Shiho-Akemi, me ha pasado unas cuantas veces. Esta vez son dos, espero que te hagan reír un rato :)
Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 64
- Así que, Tsunayoshi-kun… - La voz se tornó sedosa, fría, maliciosa. - ¿Cómo debería castigarte por desaparecer durante tanto tiempo? - ¿Castigar?, ¿había dicho castigar? – Después de todo… - Había tanta amargura en esos ojos, tanto disgusto, que podría nadar en ella. No ayudaba que estaba tan cerca que sentía la respiración en la cara. – han pasado años sin-
La luz se encendió de pronto, y siguió algo que lo hizo enrojecer como un tomate:
- Si vas a besarlo hazlo de una vez. – Como quien no quiere la cosa, casi con un puchero: – Deberías de cerrar la puerta, bajar las cortinas, y amordazar a conejito y si planeas tener una noche de pasión inolvidable, Emma-kun. – El invitado no invitado ladeo la cabeza, tomando otro malvavisco y llevándoselo a la boca. – Nadie juzga tus preferencias amigo.
Un alfiler caer se pudo haber oído luego de tal declaración. Si hubiera podido, se hubiera llevado las manos a la cara. Si alguien preguntaba, diría que era por la vergüenza. La realidad era cercana, pero diferente. Era para reírse y llorar al mismo tiempo. Reírse porque era divertido así fuera por algo tan estúpido. Llorar porque cualquiera podría mal interpretarlo, no era el mejor momento, y obviamente no iba a salvarse de este tipo de cosas sin importar a donde fuera.
Una risa divertida fue inesperada, al igual que ser liberado. No totalmente, eso nunca. Igual era un gran cambio: de estar apresado con alguien encima demasiado cerca para su comodidad a estar solo sujeto de una muñeca. Era mucha la diferencia, al menos ahora podía respirar "tranquilo". Señor iba a entrar en una crisis nerviosa. No había duda alguna, era Emma. El mismo Emma al que no había visto en años. El mismo Emma que había buscado la forma de contactarlo y más, y lo había ignorado y/o negado. No era el único, solo era uno de quienes de seguro querían despellejarlo vivo por más de una razón, y estaban justificados de hacerlo…
- ¿Y qué me prohíban todo contacto con mi mejor amigo?, cielos Bya-kun, de broma no pediste que me castraran y me quemaran en una hoguera. – Eso, en realidad, era muy ligero a lo que en verdad podría pasar. – Quizás, en otra época… - Enrojeció otra vez y maldijo por lo bajo al idiota que le dio una mirada cómplice/seductora.
- ¿Oh? – " Con estos dos no se puede. Al menos Xanxus no está y no tiene tal… no, espera, capaz y si lo tiene solo que no se nota…" – Supongo que es de esperarse, después de todo-
- Si alguien más los oye y les cree, Reborn será su última preocupación. – Estaba seguro que molestar sexualmente a su estudiante era pecado capital o algo así para Reborn. Luego de todas las bromas y comentarios indeseados para diversión del mejor asesino a sueldo del mundo, claro está. – No creo que ni mis guardianes lleguen a ver sus restos. – Los mataría el mismo. Los restos serian buena comida para peces.
- ¿Que puedo decir?, tienes encanto. – " ¿Qué diablos acabo de oír?" – Podrías conquistar a quien quisieras, siempre te lo he dicho. ¿Me paras metra?, claro que nooooo. – El pelirrojo se encogió de hombros, como si no hubiera dicho nada del otro mundo. - ¿A qué viene la visita Bya-kun?, estas retrasando las cosas, ¿sabes?
