Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 67
-… y así es como nos enteramos de que este idiota se extravió en Londres cuando debía de estar en el cumpleaños de Kyoko. – Culmino el relato un hombre que, ahora que lo conocía mejor, le daba risa muchas cosas de lo que decía. Tenía un talento natural en hacer las cosas chistosas. Esto no era la excepción.
- ¿En serio terminaste confundiendo Japón con Londres? – El boxeador solo miro a otro lado con vergüenza, cosa que solo lo hizo reír mas.
- ¡Los aviones eran iguales al extremo! – Lo dudaba mucho.
- ¿Por qué no agarraste un avión privado y ya? – Era más fácil y más práctico, y no era como si se lo hubieran negado.
Ante esta pregunta todo quedo en silencio, uno algo incómodo. Estaba odiando cada vez que pasaba esto…
- No iba a usar su puesto para tal cosa Tsu-kun. – Fue amable, pero aun así había algo en el tono o en las palabras que le decía que Kyoko-chan no estaba feliz por explicar eso.
- ¿Por qué no? – En este punto tenían que odiarlo por matar la diversión con esta clase de preguntas y comentarios: - Familia es familia, se entiende. – Si se hubiera tomado un mes o más para garantizar la seguridad y la discreción y todo eso… en realidad, no dejaría al boxeador por su cuenta. Punto y fin.
- La cosa es, Tsunayos-
- Tsuna. - ¿Cuántas veces iba a decirle?, rayos.
- Tsunayoshi. – Rodo los ojos. Si quería seguir insistiendo… - La cosa es que Rhyonei no iba, no va, a poder usar tal cosa bajo buena conciencia. Tu siempre arreglaste esas cosas, el comprensivo, el que no se aparecía e igual arreglaba todo. – Todavía no tenía sentido.
- Sigue siendo estúpido. – Como muchas otras cosas, pero esta vez no se lo iba a callar.
Alguien se ahogó con agua y dos personas lo miraron como si temieran que los fuera a insultar. Aun no, esperaba. Solo estaba confundido sobre como podían hacer algo así con algo que… ¡ugh!
- Es su hermana, su única hermana, es perfectamente entendible y nadie iba a decirle nada por su cargo, ¿no es así? – Sin esperar respuesta: - No me hablen de buena conciencia cuando toditos son maestros en hacerme la vida un dolor de cabeza, aparentemente. – Después de todo: - Que usara un jet privado no iba a siquiera ser algo importante. Cielos. Lo más probable es que ni siquiera le fuera a parar metra… - No sabía porque, pero estaba seguro de ese hecho. – No sé, a veces solo le meten al bruto. ¿No pudo darte cosa destruir todo o noquear gente que no debías?, eso sí que da problemas y dolores de cabeza… - Es que solo con pensarlo le daba dolor de cabeza.
Se llevó otro trozo de pastel de chocolate y se preguntó cómo rayos un pastel de chocolate podía saber tan bien. El café también era excelente. Podía mal acostumbrarse a estas cosas sin problemas. Podía-
- ¡Jajajajajaja! - ¿Y ahora que le había dado a este hombre cielos? - ¡Te lo hemos dicho desde el principio!, ¡jajajaja!
- Okey, ¿cuál es el chiste? – No le veía la gracia, pero la risa era infecciosa.
Algo peludito se le paso por las piernas en ese momento. Ah, era un gato. ¿Cómo se llamaría este?, era uno con la cara plana y rubio. Era lindo. Veamos…
- ¿Tigrito? – No sabía si reír o no con el nombre que tenía en el collar. – Te queda bien. – El gato le maulló y se acurruco a su lado cuando lo dejo en el suelo. Pequeño con buen salto. - ¿Desde cuándo tenemos un zoológico? – Alguien se ahogó y otro se rio. Tigrito solo ronroneo contento en su sitio, siendo rascado detrás del cuello. – No es que me moleste…
Era difícil molestarse con lindos, y no tan lindos, animales que venían a molestar, a jugar, o simplemente a que los malcriaran. Bueno, los más salvajes habían sido un grupo de mapaches hace unos días que le robaron una bolsa de papitas. Aun no sabía de donde habían llegado o como lo habían robado en un dos por tres. Había pasado, se llevó la sorpresa, y luego los mapaches habían vuelto por mimos y para ver si le robaban otra cosa.
