Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: Yanina Barboza

Beta: Melina Aragón


Getting Blitzed Outtake

—¿Noticias? ¿Qué quieres decir con que ella tiene noticias? —exigí, mi cuerpo estalló en un sudor frío. Si esta era la noticia que pensaba que era, iba a tener un ataque al corazón. Después de matar a Tanner Hunt, eso era.

—Relájate, Campeón. —Chica Reed me palmeó el brazo, luciendo toda serena y mierda. Cómo lo hacía, en un momento como este, estaba jodidamente más allá de mí.

¿Cómo demonios se suponía que hiciera eso? No cuando nuestra bebé podría estar... Dios. Incluso la palabra me asustaba como la mierda.

—¿Qué dijo ella, exactamente? —pregunté. Necesitaba saber qué podría venir en mi camino. Tener un ataque al corazón a la edad de cuarenta y un años sería vergonzoso como el infierno.

Chica Reed me guio fuera de nuestra habitación, donde había estado paseando como un loco desde que me informó de un cambio en los planes, y me empujó en su asiento de ventana favorito y se sentó a mi lado.

—Dijo que vendrían a la ciudad un día antes porque tenía algo que contarnos.

¿Y eso no puso nerviosa a mi esposa?

—¡Bella! ¿No podía decirnos por teléfono? ¿No podía decírtelo por teléfono? —modifiqué después de que ella me levantó una ceja.

De acuerdo, tal vez era un poco más difícil para Dani hablar conmigo con respecto a algunas cosas, pero aun así. Ella le contaba a su madre cada maldita cosa, por eso estaba asustado en este momento. Sabía lo que ella y ese imbécil habían estado haciendo durante el año pasado.

—Ella quiere contarnos juntos y en persona. —Chica Reed me tocó la mejilla—. Preocuparse por eso no cambiará lo que sea.

No, pero me daría tiempo para planear. Había muchas formas de tortura, y tenía que decidir cuál era la más adecuada para Tanner Hunt si había embarazado a mi bebé.

—Si es la misma noticia que la de Chelsea, Hunt se perderá su ceremonia de Heisman —le advertí a Chica Reed, frunciendo el ceño cuando ella se rio.

—En primer lugar, nuestra hija no está embarazada. Y debes dejar de volverte loco porque Chelsea va a tener un bebé. Tiene veintinueve años y está felizmente casada. Ya no tiene diez años.

Lógicamente, lo sabía, pero aun así, cuando Chels arrojó esa bomba en Acción de Gracias, me había desconcertado. Ella ya había crecido y ahora tendría hijos propios. Era una locura. ¿Dónde se había ido el tiempo? ¿Cómo tenía una hija de diecinueve años que podía o no estar embarazada?

—¿Pero qué si…?

—Edward, piénsalo. Si Dani realmente estuviera embarazada, ¿crees que nos lo diría ahora, justo antes de la gran ceremonia de Tanner, sabiendo que definitivamente golpearías primero y harías preguntas después? —Ella extendió una mano para acariciar mi cabello—. Además, ella me lo diría a solas para que yo pudiera contarte por ella y calmarte antes de que llegaran aquí.

Eso era... probablemente cierto. Todos los niños sabían que la mejor manera de manejarme era a través de su madre ya que ella era dueña de mi jodido trasero. Pero aun así. Si Dani trataba de hablar con Chica Reed a solas cuando llegaran aquí, tendría que detenerlo. No iban a endulzar esto. Ella me iba a enfrentar. Y él iba a morir. Eso es todo lo que había que hacer.

Bien, necesitaba calmarme. No estarían aquí hasta mañana. Tenía veinticuatro horas completas para preocuparme por esta mierda. Podría ser cualquier cosa, ¿verdad? No tenía que ser grave. Tal vez eran buenas noticias. Tal vez se habían separado, e iban a aparecer juntos en la ceremonia del Heisman para mantener las apariencias. Sí, debía ser eso. Eso era mil millones de veces mejor.

—¿Por qué demonios estás sonriendo? —preguntó Chica Reed, inclinando la cabeza, sus ojos marrones concentrados en mi cara.

—Tal vez terminaron.

Mi esposa resopló. Ella realmente resopló ante mi comentario.

—¿Qué? ¿Qué tiene de malo eso?

—Porque dudo que ella haga un gran anuncio al respecto o que viaje antes aquí para decirnos eso. Esa es una noticia telefónica.

Maldición. ¿Por qué mi mujer tenía que aguarme la fiesta? Le fruncí el ceño.

—¿Qué crees que es, entonces? —Ella tenía ideas. Sabía que lo hacía. La mujer siempre tenía ideas, y la mayoría de las veces eran acertadas. Ella era demasiado inteligente para mi propio bien.

Bella en realidad me sonrió con suficiencia.

—Creo que están comprometidos.

¿Qué? —grité, saltando y preparándome para ir por mi teléfono a nuestra habitación. Como el infierno que mi niña se iba a comprometer a los diecinueve años.

—¡Edward! ¡Silencio!

Chica Reed me fulminó con la mirada y señaló en dirección a la habitación de mi ángel. Alex estaba durmiendo la siesta, y me había olvidado de eso en mi pánico por las posibles noticias de compromiso. ¿Qué pasaba si ella estaba embarazada y comprometida? A la mierda con eso. Mataría a Hunt dos veces si ese era el caso.

—Lo siento —murmuré.

—Vamos. —Chica Reed se levantó y agarró mi mano, llevándonos de vuelta a nuestra habitación. Justo cuando ella estaba a punto de cerrar la puerta, sonó un lastimero "miau", y Rainbow se apresuró a entrar en la habitación.

Mierda, gracias. Recogí a Rainbow y la abracé hacia mí. Ella me dio unos cuantos cabezazos y ronroneó en mi cuello. Ella estaría de mi lado sobre toda esta idea del compromiso. Rainbow me defendía. Siempre.

