62. Posibles discordancias II

Dedicado a eli music love

Muchas gracias por tu apoyo con

tus trabajados y preciosos comentarios.

Me encanta leerlos, así que espero que

esto te sirva como una pequeña recompensa n.n


Al finalizar el período de exámenes, Edward siguió tratando de evitar las salidas con sus amigos, puesto a que la molestia con Dave todavía seguía muy presente en su mente. En su lugar... Bella fue su más grato refugio.

—Te tengo tantas ganas...

—Y yo a ti —admitió ella, rascándole la cabeza mientras besaba su cuello. Él subió a atacar su boca de nuevo, pero Bella lo separó un momento para mirar a los lados con algo de duda—, aunque... ¿estás seguro de que aquí no hay nadie?

Estaban en un sitio totalmente desierto, aparcados delante del árbol de un descampado que quedaba por la zona de bosquejos que vivía Edward, de camino a la ciudad de Reading. Eso los situaba cerca de la carretera principal... y, en fin...

¿Qué los había llevado a estar hasta allí? Un motivo muy sencillo: Se habían acostumbrado tanto a tener encuentros fortuitos casi a diario... que aquellos días con ambas casas ocupadas, y ya sin posibilidad de hacer nada de nada, habían sido infernales para los dos. Y ante la necesidad... Edward persuadió a su padre para que lo dejara probar el coche, ya que empezaría con las parte práctica del curso de conducir muy pronto. Una inversión de su tiempo que para Bella resultaría absolutamente imposible de encontrar...

—Totalmente. —Aprovechando que la tenía encima de su regazo en el sitio conductor, él presionó su ingle contra sus braguitas una vez más, devolviéndola a la nube en la que estaba sumergida no mucho tiempo atrás—. Pero de todas formas es mejor ir rápido.

—Sí... —Y antes de que Bella se diese cuenta, Edward la acercó a sus labios para besarla con desenfreno. La castaña sintió sus manos desbotonando su blusa, y con toda la adrenalina que cargaba encima, y en cuanto descubrió que traía el sujetador de encaje, él jadeó.

—Sabía que te gustaría... —Y mientras ella suprimía su pequeña risa al besarle, aprovechó para desabrocharle el cinturón y la camisa. Repasó con sus manos absorta su torso desnudo, rascando suavemente la zona alrededor de sus tetillas. Edward mordió su cuello con suavidad, pegando un lametazo a su yugular, y acarició las nalgas de Bella antes de tratar de bajarle las bragas y... descubrir que no podía hacerlo.

—Edward, no hay espacio.

—Sí que lo hay —insistió él—. Solo... junta las piernas un momento.

Ella intentó pararse para pasar la pierna al lado donde tenía la otra, pero solo consiguió golpearse la cabeza. Así que, frustrada, volvió a arreglarse la falda con la ropa interior y se apoyó en un punto cerca de la palanca para tratar de pasar hacia atrás.

—Cuidado —le advirtió Edward con miedo, y por si acaso giró la llave del coche para evitar posibles incidentes.

No era fácil no estar advertido de los peligros a la hora de hacerlo en coche y en un lugar público por primera vez.

Cuando Edward llegó a pasar hacia atrás, Bella ya había pegado las braguitas al fondo del asiento y, tan pronto como Edward estuvo a su lado, lo hizo sentarse para ella subirse a horcajadas. Y así fue como casi se cayó de espaldas.

—¡Bella! —Menos mal que Edward la sujetó a tiempo.

—Es que esta postura me deja muy abierta... —Y prácticamente postrada también. Necesitó mucho espacio para, irónicamente, poder cerrar las piernas lo máximo posible entorno a su cintura para poder darle acceso y a la vez ganar movilidad sobre él.

—¿Mejor?

—Sí... —Sus dedos pasaron rápido al zipper y, con la ayuda de Edward, bajó todo hasta las rodillas.

Edward cogió una de sus copas y la tiró hacia abajo para succionar uno de sus pechos, y rozar con la punta de la lengua el pequeño pezón. Pero en cuanto Bella se rozó contra su necesitada erección, Edward reparó en algo y la apartó.

—No podemos... —Su cara repentinamente asustada alertó a la castaña, que no entendió nada.

—¿Por qué?

—No he traído condones.

Y Bella miró hacia abajo. Obviamente, ¿cómo los iba a llevar en el uniforme?... eh... mejor que no.

