64. Mensajes ocultos
Bella volvió a agachar la cabeza para vomitar. La nariz y la garganta le ardían como si estuviesen en carne viva. Cogió el papel higiénico casi arrancándolo de la máquina en que lo envolvían, puesto a que los rollos en los baños del colegio siempre se trababan. Sacó suficiente cantidad para limpiarse la cara, antes de sentarse sobre la tapa del inodoro y abrir su mochila.
Imploraba al cielo que las náuseas parasen ya y así pudiese salir por fin de allí.
Se estaba arrepintiendo de haber asistido a clases en esas condiciones. Al menos a la primera hora, sabiendo que podía chocarse con...
—Demonios, Bella —volvió a quejarse el rubio—. Solo te estoy pidiendo que me asegures que no estas así por un posible...
La susodicha cerró los ojos. Desde el día anterior, Edward le había llamado y enviado un mensaje después de días sin hacerlo, con una única pregunta después de la de "cómo te sientes": ¿por casualidad no estarás...?
—Edward, ¡te he dicho mil veces que llevo tomando la píldora a la misma hora cada día durante un año y medio! —siguió chillando ella desde el cubículo.
Y encima había cerrado la entrada al baño de chicas para asegurarse de que nadie lo echase hasta que hablara con ella.
—¡Y te creo! —afirmó él—. ¡Pero solo es desde hace muy poco tiempo que dejaste de ser virgen! Y si ahora me dicen que de pronto empiezas a tener náuseas y a vomitar...
Ella salió de golpe, localizando a Edward y entregándole en la mano un pequeño paquete rosa cerrado con una tirita blanca.
—¿Qué es esto?
—Una compresa usada. ¿Te has quedado tranquilo ya? —le preguntó cortante antes de bufar—. Ve a tirarla, anda.
Edward se la quedó viendo con el ceño fruncido, hasta que decidió reaccionar y meterla en la papelera.
—¿Entonces estás en tus días?
Bella asintió, enjuagándose la boca rápidamente en la primera pica a la que llegó, para después sacar de su mochila un cepillo de dientes en una funda junto a un dentrífico. Edward se tomó el tiempo en que ella se lavaba los dientes para despertar del shock y volver a ingresar aire en sus pulmones.
—Eso significa que Rachel tenía razón —murmuró por fin—, solo es una simple gastritis.
Él esperaba ver un asentimiento por parte de ella, pero no llegaba.
—Porque lo es, ¿verdad?
Ante su pregunta, Bella movió la cabeza.
—No exactamente...
—¿Qué?
Su temor le confirmó que la había malinterpretado.
—Me refería a que no tiene nada de simple —esclareció ella—. En realidad, me suele dar con cierta frecuencia.
Edward frunció el ceño.
—¿Qué? —Él parecía completamente perdido—. ¿Cuándo...?
—Siempre suele darme alrededor de los exámenes... Pero también cuando me enfrento a una situación nueva, o cuando me agobio mucho.
Por más que Edward trataba de buscar rastros en su mente, no veía ninguno.
—¿Y cómo es que yo no...?
—No te fijabas —comentó ella con una sonrisa apagada—. Pero, ¿te acuerdas de cuando te dije en el nighclub donde Tyler quiso celebrar su cumpleaños que yo estaba algo mal con el estómago?
Él hizo memoria hasta revivir claramente esa ocasión.
—Fue mi forma sutil de decírtelo —le confesó ella con timidez, apoyándose contra la pica del baño.
Él se tomó un minuto tratando de asimilar la nueva información y de atar cabos. Al menos, el hecho de desaparecer misteriosamente de clase el último día ya cuadraba.
Mientras Edward pensaba, Bella se sentó en el suelo del baño, estirando las piernas, y aprovechando el hecho de que a esas horas nadie lo había pisado y estaba limpio. Se sujetó la frente por la calentura pasajera que le generaba el esfuerzo de estar devolviendo todo el tiempo. La hacía sentirse enferma.
Edward percibió su estado y se sentó a su lado.
—¿Te han hecho pruebas alguna vez de algo?
—Sí y todas apuntan a que es algo psicosomático. —Bella hizo una mueca—. Aunque por algún motivo sigo dudando de que lo sea.
—¿Por qué?
—No lo sé. —Pese a todo, ella trató de mejorar su humor—. En fin, ya me he acostumbrado a lidiar con ello. Solo que esta vez se le ha sumado el período, porque ya me tocaba usar las pastillas placebo, y... sí, al parecer soy muy afortunada.
Él sacó de su bolsillo un paquete de chicles y le dio uno.
—Gracias.
Edward suspiró, apenado.