—¿Por qué te sorprende tanto la idea de que puedan estar comprometidos? —preguntó mi esposa, poniendo sus manos en sus caderas. Era tan sexi cuando estaba enojada conmigo. Sus hermosos ojos marrones entrecerrados, sus mejillas enrojecidas y sus impresionantes pechos un poco agitados.

—¡Porque solo tiene diecinueve años! —Esa era una gran razón.

Chica Reed sonrió con suficiencia.

—Esa es la misma edad que yo tenía cuando le informaste a tu abuela que te ibas a casar conmigo.

Mierda. Eso era cierto. Pero eso era diferente.

—Sin embargo, no te propuse matrimonio por otro año y medio.

Ella asintió.

—Sí, justo antes de que dejaras la escuela para el draft de la NFL. Al igual que Tanner hará esta primavera.

Maldito infierno. Ella tenía razón.

—¡Ellos no son nosotros! Ella tiene mucho más que hacer antes de casarse.

Chica Reed me sonrió.

—Algunos dirían lo mismo sobre mí. Quedé embarazada y mis planes cambiaron. ¿Crees que me arrepiento de lo que dejé cuando me casé contigo y tuve a Dani?

Cristo, esperaba que no. Dejé a Rainbow en la cama y me acerqué a Chica Reed, envolviendo mis brazos alrededor de ella y enterrando mi nariz en su suave cabello.

—Realmente espero que no.

Dio un paso atrás y me miró.

—Ni por un segundo. Y si están comprometidos, no significa que ella tenga que renunciar a nada. No tienen que casarse de inmediato. —Ella mostró una sonrisa—. Él podría estar solo queriendo hacer su reclamo antes de estar lejos de ella, jugando en cualquier ciudad que lo elija. —Me tocó el pecho—. Eso era parte de tu motivación, después de todo.

Maldición. Odiaba que ella estuviera estableciendo paralelismos entre ellos y nosotros. Odiaba que los paralelismos estuvieran realmente ahí cuando los mirabas.

—Sin embargo, no fue mi única motivación. Estaba locamente enamorado de ti. —La jalé de nuevo a mis brazos—. Todavía lo estoy.

—Me ocurre lo mismo, Campeón. —Apoyó la cabeza contra mi pecho—. Sea lo que sea, lo resolveremos como siempre lo hacemos. Juntos.

Ella tenía razón. Podía manejar cualquier cosa con Chica Reed a mi lado. Bueno, casi cualquier cosa.

—Siempre y cuando no seamos abuelos todavía.

Chica Reed se rio.

—Serías el único abuelo jugador de la NFL.

Tan jodidamente incorrecto. Pero sus risitas eran irresistibles, así que la tomé en mis brazos y me dirigí a la cama.

—Te mostraré un abuelo, abuela.

Su risa continuó, pero negó con la cabeza.

—No me llames así.

—Si soy abuelo, tú eres abuela. Así es como funciona —le dije, dejándola en la cama antes de alzar a Rainbow.

Rainbow se quejó de eso, por supuesto que lo hizo, pero aun así no la tendría en la habitación cuando tuviera sexo con Chica Reed. Simplemente no se hacía. Abrí la puerta y la saqué.

—Ve a dormir con Alex. —Ella agitó la cola y se fue por el pasillo. Rainbow era mi roca. Ella cuidaría a mi niña por mí.

Cerré la puerta y me giré para ver que Chica Reed se había desabrochado la camisa. Había un toque de encaje negro contra su piel pálida. Ella era sexi como el infierno. No se parecía en nada a una posible abuela.

—Ven aquí y demuestra que no eres material de abuelo —ordenó, abriendo su camisa.

Mi esposa sabía cómo distraerme de las preocupaciones sobre nuestra hija mayor. Casarme con ella fue lo mejor que había hecho en mi vida. Tanner Hunt sería muy afortunado si Dani quería casarse con él. Aunque me ocuparía de eso mañana. Tenía algo mucho mejor que hacer ahora mismo.

Xoxoxoxoxoxoxox

—Estoy nerviosa —le dije a Tanner, pasándome una mano por el cabello mientras nuestro taxi se alejaba del aeropuerto. Cuanto más nos acercábamos a casa, peor eran las mariposas en mi estómago.

Entrelazó sus dedos con mi mano libre, acercándola para rozar un beso en mis nudillos. Al igual que el primer día que lo conocí, sentí un cosquilleo con solo ese pequeño toque.

—Creo que lo entenderán. Tu papá…

Eché la cabeza hacia atrás y me reí.

—Mi papá estaría más que feliz de encerrarme en una torre con mi hermanita durante los próximos treinta años más o menos. Él menciona a NYU cada vez que hablamos, aunque es un Nole como nosotros, porque quiere que esté más cerca de casa. No sé cómo se sentirá por esto.

—Él estará orgulloso de ti. También tu mamá. Así que tus planes han cambiado un poco. Ellos deberían entender eso.

Debería era la palabra clave. Mamá lo haría. Ella era así de genial. Papá era mucho más emocional. Y le gustaban los planes y los plazos. Era bastante rígido con cosas como esa, al menos hasta que mi mamá llegó y lo desconcertó. Pero eso había salido bien. Esto también podría.

Negué con la cabeza y traté de concentrarme en el hombre que estaba a mi lado.

—Lo siento. Se supone que esta es tu gran semana, y me la estoy apropiando con otras cosas.

Era el favorito para ganar el Heisman. Pensamos que lo ganaría el año pasado, pero una pérdida prematura ante Clemson y la aparición de un corredor superestrella de los Sooners lo habían dejado en segundo lugar. Sin embargo, este año era todo suyo. Estaba tan orgullosa de él y emocionada de estar a su lado mientras recibía sus merecidos premios.

—Lo tuyo es mío, nena.

Me dio un beso suave. Sonreí contra sus labios. El calor me atravesó como lo hizo esa noche de nuestra primera cita más de un año atrás. Para mi sorpresa, y para la de él estaba segura, habíamos sido inseparables desde esa cena. Todavía tenía la pelota de vóleibol en la que había escrito para invitarme a salir en un lugar de honor en mi librero. Tanner Hunt era mucho más de lo que parecía a primera vista.

