Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 66

Reborn estaba disfrutando de la tortu-musical y teatro de las pobres almas en desgracia bajo su dominio. Solo faltaba que volviera el tondo de su hijo y trajera lo que le pidió. No había mejor forma de disfrutar de la desgracia y-

- Aquí tiene amo, tal y como lo pidió. – Ah, allí estaba. – Que lo disfrute~

Había hecho un gran trabajo en el futuro, un gran trabajo. El chico frente a él estaba lo suficientemente camuflado para no solo mezclarse y que no se dieran cuenta, sino que en un par de movimientos podía volver a ser quien era o pasar a otra persona. Es decir, tenía el equilibrio y versatilidad perfectos, cosa que no era tan sencillo de hacer. También tenía la distracción y el cambio de personalidad bien a la medida. Era una lástima que no se pudiera engañar al mejor asesino a sueldo del mundo, pero de resto…

- Estoy bastante seguro de que no pedí eso. – "Eso" se ofendió, por supuesto.

- ¿Cómo no estas feliz de verme Reborn? – Si bien era bueno y todo ver que ya había regresado, sin percances y con nueva, más le valía útil, información, no estaba contento de verlo justo ahora y menos así.

- Tienes a mi sirvienta. – A pesar de decir esto y arquear una ceja, como si eso explicara todo, lo que en verdad pasaba por su cabeza era algo muy distinto.

Todo podía resumirse en una pregunta: ¿que había hecho Dino para que Tsuna decidiera cobrárselas de esta forma?, lo más suave seria-

- Bueno, cuando llegue ya Luce-chan estaba apegada a mi… - Dino trago profundamente ante la mirada escalofriante y el repentino escalofrió que surgió ante el nombre de la chica que estaba muy apegada en su brazo y de sonrisitas. – Y bueno, no quiero hacer sentir mal a una bella dama… - Detrás de Dino, Romario bajo la cabeza y se cubrió los ojos. Hace tiempo que Romario sabía que a su jefe no le deparaba nada bueno, desde el momento en que su hermanito se apegó a su brazo y comenzó a actuar como una colegiala enamorada. – No sabía que era tuya, lo siento mucho sensei.

Olviden lo más suave, pasemos a máximo.

- Tienes un nuevo y divertido entrenamiento a partir de ayer. – Un segundo más tarde en bajar la cabeza y quizás no la tuviera.

- ¡¿Pero que hice?! – Mejor pregunta: ¿que hizo tu yo futuro para que Tsuna te marcara por muerto? - ¡Apenas voy llegando! – Unos cuantos hoyos le terminaría de asentar el mensaje.

- Ser un degenerado. – Era lo único que se le ocurría con lo poco que tenía para trabajar.

Si no entendió con la lluvia de disparos, no entendería con nada. Ignorando el leve susto del resto de la gente que ahora se reía porque creían que todo era un juego, Dino cayo y rodo cerca de la puerta mientras huía, Romario y sus hombres justo detrás. Más tarde arreglaría cuentas con él, por ahora…

- ¿Se propaso contigo? – La alegría y el buen humor, que le recordaba de inmediato a Nana solo por la forma en la que "Luce" obviaba lo que acaba de ocurrir justo en frente de ella diciendo que no sabía que el señor Dino era tan bueno con los niños, no lo engañaba.

Ante la pregunta la sonrisa vacilo por una fracción de segundo y esa era toda la respuesta que necesitaba. Era un riesgo del oficio, ni siquiera se necesitaba hacerse pasar por nadie para que pasara, pero alguien conocido… Bueno, ya lideraría con Dino. Estaba bastante seguro de que fue su versión futura, lo había visto coquetear con "Luce", pero no se imaginó algo así. Eso no se hacía, menos con una dama…

- ¿Por qué "Luce"? – Tsuna debía de saber-

- Es un bonito nombre. – Tsuna había basado esta chica en su madre, no había duda. Por Dios, ¿cómo los demás no se habían dado cuenta? – Creí que te gustaría, Reborn-sama. - Un tono de ensoñación y Tsuna tenía el descaro de sonreírle y besarle la mejilla como si fuera un bebé. – Lo hizo para confirmar si era yo, sabe perfectamente que no me gusta. – Dicho esto, se levantó, agarro la bandeja y comenzó a tomar los platos sucios, tarareando como si nada.

