¿Quién da fondos al señor Tenebroso?

Nota de autor: ¿Adivinen qué? Ya van 62 veces en las que he negado esta historia. Sigue siendo propiedad de la hermosa, diosa, poderosa y creativa Moonsing, mientras que el mundo le pertenece a J.K Rowling.

"La vida es graciosa. Las cosas cambian, las personas cambian, pero tú siempre serás tú, así que permanece fiel a ti mismo y nunca sacrifiques eso por los demás"

Zayn Malik

REMUS:

La última semana de escuela antes de las vacaciones de Navidad se pasó volando en una mancha de empacar maletas, revisar la tarea para vacaciones y peleas con bolas de nieve. Posiblemente lo único medianamente notable fue que, tras el éxito de "Operación lluvia de comida" y armado con una cara sin imperfecciones, Peter finalmente tuvo el coraje para invitar a Doreen Short a salir, quien (No para sorpresa de nadie, porque como Sirius había dicho cruelmente a Remus y James, la chica no iba a ser invitada por nadie más a menos que tuvieran fetiches con los bigotes) dijo que sí.

Una cita ilegal en las cocinas, dos días de cogerse de las manos entre clases y el que intercambiaran direcciones para mandarse cartas dejó a Peter con renovados espíritus para las fiestas.

Remus, por otra parte, no sabía cómo sobreviviría a dos semanas sin Sirius. Los Merodeadores habían acordado encontrarse la última semana en la casa de Peter, pero era un tiempo demasiado largo para los estándares de Remus.

En el lado bueno, podría ver a Neil y Angela. Era maravilloso el bajarse del tren y verlos esperando con los otros padres. Le hacía ver que por fin pertenecía a una familia tras tanto tiempo. Incluso cuando los saludó de la forma más normal que podía un quinceañero, esperaba que denotaran la felicidad en sus ojos.

— Entonces ¿Qué planean hacer el resto de los busca problemas por vacaciones? —Neil preguntó, esperando en la fila para usar la red flu.

— Sirius se queda con los Potter —Remus comentó— Y Peter también va a casa. Nos veremos allí en la última semana.

— ¿Qué no lo visitan sus familiares muggle? —Indagó Angela, tendiéndole algunos sickles al empleado de la estación.

— Sip. No creo que sus padres se den cuenta en el embrollo que se están metiendo al invitarnos, honestamente.

Neil dejó salir una risa: — Los compadezco. Vas primero, Remus.

Remus atravesó las verdosas llamas y apareció en la sala de la casa de Angela y Neil. Acostumbrado a los lujos de Hogwarts, Remus a veces olvidaba lo humilde que era la casa de sus padres adoptivos. Pese a que siempre se encontraba limpia y ordenada, los muebles eran viejos al haber sido comprados en tiendas de segunda mano en el callejón Diagon y el Londres Muggle.

Sin importar lo anterior, la casa entera emanaba dulzura y comodidad. Un árbol de navidad se encontraba de pie al lado de una ventana, brillando en rojo, verde, dorado y plata, con una serie de decoraciones mágicas y luces muggle. Debajo, una pequeña pila de regalos estaba cuidadosamente envuelta.

— Pensamos en ponerlo hasta que llegaras de la escuela —Angela le avisó— Pero las clases terminaron un poco más tarde, así que dedujimos el que disfrutarías llegar con la casa ya decorada.

— Está hermoso —Remus le informó, viendo alrededor y sintiendo el calor dispersarse por su cuerpo— Siempre soñé con navidades así cuando era pequeño.

— No hay muchos regalos —Neil añadió— Estamos un poco cortos de dinero. Pero Angela tiene planeada una gran cena de Navidad, en la que tú tienes prohibido ayudarle a preparar bajo cualquier circunstancia.

— ¡Oye! —Remus fingió darle un puñetazo a Neil, el último esquivándolo ágilmente y riendo con aquella sonrisa traviesa que lo caracterizaba.

— ¡Tendrás que hacer un mejor esfuerzo, pequeño!

