Operación lluvia de Comida
Nota de autor: ¿Qué creen? ¡Volví! Recuerden que la historia le pertenece a la maravillosa, creativa, divina y bella Moonsign mientras que el mundo de "Harry Potter" a J.K Rowling. Yo soy el traductor google personalizado.
"Incluso cuando estás creciendo, jamás deberías dejar de divertirte"
Nina Dobrev.
SIRIUS:
Cuando Sirius despertó, estaba aterrado al darse cuenta de que la mitad derecha de su cuerpo se encontraba paralizada del cuello para abajo. Incluso más extraño, a su cuerpo parecía excitarle aquel hecho. Parpadeó varias veces y se quedó mirando su dosel.
El olor a sueño, calor y chico estaba en el aire, al igual que un aroma conocido de hojas otoñales y chocolate. Sirius sonrió al recordar la noche anterior y bajó la mirada para apreciar la vista. La razón de su parálisis se hizo clara de inmediato. Remus estaba profundamente dormido, acurrucado completamente en el lado derecho de Sirius. Sus piernas estaban encima del muslo de Sirius, sus brazos abrazando fuertemente su torso, con el propio descansando encima de Sirius y la cabeza metida en el espacio que formaban el hombro y cuello.
Lo que hizo sentir mucho más animado a Sirius era el hecho de que pese a no poder mover la mitad de su cuerpo, era capaz de sentir la erección de Remus presionarle la cadera. Sirius se movió un poco para ver la reacción del chico, Remus murmuró y terminó acurrucándose en un estilo bastante propio de Hamish.
— Lunaaaaaaaatico —Canturreó, agradecido de todavía poder sentir el hechizo silenciador que Remus puso la noche anterior— Despierta, despierta, Lunaaaaatico...
— Gnorlf —Murmuró Remus, acercándose todavía más a Sirius.
— Mi brazo y pierna derecha están a punto de ponerse negros y caérseme, Lunático —Sirius continuo con voz traviesa, removiéndose un tanto bajo Remus. Las caderas de Remus respondieron al movimiento y abrió los ojos. Sirius estaba tan atontado por la acción que solo pudo quedarse mirándolo tontamente.
— ¿Canuto? —Remus preguntó, sus brillantes ojos ambarinos mirando con algo de sueño a los grises de Sirius.
— Me tienes ganas —Sirius anunció felizmente, moviendo nuevamente sus caderas y sintiendo como el cuerpo de Remus respondía rápidamente a la acción.
Los ojos de Remus se abrieron a la vez que se alejaba, casi cayéndose de la cama: — ¡Oh, Merlín, Sirius, perdóname!
— ¿Perdonarte? —Sirius agarró a Remus y lo apretó contra él, flexionando su brazo y pierna a medida que la sangre retornaba a ellos— No tengo que perdonarte nada, Remus. Es divertido —Agrupando todo su coraje de Gryffindor, se deslizo encima del atónito muchacho y le permitió saber cuánto su cuerpo estaba disfrutándolo— ¿Ves?
Remus se veía indeciso entre el deseo de presionarse contra Sirius o tirarlo para poder huir de la habitación. Sirius se recostó en sus codos e inclinó la cabeza para poder besar el cuello de Remus: — Venga, Lunático. No tengas miedo. Soy solo yo —Dio una embestida de prueba, ambos dejando salir un jadeo cuando el placer los recorrió en somnolientas líneas doradas que se entrecruzaban en sus vientres.
— C-Canuto. Ni siquiera sabemos q-que hacemos —Las manos de Remus se aferraron a los costados de Sirius.
— Lo estamos haciendo bastante bien para lo poco que sabemos, ¿No? —Sirius repitió el movimiento, mucho más fuerte está vez y casi salta del asombro cuando Remus dejó salir un gruñido. Era dos octavas más profundo que su voz normal y los ojos del muchacho se tiñeron de una llama de deseo que encendió una igual en los de Sirius. Fue entonces cuando Remus se dio cuenta de lo que había sucedido y se cubrió la boca con las manos.
— Santo cielo, perdón —Murmuró— No pretendía... ¡Perdón!