—Siento haber dudado de ti.
Bella se quedó en silencio un segundo, moviendo el chicle un poco más en su boca antes de ir a tirarlo para poder tener más facilidad al hablar.
—Y yo siento que hay una creciente falta de confianza entre nosotros —comentó al regresar—. Tú no confías en mí y a mí me apetece hacerlo cada vez menos por lo de siempre.
—Yo sí que confío en ti —dijo Edward con seguridad.
—¡No lo haces! —exclamó Bella—. Te digo que estoy tomando la píldora y tú igual dudas tanto que quieres que usemos hasta cinco o siete anticonceptivos distintos.
Él se pasó la mano por el pelo.
—Yo solo pensé qué...
—Y ni con eso te quedas tranquilo —le recordó ella—. A la mínima que algo vuelva a pasar, te alarmarás. ¿Entonces de qué sirve atiborrarme o no de cosas, Edward?
Él se vio metido en una encrucijada. Tal vez en el coche había visto algo en contra de aquella conclusión, pero en aquel momento, ya no tenía nada.
—Vale, tienes razón —murmuró Edward al final—. ¿Tú... estás segura de que la pastilla funciona, no?
—Lo hemos hecho sin condón unas cuantas veces y ha funcionado —se limitó a responder—. Así que si en nuestro caso fueran insuficientes para prevenir un embarazo, ya habría pasado, ¿no crees?
—Está bien...
Ella se quedó observándolo.
—Si quieres añadimos el condón para quedarnos más seguros...
—No, no hace falta. —Edward estaba acabando de asimilarlo—. Así vuelvo a reponer mis ahorros.
—Como prefieras... Pero seguiremos necesitándolo para ciertas ocasiones, como la del coche.
La tensión de Edward fue reemplazada por diversión y picardía.
—¿Tienes intención de que repitamos?
—He dicho para ciertas ocasiones —remarcó ella con una pequeña sonrisa. A él le dieron ganas de chincharla, pero luego volvió a carraspear.
—¿Y sobre la última pelea?
Por primera vez en ese día, la notó vulnerable.
—Respecto a eso yo... reconozco que me enfoqué mucho en mí —confesó Bella—. La realidad es que cumplimos el trato de ayudarnos, como marcamos el día en que me fuiste a ver al hospital —dijo con una mueca nostálgica—. Ya la parte individual de cada uno va aparte. Tú has cumplido con lo que has podido así que, lo siento.
—Está bien.
Ella frunció sus labios, antes de que él carraspeara para hablar.
—Y yo reconozco... que te herí —asumió arrepentido—. Perdóname, hasta ahora siempre he sido así. No te puedo prometer no enfadarme, pero lo haré con respecto no tocar tus puntos débiles.
Bella asintió.
—Gracias.
Y la verdad... es que era la primera vez que para la castaña una disculpa se sentía más sana que dolorosa.
Edward juntó sus frentes y dedicó un momento para reparar en lo bien que les había sentado ese momento. Ambos habían tenido tiempo de reflexionar en las clases sobre lo que habían ido hablando... y la verdad, es que parecía que ambos habían ido desinflándose de esa carga.
—¿Entonces hemos hecho ya las paces? —preguntó él con duda.
—Por mi parte sí.
—Por la mía también.
Ambos soltaron una risita por su manía de confirmarlo todo. Pequeñas cosas así los unían cada vez más.
—Y ahora... ¿alguna idea de cómo celebrar esta reconciliación? —preguntó ella acercándolo del cuello. Edward le dio un breve beso en los labios, pero lo dejó ahí.
—Pues yo tengo pendiente algo que darte para celebrarlo.
Bella frunció el ceño.
—¿Qué?
Entonces él se sacó la mochila, la dejó en el suelo, y sacó de allí, una caja cuadrada de felpa negra. El típico que acompaña cualquier pieza de joyería cara.
—¡Edward!
Él se rio cuando lo percibió como regaño.
—Es mi regalo de San Valentín —se apresuró a explicarle, mientras sus orejas se volvían más rojas—. Sé que se ha retrasado bastante, al principio me dijeron cuatro días pero... Lo importante es que ya está aquí, ¿no?
—Pero... agh, Edward...
Ella escondió la cabeza en el hueco de su cuello y él buscó sus labios para besarla.
—Ábrelo.
Bella tomó una gran bocanada de aire y lo hizo, con mucha suavidad, hasta revelar el contenido.
—Dios mío...
Admiró el dije en forma de diamante dibujado con oro blanco, el cual contenía pequeños diamantes incrustados en toda su forma y una "B" de oro rosa en el centro. Todo se sostenía con una cadena que, al ver el extremo, dejó claro que se trataba del mismo material.