- Desde que te conozco ya existe. – Hibiki recibió un codazo de su esposa, pero era solo en juego.
- Tiene años, no es sorpresa. - ¿Ah no? – Te reúsas a poner a dormir a los perros de seguridad, para empezar-
- ¿Que? - ¿Sacrificar…? – No, no y más no. ¿Nadie los puede adoptar o que se yo?, eso es cruel… - De hecho: - ¿Por qué demonios tenemos perros de seguridad?, lo último que nos faltan son metralletas en las puertas. – Quien no debía de mostrar efecto alguno ante lo dicho comenzó a toser en su palma para disimular sus risas. - ¿Que?, es la verdad. – No sabía porque sentía la necesidad de defenderse.
- Es que usted fue el de la idea de poner armas ocultas dentro de las paredes Tsuna-sama. – Hayato le informo tratado de no reírse otra vez. No estaba solo. – Ya cuando llegamos estaban Tsuna-sama, Nono no tenía tus ideas… - Tenía que estar de broma.
- ¿Mis ideas? – No, esto no era más que una mala broma. – Por favor, tu eres el que tiene pólvora hasta en donde el sol no brilla. – Que Dios lo perdonara, pero eso era lo único que faltaba y siempre tuvo la duda.
- ¡Tsuna-sama! – No, no se sentía culpable. Ni un poquito.
- Si de alguien vino la idea fue de ti. – No de nadie más, no le iban a dar la culpa de eso a él.
- Tiene un punto. – Agrego un boxeador como quien no quiere la cosa.
- ¡A ti nadie te pregunto viejo prematuro! – Ataco Hayato sin perder el tiempo, rojo como un tomate de la vergüenza.
- ¿Cómo me llamaste cabeza de pulpo? – Internamente se quejó en lugar de entrar en pánico ante las chispas de ambos hombres. – Alguien quiere pelea, ¿eh?
- Desgra-
- La verdad es que ambos tienen pelo de viejo y ahora el aspecto de uno. – Si, parecían tener como 50 años. La torta era genial, tomaría otro pedazo. Ah, y más café. – Rompen algo y ya saben los que les viene. – Recordó tranquilamente, casual. Reborn los arrastraría a solo Dios sabe dónde a solo Dios sabe que…
Chispas volaron, pero a la final dos hombres se dieron la espalda con los brazos cruzados y maldiciendo por lo bajo. Típico, suponía. Los otros dos solo estaban-
- ¡Hey! – Se quejó con el par de mapaches que habían salido de la nada y le robaron lo que quedaba de su trozo de torta antes de que se lo llevara a la boca.
Batman y Robin solo parecieron reírse de él y no huyeron como hace unos días, en su lugar solo se pusieron cómodos. Uno en su regazo y el otro en su hombro. No sabía cuál en cual. De por si era una mala sorpresa saber que les había dado tales nombres. Era por el antifaz natural, ¿no es así?, casi sonaba racista. Bueno, al menos daba risa… ¿qué más?, no iba a ponerse a cuestionar la cordura que tenía porque sabía que con esta familia nadie podía estar cuerdo. No por completo. Era un gaje del oficio.
- No. – Regaño al mapache que casi le roba el café también. – Ten, no quiero saber cómo se pondrán si les doy café. – Las galletas desaparecieron en segundos por manitos muy rápidas. - ¿Alguien me recuerda porque tenemos mapaches? – Ah, el de su hombro era Robin. Batman tenía el antifaz más amplio. No podía creer que se había fijado en… y aquí venían los otros. Cielos. - ¿Y alguien me dice porque tienen nombres de superhéroes? – Mas le valía no encontrarse uno con el nombre de Superman. ¡Él era fan del anime no de Marvel o DC!
