N.A.: Aquí tenéis el nuevo capítulo. Creía que iba a tardar un poco menos, pero se me complicó un poco la traducción. Muchas gracias a satorichiva por su review. No me ha dado tiempo de responderle pero se agradece mucho. :) También me complace decir que ya vamos por la cuenta atrás de la historia. ¡Solo 10 capítulos para el final!

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene excesiva violencia y/o detalladas escenas de sexo. Por deseos de la autora, le versión extendida estará publicada en AO3 (me podéis encontrar bajo el nombre de Kristy). Podéis leer el capítulo entero, pero después de eso hay una continuación en el otro lado.


67. At any price


Walburga Black saludó a Sirius y Remus con una amplia sonrisa, e incluso llegó a darle a Sirius un beso en la mejilla cuando llegó.

El comedor de Grimmauld Place estaba lujosamente decorado, la más fina porcelana estaba sobre la mesa y los cubiertos habían sido pulidos hasta brillar.

Walburga estaba encantada de anunciar el menú de la noche, y Sirius sintió que su estómago gruñía cuando nombró todos sus platos favoritos.

Como había sido su costumbre desde la unión, Sirius insistió en que él y Remus compartieran un plato de comida, y esperó la explosión de su madre, una explosión que nunca llegó.

Sirius frunció el ceño cuando Kreacher abrió una botella de vino hecho por elfos con un "pop". Su madre estaba claramente tramando algo; reconocía las señales demasiado bien. Era solo cuestión de tiempo saber qué.

—Entonces, Sirius —murmuró Walburga—, ¿ya has encontrado trabajo?

—No —respondió Sirius brevemente—. Sigo buscando.

—Si el dinero se convierte en un problema, sabes que siempre puedes volver a casa.

—¿Los dos? —preguntó Sirius con una tensa sonrisa.

Walburga parecía que se ahogaba con su respuesta aunque, en cambio, asintió con la cabeza.

Sirius levantó una ceja y tomó un sorbo de vino. Lo que sea que su madre quisiera, debía desearlo mucho para aceptar que regresara y trajera a Remus con él. No se engañaría a sí mismo ni por un momento pensando que podría estar aceptando la elección que había hecho.

—¿Y tú qué? —preguntó Walburga, volviéndose hacia Remus con una quebradiza sonrisa—. ¿Sigues trabajando para esa muggle?

Sirius tenía que darle crédito. Casi logró decir la palabra muggle sin burlarse.

—Sí, señora —confirmó Remus, haciendo que Sirius reprimiera una risita ante su forzada formalidad.

—Debe ser un trabajo duro trabajar para una familia y saber que nunca tendrás una propia —continuó Walburga en tono consolador.

—Él tiene una familia —la interrumpió Sirius con una mirada furiosa a través de la mesa—. Me tiene a mí. —Se volvió hacia Remus y le buscó bajo de la mesa para apretar su rodilla.

—No es lo mismo —respondió Walburga con un bufido de desprecio y una mirada furiosa hacia la mano errante de Sirius. Se preguntó brevemente si su madre tendría algún tipo de visión de rayos X.

—Estamos felices como estamos —añadió Remus, entrelazando los dedos con los de Sirius debajo de la mesa.

—Pero imagina cuánto más feliz y realizado estarías si tuvieras una familia adecuada.

—Madre —advirtió Sirius—. No me voy a casar con ninguna de esas chicas, así que dame un descanso. Estoy con Remus, lo amo y nada de lo que digas va a cambiar eso.

—No estaba sugiriendo que te casara con una de las chicas —respondió Walburga con altanería—. Aunque Gladys preguntó por ti la semana pasada.

—¡Madre! —Sirius la miró a través de la mesa. Más que creer, esperaba que su madre finalmente hubiera renunciado a sus planes de casarlo con una chica sangre pura. No era propio de ella ceder, y sabía que estaba empeñada en sacarle un nieto.

—Solo era un comentario. De todos modos, no estaba sugiriendo eso. Me preguntaba si habías leído ese interesante artículo del Profeta la semana pasada, el de la página de Pociones de Perkin.

