En el pequeño apartamento de Octavia Blake, su mejor amiga, Lexa Woodward siempre había logrado sentirse como en casa. Aquellas paredes habían sido testigo de tantos buenos y malos momentos juntas que de hablar bien podrían contar la historia de su completa amistad, complicidad y hermandad.
Mientras terminaba de vestirse en la habitación de Octavia, Lexa no podía dejar de pensar en las cosas que Clarke le había dicho y en que estaba abajo esperando por ella para regresar juntas a casa.
Habían sido días amargos y raros, quizás demasiado precipitados donde había tenido que enfrentar toda clase de mierdas a las que normalmente estaba acostumbrada pero esta vez se sentía diferente, distinta, más cansada, más resignada.
La posibilidad de dar un paso en falso y que el suelo se desquebrajase bajo sus pies la mantenía siempre en una tensión constante a la que odiaba estar sometida pero su vida era así.
No había más.
No para ella o eso al menos era todo cuanto había creído hasta ahora. Conocer a Clarke, permitir que de algún modo entrase en su vida, confiar en alguien de la manera en la que había confiado ella, hacía que una latente sensación de inseguridad, temor e inquietud se apropiase de ella a cada pequeño instante.
Debía reconocer que nunca había sido buena relacionándose de una manera sentimental y amorosa con nadie.
Su vida había transcurrido entre el descontrol más absoluto y la excesiva responsabilidad que había supuesto cuidar de todos sus hermanos y no había tenido tiempo material ni ganas algunas de involucrarse de esa forma con nadie.
Todo era demasiado nuevo en ese sentido para ella, y a pesar de solo tener veinte años en el terreno sentimental se sentía como una quinceañera. Torpe y temerosa de meter la pata cuando alguien de verdad le correspondía y le gustaba.
A su mente acudían toda clase de proposiciones e invitaciones que había recibido a lo largo de los años, ninguna lo bastante buena o interesante, lo bastante decente o normal como para aceptar.
Pero la normalidad era un concepto relativo para ella acostumbrada a una clase de vida que pocos soportarían vivir.
Así que el sexo sin compromiso alguno, la charla insustancial, las copas, las risas, la fiesta era algo que realmente dominaba en su totalidad y que le había bastado para pasar el rato y hacer su vida algo más normal, ¿pero una relación seria?
No, no era tan ilusa como para confiar en que la merecía de verdad.
No era culpa suya, eso lo tenía claro. La culpa era de las circunstancias que la habían rodeado desde el momento en que nació y las cuales, con el tiempo no había logrado variar o cambiar.
¿Quién soportaría estar al lado de una vulgar ladrona seudo stripper y camarera a ratos con mil y un problemas a sus espaldas con los que lidiar que además de ellos debía ocuparse de cinco hermanos más todos con sus propios problemas y asuntos con los que lidiar y aún así querría quedarse junto a ella?
La respuesta honesta y sensata sería nadie.
Se sentía una autentica estafadora por dar pie a Clarke de creer que habría lugar en su vida para ella de algún modo. Tal vez se engañase al creer posible esa oportunidad, pero quizás no fuese la única al engañarse al respecto.
Clarke parecía una chica lista, independiente y espabilada como para que alguien como ella la pudiese engañar, así que si estaba convencida de querer estar con ella quizás y solo quizás, Clarke pudiese ver en ella algo que ni ella misma podía lograr ver.
Solo quizás...
En cuanto Lexa terminó de ponerse la roja camiseta sin mangas que Octavia había dejado para ella junto con un jeans y algo de ropa interior limpia para ella, Lexa levantó sus ojos y se atrevio por primera vez en días a enfrentar su imagen en el espejo.
No duró demasiado haciéndolo así que bajando la mirada al escritorio de Bellamy deslizó la mano por la toalla la cual se había quitado momentos antes sintiendo aquella confortable suavidad y la tomó pegándola a su pecho durante unos instantes decidiendo finalmente llevarla abajo para ponerla a lavar.