- Si no sabes tú, ¿cómo crees que lo sabrá alguien más? – Le dio malos ojos a Hibiki, quien se rio sin arrepentimientos con su esposa.
- No me hace gracia. – De verdad que no. - ¿Uh?, ¿me trajiste algo? – Un mapache le había traído algo. Muy a diferencia de sus amigos que se estaban llevando todas las golosinas y poniéndose como en casa. Señor, ¿de verdad tenia tanto tiempo libre?, ¿o era alguna clase de terapia o alguna clase de locura desarrollada por toda la locura diaria de vivir con una familia súper caótica? – Aaaawwwww~
- Ay no… - Se quejó alguien que se calló rápido ante la fuerza conjunta de miradas de muertes de parte de una familia entera de mapaches, un gato y su dueño.
Una linda y pequeña cabecita peludita y con antifaz se volvieron tres, seguido de manitas que intentaban abrir la bolsa de tela en la cual venían empaquetados. ¿Cómo no iba a derretirse ante tales cositas pequeñas y tiernas?, aunque no le engañaban. Serían unos traviesos de primera, lo sabía y no sabía cómo. De todas las cosas que se esperó no fue esto, honestamente…
- ¿No eres una ternura? – Le pregunto al pequeño que había sacado, quien no dudo en mordisquear sus dedos antes de que su vista fuera a parar en las galletas de sus… ¿tíos?, ¿padres?, y tratara de robarles. – Ten. – Pobrecillo, no iba a poder robarles a los más grandes.
Los otros dos también lo miraron como si hubiera hecho algún truco de magia al ofrecerles galletas. No hacía falta decir que, al igual que los adultos, quedo sin nada en manos en segundos. Igual, la atención que le estaban dando era algo extraña.
- Son lindos… - Y ladrones. Aunque con esas caritas podían salirse con casi cualquier cosa los pequeños traviesos.
- Para ti será. – Dijo cierto fumador con mala cara. – Si no les impones respeto nunca van a dejar de robarte Tsuna-sama. - ¿En serio?, ¿por qué no le sorprendía la información?
- ¿Como ustedes mis Guardianes? – Eso… Eso no era lo que había querido preguntar. En serio, ¿qué era lo que lo poseía a decir cosas así?, ¿y por qué se sentía bien de hacerlo?, rayos. – Creo recordar a cierto alguien que hace oído selectivo casi todo el tiempo… - Pues… casi todo el mundo, honestamente. - ¿Como los llamare? – Eran tres, tres pequeños que se los habían traído y no sabía para qué. Adultos o niños todos eran unos traviesos. - ¿Y tú eres…? – Le pregunto a quien se los trajo, solo para dar con el nombre de Nightwind en la medalla de su collar. Genial, otro nombre de superhéroe…
- ¡Tsuna-sama! - ¿Qué?, ¡era verdad!
- Lo peor del caso es que es verdad. – Esta voz fue una femenina, una que nadie espero. – Al menos los animales solo quieren comida y mimos, nada más, ¿verdad Tsuna-kun? – Y jugar, eran muy bien portados.
De cualquier forma, pelearse con un animal salvaje era una de las cosas más seguras en los niveles de peligrosidad de actividades que había en la mafia. Ahora… ¿cómo los llamaba…?
- Rocket, Gatúbela y Flash. – Porque una era una chica. - ¿Que? – Pregunto al sentir las miradas de sus guardianes y de que ciertos esposos se rieran otra vez.
- Planeas seguir la temática de héroes y villanos con los mapaches, ¿no es así? – No le veía lo gracioso a eso, a decir verdad.
