Mientras se encontraba sola en uno de los cubículos de los elegantes baños privados de la zona VIP del club, Octavia Blake sintió su estomago encogerse cuando una nueva arcada la golpeo de lleno haciendo que vomitase lo poco que había cenado por segunda vez en el interior de la taza sin poder creerse que nadie más salvo ella notase que el suelo se movía y oscilaba lentamente bajo sus pies.

Aquella vez había sido mucho peor que la anterior pues su estomago ya apenas contenía nada salvo agua y bilis y llevándose el dorso de la temblorosa mano a los pintados labios trató de contenerse y reprimir las nuevas oleadas de inquietud y tensión que la sobrevenían provocandole aún más ganas de vomitar.

Debía calmarse, recomponerse y salir de allí antes de que Russell enviase a cualquier otro a buscarla ya que a esas horas probablemente era ya consciente de que Octavia se encontraba en el club.

Soltándose la larga melena oscura que agarraba con una de sus manos, Octavia logró ponerse en pie y cerrar la taza del WC antes de pulsar el botón que activaba la cisterna cuyo sonido resonó por todo el baño.

Dándose la vuelta apoyó la mano de la puerta y se abanicó un poco con la otra saliendo a trompicones en dirección a los lavabos cuyos enormes espejos cubrían buena parte de la pared adornados con elegantes luces y florituras, nada que ver con los baños que usaban el resto de clientes abajo en el club.

Los baños de la segunda planta estaban reservados a los clientes VIP's, a las chicas que prestaban servicios allí, a las bailarinas exóticas y a los dueños. El común de los mortales debía entrar en baños menos sofisticados y más atestados de gente en cualquier otro lugar del club.

Octavia se esforzó por llegar al primer lavabo que vio pudiendo ver como el espejo le devolvía su reflejo, y detestó enormemente la imagen que este le devolvía. Como casi siempre que se encontraba allí.

No, aquella no era una noche para pensar en ese tipo de cosas, se dijo mientras abría uno de los grifos dejando caer el agua para enjuagarse bien la boca y refrescarse el cuello y la cara.

Se sentía atrapada dentro de aquel ceñido y largo vestido rojo rubí, estaba segura de que a Russell probablemente le habría costado un par de cientos si no miles de dolares dado que él solo gastaba su dinero en lo mejor de lo mejor según le había dicho alguna vez y saber que lo había escogido personalmente hacía que se sintiese como una puta vendida al mejor postor cosa que solo le provocaba rechazo, asco y cierta vergüenza.

No porque el oficio le pareciese deshonroso ni nada por el estilo. Sabía que las chicas que estaban allí ejerciendo la prostitución lo hacía de buen grado, con unas condiciones mucho más decentes que la mayoría que se encontrase en cualquier otro club de la zona y con muchas más garantías y seguridad.

Además ellas lograban sacarse un sueldo mucho mayor que las que solo bailaban y exhibían sus cuerpos alejadas en lo posible de la clientela y la muchedumbre, tan solo haciendo subir la temperatura del local para atraer a los clientes y que estos consumiesen cualquiera de los placeres que podían encontrarse allí, gastando su poca o mucha fortuna en las chicas, las drogas o las apuestas que tanto se movían en el Red Sky haciendo crecer la fortuna de Russell y Becca.

Joder, pero ella no se dedicaba a eso.

Respetaba que las otras chicas lo hiciesen, pero no se veía a si misma haciendo algo así por mucho que necesitase el dinero.

Su situación no era la mejor del mundo pero mientras pudiese pagar un techo sobre su cabeza y poner comida en su mesa, no necesitaba mucho más se había dicho más de una vez cuando Becca se lo había ofrecido para intermediar por algún cliente en concreto que la había visto bailar y el cual se había encaprichado de ella o simplemente se lo había ofrecido.

No, mientras pudiese hacerlo siempre diría que no a todo ello. Eso no iba con ella y no se sentiría nada cómoda cambiándolo todo por aceptar hacerlo.

La puerta de los baños se abrió y Nikki, una mujer rubia, alta y de lo más atractiva entro ataviada con un largo vestido negro que resaltaba sus bellos rasgos y su rubia melena que hacía poco menos de un año que estaba allí le sonrió al verla dirigiéndose a uno de los lavabos.