— Deja de pedirme disculpas —Sirius le riñó cuando Remus trató de irse— Fue lo más sexy que he escuchado en mi vida.
Remus se quedó quieto: — ¿Qué?
Sirius dejó salir una risita, jadeando: — Cosa salvaje... haces cantar a mí corazón...*
Remus gruñó: — Por favor no cantes en momentos como este. Arruinas el ambiente.
— Bueno, entonces ¿Qué quieres hacer? —Sirius indagó, sonriéndole y abriendo la boca para seguir cantando.
Terminó gimiendo cuando Remus enrolló sus piernas alrededor de su cintura y le puso las manos en el cuello, en respuesta o esfuerzo para callarlo, arqueándose contra él. De igual forma, Sirius jamás se quejaría: — ¡Lunático!
En ese momento, abrieron la cortina de un solo golpe: — Oye, Canuto, creo que Lunático ya bajo a desa... ¡MIS OJOS! ¡MIS POBRES OJOS!
Sirius y Remus se apartaron soltando un chillido, ambos lanzándose a cerrar las cortinas con prontitud.
— ¡James Potter, hoy es el día de tu MUERTE! —Sirius gritó a través de las cortinas cerradas.
— ... Mis ojos... mis ojos... —Fue la única respuesta que obtuvieron.
— ¿Estaban teniendo sexo? —Peter preguntó con interés— No sabía que ya habían llegado a tercera base. Solo que se besaban y así... —Hubo una pausa, entonces— ¡Oh, Merlín, mi cerebro! ¡Mi cerebro! Debo... eliminar... esas... imágenes...
— ¿Tú tienes que eliminar imágenes? —James siguió quejándose.
— ¡Por el amor a los calzones de Merlín, no estábamos teniendo sexo! —Sirius les gritó. Se detuvo entonces, recordando su limitado conocimiento en el ámbito sexual cuando se trataba de dos hombres y agregó— ¿Qué exactamente se están imaginando?
Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
— No puedo creer que todo esto te de risa, Lunático —Sirius gruñó a medida que ambos hacían su camino desde las cocinas con una ofrenda de paz tras haber traumatizado a sus amigos— Pensé que tú, de entre todas las personas, estarías terriblemente avergonzado con esto.
— ¿Por? —Remus preguntó— Fue hilarante. ¿Viste su cara cuando abrió las cortinas? ¡Fue genial!
— Por el amor a Dios, mi novio es un exhibicionista de clóset —Sirius dramatizo, tratando de noquearse hasta la inconsciencia con un pedazo de pastel. Remus le arrebató el pastel y rodó los ojos.
— No quería que ellos nos vieran, pero debes ver el lado bueno del asunto. Verruga —Agregó lo último al retrato de la Dama Gorda cuando llegaron a la sala común.
— ¿Qué lado bueno? —Sirius demandó— Puedo ver uno vergonzoso, uno traumático, uno tipo no-podré-verlos-a-los-ojos-de-nuevo, pero no uno bueno.
— Y te atreves a llamarte Merodeador —Remus se burló, sacudiendo la cabeza e ingresando a la sala común— ¿Te avergüenza el que supieran que estábamos a punto de llegar a tercera base?
Se lo dijo con tono juguetón, pero cuando Sirius lo miró, se dio cuenta de que sus ojos destilaban seriedad y nerviosismo. Inmediatamente se le pasó el enojo: — Por supuesto que no, Lunático. Eres la única persona con la que quiero que me encuentren en la tercera base. Es solo que preferiría no ser visto llegando a la tercera base nunca en mi vida —El nerviosismo se fue y pudo relajarse— Además, estábamos muy lejos de la tercera base. Teníamos demasiada ropa.
Dejaron de hablar cuando pasaron a un grupo de niños de cuarto año que jugaban snap explosivo, dirigiéndose a donde James y Peter se encontraban sentados junto al fuego.
— Ofrenda de paz. Pastel —Sirius dejó caer el contenido en el regazo de James mientras Remus hacía lo mismo con Peter.
— Está porción está aplastada —Peter mencionó.