Sirius frunció el ceño mientras trataba de pensar a cuál podría estar refiriéndose. Leyó la página de pociones religiosamente, siempre con la esperanza de descubrir que Belby o alguien más pudiera haber encontrado una cura para la condición de Remus. Hasta ahora había hecho algunos contactos con otros expertos en pociones, y estaba escribiendo a cualquiera que pareciera estar trabajando en algo que pudiera ayudar a los hombres lobo del mundo. Aunque nadie parecía haber progresado tanto como Belby, con quien también se comunicaba regularmente, pero todavía tenía la esperanza de que algún día encontraría a alguien que pudiera ayudar.

Desafortunadamente, por más que lo intentara, no podía pensar a qué poción se refería su madre en ese momento.

—El martes pasado —le comentó Walburga—. Ocupaba la mayor parte de la página. Seguro que te acuerdas.

—¿El martes? ¿Te refieres al artículo de la multijugos?

Walburga asintió y sonrió al ver se lo había leído.

—Muy interesante, ¿no?

—En realidad no —respondió Sirius—. Apenas fue innovador ni nada por el estilo.

—No todo, pero había algunas ideas interesantes. Algunos usos en los que no había pensado antes.

Sirius frunció el ceño al recordar el artículo que solo había leído una vez y sin mucho interés.

—¿Lo leíste? —le preguntó Walburga a Remus, casi dando la impresión de que le importaba su respuesta.

—Me temo que no —respondió Remus—. Las pociones no son lo mío.

Walburga asintió con comprensión antes de lanzar un apasionado discurso sobre los posibles beneficios y usos de la poción multijugos. Sirius frunció el ceño cada vez más irritado mientras escuchaba su entusiasta parloteo y esperaba que llegara al grano. Tardó mucho en llegar, pero finalmente, lo hizo.

—¿Te refieres a usar la poción multijugos para cambiar de sexo? —preguntó Remus—. ¿Por qué alguien se molestaría? A menos que sea para hacerse pasar por alguien del sexo opuesto, ¿cuál es el punto?

—Hubo una gran banda tributo hace un par de años que usó la poción multijugos para hacerse pasar por la banda real durante un concierto en el que podría haber habido un tumulto cuando los originales no se presentaron a tiempo —comentó Sirius—. Escuché que tocarán en Leeds el próximo mes. Peter está tratando de conseguirnos entradas, su padre tiene contactos.

—¿De los originales o del tributo? —preguntó Remus.

—Del tributo —respondió Sirius—. Los originales han desaparecido en la oscuridad. Probablemente sea consecuencia de haberse perdido demasiados conciertos.

—Parece que podrá ser una buena noche —coincidió Remus con una sonrisa.

Walburga tosió cortésmente, claramente con la esperanza de volver la conversación al tema original.

—¿Quieres agua? —preguntó Sirius, igual de cortés.

—No, gracias —respondió Walburga con una sonrisa tan falsa como la de Sirius—. Pero, volviendo a la multijugos...

—¿Debemos volver? —espetó Sirius.

—Solo lo mencioné como una opción para que vosotros, jóvenes, la consideren.

—¿Considerar el qué? —preguntó Sirius—. ¿Vivir la vida como mujer? —Él rió brevemente—. No tengo ningún deseo de hacer tal cosa, y Remus tampoco.

—¿No puede hablar por sí mismo?

Remus sonrió cortésmente.

—Estoy bastante feliz como estoy, gracias —le aseguró con una sonrisa.

—¿Nunca has querido una familia propia? —preguntó Walburga—. ¿Nunca has querido que tu línea continúe con una nueva generación?

—Realmente no es una opción para nosotros —señaló Remus en voz baja.

—Pero con la multijugos podría serlo —insistió Walburga—. No tendría que ser para siempre, solo lo suficiente para tener un niño.

—Eso no va a suceder —interrumpió Sirius con una risa—. Nunca se ha logrado con éxito.

—Antes —agregó Walburga con picardía—. Solo piénsalo, los Black serían los primeros en pisar nuevos caminos y establecer el estándar para las futuras generaciones.

—Es una idea interesante —comentó Remus, ganándose una radiante sonrisa de Walburga.

—Es idea estúpida —argumentó Sirius.

—Al menos podrías considerarlo —espetó Walburga—. Gracias a ese pequeño espectáculo tuyo fuera de Gringotts, sois la pareja gay más abierta del mundo mágico. A pesar de mi opinión personal sobre el asunto, parece que tienes... ¿cómo lo expresó Skeeter? "Capturó el corazón y la imaginación de los lectores del Profeta". El Profeta incluso podría estar dispuesto a financiar los gastos del embarazo a cambio de una exclusiva.