- ¿No puedo darle una vuelta a conejito? – Debatió brevemente meterles una patada en donde más les dolía a estos dos o simplemente tirarlos por la ventana. – Quería verificar que no fueras a matarlo o a propasarte. – " ¿QUE?" – Quiero decir, me imagino que tu serias el más cercano a conejito. Sho-chan también estaba preocupado…
- Una preocupación valida. – Emma asintió con una mano en el mentón, pensativo. – Y-
Byakuran dejo de masticar, en asombro, y luego en terror ante la mirada oscura que le otorgo el Décimo Vongola con la sonrisa más falsa que hubiera visto. Con un Emma adulto en el suelo y sobándose el cachete, el cual tenía un gran rojo del golpe que le habían propinado y lo hizo volar fuera de la cama…
- Saluda a Sho-chan de mi parte, ahora lárgate Bya-kun. - ¿Cómo no obedecer tal orden en tal situación? – Si alguien más de la familia los oye, y se lo cree, será muy divertido, cierto. – Tsuna ya lo había vivido, pero como bromas. Nadie en verdad se lo creyó. – Y también será un dolor de cabeza. A ti nunca te dejaran acercarte, si no te matan. – Emma pestañeo como un búho, comenzando a sonreír. – A ti querrán matarte cada vez que hagas una de estas bromas. – Byakuran trago pesadamente. Tomo otro malvavisco. – Y a mí nunca me dejaran tener siquiera una cita. – Entre otras cosas. Reborn nunca se lo dejaría olvidar. Nadie se lo dejaría olvidar.
- ¿Qué quieres que uno piense cuando están tan juntitos? – Byakuran ya se iba, conejito ya estaba molesto y… era mejor no estar presente cuando se diera cuenta que había caído en una trampa. – Y con las luces apagadas y la ropa revuelta. – Dicho esto, salto lejos de la ventana. Estaba seguro que Emma la completaría.
- No había pensado en eso… - Emma sabía muy bien que esta clase de comentario no sería bienvenido, ¿pero cómo no hacerlo? – No quisiera pasar una noche apasionada como esta con nadie más que tu Tsu~ - Incluso movió las cejas sugestivamente.
- No me hace gracia. – La mirada de muerte lo decía muy bien. Emma sabía que no era en serio, que no iba a morir. Había que sacarle diversión a las cosas estúpidas, eso o perdían la cabeza. Si no puedes con ellos, úneteles. - ¿Cuántos años has estado esperando para hacer todo esto?, Sho-chan no envió Bya-kun. – Y allí estaba la última confirmación de que en verdad era su Tsu.
- Es un castigo muy leve, si me preguntas. – Emma se encogió de hombros como no quiere la cosa. – Ha pasado mucho tiempo Tsu, ¿te importaría explicarte antes de que te obligue? – Lo calvo en la cama con sus llamas. Un gesto innecesario de muchas formas, porque Tsu podía escaparse.
En esta ocasión dejaba en claro que no estaba de ánimo de bromas. Ese momento ya había pasado y solo era para confirmar que en verdad fuera su Tsu y no fuera el Tsu de esta época. Bueno, era más para no estallar y hacer algo de lo que se arrepentiría después. Eran años queriendo ahorcar a la persona que tenía justo al lado. Y no estaba solo, había una larga fila queriendo hacer tal cosa. Unas merecidas respuestas era lo menos que Tsu podía darle por todo el mal trago.
- Cualquier cosa que te diga puede ser considerado una mentira. – Ah. ¿Por qué seria? – Supongo que no quería que me vieras. – No había sorpresa, no había rabia, no había nada más que resignación. A Tsu le valía un colmillo la amenaza bajo la cual estaba.
- ¿Por qué? – Emma no estaba feliz, no aceptaría una respuesta tan simple.
El silencio, el horrible silencio por tantos años tenía que tener una explicación más compleja que un simple "no quería que me vieras". Tsuna no solo ignoro las llamadas, los mensajes… sino que también cerró las puertas a prácticamente todo el mundo. Eso, por sí solo, decía mucho y al mismo tiempo decía nada. No era nada personal, a ese punto era más que obvio que no era personal, pero a veces no podía evitar sentirse como si lo fuera. Por tanto tiempo se preguntó que podría haber pasado para que Tsu se negara hablar o verse con nadie, incluyendo a su mejor amigo. Tsu nunca fue así, nunca, así que…
- ¿Por qué? – Volvió a preguntar, limpiándose el mentón y sonriendo internamente ante el hecho de que el golpe había sido lo suficientemente fuerte para sacar sangre. - ¿Que hubiera visto Tsu? – Se levantó y se sentó en donde estaba antes, debatiendo si lo soltaba o no. - ¿Que querías que nadie viera? – Si es que era "ver".