Nada más dirigirse a la puerta para salir de la habitación, Lexa apagó la luz y salió al pasillo para dirigirse a las escaleras e ir abajo donde sin esperarlo escuchó repentinamente la voz de Clarke aparentemente algo enfadada discutiendo algo con alguien.
Al principio creyó haberlo imaginado dado que estaban solas en el apartamento, pero cuando comenzó a bajar los escalones y la voz se hizo más clara no hubo dudas de que era Clarke discutiendo con alguien a través de su teléfono junto a una de las ventanas del salón dándole la espalda a la escalera.
—No puedo creerlo —escuchó decir Lexa mientras bajaba las escaleras con sigilo inevitablemente pendiente de ella y de la conversación—. ¿Cuándo ha ocurrido eso, y como es que nadie se ha puesto en contacto conmigo para contármelo?
La voz que se colaba del otro lado del teléfono parecía fuerte y estrepitosa pero indistinguible desde donde Lexa se encontraba.
—¿En serio? —le recriminó Clarke esforzándose por no alzar demasiado la voz de lo más indignada y molesta con el teléfono—. ¿Pero cómo coño habéis permitido que ocurriese eso? ¿es qué estáis locos?
Nuevas respuestas parecieron colarse a través del teléfono, y Clarke se llevo la mano a la cabeza no pudiendo evitar moverse nerviosamente de un lado para el otro un tanto afectada.
—No, de ningún modo. Ya... ya me ocuparé yo de ello, si —replicó Clarke deteniéndose en el lugar antes de escuchar un débil sonido tras de ella volviéndose a tiempo de ver a Lexa pisar el último escalón observándola allí, Clarke que trago lentamente le sostuvo la mirada y respondió finalmente a las últimas palabras del teléfono—. Hablamos luego.
Lexa la vio colgar y se quedo en el sitio fijándose en como los ojos de Clarke se apagaban por un momento.
—¿Va todo bien? —preguntó Lexa con cautela dándole la impresión de que la había importunado durante la llamada.
Clarke que se dispuso a guardar el móvil, asintió con la cabeza desviando un poco la mirada.
—Si, no era más que...cosas del Arkadia, mi madre y sus principales chorradas, como siempre —respondió la rubia mintiendo fijándose después en ella—. ¿Te encuentras mejor?
Lexa asintió con la cabeza y se separo de la baranda para ir a apoyarse en el sofá dejando la toalla justo encima unos momentos.
—Algo ridícula, pero mejor, si —jugando con la tela de la toalla algo avergonzada por sus últimos comportamientos encontrándose algo más serena y sobria que en esos momentos—. Gracias.
Clarke que se aproximo hacia ella posó la mano sobre su espalda suavemente quedandosela viendo y llevo su otra mano a su rostro apartándole un pequeño mechón.
—No tienes porque dármelas, no he hecho nada para merecerlas, créeme.
Lexa que se estremeció ligeramente al sentir aquel gesto bajo la mirada al sofá subiéndola después a sus labios y después a sus ojos.
—Aún así, quiero dártelas —respondió Lexa viéndola a los ojos con verdadera sinceridad—. Te has portado muy bien conmigo aún no teniendo ni porque hacerlo.
Aquello hizo que Clarke sintiese una punzada en el estomago señal de su traición la cual ignoro sin poder ni querer dejar de mirarla teniéndola tan cerca.
—Hay... hay algo de lo que me gustaría hablarte, ¿sabes? —dijo Clarke con cierta cautela bajando un poco la mirada con cierto pesar y vergüenza—. Algo que no te va a gustar oír pero que necesito contarte.
Y ahí estaba, la pieza del puzzle que Lexa no acababa de comprender. Demasiado bueno para ser todo verdad.
Lexa se la quedo viendo y por un instante retuvo la respiración sin ser consciente de ello.
—Hay... hay alguien más en mi vida... —comenzó diciendo Clarke tragando lentamente sin dejar de mirar sus ojos—. Alguien con quien he estado los últimos tres años y de la cual ya no estoy enamorada pero que no sé como dejar.