—No tenemos intención de proporcionarle al Profeta más historias —respondió Sirius con calma—. Y aún menos tenemos intención de probar algún ridículo experimento de la multijugos.

La respuesta de Walburga se estancó con la llegada de Orion, que había estado trabajando hasta tarde en el Ministerio, o eso dijo. Sirius no lo sabía con certeza, pero pensó que el brillo en los ojos de su padre cuando entró en la habitación probablemente no era en respuesta a la deliciosa cena. Al final, realmente no le importaba; el matrimonio de sus padres solo le demostraba que había tomado la decisión correcta al seguir su propio camino. Para él no habría matrimonio sin amor. Puede que no tuviera una familia tradicional, pero tendría exactamente lo que quería… a Remus.


Remus se veía absolutamente adorable. Sirius sonrió mientras se quitaba la capa y miraba a su amante que roncaba silenciosamente en el sofá, con libros y revistas esparcidos a su alrededor. A pesar de que lo había visto esa misma mañana, se tomó tiempo para saborear la vista.

Luego, la tentación de quitarle la pluma a Remus y hacerle cosquillas en la nariz se hizo demasiado fuerte.

—¿Qué? —farfulló Remus mientras se despertaba sobresaltado, enviando dos libros al suelo.

—No pude resistirme —dijo Sirius mientras giraba la pluma entre sus dedos—. Entonces, ¿qué has estado haciendo todo el día, además de dormir?

—Solo un poco de lectura ligera —respondió Remus mientras luchaba por sentarse y reunir todos los libros y revistas en una pila.

—¿Es así? —preguntó Sirius mientras tomaba uno de los libros—. Claramente no es el libro más fascinante: Multijugos: trampas y peligros.

—Solo lo estaba hojeando —se apresuró a explicar Remus mientras trataba de quitarle el libro de la mano a Sirius.

—¿Por qué estás leyendo sobre la multijugos? —preguntó Sirius mientras tomaba un par de revistas y veía que también estaban relacionadas con pociones—. Ni siquiera te gustan las pociones.

Remus parecía culpable, más culpable de lo que Sirius recordaba haberlo visto hace tiempo. Ni siquiera lo miró a los ojos cuando respondió.

—Solo estaba buscando algunas cosas. Nada importante.

—Esto no tendrá que ver sobre lo que sugirió mi estúpida madre, ¿no? —preguntó Sirius con un suspiro.

—Bueno, ella tiene razón.

—Lástima que no sepa de qué está hablando —murmuró Sirius mientras arrojaba el libro y las revistas sobre la mesa de café—. Solo olvídate de lo que dijo y no pierdas el tiempo con esta basura.

—No es una tontería —dijo Remus en un tono demasiado casual—. Hay bastantes informes sobre la viabilidad de lo que sugirió.

—¿Hecho por familias de sangres pura que están desesperadas por mantener la línea familiar? —se burló Sirius.

—No todos. Hay un maestro de pociones que aparentemente ha estado analizando la idea adecuadamentee. Escribió un artículo el año pasado para Pociones Potentes Mensuales al respecto. Los resultados han sido bastante positivos.

Sirius encontró eso muy dudoso.

—Entonces, ¿estás diciendo que alguien ha logrado que un hombre dé a luz a través de la multijugos?

—Aún no.

—¡Nunca! —exclamó Sirius. Se puso de pie y comenzó a caminar por la habitación con frustración—. ¡Es demasiado peligroso, por eso! Nadie en su sano juicio lo intentaría.

—No estoy loco —argumentó Remus—. No estoy diciendo que debamos hacer esto de inmediato, pero vale la pena investigarlo.

Sirius recogió los pergaminos en los que Remus claramente había estado tomando notas.

—Me parece que has hecho un poco más que simplemente "investigar".

—Piénsalo, Sirius —suplicó Remus—. Si tuviéramos un bebé, significaría que la línea de la familia Black no tendrá por qué terminar contigo.

—La línea no ha terminado —señaló Sirius—. Regulus y Chloe están esperando un bebé, ¿recuerdas?

—No creo que tu madre lo vea así.

—Ese es su problema.

—¿No quieres una familia?