Angela rodó los ojos y se limitó a encender la chimenea. Entonces, Neil y Remus se arrojaron al suelo mientras continuaban molestando, con ella yendo a la cocina para alistar la cena. Pronto la casa entera olía al pastel casero, una nueva capa de nieve cayendo afuera, el aire oliendo a Navidad.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

El día de Navidad pasó, como Remus deseaba, cual cuento de hadas. No hubo muchos regalos, pero estaban escogidos con verdadero cuidado y eso los hacía mucho más preciados. Remus escondió las cintas de canciones Muggle que le había enviado Sirius, acompañadas por la carta más romántica que Canuto podía escribir. Remus agradecía que la carta no hubiese sido un vociferador. No estaba listo para decirles a Neil y Angela sobre su relación y una carta romántica sería demasiado reveladora.

Fue dos semanas después cuando el cuento llegó a un final abrupto, con ningún "Felices para siempre" a la vista. La causa de salida a la realidad vino en forma de un El diario el Profeta a la mañana siguiente de haber abierto los regalos.

— Suceden cada vez más frecuentemente —Neil anunció durante el desayuno, Angela sirviendo el hígado en los platos mientras que Remus masticaba felizmente una tostada. Saltó cuando uno de los bolsillos de Angela intentó arrebatarle la tostada, intentando consumirla antes de perder la pelea. Una cosa a la que nunca se acostumbraría era el excéntrico sentido de vestir de Angela.

— ¿Qué es más frecuente? —Preguntó Angela, alejando la mano de Remus de su bolsillo y sentándose con su esposo.

— Mira esto. Tres ataques nuevos contra Muggles en tan solo dos semanas.

— ¿Ataques? —Remus preguntó. Con todo el drama que había pasado, a duras penas se le ocurría leer el periódico— ¿Por los seguidores de ese mago oscuro? ¿Voldemort?

— Sí —Angela intercambió una mirada con Neil— ¿No has oído al respecto en la escuela?

— No he tenido muchas oportunidades para leer el periódico. ¿Por qué? ¿Por qué me miran de esa forma?

— Bueno, de acuerdo a varios artículos, trata de reclutar niños. Muchos dicen que varios estudiantes están uniéndose. Particularmente sangre puras. El hombre lucha por la supremacía de la sangre pura.

Remus dejó de comer inmediatamente, la memoria de James comentándole la discusión con Dumbledore en la oficina tras el error de Sirius viniendo de regreso. Dumbledore había amenazado al joven Slytherin diciendo que les contaría a las personas lo que planeaba hacer aquella noche de revelarse el secreto de Remus. El estómago de Remus se revolvió al darse cuenta de la verdad.

— ¿Qué están diciendo ahora? —Preguntó— ¿Voldemort se está fortaleciendo? ¿Por qué los Aurores no hacen nada al respecto?

Neil le dedicó una mirada dura: — Por supuesto que hacemos algo, pequeño. No es nada de lo que debas preocuparte. Cómete el hígado antes de que se enfríe. Angela en serio se superó a sí misma. Usualmente sabe a concreto mojado.

Pero Remus no pudo olvidar la conversación, particularmente por las reacciones de Neil y Angela. Cada vez que trataba de volver a tocar el tema, ellos lo cambiaban ágilmente a otros que no tenían nada que ver. Finalmente, incapaz de poder dormir aquella noche, Remus salió de la cama y se escabulló a la cocina. Abrió la alacena, alumbrando con su varita. El alivio lo invadió al darse cuenta de que los periódicos viejos estaban donde siempre, apilados bajo algunas cajas, justo al lado donde guardaban las papas.

Se arrodilló junto a la pila, tan silenciosamente como pudo, examinando todos los periódicos de forma que pudiera recoger la información que contenían, todo lo que Neil y Angela le ocultaban.

...Dos ataques más en regiones Muggles al este de Sussex. Los Aurores sospechan el que las víctimas eran muggles con parientes pertenecientes al mundo mágico...