Lexa que entreabrió los labios quiso decir algo que resultase inocuo, quizás gracioso para restar importancia al asunto pero no pudo hacerlo porque una punzada en el corazón se lo impidió.
—Voy a romper con ella, te lo juro es solo que... que necesito algo más de tiempo porque las cosas son realmente más complicadas de lo que crees —se apresuró a explicarse Clarke con sinceridad viéndola a los ojos—. Quiero estar contigo. Me gusta estar contigo y creo que... que entre nosotras podría haber mucho más, pero tengo una vida hecha en Boston desde hace algunos años y no quiero lastimarla porque no lo merece y tú tampoco, Lexa.
Clarke bajo la mirada sintiendo aquel silencio de Lexa caer como una pesada loza sobre sus hombros y trató de encontrar las palabras adecuadas con las que poder justificarse.
—Necesito que entiendas que yo no pedí esto. Cuando vine aquí, no sabía lo que iba a pasar —murmuró ella antes de atreverse a levantar la mirada hacia sus ojos—. No sabía que iba a enamorarme de ti.
Lexa que se la quedo viendo bajo la mirada a la toalla jugando con una pequeña pelusita blanca.
—Quizás no lo hayas hecho, quizás solo creas que ha sido así.
Clarke se apresuro a negar, se conocía demasiado bien como para mentirse a sí misma y posó su mano sobre la de Lexa para que esta la volviese a mirar.
—Yo sé lo que siento por ti. Sé como me siento cuando estás cerca, cuando te veo mirarme o sonreír —repuso ella con sincera convicción llevando una de sus manos al rostro de Lexa para acunar su mejilla—. Y sé que no me perdonaría en la vida de no hacer este intento de ser feliz.
Clarke acercó sus labios a los suyos capturandolos muy suave y dulcemente logrando que Lexa cerrase sus ojos temblando de pura sensación y al separarse unos centímetros de ella acarició su rostro con cierta devoción.
—Por favor, no me odies por no habértelo dicho antes. Nunca he querido mentirte respecto a nada pero hay cosas que me impiden ser del todo sincera contigo, las solucionaré si me das algo de tiempo y... y te prometo que después todo será distinto.
Lexa había oído alguna que otra vez las mismas palabras que Clarke le decía ahora. La dejaré. Nunca he querido mentirte. Dame tiempo para ocuparme de todo, y esa clase de palabrería que solía acompañar a un cumulo de mentiras propias de alguien que no dejaría a esa otra persona jamás por miedo a la inestabilidad, pero algo en su interior, algo instintivo y profundo hizo que de algún modo quisiese creerla.
Tal vez ella también sintiese algo por Clarke, quizás ella también estuviese enamorándose de ella.
—No más mentiras —la hizo prometer Lexa quedandosela viendo unos instantes a los ojos.
Clarke que sintió el estomago encogersele a sabiendas de todo lo que estaba ocultándole abrió la boca y lo único que pudo responder fue...
—No más mentiras —prometió Clarke sabiendo que quizás no pudiese cumplir del todo con ella no respecto a Niylah, si no a su trabajo.
Cuando Lexa simplemente asintió creyéndola acercó su cara a la suya a tientas y esta vez fue ella quien la beso lenta y sentidamente mientras su corazón se aceleraba un poco dentro de su pecho.
Clarke también pudo sentir aquello y no pudo evitar llevar las manos a su cara saboreando aquel beso de una manera única, como nunca antes se había permitido besarla aunque la conciencia martilleaba de forma ligera su mente gritándole que fuese aún más sincera con ella, que le contase todo respecto a lo que estaba pasando allí.
Pero no lo hizo, no tuvo valor ni ocasión de estropear aún más las cosas añadiendo un cargo extra o una preocupación de más a sus ya cargados hombros de problemas.
Se lo diría, se lo contaría en algún momento, se prometió.
Solo que ahora no...
No ahora que parecía que el aire estaba desapareciendo por completo de la habitación, no ahora que aquella hermosa visión que suponía Lexa ante ella, la hacía querer desearla aún más.