—Siempre podemos adoptar. Eso es lo que hacen otras parejas homosexuales en el mundo mágico. A diferencia de los muggles, al menos tenemos esa opción.

—Pero esa no es una opción para los hombres lobo, ¿verdad? —espetó Remus—. No ha habido ningún caso registrado de que algún hombre lobo pueda adoptar, ni uno solo. No es una opción para nosotros.

—Entonces encontraremos otra forma —dijo Sirius mientras se sentaba y acercaba a Remus a su lado.

—Esta es otra forma.

Sirius suspiró.

—De esta manera te matarán. ¿Lo has pensado bien?

—Podría funcionar, si lo planeamos correctamente y...

—Y si sale mal, vuelvo a perderte, solo que esta vez no habrá forma de recuperarte.

—No me vas a perder.

—Remus, ¿cuánto sabes sobre la poción multijugos?

—Se usa para convertir a una persona en otra, y puede funcionar para convertir a un hombre en una mujer y viceversa.

—¿Sabías que una sola dosis solo dura una hora?

—¿Y?

—¿Y? Después de una hora volverías a ser un hombre. Necesitarías una gran cantidad de ingredientes para mantener una transformación continua durante los nueve meses que se necesitarías para llevar el bebé.

—Entonces haremos un lote enorme —se encogió de hombros Remus.

—¿Y qué pasa cuando empiecen las náuseas matutinas? ¡Si no puedes tomar la poción, volverás a convertirte en un hombre!

—Solo tendría que reprimirlo. Lo manejaría.

—¿Y si olvidas una dosis? —preguntó Sirius—. No sería tan malo si fuera antes de quedar embarazado, pero si olvidas una cuando lo estés, perderías al bebé y probablemente te martizarías.

—Entonces tendremos cuidado para no perder una dosis.

—¿Y qué hay de las pociones que tomas después de la luna llena? No tienes idea de cómo reaccionará la multijugos con ellas.

—Lo averiguaremos.

—Probablemente de la manera más difícil —espetó Sirius—. Tomas la poción de reposición de sangre, una poción que automáticamente sabe cuál es tu tipo de sangre y reacciona en consecuencia. Sin embargo, ¿cómo va a reaccionar con el tipo de sangre de otra persona o la del bebé cuando estés tomando la multijugos?

—Er...

—¿Y qué hay de la luna llena? La multijugos debería tomarse cada hora, sin falta. ¿Cómo crees que vas a persuadir a Lunático para que lo tome?

—La poción puede ingerirse por inyección —respondió Remus, pasándole a Sirius un informe que indicaba que ese era el caso—. También podríamos solucionar las náuseas matutinas con eso.

—¿Y quién diablos se lo va a administrar a Lunático?

—Pensé que tal vez a través de algo como una pistola tranquilizadora muggle...

—¿Quieres que te dispare?

—Si es necesario.

—¿Y qué pasa con las otras noches? ¿Has pensando en dormir? Escuché que las mujeres embarazadas se cansan bastante; si te planeas pasar nueve meses sin dormir, te estarás haciendo aún más daño.

—Podría tomar...

—¿Otra poción? —interrumpió Sirius—. Una que también podría interactuar mal con la multijugos.

—Entonces, lo probaríamos antes de quedar embarazado —argumentó Remus—. A ver si puedo vivir como mujer durante una o dos semanas y probar cómo reaccionan las otras pociones.

—¿Una o dos semanas? —se rió Sirius amargamente—. ¿Esas una o dos semanas incluirían la luna llena? Me pregunto si has pensado en qué sucedería cuando saliera la luna.

—Todavía me convertiría en hombre lobo —dijo Remus con un bufido de molestia—. Las primeras pruebas de la multijugos fueron con hombres lobo para ver si la transformación podía detenerse.

—¿Y si tuvieras la forma de una mujer embarazada en el momento de la luna llena? — preguntó Sirius.

—No estoy seguro —admitió Remus—. Hay muchos informes de mujeres embarazadas con licantropía que tuvieron a sus bebés sin ningún problema. Parece que los bebés no se ven afectados por la transformación.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Sirius, aunque no esperó respuesta—. Es porque el noventa y seis por ciento de los bebés nacidos de mujeres que sufren de licantropía tuvieron la cepa. Los bebés se convierten en cachorros de lobo por nacer durante las lunas llenas durante el embarazo.