Decir que me sorprendió cuando comenzó a aparecer en mis juegos después de nuestro enfrentamiento en las instalaciones de fútbol era quedarse corto. Traté de ignorarlo, pero ¿cómo podía hacerlo? Él era hermoso. Al principio solo veía eso por fuera, pero una vez que empezamos a hablar, y atravesé ese exterior egocéntrico, descubrí que era igual de hermoso por dentro.

Era un nene de mamá, ferozmente leal a la madre soltera que lo crio. Era inteligente, divertido, ingenioso, sarcástico, amaba los animales y los niños... Mi hermanita lo adoraba, para disgusto de mi papá. Mamá decía que le recordaba mucho a papá, lo cual era un poco extraño de pensar, pero en cierto modo, tenía sentido. Yo adoraba a mi padre. Solo esperaba que no se molestara demasiado con mi noticia.

—Te amo, Tanner. —Realmente lo hacía. Me alegraba mucho que estuviera aquí conmigo para esto.

—Yo también te amo. —Me dio la sonrisa especial que parecía estar reservada solo para mí.

—Lo dices tan fácilmente ahora. —Sonreí al recordar lo difícil que había sido para él la primera vez. Había actuado distante durante un par de semanas. Pensé que iba a romper conmigo.

No puedo ir esta noche. La práctica se retrasará.

La práctica se había retrasado durante los últimos días. O eso había dicho él. El novio de Bree, el ala cerrada, había tenido misteriosamente tiempo para ella. Él me estaba evitando y no tenía ni idea de por qué. Ya estaba cansada.

Está bien. Te veré cuando te vea —le dije, haciendo todo lo posible para sonar como si me importara un carajo que me estuviera volviendo a ignorar.

Tal vez mañana será mejor.

Claro.

Tengo planes. —No los tenía, pero iba a hacer algunos.

Oh. —De hecho, parecía decepcionado. Idiota—. Bueno, después del juego...

Nop. No lo creo. Si no podía tener tiempo para mí durante la semana, no iba a celebrar con él después de su juego. Especialmente no de la forma en que sabía que él querría celebrar. Nada de sexo después de que él me había evitado toda la semana.

¿El sábado? —pregunté, como si no supiera cuándo jugaba.

—Por supuesto el sábado. ¿Algo anda mal?

Sí. Aparentemente, era demasiado lento para verlo, pero algo andaba muy mal.

Estaba pensando en salir con Stephen el sábado. Supongo que podríamos ir al partido, pero no lo sé.

¿Quién demonios es Stephen?

No pude evitar disfrutar de la ira en su voz.

Es ese chico en mi clase de biografía que no deja de invitarme a salir.

Pero... pensé... —se interrumpió, enviando un bufido de ira a través de la línea.

¿Qué pensaste?

Pensé que estábamos juntos.

Idiota.

Yo también, pero no has tenido tiempo para mí en toda la semana, así que supuse que no estábamos.

Un suspiro esta vez.

Sabes que estoy ocupado con la práctica.

¿Como si yo no lo estuviera? ¿Qué demonios?

Yo también. Aun así me las arreglé para sacar tiempo para verte.

Hay mucho en lo que trabajar en este momento.

Mentiroso.

¿Olvidaste que mi compañera de cuarto sale con uno de tus compañeros de equipo? —Silencio—. ¿Y olvidaste que mi tío es el coordinador defensivo? Sé que no tienes práctica extra.

Está bien, no es una práctica organizada, pero estoy trabajando en algunas cosas por mi cuenta.

Exactamente. Él decidió no pasar tiempo conmigo.

Supongo que cuando termines de trabajar en ello, llámame y, si estoy libre, te haré un lugar.

Pensé que tú de todas las personas lo entenderías.

Lo hago. Tengo un impulso para ganar al igual que tú. Pero también sé que hay más en la vida que el vóleibol y hago tiempo para ti. Si tú no puedes hacer eso, está bien, pero no esperes que esté aquí esperando tus sobras.

No dijo nada y me cansé. Quería llorar, y luego llamar a mi mamá y llorar un poco más. Y no le iba a dejar saber que estaba llorando por él.

Buena suerte con tu práctica. Hablamos después. —Y colgué. Que se fuera a la mierda.

Tuve ese llanto, me desahogué con mamá y lloré un poco más, y me fui a dormir. A la mañana siguiente fui a biografía y Stephen se sentó a mi lado. No hablé con él, ni hice la cita que había amenazado, pero me sentí un poco triunfante al saber que podría hacerlo si quisiera.

Y cuando salí de biografía, con Stephen a mi lado intentando invitarme a una fiesta, me detuve en seco cuando Tanner se paró frente a mí.

Sus hermosos ojos azules se quedaron en mí cuando dijo: "Está ocupada", a Stephen, y me dio un beso demasiado ardiente para el público, no es que me estuviera quejando.

Tanner, ¿qué estás haciendo aquí? —pregunté una vez que recuperé el aliento.

Me soltó y tomó mi mano, alejándome de los muchos ojos boquiabiertos que nos miraban. Terminamos en Westcott Fountain, que estaba cerca de mi clase. Se sentó y yo me senté a su lado.

Lamento haberte ignorado esta semana.

¿Por qué lo hiciste? —pregunté, molestándome de nuevo ahora que el fantástico beso había desaparecido un poco.

Yo solo… —Se movió un poco, mirando a todos lados menos a mí. Nunca antes lo había visto nervioso. Fue extraño y yo misma me puse nerviosa. Era tan guapo, con el sol destellando algunos reflejos rubios en su cabello.

Apreté su mano.

Tanner, sea lo que sea, solo dilo. Prefiero escuchar lo que estás sintiendo a que me lo ocultes. Esta semana ha apestado.

Suspiró, sus hermosos ojos azul eléctrico finalmente se encontraron con los míos.

Lo ha sido. Pensé que necesitaba alejarme de ti un poco para ver si podía.