- Ya tengo a Batman y a Robin aquí, tengo que seguir la tradición. – Y de paso: - Parece que les gusto. – Aunque no estaba seguro si solo querían más golosinas…
- Solo tú puedes venir y ponerle Batman y Robin a un par de mapaches Tsunayoshi. - ¿Solo yo?, había más gente capaz que él en el mundo. – Rayos, de verdad la cosa es solo contigo…
- Probablemente se deba a que me conocen por años. – Era una excusa pésima, los mapaches solo lo querían a él. De seguro era porque los dejaba salirse con la suya todo el tiempo. Eso o las golosinas y los mimos. – Además, ningún animal tomara bien que te acerques a sus crías así. – Más bien solo lo rasguñaron y nada más.
- A ti te las trajeron. – Eso… no tenía nada que decir a eso.
- Y mira que estamos hablando del mismo chico que salía corriendo y gritando por un chihuahua… - Por más que le molestara la observación y las risas, era la verdad.
- Muy bien, ya está bueno, ¿quién es el que se sigue riendo? – Le dio a Hibiki el gesto de que no pasaba nada, que se rieran todo lo que quisieran.
- Yo no. – La pareja no, Hayato no…
- Ni yo. – El boxeador tampoco.
Se miraron los cuatro, porque ninguno estaba riendo. El, por su parte, no tenía preocupación alguna. Conocía esa risa, si es que podía llamarse risa. No le daba miedo, y no sabía porque la conocía. No la había oído-Ay Dios. Se había vuelto loco de atar, ¿no es así?
- Hey Joker. – A pesar de que saludo al animal, por dentro lloro. – Chicos, ¿desde cuándo tenemos a Joker? – Peor aún: ¿por qué se sabía cómo se llamaba sin haber visto la medalla de collar?
Por la cara de sus Guardianes, ellos no tenían la más mínima idea sobre la hiena. Tenían una hiena y aparentemente eran noticias nuevas. ¿Por qué no la había visto antes?, de donde vino el nombre no era sorpresa. Con esa risa que tenía…
- ¡Lo lamento!, ¡se me soltó! – Ah. ¿Por eso no lo había visto antes?
- ¿Cómo rayos se te soltó una hiena? – Alguien chillo por él. Vaya valentía.
Era un animal viejo, tenía problemas para caminar. ¿Cuál sería su historia?, estaba bastante seguro de que no llego por medios naturales a este lugar… Pauso de palmear la cabeza del animal que se había apoyado en sus piernas al dar con unas extrañas marcas en los pies del mismo. Oh. Ya tenía una buena idea de lo que paso. Pobrecillo.
- Hoy era su baño, lo deje un momento como siempre y… - El empleado, uno joven extrañamente, se ilumino al verlo. - ¡Decimo!, ¡con razón Joker se escapó! - ¿Ah? – Lo ha echado de menos, un montón lo ha echado de menos. - ¿Como que un montón? – Cuando pueda debería de ir a visitar el área de recreación de los animales salvajes. Amaran verlo, ¿sabe? – Joker se quejó, pero hizo caso a la primera. – Todos ellos, ¡se lo aseguro! – A la hiena: - Vamos Joker, es hora de tu baño y estoy seguro que ira a verte después y te traerá la carne de ciervo que tanto te gusta…
Genial. Definitivamente perdió unos cuantos tornillos. Aunque si tenía varios animales salvajes como Joker… no necesitaba perder parte de su cordura.
- ¿Cuál es la historia de Joker? – No pudo evitar atajar al trabajador. No le tenía miedo al animal, eso hablaba de valentía o quizás de pasar mucho tiempo con él.
- ¿Bromea jefe? - ¿Ah?, debía de saber que no recordaba nada… ¿así que por qué sonreía? – Es de los animales que se trajo en uno de sus viajes, víctima de cazadores. No se los detalles, pero tiene a unos cuantos así, ¡y déjeme decirle que estos chicos no olvidan! – Unos cuantos… - ¡Feliz día!
- Hice un refugio de animales… - Tenía ganas de reír como un desquiciado. Señor, ¿por qué este tipo de cosas le pasaban a él? - ¿no es así? – Y ni siquiera se acordaba.