- ¿Ah sí? – En su mente había algo muy distinto. – Siéntate un rato conmigo, ¿si Luce-chan? – Después de todo: - Es tiempo de tu descanso de todos modos, ¿no es así? – Antes de que se esfumara, lo haría en cualquier momento.

Tsuna había usado el nombre de Luce para molestarlo apropósito… Así sería lo que el idiota de Dino le hizo para buscar que el mejor asesino a sueldo del mundo quisiera matarlo… Bueno, tenía que darle una manito arriba. No había peor castigo que ese, y no podía evitar preguntarse cuantas veces Tsuna había hecho precisamente esto. Tirar ovejas a la guarida del lobo no era un castigo leve después de todo…

- Como ordene, Reborn-sama. – Lo que un chico hacía para librarse de unirse a las almas caídas en desgracia, ¿eh?

- No sé cómo no se han dado cuenta. – Comento una vez que estaban ambos sentados, comiendo torta. No iba a pagar nada de esto, eso era seguro. - ¿No lo pudiste basar más en tu madre? – De seguro que si podía, pero no se lo decía por eso.

- Depende con quien me tope. – Esto fue dicho de forma más seria de lo que esperaba. – En general, para las circunstancias, una personalidad ingenua y un tanto despistada va perfecto con la temática de una dulce sirvienta. – Pues en eso tenía que darle la razón. Le había enseñado bien. – No fue con lo que vine en mente, te lo aseguro.

- ¿Ah no? - ¿Entonces que planeaba hacer?, dudaba que los… atributos extras salieron de la nada.

- Tenía entendido que eran sirvientes, de ambos géneros. – Hubo un largo suspiro. – Gracias a ti siempre me preparo para los dos géneros. – Si, le había enseñado muy bien. – Por cierto, lo de los nombres fuiste tú, son códigos. - ¿Ah?

- ¿Códigos? - ¿Por qué necesitarían códigos…?, a menos que… oh.

- Al principio fueron unos pocos, y luego crecieron. – Eso no sonaba muy bien, ¿en qué tantos problemas se podía meter este chico…? – Luce es el código que elegiste para cuando se propasaran sexualmente conmigo o el coqueteo fuera demasiado, no querías que lo dejara pasar si no podía volar mi coartada. – Ah. – Claro, esa es la versión fémina, la masculina… - Una sonrisa traviesa se mostró. Esto iba a ser bueno, ¿no es así? – es Viper.

Un minuto de silencio. Luego vinieron las risas.

- Ella quiere matarte por eso, ¿sabes? – Y aun así te ríes, pequeño gusano. – También quise matarte, creo que lo hiciste con toda la intención de frotarme en la cara que herede la mayoría de mis genes de mi madre… - Totalmente, totalmente. Tenía que sacar entretenimiento de cualquier lado.

- Cuando seas mayorcito entenderás. – Su acompañante soltó un resoplido suave, internamente rodando los ojos de seguro. - ¿Qué piensas hacer ahora?, ¿escapar? – Iban a matarlo, al menos unos cuantos compañe-

- Divertirme. – Y como quien no quiere la cosa: - No voy a tener otra oportunidad como esta, ¿quién soy yo para no aprovecharme de ello papá? – Giro lentamente la cabeza para ver la cara del ser que había dicho tales palabras como si dijera algo obvio.

No había nada raro, nada. Solo la cara de una dulce sirvienta que solo planeaba regar las flores o alguna estupidez como esa. No era la cara de alguien que acaba de decir que iba a meterse con sus amigos más cercanos de una forma brutal, quizás llegando a traumatizante para ser solo una broma pesada, como si fuera algo de esperarse.

- No los mates. – Se limitó a decir, tomando un trago de su preciado café.

Esos chicos no tenían ni idea de los que le venía. Quizás no era inesperado. De tal palo tal astilla. El no dejaría pasar la oportunidad de divertirse a costillas de alguien más. Si Tsuna quería participar y ahorrarle trabajo, era bienvenido. Ahora… ¿a qué hora comenzaría la función?, quería tener las palomitas preparadas y asiento de primera fila.

Más tarde, en otro lugar cercano…

- Ma ma, no fue tan malo Gokudera. – Yamamoto sudo frio ante la mirada de muerte y las obvias ganas de hacer algo violento.

- No puedo creer que Reborn-san nos pusiera hacer eso. – No había palabras para describir su furia, la injusticia, y el quedar con las manos vacías.

- Y yo no puedo creer que-

- ¡Estuvieron increíbles! – Vino justo detrás, sin previo aviso.