Eso no tenía sentido para mí.

¿Por qué querrías hacerlo? ¿Ya no te gusto? —No iba a llorar. Si era así, no iba a llorar. Quizás el beso afuera de mi clase había sido un beso de despedida. El mejor beso de despedida de la historia. Ugh.

Negó con la cabeza y mi corazón se partió en dos. Tenía que alejarme de él. Traté de tirar de mi mano, pero él apretó su agarre, y no había forma de que pudiera superar en músculos a un jugador de fútbol.

Me malinterpretas. No solo me gustas.

Dejé de intentar tirar de mi mano y lo miré.

¿Qué quieres decir? —¿Quería decir lo que yo esperaba que quisiera decir?

Te amo. —Me miró, su expresión tan esperanzada.

Santa mierda.

¿Lo haces?

—Sí. Quiero decir, ha estado ahí por un tiempo y casi lo dije muchas veces, pero no pude, así que pensé que tal vez estaba equivocado y debería alejarme y resolverlo antes de decírtelo. —Frunció el ceño—. Entonces empezaste a hablar de ese idiota en tu clase y me colgaste y supe, sin duda, que te amo, porque odiaba la idea de que salieras con alguien que no fuera yo. No contestaste el teléfono o mis mensajes de texto, era demasiado tarde para entrar al dormitorio, así que aquí estoy.

No hice una cita con él. Con nadie. Solo te quiero a ti. —Él había sido lo suficientemente valiente como para decirlo finalmente, así que yo también podía—. Yo también te amo.

Su sonrisa ante mis palabras fue la cosa más hermosa que jamás había visto. Y el beso que me dio en la fuente superó con creces al de afuera de mi salón de clases. Nos saltamos nuestras otras clases y pasamos el día abrazados. Fue sin duda el mejor día de mi vida hasta ahora.

—¿A dónde fuiste? —preguntó Tanner, jugando con mis dedos.

—Solo estaba recordando la primera vez que me dijiste que me amabas.

Él se rio entre dientes.

—Fui tan idiota, pensando que si me alejaba, no estaría enamorado de ti.

Sonreí.

—Mi papá hizo algo parecido con mi mamá. Supongo que los mariscales de campo de la FSU son todos iguales.

Tanner sonrió con suficiencia.

—Bueno, no podemos ser muy iguales, porque él me odia. Creo que se quiere él mismo.

—Él no te odia. Simplemente odia que esté contigo.

Se rio de eso.

—Eso no es demasiado tranquilizador.

Negué con la cabeza.

—No se trata de ti en absoluto. Solo quiere que yo sea su pequeñita para siempre.

—Bueno, me gustaría que se diera cuenta de que siempre serás su hija, incluso si ahora eres mi chica. Podemos compartir.

Sonreí. Papá apestaba en compartir, a menos que fuera con mamá o sus hijos. Pero toleraba a Tanner, y eso era todo lo que podía pedir por ahora. Ojalá algún día eso cambiara, cuando viera que los dos estábamos en esto a largo plazo. No sabía todo lo que me deparaba el futuro, especialmente ahora, pero sí sabía que Tanner estaría conmigo. Confiaba en ese hecho.

—Quiera o no, tiene que compartirme. —Las mariposas regresaron a mi estómago cuando nuestro taxi giró por la calle familiar—. Estamos aquí.

—Oye. —Tanner apretó mi mano, así que me giré para mirarlo—. Tienes esto. Y yo estoy aquí contigo. Estarán encantados, una vez que superen la sorpresa. Lo sé.

Eso esperaba. Respiré hondo cuando giramos hacia el camino de entrada. Era hora.

Xoxoxoxoxoxoxox

—¿Por qué no pueden quedarse? —le pregunté a Bella, mientras sacaba a los chicos por la puerta. Necesitaba refuerzos, maldita sea. No es que no pudiera patear el trasero de Hunt por mi cuenta si quisiera, pero tener a los chicos cerca me mantendría más calmado.

—Porque Dani quiere hablar con nosotros, y no puede hacerlo con sus hermanos aquí.

Ethan resopló.

—No quieres que escuchemos a papá gritando sobre lo que sea que tenga que contarles. —Había un brillo en sus ojos que me hizo pensar.

—¿Tú sabes? —Me estiré por él, pero salió corriendo por la puerta principal. El chico no era atlético, pero era bastante ágil. Y yo lo era… menos en estos días. El retiro no estaba muy lejos.

—¡No sé nada! —me gritó desde el camino de entrada—. Vamos, AJ.

Mi hijo menor comenzó a correr, pero esta vez estaba listo y lo agarré.

—¿Tú sabes?

—¿Saber qué, papá? —El ceño en su rostro era idéntico al mío. Y yo estaba siendo un tonto. Si Dani confiaba en uno de sus hermanos, sería Ethan. Esos dos eran cercanos en edad y siempre habían sido unidos.

—¿Qué haces si tienes una marca personal? —Es decir, también podría hacerle una pregunta mientras lo tenía.

—Un quick out —dijo, dándome una sonrisa triunfante porque sabía que tenía razón.

El chico era todo yo. Le despeiné el cabello.

—Bien. Diviértete con Brian, y no te excedas con tu brazo. —AJ lanzaría felizmente el balón durante horas todos los días. Quería ser el mejor y, hasta ahora, era mejor que cualquier otro niño que hubiera visto, incluyéndome a mí a su edad.

—Lo sé, papá. —Se escabulló de mi agarre y salió para meterse en el auto con su hermano.

Los saludé con la mano, sintiendo una punzada cuando Ethan se alejó. El año que viene estaría en Julliard. Al menos estaba un poco más cerca que Tallahassee, pero aun así. Mis hijos estaban creciendo y convirtiéndose en adultos. Eso apestaba.

—¡Papi! —Me giré y atrapé el pequeño torpedo corriendo hacia mí, levantándola en el aire y riendo con ella mientras soltaba risitas.

—¿A dónde crees que vas, ángel?