— Sirius trató de usarla como arma homicida. Está bien. Solo quítale algunos cabellos de encima.
— ¿Piensas que el pastel ayudará a quitarme las imágenes de ustedes dos haciéndolo en mí habitación? —James hizo una mueca ante el recuerdo.
— También es nuestro cuarto —Sirius le recordó.
— Además —Remus agregó— También trajimos pastel de chocolate.
— Eso solo funciona con los choco adictos como tú, Lunático —Peter bromeó, su boca dejando salir una gran sonrisa.
— Sabes que te prendió la situación, Cornitas —Lo molestó Sirius, tomando un poco del pastel aplastado de Peter y comiéndoselo.
— Sí, lo que digas Black —James le lanzó a Sirius una cereza, el último atrapándola en el aire de una forma que se veía demasiado perruna.
— Si solo te vas a quedar sentado quitándole las frutas al pastel, no comerás nada —Peter lo riñó— Mejor dámelo. No te permitiré desperdiciar la comida.
— La fruta seca es la comida de magos oscuros, cuervos, Slytherins y mi tío abuelo Albert —James declaró— No sé cómo pueden arruinar un pastel poniéndosela encima.
— Hablando de comida desperdiciada —Remus intervino— Tengo nuevas ideas para la Operación Lluvia de Comida. Pensé que podríamos hacerla mucho más divertida dado que es Navidad y todo eso.
— No te estás arrepintiendo de la idea, ¿Verdad, Lunático? —James frunció el ceño.
Remus negó y robo una buena cantidad de chocolate del regazo de Peter mientras los otros Merodeadores intentaban rescatar los pedazos de fruta que James lanzaba a la chimenea: — Estoy mejorándola. Será asombrosa de funcionar. El único problema es que tendremos que convencer a los elfos domésticos de ayudarnos.
— Bueno, eso será fácil —Sirius dijo animadamente— Nos adoran a James y a mí. Somos sus mejores clientes.
— No recuerdo que ustedes les paguen por sus servicios —Habló Peter, mirando su regazo con el ceño fruncido antes de dirigir sus ojos a los labios llenos de chocolate de Remus— Más bien son sus mejores ladrones de comida. Y para que sepas, Remus, no cuenta como ofrenda de paz el ofrecer un pastel de chocolate en estado de préstamo.
Remus se encogió de hombros: — No estaba tan arrepentido, de igual forma. Pastel de frutas, posiblemente. Pero no lo suficiente para ofrecer una disculpa de pastel de chocolate.
Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Una semana después, la mañana en la que Operación Lluvia de Comida estaba programada, Los Merodeadores se despertaron para descubrir a Hogwarts cubierto de nieve. Sirius se quedó mirando por la ventana aquel mundo blanco. El cielo, todavía de un profundo índigo, estaba brillante y fresco, con las capas de nieve cubriendo las ramas de los diversos árboles, el campo de Quidditch y las paredes del castillo.
— Esto es perfecto —Dijo— Nadie va a poder no disfrutar de nuestra broma ahora.
— Venga, Canuto —Remus habló, alejándolo de la ventana— Tenemos que ir abajo y terminar de poner los hechizos antes de que los demás despierten.
Media hora más tarde, Sirius, Remus y Peter estaban poniendo los últimos hechizos en las enormes puertas del Gran Comedor, con James terminando de asegurarse el que los elfos domésticos hubiesen cumplido su parte del plan.
— Volvamos —Sirius murmuró, realizando el último movimiento de varita— Contamos con menos de una hora antes de que las personas empiecen a bajar. Tenemos que estar en el dormitorio antes de que eso ocurra.
Se encontraron a James a mitad del camino cuando se quitó la capa de invisibilidad y les dedicó una sonrisa divertida: — Creo que están tan emocionados como nosotros —Susurró— ¿Quién diría el que los elfos domésticos tenían tal sentido del humor? Mientras que todos puedan comer, se encuentran perfectamente felices.
Sirius sonrió, nuevas bromas que involucraran a los elfos cruzando su mente. Remus le pegó en las costillas: — Ponte el freno, Canuto. Dejemos que esta broma funcione y luego planearas las demás.
