiar nuestros baúles antes de las vacaciones de Navidad —Dijo una pila de ropa sucia, pergamino arrugado y sábanas sin lavar que tenía la voz de James.

— Bueno, parece que algo se pudrió aquí —Remus intentó no inhalar demasiado profundo, preguntándose si obtendría más gérmenes por respirar mediante la nariz o boca— ¿Qué es ese aroma tan repugnante?

— Lo llamamos "El hedor de Corna" —Sirius informó desde donde estaba acostado boca arriba, limpiando su baúl— Encontramos todas sus medias usadas en partidos de Quidditch detrás del armario. Intento pensar en una bomba apestosa que pueda oler así, pero seguramente la sacarían del mercado por toxicidad. No me acercaría a la ventana si fuera tú. Colagusano fue quien las encontró y vomitó allí.

Remus gruñó: — ¿Se dan cuenta de que los hombres lobo tenemos un buen sentido del olfato? —Demandó— Tengo náuseas y estoy dopado ahora. ¿Qué comiste de almuerzo, Pete? Porque huele como una gallina a medio digerir con mucho curry.

— Wow —Peter exclamó, viéndolo con asombro— En verdad tienes un buen sentido del olfato.

Remus dejó salir un gemido de disgusto y se cubrió con las cobijas, dejando a Hamish sobre su estómago. El erizo le dejó saber su alegría y se quedó dormido sobre el estómago de Remus: — Tengo una idea para la broma de Navidad, de paso —Mencionó— Encontré un hechizo en la biblioteca, pero no pienso decírselos hasta que la habitación esté limpia y yo pueda respirar apropiadamente.

— ¡Oh, Lunático! —Se quejó la pila de desechos que hablaba como James— ¡Por favor dinos!

— Por favor, Remus —Peter imploró— Me siento enfermo y esto va a animarme.

— Prometemos limpiar después —Sirius agregó.

— No. No hasta que limpien —Remus se sentía orgulloso de su fuerza de voluntad. No más Lupin el perro faldero. Recorrió las espinas de Hamish que ahora estaban encantadas para ser rosadas y verde lima gracias a Sirius— Pobre Hamish —Dijo— Esos colores en verdad no te sientan.

— Eres un aguafiestas, Lunático —Peter le dijo sin pizca de tacto alguna— ¡Dinos cuál es la idea!

Hubo un gemido perruno y la cama de Remus se hundió. Remus se dio cuenta de que Canuto se le acercaba, su expresión implorante: — Lunático decir. Por favor, Lunático.

Remus le dedicó una mala mirada: — Esto es un golpe bajo, pulgoso, y lo sabes.

Canuto quitó a Hamish con su cabeza y ocupó su lugar, completando su look con aquellos ojos de perrito herido. Hamish dejó salir un jadeo de indignación, intentando recuperar su posición y empujando a Canuto con su pequeña nariz. El pequeño animal en verdad no tenía sentido de la preservación.

— ¡Oh, está bien! —Remus suspiró, maldiciendo su falta de voluntad. Levantó a Hamish y lo puso en la almohada, solo en caso de que las tentaciones de Canuto fueran más fuertes ahora que no estaba concentrado, y se sentó. Gruñó, volviendo a caer de espaldas cuando Canuto dejó salir un ladrido de felicidad y se le tiró al regazo, urgiendo que le rascaran tras las orejas y costados. Dado a que el Sirius humano se bañaba con regularidad, Canuto siempre olía a perro recién lavado. Canuto se removió en apreciación y lamió la mejilla de Remus.

— ¿Bien? —James demandó, su cabeza emergiendo de aquella pila con las gafas torcidas— Dinos el plan, mente maestra Lunático.

Remus sonrió, su Merodeador interno tomando el relevo: — Bueno, estuve repasando aquellos hechizos que nos mostró el profesor Flitwick para limpiar, que no nos haría falta viendo este dormitorio, y encontré el mejor hechizo del mundo. Me refiero a que tendremos que alterarlo un tanto, en especial si queremos realizarlo a gran escala, pero será la mejor broma que hemos hecho.