—Jope, Edward. —Lo entendía, pero le frustraba... Y tampoco podían hacer mucho más en ese espacio—. ¿No puedes confiar solo en la eficacia de la píldora por esta vez?

Él abrió la boca, pero tenía a Bella delante, dispuesta, con los labios hinchados, la camisa abierta y con su sexo desnudo presionado contra su muslo... Demasiado tentador para negarse.

—E-está bien...

Y en cuanto obtuvo su aprobación, Bella lo besó por unos segundos a la vez que posicionaba su erección entre sus pliegues y se rozaba unas cuantas veces. Luego, Edward presenció cómo se levantaba levemente y dejaba que la erección palpitante poco a poco se fuera hundiendo dentro de ella.

Él soltó un jadeo sordo de placer y la castaña se quedó estática, sentada por un segundo sobre su pubis y absorbiendo todas las sensaciones, para luego ir moviéndose a un ritmo terriblemente despacio y luego volver a detenerse, sin saber cómo hacerlo correctamente.

Era una postura nueva.

El rubio colocó sus manos sobre las caderas y trató de ayudarla, de guiarla de alguna manera, hasta que entre ambos encontraron un ángulo acertado. La sonrisa avergonzada y franca que les arrancó a ambos les recordó que estaban aprendiendo todo eso al mismo tiempo.

Bella le robó algún que otro beso a Edward mientras sus caderas imitaban el movimiento de las olas del mar. Ella se alzaba hacia atrás levemente para que en la caída se balancearan hacia adelante y así su clítoris chocara con el pubis de Edward. Mientras se acostumbraba a ese roce y él también la sujetaba de la cintura en cada embestida, Edward empezó a jugar con uno de sus pezones por debajo del ajustado sujetador, y poco a poco, la estimulación motivó a Bella; quien, apoyándose en el respaldo y con la ayuda del rubio, chocó sus caderas de forma aún más frenética contra su pelvis en cada nuevo encuentro... hasta que el orgasmo los azotó a ambos. Edward trató de moverse para correrse fuera, pero la castaña lo mantuvo ahí.

—Bella...

—Espera...

—Solo quiero...

Pero ella soltó un sonido de protesta. Frunció un poco el ceño mientras se acoplaba a su pecho y acababa de recuperarse de su orgasmo.

Edward tuvo que quedarse quieto, bufando, hasta que ella le avisó que le echara una mano para retirarse. Al separarse del todo, ella dejó escapar un siseo.

—¿Te he hecho daño? —Una alerta de preocupación apareció en la mente de Edward. Tal vez habían sido muy bruscos...

—No creo —contestó Bella tratando de forzar buena cara—. Simplemente nunca hemos practicado esta postura antes y tampoco hemos tenido mucho tiempo de preliminares...

—Cierto. —Edward estudió su rostro—. ¿Pero lo has disfrutado o...?

Ella asintió, convencida.

—Mi pierna se ha quedado medio dormida, pero ha valido la pena.

Él rio junto a ella durante un momento, llevando una mano para acariciarle la mejilla. Bella pasó una mano por encima de la suya, agradecida.

—¿Me pasas las bragas?

Edward estiró el brazo hacia el asiento de la izquierda y se las dio, pero cuando ella se disponía a ponérselas, se quedó quieta un momento.

—¿Qué?

—Siento como... baja.

Alzó levemente las caderas y se levantó la falda el borde de la falda, y ambos pudieron ver como una gota de semen se escurría entre sus piernas. Bella hizo una mueca.

—Debo ir a casa a limpiarme.

—Tengo pañuelos.

Él cogió su mochila y le pasó uno.

—Gracias...

—No hay de qué —le contestó Edward, volviendo a rebuscar en la mochila mientras ella hacía una bola con el papel, metiéndoselo en el bolsillo de la falda para tirarlo en cuanto pudiese. Luego se acabó de subir las bragas—. Quédate con estas también.

Le mostró dos sobres de infusiones, uno de Salvia y otro de Valeriana con Anís.

—Sé que te has quedado algo nerviosa después de los exámenes —señaló con una sonrisa leve—. Te ayudarán a relajarte.

Oww, ¡Edward!

Ella le dio un pequeño beso en los labios y lo abrazó con todas sus fuerzas. Edward se sintió satisfecho.

—Y lo mejor de todo es que popularmente cuentan con propiedades anticonceptivas...