Sirius lo observó con admiración: — ¿Cómo supiste que pensaba en ello?
— Ese brillo malévolo que adquieren tus ojos y los de James es inconfundible —Remus dijo con precaución.
Sirius le pasó una mano por la cintura y miró alrededor del pasillo antes de darle un sorpresivo beso en los labios.
— ¿Les importa? —James siseo— Estamos intentando escabullirnos.
— Estamos escabulléndonos —Sirius replicó.
— No me refiero a escabullirle besos a Lunático —James respondió.
— ¡Pero es tan tierno e irresistible!
— Sigo aquí —Remus habló, rodando los ojos— Y no soy tierno.
— Di eso hasta que lo creas, amor —Sirius susurró en su oído mientras atravesaban el retrato de la Dama Gorda.
Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Oyeron toda la conmoción proveniente del Gran Comedor mientras iban por los pasillos a la hora del desayuno. Los estudiantes gritaban y reían, los profesores intentando mantener el orden y las lechuzas volaban y graznaban en total confusión.
— Música para mis oídos —James dijo con una sonrisa, recorriendo los últimos pasos para llegar al Gran Comedor.
Fue incluso mejor de lo que Sirius esperaba. Todo el lugar había sido puesto patas arriba. El suelo de piedra, las mesas de las cuatro casas, el lugar en donde se acomodaban los profesores y todos los platos de comida se encontraban plantados en el techo, como si la gravedad les fuera insignificante.
Sin embargo, era la superficie que ahora servía de suelo lo que desconcertaba a todo el mundo. No habían estado seguros de cómo el techo encantado reaccionaría al hechizo, pero el resultado fue brillante. Bajo sus pies, donde tendría que haber una superficie tangible, brillaba el cielo azul zafiro con algunas nubes desperdigadas alrededor. Los copos de nieve caían hacía arriba y manchaban las banderas de las casas, ondulantes en forma vertical como si fueran velas por las brisas que ingresaban por las puertas del Gran Comedor.
Ese había sido el hechizo más complicado, el que les permitió dejar las puertas del Gran Comedor sin afectar pese a que todo el interior estuviera boca arriba.
Estudiantes y profesores estaban por doquier, algunos exclamando en asombro y otros pegándose a las paredes del susto. Unos cuantos intentaban pedir orden, pero los adolescentes hambrientos observaban la comida intentando descubrir cómo bajarla.
— Esto es definitivamente asombroso —Sirius suspiró, alabando tanto el caos como la increíble habitación que habían podido crear.
No hubo respuesta de Remus, y cuando Sirius giró a verlo se dio cuenta de que era debido a que el muchacho se aferraba a las paredes y veía el suelo con miedo.
— ¿Lunático?
— Pensé que tenerle miedo a las alturas ya era malo —Remus se quejó, memorias de la Operación araña de calabaza llegando a su mente— Descubrí que es incluso peor cuando "las alturas" son técnicamente el nuevo "abajo".
— Tú no le tenías miedo a las alturas antes —Peter mencionó.
— Eso fue antes de que Sirius casi muriera por caerse de una cornisa. Y antes de que viera la cantidad de cosas estúpidas que James y él hacen en las escobas. Ahora el pensar en las alturas me da retorcijón de estómago.
— Pobre Remus —James le dio unos golpecitos en el hombro a modo de consuelo— No te preocupes. Prácticamente toda la escuela está aquí. Sirius y yo vamos a hacer los hechizos sobre la comida ahora para que puedas salir lo más rápido que puedas.
— Es una buena idea —Remus apoyó, tambaleándose un poco.
Sirius se acercó para abrazarlo, procediendo a dirigirle una mirada sutil a James y sacar las varitas para lanzar el hechizo contra la comida. Tras unos instantes de titilante inseguridad, toda la comida empezó a caer al suelo de una forma que recordaba a los meteoritos siendo arrastrados por la gravedad.