— ¿Mejor que la broma del hielo? —Peter preguntó, Canuto removiéndose con emoción en el regazo de Remus— ¿Mejor que la broma de Halloween?

— Bueno, es un hechizo complicado que te permite invertir los sentidos de las habitaciones. Así, por ejemplo, si lo hiciéramos con está habitación seríamos capaces de atravesar la puerta y caminar por el techo como si fuera el suelo, con todas las camas y las medias malolientes de Cornamenta estando en el techo.

— Para su información, hay varias medias que le pertenecen a Canuto —James se defendió. Todos lo ignoraron.

— Y entonces —Remus continuó— Alteraríamos la gravedad en algunos objetos de la habitación, como la desagradable pila de medias de Corna, para que mientras los demás están en shock de ver la habitación patas arriba les empiecen a caer encima las medias y todo lo que esté colgando —Canuto dejó salir un ladrido de aprobación que casi deja sordo a Remus y le lamió la nariz. Remus se lo quitó del regazo con asco— ¡Me metiste la lengua en la nariz!

Canuto no mostraba arrepentimiento alguno.

— ¿Le vamos a dejar caer las medias de Cornamenta a toda la escuela? —Peter indagó.

— No —Remus contestó, armándose de paciencia para guiar al Merodeador gordito— Haremos un hechizo para poner patas arriba el Gran Comedor y una vez que todos entren para cenar, alteraremos la gravedad solamente de la comida. Un minuto, profesores y alumnos observan todo sorprendidos, al siguiente tienen pilas de comida que les llueven al único estilo Merodeador.

— ¡Lunático, eres un genio! —Sirius exclamó, habiendo cambiado a su forma humana. Se volvió a subir al regazo de Remus, lamiendo su mejilla en forma humana.

Remus se limpió sin prestar realmente atención, pensando en todos los detalles de la broma: — No queremos que nadie salga herido, por supuesto, así que debemos encargarnos de que la comida no esté hirviente y que nada que pueda romperse y perforar a alguien.

— Como los huesos del pollo —James mencionó.

— O una bola de masa ardiente —Peter añadió— Una gran bola de masa ardiente —Agregó, pensando que los demás no le tomaban enserio.

— O aquellos pedazos de pan filudos —Dijo Sirius— No queremos que nadie pierda un ojo por una hogaza de pan. Excepto, tal vez, Quejicus.

— Nos meteremos en tantos problemas —James sonaba deleitado.

Remus rodó los ojos: — La idea es no ser atrapados.

— Como si esto pudiera hacerlo alguien más —Sirius bufó.

— Tendrían que probarlo —Remus les recordó.

— No, claro que no —Peter clamó— McGonagall nos castigará por las dudas. Lo sabes.

— No puedo discutir ante eso. ¿Vale la pena detención todo un mes por unas horas de catástrofe?

James, Sirius y Peter lo observaron como si fuera una blasfemia el solo hecho de preguntar.

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Era tarde aquella noche, mucho tiempo después de que se hubiesen ido a la cama, y Remus moría por decirle a alguien todo lo que planeaba para la broma. Las ideas flotaban en su mente y le acuchilleaban los ojos, rehusándose a dejarlo dormir. Su Merodeador interno quemaba en inspiración con todos los hechizos que le cruzaban la mente, bailando como demonios.

Finalmente se rindió y salió de la cama, acercándose a la de Sirius y esperando que el chico no se molestara por ser despertado en mitad de la noche sin razón aparente. Remus terminó de correr las cortinas y les puso un encantamiento silenciador. Entonces removió a Sirius por el hombro.