...Seguidores del Señor Tenebroso se rumoran que crecen cada día. Se dice que su objetivo es construir un ejército...

...Pese a que toda la evidencia indica lo contrario, el jefe del departamento de Aurores del Ministerio de Magia ha asegurado el que la situación se encuentra bajo control. Cuando le preguntaron por qué los ataques contra Muggles y nacidos de Muggles se intensificaron, dijo que...

...Nuevos reportes de Gringotts indican el que varias familias y personas con poder han estado donando fondos a la causa perseguida por Voldemort. Los duendes dueños del banco se rehúsan a que los Aurores registren sus instalaciones debido a que...

...Varios dicen que simplemente con decir el nombre de Lord Voldemort, siendo este un mago tenebroso tan fuerte, una maldición cae encima de la persona que lo nombra y todos los que ama. El Ministerio de Magia ha calificado esta idea como "Una ridícula forma que usan los fanáticos desocupados para incentivar el pánico alrededor del mundo mágico"...

...Nueva evidencia confirma que Lord Voldemort está reclutando criaturas oscuras en su camino al poder. Aurores interceptaron emisarios que iban de camino a negociar con los gigantes en montañas de Escocia, además de las pruebas en donde confirman la participación de Hombres Lobo en sus filas bajo promesas de una posible poción poderosa que les ayudaría en sus transformaciones para obtener mejores derechos en su especie, con un nuevo régimen que les permita dominar el mundo mágico. Preguntamos a nuestros lectores ¿Qué consideran que debería hacer el departamento de Aurores para prevenir el que este malvado hombre conforme una sociedad donde criaturas oscuras como los Hombres Lobo, híbridos y gigantes gocen de los mismos derechos que un ciudadano normal?...

Remus cerró los ojos y se sintió enfermo al leer el último artículo. Se odiaba por haberse emocionado cuando leyó que Voldemort quería darles pociones. Odiaba el que una parte de sí mismo disfrutara como los Aurores no podían controlar al hombre que prometía igualdad de derechos para criaturas como él. Especialmente tras leer las opiniones que el periodista y las personas tenían al respecto.

"Pero sé la verdad" pensó con fiereza "Conozco a los hombres como Voldemort. Mi padre era como él. Prometen cualquier cosa para obtener poder sobre ti, aunque después no tengan intención alguna de dártela. Te hablan bonito para que confíes en sus palabras, incluso cuando te arrebatan lentamente tus derechos y libertades. Esos hombres lobo no son más que esclavos."

Leyó de nuevo el artículo y apretó los puños a sus costados "No, Remus. Sabes la verdad. Las pociones no existen. Nunca habrá derechos. La gente como tú solo obtiene esclavitud. Lo sabes. Deja de soñar."

Era un sueño precioso, pero la vida le había enseñado a Remus que solo era eso. Un sueño. Y lucharía contra el hombre que permitía a las personas malditas como él creer algo diferente, aumentando su sufrimiento.

"Yo sé la verdad" Pensó "Pero ellos no. Ellos no..."

Y entonces, como un balde de agua fría, pensó en Neil y Angela, como el dinero estaba todavía más escaso incluso con dos trabajos en el Ministerio y un ascenso de parte de Neil. Deberían estar viviendo cómodamente, más que bien.

Remus recorrió los artículos hasta que encontró lo que estaba buscando.

...Nuevos reportes de Gringotts indican el que varias familias y personas con poder han estado donando fondos a la causa perseguida por Voldemort. Los duendes dueños del banco se rehúsan a que los Aurores registren sus instalaciones debido a que...

— Por favor, por favor no hagan lo que pienso que están haciendo —Remus susurró, sus manos apretando el papel. Sabía con hechos el que Neil y Angela moverían montañas si eso implicaba encontrar una forma para ayudarlo. Sabía lo mucho que odiaban el que tuviera que sufrir una vez al mes. ¿Acaso les habían lavado el cerebro aquellas promesas de pociones e igualdad de derechos para los hombres lobo que promovía Voldemort?