—Octavia, pero si estás aquí —la saludo yendo a lavarse las manos bien y retocarse el maquillaje frente al espejo—. Te estábamos esperando, Russell se muere por ver como te ha quedado el vestido y créeme, que te queda increíble.

Octavia que intentó poner buena cara metió la mano bajo el agua llevándosela después a la nuca para refrescarse y que todo dejase de moverse un poco y volvió a repetir el gesto esta vez llevándose la mano al cuello.

—No lo dudo.

Nikki que era unos diez o quince años mayor que Octavia abrió su bolso para comenzar a sacar algo de maquillaje y se fijo en ella a través del espejo.

—¿Estás bien? —se preocupó un poco ella volviendo la cabeza para verla de pie a menos de medio metro a su lado—. Tienes mala cara.

Octavia que respiro hondo cogió algo de papel desechable para limpiarse bien la boca y rehacer de nuevo parte de su maquillaje y ni la miro asintiendo.

—Si, estoy bien —repuso Octavia antes de mojar un poco el papel desechable para retirarse bien la pintura de labios y poderlos pintar bien otra vez—. Es solo que ha debido de sentarme mal alguna cosa que he comido.

—No estarás embarazada, ¿no? —le sonrió Nikki medio en broma inclinándose hacia el espejo para comenzar a aplicarse algo de rímel en las largas y rizadas pestañas.

Octavia que nada más limpiarse con el papel los restos de maquillaje se dispuso a tirarlos se quedo de lo más parada al oírla.

—Lo digo porque a Becca algo así le sentaría fatal, ya la conoces —repuso Nikki pasándose la yema del dedo con cuidado por el parpado para retirar una minúscula manchita negra que había saltado del rimel.

Aquella aterradora posibilidad atravesó por una milésima de segundo la mente de Octavia que ni quiso imaginarse algo así y se volvió a ver a Nikki para acercarse al lavabo a por su maquillaje.

—No. Claro que no, que estupideces dices.

Nikki que guardo el rímel buscando sacar algunos polvos que atenuasen su maquillaje le sonrió a través del espejo.

—Solo digo que no sería tan raro, ese tipo de cosas pasan muy a menudo —se encogió de hombros la rubia mujer fijándose después en ella—. Cuéntame algo, ¿quién es McCreary?

Octavia que escuchó aquel nombre de refilón la miro por un instante aún con aquella tonta idea de Nikki rondando por su cabeza, e hizo un gesto con preocupación.

—¿Dónde has oído tú ese nombre?

—En el reservado de Russell, está allí con él —le sonrió Nikki apoyándose de la encimera para verla—. Parece un tipo de lo más interesante.

—Pues no lo es —contestó Octavia casi interrumpiéndola desconociendo que fuese a estar presente allí—. Es un tipo peligroso del que deberías mantenerte alejada.

Nikki que la miró encontró un fino hilillo del que tirar.

—¿Y eso por qué? ¿qué le hace tan peligroso?

Octavia que bajo la mirada al bolso metiendo las temblorosas manos en él para sacar algo de maquillaje ladeo ligeramente la cabeza sin mirarla.

—Solo sé que es un mal tipo. He oído más de una vez a Russell hablar por teléfono con él y créeme cuando te digo que no es alguien con quien querrías estar involucrada.

Interesante, pensó Nikki al oír aquello.

—¿Y qué es lo que Russell decía para que te parezca un mal tipo a ti? —preguntó la agente infiltrada realmente atenta a la conversación.

Octavia que prefirió no seguir con esa clase de conversación y mucho menos allí tan solo sacudió la cabeza inclinándose un poco hacia el espejo para recomponer el arruinado maquillaje de su cara.

—Tú hazme caso y mantente alejada todo lo que puedas de ellos.

Nikki supo enseguida que Octavia sabía mucha más información de la que le iba a revelar y que su discreción venía impresa en el sueldo y trató de recular para no delatarse ni levantar sospecha alguna ante ella.

—Pues a mi me parece un tipo de lo más sexy —dijo cerrando el bolso antes de apartarse del lavabo y de ella—. Te veo ahí dentro, no tardes.

Octavia que la vio salir por la puerta del baño apoyó las manos del lavabo y cerro los ojos por un momento, tratando de asimilar la idea de que ahora no solo iba a tener que lidiar con Russell si no con McCreary también, aquella iba a ser una noche terriblemente larga para ella, lo veía venir.

Y se hastiaba solo de pensar en ello.

Continuara...