Era la pregunta correcta, pensó tardíamente recordando las palabras de Reborn, viéndose con alguien demasiado cerca cuando no debería ser posible. El Décimo Vongola no estaba feliz, estaba molesto, estaba escrito en su cara. Lo que dijo fue más fuerte que eso:
- Emma-kun, ¿no crees que es mejor no saberlo? – Suave, tranquilo, extrañamente oscuro y pesado. – Después de todo, las únicas personas que vieron se alejaron de mi sin dar al menos una explicación. – Un hecho, como si hablara del clima. Tal cosa hacía las palabras más oscuras de lo que se podría imaginar.
Las posibles personas a las que Tsu se podía estar refiriendo era a sus guardianes, eran los únicos que sabían toda la historia junto a la persona que tenía en frente. Antes de poder procesar bien toda la información, fue tomado del rostro por dos manos que, en un principio, estaban muy tranquilas. Era un error, temblaban levemente, casi de forma imperceptible.
- Las mismas personas que siempre han estado allí, a las que he protegido con mi vida y a las que he complacido en muchas cosas… - Esos ojos se volvieron muy peligrosos. Este tipo de mirada era una que había aprendido a no retar, a obedecer, porque era la misma mirada que Tsu empleaba cuando estaba al borde y algo, lo que sea, iba a estallar. Era la misma mirada que Reborn usaba cuando advertía en silencio que una sola acción equivocada y habría consecuencias atroces. Rara vez se veía en Tsuna, pero era la misma. – Cualquier cosa que te diga es mentira Emma. – El peligro bajo, pero no por mucho: - No quería ver a nadie, no quería que nadie viera el desastre que soy ahora, no quería que nadie se metiera en algo que no tiene remedio y mucho menos quiero que vengan a decirme que debo y no debo hacer. – Finalmente: - No soporto estar solo Emma-kun, lo sabes muy bien. Si las personas que me conocen mejor mejor que nadie huyeron de mí, ¿ por qué no lo haría tú también? – Una leve sonrisa muy fría, nada alegre. – No quería que vieras al mismo monstruo que ellos ven, y si no lo hacías no quería tu lastima. En resumidas cuentas, claro está.
Fue soltado y Tsuna le dio la espalda, un gesto que hablaba más de confianza que otra cosa y que hace mucho no le daban importancia. Tomo una respiración profunda para calmarse y no decir una tontería como la que tenía justo en la punta de la lengua.
- ¿Realmente crees que me importa lo que pudieras haber hecho? – Esto era mejor que decir: ¿crees que eres el único que ha matado? – No soy ellos. – Recalco con amargura, mucha amargura. – No soy ellos, Tsu, no soy ellos… - En que momento lo había abrazado no lo sabía y no importaba.
¿Realmente tenia tanto miedo de que lo rechazara como para preferir cortar todo lazo…?, a quien engañaba. Primer asesinato implicaba un estado emocional inestable. No hubo ningún favor en que lo dejaran solo de tal forma, en que huyeran en un momento tan delicado. Si ya no tenía un estado emocional inestable, iba a tener uno a como dé lugar al verse solo de tal forma. No debieron irse, mucho menos en una situación así. Cuando los viera iba a volarles la cara. Luego sus propios guardianes podían hacer lo que quisieran con ellos. Había un libro por ahí que estaba seguro que eran puros métodos de tortura y venganza del que se hizo la vista gorda. Le darían un buen uso, esperaba. Algo como esto no podía dejarse sin castigo, y si Tsu no planeaba hacerlo, entonces…
- No… - Hizo una doble toma. ¿Acaso…? – Sé que no eres como ellos… - No, no eran imaginaciones suyas. - Pero no sé qué haría si alguien más huyera de mi… - Así que esto era parte de la verdad, ¿eh? – Soy un desastre Emma, un completo desastre… - Obviamente, obviamente Tsu…
- Me debes. – Medio bromeo, ajustando su agarre y maldiciendo internamente a todos los idiotas que iba a volarles la cara. - ¿Por qué no vives con nosotros?, la familia Simón no es tan mala, ¿sabes? – Y solo por no ser particular y porque sabía que Tsu no querría: - Es mejor que Varia, el reino de los malvaviscos o el lugar de Dino en donde todos se visten igual. – A la final: - Tienes muchos lugares de donde escoger, sabes muy bien que nadie te rechazaría… - Todo lo contrario, mas bien. – Vongola no es tu único hogar. – Le recordó en voz baja.