Ambos chicos, justo con los pocos que quedaban guardando instrumentos, giraron ante la voz inesperada. Encontrarse con una linda sirvienta, de pelo marrón y dulce sonrisa no era lo que se hubieran esperado, fuera obvio o no. Después de todo, las sirvientas no trabajaban de este lado, y si aparecían estaban para comerse a alguien, masticarlo y escupirlo por diferentes motivos. Así que…

- ¿Y tú quién-

- ¡Fueron increíbles! – Repitió, sonriendo aún más y acercándose. – Especialmente tu Gokudera-san, no sabía que tocabas el piano tan bien. – De paso: - Gracias por compartir tu talento, lo mismo con todos ustedes. – Se inclinó profundamente, como si la sonrisa y las palabras sinceras no hubieran sido suficiente como para dejar a todos los presentes sin palabras.

Era suficiente para sonrojarse, se quisiera o no, era linda. El traje de sirvienta no ayudaba en lo más mínimo a la situación. Quien se vio en problemas fue Yamamoto, o al menos fue el primero:

- Aparte de habilidoso en el béisbol también tienes talento con la flauta Yamamoto-san. – Ojitos con estrellitas, sujeta del brazo ajeno antes de poder reaccionar.

Era tan cercano que era imposible no notar cosas que no se debían de notar, y mucho menos hacerle saber, a una dama. Al menos no sin meterse en problemas, claro está. Era suficiente para ser la envidia de los otros muchachos, se quisiera o no. Y para un sangrado nasal para algunos. Para buena o mala suerte:

- Vamos amos, ¡les invito un trozo de pastel de chocolate! – Gokudera también se vio envuelto en el paquete, quizás mucho más de lo que quisiera. – Fue espectacular…

Y así la dama sin nombre se llevó a dos chicos sin habla intentando no mirar a sitios inapropiados y muchos menos verle la cara a la chica que tenía ojos muy lindos y una sonrisa demasiado dulce. Si lo hacían no podían decirle no cuando recobraran la compostura, lo cual no sería pronto si la chica seguía demostrando que tenía buenos atributos con ese agarre de hierro. No podían librarse, mucho menos podían decirle nada porque no solo aun no podían reaccionar ante el inesperado secuestro sino porque esas cosas no se decían sin esperar una mala recepción. Lo que ambos no sabían era que incluso si lo hubieran intentado, la chica tenía planes y eso incluía incomodarlos.

- ¿Y nosotros…? – Salió el murmullo de un chico que se había emocionado y la chica linda ni siquiera lo miro. – También hicimos nuestra parte, ¡incluso cante! – Lloriqueo, lamentando su suerte.

- ¿Por qué tienen que ser siempre ellos…? – Lloriqueo otro, esperanzas destrozadas al no ser ni mirado tampoco. – Son gay, ¿es que las chicas no lo notan? – Se quejó para sí, sin quererlo decir en voz alta porque si lo hacia lo mataban. No sabía quién haría los honores, la cola era larga. – Siempre están detrás de Dame-Tsuna, ¿eso no dice nada…? – Saco un pañuelo y soplo con fuerza.

El ultimo ni siquiera se molestó en abrir la boca. Era completamente injusto, esos dos casi no hicieron nada y tenían a las chicas que les llovían, ¡y esa era una preciosura!, todo era porque eran populares, ¿no es así?, ¿no es así?

Inadvertidamente para ellos tres, alguien sonrió de una forma que hubiera helado sus huesos al escuchar tales cosas. Oh, si tan solo supieran… las pobres almas en desgracia no estarían llorando por una estupidez como esta. Después de todo, Yamamoto y Gokudera no bateaban para el otro equipo, y lo hicieran o no, lo que les esperaba detrás de la imagen de una linda y dulce sirvienta sería algo que jamás olvidarían y les haría dudar de muchas cosas cuando se les acercaran extraños. ¿Qué podía decir el Décimo Vongola?, aparte de divertirse también se estaba asegurando de darles una valiosa lección a sus guardianes. Era mejor él que Reborn, eso era seguro. Tsuna solo les estaba haciendo un favor a todos. Se lo agradecerían algún día.