—¿A dónde van los hemanos? —preguntó Alex a su adorable manera. Si AJ era como yo, Alex era toda Chica Reed. Tenía mis ojos, pero por lo demás era el clon de Bella. Había visto fotos de ella cuando era pequeña, y sí, esa era mi pequeñita. Ella era hermosa, al igual que su mamá y su hermana mayor. Y al igual que ellas, ella me poseía.

La acerqué para acurrucarnos, sonriendo cuando sus pequeños brazos se envolvieron alrededor de mi cuello y su cabeza descansó en mi hombro. Iba a extrañar esto cuando ella creciera. Tenía que haber una forma de mantenerla pequeña para siempre. No podía perder a mis dos chicas.

—Ethan va a ver a Cindy, y AJ va a visitar a Brian. —Ethan había estado saliendo con ella durante un año y medio. Parecía una locura que pudiera estar con la misma chica cuando iba a la escuela, pero parecía que estaba comprometido para siempre. Era como su madre, tan seguro y confiado en su relación.

—¿Dónde voy? —preguntó Alex, retrocediendo y mirándome a los ojos, palmeando mis mejillas con sus manitas.

—Tú te quedas aquí con mami y conmigo.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y su pequeño labio sobresalió, hiriéndome justo en el corazón. No podía soportar que llorara.

—¿Qué pasa, bebé?

—No soy bebé. Soy grande. Tengo amios con los que juar.

Dios bendito. Ella también estaba tratando de dejarme. Inaceptable. Realmente tenía que intentar convencer a Chica Reed de que tuviera otro bebé. Aunque ella simplemente se reiría de mi trasero y me deslizaría un folleto de la vasectomía. Había agarrado un montón en una reciente visita al médico y le gustaba dármelos cuando la molestaba sobre bebés. Como si dejaría que un aficionado se acercara a mis pelotas. A la mierda con eso.

La primera lágrima se derramó sobre sus hermosas pestañas y rápidamente la limpié.

—Por supuesto que tienes amigos, bebé. Todo el mundo te quiere. Pero tu hermana mayor vendrá de visita. Pensamos que querrías estar aquí para verlos a ella y a...

—¡Tanner! —Sus ojos verdes se agrandaron y de repente no hubo más lágrimas.

No tenía idea de cómo, o por qué, pero mi pequeña estaba enamorada de ese intruso, al igual que su hermana. Él era una especie de encantador de chicas Cullen. Chica Reed también lo amaba. Solo otra razón por la que él apestaba. Dios, esperaba que estuvieran aquí para anunciar una ruptura, incluso si era poco probable.

—Sí, bebé. Tanner también viene. —Desafortunadamente. ¿Por qué no nos había trasladado a todos a Alaska hace años como quería? Nunca lo habrían conocido. Y sí, sabía que él amaba a mi hija. Y que era un futbolista decente que nos iba a traer un campeonato este año. Pero aun así. Era mejor cuando estábamos todos juntos sin gente de afuera.

—Papi, ¿cuándo vienen?

Miré el reloj del pasillo.

—En cualquier momento, ángel.

—¡Bájame! —exigió, alejándose de mí y rompiendo mi corazón una vez más.

—¿Por qué?

—¡Voy a vestirme! ¡Boita!

A la mierda con mi vida. Ella ya estaba actuando como una adolescente. Culpaba a Chica Reed. Y a Pequeña. Ella siempre estaba comprándole vestiditos a Alex. Probablemente porque era la última bebé de nuestro grupo, a menos que alguien nos sorprendiera.

—Siempre eres bonita, bebé.

—¡Papi! —Mierda. Esa era la voz de mando de Chica Reed saliendo de la boca de mi niña.

Suspiré y la bajé, observando mientras ella corría para encontrar algo que ponerse para impresionar a Tanner. Llamó a los gritos a Chica Reed mientras subía las escaleras. Maldito infierno.

Fui a la sala de estar y me senté, sonriendo cuando Rainbow entró tranquilamente en la habitación. Ella sabía cuando la necesitaba. La alcé y se acurrucó donde Alex acababa de estar.

—Tanner va a venir. —Ella ronroneó contra mi oído, claramente sin entender lo que eso significaba—. Sabes, él tiene algo de rubio en el cabello. ¿No podrías ir tras él, por los viejos tiempos?

Rainbow se apartó y puso una pata en mi boca. Sabía que ella entendía. Ella era la única de mis chicas que no se enamoró de ese idiota.

—Y si escuchas la palabra embarazada, lo atacas, ¿me escuchas?

—No habrá ataques —anunció Chica Reed, entrando en la habitación con nuestra pequeña ahora completamente arreglada. Llevaba una cosa roja con volados que parecía algo que debería usar para Navidad. Demonios, era casi Navidad, así que probablemente era su vestido de Navidad.

—¿Qué está...? —me interrumpí cuando mi ángel le dio unas palmaditas al vestido y dijo "boita" de nuevo.

Y no tuve el corazón para quejarme.

—Muy bonita, bebé. Estás hermosa. —Ella también lo era. Era solo cuestión de tiempo antes de que algún imbécil viniera a llevársela también. Seguro, eso parecía muy lejano, pero el tiempo volaba. Jodidamente apestaba.

—Deja de conspirar con tu secuaz —me dijo Chica Reed, sentando a Alex a mi lado.

—No puedo evitarlo si Rainbow es la única mujer cuerda en esta casa —le dije.

—Y por cuerda, ¿te refieres a que ella es la única a la que no le gusta Tanner? Solo ha estado cerca de él por unos minutos.

Pero durante esos pocos minutos, lo había observado con sospecha. Lo tomé como una señal de que ella estaba de mi lado y no quería que se llevara a Dani más que yo.

—Rainbow sabe —fue todo lo que dije, haciendo reír a mi esposa, lo que hizo que Alex se riera con ella. Y eran tan malditamente parecidas y perfectas que sentí que parte de la tensión me abandonaba. Eso fue hasta que escuché que se abría la puerta.

—¡Estamos aquí!