—¿Y el otro cuatro por ciento? —susurró Remus.

—Nacieron muertos —respondió Sirius brevemente—. No hay ni un solo caso reportado de una mujer lobo que haya dado a luz a un niño sin licantropía.

—Sin embargo, es diferente para los hombres. Solo el doce por ciento de los hombres lobo pasan la licantropía a sus hijos.

—Ese no es el punto, y en realidad lo empeora. No tienes idea de lo que sucedería en la noche de luna llena si fueras una mujer embarazada. Si no le transmites la licantropía, el bebé no se transformará contigo y morirá, y probablemente también te matará a ti.

—O el bebé podría transformarse conmigo y sobrevivir —argumentó Remus.

—¡Y estarías transmitiendo tu licantropía a otro ser humano! —exclamó Sirius—. Pensé que odiabas al lobo, que querías que terminara contigo.

—Odio al lobo —susurró Remus—. Pero quiero hacer esto. Además, puede ser que me convierta en una loba, el bebé cambie conmigo, pero no se transmita porque la mujer que seré en el momento del nacimiento y la concepción no lo es.

—Eso es una idea bastanta grande —señaló Sirius—. Hay mucho en juego para dejarlo todo a su suerte.

—¿No crees que tenemos buena suerte? —preguntó Remus.

—A pesar de todo, todavía nos tenemos el uno al otro. ¿No es suficiente suerte para ti? ¿Por qué pasar por esto?

—Yo… —Remus miró hacia otro lado y Sirius sintió que su ira se disipaba.

—¿Qué es? —preguntó mientras tiraba de Remus en un abrazo.

—Has hecho tanto por mí —susurró Remus—. No te merezco.

—Yo seré el juez que decida eso —bromeó Sirius—. Ahora, ¿por qué estás tan decidido en matarte de una manera tan horrible?

—Quiero ser padre —dijo Remus con un suspiro—. No me di cuenta de cuánto lo quería hasta que comencé a trabajar con Eve. ¿No quieres un bebé también?

—Si digo que sí, lo usarás en mi contra más tarde —murmuró Sirius—. No me importa si la línea Black se extingue. Pero me importa si mueres. Nunca pensé que te tendría aquí, no así, ya sabes, conmigo correctamente. Pensé que había perdido a mi mejor amigo para siempre y, maldita sea Remus, no quiero volver a sentirme de esa forma nunca más. No podría soportar si te perdiera de nuevo.

—Tendríamos cuidado, lo planearíamos bien —susurró Remus.

—Hay otro problema en el que no has pensado —dijo Sirius en un susurro.

—¿Cuál es? —preguntó Remus con el ceño fruncido.

—Soy gay —señaló Sirius rodando los ojos.

—¿Asumo que hay una razón por la que me estás diciendo algo que ya sé?

—¿Tengo que decírtelo? —suspiró Sirius—. No me excitan las mujeres. No me hacen nada. Soy gay, y dudo que pudiera... er... actuar, incluso si la mujer fuera realmente tú.

Remus sonrió.

—He tenido algunas ideas sobre cómo solucionar eso.

—Apuesto a que sí —murmuró Sirius—. Apuesto a que incluso has pensado en quién planeas convertirte mientras dure el embarazo.

—Pensé que en dejarte la elección en tus manos.

—No importa —resopló Sirius—. Aún no podría cumplir con mi deber y dejarte embarazado.

—Por favor, déjame intentarlo —suplicó Remus.

—¿No entiendes? No se trata de intentarlo, fallar y volver a intentarlo en otro momento. Si fallas, morirás. Nadie ha logrado esto nunca.

—Nadie ha logrado hacer antes una poción para ayudar a los hombres lobo —señaló Remus en voz baja—. Pero eso no te impide ayudar a Belby a trabajar en una.

—Eso es diferente.

—¿Cómo?

—Porque no estoy arriesgando mi vida trabajando en ello.

—Pero si hiciera falta, lo harías.

Sirius suspiró, sabiendo que Remus lo tenía con eso.

—Maldita sea, Remus. No quiero que hagas esto.

—Sirius, te quiero —susurró Remus mientras se subía a su regazo—. Quiero tener tu bebé. Déjame hacer esto por ti.

Sirius jadeó cuando la mano de Remus se deslizó dentro de su túnica y Sirius gimió, sabiendo que si no se iba ahora del piso, era solo cuestión de tiempo antes de que cediera.