- Pues no había una hiena hace tres años… - Suministro un boxeador con una mueca. – Pero sí.
- Mira que llamarlo Joker…
- Tiene la risa. – Si, sabía que era una razón estúpida para llamar a un animal algo como eso. Batman y Joker. Yay. Debió de haber llamado Batman a un murciélago, pero bueno… ¿tenía murciélagos también?, no quería ni preguntar…
Ya daba mucho que pensar que ni el gato ni los mapaches le dieran atención a la hiena. Cualquiera saldría corriendo, después de todo no eran más que bocados para un animal como una hiena. ¿Que había hecho con su vida?
La imagen de tres años solo, y de guardianes que tenían oído selectivo se le vino a la mente inmediatamente ante la pregunta. De familia siempre ocupada o destrozando todo. De noches o momentos libres en donde se escapaba y terminaba comiendo chocolate y compartiendo con animales que lo escuchaban y no juzgaban, que solo querían mimos y nada más de él. No la paso solo, no completamente. Una forma poco… común de tener amigos, mascotas que nunca se le permitió. Una que solo habían quejas una que otra vez.
Los pequeños mapaches que le robaron otra galleta y se quedaron allí, complacidos por los dedos acariciándolos, tenía otro significado ahora. Miro de reojo a los mapaches más grandes, quienes lo observaban atentamente. Le habían traído a los pequeños, o algunos de ellos, porque sabían que lo harían feliz. El motivo egoísta de las golosinas y los mimos estaba, pero ningún animal se quedaría luego de obtener lo que quería y mucho menos tendrían un comportamiento un tanto anormal… No ayudaba que la cosa era con él. Era muy posible que confiaran en que no les haría nada a las crías, que hubiera hecho algo en el pasado y no lo recordaba. Era… era muy posible que lo mismo ocurriera con la mayoría de los animales en este lugar, lo quisiera o no. Tenía el corazón muy blando para negar, no iba a botar a nadie y pues… Por más miedo que le tuviera a un animal, si estaba mal u herido de seguro lo traería consigo para sanarlo. Lo que pasara después era otro tema.
- Sabes, eres una persona a la cual no puedo entender Tsunayoshi. - ¿Uh? – Mucho menos odiar.
Pestañeo varias veces, viéndose solo con Hibiki. ¿En qué momento se habían ido todos?, no lo sintió y era extraño. Al menos era extraño de parte de Hayato. Volvió a pestañar ante el hombre que ya no sonreía y se le había cercado un tanto. De seguro no lo hacía más por los mapaches. Lo atacarían, o eso creía. Uno de los pequeños mapaches lo mordió por detener sus caricias, así que volvió a ellas un tanto divertido. Le recordaba a unos cuantos miembros de su familia…
- ¿Gracias, supongo? – Porque ni idea como debía de tomar eso o que responder. No era algo común de decir tampoco, por todo lo que sabía, al menos.
- ¿Por qué no le preguntaste? – La pregunta fue anormalmente seria. Hibiki era similar a Takeshi, casi nada se lo tomaban en serio. Por ello, este cambio lo puso nervioso.
- ¿Preguntar qué? - ¿Y a quién?
- Tu sabes qué. – Insistió el hombre, exasperado quien sabe por qué.
- No, la verdad es que no sé de qué estás hablando. – Mucho menos porque le sabia con esto cuando estaban a solas. Ojalá y no fuera una tontería, no quería tener malas relaciones con nadie y menos tan pronto.
- Es obvio que aun la quieres. – En lugar de explicarle, Hibiki le señalo esto como si hablara con alguien que se hacia el tonto. – A Kyoko, es obvio que aun la amas. – Aclaro, de seguro vio su confusión.