Nadie iba a negarle a Tsu un lugar en su familia. Nadie en su sano juicio, en realidad. Poderoso, influyente, habilidoso. Solo con eso cualquiera lo querría. Tan conocido como era y tan aclamado por ser tan bondadoso y todo lo que había hecho… tenerlo era más que un premio. No cualquiera lo rechazaría. Daria un montón de alarma y muchas malas señales, pero nadie diría que no. Después de todo, era el Décimo Vongola de quien hablaban. Algo tendría que estar muy mal para que el jefe de una familia tan poderosa dejara ese puesto y quisiera irse a otra familia, fuera cual fuera. Sería la mancha más grande que podría tener Vongola, una que no se olvidaría, eso era seguro.
Olvidando todas las consecuencias y demás políticas… Tsuna no tenía por qué quedarse en un lugar donde era infeliz. Ya sea por un tiempo, ya sea por siempre, podía irse. Podría disolver o destruir Vongola. Tsuna podía moldearla, podía unirla con otras familias… podía hacer mucho. Y aquí estaban… tres años en los cuales no había ni mostrado su cara, todo por… Cielos, si esto salía iba a ser todo un desastre. Que gran problema habían traído esos tontos y que gran contrariedad traía Tsu… En lugar de castigarlos, en lugar de ponerlos en su sitio, de quitarles sus anillos o matarlos como debió…
- No quieres dejarlos ir, ¿eh? – No le sorprendía. En nada. – No tienen idea de lo que hacen… - Se lamentó, sin ser sorprendido porque Tsu le asintiera y no le dijera nada.
Reborn, Nono y el resto podían decir lo que quisieran. Siempre le enseñaron a Tsuna el valor de la familia, de la lealtad. Por supuesto que ahora iba a ser así. Si había algo que Tsuna era y que había aprendido era que Tsu era muy, muy, muy apegado. La familia era irremplazable, era única, era importante. Tomando en cuenta que sus guardianes eran los primeros… por supuesto que no querría otros y que no querría que les hicieran nada. Familia era familia.
Con todo y todo, Tsuna no quería perder a quienes amaba. Negación o no, Tsu no debía de entender que esa gente ya no podía ser considerada familia.
- Ohana significa familia, y tu familia nunca te abandona... – Murmuro para sí mucho después, recordando aquellas veces en donde Tsu le hizo ver esa película de extraterrestres.
Tsunayoshi Sawada no debía de aceptar que su familia lo había abandonado y por ello ya no era familia. Negación rotunda que no iba a irse. Lo sabía muy bien y no podía molestarse con ello, porque sabía que internamente Tsuna sabía todo esto, pero prefería ignorarlo. Después de todo, Tsu tenía razón en algo: si las personas que más lo conocían y que siempre habían estado allí eran capaces de dejarlo solo así de tal forma… ¿que detenía a los demás que no lo conocían por tanto tiempo o no eran tan cercanos?, y ni siquiera estaba contando el simple hecho de que Tsu no tenía amigos como tal. Más que amigos, muchos eran relaciones de trabajo o relaciones políticas, como lo era Dino y Xanxus. Él era una excepción, y no sabía si Tsu lo veía así o no ahora.
El saber que esto era un problema que llevaba cocinándose desde hace más de una década le dejaba un mal sabor en la boca y mucha impotencia. Sería solo suerte la realidad en donde este problema nunca se presentará, nunca se anunciará. Ahora solo tenía que volarles la cara y luego sacarles su versión a esos idiotas. Daba mucho que pensar que aquellos que siempre fueron sobreprotectores al punto de rayar en incomodidad y molestia pura con Tsu huyeran como sabandijas ante algo imposible de evitar en el mundo de la mafia. En la mañana le sacaría más conversación, más respuestas a Tsu. Tenía mucho que pensar…
Los recuerdos de todas aquellas veces en las que él y Tsu tenían que esconderse de los guardianes del Decimo Vongola para poder tener privacidad o simplemente salir y divertirse eran otra cosa que no podía evitar. Sus propios guardianes no eran ni la mitad de sobreprotectores que los de Tsu. Eso, claro, cuando sabían que solo estaría divirtiéndose con Tsunayoshi. Siempre creyó, junto con sus guardianes, que esa gente en verdad no lo perdono o no le tenían la suficiente confianza con su Cielo. Ahora tenía sus dudas. Después de todo, Tsuna los perdono y estaba más que cómodo con ellos. ¿Por qué sus guardianes no cuando el mismo Reborn no se preocupaba?