—Tengo que salir —dijo Sirius mientras se soltaba del agarre de Remus y alcanzaba las llaves de su motocicleta.

—¿Sirius? —lo llamó Remus. Pero Sirius ignoró la súplica mientras salía por la puerta principal; no quería pelear con Remus, especialmente cuando sabía quien era el culpable de poner la tonta idea en su cabeza en primer lugar.


—¡Madre! —llamó Sirius mientras cruzaba el umbral de Grimmauld Place.

—Sirius, cariño. —Walburga salió al pasillo con una sonrisa que rápidamente se evaporó cuando fijó la vista a través de la puerta principal, la cual estaba abierta—. Por favor, mueve ese artilugio muggle lejos de la casa. Sabes que molestas a los vecinos.

—Los vecinos son muggles —señaló Sirius, y cerró la puerta de golpe detrás de él—. Estoy seguro de que han visto antes una motocicleta.

—Pero este es un vecindario con clase —argumentó Walburga—. Ahora, sé bueno y ve a mover esa cosa de la calle.

—Puede quedarse donde está, no me quedaré por mucho tiempo. —Sirius entró en la sala y esperó a que su madre lo siguiera. Sabía perfectamente qué hacer.

—¿Estás solo? —preguntó Walburga con una sonrisa engañosamente dulce.

—Obviamente.

—Espero que el hombre lobo no se sienta mal. Los hombres lobo generalmente tienen una mayor inmunidad a las cosas insignificantes como los resfriados y cosas por el estilo.

—¿Esperas que esté bien? —farfulló Sirius. Negó con la cabeza con perplejidad y asombro y levantó los ojos al techo como si rezara por tener paciencia—. ¡Esperas que esté bien, pero le pusiste una idea loca en su cabeza como usar la multijugos para continuar la línea Black!

—Solo dije...

—No me importa lo que hayas dicho —interrumpió Sirius—. No me importa la línea Black. ¡No me importa si nunca habrá otro mago o bruja en la familia después de mí! Teniendo en cuenta la gran cantidad de locos delirantes en esta familia, ¡probablemente será mejor si la línea se extinguiese!

—No te referirás a...

—¡Lo digo en serio! ¡Cada maldita palabra!

—Pero…

—Madre, por una vez en tu vida, ¿me escucharás?

Walburga dio un paso atrás cuando la voz de Sirius alcanzó un volumen aún mayor que antes.

—Te escucho —murmuró de mala gana—. No hay necesidad de gritar.

—Bien. Soy gay. —Levantó la mano para cortar la respuesta de su madre—. Sé que te he dicho esto antes, pero no pareces haberlo asimilado todavía. Soy homosexual. No me gustan las mujeres, ninguna. Amo a Remus, y si crees que voy a dejar que arriesgue su vida haciendo esto, entonces no me conoces en absoluto.

—Pero si el hombre lobo fuera una mujer, todavía sería él… —La voz de Walburga se apagó ante la mirada de Sirius.

—¡Su nombre es Remus! —gritó Sirius—. Remus John Lupin. No es tan difícil de recordar. Ni siquiera tienes que recordarlo todo, Remus está bien. Simplemente deja de llamarlo "el hombre lobo".

—Pero es un hombre lobo.

—¿Crees que no lo sé?

—Muy bien. Remus —prácticamente se atragantó con la palabra—, todavía sería él mismo.

—No estoy aquí para discutir esto contigo —dijo Sirius—. Estoy aquí para decirte que dejes el tema... para siempre. No quiero verte enviando a Remus recortes de publicaciones de pociones, o escucharte dejar caer pistas del tamaño de un yunque cada vez que venimos aquí.

—Parecía bastante interesado en la idea —señaló Walburga con una maliciosa sonrisa—. Le gustan los niños, y también sabes que le gustan las mujeres. ¿Qué te impedirá…?

—A Remus le pueden gustar las mujeres tanto como los hombres, ¡pero eso no significa que a mí me gusten!

—Simplemente no les has dado una oportunidad. Mira a la dulce y pequeña Victoria que despreciaste el año pasado.

Sirius dejó pasar el comentario sobre la dulzura de Victoria. Reconocía una víbora cuando la veía y esa en particular tenía la lengua más venenosa que jamás había visto en una adolescente.