- Ah… - Se sonrojo. Que dilema, sabía que no era un actor de primera, pero no espero… - No es por nada, pero no sé de qué hablas. – Y antes de que se malinterpretara: - No puedes culparme, solo tengo 14, no recuerdo de allá para adelante. – Y, por tanto: - No puedo pretender saber el porqué de mis acciones. – O falta de ellas, para variar.
- Esa es una pésima excusa, y lo sabes. - ¿Eh?
- No estoy mintiendo. – Ay Santo Dios, ¿en qué dilema se había metido ahora? - ¿Puedes culparme Hibiki?, Kyoko-chan es preciosa aun ahora, era muy buena incluso conmigo en la escuela. – Era solo un enamoramiento tonto, siempre lo supo. Corazón era corazón, no respondía a la lógica. – Perdón si incomodo, o doy malas-
- ¿Por qué nunca le preguntaste Tsunayoshi? – Cerro la boca y se encogió ante tal tono exasperado. Lo hacía sentir como niño cuando su mamá no le creía algo. Fuera verdad o no. - ¿Por qué nunca le pediste que fuera tu novia si tanto la quieres? – Hibiki le levanto la mano, deteniéndole de recordarle que 10 años era mucho tiempo y que posiblemente algo hubiera pasado. Lo dudaba, pero era una posibilidad. – Tu, el de 14 años, ¿por qué nunca le preguntaste?, ¿siquiera una cita?
Había varias razones, pero todas terminaban en lo mismo: era un cobarde. Jamás creyó tener una oportunidad con ella y no tenía el valor tampoco. Este resultado, de verla con alguien más, era algo positivo para lo que se había esperado: no verla más. Así que…
- Si lo hice. – Era una triste confesión. – La primera vez Reborn me obligo, podrías decir que me drogo. – En cierto modo así lo hizo, pero con una simple bala para que hiciera lo que siempre quiso más temió hacer. – Confesarte frente todos en interiores no es la mejor forma, Kyoko-chan lo tomo como una broma y no la culpo. – Era un mal recuerdo, con toda honestidad. Uno muy vergonzoso. – La segunda vez fui rechazado. – Tan simple como eso. - ¿Era eso lo que querías saber?, Kyoko-chan pudo habértelo-
- ¿Y la tercera? - ¿Tercera? - ¿Por qué no lo intentaste otra vez?, Kyoko te rechazo porque no sentía lo mismo en ese momento. – De forma casi decepcionada: - Rendirse no suena como el Tsunayoshi que conozco.
- Pues no sé qué pude haber hecho después hasta hoy… - Si tenía la misma mentalidad, no pregunto. Desistió por temor a un tercer rechazo. No era algo que fuera a confesar. – Quien sabe si volvió a rechazarme, ¿qué podría saber-
- Según Kyoko y los demás, tu nunca volviste a tocar el tema Tsunayoshi. – Sintió dientes cerca de su oído, un gesto extrañamente cariñoso. Si, habían venido para hacerlo feliz. No tenía duda ahora. – Lo que quiero saber es el porqué, cuando obviamente la amas. - ¿Que importaba eso?, en serio, ¿qué importaba?
- No puedo pretender saber los últimos diez años de mi vida Hibiki. – Señor, esta conversación no era para él siquiera. ¿Yoohoo?, ¿últimos 10 años de su vida?, ah, no hay nadie. Lastima. - ¿Que importa de todas formas?, tú y Kyoko-chan son felices, van a tener a un nene pronto. En mi opinión, esta mal de tu parte buscar respuestas que en verdad no puedo darte y que-
- Las quiero, y sé que si puedes darlas, porque odio ver a unas de las mejores personas que conozco en este estado y el saber que mi esposa se siente culpable de esto no ayuda. – Eso… eso no tenía… - Hasta yo me siento culpable, nunca dije nada porque de verdad amo a mi esposa y, lo quiera o no lo quiera, eras un rival Tsunayoshi. - ¡Que no tenía nada de sentido toda esta estupidez! – No quiero que mueras o estés mal ahora, Tsunayoshi. Sea como sea, eres la primera persona con la que puedo confiar, por eso le propuse a Kyoko nombrarte el padrino de nuestro bebé. – Seguía siendo una estupidez. – Sé que es tarde, y es reabrir heridas viejas, pero quiero saber y así te sacaras un peso-
- ¿Y qué importa? – En serio, ¿qué importancia tenia? - ¿Qué importancia tiene?, mentir por una causa sin importancia es perder el tiempo y dar malas impresiones Hibiki. – El hombre frente a él perdió mucho color, mordiéndose el labio como si se obligara a callar. – No soy una persona de fiar, y no soy una a la cual quieras molestar. – Si bien eso no era lo que diría o siquiera pensaría en decir justo ahora, todo era verdad, aunque no supiera por qué.