No hay muchos regalos —Neil había dicho— Estamos un poco cortos de dinero.

Remus no podía distinguir las letras. Se le nubló la visión y temblaba demasiado.

Sabes que haríamos cualquier cosa para ayudarte, Remus.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Remus no encontró el coraje para preguntarle directamente a Neil y Angela el sí estaban dándole dinero a Voldemort. Les dejó caer algunas indirectas, pero ellos las hicieron a un lado. Los veía cuidadosamente, pero solo denotaba a la pareja amorosa y dedicada que eran, incluso con toda la nueva tensión que significaba el que Voldemort se alzara en el poder. El estómago se le revolvía de tan solo pensar que ellos sacrificaran su moral y buenas costumbres por ayudarlo.

Algunas veces, Remus pensaba que estaba siendo ridículo. El infantil, alegre y leal Neil jamás traicionaría al mundo mágico y los Muggles que juró proteger. La testaruda, maternal y excéntrica Angela, quien luchaba por las criaturas discriminadas desde su departamento en el Ministerio, nunca aceptaría la palabra de un mago oscuro y homicida.

Otras veces, como el día después de la luna llena en donde no tuvo a su manada para ayudarle, Remus veía por aquellos ojos de su yo infantil y comprendía el que ellos harían cualquier cosa, prometiendo lealtad a cualquiera, en orden de aliviar su dolor.

Fueron dos semanas bastante largas, Remus teniendo que verse forzado a mantener su máscara de felicidad navideña. Ni siquiera se atrevía a escribirle a los otros Merodeadores por temor de poner a Neil y Angela en peligro. Si los Aurores se enteraban de lo que sospechaba, atacarían primero y preguntarían después, indagando por cosas que sus padres adoptivos se rehusarían a contestar en favor de no lastimarlo. Su inutilidad le hizo extrañar aún más a su manada, con Lunático incapaz de calmarse y vagando por su mente lamentando que Canuto no estaba cerca.

Remus pensaba que su actuación era exitosa hasta dos días antes de partir a la casa de los Pettigrew. Estaban terminando la cena y Remus estaba tan molesto que podía sentir a Lunático asomarse entre sus ojos.

Angela se acercó para recoger su plato y frunció el ceño al ver que no había comido casi nada. Bajó el plato y puso una mano en la frente de Remus de una forma tan maternal que le hizo doler el corazón.

— ¿Te sientes bien, tesoro? —Preguntó, moviendo la mano a su mejilla— No parece que tienes fiebre.

— Estoy bien —Remus se encogió de hombros, demasiado cansado como para actuar. Se quedó mirando el mantel gris frente a él— Solo... ya sabes...

— No estás bien, pequeño —Neil intervino, inclinándose— No lo has estado desde la mañana en que la lechuza trajo ese artículo. ¿Te preocupa Voldemort? Porque no necesitas asustarte. Solo tienes quince. Preocúpate por cosas de adolescentes y deja que los adultos nos encarguemos de esto.

Remus negó, incapaz de mirar a los ojos a Neil: — No es por eso. Aunque te equivocas. Todo el mundo debería preocuparse y prepararse. Incluso los niños. Los adultos no pueden protegernos siempre, para tú información.

— Bueno, podemos morir intentándolo si hace falta —Neil se enfureció, pero Remus no tardó en darse cuenta de que el enojo no iba dirigido a él.

— Tú mismo dijiste que recluta estudiantes —Remus le recordó— Y ya les dije, eso no es lo que me preocupa.

— Bueno, ¿Entonces qué es? —Angela habló, volviendo a sentarse y mirándolo seriamente— ¿Extrañas a tus amigos? ¿Extrañas a Sirius?

La forma en que dijo lo último, compartiendo una mirada de reconocimiento con Neil, logró que Remus enfureciera: — ¿A qué carajos te refieres con ello? —No pretendía sonar tan grosero, pero dos semanas enteras conteniendo su mal humor estaban jugando contra él.