—¡Madre, déjalo! —ordenó. No tenía intención de volver a meterse en esa discusión.

—Los hombres lobo son más fuertes que los magos normales —prosiguió Walburga.

—Porque tienen que serlo —respondió Sirius—. Y ese no es el punto. No has pensado en los aspectos prácticos de nada de esto. ¡Podría matarlo!

—Él es sólo un hombre lobo.

Sirius retrocedió como si lo hubieran abofeteado por las duras palabras.

—Déjame preguntarte algo, madre. —Avanzó hacia ella con pasos lentos y decididos—. Si yo fuera el que tomara el riesgo, ¿estarías tan ansiosa por ofrecer tu apoyo?

—¿Tú? —Walburga se rió—. Pero eres un Black, no... quiero decir que no... no eres...

Sirius le sonrió a su madre mientras debatía si decirle todas esas cosas que ella estaba luchando por decir, todas esas cosas que aparentemente temía, fueran verdad.

Finalmente, Walburga pareció llegar a esa misma conclusión por su cuenta, sin la necesidad de que Sirius diera más detalles.

—No querría que corrieras tal riesgo, ni siquiera por la línea Black —declaró en voz baja.

—Sí, lo harías (*) —respondió Sirius—. Has leído lo suficiente de la investigación para saber que, si fuera yo, entonces la línea de sangre no continuaría. El niño sería de Remus y de la mujer que yo sería durante el embarazo.

—¿Crees que me preocupo tan poco por mi hijo?

—Creo que te preocupas más por continuar la línea familiar que por cualquier otra cosa.

—Eso no es cierto.

—No del todo, no —corrigió Sirius—. Después de todo, si te preocupara tanto la línea familiar, Regulus habría sido invitado a la celebración del cumpleaños de padre la semana pasada.

—Dijo que estaba demasiado ocupado.

—Es curioso —respondió Sirius con una sonrisa de regocijo al descubrir a su madre en una mentira—. Cuando hablé con él esa mañana, tenía la impresión de que tú y padre habíais ido al extranjero por su cumpleaños. Parecía bastante herido de que estaba demasiado lejos para viajar por métodos muggles, particularmente con su nueva esposa en una condición delicada.

—Regulus y cualquier mocoso que produzca su esposa no tiene nada que ver con esto —espetó Walburga—. Podrías continuar la línea si estuvieras preparado para correr el riesgo.

—¡Querrás decir si Remus estuviera dispuesto a correr el riesgo!

—El hombre lobo ciertamente parecía dispuesto a hacerlo cuando hablé con él.

—Esto no tiene sentido —suspiró Sirius—. Ni siquiera estás escuchando. —Caminó hacia la puerta principal, negando con la cabeza mientras avanzaba.

—El hombre lobo dijo...

—¡REMUS! —gritó Sirius mientras se volvía hacia su madre por última vez—. ¡Su nombre es Remus!

—¡No te atrevas a abandonarme! —chilló Walburga—. ¡Te arrepentirás! Tu amante hombre lobo está preparado para correr el riesgo... Pensé que eras un Gryffindor. Se supone que deben ser valientes, ¿no? ¡Vivirás arrepintiéndote!

—No, no lo haré —respondió Sirius con calma.

No escuchó la respuesta de su madre, no es que realmente lo necesitara. Fácilmente podía imaginar lo que estaba diciendo mientras cerraba la puerta y bajaba corriendo los escalones de la entrada.

Esperaba haber escuchado la última discusión sobre la multijugos y los embarazos.


Cuando Sirius regresó al piso, se dio cuenta de que Remus no iba a dejar el tema, al menos no todavía.

—Sirius… —comenzó. Sin embargo, no llegó más lejos porque Sirius lo interrumpió con un beso duro y decidido.

—No —susurró Sirius mientras tomaba el rostro de Remus entre sus manos—. No voy a discutir contigo, y no voy a dejar que hagas esto.

—Pero…

Sirius jaló a Remus de nuevo para darle otro beso que los dejó a ambos sin aliento. Tal vez no fuera capaz de disuadir a Remus de su plan con palabras, pero había otros métodos mucho más agradables a su disposición.


(*) Sé que puede sonar raro, pero eso es lo que dice y no sé muy bien qué poner para que suene mejor. Se aceptan sugerencias.