- No, no eres una a la cual quiero molestar, quiero ayudar. – Bufo ante esto, cosa que hizo palidecer más al hombre. No sabía porque esto le daba satisfacción. – Digas lo que digas, eres la persona que salió a ayudarme cuanto casi pierdo una pierna por un accidente en el trabajo, y no te llamamos. Arreglaste los estudios de Kyoko y de muchos miembros de tu familia, cuando nadie te lo pidió. - ¿Tenían que pedírselo?, vaya. Eso era nuevo. – Tsunayoshi, por todos los cielos, arreglaste mi boda. La mía y la de Kyoko. No has sido más que amable y complaciente con nosotros, en muchísimas cosas, te dijéramos o no. – Arqueo una ceja ante esto, sintiéndose sonreír y no de buena forma. – Para no amar a Kyoko, le diste una de las mejores bodas, le compraste el traje más bonito y hasta arreglaste la luna de miel. Sin decir nada, solo nos enteramos de que fuiste tú porque tus guardianes te delataron. - ¿En serio?, que interesante. – Fuiste, fuiste solo porque te enviamos una carta. No planeabas asistir, no planeabas que supiéramos nada… - ¿Y? – Al menos quiero saber porque, así también lo sueltas y quedas libres de ese peso, ¿no crees? - ¿Libre?, ¿libre?
- ¿Libre? – Señor, debería de sentirse preocupado al ver alguien tan blanco y comenzando a sudar frio. No encontrar diversión en esto. - ¿Yo?, no. Nunca en verdad fui libre… - Le daba risa, pero no se reía ni lo acribillaba allí mismo por tres cositas lindas que lo distraían en base a mordidas para que siguiera mimándolos. – Soy uno de los hombres más poderosos en la tierra, pero no fue por elección Hibiki. Casi nada ha sido mi elección, me temo. – Y por ello: - ¿Puedes culparme por abusar del poder que tengo con quienes quiero?, ¿de darles lo que no puedo tener o disfrutar por alguna razón?, estoy anclado a esta mansión, anclado a muchas cosas… - Se apagó, pero algo peor salió: - ¿Y qué pasa si aún la amo?, ¿hay algún problema con eso?, no soy una amenaza para ti, podría desaparecerte y nadie diría nada y aun así estas aquí. Ella no sería feliz conmigo y eso lo sabes tan bien como yo, este estilo de vida no es el de ella para empezar. Tampoco quería que me rechazara otra vez, en verdad nunca tuvo caso. – En todo caso: - No sé de qué te quejas, estuvo más que radiante y por supuesto que iba a ayudarlos. Familia es familia, y por si no te has dado cuenta… - Porque por lo visto era un idiota: - quienes en verdad mandan son ustedes. Siempre ha sido así, yo solo soy lo suficientemente terco en quererme quedar con esta familia. – Lo quisieran o no. - ¿Eres feliz ahora, idiota?
Pues, feliz o no, el hombre tenía el pelo pegado a la cara del sudor, estaba tan blanco como una pared y parecía tener problemas para respirar. Quizás no era de extrañar, sentía satisfacción por la imagen y un extraño placer de haberlo incomodado y asustado hasta tal punto. Era divertido. Quizás este era el tipo de diversión que Reborn sentía con sus víctimas. No era algo propio de él mismo, al igual que todo lo que soltó ni la rabia detrás de las palabras. Más que eso, sentía una mezcla de emociones negativas que prefería no indagar. Era una que conocía, pero nunca fue tan fuerte.