La alegría que sentí al escuchar la voz de mi hija se vio atenuada en parte por mi miedo a lo que sea que ella tuviera que decirnos. Envié una oración silenciosa para que no fuera un bebé. Podía manejar cualquier otra cosa. Incluso, por favor —no dejes que sea— un compromiso.

Me puse de pie justo cuando entraban a la sala de estar. Dani de alguna manera estaba incluso más hermosa y madura de lo que estaba un par de semanas atrás cuando la vimos en Acción de Gracias. Había un brillo en ella que me tenía enloqueciendo incluso mientras abría los brazos y ella corría a abrazarme. Cerré los ojos y solo la abracé, inspirándola. Mi bebita, de vuelta a donde pertenecía.

—Hola, princesa. —Me aparté y le sonreí a su hermoso rostro—. ¿O debería llamarte Campeona ahora?

Mi niña, mi increíble hija, había llevado a los Noles al campeonato en su segundo año. Ella había sido la jugadora estrella de los playoffs, y me mató no haber estado allí para alentarla. Verla en la computadora era una mierda. Tal vez debería retirarme este año...

—¿Podemos tener dos campeones en la familia? —preguntó Dani, dándome un beso en la mejilla.

—Cariño, toda esta familia está compuesta de campeones. —Era jodidamente cierto. Yo, obviamente. Chica Reed y Ethan con su increíble talento musical, Dani con vóleibol, AJ con fútbol… No tenía idea de en qué iba a ser la mejor Alex, pero no tenía ninguna duda de que lo haría. Ella era una Cullen, estaba en su sangre.

—Tan cierto. Los Cullen son ganadores.

Se apartó de mí y abrazó a su madre. Eso me obligó a saludar al idiota que miraba a mi hija como si quisiera comérsela. Y jódeme si ese no era el pensamiento más repugnante que jamás había tenido. Jodidamente mal.

Le estreché la mano.

—Hunt. Buen trabajo con Florida. —Había dividido su secondary casi tan bien como lo hacía yo.

Esbozó una sonrisa.

—Gracias. Siempre se siente bien patear traseros Gator.

Lo hacía.

—Es casi tan divertido como patear traseros de Cowboys, Eagles y Skins, pero hay algo especial en esas rivalidades universitarias —le dije.

—Sí. Sabes… —comenzó, pero se interrumpió cuando mi angelito se interpuso entre nosotros.

—¡Tanner!

—¡Alex!

Maldito infierno. Quería odiar al niño, y aún podría, dependiendo de lo que tuvieran que decirnos, pero no podía odiar la forma en que su rostro se iluminó al ver a mi bebé estirándose por él. Se agachó y Alex se arrojó sobre él.

—¡Hola, niña bonita! Te extrañé.

—También te extaño —respondió ella mientras él se levantaba con ella en sus brazos.

Eché un vistazo y vi a mi esposa y otra hija lucir todas soñadoras al ver a Tanner sosteniendo a Alex. Un roce contra mis piernas me alertó de la presencia de Rainbow, y como Tanner había robado a mi otra bebé, la levanté y la abracé.

Para mi total y absoluta alegría, miró a Tanner y dejó escapar un gruñido de advertencia. A ella no le gustaba nada que tuviera a Alex en sus brazos. ¡Esa era mi Rainbow!

—Oh, cállate, Rainbow. —Dani me la quitó y le dio un montón de besos. El gruñido, tristemente, desapareció cuando Rainbow le dio cabezazos—. No puedo creer que sigas vi…

—¡Oye! No le decimos esa palabra a Rainbow. O la palabra con M. Ella está aquí y siempre lo estará. —Esa era mi historia y me apegaba a ella. No era tan rápida como solía ser, pero yo tampoco. Y sí, tal vez le hice unas rampas para que se subiera a las camas más fácilmente, porque no quería que se lastimara saltando arriba o abajo, pero ella seguía siendo vital y fuerte. Eso era todo.

—Lo siento, papá. —Dani me devolvió a Rainbow y ella se acurrucó en mi cuello.

—¿Cómo estuvo su vuelo? —preguntó Chica Reed, como si este fuera un día normal y deberíamos charlar sobre cosas normales. Empecé a abrir la boca para exigir saber qué estaba pasando, pero la mujer me hizo callar con una mirada. Porque ella podía—. ¿Tienen hambre? ¿Sed?

—Estamos bien, mamá. —Dani condujo a Tanner, que todavía sostenía a mi bebé, hacia el sofá de dos plazas y lo instó a sentarse—. El vuelo estuvo bien. Siento que todo lo que he hecho últimamente es viajar, entre Acción de Gracias, el torneo y esta semana.

Había sido una época loca para ella.

—Al menos el próximo semestre será más tranquilo —le dije—. Siempre me encantó lo fácil que era la segunda mitad del año.

Dani se estremeció y Tanner la rodeó con el brazo. ¿Qué diablos era eso?

—Mentiroso —dijo Chica Reed, tomando mi mano y llevándome hacia el sofá—. Te ponías terriblemente ansioso después de unas semanas sin fútbol.

Bueno, eso era cierto.

—Pero tenía más tiempo contigo. —Le sonreí y ella me besó la mejilla. Entonces me di cuenta de que Dani pasaría más tiempo con él, y no era un recuerdo tan agradable.

—Pero aún tendrás que mantenerte en forma. La próxima temporada llegará más rápido de lo que esperas.

Dani miró a Tanner, y él le asintió y susurró algo.

—Sí, sobre eso...

Oh, mierda. Podía sentir que mi corazón comenzaba a latir con fuerza de nuevo. Aquí vamos. Chica Reed apretó mi mano, un recordatorio de que no importaba lo que nuestra hija tuviera que decir, estábamos juntos en esto. Por favor, no dejes que sea un bebé.

—¿Qué pasa, cariño? —incitó Chica Reed, todavía luciendo tranquila y serena. Ella era asombrosa.

—Solo diles. Son buenas noticias.