- Porque eran unos celosos. – Pestañeo varias veces, perplejo. – Si, lo dijiste en voz alta. Y no, solo me acabas de despertar accidentalmente, ya sabes como es. – Oh sí, sí que lo sabía, pero nunca se acostumbró.
- ¿Celosos? – Pregunto para clarificar. Tal palabra no se le hubiera pasado por la cabeza…
- Es lo que Reborn una vez me dijo cuándo le pregunte porque no podían dejarme en paz si salía con alguien. No solo eras tú Emma. - ¿Eh? – Xanxus no les paraba, Dino los entretenía, Bya-kun les cerraba la puerta en la cara y secuestraba mi teléfono, y así… - ¿Básicamente era el único que si les paraba? - En fin, Reborn dijo que eran celosos y algo sobre que tenía que demostrar que podía cuidarme solo y que no los cambiaría por nadie. – Un leve silbido burlón. – Mas fácil decirlo que hacerlo, todos siempre escuchan lo que desean oír… - Esto último prácticamente goteaba veneno. – Y como el resto de la mafia me la aplico, ya te imaginaras que eso empeoro… ¿me sueltas?, tengo que ir al baño y te recomiendo que duermas porque va a ser un día movido… - Hubo algo más, pero fue tan bajo que no logro oírlo.
Menos mal y apago la luz con un lápiz o también le hubiera sacado eso. Caray. Le sonaba más a que Reborn le tiro una mentira blanca a Tsu con esto y ambos lo sabían. Más que celos diría inseguridad por esas líneas. Pauso en este pensamiento y quedo frio. Un par de sus guardianes tenía la idea desde hace tiempo que la familia Vongola no estaba bien unida en sus cimientos más importantes, pero…
- No vas a decir nada, ¿sí? – Jamás lo creyó. Eran muy unidos como para que… - Ya es lo suficientemente malo que me vayas a acribillar tú también, no atormentes a nadie de esta época, ¿quieres?
Asintió por fuera mientras que por dentro se llevó las manos al pelo y jalo. Los guardianes huyeron por miedo, miedo a que era la cosa. De una forma u otra, ellos tuvieron que saber subconscientemente que había un problema con Tsuna y por ello la sobreprotección tan fea. Después de todo, nadie estaría tan pendiente de alguien más si no creyera que en verdad hiciera falta. No era solo capricho. Quizás…
- Ne, Tsu. – Una pequeña prueba. Solo una. - ¿Alguna vez les dijiste a alguien más cuan molesto estabas cuando sin querer rompieron tu moto? – Fue un regalo, uno de parte de Reborn… eso no termino bien para nadie, la verdad.
Tsu pauso, a punto de acostarse. No se molestó en agacharse y se dejó tumbar. Era una cama muy pequeña para ambos, pero entendía perfectamente que Tsu ya no quería saber nada más.
- ¿Para qué? – Esto era muy diferente al "no" que esperaba. – No hubiera importado, nunca lo hace. Además, era solo… - Pauso, Tsu pauso. – No, no era solo una moto, papá me la dio… - ¿Qué?, ¿había dicho papá? – Emma-kun, no sabían y si les hubiera dicho no hubiera cambiado nada. – Dicho esto: - Buenas noches, mañana es movido y no te estoy incluyendo a ti. – Caray. Que cumplido.
No lo diría en voz alta, pero tenía sentimientos mixtos con esa respuesta. Había esperado un simple no y que le cambiara el tema o no le dijera nada. Si hubiera dicho algo no hubiera cambiado el destino de la moto, pero si creía que hubieran cambiado otras cosas y no simplemente por la paliza que cierto asesino les había dado a todos los involucrados. Más que eso, ¿cuántas cosas Tsu se había callado?
- Que problemática… - Murmuro para si en voz baja. ¿Como el Reborn de su tiempo no vio esto?
No iba a poder dormir, no sin ayuda. No había usado pastillas para dormir en meses. Bueno, valía la pena. Iba a sacar todas las respuestas posibles. Luego iba a marchar hacia Vongola y a volar cosas. De por si lo iba a hacer, ahora solo tenía más ganas de hacerlo. ¿Quién diría que una visita al pasado sacaría tantas cosas que harían nadar su cabeza tratando de darle sentido?, era menos doloroso caer en tus propios pies.