Odiaba que estas pequeñas escenas pasaran, por más de una razón. Quizás, la más fuerte era que era una forma horrible de conocer lo que había pasado en el tiempo que no podía recordar. Y no podía controlarlo, por más que quisiera no podía-
- ¡Tsuna-sama! – Miren quien acaba de llegar… - ¿Que paso?, Hi-
- Se un buen perro faldero y cierra la boca. – En otro momento se sentiría mal por soltar algo así, pero por el momento estaba abrumado. Quería golpear algo, quería-
El pequeño animal lo volvió a morder, valiente a diferencia de sus hermanos que tenían miedo. Bueno, en verdad no podía culparlos. De verdad que no…
- Lo siento. – Se disculpó con ellos en voz baja, mimando solo al valiente, quien dejo de morderlo y ahora se erguía con un aire de orgullo que era chistoso porque era muy pequeño.
Unas galletas reparo el asunto con los otros dos. Fue en este punto que se acordó de los tres adultos, que debían de estar con él o cerca, pero misteriosamente no lo estaban. Sudo frio al verlos, y ahora entendía porque el otro hombro se había puesto tan mal tan rápido. Después de todo, había mapaches, un perro gigante y varios gatos dándole más que el mal de ojo. Ah, y un conejo. ¿De dónde había salido el conejo y desde cuando podían mostrar los dientes como si quisieran morder como alguna especie de amenaza?, era tierno. Extraño, pero tierno.
- Rex. – Llamo al perro, quien se suponía que estaba tomando la siesta bajo un árbol feliz de la vida. - ¡Rex!
La parte buena es que solo llamo a uno y respondieron todos. La parte mala es que, aun con su atención, querían hacer más que solo mostrar dientes, gruñir, y dar el mal de ojo. Ahora sí que lo había visto todo.
- Vengan pues. – Llamo feliz, ignorando por completo a los humanos, limpiándose las lágrimas lo mejor posible. Ni idea de cuando comenzaron, no sintió nada, pero no creía poder parar por los momentos. – Sean buenos chicos y vengan, ¿sí? – Podía recordar a ciertas personas actuando muy similar a estos animales en lo que parecía ser ayer. – Ya todo paso, y miren, aún quedan galletas~ - Al ver los pocos bocadillos que quedaban, todo se resolvió para ellos.
Un chico que amenazaba a todo con volarlo del sitio por cualquier pequeña o estúpida ofensa que le hicieran, a un beisbolista que cuando detectaba una amenaza pasaba a un estado alarmante de hacer daño al culpable u origen de dicha amenaza. Esas pocas memorias era lo que se le venía a la mente con el grupo de animales que había querido más que amenazar a un hombre por alterarlo tanto. Quizás solo esperaban la orden, no lo sabía, pero era una buena cosa…
-… son unos buenos chicos, son mis buenos chicos, ¿verdad que sí? – No podía molestarse con ellos así lo quisiera. No después de esto.
Inadvertidamente para él, dos hombres veían todo esto con opiniones similares. Uno, asustado y temiendo que Tsunayoshi fuera a dar el mal mensaje en cualquier momento con la actitud que tomo que sabía que no podía controlar y había buscado sacar a flote, solo podía ver y pensar que todo el apego a los animales era más que solo un blando corazón que no solo se limitaba a personas que necesitaban ayuda así no la merecieran. El otro, intimidado y sorprendido por la repentina agresividad y el insulto no esperado por parte de su jefe cuando creía que estaba triste o asustado, veía esto con nuevos ojos y no podía evitar preguntarse si la sustitución había salvado la vida de esta persona que era su jefe y de que si llevaba mucho más tiempo que estos tres años.