- Eh, no es por-

- ¡Y allá esta mi hermano! – La chica volvió a esquivar los pobres intentos de detenerla, recordándoles a cierta mamá de alguien porque parecía estar en su propio mundo. - ¡Maketo! – La chica chillo y su agarre se hizo peor, haciendo a ambos "prisioneros" maldecir internamente ante tal aprieto y ante el hecho de que la chica estaba bien dotada. - ¡Mitsuki!, ¡hermanita!, ¡también estas aquí!

El nuevo par no supo que los golpeo hasta que la chica les llego de frente y soltó a sus víctimas por un corto momento para abrazarlos y besarlos como si se los conociera de toda la vida. La retira táctica (correr como alma que lleva el diablo) no funciono. De hecho, quizás la situación se hizo peor:

- ¿Les gusto el show?, les presento a dos estrellas principales: Gokudera-san y Yamamoto-san. – El nuevo par parecía haber tragado un limón y estaban súper estupefactos. - ¡Vamos!, ¡traeré pastel!, ¡donas!, ¡hay que celebrar!

En menos de un minuto habían sido secuestrados cuatro personas y no solo dos. ¿La razón?, aparte de que no se le podía decir que no a esa carita y de paso la chica no parecía darse cuenta de la incomodidad de sus víctimas, si uno iba a sufrir entonces había que compartir. Y como las dos nuevas personas eran familia… pues deberían de poder explicar, servir de escudo, o solo Dios sabe qué. En algo tenían que ayudar.

Cualquier destino que hubieran esperado en medio de ser secuestrados y también en medio de una charla casi unilateral no fue a donde llegaron.

La cara de Hibari ante su aparición reflejaba la suya propia. Después de todo, que un grupo de gente entrara como fulanito por su casa a su-

- ¡Kyoya-koi! – Como si no hubiera matado a nadie con solo eso, la chica sonrió de una forma muy amorosa y termino de matarlos a todos: - Espero que no te moleste, traje a mi familia y a unas estrellas, ¡ha sido increíble! – Completamente inocente, como si nada pasara. – Se lo mucho que querías que el almuerzo fuera para nosotros Kyoya-koi… - Una gran sonrisa: - ¡Te lo compensare!, ¡lo prometo!, sabes que nunca falto a mi palabra.

Si las palabras solas no fueran suficiente para provocar infartos en todos ellos y en los pobres miembros del comité presentes, por no hablar de cómo Hibari quedo tieso contando dinero en medio de una conversación con su mano derecha sobre lo que harían con las "donaciones", lo que siguió mando a varios a sus tumbas prematuras.

No había forma de no darse cuenta que Hibari no estaba bien con nada de lo que ocurría, en especial cuando la chica se le lanzo encima para abrazarlo, darle un beso en la mejilla y colocar su cabeza en su regazo, hablando de lo que harían para compensarle la pérdida de un almuerzo solo ellos dos. La chica sin duda alguna vivía en su propio mundo si el horror del prefecto decía algo. ¿Tal vez no la conocía o no quería que se supiera nada?

- ¡EXTREMO! - ¡Crash! – Hey Hibari, el bebé me pidió que… - Una pausa. - ¡Lo tenías bien escondido al extremo Hibari!

El prefecto demonio estaba tan horrorizado y en shock que no podía mover ni un musculo. De forma muy tímida, Yamamoto tuvo que preguntar:

- ¿Su hermana tiene problemas? – Eso, o de verdad Hibari había ocultado que tenía novia todo este tiempo y una bien bonita…

En otro lugar…

- Lo siento chicos, tengo que ir a rescatar a cierta gente… - Más bien iba tarde. Muy tarde.

- ¿Que gente? – Ah… mejor no lo decía.

- No quieres saber. – De verdad que no. No quería saber nada, lo garantizaba.

Conocía a Tsu, lo conocía lo suficientemente bien como para saber que les estaba dando un momento de horror a todos de alguna forma. Era su pequeña venganza con todas las veces en las que su familia lo metió en aprietos o en situaciones muy incomodas mientras se hacía pasar por el género opuesto. Especialmente Gokudera y Hibari. Esos dos no tenían discreción en ningún lado y no lo tendrían hasta mucho después. Y cuando decía mucho después, se refería a mucho después. También era un perfecto desquite a lo que Reborn había hecho, lo cual, sin duda alguna, fue ayudado por alguien o varios de las pobres almas caídas en desgracia.