Despertó muchas horas después gracias a los rayos del sol. Más que el sol, fue un martillo gigante y se preguntó, no por primera vez, como Tsu había sobrevivido años con un tutor sádico del más alto nivel como Reborn.
- Vas a llegar tarde a la función. – Reborn ni siquiera lo miro, haciendo algo en su celular. – Allí tienes ropa y todas las cosas que podrías necesitar. – De lo más natural, como un noticiero hablando del clima. – Esperemos que llegues a quedarte lo suficiente para ver lo que viene, Emma. – Dicho esto, el mejor asesino a sueldo del mundo salto por la ventana.
Típico. Llegaba, anunciaba el Apocalipsis y se iba. En ese orden, y en completa calma. Le recordaba muy bien a cierto chico cuando…
- Perdón por la tardanza, algo voló en pedazos otra vez y allí se fue el carro también. – No había entrado bien el Décimo Vongola cuando ya se estaba disculpando. Eran solo 10 minutos de tardanza, pero Vongola nunca llegaba tarde a nada. – Tuve que venir en taxi y el taxi se perdió. He dado más vueltas… - ¿Qué?
- Lo siento Tsuna-kun, ¿acabas de decir que llegaste en un taxi? – Que le dijera que había oído mal. Que por favor le dijera que había oído mal…
¿Quién demonios usaba un taxi para llegar a una reunión de mafiosos?, no ofrecía ninguna clase de protección, era mal visto, era un increíble riesgo, jamás te dejarían olvidar la vergüenza, y lo más probable era que el conductor recibiera un balazo en la frente cuando estuviera en el rango de los francotiradores. Era parte del protocolo.
- Tuve que tomar un taxi. – Internamente se palmeo la frente y las risas y burlas no demoraron. Al menos todos eran familias aliadas. – De otra forma aun estuviera esperando a que se arreglara un transporte sustituto. – El Décimo Vongola sonrió como si no pasara nada malo.
Tal cosa, tan buena y linda cara en una situación así, no presagiaba nada bueno. Fue suficiente para que las risas se apagaran al menos.
- ¿Y Gokudera-san? – Cierto. No había nadie con Tsuna… - ¿No siempre viene contigo? – Pues sí, concordaba con Dino. Ese hombre nunca se despegaba del Decimo sin una buena razón y aun así…
- Arreglando el transporte, las reparaciones, las casualidades y el cementerio. – Una pausa, como si contemplara algo. – Creo que hay que expandir el cementerio o conseguir uno extra, al ritmo que vamos tendremos que cremar y no soy fan de conservar cenizas… - Casual, para nada sutil, como si no estuviera hablando de un tema grave.
- Bromeas, ¿cierto? – Ay Dino. No creo que este bromeando…
- ¿Que tantas causalidades basura? – Esa era una pregunta cuya respuesta no prefer-
- Los Gizmos. – Con tal expresión casual, era fácil creer que había oído mal. – La familia entera, para el viernes a más tardar. – Como si no acaba de anunciar un exterminio: - Ah y, posiblemente todos los que estamos en estas instalaciones en aproximadamente 15 minutos. – Abrió una ventana mientras decía: - Es un gusto verlos a todos, nos vemos la próxima semana, cuídense todos. – Salto por la ventana.
Y así, el Décimo Vongola abandono las instalaciones, como si no acabara de anunciar una guerra. Sin dar razón alguna, por cierto.
Su predicción se cumplió a los 15 minutos gracias un conjunto de guardianes poseídos sedientos de sangre. No hubo casualidades aparte de los pobres idiotas que se resistieron. Y los Gizmos. Eso era lo de menos.
- Reborn es una mala influencia. – Murmuro en voz muy baja, tratando de no reír.
La razón de esa catástrofe era algo estúpida, porque tenía solución pacífica. Muchas disculpas y mudarse del país tal vez, pero era una solución pacífica. Xanxus aun sonreirá sádicamente al recordarlo, alguien que disfruto meterse en el baño de sangre porque sí. Alguien de los Gizmos, no sabía quién a estas alturas, se reunió con el Décimo antes de la otra reunión. Tsu, siendo quien era, ofreció llevarlo a las cercanías de su territorio y así llegaría antes a informar los resultados de la reunión. Toda la tentativa de una alianza se fue al demonio porque ese sujeto sin nombre se propaso con el Décimo delante de dos de sus guardianes.