No sería una buena noticia para él si ella estaba embarazada. O comprometida. Porque ahora no era el momento. Ella estaba en la cúspide, maldita sea.

—Bueno. —Dani respiró hondo—. Recibí una muy buena noticia hace un par de días, pero es necesario que me tome un tiempo libre de la escuela.

Jódeme. Ella estaba embarazada. Él era hombre muerto. Dejé a Rainbow en el suelo y me paré, señalando a Tanner.

—Voy a matarte.

El agarre de Chica Reed en mi mano se apretó, y Tanner usó a mi bebita como un escudo para esconderse detrás. Maldito cobarde. Escondiéndose detrás de una bebé. Una jodida bebé. Él y mi hija iban a tener un bebé.

—¡Papá! ¡Él no hizo nada! —Dani se puso de pie y se paró frente a mí, protegiendo al imbécil papá de su bebé de mis ojos.

—¿No? ¡Se necesitan dos para hacer un bebé!

Bueno. Tenía que hacer planes. Necesitaba saber cosas. Dani solo me estaba mirando boquiabierta, claramente incapaz de decir nada. Probablemente por las hormonas. Oh, las malditas hormonas. Dios, no quería lidiar con eso de nuevo. Chica Reed y yo no podíamos tener otro bebé ahora. Cuidaríamos de nuestro nieto. Maldito infierno.

—¿Cuántos meses tienes? Te trasladaremos a casa tan pronto como termine este semestre. El sátiro de allá pagará un montón de manutención tan pronto como firme su contrato con la NFL. ¡Puedes estar seguro de eso! Chica Reed, llama a nuestro abogado. Dani, deberías estar sentada. ¡Y tú! —Miré para ver que Tanner estaba pálido como un fantasma—. Deja a mi hija y lárgate a la mierda de mi casa antes de que te destroce.

Tanner se paró lentamente y dejó a Alex en el suelo, levantando las manos en señal de rendición. Demonios que sí, hijo de puta. Quita tus manos de mi ángel. Has hecho bastante daño.

—Papi, estás loco. No hay bebé —dijo Dani, justo cuando Alex se acercó y me tiró de los pantalones.

—¿Por qué gritas, papi? —Ella tenía lágrimas en los ojos de nuevo, y suspiré mientras la agarraba. Espera, ¿dijo que no había bebé?

—¿No hay bebé? —pregunté, sintiendo la sangre rugiendo en mi cabeza comenzar a calmarse. Mierda, gracias.

—¡Por supuesto que no, papá! —Dani me golpeó el brazo—. ¿Cómo pudiste siquiera pensar eso?

—Te lo dije, Edward —siseó Chica Reed, quitándome a nuestra otra hija, probablemente para que Dani pudiera golpearme adecuadamente.

—Bueno, ¿por qué necesitarías un semestre libre si no es por eso? No vas a abandonar para seguirlo, ¿verdad? Porque esa mierda sería incluso peor que si estuvieras embarazada. —Entonces los mataría a ambos.

—¡Papá! ¿Qué tal si dejas de hacer suposiciones ridículas y me dejas hablar? —Los ojos verdes de Dani brillaban de furia. Se parecía tanto a su madre en ese momento que me dejó sin palabras. Tenía ese tono calmado pero la mirada ardiente al mismo tiempo.

—Siéntate, Edward —ordenó Chica Reed, señalando el lugar que había abandonado. Hice lo que me pidió porque lo último que necesitaba era que ambas estuvieran enojadas conmigo. Aunque tenía la sensación de que ya lo había jodido porque mi esposa tenía la misma mirada en su rostro—. Tanner, me disculpo por mi esposo. A veces tiende a guiarse por la boca en lugar de la cabeza.

Abrí la boca para defenderme, pero realmente no podía. Ella tenía razón. Rainbow se subió a mi regazo y me dio su apoyo silencioso. Al menos una de las mujeres en la habitación no me odiaba.

—Está bien. —Tanner puso una mano en el hombro de Dani mientras ella me miraba con furia desde su posición de pie—. Dani podría haberlo anunciado mejor. —La abrazó contra su costado—. Diles, nena.

—Como estaba a punto de decir, antes de que me interrumpieran tan groseramente —me lanzó otra mirada furiosa— necesito tomarme libre el próximo semestre. —Ella negó con la cabeza—. No porque esté embarazada, papá.

Oh, el sarcasmo en ese tono. Iba a tener que chuparle las medias para volver a agradarle.

»Sino porque me pidieron que forme parte del equipo olímpico de vóleibol de Estados Unidos.

Jódeme. Santa mierda. ¡Ella lo hizo! Su máximo sueño, incluso más allá de ganar un campeonato para los Noles, era representarnos en los Juegos Olímpicos. Habíamos pensado que esa oportunidad vendría después de la universidad, pero, por supuesto, mi chica era una triunfadora. Igual que yo.

—¡Oh, Dios mío! —Chica Reed estaba de pie y fuera de su asiento, lanzando su brazo libre alrededor de Dani, abrazándola junto con Alex, quien no tenía idea de lo que estaba pasando pero estaba feliz de que todos los demás estuvieran felices de nuevo.

Dejé a Rainbow a un lado y me puse de pie, sin saber si me aceptarían en el abrazo de celebración, pero necesitando ser parte de él. Pero primero tenía que hacer las paces.

—Tanner, lamento haber llegado a la conclusión equivocada. He estado nervioso por esta noticia desde que Bella me dijo que vendrían antes, y dejé que mi mente fuera a lugares donde no debería. —Le ofrecí una mano, que afortunadamente aceptó.

—Entiendo. —Le sonrió a mi hija y, maldita sea, podía ver que la amaba—. Ella podría haber comenzado su discurso un poco mejor, pero estaba nerviosa de que les molestara que se tomara un tiempo libre.

—¿Para vivir sus sueños? Nunca. —Miré a mi niña, que estaba radiante mientras abrazaba a su madre y hermana, hablando a una milla por minuto sobre lo que estaba por delante.

—Eso es lo que le dije.