Alguien tenía que apiadarse de ellos, Tsu no los soltaría hasta dentro de unas horas y se los repetiría todos estos días si podía. Lo último que necesitaban era desarrollar un enamoramiento de una persona ficticia y que Tsuna luego quisiera matarlos si se enteraba. Había pasado con gente enemiga. Era lo malo de la forma de ser de Tsuna, la amabilidad hacia muchas cosas. Que Tsuna no se diera cuenta o lo ignorara era otro tema. Estaba allí y si Tsu no fuera un * ciego se daría cuenta de que habían, hace años al menos, unas cuantas personas que habían querido algo más que amistad y el muy idiota no se dio cuenta. Siempre estaba la posibilidad de que se hiciera el tonto a nivel épico, pero prefería ignorar esa posibilidad.

Alguien que era tan bueno con niños no podía hacer tal cosa. Debía de querer los suyos propios así no lo admitiera. Tenía que haber otra razón en juego… Aunque claro, Tsuna nunca tuvo prisas. A los 21 en verdad no las había, pero cielos… ya iba a tener 25. Y aun no lo había visto con nadie. Si Tsu seguía enamorado de la misma chica luego de más de una década iba a matarlo. Hipotéticamente hablando, claro.

- ¿Hola? – Que extraño, estaba muy… ah. Bingo. – Hey, ¿no era que vendrías por mi lindura?

Sonrió y guiño un ojo, ignorando la situación que muy claramente gritaba a horror. Pobres. Esto era una leve venganza.

- Después. - ¿Ah?, ¿de verdad? – Kyoya-koi viene primero, ¡y traje amigos! – Hibari se estremeció en el sitio y parecía a punto de en verdad matar a alguien.

Por la mirada del prefecto, alguien sabía que había algo fuera de lugar. Ah. Eso era bueno. Igual le daba risa. Ahora…

- ¿Y bien?, ¿vas a decirme con que nombre estas operando? – Tomo asiento, y le tomo trabajo no reírse de las miradas suplicantes de cuatro chicos que no sabían que hacer. Le sorprendía que Gokudera estuviera incluido en eso y no hubiera volado nada… Tsu probablemente le robo las dinamitas sin que se diera cuenta. Era especialista, ¿qué podía decir? – Esta torta es una delicia.

- Tsubaki. – Fue la respuesta con una carita muy linda. Ah. Con que Tsubaki, ¿eh?

- Bien, Tsubaki… - No era por nada, pero le extrañaba que estuviera usando ese código en particular. O persona. Tsubaki era más en las líneas de "nada serio, solo molestando" que un código. - ¿Te diviertes? – Oh claro que sí, ambos lo sabían. - ¿No crees que es suficiente?, creo que ya estás haciendo sufrir mucho… - Solo para lograr su punto: - ¿Te has visto en un espejo?, estas preciosa y radiante, no quieres dar la idea equivocada, ¿cierto?

Su plan era perfecto, así que no se esperó:

- Kyoya nunca abusaría de mí. – Se abrazó más. Pobre Hibari, Tsu había usado atributos un tanto… grandes. Sus cejas subieron ante la lengua burlona.

No tuvo que buscarle la vuelta, la diversión se acabó allí, por suerte. Todo fue marcado por la pérdida de esa sonrisa y luego porque Tsu se apartó del pobre prefecto y se sentó cruzándose de brazos. Lo que siguió lo dejo loco en más de un sentido:

- ¿Una ilusión? – Eso no debería ser posible, a menos que… No, no fueron Mukuro o Chrome, las caras de sorpresa lo decían todo.

El cambio fue en menos de un pestañeo. En lugar de una hermosa sirvienta, había un sirviente. Uno que estaba medio divertido, medio irritado. Y muy bien vestido, y con maquillaje. Eso se perdería en un momento, estaba seguro.

- No es culpa mía que Reborn cambiara todo para que los sirvientes fueran de un solo género. – Rodo los ojos. – A última hora, por supuesto. – Con una sonrisa que recordaba de inmediato a dicho asesino: - Soy un especialista, ¿qué esperabas?, tengo que venir esperando lo mejor y preparado para lo peor… - Ah. No esa charla otra vez. – Cúlpalos a ellos, no me dejaban fuera de su vista, yo también quiero mi tiempo a solas por todos los cielos…

Esa… esa no era la charla. Estaba bien cerca, pero no era la charla.