— No me alces la voz, Remus —Angela repuso con voz trémula. Lo miró fijamente— Y sabes perfectamente a lo que me refiero. Aunque pienses que eres bueno ocultándolo, cada que dices su nombre se te ilumina el rostro como si realizaras un encantamiento Lumos. Y si eso no te delató, la forma en que llorabas por él la luna pasada levantó cualquier sospecha.

Las entrañas de Remus dieron un salto y se estrellaron con fuerza. Se agarró a la mesa mientras el mareo por la sorpresa dominaba su cuerpo. Lo sabían. Sabían lo que tenía con Sirius. No pudo evitar oír la voz de Lily en su cabeza "Remus, eso está mal visto en la sociedad mágica. Me refiero a que ya es malo con los Muggles, pero en la sociedad mágica es mucho peor y las cosas se podrían poner feas si alguien lo supiera."

¿Esto era lo máximo que lograba conservar una familia? Parecía que estaba destinado a desgarrar cualquier familia de la que formara parte por el resto de su vida.

— Yo... N-nosotros... N-n-nosotros no... Me refiero a que S-Sirius... —Remus estaba desesperado por explicarlo, por hacerles entender, odiándose a sí mismo por aquel tartamudeo incesante que siempre hacía presencia en situaciones demasiado emocionales y que no le permitía hablar claramente.

Se congeló cuando una mano caliente cubrió la suya. Bajó la mirada esperando encontrar los largos y delgados dedos de Angela, pero para su sorpresa, eran los callosos dedos de Neil aquellos que su mirada borrosa pudo enfocar: — Está bien, chico. No estamos molestos ni disgustados, ni nada de lo que estás pensando.

El corazón de Remus dejó salir un latido dolorosamente alto desde donde se había localizado en las profundidades de su estómago, sus ojos siguiendo el brazo de Neil hasta aquella maraña de cabello arenoso.

— ¿N-no lo están?

— Por supuesto que no lo estamos —Angela le dijo. Acercó su mano para ponerla en donde se encontraban la de Neil y Remus— ¿Cuándo vas a entender que somos una familia, Remus? No juzgamos a los demás por cosas que no podemos controlar. De hecho, nos sentimos felices y agradecidos de que hayas podido encontrar a alguien que sepa lo que eres y te amé sin importar aquello.

Remus no pudo evitar las lágrimas que le bajaron por las mejillas.

— Lo sabemos hace años —Comentó Neil— Lo confirmamos cuando fuimos a rescatar a Sirius de la casa Black. No puedo negar que me sorprendió bastante, pero jamás estuvimos disgustados contigo, Remus —La pequeña mirada de disculpas que le mandó Neil a Angela le hizo pensar a Remus que posiblemente ella no consideraba prudente el que su esposo comentara cuanto tiempo llevaban sabiendo la sexualidad de su hijo adoptivo, pero ni siquiera le importaba. Esta aceptación era más de lo que podría haber pedido.

De repente, no le interesaba saber a quién le estaban dando su dinero. El duradero y doloroso resentimiento que había estado en el pecho de Remus se esfumó, dejando a su paso la sensación de paz y familia en su lugar.

Hablaría con James y Sirius para que pudieran encontrar una forma de impedir que Neil y Angela siguieran dando dinero a Voldemort. Pero hasta entonces, no había nada de que preocuparse. Después de todo, ¿Qué tanta diferencia haría su dinero a la causa del señor tenebroso?

— Ahora, es momento de que hablemos sobre cómo tener sexo seguro —Angela intervino con buen humor.

El sentimiento de paz desapareció.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Remus fue el primero en llegar a la casa de los Pettigrew. Dado a que la familia de Peter vivía en un vecindario Muggle y tenían visitas de familiares sin magia, Remus fue obligado a llegar por maneras ordinarias. Afortunadamente, dado que vivía en un vecindario Muggle, Neil y Angela tenían un auto, un viejo modelo Ford Escort que Neil llamaba "Mi vieja chica" y que parecía apunto de despedazarse en su camino a Kent.

