Mientras atravesaba la segunda planta del Club Red Sky ataviada con el largo vestido color rubí que se ajustaba a su cuerpo como si de una segunda piel se tratase delineando cada una de sus curvas y movimientos, Octavia Blake sintió los láseres destelleantes iluminar intermitentemente al ritmo de la sensual y estridente música cada pequeño rincón del enorme lugar incluyéndola a ella.

El corazón le latía con tanta fuerza bajo el ajustado y prieto corpiño del vestido que creyó que en algún momento este iba a romperse y a ceder dejando al aire su piel.

Dios, estaba tan molesta. Tan enfadada con Becca Pramheda, su jefa por mentirle y meterla en aquella encerrona que abrirse paso entre la multitud de cuerpos que bailaban en la pista del reservado apenas supuso problema alguno para ella.

Cuando llego a la sección VIP, Otis uno de los gorilas más callados y robustos del club apartó el cordón negro y aterciopelado dejándola pasar nada más verla aproximarse y la saludo con un serio gesto de cabeza.

Octavia que ni se percato atravesó la extensa alfombra que separaba a cada lado los oscuros y cómodos reservados en su mayoría ya ocupados y se dirigió directamente al fondo del lugar atravesando un oscuro y largo pasillo, abriendo de golpe la puerta del despacho de Becca sin siquiera llamar.

—Sabías que la reunión era hoy y no mañana, me has mentido —le espetó con dureza Octavia nada más verla al otro lado de la mesa disfrutando de una copa de caro champan frente a la enorme cristalera que le daba acceso a la visión de la planta más baja del club.

—De saberlo no habrías venido —replicó Becca sin perder las formas llevándose la copa a los labios para beber un poco más antes de volverse hacia ella dejándola sobre su mesa caoba—. Habrías buscado y recurrido a cualquier excusa para eludir un compromiso así.

Octavia se dispuso a contestarle realmente enfadada pero Becca la interrumpió.

—Y te recuerdo que Russell también es un importante socio e inversor en este club —le recordó sin apartar sus ojos de ella comprobando como le quedaba el atuendo elegido por Russell una vez más—. Él paga tu sueldo tanto como yo, Octavia y sería un despropósito caer en desgracia por una torpeza así. Tan solo quiere que le atiendan bien y disfrutar de una agradable velada en buena compañía en el club mientras atiende a uno de nuestros socios, ¿es tanto pedir para ti?

Octavia que sentía la rabia, la impotencia y el enojo recorrer cada centímetro de su cuerpo bajo la piel, notaba su pulso acelerarse por momentos a sabiendas que en parte Becca llevaba razón.

Russell también era dueño del club y tenía todo el derecho a exigirle a ella o a cualquier otra atenderle amablemente durante su estancia en el club, pero no le cabreaba eso.

Le cabreaba el hecho de que Becca le hubiese mentido al respecto a sabiendas que Russell no era un tipo cualquiera y que a Octavia no le agradaba la idea de estar demasiado cerca de él.

—Ve al baño, tranquilízate un poco y recomponte, luego ve a dar con él. Nikki está con ellos en el reservado de siempre —le dijo Becca sentándose cómodamente en el amplio sillón tras su mesa, quitándose uno de los zapatos de tacón para masajearse los pies—. Yo iré después.

Octavia apartó la mirada chasqueando la lengua al tiempo que se dirigía a la puerta abriéndola de lo más irritada a sabiendas que discutir con ella jamás valía para nada y se dispuso a cerrar de golpe.

—Ah, Octavia —la llamó Becca levantando la mirada por encima de la mesa con una amable sonrisa—. Da las gracias a Russell por el vestido, lo ha escogido personalmente él para la ocasión.

—Que te den —le respondió Octavia arrastrando las palabras ante lo que le parecía más una burla que una recomendación antes de salir por la puerta cerrando de lo más indignada.

Becca que la vio marchar sin perder la sonrisa bajo la mirada nuevamente a su pie sin dejar de masajearlo ya que el zapato parecía haberle hecho algún roce antes de ladear la cabeza hablando para si.

—Cuanto potencial desperdiciado... —se dijo a si misma en voz baja con cierta insatisfacción, de tener diez o quince años menos, la cara y el cuerpo de Octavia y el favor de Russell, probablemente le tendría arrodillado a sus pies y se habría hecho con el club y al menos con la mitad de sus propiedades, Octavia era idiota por no aprovechar eso, completamente idiota.

Continuara...