- Además, es muy humillante tener que ver una obra que básicamente relata tu vida delante de un montón de gente y que de paso sea de tal forma… - Alguien no estaba feliz. Ni un poquito. – No iba a participar, así de simple. Primero exploto la escuela. – Como si recordara a quien tenía al lado: - Culpa a Reborn, no a mí. – Para todo el mundo: - Técnicamente hablando, estuve allí todo el rato. Es decir: no me escape, no hui, no los deje a su suerte, ni realice ningún acto u acción que afectara la obra o sus capacidades. Cumplí mi parte. – Ni una gota de arrepentimiento.

Quizás, en la mente de los jóvenes presentes, lo peor era que Tsu tenía razón. Estuvo presente, por tanto no falto ninguna regla, y por consiguiente no podían castigarlo. Eso no quería decir que iba a salir bien luego de todo esto, en especial por la mala pasada que acababa de hacerles a-¡No!

- No le des ideas. – El ilusionista le dio mala cara ante la mano en la boca, finalmente deshaciendo la ilusión de un chico con mala pinta. Chrome no tardo en seguirle, afortunadamente. – En serio, no le den ideas. – O ganas de hacerles algo peor, pensó con una mueca interna mientras que por fuera sonreía nerviosamente.

- ¿Por qué yo? – Sonó alguien, el segundo en recuperar su voz, a punto de estallar.

- Diría que costumbre. – Respondió antes de que Tsu dijera algo que podría terminar en caos. – Cuando las cosas se van de las manos, usualmente llega a ti con alguna mentira descabellada para que vueles todo en pedazos. – Tosió en su palma, algo incómodo. – No lo tomes personal, es básicamente su forma de decirte que puedes hacer lo que quieras sin volar su coartada. Aquí no tanto…

- Los necesitaba de piedra, y funciono hasta que llegaste a arruinarlo. – A salvarlos quizás. – No solo a él, a todos. No es mi culpa que él las agarre rápido y no me delate. Y no coquetee. – La expresión apacible cambio a una muy fea por un par de segundos. – La parte buena es que nadie batea para el otro equipo… - Una leve pausa antes de soltar: - excepto Mukuro, ni idea con él.

Se llevó una mano a la boca para no reírse abiertamente. Tsu no podía guardarse ese tipo de comentarios, ¿no es así?, aunque eran más observaciones que comentarios…

- No me mires así. – Más bien, menos mal que el ilusionista hizo caso a su consejo. – En fin, quitando la diversión, ¿en serio querían quedarse allá más tiempo del necesario? – Pobre Hibari, él había estado feliz antes de todo esto. – Kyoya va a demoler las cosas pronto, no tengo ganas de repetir esto mañana. De por si tengo que devolverle todo el maquillaje a Bianchi-

- ¿Y el traje? – Eso era lo que le encantaría saber, la verdad. Estaba bastante seguro que en esta época-

- Estoy seguro de que nadie lo extrañara. - ¿Había entendido bien?

- ¿Te lo robaste? – Por Dios…

- Lo tome prestado de objetos perdidos hace tiempo. – Como si no hubiera nada de malo en lo que había dicho o en el hecho de que había un traje casi nuevo de sirviente en los objetos perdidos de la escuela, Tsu siguió con la siguiente declaración: - También encontré un traje de enfermera, lo que me recuerda que hay un café con esa temática hoy en algún lado… - Entre otras cosas. Como la casa de espantos que mejor no mencionaba. – En fin, ¿alguien quiere almorzar?, antes de que Hibari-san nos mate… - Agregándole leña al fuego: - ¿Alguna forma de compensarte el mal trago Kyoya?, una que no involucre una pelea justo ahora…

Tsu podía llegar a ser muy optimista a veces, pensó con una mueca. El prefecto demonio estaba puliendo sus tonfas solo para oír la explicación completa antes de morder hasta la muerte al chico que le había dado un completo dolor de cabeza y perdida de la realidad en el momento en el que apareció por esa puerta. Solo podía imaginárselo: siguiendo la rutina como siempre, y de la nada llega una chica diciendo ser su novia y teniendo las agallas de abrazarlo y demás. En menos de un segundo. Culpaba a Reborn y culpaba a los guardianes por nunca prestar atención sin un evento épico o súper drástico apareciendo en todo el medio.

- Esto también me lo estás haciendo para no hablar conmigo, ¿verdad? – Se dijo para sí, divertido. El haría lo mismo, tristemente, en el lugar de Tsu.

Al menos media escuela desaparecería de la faz de la tierra para cuando Hibari se cansará. No sería pronto, eso todos lo sabían.