—Edward... ¡Esto debe haberte costado un dineral!
—Pero es único —subrayó con satisfacción—. Es un collar completamente personalizado e inspirado en ti.
El corazón de Bella palpitó con fuerza.
—¿En mí?
—Sí —afirmó con una cálida sonrisa ante su asombro—. El diamante en sí suele relacionarse mucho con el lujo... o la perfección. Pero luego me puse buscar en internet y descubrí que también es la piedra más resistente a la presión —indicó convencido—. Y además solo se puede apreciar después de un largo trabajo de pulirla. Así que, en cierto modo, todas las características que iba encontrando definían tu esencia.
Ella mostró interés y apreciación por cada cosa que le fue mencionando.
—Es curioso. —Bella esbozó una sonrisa burlona—. Siempre pensé que lo que me simbolizaba era una vela.
Él rio.
—¿Pero entiendes lo que te digo?
Ella asintió.
—Tienes tu punto de razón —concordó con un tono de adoración—. Gracias por ser tan detallista.
Él le dio otro breve beso en los labios.
—¿Me dejas ponértelo?
—¡Claro!
Ella apartó el cabello hacia un lado y él levantó el collar de la caja para pasárselo por el cuello. Una vez lo tuvo así, Bella lo sostuvo entre sus manos. A pesar de todo, le costaba hacerse a la idea que no se fuera a caer. Y acto seguido se levantó de un salto para poder admirarlo en el espejo.
Edward se puso a su lado a hacer lo mismo.
—Tal vez no ha sido el mejor sitio del mundo para entregártelo, pero te queda perfecto.
Bella negó con la cabeza y lo miró con amor.
—Ha sido la mejor ocasión.
Él envolvió sus manos detrás de su espalda.
—Me alegro de que te sirva como motivo alegría —murmuró con una sonrisa leve—. Últimamente hemos tenido peleas muy seguidas.
—No importa...
—¿Cómo que no? —refunfuñó.
—Bueno, es mejor que tener una relación monótona, ¿no crees? —le explicó ella—. Imagínate una relación donde no se necesitase discutir nada. No habría cambios, ni progresos de ningún tipo. Una vida sin ritmo, no es vida... y con una relación pasa lo mismo.
Él hizo una mueca.
—Pero nos herimos...
Bella trató de reconfortarlo.
—Lo importante es que aprendemos de esas experiencias, nos adaptamos y lo arreglamos. Eso nos dice que nos estamos esforzando por mantener al otro junto a nosotros —señaló con dulzura—. Pero también puedes darme amor. Así que ven aquí, anda.
Y tiró de su rostro hacia abajo para darle un beso. Y luego otro, antes de que Edward se separara ligeramente.
—Sabes a menta y fresa —la acusó él.
—El chicle ha hecho un mix de sabores con la pasta de dientes, entonces.
Edward volvió a reír y a besarle los labios.
—Te quiero.
—Y yo a ti.
Ambos continuaron con su momento romántico durante un rato más, sin llevarlo más allá, y con un deje de felicidad que regresó en ellos después de muchos días sin haberlo sentido.
nnn
Entre la semana previa y las dos siguientes, Edward volvió a recuperar el contacto con sus amigos. Incluso fue a un nightclub con ellos durante la tarde del jueves y se rió junto a ellos de lo soñolientos que estaban en el descanso al día siguiente.
No lo había hecho nada similar desde que tuvo esa charla con Bella respecto a las amistades verdaderas. Pues desde entonces, todos esos momentos libres en su horario se los dedicó a ella.
Así que, en un intento de recuperar el tiempo perdido, Edward también volvió a quedarse hablando con los chicos antes y después de los partidos. Tal vez algunas de las conversaciones y las bromas no hacían gracia del todo, pero le divertían de algún modo.
"Algunas veces creerás que una determinada amistad es más fuerte y que va más allá que un simple lazo en común... Pero una vez ese lazo se rompe, es el resultado el que hablará por sí mismo y demostrará lo que es en realidad".
La expresión de Edward se perdió en sus pensamientos.
Bella no tenía a nadie más en ese colegio que a él... tal vez era por eso que lo que le dijo aquel día respecto cuadraba más con su pensamiento que con respecto al suyo. Eran dos formas de ver la vida. Y Tal vez tuvo que haberse dado cuenta de aquello el mismo día que se puso a reflexionar al respecto. Pero aunque aquello lo hiciera querer estar satisfecho de la distancia que esos días mantenía ella, lo cierto era que echaba en falta abrazarla y a atraerla a su regazo como se había acostumbrado.
nnn
Desde la charla en el baño, Bella se autoimpuso invertir todos aquellos ratos libres que dedicaba a estar Edward en una rutina de estudios intensiva en su habitación. Tal vez no debería siquiera haber aceptado ampliar tanto su tiempo libre.