Los Pettigrew vivían en un vecindario colorido que estaba lleno de casas que al principio se veían idénticas, pero con el tiempo fueron moldeadas para asemejar a sus dueños. La de los Pettigrew tenía un jardín que gritaba "Ha sido recientemente arreglado por las visitas". La hierba estaba recién cortada, con decoraciones recién puestas que debían esconder la maleza que se retorcía entre las plantas, así como los objetos cambiados de lugar que daban señales de una reciente operación de limpieza.

Peter evidentemente estaba esperando a sus amigos desde la ventana, porque tan pronto como Remus, Neil y Angela empezaron a caminar a la casa la puerta se abrió de un golpe y gritó: — ¡Lunático!

— No puedo creer que sigan llamándote por ese horrible apodo —Angela comentó, Neil y ella dando un paso atrás cuando Remus fue tacleado por Peter.

— Ya me acostumbré —Remus dijo, procediendo a molestar a Peter revolviéndole el cabello. Peter gritó e intentó apartarse, pero debido a su fuerza de hombre lobo, no tuvo oportunidad de apartarse hasta que Remus decidió que su cabello estaba lo suficientemente despeinado.

— Por las bolas de Merlín, Remus, a veces olvido la fuerza que tienes —Peter jadeó, intentando peinarse.

— Casi me sacas el estómago —Remus mencionó.

— Cierto. Es bueno verte, Lunático.

Remus sonrió y escondió las manos en los bolsillos antes de que le diera un arrebato y abrazara a Peter. No sabía lo mucho que lo había extrañado hasta entonces: — También es bueno verte, Pete.

— ¿Cómo estuvo la luna?

Remus se encogió de hombros: — No manada. Nuevas cicatrices. Estuvo decente.

Peter miró por encima del hombro de Remus: — ¿Cómo está, profesor Anders? ¿Angela?

— Ya no soy tú profesor, Peter —Neil le recordó— Puedes llamarme por mi primer nombre.

— Bromea ¿Cierto? No puedo sacudirme la idea de que le dará detención a Remus cuando lo hace. Mi mamá quiere conocerlos. Pasen.

Remus y los Anders siguieron a Peter a la casa, que daba el mismo sentimiento del jardín recién limpiado. Los muebles se veían relativamente nuevos, pero tan pulidos al estilo de alguien que ve demasiados comerciales de decoración personalizada, esperando que así duren más tiempo de lo establecido.

Peter los llevó a la cocina en donde su mamá y una chica baja, con cabello arenoso y que podría haberse visto mucho más bonita de no tener tanto maquillaje que la hacía ver como payaso encima, pelaban unas papas y discutían chismes la una con la otra. La chica debía tener unos dieciocho o diecinueve, así que Remus supuso que era la prima de Peter, Sheryl, quien había sido víctima de la broma del perfume al final de segundo año después de que dejara caer esmalte de uñas en la habitación de Peter.

— ¿Mamá? ¿Sheryl? Este es Remus y sus padres, Neil y Angela Anders.

Remus se sorprendió al ver que Peter temblaba cuando dijo "Neil".

— ¡Señor y señora Anders! Vengan y siéntense. Les serviré una taza de té. Sheryl, dulzura, pon las papas en la olla- en la otra olla, esa es para los guisantes. Siéntense. Aquí, déjenme mover al gato. Estoy encantada de conocerte, Remus. Peter habla de ti todo el tiempo- ¡Cuidado con el agua caliente, Sheryl!- y me moría por conocerte. ¿Azúcar? ¿Leche?

La señora Pettigrew, que se veía como una versión mayor y femenina de su hijo, se movía por la cocina de forma veloz, recogiendo tazas limpias, dejando las sucias en el lava platos, moviendo al gato, olvidando donde había puesto las bolsas de té y finalmente logrando servir el té. Peter agarró a Remus del codo y lo sacó de la cocina, aprovechando que los adultos estaban ocupados.

— Perdona eso. Se emociona demasiado cuando hay visitas.