Esta era la razón por la cual la ayuda de los elfos domésticos fue tan necesaria. La comida que voló, se estrelló y manchó a profesores y alumnos por igual consistía de huevos revueltos, natillas, hígado tibio, yogurt, salsa de chocolate, salsa y toda clase de comida suave o líquida que los elfos pudiesen haber pensado. El pudin de fresa se pegaba a los cabellos recién peinados, helado caía en las espaldas de millones de personas y lluvias de mayonesa golpeaban directamente en la cara.
El volumen en la habitación se alzó drásticamente en una combinación de gritos, chillidos, histeria, risas y demandas para el orden.
Fueron minutos benditos de conmoción antes de que los estudiantes se apresuraran a abandonar la habitación. Sirius sonrió cuando el hechizo de limpiado que Remus había puesto en la puerta bañó a los estudiantes. Llegaron al otro lado todavía estando sorprendidos e histéricos, pero mucho más limpios.
— ¿Reconocemos el que deberíamos pasar a Quejicus unas cien veces por esas puertas? —Peter comentó— Si su cabello tiene unas buenas lavadas, le mejoraría la vida a todo el mundo.
— Buena esa, Colagusano —James sonrió— Pero eso solo nos traería atención a nosotros. Le prometimos a Lunático mantener un perfil bajo.
— ¡HEY! —Todos en el pasillo saltaron cuando una voz de un prefecto fue amplificada para resonar sobre el caos— SI ATRAVIESAN LAS PUERTAS ELLAS VAN A LIMPIARLOS. ¡Y TIENEN QUE VER LO QUE HAY AFUERA!
Hubo unos cuantos momentos de confusión hasta que todo el mundo comprendiera el asunto de las puertas. Los Merodeadores siguieron a todos a paso lento para evitar ser aplastados en la avalancha de cuerpos. Siguieron el flujo de personas hasta la salida del Gran Comedor, al corredor principal, afuera de las enormes puertas y en dirección a las largas praderas cubiertas por nieve que se encontraban en el patio del colegio.
Desperdigadas se hallaban enormes mantas de picnic con un desayuno digno de reyes. Los elfos domésticos en verdad se habían superado a sí mismos. Tostadas calientes, tocino y salchichas frescas, enormes cacerolas de plata llenos de hígado caliente, jugo de calabaza, arenques, huevos... la cantidad de comida lograban que los ojos de Sirius escanearan con interés todo el lugar.
Los estudiantes ya se lanzaban por la comida, corriendo y arrojándose bolas de nieve mientras se armaban de tostadas, llenando aquel aire helado con alaridos alegres y gritos de felicidad.
— ¿Caballeros?
Los cuatro Merodeadores giraron para ver al profesor Dumbledore y la profesora McGonagall mirándolos. Dumbledore se veía contento, sus azules ojos brillando ante la escena, e incluso la profesora McGonagall parecía estar reteniendo una sonrisa.
— ¿Quién? ¿Nosotros? —James habló, tratando de lucir inocente.
— Sí —Respondió el profesor Dumbledore— Ustedes.
— Cincuenta puntos menos para Gryffindor por obligar a los elfos domésticos a unírseles en situaciones como esta —Anunció la profesora McGonagall— Otros cincuenta por el desastre que hicieron en el Gran Comedor.
— Cincuenta puntos más por el bello encantamiento de limpieza que tenían las puertas —Continuó Dumbledore— Y otros cincuenta por este maravilloso picnic navideño.
Los Merodeadores se quedaron mirándolos con la boca abierta.
— Lo olvidaba —Agregó la profesora McGonagall, justo cuando ya se retiraba— Castigo los Miércoles y Viernes hasta la Navidad. Y por favor vayan a ver al profesor Flitwick para informarle los hechizos que realizaron en el Gran Comedor de forma que puedan deshacerlos antes del almuerzo.
Continúo su camino con el profesor Dumbledore para ir a buscar unas salchichas.
— ¿Creen que recuerda el hecho de que falta una semana para Navidad? —Peter preguntó.
— Sí —James, Sirius y Remus respondieron orgullosamente.
— Sí, yo también lo supuse —Peter afirmó, siendo noqueado por una bola de nieve que le tiró Hagrid, el guardabosque.