Sin saber como Clarke encontró el valor de pegar su cuerpo del todo al suyo deslizando las manos por su cintura para aferrarse a ella y poder disfrutar aún más de aquel cálido beso que se alargaba produciendole un estremecimiento tal que tuvo que apoyar la cadera del sofa por temor a poderse caer sintiendo incluso el suelo desaparecer bajo sus pies.
Inmersa en aquel cálido beso, en un beso tan distinto a los que estaba acostumbrada a recibir, Lexa no quiso querer saber nada más, completamente pérdida en el deseo.
La temperatura de la habitación parecía haber aumentado un par de grados y las piernas le temblaron ligeramente al sentir su deseo crecer y su cuerpo latir y clamar por lo que verdaderamente quería, a ella.
Si lo de Clarke era una mentiría, si finalmente se echaba atrás y regresaba con su pareja, al menos tendría algo para recordarla, algo solo de ellas.
Aquel momento estaba resultando algo único, algo verdaderamente intimo, sugerente, hermoso, algo que Lexa no recordaba haber vivido jamás y le gustó por una vez atreverse abiertamente a sentir eso.
Alargando aquel beso hasta conseguir lograr que jadease Clarke en busca de aire con el que recomponerse, Lexa sintió como la mano de Clarke se deslizaba caliente y resbaladiza por su cintura colándose bajo la pegada camiseta hasta rozar su caliente piel.
—Quiero... —logró articular Clarke en un murmullo tras unos segundos bajando con húmedos besos por su cuello muy lentamente inhalando el dulce aroma a flores del champú para el pelo que Lexa había usado antes—. Quiero saborearte entera...
Aquel susurro hizo que Lexa se estremeciese con los ojos aún cerrados y la boca entreabierta dejando escapar pequeños suspiros y algún que otro contenido jadeo.
—Dime Lexa... —volvió a susurrar Clarke bajando ahora por su clavícula con sus labios hasta alcanzar la preciada curva de sus pechos en un lento susurró acariciando con la yema de sus dedos la suave piel de la línea de su costado con su mano aún metida bajo la camiseta—. ¿Me dejarás saborearte?
Un murmullo de aprobación que sonó más a un ruego escapó de los labios de Lexa que aún mantenía los ojos cerrados deleitándose en cada pequeño beso, caricia y sonido que manaba entre ellas y sin invitación alguna se llevó las manos a la camiseta tardando una milésima de segundo en quitársela.
La deseaba...
Dios, la deseaba tanto que de habérselo pedido Clarke en aquel momento hubiese hecho cualquier cosa por ella, cualquier cosa que ella quisiese.
La visión de Lexa de pie frente a ella en sujetador azul con la larga melena ondulada, húmeda y suelta cayendo sobre parte de su pecho, su desnuda espalda y su piel, con los labios algo enrojecidos por aquellos besos y los ojos vidriosos y anhelantes de puro deseo, hizo que Clarke verdaderamente se humedeciese.
Jamás y nunca antes había visto la perfección hecha persona, y en aquel instante en que sus ojos fueron a parar al cuerpo y al rostro de Lexa que estaba completamente entregado y dispuesto a ella, esa visión cobró realidad.
Se dijo a si misma que debía mantener la calma, que perder el control no era la idea pero maldita sea, perder el control con ella era algo que bien podría pasar debido a que el deseo era mucho más fuerte que su paciencia.
Estaba a un solo latido de querer arrancarle el pantalón y hacerla suya allí mismo, en el suelo, en el sofá, en la mesa, en el salón...
Y lo mejor es que a Lexa aún así le gustaría.
Besaba tan bien, sabía tan bien... su piel era tan tersa, tan suave en cada curva, en cada rincón que la sola imagen de ella desnudándose hacía que su sexo latiera.
Como si adivinase sus pensamientos Lexa llevo su mano lentamente a la cintura de su pantalón y metiendo sus pulgares por entre la tela y su piel movió lentamente su cadera en una especie de contoneo y con dos movimientos lo deslizó hacia abajo logrando bajárselo.