Remus sonrió: — Está bien. Me agrada. Wow, una verdadera sala Muggle.

— ¡Shh! No se supone que debemos decir la palabra con "M" mientras mi familia está aquí —Peter le señaló a un chico de su edad que estaba en un sofá, viendo a unas personas corriendo en un aparato que Remus reconoció como la televisión— ¡Oye, Ed! —El muchacho, que vestía una camisa desgastada y unos jeans demasiado descolorizados, gruñó y les dedicó una mirada. Tenía el mismo cabello arenoso de la familia, pero se había saltado el gen que daba relleno y sentido de la vestimenta— Este es Remus. Mi amigo de la escuela.

Ed asintió, eructó y murmuró: — Un placer —Antes de volver a mirar la televisión. Remus se preguntaba si el placer se debía a su eructo o al haberlo conocido.

— Mi papá, tía y tío están afuera escalando —Peter explicó— Volverán pronto. Siéntate.

Remus se sentó en el borde de un floreado sofá y miró soñadoramente por la ventana: — ¿Sabes cuándo llegarán Sirius y James?

Se dio cuenta de que Peter lo veía con empatía.

— Espero que en cualquier momento. ¿Malas semanas? —Peter observó cuidadosamente a Ed, quien estaba inmerso en la televisión.

Remus intentó encoger el hombro del brazo que no le servía de soporte en el sofá: — Lunático extrañaba a su manada —Susurró— Al igual que yo.

— Y a Sirius más que a nadie, ¿Verdad? —Peter le dedicó una mirada traviesa y Remus se sonrojó, dedicándole una mirada de precaución a Ed, pero le fue imposible responder tras el rugido de una motocicleta que llegó hasta la entrada de los Pettigrew, a duras penas evitando no chocar contra el jardín. Peter y él intercambiaron miradas.

— Por favor dime que no lo hizo —Remus murmuró, saliendo junto a Peter.

Peter ni siquiera pudo mentir para complacerlo, sin embargo, dado que al abrir la puerta se enfrentaron a dos figuras delgadas que se bajaban de la motocicleta. Remus no sabía nada de motocicletas, pero debía admitir que esta masa de metal brillante y con marcas negras tenía "Sirius" escrito en todas partes.

Entonces dejó de mirar a la motocicleta, dado que su dueño estaba caminando a la entrada luciendo jeans negros, una camiseta apretada y una chaqueta de cuero; su brillante cabello negro le caía en ondas sobre aquellos ojos grises, un brillante casco sujeto en su mano. Dos semanas comiendo con la señora Potter le habían devuelto toda su gloria.

Gnorfl —Dijo Remus, incapaz de recordar una sola palabra en español cuando lo único que cruzaba por su mente eran escenarios demasiado candentes, en especial aquellos que ocuparan una cama.

— Sube los ojos, Lunático —James habló, bastante sorprendido— Tiene la cara aproximadamente veinte centímetros más al norte de donde le estás mirando.

Remus le dedicó una mirada al Merodeador de cabello desordenado: — Squiffib —Explicó.

— Lo sé —James concordó, asintiendo salvajemente— Le dije que tanto cuero le generaría problemas a tú salud mental.

— Como si él pudiera hablar —Sirius se quejó, caminando hacía Remus— Vestido así de sexy.

Remus, quien en realidad estaba vestido con unos aburridos pantalones cafés y una camisa demasiado planchada, abrió la boca y lo miró insultado. Afortunadamente, esto logró activar su cerebro de forma que pudiera decir: — ¿Yo? Yo no soy el que se está regodeando mientras viste cuero y pantalones apretados. Este es mi más literario y aburrido atuendo, para que sepas. Quería mantener un perfil bajo.

— Bueno, has fallado —Sirius respondió— Te ves como esas fantasías eróticas que ocupan nerds y libros. No podrías haber seleccionado un atuendo más provocativo de haberlo intentado —Se recostó en un muro y cruzó los tobillos perezosamente, logrando que los ojos de Remus descendieran a un lugar inapropiado.