No soltaba el móvil, no soltaba la tablet, no soltaba el ordenador ni un papel ni nada que pudiese contener algo que estudiar delante.
Sin embargo, por más horas que invirtiese, también necesitaba respiros porque su cerebro no daba para más. Y como destinaba horas en la noche a recuperar lo que perdía... en esos descansos buscaba algo que le gustara. Y así fue cómo encontró refugio en los libros, como antes hacía, y en repasar las fotos del evento al que dejó de asistir en la tarde del cumpleaños de Edward.
No obstante, no importaba el trabajo o motivación que tuviese de por medio. Siempre que ojeaba el móvil, se acordaba de él. Y aunque sí se habían mensajeado alguna que otra vez, no era suficiente. Lo echaba muchísimo de menos.
"Este es el segundo trimestre y es la última prueba que tienes para demostrar lo preparada que estás. No quiero fallos, Isabella.
Ella asintió con lentitud, tomándole la palabra.
—De acuerdo, papá."
Bella se dormía todas las noches recordando la conversación que mantuvo con su padre en diciembre, después de que él mismo se lo hubiese traído de manera muy nítida a la memoria en la semana que no fue a clases.
nnn
—Edward ha venido a verte antes...
Ella inmediatamente apartó la vista de los libros.
—No has sido malo o duro con él, ¿verdad?
Charlie caminó hasta pararse delante del escritorio de su hija.
—Yo no tengo que decirle nada —anunció tranquilamente—. El chico ha salido con resultados excelentes, lo que significa que ha sabido combinar muy bien el estudio con el noviazgo. —De pronto, su expresión de calma pasó a una seria—. En cambio eres tú la que ha fallado y es a ti a quien voy a advertir que, en caso de que no vuelvas a recuperar tu nota, voy a retirarte mi apoyo en esa relación.
—Papá...
— Te lo dejé muy claro hace unos meses —puntualizó sin dejarla hablar—. Estás en la recta final de tus estudios, a unos meses de entrar a una buena Universidad y no voy a permitir que ninguna distracción te saque de ese carril. Mucho menos un chico.
Ella frunció los labios.
—Pero él me hace bien...
—¡Entonces demúestramelo con hechos! —exclamó—. No voy a ser ligero con esto, Isabella. Te quiero estudiando día y noche para volver a recuperar la media que tenías o voy a recortarte todo tipo de distracciones, incluyéndolo a a él.
Bella trató de mantenerse fuerte.
—¿No puedes castigarme con algo menos doloroso?
Él la miró serio.
—Si tanto bien te hace, no tienes nada que temer.
nnn
Y después de que se fue, Bella llegó a pasarse dos horas sin levantarse de la silla. Aunque no necesariamente concentrada... Su mente estaba exhausta. Y eso la hacía sentirse doblemente culpable.
Pero no podía enfocarse. No pensando en su padre, pensando en las notas, en su futuro, en las universidades, en el castigo, en Edward...
No llegó a enumerar la cuenta completa en su cabeza, porque tuvo que ponerse de pie tan rápido que incluso se hizo daño en la esquina de la mesa. Pero no le importaba si con ello lograba no manchar la alfombra de vómito y llegaba a tiempo al baño.
Y cuando volvió a soltar todo lo que llevaba en el estómago en el inodoro, no pudo frenar las lágrimas que empezaron a brotar de sus ojos.
Quería a Edward y a esa conexión que solo podía lograr con él...
nnn
💎¡Hola! ❤️ Antes que nada, que sepáis que este capítulo contiene mucho más de lo que pensáis.😎 El título no es aleatorio... Empezarán a desvelarse cosas que antes no se entendían o veían claramente y también van a venir momentos duros. 😶 Por cierto, me reí de lo lindo al ver los primeros comentarios respecto al anterior capítulo. 😆 Ay, eso de relacionar vómitos con embarazo... la clásica. ¿De verdad yo voy a ser tan predecible? 🙊😂 Algunas chicas lo notaron rápido. 😜
💎Y el pobre Edward queriendo tantas barreras que había metido de por medio. 🙈 Tenían más protección que la muralla China.
💎Con el capítulo de mañana, se acaba la maratón. Luego volveremos a los clásicos intentos de hacerlo el fin de semana. Comentadme que os ha parecido o si os ha gustado, por favor. Lo agradeceré mucho.
Kisses! 😘😘😘