Al mencionar aquello, la expresión de Bella se ensombreció en un instante.

—¿Es en serio?

—¿Qué pasa? —preguntó él sin entender.

Bella negó con la cabeza, haciendo memoria de todas las situaciones extrañas de las últimas veces... y dándoles por fin un sentido.

—Primero me dices que estás conforme con las pastillas, luego quieres añadir el condón y me parece bien, una doble protección es lógica y más segura... pero luego de la nada empiezas a sumar la marcha atrás a la ecuación, ahora infusiones y... —soltó una risa ahogada—. ¿Qué será lo siguiente, Edward? ¿Añadir la temperatura basal, el calendario, cremas espermicidas y esponjas a la lista también?

Él frunció el ceño, pero algo en su mirada a los lados le confirmó que estaba pensándolo.

—No me lo puedo creer, si es que... ¡Edward! —exclamó incrédula—. Sé que quieres tomar precauciones, ¡pero no hace falta llegar al extremo de tomar más de 5, por Dios Santo!

—¿Por qué no?

Y a Bella le exasperó que se lo tomara como si nada.

—¡Porque ya estás usando dos métodos anticonceptivos de más de un 95% de eficacia y lo demás me parece una completa tontería! —le explicó nerviosa—. ¿Pero te estás dando cuenta de lo exagerado que suenas?

—Si es para prevenir cualquier posibilidad de embarazo, no le veo nada de malo.

—¡Pues entonces de verdad estás mal! —soltó colérica y roja de la rabia—. Solo me faltaría llenarme de ocho cosas cada vez que... ¡Ughh! —Se llevó una mano a la frente—. Si te apetece, usa tu mano; pero conmigo déjate de tantas nimiedades.

—Si así lo quieres...

—¡Sí! —insistió, con una mirada tan intensa que Edward decidió que era momento de finalizar la conversación.

—Está bien.

Bella bufó y pronto abrió la puerta para dirigirse al lado del pasajero. Edward hizo lo propio, así que no tardaron demasiado en volver a ponerse en marcha.

nnn

—¿Te las vas a tomar? —le preguntó una vez Edward aparcó en la esquina de su casa. Ella le lanzó una mirada gélida—. No te enfades, por favor... Solo estoy tratando de que estemos seguros con algo que no va a ocasionarte ningún daño.

Ella soltó un suspiro y cogió los sobres de la mano. Estaba tan enfadada que no tenía mente para formar argumentos de lo ridículo que era todo eso. Aunque se mantuvo cabizbaja, Edward se acercó para besarle la mejilla.

—Gracias —le murmuró él con sinceridad—. ¿Nos vemos mañana?

—Nos vemos mañana —le confirmó la castaña saliendo del coche. Esa fue la primera vez que al despedirse no se volvió a girar para verle.

Al entrar por la puerta, Bella trazó un plan para caminar lo más rápido posible hacia las escaleras, intentando juntar las piernas para mejorar la incomodidad ahí abajo.

Pero tan pronto como cruzó el umbral, oyó una voz fuerte y estridente llamándola.

—¡Isabella!

Ella suspiró y tuvo que armarse de valor para acudir a la sala. Su padre estaba sentado en el sofá y, sorpresivamente, tenía una expresión seria y latente. Sus ojos parecían lanzar dagas.

—¡¿Me puedes decir qué significa esto?! —inquirió, tendiendo un sobre blanco encima de la mesa en su dirección.

Bella tragó con fuerza mientras se fijaba en el escudo de la esquina.


💎Uuuhh, ¿y ahora qué ha pasado? 😮 👀

💎Como siempre... estos dos siempre tienen que pasar por algo en sus nuevas experiencias. 😂 ❤️ Y aparte de esto, lo cierto es que el límite con el número de precauciones no es algo de lo que se hable mucho, menos si se trata de complementar las químicas con las naturales. (Y era digno de que surgiese entre estos dos. 😆 Es muy de su estilo).

💎Menos mal que la discusión entre ambos al respecto ha sido espontánea, porque si se traen los argumentos preparados desde casa... no pararían hasta demostrar al otro que no lleva la razón. 🙈❤️ ¿Cuál es vuestra opinión respecto al tema? 👀

💎Me he retrasado un poco por problemas relacionados con la subida de capítulos en FanFiction. Pero he cumplido. ❤️😘

Kissses!