Él miró de mí a Dani, y luego extendió la mano y le tocó el hombro. Ella inmediatamente se giró a sus brazos.

—Nena, tu papá quiere felicitarte.

Ella me miró con furia y me odié por arruinar su momento.

—Dani. —Tanner le tocó la mejilla—. Tu padre solo te estaba cuidando. No empezaste con las noticias exactamente de la mejor manera. —Él le sonrió cuando ella frunció el ceño—. No lo culpo por asumir lo peor. Solo estaba tratando de protegerte. Eso es lo que hacen los papás, o eso he oído.

Santa mierda. Él era su Chica Reed. Él logró que ella escuchara a través de su temperamento y sus sentimientos heridos, al igual que mi esposa lo hacía conmigo. Dani me miró y yo extendí los brazos, esperando que ella se acercara a ellos como lo hizo cuando llegaron, y afortunadamente lo hizo.

La abracé, besé la parte superior de su cabeza y la acuné en mis brazos.

—Lo siento mucho, cariño. Estoy increíblemente orgulloso de ti, y no puedo esperar para ir a Tokio y verte jugar. —Joder, estaría allí. Si los Gigantes no me dejaban perderme la pretemporada, me retiraría. Fin de la historia.

—¿No te importa que tenga que posponerlo? Ya hablé con el entrenador, y la escuela no tiene problemas con mi regreso en el otoño...

—Bebé, este es tu sueño. Por supuesto que no me importa si necesitas un semestre extra para graduarte. —La abracé de nuevo—. Tu medalla de oro se verá increíble con mis Heismans.

Ella se rio y me apretó con fuerza.

—¿Quién dice que voy a dejar que me la guardes?

—Yo. —Me aparté y besé su nariz—. Hasta que ese te haga una mujer decente, las medallas y los trofeos se quedan aquí.

Tanner carraspeó y se movió nerviosamente ante mis palabras. Bien. Tal vez él todavía no estaba listo para alejarla de mí.

—Eso es bastante justo. Si ganamos...

Chasqueé la lengua ante esa tontería.

Cuando ganes.

Dani se rio.

—Cuando ganemos, no creo que la quiera en mi dormitorio o apartamento de todos modos.

Malditamente cierto.

—La cuidaré por ti.

—Lo sé. —Ella me abrazó de nuevo—. Puede que no me guste que hayas llegado a esa conclusión, pero me encanta que quisieras protegerme.

—Siempre, bebé.

—Ahora que eso está arreglado… —Chica Reed besó la mejilla de Dani y también me dio uno. Mierda, gracias. Quizás ahora no estaba completamente en la casa del perro. Gracias a Tanner. Maldición—. ¿Qué quieres hacer para la cena esta noche? Estaba pensando que podríamos llevarlos a cenar afuera o...

—¡Antonio's! —interrumpió Dani, nombrando su lugar italiano favorito.

Chica Reed se rio.

—Antonio's será. Ven a ayudarme a elegir algo para ponerme yo y para tu hermana. No vas a usar tu vestido de Navidad para comer ezpaguetis, jovencita.

—¡Ezpaguetis! —Alex aplaudió y rebotó en los brazos de Bella.

Todas las chicas se dirigieron al piso de arriba, y me giré hacia Tanner, sabiendo que tardarían un rato.

—¿Quieres una cerveza?

—Seguro que podría usar una.

Me reí y nos conseguí unas frías del refrigerador.

—¿Estás listo para la temporada de premios? —le pregunté, entregándole una.

Se encogió de hombros.

—Sí, quiero decir, hice todo esto el año pasado, pero este año siento que voy a ganar.

—Lo harás. —Le sonreí—. Nadie más estuvo cerca, en cuanto a estadísticas. Vas al Juego de Campeonato Nacional. Lo habrías ganado el año pasado si no fuera por el juego con Clemson. —Hizo una mueca ante el recuerdo y me reí—. Sí, lo entiendo.

Decidí que ahora era un momento tan bueno como cualquier otro para preguntar algo sobre lo que me había preguntado.

—¿Te quedaste para tu último año por Dani?

Se movió un poco en su asiento.

—Ella era parte de la razón, supongo.

Me reí. Claro. Él suponía.

—Y querías un campeonato y el Heisman.

—Exactamente. Los tres se consideraron, pero sí, ella es una gran parte de la razón por la que me quedé. Ella es parte de todo lo que hago. —Me miró con nerviosismo—. Sé que Dani tiene metas y sueños, y los quiero para ella. Y sé que piensas que es demasiado pronto para casarse y, sinceramente, estoy bien con eso. Pero quiero pedirle que se case conmigo. Sin embargo, voy a esperar hasta después de los Juegos Olímpicos. No quiero ser una distracción para ella. Ella tendrá veinte años en ese momento, y yo estaré en la NFL y estaremos separados por un tiempo, pero sé que está bien. Espero tener tu bendición, pero tengo que decirte que, aunque no la tenga, la amo y me voy a casar con ella.

Mierda. Sabía que este chico era un problema desde el primer día. Él iba a ser el que me quitara a Dani, pero después de la forma en que me manejó perdiendo mi mierda y ayudó a Dani a ver que yo tenía buenas intenciones, no podía estar molesto por eso. Él era su Chica Reed. No podía negarle una vida maravillosa con la persona que encajaba con ella como nadie más podía hacerlo; la vida que yo tenía.

—La tienes. —Le palmeé el hombro—. ¿Quieres ir a ver el trofeo que estás a punto de ganar?

Sonrió como si acabara de ganarlo.

—Sí, señor.

—Te mostraré la sala de trofeos. Vas a tener que tener una propia para los tuyos y los de Dani, ya sabes.

—Lo espero con ansias.

Y, sorprendentemente, yo también lo hacía. Tendrían una habitación con su Heisman, la medalla de oro de ella, medallas si las cosas salían bien, sus diversos trofeos, los de él y algún día, en un futuro lejano, los de sus hijos. Quizás no tan lejano. Podía manejar eso.