Cuando quedo solamente en bragas y sujetador frente a la rubia agente, todo el aire de la habitación desapareció para Clarke que contuvo momentáneamente la respiración.
Absolutamente perfecta, si, se dijo a si misma ante aquella edulcorada y anhelante visión, absolutamente perfecta.
La tela estorbaba entre ellas y Clarke quiso llevarse la mano al lazo del fino cinto que mantenía en su lugar el fino vestido estampado y suelto que llevaba y en cuanto este se soltó, Clarke no tuvo ocasión de quitárselo pues Lexa se adelantó a ella relamiéndose los labios de pura anticipación y se lo quitó por encima de la cabeza lanzandolo a ún lado antes de regresar nuevamente a sus labios con cierto anhelo y pasión.
Oh si, el viciado aire de la habitación había desaparecido al fin del todo y el único aire que Clarke necesitaba era el que manaba de Lexa cuando se besaban acalorada y profundamente entre ellas.
No, no podía ni quería esperar más.
Sabía lo que deseaba, lo que quería aquí y ahora e iba a ir a por ello aunque la vida se le fuese en ello.
Cerrando sus ojos Clarke separo sus anhelantes labios de los suyos descendiendo con ansiosos y humedos besos sobre su piel, tomando a Lexa con firmeza por la cintura subiendo a tientas su mano para deshacer el cierre de su sujetador, en cuanto este se abrió y libero el pecho de Lexa, el aire apenas la rozó porque Clarke lo cubrió con una de sus manos ocupándose de llevar la boca al otro sintiendo la tibia tela caer a sus pies.
En cuanto succionó un poco con fuerza y Lexa gimió, repitió aquel movimiento acariciándola por entero con su otra mano sintiendo bajo sus dedos aquella caliente piel lista y preparada absoluta y completamente para ella.
Se demoró, besándola aún más, retirándose al escucharla gemir de puro placer regresando segundos después por ella y cuando supo que al fin estaba lista para recibirla del todo, Clarke no tardó en deslizar su mano por su suave vientre metiendola bajo la fina tela de sus braguitas encontrando su punto más caliente.
Lexa con los ojos cerrados siseo al sentir como los dedos de Clarke la acariciaban muy lentamente en una suave y sibilina caricia que la hizo vibrar, y en cuanto un nuevo jadeo escapo de su boca y el corazón le latió aún más fuerte en el pecho, Clarke movió aún más su mano internando sus dedos resbaladiza y calientemente allí donde la piel de Lexa era más tierna haciéndola arquearse ligera e inesperadamente con un nuevo gemido que rasgo el aire aumentando su propio placer.
Clarke que volvió a capturar sus labios con los suyos esta vez con más decisión, con más ansia y más fuerza se deleitó en cada pequeño sonido que manaba de los labios de Lexa y que llenaban la habitación.
—¿Podrás... podrás perdonarme si alguna vez... meto la pata contigo? —susurró ella en sus labios sin dejar de besarla con ardiente deseo y pasión continuando con aquellas ardientes caricias—. Mi intención jamás será hacerte daño, Lexa...
Más allá del deseo que sentía, más allá de los limites que estaban a punto de cruzar, aquellas palabras a Lexa le llegaron plenas, lejanas y quizás vacías, pero ahora mismo ni siquiera era capaz de pensar con claridad tan solo asintió con la cabeza deseando más y más de su parte, casi alcanzando su punto álgido de placer.
—Jamás...
En el fondo, muy, muy en el fondo Lexa era consciente de que algo le indicaba que no debía fiarse del todo de ella, su instinto le gritaba, no, le suplicaba que no confiase del todo el su palabra pero su deseo, su ansia por querer experimentar aún más con ella, por ver hasta donde la vida las llevaba a las dos, lo superó.
Quizás hiciese mal en hacerlo, quizás todo aquello puede que fuese un error, pero si lo era, prefería equivocarse con Clarke en aquel momento que con cualquier otra persona que pudiese hacerla sentir algo que no fuese dolor en su corazón.
Continuara...