Uno de dichos guardianes era Lambo, quien no tenía regulador de voz cuando pasaban cosas descabelladas. Asi que, en resumidas cuentas, todo escalo en cuestión de segundos y un sujeto sin nombre destruyo todo el trabajo para una alianza y más al molestar a los guardianes del Decimo Vongola al punto del no perdón. En esos mismos segundos, Tsuna se escapó de la limusina, pidió un taxi y se desentendió del asunto porque no había forma ni manera en que pudiera alterar el pandemónium que se formó solo porque un sujeto sin nombre se acercó demasiado, ignoro la advertencia, y tuvo las agallas de poner una mano sobre un muslo ajeno de forma muy sugestiva con ciertas palabras que mejor no eran repetidas.
No había salvación alguna se hiciera lo que se hiciera, y Tsu no iba a explicar delante de nadie, excepto Reborn, que se habían propasado con él y sus guardianes habían declarado exterminación en segundos. Tampoco iba a decir que se escapó y pidió un taxi en lugar de volar o ir por su propia cuenta para obtener un poco más de tiempo para salir de todo lo agendado y desaparecer a solo Dios sabe dónde por una semana.
No culpaba a Tsuna por escapar, porque Reborn apareció a la hora con toda la información a mano y pues… no quedo nada de esa familia para el final del día. Todo por culpa de un sujeto sin nombre. Era culpa de esa familia por no enviar a alguien decente, en su humilde opinión. Hubiera sido el mismo resultado si le hubiera pasado a él. Excepto por la desaparición de todo una semana o el entrenamiento infernal que siguió. Las burlas familiares eran ineludibles, no importa a quien le hubiera pasado.
- ¿Estás listo? – Esta era otra persona a la que iba a acribillar.
- Hey Dino. – Luego castigaría a Tsu por no despertarlo e irse sin decir nada. Entre otras cosas.
Por ahora tenía a alguien a quien castigar y acribillar. Sin un orden especifico, claro está. Lástima que no tenía idea de cuánto tiempo iba a poder estar en el pasado…
- ¿Que se supone que vamos a ver hoy amigo mío? – Mas le valía darle una respuesta satisfactoria.
No llevaba 24 horas en esta época y ya más que quería causar el fin del mundo. O de Vongola, si se quería ser específicos, pero esos eran meros detalles. Así que, ¿cómo Dino podía estar aquí tan tranquilo?, debía de tener más tiempo y saber más. No creería la mentira de que Dino no era tan sanguinario como Xanxus si tenía la razón correcta…
- Oh, no mucho, la verdad. – Esto fue sarcástico, el rubio rodo los ojos y siguió: - Es solo que la clase de Tsuna va hacer una obra y un café con la temática de la vida de Tsuna con nombres cambiados. – Pestañeo varias veces, ¿acaso había oído…? – Si, oíste bien. Y adivina quien va hacer el papel de Bya-kun, pero Reborn ya debe de haber cambiado los papeles~
- No, Tsu no va a aparecer. – No por voluntad propia. Dios, esto iba a ser gracioso. - ¿Cómo termino en eso…?
Era una historia bastante interesante para pasar el tiempo en auto y luego en la espera de que fuera hora. Por más interesante que fuera, igual no salvo a su amigo de un buen golpe en el estómago. Dino ni siquiera se molestó en esquivarlo.
- No es culpa mía, ¿cómo te avisaba? – Dino ni siquiera sonó molesto, estaba más divertido y dolido que otra cosa. – En fin, voy a ir a esa mansión tan pronto regrese. Si tengo suerte, Reborn me pondrá al día, o tú. – Arqueo una ceja ante esto.
- ¿Ponerte al día?, será que tú me tienes que poner al día a mí. – Dino siempre fue algo quedado, ¿no es así?, incluso con Romario - ¿Cuánto llevas aquí de todos modos?
- El tiempo suficiente. – Traducción: si te digo me matas. - ¿Tienes alguna idea de dónde queda el salón de Tsuna?
- Dime que es una broma, una mala broma. – Sin molestarse en esperar una respuesta, paso a los hombres que los seguían de cerca porque sin ellos su jefe era nada y se lo podía llevar el viento si se descuidaban. – Díganme que al menos uno de ustedes sabe a dónde vamos.
¿Alguna vez había dicho que Romario era un salva vidas?