Sirius bostezó, se flexionó y regresó a dormir, recostado en una mezcla de miembros que le recordaban a Remus la forma en que Canuto se dejaba caer frente a él cuando le rogaba para que le rascaran el vientre. Era extraño como varios gestos de Sirius eran ahora bastante caninos. No se veían tan pronunciados como el lado lobuno de Remus, por supuesto dado que Canuto jamás estaría tan íntimamente ligado a su forma animal como Remus, pero definitivamente podían denotarse. Les sucedía a James y Peter igualmente, a ciertos extremos, pero Sirius los tenía más pronunciados. Remus se preguntaba si aquellas manías ya estaban ahí y no las había notado antes. Posiblemente eran la razón por la cual la forma animal de Sirius resultó siendo un perro en primer lugar. O quizás se debían a que Sirius había acogido su forma animal mucho más entusiastamente que los otros dos. James y Peter estaban orgullosos de sus formas animales, pero Sirius estaba más allá del deleite. Aprovechaba cualquier oportunidad para cambiar de perro a humano, adorando cuando le rascaban las orejas o le sobaban la cabeza. Posiblemente, Remus pensaba, era un síntoma de aquella infancia frívola y sin amor que había pasado.

Remus se dio cuenta de que estaba de pie al lado de Sirius, observándolo con una sonrisa de enamorado por tanto tiempo que agradecía el que nadie pudiese verlo. Encendió su varita, empujando a Sirius con mayor fuerza. Sirius gruñó, estirándose y abriendo los ojos adormilados. Apenas vio a Remus, se despertó con rapidez.

— ¿Lunático? ¿Todo anda bien? ¿Te sientes bien?

— Sí, sí, estoy bien —Remus de repente se sintió estúpido por haberlo despertado— Yo solo... yo quería... pensaba...

— Ven aquí —Sirius levantó las cobijas y Remus se introdujo en ellas, viendo a Sirius a la cara. El chico lo atrajo aún más hacía sí, envolviendo a Remus en sus brazos adormilados— ¿Qué sucede?

— Tengo un plan para la broma —Remus susurró— Tenía que decírselo a alguien.

Esperaba que se frustrara o molestara, pero Sirius dejó salir una risita adormilada y lo atrajo aún más, acercando su boca al cuello de Remus para empezar a cubrirlo en besos: — Solo tú me despertarías a la mitad de la noche por algo así —Murmuró— Eres tan adorablemente excéntrico que pienso el que mi corazón se me saldrá del pecho.

Remus se preguntó el si Sirius le diría esto de no estar medio dormido.

— ¿No te importa? —Remus susurró con voz ahogada, sintiendo aquella cómoda y traviesa excitación al recibir las atenciones de Sirius en su cuello y sentir su cálido cuerpo tan cerca.

— Lo amo —Sirius murmuró, su boca deteniendo los besos en el cuello de Remus pero sin apartarse— Amo que te sientes debajo de las mesas, amo como siempre dejas tu varita o pluma detrás de tú oreja. Amo como tartamudeas al estar nervioso o avergonzado. Amo como te distraes con un libro, sonriendo o llorando cuando algo le pasa a tus personajes. Amo tu espíritu Merodeador. Amo tu ingeniosi...nisida...sidad —Levantó la cabeza para plantarle un beso en los labios, otro en la punta de la nariz— Amo tu lado lobuno. Amo tu risa. Amo todo acerca de ti. Hay veces en que solo quiero devorarte completamente y eso me duele.

Remus no se había sentido tan completo, envuelto en los brazos de Sirius, respirando su esencia, escuchando sus palabras y comprendiendo que eran solo para él. No pudo evitar acurrucarse en su típica bolita de lobo contra el pecho de Sirius y permitiéndole al mayor acariciarlo: — Yo también te amo —Murmuró— Mañana en la mañana, te recompensaré por haberte despertado.

Sirius se rió contra su cabello: — Promesas, promesas.

Ambos se dejaron caer al sueño. Fue solo antes de quedarse profundamente dormido cuando Remus se dio cuenta de que no había comentado sus planes a Sirius. Pero ya no le importaba.