— Tienes fetiches muy bizarros, Canuto —Remus gruñó— Por favor dime que has empacado ropa normal.

— No podemos usar túnicas aquí —Sirius le recordó— Por todos los Muggles, ya ves. Así que Cornamenta y yo fuimos de compras, y no podrán creer algunas de las cosas que se ponen los Muggles. Nunca habíamos usado ropa como está antes, por lo que tuvimos que observarlos en Londres un poco y analizar qué deberíamos comprar.

— ¿Dónde compraste esa? ¿Venía con la moto? —Peter estudió algunos de los botones que tenía la chaqueta de Sirius— Creo que esa chaqueta fue fabricada a mano.

Sirius se encogió de hombros: — Me gusta.

— Entonces, ¿Cómo han estado, chicos? —James preguntó, metiendo las manos en sus nuevos jeans Muggles y dándoles una sonrisa de calabaza— ¿Todo va bien? ¿Cómo te fue en la luna, Rem?

Remus dudó, pensando en todas las cosas que deseaba contarles a sus amigos y casi colapsando de alivio al tenerlos de vuelta. Era extraño lo confiado y seguro que se sentía a su alrededor: — Estuvo bien. Los extrañé, chicos.

— Es bueno verte, Lunático —El abrupto cambio en la voz de Sirius de aquel tono bromista a uno gentil, aquel que siempre reservaba para Remus, lo obligó a luchar contra las ganas de tirársele encima y contarle todos sus problemas.

En lugar de eso pasó saliva y dijo: — También es bueno verte, Canuto.

— Oh. Dios. Mío.

Los chicos giraron al notar un chillido femenino y vieron a Sheryl, junto con dos chicas que también presumían cuatro metros de maquillajes y mini faldas apretadas, paradas en la puerta y observándolos boqui abiertas.

— ¿Y estás de dónde han salido? —Remus susurró a Peter, no recordando el que las chicas estuvieran ahí antes.

— No tengo la menor idea —El Merodeador gordito replicó— Solo aparecen de vez en cuando. Viven al final de la calle, pero tengo la teoría de que Sheryl carga en su bolsillo unas versiones en miniatura, les agrega agua y las convoca cuando le urge la necesidad de chismosear o practicar esas molestas risitas de tres partes.

— ¿Dijiste que se quedarían toda la semana? —Una de las amigas del bolsillo de Sheryl preguntó, viendo lujuriosamente a Sirius, después a James, y volviendo la mirada a Sirius. Dejó salir una risita y lo miró coquetamente a través de sus largas pestañas. Sirius levantó una ceja elegantemente, observando a Peter.

— ¡Perdón! —Peter levantó las manos en signo de rendición— Les avisé que mis familiares estarían aquí. Venga, vayamos a mí cuarto. Todos nos quedaremos allí, temo decirles.

Los demás Merodeadores lo siguieron a la casa, con Remus reflexionando el que sería una semana eterna si la brigada de chicas en mini falda los seguían a todas partes.

Incluso el poco interesado Ed levantó la mirada de la televisión para observar, anonadado, a Sirius y James, luego a Peter, como si no pudiera entender la forma en que eran amigos de su primo gordito y de ojos llorosos. Remus sentía lástima por Peter, quien se veía indeciso entre estar indignado o halagado por las reacciones que tenía su familia con sus amigos.

— Fue la motocicleta —Remus explicó— No puedo creer el que realmente la hayas comprado, Canuto. No podrás llevarla a la escuela, ¿Lo sabías?

— Los Potter dijeron que la podía dejar ahí. Si logró escapar de mi familia, me encargaré de que vuele para el final del verano. ¿Qué son esos tubos desperdigados en el suelo, Colagusano?

— Sacos de dormir. Para que los usen en la noche.

James y Sirius los examinaron con interés: — Genial. Podré irme a la cama luciendo como una salchicha —Sirius exclamó— Los Muggles son brillantes. No sé cómo se les ocurren estás cosas.