- Así que… - Al menos tenia compañía, incluso si aún seguían en shock sin poder creerse lo que había ocurrido justo delante de ellos. O el hecho de que su jefe se escapó por una ventana en medio de toda la explicación a sabiendas de lo que iba a ocurrir. - ¿alguna pregunta?, tenemos tiempo. – No había forma fácil de procesar esto, lo sabía. Le había tocado un par de veces. Tsu no daba tiempo para procesar bien las cosas.

Con toda honestidad… ninguno de ellos. Cuando había que disfrazarse, especialmente por motivos de espionaje, el método eficaz cuando todo podía irse de las manos era actuar así: forzoso, rápido, te conozco de toda la vida, y una noticia/hecho chocante. Tsu solo era un especialista en el tema porque Reborn amaba el cosplay, por su forma de ser, y porque sencillamente era más fácil escaparse de ese modo de su familia. Podía pasarles por enfrente y no lo notarían si lo hacía bien. ¿Qué mejor motivo que querer ratos para sí y evadir el papeleo?, su propia familia lo enseño, en su humilde opinión.

Claro que dicha familia jamás iba a creer tal cosa, especialmente la que tenía justo en frente. Después de todo, no había mejor maestro que la necesidad o un buen motivo. Todo jefe mafioso tenia las fuertes ganas de tirar papeleo con todo y escritorio por la ventana algunas veces. O quemarlo. Había motivo, claro que iba a verlo.

Unas horas después…

-… lo creo. – Era incomprensible para él, no importa cuánta razón tuviera el idiota pelirrojo. – De todas las cosas que imagine del futuro no fue que mi jefe se hiciera un maestro del disfraz. – Ignoro la pequeña voz en su cabeza que le recordaba que Reborn era un maestro del mismo tema, y algo de eso tenía que pasarse.

- Mírale el lado bueno…

- ¿Tiene un lado bueno en algún lado idiota del béisbol? - ¿En dónde?, era increíblemente vergonzoso y no quería recordarlo nunca-

- ¿No le viste la cara a Hibari? – Ah… honestamente las suyas no debieron ser mejores. – Y Tsuna no se propaso, no coqueteo en verdad… - Menos mal. Por múltiples ra-

- ¿Oí que hablaban de mí? – Sintió a alguien que le salto encima y lo brazo por el cuello antes de procesar las palabras.

- ¡Suéltame antes de-

- Hey Tsuna, ¿te escapaste de Hibari con eso? - ¿Tsuna?

Para ser su jefe, tenía algo que ningún chico debía tener y su jefe no era de-

- Me escape de Reborn con eso, por ahora. – La voz ya no era femenina, y fue soltado rápidamente. – Y de Emma, definitivamente no quiero hablar con él y no sé cómo no me ha matado aun… - Miro a su lado con horror, y si, efectivamente era su jefe. – La buena noticia es que hice que Hibari destrozara casi todo. La mala es que no se si serán lo suficientemente valientes como para arreglarlo y fingir que no pasó nada mañana. – Como si no hubiera hecho nada del otro mundo. – Fue un día divertido, con todo y todo, ¿no lo creen?

¿Divertido?, ¿con todo y todo fue divertido?

- Ma Ma… - En tres segundos el Guardián de la Lluvia había tomado al otro chico de los hombros, lo había girado e hizo lo que había querido hacer, solo que mucho más al grano y menos violento: - No lo vuelvas a hacer, no con nosotros sin al menos un aviso. – La sonrisa era tensa, y como no iba a serlo.

- Muchas veces no se puede, otras veces no deben reconocerme y otras sería útil que lo hicieran. – De paso: - No sé cómo le hacían para reconocerme, cada quien tenía su forma. – Juudaime lo miro directamente a él al decir: - Siempre me dijiste que un beso en la mejilla era tu clave, si acaso quería que supieras. ¿Hubiera servido de algo hoy?

La verdad es que no. Lo que siguió desbarato muchas esperanzas:

- Ninguno de los dos es discreto, no me hubieran seguido el juego. – Rodando los ojos, agrego: - Considérenlo como una pequeña venganza y una salvada. No les hice nada y la forma que tome no es problemática, ¿o sí?

- Tú no has estado en muchas relaciones amorosas, ¿no es así? – Soltó el beisbolista con una mueca.

- No, pero si he tenido un montón de pervertidos. No les hice nada. – Esto fue ya con exasperación. - ¿Podríamos ir a comer algo?, no he comido nada desde el desayuno, ¿saben?